Los personajes de Sakura Card Captor no me pertenecen son una idea original de Clamp
Que comience el espectáculo
Después de una noche llena de amor, Shaoran despertó antes del alba, la luna aun iluminaba la habitación un ambiente plateado los rodeaba, él abrazaba a su hermosa castaña, quien dormía plácidamente, su cabello rebelde le hacía cosquillas en la nariz, una sonrisa emergió de lo más profundo del alma del castaño, había pasado la mejor de las noches en todo lo que llevaba de vida, acarició lentamente la espalda de su yosei, mientras veía que reaccionaba con una linda sonrisa por el contacto y se acercaba más hacia él, quien la recibía gustoso.
Shaoran se quedó admirándola unos minutos, sintiendo su piel cálida cerca de la propia sin ninguna barrera de por medio, aspirando su embriagante aroma a flores, pasó su mano por su cabello y después por su mejilla, su piel era increíblemente suave, delineó con las yemas de sus dedos su oído, bajando por su cuello, por su hombro, su brazo, sus pequeñas manos, el maestro retiró sus dedos y sintió como la esmeralda protestó, por haber parado la caricia.
El médico sonrió al mirar sus reacciones aun dormida, regresó a su cuello y bajó por su cuerpo, delineando cada detalle con ternura, subiendo y bajando por cada curva, no eran muy pronunciadas, pero para el lobo eran perfectas, llegó a su pequeña cintura y después subió por su cadera, terminó con la distancia que los separaba para sentirla entera contra su piel, entonces confirmó que se encontraba en el lugar correcto, su hogar estaba donde la castaña se encontrara.
Cerró sus ojos y permaneció así durante unos minutos solo disfrutando del contacto, de la noche, de la fragancia a flores y del sonido suave de la respiración de su prometida, el solo imaginar que le esperaba una vida llena de esos momentos, lo alegraba, se esforzaría por siempre hacerla feliz, la amaba profundamente, una vez más quiso regresar a China, para comenzar una familia con ella, aunque antes de regresar le gustaría viajar un tiempo por Japón, para que ella conociera todos los paisajes que aparecían en sus libros y disfrutara de su país sintiéndose libre de ataduras.
Tenía tantos planes con ella, la quería llevar a tantos sitios que había conocido anteriormente y descubrir lugares nuevos, tendría que hacerse de una carreta y de un caballo, él estaba acostumbrado a viajar ligero, pero en definitiva Sakura iba a necesitar espacio, hablaría con el Shogun, para negociar su libertad, aunque debería buscar buenos argumentos, no deseaba afectar a sus padres.
Así se quedó unos minutos perdido en sus pensamientos, buscando una estrategia para convencer al señor Clow cuando de pronto recordó que el Shogun le había pedido que le hiciera panecillos en forma de melocotón, él había quedado muy formal en cumplir la promesa, sin embargo, ya había pasado dos días y Shaoran lo había olvidado, de verdad estaba enamorado, antes jamás hubiera olvidado un acuerdo y mucho menos con una persona tan importante.
Habían sucedido muchas cosas; el hijo del matrimonio Hiragizawa, los pacientes en la consulta, así que muy a su pesar y aprovechando que aun el sol no hacia su aparición debería ir a las cocinas a realizar los dulces para el Shogun, cada acción con el gobernante contaba para obtener su pronta libertad.
Suspiró resignado contradiciendo a cada fibra de su ser que le rogaba permanecer acurrucado con su mujer, pero debía cumplir su promesa, miró a su bella prometida y concluyó que tenía que ser responsable, si quería irse pronto del castillo debía cumplir con los deseos de Clow.
Decidió despertar a Sakura para avisarle que se iba, afortunadamente realizar los dulces no era muy tardado trataría de hacerlos aún más rápido de lo habitual, para llegar puntual a la consulta, quizás hasta podría pasar a la arboleda por una flor para la diosa de las flores.
—Sakura, bonita, despierta —llamó Shaoran acariciando el hombro desnudo de su hermosa yosei, quien comenzó a abrir los ojos poco a poco.
—Aún es de noche Shaoran, ¿qué pasa? —preguntó adormilada la castaña, mientras se pegaba más al cuerpo del médico y volvía a cerrar los ojos. —¡Eres tan cálido! ¿Puedo vivir entre tus brazos? hueles tan bien, vamos a dormir ―concluyó regresando al país de los sueños.
Shaoran solo pudo sonreír e intentó despertarla nuevamente, dejando un beso en su frente, la maestra entreabrió sus ojos de nuevo mirando al castaño.
—Debo ir a las cocinas, le prometí unos dulces al Señor Clow y lo había olvidado por completo —dijo Shaoran disfrutando también de la calidez de la piel de Sakura, acariciando constantemente la curva de su cintura.
—Yo también quiero dulces —pidió Sakura entre sueños―. Son deliciosos, como tus labios ―balbuceo dormida y un lindo sonrojo la invadió.
—Cuenta con tus dulces y mis labios, hermosa —aseguró Shaoran mientras la miraba enamorado y le daba un tierno beso en la boca, mientras deshacía del abrazo y salía del futón.
La tibieza que lo envolvía dentro del lecho lo abandonó, hizo una mueca de resignación y se dispuso a comenzar su día, deseando que pronto llegara la noche para volver a tener a Sakura envuelta en sus brazos y sin opción de escapatoria.
El castaño se aseo y se vistió rápidamente, tenía que apurarse para entregar la petición del Shogun, disculparse por su tardanza, además sabía que debía llegar puntual a la consulta, tenía la sospecha de que los pacientes seguirían llegando, según lo que pasó el día anterior esa enfermedad estaba atacando a gran parte de la población, así que tendrían mucho trabajo por hacer.
Antes de irse fue hasta donde dormía plácidamente su prometida quien había tomado su almohada y la rodeaba con brazos y piernas, en esos momentos el médico deseo ser esa pieza esponjosa, revolvió su cabello, y se preguntó ¿Por qué demonios lo habían enseñado a ser tan responsable? Cuando su verdadero deseo era quedarse dentro de ese futón, otro suspiro resignado salió de sus labios, convenciéndose así mismo que todo era por tener un precioso futuro con su linda yosei, entonces le dio otro beso, pero esta vez fue en la mejilla.
