-¿Cómo sabes quienes somos?- gruñó Syaoran, furioso.

-Una tal Chiharu me contó todo sobre vosotros hace meses. Acababa de llegar de Europa, llevo varios siglos por allí buscando a todos los vampiros de sangre pura- contestó Kaho.

-¿Y por qué los buscas?-.

-Para matarlos, quiero ser la única vampira pura del planeta y solo me faltáis vosotros para conseguirlo- dijo ella con una sonrisa malvada.

Syaoran frunció el ceño.

-¿Has encontrado a Alessia y Enzo?- preguntó algo temeroso.

Kaho torció la sonrisa.

-Espero que no les tuvieras mucha estima, acabé con ellos hace casi una década- contestó con voz fría.

Syaoran apretó los puños y Meiling siseó.

-No te creo, estás mintiendo- gruñó Meiling.

Kaho se llevó un dedo a la barbilla, como si estuviera pensando.

-A ver... vivían en lo que queda de Roma, muy cerca de las ruinas del coliseo. Ella era una chica rubia de ojos negros y él también era rubio pero tenía los ojos verdes. Los vigilé durante meses, aprendiéndome sus movimientos y dónde escondían a sus Sangui Sirenis, que por cierto los acababan de encontrar un par de años antes. Fue muy fácil atraparlos y chantajearlos con ellos, lo mismo que pienso hacer ahora con vosotros. Les obligué a acabar el uno con el otro a cambio de dejar a los dos humanos con vida-.

Syaoran y Meiling se quedaron atónitos, habían conocido a esos dos vampiros hacía más de cincuenta años y, aunque llevaban varias décadas sin verlos, les tenían bastante cariño.

-Me parece penoso que os dejéis dominar por una vida humana, pero me gusta poder usar eso a mi favor- añadió Kaho con una sonrisa divertida.

De repente el viento cambió de dirección y el cuerpo de Kaho se tensó de golpe.

Sus ojos se volvieron de color rojo sangre y empezó a buscar entre los humanos que había en la fila defensiva de Tokio.

Clavó sus ojos en Touya, que acababa de llegar al lado de su hermana.

A pesar de la distancia, él sintió un escalofrío.

-¡Tú! ¡Tú serás mío! ¡Eres mi Sangui Sirenis y muy pronto serás mi esclavo!- gritó Kaho, con sus ojos fijos en él.

-¿Pero qué mierdas está diciendo esa loca?- dijo Touya, que llevaba a Hiro dentro de algo parecido a una mochila portabebes, colgado en su espalda.

Sakura frunció el ceño.

-¡Inténtalo, zorra! ¡Este humano es mío!- chilló, cabreada.

-¿Por qué le dices eso?- preguntó Touya en voz baja.

-Para ver si así se enfada y viene a por ti, entonces podremos quitarle a Tomoyo y destruirla- susurró ella.

Kaho mostró los colmillos y apretó aún más su agarre en Tomoyo, haciendo que se desmayara.

-¡Suéltala!- gritó Meiling.

-Si quieres que ella viva debes entregar tu vida a cambio de la suya. Te dejaré un día para pensarlo, mañana te espero en la cima de ese monte y más te vale venir sola o le arrancaré la cabeza a esta humana con mis manos- murmuró Kaho mientras señalaba una montaña que estaba detrás de ella.

Después miró a Syaoran.

-Y tú esconde bien a la tuya, pienso encontrarla y hacer lo mismo contigo antes de llevarme a ese humano y alimentarme de él hasta que muera. Yo no cometeré el mismo error que vosotros, aunque será divertido utilizar a esa bolsa de sangre para lo que me apetezca durante un tiempo- añadió mientras se fijaba en Touya unos segundos.

Kaho desapareció a toda velocidad, seguida de los cientos de vampiros que la acompañaban.

-¡Maldita sea!- chilló Meiling, abrazándose a Syaoran.

-Tranquila, se nos ocurrirá algo- murmuró Syaoran en voz baja.

-¡No voy a arriesgar la vida de Tomoyo! Mañana iré sola, intentaré acabar con ella pero si no puedo moriré para salvarla-.

Sakura acababa de llegar al lado de los primos con Hiro en brazos.

-¿Por qué tuviste que seguirnos con Tomoyo?- gruñó Syaoran, furioso.

-Solo queríamos venir para ayudar- respondió ella, bastante afectada.

Syaoran soltó un gruñido y volvió a la ciudad, con Meiling todavía abrazada a él.

Sakura suspiró y se quedó unos segundos observando la zona por donde se habían marchado esos vampiros con su amiga como prisionera.

