Capítulo 35
Puedo dar un enorme GRACIAS por el apoyo a esta historia y todos los encantadores comentarios que he recibido a lo largo de ella. Ha sido un placer escribir para lectores tan fantásticos. Que continúe por mucho tiempo.
Entonces – éste es largo. Espero que todo quede atado satisfactoriamente. Esto claramente es sólo el final del principio para Hermione y Severus, y quizá un día explore más allá, pero para el propósito de esta historia, es suficiente. Mientras tanto, dejaré a vuestra propia imaginación pensar en lo que sucedió después.
Hasta la próxima… ¡disfrutad! Mucho amor, LL xxx
N/T: Aunque sea repetir lo que ya nos decía la autora, gracias a todos los que habéis seguido esta historia hasta el final, la habéis votado y comentado. Habrá más traducciones suyas (y de otros autores) próximamente, aparte de las que ya he publicado. Así que lo dicho, disfrutad de este final tan esperado y ¡hasta la próxima!
El lunes fue una historia similar.
Hermione ahora se sentaba normalmente en la mesa alta. Sus amigos habían aceptado su ausencia y a menudo le dirigían una sonrisa o un gesto descarados cuando les echaba un vistazo desde su posición elevada junto a Severus. A pesar de todo lo que había sucedido durante el fin de semana, fue capaz de concentrarse en sus inminentes exámenes con notable claridad. Estudió en la biblioteca o en las habitaciones de él, y cuando llegó la noche del lunes, sentía que había hecho todo lo que podía para prepararse para ellos. Se dio cuenta de que él estaba impresionado por su concentración y dedicación.
En el fondo de su mente, sabía que los gobernadores se reunían el miércoles para discutir el 'asunto del baile', como lo llamaban. McGonagall había sido racional y ecuánime desde aquella reunión el sábado por la noche. En todo caso, le había dado a su relación su bendición. Hermione sabía que trabajaría para atenuar cualquier elemento punitivo dentro del cuerpo directivo.
Hermione todavía se encontraba con miradas curiosas y tonos apagados donde quiera que fuera, pero se estaban volviendo menos intrusivos. Ella y Severus no hicieron ningún intento de evitarse por el castillo, y notaron que cuanto más se los veía juntos, menos curiosa parecía la población estudiantil con respecto a ellos. No entablaban ninguna demostración pública de afecto, pero caminaban libremente por ahí y siempre se sentaban juntos en el Gran Comedor.
Fue una gran diferencia para ambos que Hermione fuera capaz de ir a sus habitaciones sin tener que ocultarse en las sombras y apresurarse en silencio de un corredor al siguiente. Las noches de domingo y lunes pasaron con dichosa facilidad. Hermione había saludado a Filch con un alegre hola a las diez de la noche del lunes, justo antes de abrir la puerta del salón de clases de Pociones y entrar con orgullo. Él había fruncido el ceño.
Hermione se aseguró de dormir mucho y bien el domingo y el lunes, pero no antes de haberse vuelto hacia el hombre junto a ella y calmar la necesidad interior. Su cuerpo, mente y alma se sentían preparados como nunca antes, y el elevado estado intelectual que estaba experimentando parecía reflejarse en su cuerpo, más encendido por su toque y presencia que nunca.
Incluso Severus había notado el incremento de su ardor, si eso era posible. En cuanto sus libros se cerraban, ella se levantaría y se caminaría hacia él, a menudo arrodillándose enseguida para tomarlo en su boca o desechando su ropa velozmente, tumbándose en el suelo, estirando sus miembros hacia él, sus gemidos de deseo pronto transmitiéndose a su ingle.
Era más vocal que nunca, algo que él admitía adorar, y sus constantes gemidos y maullidos de lujuria simplemente lo estimulaban.
El martes por la mañana amaneció brillante y frío. Hermione se levantó temprano y se duchó, vistiéndose con ropa limpia y fresca. No era el uniforme escolar, pero tenía un notable parecido con él. Claramente necesitaba sentirse académica.
Hablaron poco. Severus notó que ella estaba pensando en lo que estaba por venir. Tenía Herbología y Aritmancia en primer lugar; ninguna le costaría demasiado.
Justo antes de que se girara para marcharse, Severus la llamó con un gesto y le dio la vuelta. Luego, alrededor de su cuello, colocó una cadena con un símbolo dorado colgando de ella.
"Para que te dé suerte," dijo él, inclinándose para besarla.
Hermione bajó la vista al objeto alrededor de su cuello. Era un complicado patrón de bucles entrelazados, formando un diseño intrincado pero hermoso. Parecía ser de una cultura antigua. "Severus, no necesito que me des nada. Eres demasiado amable, de verdad." Estudió el objeto con curiosidad. "¿Qué es?"
"Es un símbolo del Antiguo Egipto de inteligencia y astucia, los sumos sacerdotes llevaban un objeto similar alrededor de sus cuellos en los momentos en que requerían grandes habilidades intelectuales. Te inspirará, estoy seguro."
"Es exquisito, pero… ¿astucia, Profesor Snape?" Ella lo miró con una mirada de sospecha burlona. "Ésa es una expresión particularmente Slytherin. Esto no está encantado, ¿verdad? Tengo la intención de confiar en mi propio poder cerebral y nada más para pasar estos exámenes."
"¿Estás sugiriendo que estoy animándote a hacer trampa?" Sonó bastante a la defensiva.
Hermione le sonrió con calidez, ansiosa por disipar la implicación. "No, en absoluto. Sólo te estoy tomando el pelo. Es hermoso; estoy abrumada. Sólo me preguntaba si tenía algún significado adicional. Sé que me inspirará." Levantó la mirada hacia él. "Cualquier cosa que me recuerde a ti sin duda me inspirará. Gracias, cariño." Se acercó para besarlo cálidamente.
"Por supuesto, no necesitas suerte o ayuda adicional, sea mágica o de otro tipo. Pero… estaré pensando en ti – una nueva experiencia para mí, lo confieso. Normalmente intento distanciarme lo máximo posible del tedio de los exámenes."
"¿Estás vigilando?"
"Sí, mañana – Transfiguración. Y luego Defensa Contra las Artes Oscuras el jueves."