—Te amo bonita, te veo en la consulta ―ronroneo en el oído de la castaña, quien suspiró al sentir el aliento tibio de su prometido
—Te amo Shaoran —abrió un poco los ojos para mirarlo―. Eres tan seductor ―expresó nuevamente entre sueños.
Shaoran solo negó con la cabeza mientras sonreía, tenía que salir de esa habitación en ese instante, porque si Sakura volvía a hacer o decir algo entre sueños, la iba a despertar para desearle los buenos días de una manera más intensa que de costumbre, dio una última mirada a su hermosa dama y comenzó su día con una enorme sonrisa.
Shaoran salió rumbo a las cocinas del palacio y se dispuso a preparar los dulces, el médico se encontraba de muy buen humor a pesar de que sabía que le esperaba un día de mucho ajetreo.
Preparó lo necesario para realizar los panecillos, las cocineras estaban interesadas en lo que realizaba por lo que no paraban de preguntarle, él trataba de explicar lo más claro y rápido que podía, no quería ser descortés, al final ellas habían ayudado a su yosei a preparar los deliciosos dim sum, así que se encontraba agradecido con ellas.
Al terminar su labor regaló unos cuantos panecillos a las señoras, quienes estaban maravilladas por el sabor y los restantes los colocó en dos cajas de madera una para el Señor Clow y otra para Sakura y se dirigió a los aposentos del Shogun.
Cuando salió de las cocinas el sol ya estaba presente en el cielo, aunque trató de ser veloz no logro realizar los dulces tan rápido como esperaba, no sabía si el día estaba radiante o él se sentía tan pleno que hasta veía reluciente cada espacio del castillo.
En su camino fue saludando a todos los sirvientes que se encontraba, pero le extrañó que no hubiera guardias ni samuráis, generalmente siempre había personas vigilando en las partes superiores de la fortaleza, quizás aún era muy temprano, nunca había estado tan temprano en esa parte del castillo, así que tal vez eran imaginaciones suyas.
Subió las escaleras del palacio hasta la última planta donde se encontraban los aposentos de la familia del Shogun, impresionantes lacados cubrían las puertas de los aposentos del gobernante, el despliegue de poderío que se percibía en esa parte del castillo era impresionante, imponía encontrarse ahí.
Al llegar a las puertas de la habitación principal del castillo, Shaoran se encontró con el general Daidouji que estaba flanqueando la entrada, el médico saludó con una reverencia.
—Buenos días general —dijo el médico
—Buenos días maestro Li —saludó el general Daidouji realizando también una reverencia―. ¿En qué le puedo ayudar? ¿Tiene audiencia con su excelencia?
―No general, he traído unos dulces hechos a mano para el Señor Clow, él me los solicitó la última vez que jugamos go ―aclaró Shaoran al percatarse de la expresión de desconcierto del samurái por encontrarlo ahí.
El padre de Tomoyo hizo un ademán para recibir la caja de madera que traía el médico y Shaoran se la entregó
― ¡Oh!, creo que sí recuerdo haberlo visto el día que anuncié el embarazo de Tomoyo ―comentó el general Daidouji
—Así es general, ese mismo día el Shogun me solicitó los dulces, por cierto, felicidades por su nieto, estoy seguro será un digno heredero de las nobles casas Daidouji y Hiragizawa —dijo sincero Shaoran, realizando otra reverencia
—Nieta maestro, será una hermosa niña esposa del joven Yue en un futuro, gracias por sus enhorabuenas, le haremos llegar el regalo a su excelencia —comentó el samurái, levantando un poco la caja con los dulces.
—Muchas gracias general, podrían decirle al Señor Clow que me disculpe por la tardanza, hemos tenido mucho trabajo en la consulta —agregó el médico y nuevamente hizo una reverencia.
―Por supuesto maestro Li, le indicaré expresamente que los dulces son de su parte y ahora mismo se los haré llegar ―aseguró el general.
Shaoran se retiró de los aposentos de Shogun dispuesto a dirigirse al área médica, ya había tardado más de lo que esperaba así que debía apresurarse para ayudar a sus colegas con los pacientes.
El Samurái Terada llegó hasta los aposentos del Shogun unos segundos después que Shaoran se marchara, iba a flanquear la entrada de la habitación del joven Yue.
Al verlo en general Daidouji le encomendó el cuidado de las puertas de la habitación del gobernante, comentándole que tenía que atender un asunto urgente y que regresaría en un momento.
Terada le explicó al general que la puerta del joven Yue no estaba vigilada, a lo que Daidouji tranquilizó argumentando que no tardaría y desde su posición se podía observar con claridad la puerta del hijo de Shogun.
—Quédese custodiando la puerta Terada, en un momento regreso —ordenó el padre de Tomoyo, llevando consigo la caja que le acababa de entregar Shaoran.
El samurái obedeció las órdenes de su general, aunque le extrañó un poco la prisa que tenía por salir de ahí, desde el día anterior el general se estaba comportando de manera anómala.
Había llamado a los samuráis una noche anterior y les había encargado misiones en la ciudad, como si quisiera que ninguno estuviera disponible dentro del castillo, él también tenía que ir a vigilar uno de los cuadrantes de la ciudad, pero cuando se disponía a salir se percató que no se había asignado a nadie para resguardar al joven Yue, así que tomo la iniciativa de subir y quedarse flanqueando la puerta, ya en la tarde realizaría la tarea que le habían encomendado.
Sakura despertó muy alegre, abrazó un poco más la almohada pensando que era Shaoran, pero reaccionó cuando se percató de que eso que tenía en los brazos era más esponjoso que el cuerpo fuerte de su prometido, abrió los ojos tallándolos un poco, de pronto se dio cuenta que no tenía puesto su kimono, se sonrojó violentamente al sentir su piel en contacto directo con la manta del futón y la almohada, pero una sonrisa apareció en su rostro, se había vuelto un solo ser con su lobo la noche anterior y fue mágico, espiritual, majestuoso, fueron uno con la esencia misma del universo.
Vio el espacio de Shaoran vacío y recordó que él se había ido temprano porque había prometido dulces al Shogun, le hubiera gustado despertar y quedarse un momento más junto a él, tendría que esperar a la noche, un puchero apareció en su expresión y abrazó la almohada de su prometido con más fuerza.
Estaba muy feliz al recordar la noche anterior, cerro los ojos y dejó escapar un suspiro soñador, les esperaban muchas noches juntos, un delicioso escalofrío la recorrió solo de pensar, tenía una vida por delante con ese médico castaño que la hacía soñar despierta y vivir en ese sueño. ¡Dioses! lo amaba demasiado.