Frunció el ceño y se fijó en la montaña donde debía ir Meiling al día siguiente, decidió que no dejaría a esa tal Kaho salirse con la suya.


Faltaba poco para el atardecer.

Syaoran estaba furioso y caminaba de un lado a otro de la cueva, mientras Meiling se apoyaba en la pared con rostro serio y mirada pensativa.

Sakura se encontraba sentada en el suelo, jugando con Hiro.

Meiling suspiró y miró a su primo.

-En cuanto se ponga el sol correré hacia esa montaña y no quiero que nadie me siga, Syaoran-.

Él la miró con los ojos rojos llenos de rabia.

-Anoche estuve hablando con el consejo y todos vamos a apoyarte, estaremos preparados para atacar si es necesario. Y yo te seguiré de cerca-.

Meiling se acercó a él con ojos peligrosos.

-No me seguirás, no pueden matar a Tomoyo por mi culpa- gruñó, mostrando los colmillos.

-Tampoco quiero que mueras tú- respondió él, enfadado.

-Lo siento mucho, todo esto es culpa mía- murmuró Sakura en voz baja.

Meiling resopló y se agachó junto a ella.

-No es tu culpa, Tomoyo habría ido con o sin ti... la conozco-.

Sakura suspiró y abrazó a Meiling.

-¿Tienes algún plan?- le preguntó, mirándola a los ojos.

Meiling sonrió.

-Si yo muero, esa zorra morirá conmigo- se limitó a contestar.

-No dejaré que me vea pero estaré cerca, Meiling. Si se atreve a hacerte algo me las va a pagar- gruñó Syaoran.

Sakura se puso de pie.

-Antes de irte llévame a la ciudad, quiero dejar a Hiro con Touya-.

-Ni se te ocurra acercarte a la montaña, si descubre que tú eres mi pareja te usará contra mí. Es mejor que siga buscando a mi Sangui Sirenis- murmuró Syaoran.

Sakura asintió, aunque por dentro sabía que iba a hacer todo lo contrario a lo que quería Syaoran.

Los tres caminaron hacia la entrada de la cueva, desde donde pudieron ver los últimos rayos de sol.

Syaoran se agachó levemente y Sakura se subió a su espalda, sujetando a Hiro con uno de sus brazos.

-No corras demasiado, dame tiempo para llegar cerca de ti- pidió Syaoran a su prima antes de empezar a correr a toda velocidad.

Ella sonrió mientras veía su sombra desaparecer entre los árboles.

-Con mi vida es suficiente, no dejaré que tú des la tuya también- susurró Meiling, empezando a correr.


En cuanto llegaron a Tokio, Syaoran soltó a Sakura y corrió hacia la montaña donde seguramente ya estaría Kaho con Tomoyo.

Un enorme grupo de humanos y vampiros también estaba saliendo de la ciudad, dirigiéndose hacia allí.

Sakura se dio prisa y dejó a Hiro con Touya, hizo prometer a su hermano que no saldría de la ciudad antes de coger su arco y salir corriendo ella también.

Poco después, Meiling acababa de llegar al pico de la montaña que había señalado Kaho el día anterior.

Se sorprendió al ver que no había nadie allí, pero no tardó mucho en escuchar algo de ruido.

Enseguida apareció Kaho, muy sonriente y llevando a Tomoyo atrapada entre sus brazos.

Meiling apretó los puños al ver a Tomoyo, tenía varias marcas de mordiscos en el cuello y en los brazos.

-¿Qué le has hecho?- gruñó Meiling, furiosa.

Kaho se encogió de hombros.

-Anoche nos divertimos un poco con ella, pero sigue viva por ahora- contestó con una sonrisa.

Meiling le enseñó los colmillos.

-Tu vida a cambio de la suya, ese es el trato- dijo Kaho con voz divertida.

-¿Cómo puedo saber que vas a dejar que ella se marche?- preguntó Meiling, frunciendo el ceño.

Kaho puso los ojos en blanco.

-La vida de esta humana no me interesa, lo que yo quiero es la tuya-.

Meiling miró a Tomoyo, que no podía hablar porque Kaho le estaba tapando la boca con fuerza.

-Muy bien, aquí me tienes. Ahora deja que ella se vaya- murmuró en voz baja.

Ocho vampiros se acercaron a Meiling, sujetando sus brazos y sus piernas.

La vampira no se resistió.

Kaho soltó a Tomoyo, que corrió hacia Meiling para intentar abrazarla.

Apartó los brazos de algunos vampiros y se sujetó al cuello de Meiling, sollozando.

-No llores y vete muy lejos- susurró la vampira, mirando a Tomoyo con cariño.