Ella le lanzó otra mirada de advertencia. "Ahora no vaya a distraerme, señor."
Él sonrió burlón un poco. "No lo haré. Pero… tú puedes distraerme, si así lo deseas."
Ella volvió a besarlo. "Gracias de nuevo por mi collar. Significa todo para mí."
Severus sonrió con genuino orgullo. "Ven conmigo más tarde. Estaré esperando. Repasaré algunos detalles para mañana contigo."
"¿Entre otras cosas?" bromeó ella.
Él simplemente sonrió burlón, sosteniendo la puerta abierta para ella.
Después del desayuno. Hermione se encaminó al examen de Herbología. Sólo había diez estudiantes haciéndolo, y se encontró notablemente relajada pero igualmente hormigueando de anticipación. Varias plantas extraordinarias estaban colocadas ante ellos, el vigilante conjuró un reloj flotante en el aire, y comenzaron.
El tiempo pasó volando. Hermione trabajó con atención, aunque era consciente del pesado collar de oro alrededor de su cuello, proporcionándole un reconfortante recordatorio de su presencia. Estaba tan concentrada en su escrutinio de las plantas y el detalle de sus respuestas que se sorprendió cuando se anunció que quedaban cinco minutos para terminar el examen. El vigilante agitó su varita y los papeles con las respuestas volaron hacia él, seguidos de las plantas y herramientas que habían utilizado, que desaparecieron ordenadamente dentro de cobertizos y cestas.
"Con esto concluye su EXTASIS de Herbología. Espero que haya sido exitoso para todos ustedes. Están despedidos."
Hermione salió del invernadero con una sonrisa de satisfacción. No podía pensar en ningún error que pudiera haber cometido.
Fue una historia similar por la tarde con Aritmancia. Era una materia en la que había destacado y el examen le pareció ridículamente fácil. Lo terminó con casi una hora de sobra y se encontró esencialmente capaz de volver a hacer el examen mentalmente, revisándolo lo más a fondo posible. Una vez más, estaba muy contenta con sus soluciones.
El examen terminó a las cinco en punto, y con un resorte en su paso corrió a la sala común para darse una ducha rápida antes de la cena.
Entró botando al Gran Comedor con una amplia sonrisa en el rostro y se sentó junto a Severus, plantando un beso en su mejilla, lo que originó un murmullo audible alrededor del salón.
"¡Oops!" le susurró. "¡Olvide dónde estaba por un momento!"
Él le sonrió. "¿Cómo fueron?"
"Bien, creo. Sí. Incluso iría tan lejos como para decir que los disfruté."
"Señorita Granger, a veces me sorprende que tenga amigos. Es una estudiante. Se supone que no disfruta de los exámenes."
Ella rio y le dio un codazo en las costillas. "Lo olvida, Profesor. Técnicamente no soy estudiante. Bueno, esperemos que no de todos modos, al menos a los ojos de los gobernadores."
Se quedaron en silencio, recordando de repente la reunión de mañana.
Continuaron comiendo en silencio. En un momento dado ella llevó la mano debajo de la mesa y apretó la mano de él con firmeza. Él enseguida rodeó sus dedos con los suyos y los agarró. Ella lo miró y le sonrió tranquilizadoramente.
Después de la cena, regresaron a sus habitaciones e hicieron una revisión de último minuto de Transfiguración y Pociones, las cuales eran al día siguiente.
"Te das cuenta de que espero que obtengas la máxima calificación en el EXTASIS de Pociones que haya habido nunca, ¿no?"
Ella abrió la boca con incredulidad. "¡Ésa es una tarea bastante difícil! ¿Estás bromeando, supongo?"
Él simplemente sonrió burlón.
"¿Quién tiene la calificación más alta hasta ahora?"
Él no la miró, pero su voz arrastró profundamente, "Yo."
Ella le devolvió la sonrisa. "¿Seguramente no quieres que te gane?"
"Ya lo veremos."
Hicieron el amor tierna y dulcemente esa noche. La mente de Hermione estaba concentrada en los exámenes y en la reunión de los gobernadores. Ninguno de ellos volvió a mencionarla, pero ambos sabían que los estaba inquietando.
Fue un comienzo temprano. Transfiguración comenzaba a las 8:30. Severus estaba vigilando y tuvo que marcharse antes que Hermione para preparar las cosas. Hermione apenas tuvo tiempo de despedirse de él adecuadamente. Sostuvo su mirada con fuerza después de besarse y antes de que se alejara de ella.
Ella se quedó parada en su habitación por un momento, un leve suspiro escapando de ella, preguntándose cómo se sentirían al final del día.
Afortunadamente, Transfiguración fue, para Hermione al menos, sencilla. Estaba contenta de que así fuera, ya que lo pasó levantando la vista hacia su vigilante, que estuvo mirándola constantemente con una leve sonrisa de devoción en el rostro. Ella se la devolvería, y luego volvería a aplicarse a su tarea. Los hechizos eran cosas en las que se había convertido en maestra a lo largo de varios años, y los completó sin fallos ni errores mucho antes que sus compañeros de estudios.
Severus fue retenido por un colega después del examen y Hermione no tuvo tiempo de hablar con él antes de tener que ir a comer algo antes del examen de Pociones.
Fue sólo durante el examen que Hermione se dio cuenta por completo del brillante maestro que de hecho había sido Severus. Era un examen difícil y notó que a sus compañeros les estaba resultando pesado. Incluso ella tuvo que devanarse los sesos a veces para que se le ocurriera el ingrediente o método de preparación correcto. Pero cada vez que pensaba que estaba atascada, cerraría los ojos, agarraría su collar y escucharía la aterciopelada voz de él en su mente, impartiéndole la solución correcta. A veces se sentía como un tipo de legeremancia, pero sabía que simplemente era su memoria recordado una vívida lección. Miró a los demás. Después de mucho fruncir el ceño y retorcerse las manos, también parecían iluminarse por el camino correcto hacia delante. Todos los alumnos de Severus Snape habían sido bien enseñados.
El examen finalmente terminó. Hermione dio un profundo suspiro de alivio. No había sido fácil, pero estaba satisfecha de cómo había resultado todo al final.