Después de disfrutar un rato más del futón de su prometido, se estiró como un gato y se incorporó quedando sentada, buscó su nemaki, el cual estaba perfectamente doblado encima de la mesita de Shaoran, antes de irse, él dejó todo preparado para que ella no tuviera inconvenientes, colocó la prenda sobre su cuerpo recordando como Shaoran se había deshecho de ella una noche anterior, sentía su cara muy caliente por el violento sonrojo, pero el recuerdo era muy agradable.
Sakura abandonó la cueva del lobo y se dirigió a su propia habitación, aún era temprano el movimiento de palacio todavía no comenzaba y como se sentía tan contenta decidió estrenar uno de los kimonos que Shaoran le había regalado.
La seda con la que estaban hechos era tan hermosa, muy suave y al contacto con la luz los tonos cambiaban de color, no se había atrevido a usar ninguno, no quería estropearlos, aunque Tomoyo le decía que estaba ansiosa por verla luciéndolos, eligió uno verde esmeralda, que tenía flores en distintos tonos de azul y dorado, era adornado con un obi dorado, era un atuendo digno de la esposa del líder de un clan importante.
Decidió realizarse un peinado sencillo, para colocar la horquilla que le habían regalado los padres de Shaoran, ese día se quería ver muy bonita para él, así que se estaba esmerando en su arreglo personal, puso un poco de carmín en sus labios, solo faltaba el toque final su horquilla de flores de cerezo.
Se miró al espejo y se sonrió a sí misma, simplemente no podía dejar de sonreír, la vida le había cambiado totalmente desde que ese chino llegó y estaba feliz por ese hecho.
Salió de su habitación cruzando el pequeño jardín que dividía ambos dormitorios, el sol comenzaba a hacer su aparición poco a poco, no sabía si era ella o el día estaba especialmente radiante.
Entró a la habitación del castaño y abrió el cajón donde tenía la bella pieza de joyería, pero notó que la cajita estaba en una posición diferente a la que ella la había dejado, quizás Shaoran la había tomado, abrió la caja y el adorno estaba en su lugar.
Algo le decía que debía abrir por completo el cajón, al quitar el doble fondo se dio cuenta de que las instrucciones y los frascos con el extracto de flores de cerezo no estaban más, Shaoran no pudo haberlas tomado, le hubiera avisado.
Se alarmó muchísimo y ya ni siquiera terminó de realizar el peinado que planeaba, salió con prisa de la habitación, tenía que encontrar a Shaoran y decirle que alguien había robado el extracto.
Entonces conectó las piezas, los extraños síntomas de la población, el hormigueo en las piernas, la fiebre repentina, la perdida de fuerzas para caminar, los síntomas eran pasajeros lo que indicaba claramente que lo habían diluido de tal forma que solo duraran unos minutos los efectos y fueran casi inofensivos, pero ¿con qué fin harían eso?, debía buscar a su prometido, necesitaba dar aviso.
Sakura iba saliendo de su habitación apresurada cuando se encontró a Haku el sirviente de Ikeda, estaba quejándose de dolor, tenía una posición en cuclillas, Sakura al verlo así se preocupó y se acercó a él inclinándose para preguntarle cómo estaba, pero el sirviente fue más rápido y le propinó un golpe a la maestra atrás de su cabeza dejándola inconsciente de inmediato.
—Que bella luce hoy maestra —admiró el sirviente—. Al menos su prometido la verá linda antes de morir, se quedará viuda incluso antes de casarse.
Cubrió a la maestra Kinomoto con una sábana y la llevó hacia los terrenos más alejados del castillo, aprovechando sus habilidades de guerrero de las sombras.
Shaoran iba de regreso a la consulta cuando se encontró con un samurái conocido en medio de los pasillos de la fortaleza, el samurái iba ataviado con su traje de gala, sus dos compañeras de acero colgaban elegantes de su cintura, al parecer tenía una cita importante.
—Maestro Li, ¿por qué no fue a entrenar?, lo estuve esperando, tenía entendido que ya habían terminado sus guardias nocturnas —expresó Eriol a modo de saludo y realizó una leve reverencia.
—Hiragizawa buen día, tuve que encargarme de unos dulces que me pidió el señor Clow —contestó el médico, realizando una reverencia igual a la de Eriol.
—¿Ahora también es cocinero en la corte? —preguntó en tono de burla—. ¡Esa es una gran noticia! deberá decirme que días estará en las cocinas, para no perderme los banquetes.
Shaoran solo rodó los ojos, pero le agradó escuchar que su amigo volvía a decir las tonterías de siempre y estaba relajado.
—Me da gusto verlo siendo usted de nuevo, ya sabe si requiere terapia mi puño siempre estará disponible —comentó Shaoran tratando de acabar con las burlas de Eriol.
—Lo tendré en cuenta, sus métodos poco comunes suelen ser efectivos, pero dígame ¿hizo algún dulce para mí? —preguntó expectante el ojiazul
Shaoran negó con la cabeza y abrió la cajita que era para Sakura, le ofreció un panecillo al samurái, quien lo recibió con gusto y lo empezó a comer.
—Aprovechando que lo veo Hiragizawa, he visto al Señor Ikeda dejando mensajes por medio de flores en la arboleda, encontré uno que decía "está listo lo necesario" y otro que decía "en marcha", no sé a qué se refiera, pero me parece que es información que usted debe conocer —confesó Shaoran.
Eriol se quedó pensativo, ciertamente las actitudes de ese hombre siempre le habían parecido sospechosas, pero nunca había tenido un indicio claro de algún movimiento, la información que le estaba proporcionando el maestro Li era importante, al parecer el tablero de go que era el palacio estaba presentando movimientos extraños.
—¿Le ha dicho a alguien más? —preguntó el samurái, observando el corredor y cerciorándose que no hubiera oídos curiosos.
—No, lo ví ayer por la tarde, pero fue tanta la carga de pacientes que ya no pude buscarlo cuando terminó la jornada laboral y pensé que se iba a presentar para llevar a su esposa a su casa —explicó el maestro Li.