-No me quiero ir sin ti- respondió Tomoyo entre lágrimas.

-¡Vete! ¡No seas tonta y corre!- gritó Meiling, sacudiéndose para que ella la soltara.

-Que conmovedor- dijo Kaho, resoplando con burla.

Tomoyo ignoró los gruñidos de los vampiros que sujetaban a Meiling y se acercó más a ella para besarla.

La miró unos segundos y tras eso corrió cuesta abajo, intentando huir.

Kaho sonrió al ver como los vampiros estaban obligando a Meiling a arrodillarse.

-Cuando mate a tu primo ya solo quedaré yo, seré la vampira más poderosa del planeta y esclavizaré a la raza humana- murmuró mientras sacaba una estaca de uno de sus bolsillos.

Meiling se carcajeó con burla.

-Nunca conseguirás eso, maldita. Syaoran no caerá tan fácilmente-.

Kaho torció la cabeza, mirándola a la vez que se acercaba a ella lentamente.

-¿Eso crees? Sois unos estúpidos, dar vuestra vida por un simple humano... es patético- gruñó, levantando la estaca.

Meiling no apartó la mirada de ella, desafiándola.

-La daría mil veces más, ya he vivido suficiente pero ella no merece morir a manos de alguien como tú- escupió con rabia.

-Entonces cumpliré tu deseo- murmuró Kaho.

Clavó la estaca muy profundo en el pecho de Meiling, pero justo cuando estaba empezando a hacerlo Meiling se sacudió con fuerza liberando uno de sus brazos.

Lo metió debajo de su camisa, sacando una rama que llevaba escondida y clavándosela a Kaho también.

Las dos vampiras cayeron hacia atrás a la vez.

-¡Joder! Puta zorra- gritó Kaho, gruñendo de dolor.

Por suerte Meiling no había acertado en su corazón, pero casi lo había rozado.

Kaho levantó la cabeza y vio el cuerpo de Meiling tendido en el suelo, totalmente gris.

-Ayudadme a sacarme esto, con cuidado- dijo con voz grave a los vampiros, le dolía demasiado.

Ellos asintieron y se agacharon a su lado, pero empezaron a gritar mientras caían al suelo.

Kaho miró a su alrededor, en pocos segundos los ocho vampiros estaban en el suelo con flechas de madera clavadas en sus corazones.

-¿Qué?- gritó, sin comprender lo que estaba pasando.

Oyó a alguien saltando y vio que de la nada surgía una vampira de ojos rojos, llevando un arco en sus manos.

-¿Quién eres?- preguntó Kaho, arrastrándose porque no podía moverse mucho por temor a que la rama de madera se moviera y rozara su corazón.

-Soy Sakura, la vampira cazadora de vampiros y tu peor pesadilla- gruñó ella, volviendo a tensar su arco.

Kahó se levantó y trató de alejarse de ella pero no llegó muy lejos.

Sakura disparó, atravesando la espalda de Kaho.

La vampira cayó boca abajo, totalmente gris.

Sakura había acertado justo en su corazón.

Ella miró el cuerpo de Meiling y sonrió con tristeza, la vampira había usado el truco que ella misma intentó utilizar una vez contra Syaoran... esconder algo de madera entre su ropa.

Sabía que Syaoran le había contado esa historia a su prima meses atrás, cuando Sakura y él todavía no estaban juntos.

Por desgracia no había llegado a tiempo para intentar salvarla.

Sakura escuchó pasos en la zona de bosque que tenía enfrente, gruñó furiosa y clavó sus ojos rojos en los árboles, intentando detectar cualquier movimiento.

Un gruñido resonó y cientos de vampiros empezaron a correr hacia ella con ojos furiosos, surgiendo entre los árboles y la maleza.

Sakura sacó otra flecha y apuntó, sintiendo una brisa detrás de ella.

Le llegó un olor conocido y al levantar la vista vio a Syaoran a su lado.

-Todos morirán por lo que han hecho, no tendré piedad- gruñó el vampiro, la rabia lo había invadido completamente y sus ojos rojos parecían a punto de arder en llamas.

Sakura se giró y vio a un enorme grupo de humanos y vampiros de Tokio que estaban llegando junto a ellos.

Sonrió y se acercó a Syaoran, preparada para atacar y luchar hasta la muerte junto a él.


Estamos llegando al final, falta el epílogo que lo tendré listo en unos días.

Espero que hayáis disfrutado de esta historia tanto como yo, adoro a los vampiros sanguinarios y estoy totalmente enamorada de este Syaoran :) cuando escribí los primeros capítulos pensaba matarlo a él pero al final no he sido capaz y su prima ha ocupado su lugar jajaja.