"Dios, eso fue duro," gimió un muchacho llamado Joseph Trimble, al salir. Había regresado a Hogwarts durante la semana, sólo para volver a hacer algunos de sus EXTASIS que no había aprobado en verano.
"Sí – aunque ahora ya terminó. Bien hecho," lo felicitó Hermione.
"Creo que lo hice mucho mejor que el año pasado cuando Snape no estaba enseñando. Por eso tuve que repetirlo. La enseñanza era una mierda – lo suspendí. No pude conseguir el trabajo que quería - me dijeron que tenía que volver a hacerlo."
"Me alegra que apruebes la enseñanza del Profesor Snape, Joe," Hermione le sonrió burlona.
"Sí, bueno, quiero decir, no he estado en el colegio como tú, pero la mayor parte de la revisión que he hecho ha sido a partir de mis apuntes de las clases de Snape de años anteriores – Snape es un desgraciado miserable, pero muy buen maestro, le concederé eso." De repente recordó con quién estaba hablando. "Oh – mierda – lo siento, Hermione. Aunque sabes lo que quiero decir… un gran maestro… lo digo en serio."
Hermione bajó la cabeza en medio de una risita. "Está bien, Joe. Sé lo que quieres decir. No te preocupes. Yo también solía pensar que era un desgraciado miserable. Todavía lo hago a veces."
Ella se alejó con una amplia sonrisa. Pronto se desvaneció cuando pasó junto al despacho de McGonagall y vio a varios gobernadores saliendo.
Trató de leer sus expresiones, pero las encontró inescrutables e impenetrable.
Bajó la cabeza e intentó pasar deprisa, pero McGonagall la llamó de vuelta.
"¡Hermione!"
Hermione se volvió hacia ella y logró una débil sonrisa.
"Sube, querida. Enviaré por Severus también."
Hizo pasar a Hermione escaleras arriba y le dijo que se sentara y esperara mientras llamaba al Profesor Snape.
Pareció una eternidad antes de que volvieran juntos, en silencio, aunque en realidad sólo habían pasado unos minutos.
Severus se sentó rígidamente junto a Hermione tal como lo había hecho la noche del baile.
McGonagall se aclaró la garganta y se sentó en la silla frente a ellos.
"Como sabéis, los gobernadores se reunieron hoy para discutir los acontecimientos del baile y la mejor manera de lidiar con ellos. Me complace decir que estuvieron de acuerdo con mi decisión de suspender a Lawrence Filmore. Después de escuchar todos los informes y declaraciones, declararon su comportamiento totalmente inaceptable y no dudaron en hacer cumplir la sentencia.
"Con respecto a tu… relación… con el Profesor Snape, Señorita Granger, los gobernadores expresaron cierta sorpresa, sobre todo porque muchos de ellos conocían muy bien la vehemencia de tus sentimientos hacia Severus antes de la guerra. Sin embargo, también saben de tu notable intelecto, madurez y experiencias. Y tuvieron en cuenta el hecho de que técnicamente ya no eres una estudiante normal. A la luz de eso, incluso llegaron a decir que encontraban vuestra relación… comprensible. Como tal, no tienen la intención de tomar ninguna medida contra ti.
"Lo mismo va por ti, Severus. Aunque hubo más – discusiones, digamos, sobre tu parte en este enlace, no sentían que hubiera habido ninguna influencia indebida por tu parte. Si alguno de vosotros fuera a permanecer en el colegio después de esta semana, creo que quizá considerarían las cosas de manera diferente. Las reglas sobre las relaciones entre estudiantes y maestros están ahí por una buena razón, incluso si las personas en cuestión son ambos adultos que consienten. Está la cuestión del prejuicio, el favoritismo y la ventaja injustos. Sois afortunados de que este enlace sólo haya sido descubierto recientemente, y de que tú, Hermione, seas quien eres. Aceptaron tu renuncia, Severus, y supongo que se alegraron de que hubieras tomado esa decisión por ellos. Pero tuvieron en cuenta que ninguno de vosotros tenía mala voluntad. De hecho, muchos incluso llegaron a decir que era un 'buen emparejamiento'. Por lo tanto, en lo que respecta a vuestra relación, no se tomarán más medidas.
"La mayor parte de la discusión se centró en el hecho de que levantaste tu varita con ira contra un estudiante, Severus. Sin embargo, cuando la naturaleza de las palabras del Sr Filmore fue conocida, la mayoría de los gobernadores comentaron que habías demostrado un control considerable al no pronunciar una maldición o un hechizo. Creo que muchos de ellos sentían que ellos mismos no se habrían contenido tanto. No te culpan por tus acciones y, de nuevo, las encuentran, dadas las circunstancias, comprensibles. Sin embargo, sienten que deben prevenir que un incidente como éste vuelva a ocurrir, y temen un poco por la reputación del colegio. En consecuencia, han decidido retirarte el salario de dos meses. Se te permitirá conservar tu varita."
McGonagall dejó de hablar. Hermione y Severus se miraron vacilantes.
"¿Eso es todo?" preguntó Hermione después de un momento.
"Sí. Eso es todo." La Directora les sonrió. "Creo que, a fin de cuentas, deberíamos estar muy contentos con eso. No hablemos más de ello."
Hermione miró a Severus para juzgar su reacción. Dos meses menos de salario. Podrían vivir con eso, seguramente. Le sonrió con nerviosismo. El rostro de él era ilegible. Entonces, de repente, inhaló bruscamente y se enderezó.
"Bien. Gracias, Directora. Si me disculpa." Se puso en pie, inclinó la cabeza hacia McGonagall y se volvió para salir de la habitación.
Hermione le sonrió a McGonagall con un gracias susurrado y se apresuró a seguirlo.
"¡Severus! ¡Severus! ¡Ve más despacio!"
Finalmente lo alcanzó a mitad del corredor. "Bueno - ¿qué piensas? Está bien, ¿no? Creo que es lo menos con que podríamos habernos salido con la nuestra."
Al principio él no la miró, y su rostro permaneció sombrío. Ella estaba llena de ansiedad. Seguramente el resultado era tan bueno como podrían haber esperado.