—Sí ayer tuvimos una reunión y ya no pude ir por Tomoyo, gracias por la información maestro, si nota algún movimiento más por favor infórmeme de inmediato, así me tenga que mandar llamar con algún guardia o con los sirvientes —solicitó Eriol con un semblante muy serio, poco común en él.
―Hablando de sus pacientes vi el comunicado y Tomoyo me comento que fueron muchas personas, ¿aún no saben la causa de los síntomas? ―preguntó el Samurái.
—Aún no, hoy seguiremos investigando, espero que lleguemos pronto a una resolución, yo me despido, que tenga buen día —dijo Shaoran y se despidieron con una reverencia, el castaño percibió el cambio de actitud de Hiragizawa cuando le comentó sobre los mensajes, debía seguir atento a los movimientos de Ikeda.
Shaoran sabía que iba a llegar un poco tarde a la consulta, el sol ya estaba en todo su esplendor, por lo que decidió ir a la arboleda por una flor para su yosei, no tardaría más que unos cuantos minutos.
Cuando llegó hasta el pequeño bosquecillo pudo observar a Ikeda conversando con el general Daidouji, el castaño se escondió detrás de unos matorrales lo suficientemente cerca para escuchar, pero el general Daidouji ya se estaba despidiendo.
Que ellos dos estuvieran conversando desconcertó a Shaoran, se suponía que el general estaba haciendo guardia en los aposentos de Shogun, en qué momento había llegado tan rápido si él no había tardado tanto conversando con Hiragizawa.
Shaoran decidió acercarse un poco más de manera sigilosa, para verificar si Ikeda, dejaba algún otro mensaje, pero el consejero solo permaneció admirando el paisaje, cuando Shaoran se iba a retirar, llegó Haku, entonces Shaoran prestó atención.
—Tengo a la pequeña flor de cerezo, está custodiada como me lo pidió cualquier movimiento en falso y la tendremos que lastimar —dijo el sirviente, con una sonrisa triunfante—. Solo falta sacar de la consulta al gaijin.
—Perfecto, ve por él ya debe de estar ahí, atendiendo a la siguiente oleada de pacientes, sácalo con cualquier pretexto, pero asegúrate que nadie más salga con él, ten cuidado, tengo entendido que sabe artes marciales —indicó Ikeda a lo que Haku asintió—¿La florecilla está en la casa de los cerezos? —preguntó Ikeda.
—Justo ahí señor, por el gaijin no se preocupe, lo he visto entrenar con Hiragizawa, he estudiado sus movimientos, es rápido y fuerte, pero yo lo soy más —contestó el sirviente confiado de sus habilidades.
—Tráelo vivo, la florecilla deberá mirar todo, después ella y yo festejaremos —esbozó Ikeda mientras se relamía los labios.
Shaoran sintió como le hervía la sangre por el gesto del hombre, pero también sintió pánico, tenían a Sakura, la podían lastimar, debía actuar rápido, tenía que encontrar la forma de avisarle a Hiragizawa, ese hombre tramaba algo muy malo, por algo no quería que ninguno de los dos estuviese en la consulta, seguramente él era el responsable de la enfermedad del pueblo.
El médico estaba furioso por la actitud que mostró Ikeda cuando habló de Sakura, Shaoran pensaba que era un maldito malnacido, pero debía calmarse y enfocarse para liberar a Sakura de donde sea que la tuvieran presa.
La castaña era su prioridad debía seguir a Ikeda y detenerlo mientras Haku lo buscaba, nunca se imaginó que el sirviente de Ikeda en realidad fuera en realidad un guardia, siempre se había mostrado amable con él, debía ser cuidadoso, jamás permitiría que le hicieran daño a Sakura, el médico tomó camino detrás del consejero de manera sigilosa asegurándose de que no se percatara de su presencia, debía darle caza a ese maldito.
Shaoran caminaba detrás del hombre por las veredas de los jardines de palacio, cuando vio a uno de los sirvientes que daba mantenimiento al jardín, se acercó a él con total sigilo.
—Buen d…— iba a saludar el sirviente, pero Shaoran le indicó que callara.
El castaño seguía atento el caminar de Ikeda, no quería perderlo de vista, debía ser rápido en su comunicación, estaba muy preocupado por Sakura, pero necesitaba que Eriol estuviera al tanto, como bien se lo señaló el maestro Kinomoto en su momento, necesitaba anticiparse a la situación, planificar bien la estrategia, la vida de Sakura estaba en peligro y al parecer Haku no estaba indefenso.
—Busca al samurái Hiragizawa, dile que es urgente, estaré en la casa de los cerezos, infórmale que es con respecto al tema que conversamos en la mañana —ordenó Shaoran con determinación, el sirviente asintió y corrió hacia el castillo.
Por detenerse a hablar con el paje Shaoran perdió a Ikeda, no podía ser posible, ¿dónde se había metido ese tipo?, el médico siguió el camino que pensó que era el correcto, corrió con desesperación, pero no veía al consejero, por ninguna parte, pensó en regresar y preguntarle a algún sirviente ¿dónde era la casa de los cerezos? Pero eso significaría perder tiempo valioso, así que regresó solo un poco sobre sus pasos, rogaba a los dioses que el sirviente encontrara a Hiragizawa rápido, seguro el samurái llegaría antes, él si debía saber dónde demonios era la casa de los cerezos.
Shaoran solo podía pensar que Sakura estaba en peligro, tomó otra vereda y siguió rogando que fuera la indicada, se culpó a si mismo por siempre quedarse en los mismos terrenos y no explorar más allá, la angustia lo comía entero, Sakura, ¿dónde estaba?, estaba fallando a su promesa con el maestro Kinomoto, se estaba fallando a él mismo cuando juró protegerla, le estaba fallando a ella, ahora más que nunca confirmaba que uno de los hombres que escuchó la primera vez en la arboleda era Ryusei Ikeda y que le quería hacer daño a su pequeña flor ¿pero con qué objetivo? ¿Y porque lo querían a él también?
Shaoran siguió buscando desesperadamente, corriendo por aquellos terrenos que desconocía, cada vez se alejaba más del castillo y el paisaje siempre hermoso y pulcro del jardín se iba convirtiendo en vegetación que crecía salvajemente totalmente desprolija.
Momentos después de la conversación que Eriol tuvo con Shaoran, en los pasillos del castillo…
—Terada, buen día —saludó con una reverencia Eriol.
—Buen día Hiragizawa —respondió el otro samurái contestando la reverencia a su superior—. ¿tiene audiencia con su excelencia?