"No me gusta sentarme como un niño de primer año frente a un escritorio en el que apenas el año pasado estaba sentado detrás.
"Lo sé. Pero – tenías que hacerlo, y ahora ha terminado. Así que… sigue adelante." Ella habló con notablemente brusquedad.
Él volvió la cabeza hacia ella, con una leve mirada de sorpresa en el rostro. Luego sus rasgos finalmente se relajaron.
"Tienes razón." Suspiró. "Como de costumbre, tienes razón." Su rostro se estremeció leve pero perceptiblemente. Ella sabía que no le gustaba verse puesto en evidencia por la madurez emocional de ella. Sonrió para sí misma. Por fin, una pequeña sonrisa apareció en el rostro de él. "Sí. Está bien. Lo siento. Quiero que todo termine."
Ella tomó su mano y acarició su rostro. "Lo entiendo. Bueno, ahora ya terminó. Todo listo. Y sólo un día más de exámenes y luego - el resto de nuestras vidas."
Él volvió a sonreír y tomó su mano. Permanecieron en silencio por un momento, dejando que el momento calara. Podría haber sido mucho peor.
Después de un largo rato, él simplemente repitió sus palabras. "El resto de nuestras vidas. Gracias."
Ella lo miró con curiosidad. "¿Por qué?"
"Por el resto de mi vida."
Ella lo besó.
"¿Por qué crees que…?"
"¿Qué?"
"Me refiero a… después de la batalla final… ¿por qué crees que… fui yo?"
Él suspiró, pensando intensamente.
"Cuando dos personas, personas mágicas, son tan perfectamente compatibles, cuando están conectadas mental y emocionalmente, se crea una gran energía entre ellas. Cuando me tocaste, debes haberme impartido mucha de ella."
"Pero… admito que… yo no pensaba en ti de esa manera entonces… lejos de eso… al menos, no pensaba que lo hiciera."
"Reconozco que fue sólo más tarde, cuando regresaste al colegio, que yo también me di cuenta del alcance de mis sentimientos por ti, pero… confieso que me encontré pensando en ti antes – el año pasado, cuando estabas lejos con Potter. Traté de enterrar los sentimientos, creía que lo había hecho, pero había algo ausente en el colegio – un brillo, una luz, una chispa de brillantez. Lo extrañaba. Te extrañaba."
Ella lo abrazó estrechamente, conmovida por sus palabras.
"Pero, no lo comprendo. Para que haya una conexión, los sentimientos deben ser mutuos, seguramente. Durante esa época, yo estaba pensando en Harry… en Ron. Creía que estaba completamente enamoraba de él. Había esperado tanto tiempo para que él reconociera sus sentimientos. Cuando por fin lo hizo, simplemente había sido una espera tan larga que confundí el alivio con el amor. Tú siempre habías estado ahí, presente dentro de mí asociado con una emoción muy fuerte, pero creía que era una emoción muy negativa. Supongo que cuando te vi muerto, como creía, esas emociones se manifestaron dentro de mí como lo que realmente eran, aunque me llevó un tiempo más darme cuenta conscientemente."
Permanecieron abrazándose, y luego, finalmente, después de un último beso, Severus se volvió y la condujo a las mazmorras. Pero antes de que llegaran se detuvo abruptamente y se volvió hacia ella, recordando de repente.
"¿Cómo fue Pociones?"
Hermione suspiró. "Muy difícil, en realidad. El examen más difícil que nunca he tenido que hacer. Pero, creo que lo hice bastante bien. Estuve recordando tus palabras… oyendo tu voz en mi cabeza… creo que di en el clavo al final."
Él alzó una ceja cínica. "¿En el clavo?"
"Sabes lo que quiero decir," ella sonrió burlona.
Llegaron a sus habitaciones y Hermione cayó sobre la cama exhausta. "Dios, estoy agotada, y todavía tengo Encantamientos, Historia de la Magia y DCAO mañana. Aunque los últimos. Gracias a dios por eso."
Él se acostó a su lado y le acarició el vientre. "¿Quieres repasar algo?"
"No. Creo que mi cerebro necesita un descanso. Está saturado. No voy a pensar en nada más hasta mañana. Sólo quiero relajarme."
"¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?" Su mano estaba bajando más, desabrochando los botones de sus vaqueros.
"Parece que ya sabes la respuesta a eso."
Sus dedos se habían deslizado hacia sus pliegues ya húmedos y uno había empujado en su interior, mientras su pulgar le rodeaba el clítoris ociosamente. Ella cerró los ojos y se entregó a la cálida sensación de relajado placer que le estaba provocando. Se corrió enseguida y casi de inmediato cayó en un sueño profundo.
No supo que su amante continuó acostado junto a ella, simplemente mirándola, sus manos recorriendo levemente su cuerpo, durante mucho tiempo.
Hermione durmió un sueño largo y exhausto. Estaba llena de una extraña anticipación nerviosa por sus restantes exámenes, que se vio atenuada por el alivio ante la decisión de los gobernadores.
Habló poco por la mañana, concentrándose en el ejercicio mental que le esperaba. Con un beso rápido, desapareció hacia su primer examen.
El examen de Encantamientos no fue difícil, y Hermione salió sintiéndose como si simplemente hubiera cumplido otro requisito. Más de lo mismo podría decirse de Historia de la Magia; su conocimiento siempre había sido excepcional en esa área. A las dos en punto, Hermione se enfrentó a su último examen. La última prueba de su intelecto en el Colegio Hogwarts; Defensa Contra las Artes Oscuras.
Entró, más aprensiva de lo que nunca lo había estado ante un examen. El SE que había recibido en su TIMO la había perseguido, y aunque ahora se sentía más segura de su conocimiento, todavía tenía dudas sobre toda la situación. Entró al salón y de inmediato se encontró con un par de penetrantes ojos negros mirándola con ardor. La cogió por sorpresa. Había olvidado que Severus estaría vigilando éste.
Sostuvo su mirada por un momento y permitió que cualquier inseguridad desapareciera. Luego, con una respiración profunda, se sentó, y el examen comenzó.
Hermione lo encontró notablemente sencillo. Fue capaz de escribir por completo la mayoría de las respuestas simplemente a través de su experiencia personal. En términos de lo que había aprendido en el colegio, parecía que fueron los años en que Lupin y el mismo Severus le habían ensañado los que le proporcionaron la mayor cantidad de material. Al final del examen se sentía brillando de satisfacción, una señal segura de que había tenido éxito. Bajó la pluma y se recostó en la silla, sus ojos elevándose para encontrarse con los de Severus. Él estaba sonriéndole con ternura. Ella se la devolvió y repasó el examen.
El examen terminó y lo entregó. Después de que Severus se los hubiera llevado al oficial del examen, regresó para encontrarla todavía en el aula.
"El final."
"Sí."
Hermione miró alrededor del salón de clases. Era la antigua sala de McGonagall. El lugar estaba lleno de vívidos recuerdos para ella, pero parada aquí ahora, simplemente sintió un resplandor de feliz nostalgia. "Es extraño. Ahora que terminó, no puedo sentir arrepentimiento o tristeza; sólo satisfacción y anticipación. Estoy lista para marcharme." Se volvió hacia él y, después de una breve pausa, preguntó, "¿Tú lo estás?"
Él se tomó su tiempo para responder, sin alzar la mirada. Luego su cabeza se levantó y se encontró con sus ojos. "Sí."
"El trimestre termina mañana a mediodía. Tengo que preparar mis cosas esta noche. Harry está esperándome en Grimmauld Place mañana por la noche y tenemos esas visitas a apartamentos el sábado. Podrías… venir y quedarte conmigo mañana si quieres." Estaba casi nerviosa preguntándole. "Aunque supongo que tienes mucho que preparar aquí."
"En realidad, no." La brusquedad de su respuesta la sobresaltó. "Se puede resolver con magia en unos minutos."
"Entonces… ¿podrás venir conmigo cuando me marche mañana?" De nuevo, su voz fue vacilante.
Él se tomó un tiempo para responder. Ella casi se dio por vencida.
"Sí."
Severus habló de repente, su cabeza levantándose para encontrarse con sus ojos. Hermione no pudo evitar que una enorme sonrisa apareciera en su rostro. Él le sonrió divertido y se inclinó para besarla.
Salieron del aula y caminaron lentamente por el corredor. Hermione se detuvo y se volvió aprensivamente hacia él. "¿Severus?"
Él la miró.
"¿Te importa si paso esta noche en mi habitación? Es sólo… ya sabes… la última…" estaba buscando la manera correcta de decirlo.
"Lo comprendo."
"¿Estás seguro?"
"Imagino que pasaremos… un tiempo considerable juntos de ahora en adelante. Siempre puedo tomar un bocado de mi manzana si me… desespero demasiado. Creo que ambos podemos sobrevivir una noche separados en este lugar. De hecho, la mayor parte de nuestro tiempo en este colegio ha sido por separado. Quizá sea correcto que así es como debería terminar."
Ella le sonrió y le estrechó la mano. "Te veré en la cena. Voy a ir a preparar algunas cosas."
Hermione regresó a la sala común. Miró a su alrededor, recordando las risas, las lágrimas, los momentos de ansiedad que había experimentado allí. Siempre sería un lugar especial, un lugar al que esperaba ser capaz de regresar en el futuro. Pero, tenía que admitir que, sin Harry y Ron, o incluso Draco atormentándola por el colegio, las cosas no eran lo mismo. No tenía las mismas connotaciones que antes. Estaba tan emocionada por su vida en este momento; por Severus, por su trabajo y encontrar un lugar para vivir, que mientras caminaba hacia su dormitorio para empacar, estaba llena de feliz calidez por los recuerdos, pero con un hormigueo de emoción al marcharse por fin. Recordó cómo había luchado por encajar cuando regresó, y cómo su relación con su Maestro de Pociones había sido lo único que la había mantenido aquí, a decir verdad. Estaba lista para el día siguiente.
A las seis en punto, Hermione fue a su última cena en el Colegio Hogwarts. Consiideró sentarse con sus amigos a la mesa Gryffindor, pero cuando los miró, riendo estúpidamente de nuevo por algún asunto trivial, se dio cuenta de lo poco que pertenecía allí. Tomó su sitio junto a Severus con gusto.
Aunque todavía habría el desayuno por la mañana, ésta era la última comida adecuada del trimestre, y McGonagall dio un breve discurso deseando a todos una feliz Navidad. Se despidió brevemente de Hermione, felicitando su intelecto y su esfuerzo en la guerra. Hermione se sonrojó. No lo esperaba ni era necesariamente el lugar correcto para hacerlo, pero lo apreció enormemente. Los estudiantes aplaudieron a una de sus alumnas más famosas. Luego McGonagall se volvió hacia Severus. Él se estremeció ligeramente.
"Y también estamos diciendo adiós a un miembro del profesorado de larga trayectoria. Alguien de quien todos tenemos opiniones muy fuertes, estoy segura. Pero esas opiniones se han formado debido a su extraordinaria habilidad con la magia, su atención a la precisión y al detalle, las expectativas que tiene de ustedes, su abrumador conocimiento de su propia materia y muchas otras, y la pura fuerza de su personalidad, todo lo cual se combina para hacer de este hombre un extraordinario maestro y ser humano. No necesito decirles el papel que el Profesor Snape desempeñó para ayudar a derrotar a Lord Voldemort, poniéndose en grave peligro una y otra vez, la última vez hasta el punto de que casi sacrificó su propia vida. Es un inmenso placer para mí verlo tan bien, y… tan feliz… ahora y les deseo a él y a la Señorita Granger lo mejor en el futuro. El colegio no será lo mismo sin él, pero estoy segura de que su presencia vivirá en los siglos venideros, y con suerte, Severus, puedes venir y transmitirnos tu conocimiento en algunas ocasiones en el futuro.
"El profesorado y yo tenemos esta pequeña muestra de nuestro agradecimiento por todo lo que has hecho por el colegio y el mundo mágico a lo largo de los años."
McGonagall le tendía un paquete, envuelto en un hermoso papel dorado.