—Así es, conversaremos un poco —aseguró Eriol.
—Hiragizawa, permítame felicitarlo por el próximo nacimiento de su hija y el compromiso con el joven Yue —dijo sincero el Samurái.
—No se adelante Terada, aún no sabemos si es niña —comentó Eriol con seriedad aún le molestaba el tema, aunque ya se encontraba más tranquilo.
—Es verdad, si es un niño, será el primer heredero de su noble casa y si es una niña, será la próxima esposa del joven Yue —comentó sin malas intenciones el samurái.
—Así es Terada —esbozó Eriol en un suspiro—. Si me permite entraré con su excelencia.
—Claro adelante —indicó el aludido abriendo las puertas de los aposentos de Clow, los dos hombres se despidieron con una reverencia.
Al entrar en la habitación del Shogun, Eriol lo encontró ubicado en su mesita baja, el ojiazul realizó la reverencia protocolar para saludar al gobernante y Clow la contestó con una inclinación de cabeza.
—Pasa Eriol, hablemos sobre tu futuro —indicó el Shogun con un ademán para invitarlo a sentarse cerca de él.
El Samurái obedeció y se ubicó en la mesita donde se encontraba el Shogun, sentándose en seiza(1).
Las puertas se volvieron a abrir y un sirviente entró en los aposentos del señor Clow trayendo consigo una cajita de madera, preparó tres tazas de té, bajo la mirada atenta del Shogun.
—Desde ayer es oficial Eriol, tu primera hija será la esposa de Yue —comentó Clow en tono alegre. — Al fin llegará alguien que vengará todas tus travesuras.
El samurái dejó ver una sonrisa al imaginarse a una pequeña idéntica a Tomoyo, pero traviesa como lo fue él alguna vez, sin duda debería tenerla vigilada, su pequeña o pequeño seguro le sacaría canas verdes, el Shogun tenía razón al fin pagaría todas las diabluras que hacía cuando fue un niño.
—Es un honor para mi casa señor Clow, pero me hubiera gustado que tomaran en cuenta mi opinión antes de decidir tal cosa, como padre de esa criatura debo ser yo quien tome la última decisión, independientemente del cargo que mi suegro ostente en la corte —expresó serio el Samurái tratando de mostrarle al Shogun que sus hijos no eran piedras de go.
—Tienes razón Eriol, fue precipitado y estás en todo tu derecho —reconoció el Shogun—. En futuras ocasiones serás consultado primero.
—Le agradezco su consideración, tomaré su palabra como una promesa del gobernante de la nación a la que entrego mi vida —respondió Eriol.
—Moviendo las piedras a tu favor Hiragizawa, a pesar de que la jugada te dejó en desventaja, me gusta, por algo eres mi mejor samurái —comentó el Shogun—. Tengo una oferta para ti, quiero brindarte el puesto de mi amigo Fujitaka en el consejo, para mi es importante tu opinión, te has desenvuelto muy bien últimamente —aseguró Clow con una sonrisa.
Eriol se limitó a asentir y realizar una profunda reverencia indicándole al Shogun que aceptaba la oferta que le acababa de proponer.
—Perfecto Hiragizawa, bienvenido al consejo, por la tarde haré oficial esta decisión —comunicó el señor Clow.
—Estoy muy agradecido su excelencia —aseguró Eriol, nunca fue su aspiración estar en el consejo, pero la oferta era realmente buena, ahora tendría la misma influencia que el general Daidouji.
El sirviente terminó con sus quehaceres para entregar los dulces hechos por Shaoran, los colocó en tres platitos pequeños junto con tres tazas de té.
—¿Pero que tenemos aquí? —pregunto el Shogun al ver los panecillos.
—Una delicia señor Clow, el maestro Li es un excelente cocinero —comentó Hiragizawa al ver la golosina que solía preparar su amigo.
—Veo que te has hecho amigo del médico chino —afirmó Clow, mirando como el sirviente comía uno de los panecillos y realizaba una expresión de placer―. Hasta lo has instruido para jugar go, debo decir que lo has hecho bien, si no fuera médico podría ser un buen samurái, el instinto lo tiene, solo le falta estrategia.
—Creo que primero tendría que ser japonés su excelencia, así es Li y yo tenemos una buena relación —dijo Eriol, tomando su panecillo y dándole una mordida—. El grato sabor de siempre, también podría mandarlo a las cocinas señor Clow, nos aseguraríamos de tener comida deliciosa todos los días —comentó el samurái en tono de broma.
—Ese extranjero está lleno de sorpresas —dijo el Shogun—. A juzgar por la expresión de ambos los dulces están deliciosos —expresó el gobernante mientras tomaba el que habían servido para él y le daba una gran mordida, Eriol volvió a morder el suyo, mientras el catador devoraba lo que le quedaba, sin embargo, el Shogun hizo una mueca de desagrado—. Esto está demasiado amargo ¿cómo les puede gustar?, cómete el resto Akira —ordenó el Shogun a su catador y tomó su té, tratando de quitar el horrible sabor de su boca.
Eriol termino su panecillo sin entender la reacción de Clow, al sirviente le brillaron los ojos cuando tomó el panecillo y dio un gran mordisco y su expresión también fue de desagrado, el samurái estaba desconcertado, entonces Clow comenzó a bostezar.
—De repente me siento con mucho sueño —expresó el Shogun mientras un bostezo escapaba de su boca, lo mismo estaba pasando con el catador―. Creo que debería descansar un poco, Akira prepara mi futón, dormiré unos minutos ―ordenó Clow al sirviente, quien también parecía muy cansado.
Inmediatamente y con un movimiento demasiado brusco el Shogun se levantó hasta quedar de pie, acto que sorprendió a Eriol.
—Hiragizawa, ayúdeme necesito quitarme el kimono, la tela me pica, me hormiguea todo el cuerpo ― expresó Clow con desesperación.
Eriol se levantó para ayudar al Shogun, el catador también comenzó a desesperarse y trataba de quitar su atuendo.
—¿Qué pasa señor Clow? —cuestionó Eriol mientras veía la ansiedad en los ojos del Shogun.
—Mi cuerpo… hormiguea… siento un calor que arde desde dentro —se quejó el gobernante, se le notaba al borde de la locura por las sensaciones desagradables.