Hermione miró a Severus. Parecía sorprendido, inseguro, casi avergonzado. Ella lo empujó. Se puso en pie y se acercó a la Directora.
Tomó el regaló con una pequeña sonrisa y un asentimiento de cabeza, y estaba a punto de regresar a su asiento, cuando una ola se aplausos estalló, principalmente de los Gryffindor más mayores, por extraño que parezca. Pero los aplausos se extendieron rápidamente por el salón, y en poco tiempo, todo el cuerpo estudiantil estaba en pie, vitoreando ruidosamente, con las manos levantadas sobre sus cabezas, aplaudiendo.
Severus se volvió hacia ellos, con una mirada estupefacta en el rostro. Se quedó parado allí durante un rato, dejando que el sonido de su aprecio lo cubriera, luego se volvió hacia Hermione. Ella también estaba en pie, al igual que el resto del profesorado, aplaudiendo ruidosamente. Ella tenía lágrimas en los ojos.
Luego su cabeza volvió hacia los estudiantes y levantó la mano. De inmediato se callaron.
"Silencio, todos vosotros, u os pondré en detención." La familiar frialdad había regresado. Se giró hacia su asiento. Las caras de los estudiantes cayeron. Luego, lentamente, volvió a mirarlos. "Oh, lo he olvidado. Parece que ya no estoy en posición de administrar detenciones." Hizo una pausa, antes de arrastrar con una sonrisa burlona, "Tenéis suerte, mucha suerte."
Entonces levantó su varita, y con un golpecito, miles de luces centelleantes salieron volando de ella y se extendieron por el salón, flotando a varios pies por encima de los estudiantes. Entonces, de repente, las luces se transformaron en gotas de chocolate y se desplomaron como una suave lluvia sobre ellos. Chillaron de alegría y las cogieron, riendo y cayendo unos sobre otros. Severus se permitió una sonrisa de satisfacción y regresó a su asiento.
Hermione no pudo evitar besarlo de lleno en los labios cuando regresó. Su sonrisa se ensanchó y bajó la mirada al paquete que McGonagall le había dado.
"¿Vas a abrirlo?" preguntó Hermione.
Sus manos se movieron al envoltorio y lo deshizo. Dentro había una botella pequeña pero hermosamente ornamentada que contenía un líquido azul pálido que emitía un resplandor iridiscente. Severus abrió el tapón y lo olió. Parecía asombrado.
"¿Qué es?"
"Si la memoria no me falla, y sólo me he encontrado con esto una vez antes, es leche de unicornio."
"¿Qué?" Hermione estaba alucinada, sabía lo difícil que era ver un unicornio, mucho más acercarse a ellos.
"Es uno de los ingredientes más raros y poderosos que conocemos, pero casi imposible de obtener, ya que los unicornios nunca pueden domesticarse y nunca permitirían ser… manipulados, digamos."
"Entonces, ¿cómo…?"
"Firenze me ayudó."
Se dieron la vuelta. McGonagall estaba en pie detrás de ellos. Sonrió. "Sabía de una amable hembra de unicornio que acababa de parir. Firenze fue capaz de comunicarse lo suficiente con ella y permitió que las ninfas del bosque extrajeran un poco de su leche. Tu reputación es conocida incluso entre las criaturas del bosque, Severus. No es sólo a la gente mágica a quienes has ayudado. Úsala con sabiduría." Regresó a su asiento.
Hermione miró maravillada a Severus. Él no dijo nada; ella notó que estaba conmovido más allá de las palabras. Primero, la respuesta de los estudiantes, y ahora este extraordinario regalo de sus colegas.
Terminaron su comida en silencio. Después se quedaron en el salón durante un tiempo mientras los estudiantes y el profesorado venían a despedirse de ambos. Todavía quedaba la mañana siguiente, pero el final del trimestre siempre era una locura, y la última noche en el colegio era más relajada.
Finalmente, todos salieron, y se encontraron solos en el Gran Comedor. Hermione suspiró y miró hacia arriba. El techo era normal, el encantamiento había desaparecido. Simplemente se quedó mirándolo un rato.
"¿Qué te gustaría?" preguntó Severus.
Ella miró sorprendida.
"Allá arriba."
"Creía que sólo el Director podía encantar el techo."
"Y los exdirectores," declaró él.
Hermione sonrió. "Quiero… ¡el universo!" Rio ante su exagerada petición.
Él la atrajo hacia sí y la besó profundamente. Cuando se separó, sostuvo su cabeza y miró profundamente en su interior.
"Te daré cualquier cosa que desees."
Su varita se levantó y la apuntó a lo largo del techo, cantando un encantamiento por lo bajo mientras se movía.
Hermione rio a carcajadas cuando el techo se transformó en el más extraordinario paisaje estelar que jamás había visto. El aire sobre ella estaba lleno de nebulosas, galaxias arremolinándose, una miríada de planetas, fascinantes en su diversidad y variedad, supernovas y cúmulos de diminutas estrellas centelleantes, todo iluminado con color y movimiento.
Caminó hacia atrás, la cabeza mirando hacia arriba, la boca abierta de estupefacción.
Él la siguió a los escalones que conducían al podio.
"¿Eso será suficiente?"
Ella volvió a reír antes de desplomarse para sentarse en el escalón superior. "Por ahora," le sonrió burlona, tirando de él para que se sentara a su lado y besándolo con fuerza. "Te amo," exhaló.
Él le devolvió el beso, luego se separó. "Yo también te amo." La miró profundamente a los ojos y luego habló profunda y sedosamente, "Túmbate."
Ella lo miró con curiosidad. "¿Aquí?"
"Definitivamente aquí."
"Pero… ¿y si entra alguien?"
"No lo harán. Todos están preparando sus cosas para mañana. Y he cerrado las puertas de todos modos."
"¿Qué pasa con los fantasmas?"
"No creo que ronden por aquí ahora. Estarán en los corredores, tratando de encontrar a alguien con quien hablar."
Ella no se movió inicialmente, pero sus ojos negros estaban tan iluminados por el deseo y el anhelo, que se transmitió directamente a su vientre, que se revolvió como lo había hecho aquellas primeras veces que fue consciente de que lo deseaba. Despacio, descendió de modo que su espalda estuviera acostada sobre el escalón superior y sus piernas dobladas en los escalones de debajo.
Él se movió hacia abajo y pasó la mano lentamente por su pierna desnuda. Ella llevaba un vestido y sus dedos le hicieron cosquillas mientras se movían sensualmente por la cara interna de su muslo. Se estremeció ante la sensación y él susurró un calmante, "Shh," hacia ella. Su mano separó sus muslos y desplazó su cuerpo entre ellos. Hermione estaba respirando pesadamente con anticipación y dejó escapar un suave maullido de deseo. Podía sentir el cosquilleo entre sus muslos, el latido de ese brote de carne, hinchándose ante su proximidad. Su vientre volvió a retorcerse y se arqueó sobre el escalón hacia él. Su otra mano vino a presionarla hacia abajo de nuevo, cálida y firme, provocando aún más anhelo creciendo dentro de ella.
Le levantó el vestido por encima de las caderas. Como de costumbre, no llevaba ropa interior, y oyó un leve suspiro maravillado de él al verla revelada para él, abierta, húmeda, esperando, esperando.
Hermione volvió a elevar los ojos al techo y los dejó caer sobre las constelaciones en movimiento de arriba. Su mente se nubló de lujuria y con un ensueño casi onírico. Era casi como si ellos también estuvieran entre las estrellas, flotando, nadando, bailando.
Sus dedos estaban en la parte superior de sus muslos y sintió uno en sus pliegues, separándolos, deslizándose lánguidamente por el canal resbaladizo. Ella inhaló bruscamente, tensándose con expectación, el dedo se movió dentro de ella, y se le unió otro. Frotaron, acariciaron, persuadieron su placer. Gimió con deleite.
Los dedos salieron y frotaron hacia ese brote maduro de arriba, tan cerca, pero justo evitando el punto perfecto de ternura. Se hinchó cada vez más con expectativa frustrada. Hermione gimió, empujando el puño en su boca para intentar controlar su lujuria.
Entonces sintió un cambio en la presión. Él había bajado la boca hacia ella y reconoció su lengua, sus labios, lamiendo, lavando, tomando su esencia. Su lengua buscó profundamente en su interior, consumiendo el placer que fluía de ella. Ella gimió sonoramente, pero logró permanecer quieta.
Él besó con ternura sus pliegues empapados hasta que llegó a su clítoris. Se sacudió cuando su lengua hizo contacto; casi se corrió de inmediato. Pero él la retiró enseguida y en su lugar lo rodeó lánguidamente, provocando deliberadamente, negándole su liberación final.
Hermione volvió a sentir dedos dentro de ella, rasgueando. Y luego más, en su otro, estrecho pasaje. Se arqueó sobre el escalón, un leve gruñido quedó atrapado en su garganta mientras él luchaba por concentrarse en su tarea mientras ella se movía contra él.
A pesar de usar sólo sus manos y su boca, Hermione se sentía lo más llena posible. Los dedos dentro de ella estaban provocándole tanta satisfacción y placer que casi sollozaba sin control. Su lengua y labios continuaban inflamando su clítoris, ahora tan hinchado, tan preparado, que podía sentir su necesidad transmitiéndose a los músculos tensos de su abdomen. La sensación se extendió como fuego a través de su cuerpo, y luego, por fin su boca se movió para rodear el capullo de carne por completo. Lo atrajo profundamente dentro de su boca, su lengua acariciando con fuerza sobre él simultáneamente.
Su cuerpo se disolvió, una ondeante llamarada de placer se apoderó de ella y la atravesó, irradiando desde su núcleo, pero fluyendo directamente hasta los dedos de sus pies. Se sacudió impotente, gritando su nombre en la inmensidad del salón.
Finalmente, él se levantó para mirarla. Ella esbozó una sonrisa cansada, pero él apenas la asimiló, ya que casi de inmediato se había liberado y se clavó profundamente y con fuerza en ella.
Ella gruñó por la sorpresa, pero su cuerpo seguía tan preparado, que pensó que podría volver a correrse de inmediato. El gruñido se convirtió en un gemido de triunfo. A él se unió el grito gutural del más profundo placer de él.
Severus se arrodilló en un escalón más bajo, y la atrajo bruscamente hacia sí, las caderas de ella perfectamente alineadas con sus embestidas. Frunció el ceño, tratando de evitar que el placer lo engullera demasiado rápido, pero verla debajo de él, tendida en los escalones del Gran Comedor, lo hacía casi imposible.
Hermione movió los ojos hacia los de él y vio su rostro sobre ella, enmarcado por las estrellas y galaxias que había conjurado para ella. Se sintió separada de sí misma, como si fuera una de las estrellas, mirando hacia abajo la extraordinaria visión de estas dos personas tan perfectamente unidas, cuerpo, mente y alma. Su placer volvió a crecer rápidamente mientras él golpeaba cada vez más fuerte dentro de ella. Los rasgos de Hermione se arrugaron y su boca se abrió maravillada cuando una vez más su cuerpo se derritió en éxtasis.
"Oh dios, oh dios, Severus. Eres tú, eres tú. Siempre tú, lo sabes. Oh dios…" Su voz se transformó en un sollozo de completo rapto.
Él la sintió latiendo a su alrededor pero no se corrió de inmediato. Su mente asimiló sus palabras, asimiló la visión de su rostro arrugado en abandono, su cuerpo desmoronándose debajo de él. Sólo después de haber fijado las imágenes, los sonidos y las sensaciones en su mente, sabiendo que lo sostendrían en los años venideros, se permitió entregar su propio cuerpo al éxtasis a punto de consumirlo.
Sostuvo sus ojos y dejó de moverse. Su rostro se distorsionó en una expresión de absoluta conmoción maravillada. Entonces, con un profundo grito gutural, se corrió, estallando dentro de ella con más fuerza que nunca antes.
"¡Hermione! ¡Mi Hermione, mi Hermione!"
No pudo evitar que sus ojos se cerraran y su cabeza cayera hacia atrás inútil, tal fue el extremo placer que rasgaba sus miembros. Cuando terminó, su cuerpo se hundió sobre el de ella, agitándose por obtener suficiente aliento. Ella lo rodeó con las manos para atraerlo lo más cerca posible.