De pronto el Shogun perdió todas las fuerzas y Eriol tuvo que sostenerlo, por su parte el catador había caído en el tatami, el Señor Clow no se podía sostener y respiraba con dificultad, comenzó a quejarse, pero era como si el dolor que sentía lo tuviera poseído.
El samurái llevo al Shogun hasta su futón, el gobernante se quejaba sin parar y estaba comenzando a sudar frio.
Eriol salió lo más rápido que pudo de la habitación del Shogun, ya no estaba Terada de guardia, su lugar era ocupado por el general Daidouji.
—¿Qué hace aquí Hiragizawa? —preguntó desconcertado el general Daidouji, al parecer no esperaba verlo ahí —¿Qué pasa Hiragizawa? —cuestionó el suegro del peliazul.
—Necesitamos un médico, envenenaron al Shogun —expresó Eriol con preocupación en la mirada.
—¡No puede ser! —dijo el general siguiendo la misma tónica—. Quédese de guardia Hiragizawa iré inmediatamente por la maestra Kinomoto y movilizare a los samuráis —ordeno el padre de Tomoyo
—Sí general —aseguró Eriol
Eriol se quedó resguardando las puertas de la habitación del Shogun, esperando que llegaran los médicos de la corte, pero nadie aparecía, tenía la puerta abierta para estar atento al gobernante, quien se notaba que estaba sufriendo, se quejaba sin parar.
De pronto apareció el sirviente al que Shaoran le había dado indicaciones de buscar a Eriol Hiragizawa, venía corriendo, cuando llegó realizó una torpe reverencia.
—Señor… Hiragizawa, me envía… el maestro… Li… es urgente… dice que estará… en la casa de los cerezos… con respecto al tema… que le comentó en la mañana —dijo lo más rápido que su respiración le permitió, corrió por todo el castillo en busca del Samurái, temió que los samuráis no lo dejaran subir hasta el piso de las habitaciones del Shogun, pero sorpresivamente no había guardias ni samuráis.
—Gracias por la información —comentó Eriol, debía actuar rápido pero no podía dejar solo al gobernante—. Una solicitud más ve en busca de la maestra Kinomoto o de cualquier médico de palacio, dile que es urgente deberá presentarse en los aposentos del Shogun.
Eriol sabía que el general Daidouji ya había ido a dar aviso, pero se debía asegurar que el mensaje llegara a los médicos necesitaba tener dos opciones, algo le decía que no debía confiar más en su suegro, su actitud era demasiado rara.
—Espera —dijo Eriol de repente cuando el sirviente estaba a punto de partir―. Si ves a cualquier samurái dile que yo lo solicito urgente en la habitación de su excelencia.
—Claro Señor Hiragizawa —aseguró el sirviente y realizó una reverencia antes de marcharse.
Eriol sabía que tenía que moverse de ahí, él no era médico, no podía hacer nada por el Shogun, pero si podía ayudar al maestro Li, seguramente todo esto era obra de Ikeda, pero no debía dejar sin vigilancia las puertas donde el Shogun estaba en mal estado.
El samurái volvió a entrar a los aposentos de Shogun, para encontrar que había dejado de sudar, pero ahora su cuerpo estaba frio y no paraba de quejarse.
El veneno estaba en los panecillos que había hecho Li, ¿Cómo había llegado ahí? ¿Qué clase de veneno era? Al parecer el Shogun estaba sufriendo, esperaba que los médicos dieran con la solución rápidamente, si algo le pasaba al señor Clow, la inestabilidad llegaría a la nación y seguramente se desataría la guerra.
¿Dónde demonios estaban los médicos? ¿Dónde estaban los guardias? ¿Dónde estaba todo el mundo?
Ikeda entro en una construcción desvencijada, la entrada estaba flanqueada por dos guardias, la casita parecía estar vacía desde hace bastantes años, el papel de las puertas estaba roto en algunas partes, el estado de los techos indicaba que iban a desplomarse en cualquier momento y todo el tatami estaba cubierto de polvo.
En una de las esquinas echa un ovillo estaba Sakura, temerosa del lugar en el que acababa de despertar, solo recordaba haberse acercado a un sirviente, también recordaba que habían robado el extracto de cerezo.
—Cerecita, ¿estás despierta? —preguntó el hombre relamiendo sus labios.
Sakura se encontraba tendida en el tatami atada y amordazada, cuando vio entrar a Ikeda sus ojos reflejaron desesperación y temor, estaba desorientada.
—La flor más hermosa de Edo tiene miedo, poco a poco los hombres que te protegen están desapareciendo, primero el inútil que se hacía nombrar tu hermano, después tu padre un viejo que dejó de estorbar, en unos momentos más el estúpido de Clow, no sabes como he esperado este momento y finalmente el idiota gaijin morirá frente a tus ojos, una pieza que llegó al tablero sin ser invitada, pero que detonó el inicio de mi venganza —afirmó con una sonrisa asquerosamente torcida, miró más de cerca a Sakura, se relamió los labios y continuó—. Serás mía cerecita, pero ni creas que regresarás a la consulta, estarás encerrada para siempre, como mi juguete personal, quise que fueras mi esposa, pero ya eres vieja, ahora no te mereces más que ser mi linda marioneta, cada vez que tenga ganas te tomaré —rio con sorna el hombre pelinegro.
Sakura aunque trataba de evitarlo comenzaba a sollozar, necesitaba hacer algo, no sabía qué, debía actuar rápido, ese hombre no se podía salir con la suya, Shaoran se daría cuenta de su ausencia, pero no sabría dónde encontrarla, Ikeda también le pensaba hacer daño al médico, seguramente envenenarían al Shogun con el extracto de cerezos, rogaba a todos los dioses que Naoko reconociera los síntomas y Tomoyo rebuscara en sus cajas de medicamentos y encontrara las hierbas que ayudaron a su prometido en aquel momento.
—Hasta te vestiste para la ocasión cerecita, que lindo kimono, justo del color de tus ojos, puedo asegurar que es la mejor seda del clan Li o ¿me equivoco? —dijo Ikeda acercándose a Sakura y sentándose cerca de ella, comenzó a pasar una de sus manos por las mejillas de la maestra—. Muy suave, justo como me lo imaginé, ese gaijin no te merece, espero que aún no te hayas entregado a él, debes estar intacta para mí, en caso contrario, tendrás que pagar y te saldrá caro linda —se inclinó y le dio un beso en la coronilla—. Una vez que confirmemos que Clow ha muerto, tu y yo festejaremos a lo grande.