No hablaron una sola palabra, acostados en lo alto de los escalones del Gran Comedor, escuchando la respiración del otro.
Finalmente, todavía en silencio, se levantaron, se ajustaron la ropa y tomaron caminos separados para la noche.
Hermione dijo poco a cualquiera esa noche. Supusieron que fue por la tristeza de que su tiempo en el colegio estaba finalmente llegando a una conclusión, pero en realidad, su mente estaba consumida por los pensamientos de su cópula en el Gran Comedor. Nunca podría tener a nadie más, de eso estaba segura. No había nadie más.
Mientras yacía por última vez en su cama, mirando la habitación de la Torre Gryffindor esa última noche, lo hizo con una notable sensación de esperanza y convicción, con el conocimiento de que estaba haciendo lo correcto; lo único. Hermione se dio la vuelta en su cama de dosel, se acurrucó en las mantas y se durmió.
El día siguiente amaneció glacial, pero cuando corrió las cortinas, el blanco sol de invierno se derramó en la habitación. No había clases esa mañana, los estudiantes pasaban su tiempo preparando cosas. Se vistió, abandonó su habitación por última vez y se dirigió a la sala común. Hubo una despedida un poco llorosa de algunos de sus amigos, en medio de promesas de que vendría de visita a menudo. Dio a Ginny un largo abrazo.
"¿Qué voy a hacer sin ti aquí arriba?" Ginny estaba claramente apenada.
Hermione sonrió cálidamente. "Estarás bien, Gin. Sabes que lo estarás. Nos veremos un montón, lo sabes."
"No será lo mismo."
"Quizá no. Pero eso no quiere decir que no será igual de bueno, sólo diferente."
Ginny no parecía convencida.
"Y sólo piensa – ¡no tienes que aguantar más a ese maldito Profesor Snape!"
Ginny la miró, y las dos chicas se disolvieron en risitas.
Hermione se dirigió hacia la puerta. Con una última mirada a la sala común, le susurró su propio adiós, y salió.
Esperando al pie de los escalones que conducían a la salida principal del castillo, estaba Severus. Ella le sonrió.
"Hola."
"Hola."
"¿Tienes todo lo que necesitas?"
Ella asintió. "Mi baúl ha ido por delante. Va a Grimmauld Place. ¿Y tú?"
"He enviado cosas a Spinner's End por el momento."
Caminaron hacia la puerta. En pie junto a ella estaba la Profesora McGonagall.
Los abrazó a ambos. "Bueno, vosotros dos. Esto es todo. No es exactamente como me imaginaba a ninguno de vosotros partiendo, pero aun así… me encuentro extrañamente satisfecha. Adiós, Hermione. Adiós, Severus. Gracias." Hizo una pausa. "Eso es todo lo que puedo decir. No hay palabras adecuadas en momentos como éste."
Les sonrió y Hermione pensó que podía ver, por primera vez, una humedad en los severos ojos de la Directora.
"Adios, Directora. Como dice, es imposible expresarse adecuadamente, pero… gracias. Volveré… a menudo. Este lugar vive en mí." Volvió a abrazar a su directora y antigua jefa de casa y luego dio un paso atrás.
Severus dio un paso adelante y extendió la mano. "Adiós, Minerva. Por todo lo que tú y este colegio habéis hecho por mí a lo largo de los años, te lo agradezco. Al igual que Hermione, aunque me marcho de aquí con gran esperanza en el futuro, estoy seguro de que volveré – sólo para comprobar cómo estás, por supuesto. No dejes que las cosas resbalen." Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba, pero aparte de eso, sonó mortalmente serio.
McGonagall puso los ojos en blanco. "¡Ahora fuera con vosotros! ¡No sois los únicos con mejores cosas que hacer que estar atrapados en un colegio vacío durante la Navidad!"
Con eso prácticamente los echó. Severus dio un paso más allá de las puertas del castillo, pero se detuvo y miró por encima del hombro. Hermione enlazó su brazo con el de él y recostó la cabeza sobre su hombro mientras miraban atrás por un momento. Él bajó la mirada hacia ella y sonrió, luego caminaron juntos colina abajo, lejos del Colegio Hogwarts.
"En realidad no había pensado en cómo llegar a Londres. ¿Quieres aparecerte desde más allá de los terrenos? O usar tu método. Supongo que incluso podríamos tomar el tren para variar."
Él se encogió ligeramente de hombros. "No hay prisa. Mencionaste hace un tiempo que querías hacer algo."
Ella lo miró con curiosidad. "¿Qué era?"
"Querías ir a Hogsmeade."
"Siempre voy a Hogsmeade."
Él puso los ojos en blanco. "Conmigo."
"¡Oh!" La comprensión se abrió paso al recordar su conversación de varios meses atrás. "¡Sí! Me encantaría. Pero… no tiene mucho sentido ahora, ¿verdad?"
"¿Por qué no?"
Ella sonrió y se alzó para un beso. "Vamos entonces."
Brazo sobre brazo tomaron el camino que conducía al pueblo. Muchos estudiantes habían tenido la misma idea, y reían excitados cuando pasaban junto a ellos. Para muchos, su relación seguía siendo una fuente de divertida fascinación. Después de una media milla, se detuvieron, era en ese punto que el camino giraba alrededor de una colina y el castillo desaparecería de la vista.
Miraron atrás hacia él por última vez.
"¿Sin arrepentimiento?" preguntó Hermione.
"Ya me has preguntado eso antes."
"¿Y cuál fue tu respuesta?"
Él bajó la mirada hacia ella. "¿Cómo puedo arrepentirme contigo en mis brazos?"
Ella sonrió. "Lo tomaré como un no."
Y allí, con el Castillo de Hogwarts en lo alto de la colina tras ellos, y grupos de escolares emocionados que pasaban corriendo, Severus Snape se inclinó para besar a Hermione Granger. Y juntos se quedaron, abrazados juntos por una eternidad, mientras la primera nevada del invierno comenzaba a caer ociosamente a su alrededor.