Sakura estaba asqueada por el contacto con aquel hombre y también se encontraba muy asustada, pero tenía que mantener la cabeza fría a pesar de todas las injurias que provenían de la boca de ese desagradable hombre, si tan solo pudiera soltar sus manos y llegar a su obi.
Por fin después de correr por gran parte de los terrenos que no había explorado Shaoran pudo divisar una construcción estropeada, ¿sería acaso esa la casa de los cerezos? Debería acercarse para averiguarlo, la angustia lo invadía debía encontrarla antes de que alguien se atreviera a hacerle daño.
Mientras corría por los lugares desconocidos Shaoran estuvo pensando que Ikeda no podía estar actuando solo, alguien lo respaldaba, ¿quién sería el otro hombre?, además de Haku necesitaba algún cómplice dentro de la corte ¿Quién diablos era el otro hombre? Solo recordaba que era robusto, pero no lo relacionaba con nadie.
Se acercó con cautela a la casita deteriorada, debía permanecer sereno, Sakura estaba en peligro y él tenía que actuar rápido, sabía que era diestro en las artes marciales pero le hubiera gustado tener a la mano su espada, se acercó con el sigilo de un lobo haciendo honor a su nombre, dos hombres flanqueaban la entrada de la construcción, se trataba de dos guardias, no eran Samuráis ellos nunca se prestarían a tal atrocidad tenían un código de honor y lealtad, de alguna forma eso tranquilizó a Shaoran, rodeo la casita escondiéndose con sigilo, los guardias estaban armados, el médico debía ser precavido.
El papel de arroz que cubría la construcción estaba roto en algunas partes por lo que podía observar el interior del recinto, desde su posición alcanzó a ver dos figuras, pero tenía que estar seguro de que era su castaña, así que se acercó un poco más posicionándose para observar lo que sucedía dentro.
Caminó despacio ubicando al primer hombre dentro de su campo de visión, esperó a que su compañero desviara la mirada hacia otra dirección y aprovechó para tomarlo por el cuello y aplicar todo su peso para mandarlo al piso y acertar un golpe certero en la garganta del primer guardia mandándolo a dormir.
El segundo hombre se percató de la presencia del ambarino, Shaoran tomó la espada del que se encontraba inconsciente, era un diestro espadachín, pero nunca había sostenido una katana(2), estaba acostumbrado a su jian(3), se colocó en guardia y el segundo hombre hizo lo mismo, cuando un golpe llegó desde la parte trasera a su nuca, logrando que el maestro Li se desmayara y se escuchara el golpe metálico de la katana al caer.
—Justo fui por usted maestro Li —dijo Haku—. Me ha facilitado mucho mi trabajo, le estoy agradecido, siempre tan eficiente y servicial, hasta para morir —dijo a un Shaoran que no podía oírlo―. Sabe Li, usted no me cae del todo mal, trataré de no hacerlo sufrir demasiado.
Haku arrastró por los pies a Shaoran sin cuidado alguno, lo llevó por el pasto y lo subió hasta la desvencijada construcción, sin importarle que se haya golpeado en la cabeza al subirlo a la pasarela de madera típica de las construcciones japonesas, la sangre comenzó a brotar de la cabeza del ambarino, no había sido un golpe grave, pero se veía escandalosa la manera en la que brotaba el líquido carmesí, Haku abrió la puerta y se encontró con Ikeda jugando con el cabello de Sakura, la maestra se encontraba sentada en seiza e Ikeda justamente le estaba quitando la mordaza de la boca.
—¡SHAORAN! —gritó la castaña al ver a su prometido siendo arrastrado hasta quedar junto a ella, se aterró al ver la sangre correr por un costado de su cabeza, las lágrimas comenzaron a brotar de sus hermosos ojos verdes.
—¡Que comience el espectáculo! —celebró Ikeda con una gran carcajada, enjugo las lágrimas de Sakura―. Lloras muy lindo, me gusta, procuraré que siempre lo hagas.
—Al parecer dentro del castillo ya comenzó el espectáculo amo—informó Haku.
—¿Por qué aún no llegarán la maestra Sakura ni el maestro Li? —preguntó Naoko, haciendo pasar a más personas a la consulta.
—Es muy raro —comentó Tomoyo—. Ellos siempre son muy responsables y más en esta situación, sabiendo que tenemos una enfermedad sin identificar.
En la consulta las cosas no habían mejorado, los pacientes seguían llegando con los extraños síntomas, cada vez eran más, la noche fue tranquila, pero después del desayuno otra vez asistió una oleada de pacientes, Yukito a pesar de pasar toda la noche en vela, seguía en la consulta, al estar ausentes los castaños el trabajo se estaba acumulando, no podía dejar a Takashi solo.
Mientras los médicos revisaban a las personas, las asistentes se encargaban de entrevistarlos para lograr obtener la causa común de la enfermedad.
El maestro Tsukishiro decidió preparar un poco de té para despejarse un poco, fue hasta la mesita de la maestra Sakura, porque había visto unas bolsitas ahí, tomó la de té verde y fue a realizar la infusión, la cual tenía un ligero olor a primavera.
La tomó casi de un sorbo, el sabor fue desconcertante más amargo de lo habitual, pero no prestó demasiada atención porque acudieron más pacientes a la consulta, habían pasado unos minutos y el seguía revisando a las personas, acababa de indicarles que pasaran a relatar su rutina con las aprendices, un hormigueo comenzó en sus piernas y de repente tuvo fiebre, le estaba pasando lo mismo, que a los pacientes, las fuerzas en sus extremidades inferiores lo abandonaron, no se podía poner de pie.
―El té ―dijo el maestro Tsukishiro― revisen si los pacientes tomaron té antes de venir.
Rápidamente todos tomaron los registros, todos los pacientes habían tomado té verde, dentro de la rutina que relataban.
—Al menos ya sabemos a qué se debe, deberíamos informar que las personas no deberán consumir té verde e informar al Shogun —indicó el maestro Yamazaki, quien examinaba a Yukito, los síntomas estaban pasando poco a poco.
Un sirviente apareció corriendo casi sin aliento
—La maestra Kinomoto… debe presentarse… con el Shogun… urgente, me mando… el Samurái Hiragizawa— dijo el hombre con la mano en el pecho, no había dejado de correr desde que vio al maestro Li.
—¿Eriol? ¿Qué pasó? — cuestionó Tomoyo preocupada.
—Al… parecer… el Shogun… está enfermo— dijo el sirviente.
Los médicos abandonaron la consulta seguidos de las asistentes, la salud del Shogun era la prioridad número uno, Tomoyo llevo la caja de medicinas de la muestra Sakura y Naoko tomo la del maestro Li, esperando que ellos llegaran pronto, su ausencia era muy rara.
El maestro Yamazaki ayudaba a Tsukishiro a caminar para llegar a los aposentos del Shogun.
En los aposentos del Shogun la situación no pintaba nada bien, la respiración del Señor Clow era desigual, estaba ardiendo en fiebre, sudaba frio y no paraba de quejarse, acababa de perder el conocimiento y su expresión era de total sufrimiento.
Eriol estaba muy extrañado porque no había presencia de Samuráis, ni de guardias, tampoco había sirvientes y los médicos tardaban mucho en llegar, no podía abandonar a Clow, debía permanecer ahí.
—Padre, ¿Por qué no hay samuráis en su puerta, ni en la mía? —preguntó el joven Yue, quien entraba a la habitación del gobernante —¿Qué pasa Hiragizawa? —se escandalizó el niño al ver a su padre enfermo.
—Joven Yue, en un momento llegan los médicos, no se preocupe —trató de tranquilizar Eriol
Yue se acercó a su padre mientras lo veía con sorpresa, pero al detallarlo más y observar su rostro se percató de que estaba sufriendo, la desesperación se apoderó del cuerpo del menor, primero su hermano y ahora su padre, tenía miedo, mucho miedo, ¿Qué le había pasado si la noche anterior estuvieron conversando antes de dormir?
En ese momento hicieron su aparición las tres aprendices, quienes corrían para ayudar al gobernante, atrás venia el Maestro Yamazaki, quien ayudaba a Yukito a caminar, los síntomas estaban pasando, ya no tenía fiebre y sus piernas habían recobrado un poco las fuerzas.
—¿Qué pasó Eriol? —preguntó Tomoyo acercándose a su esposo, pudo observar el estado del Shogun, la pequeña aprendiz en primera instancia se asustó, pero no dejó que la emoción la dominara, tenía que concentrarse y pensar para poder ayudar al gobernante de su país.
—Al parecer envenenaron al Shogun —le dijo en voz baja para no escandalizar a Yue, pero el pequeño alcanzó a escuchar y solo pudo angustiarse más —Maestros los dejo con su excelencia, mandaré unos guardias, necesito moverme de esta posición, para encontrar al responsable.
—Cuídate Eriol —le dijo Tomoyo, cruzaron una mirada de determinación ambos tenían una responsabilidad grande en sus manos e iban a dar lo mejor de sí.
—Espera Hiragizawa —se escuchó la voz decidida de Yukito—. Debes decirnos que pasó.
Rápidamente Eriol relató lo que había sucedido, los síntomas iniciales y todo lo que recordaba, los cambios que había presentado y la respiración entrecortada, el catador quien seguía ahí, no se encontraba en una mejor situación.
—Sálvenlo por favor —se limitó a decir el samurái mientras partía y le dedicaba una mirada a Tomoyo, se dirigió directo a la casa de los cerezos, estaba seguro de que todo tenía que ver con Ikeda y los mensajes que Li vio que dejaba.
El maestro Tsukishiro revisó la condición del Shogun al igual que Yamazaki, analizaron su pulso, sus ojos, su lengua, mientras que Yue los observaba desde la esquina del salón, preocupado por el bienestar de su padre.
De repente la temperatura del Shogun bajó de golpe y comenzó a temblar, los médicos trataron de hacerlo entrar en calor.
Sacaron el contenido de sus cajas de medicamento y comenzaron a aplicar los remedios que tenían haciendo acopio de todos los conocimientos que por años habían adquirido.
—Los síntomas son parecidos a los que presentó el maestro Li, aquella vez que se enfermó —dijo por fin Naoko—. Solo que en esta ocasión están potencializados, el maestro Li se quejaba, pero no parecía sufrir tanto como parece que sufre su excelencia.
—¿Sabes qué usó Sakura? —preguntó Yamazaki.
—Utilizó muchos remedios, incluso realizó acupuntura —trataba de recordar la chica.
Un quejido agónico se escuchó de los labios del Shogun
―Padre ―sollozo Yue, incapaz de ayudarlo―. Sálvenlo por favor
Continuará…
Notas de la autora:
1 Seiza. Es un término japonés que describe la forma tradicional de sentarse de rodillas.
2 Katana. Un tipo particular de sable de filo único, curvado, tradicionalmente utilizado por los samuráis. Su tamaño más frecuente ronda el metro de longitud y el kilo de masa.
3 Jian. Arma blanca de hoja recta por excelencia del pueblo chino. Moderadamente larga, de doble filo.
Hola bellos lectores, aquí estamos un sábado más, después de un hermoso despertar de nuestros castaños consentidos comenzó el espectáculo como lo dijo Ryusei Ikeda, todo es caos y desesperación… ¿Por qué se ensaña tanto con la pareja de médicos? ¡Eriol apresúrate, ayuda a Shaoran! Angustia y mas angustia por el lobo, por Sakurita, por el Shogun ¿Qué le pretende hacer Ikeda a Shaoran? ¡Vamos Yuki, Takashi, Naoko, Chiharu y Tomoyo! ustedes pueden, la estabilidad de Japón esta en sus manos. ¿Dónde demonios están los samuráis? ¿Dónde está todo el mundo?
Por fin realizó su jugada Ikeda, pero no es el único en ese tablero que sabe jugar go, aún pueden cambiar la situación ¿Verdad?
Bueno preciosos lectores, estamos a pocos capítulos del final, espero seguirlos teniendo conmigo en esta aventura en Japón feudal, gracias como siempre por todas sus estrellitas y cometarios, me encanta leerlos, también a los lectores fantasmita, muchas gracias por seguir aquí 😊
Como siempre a agradecimiento infinito a Kirara96 por todo el apoyo, las correcciones, los comentarios, es la primera que sufre los capítulos tristes o estresantes como este, a la primera que le rompo su kokorito, gracias por aguantar mis tragedias jejeje.
Bueno ahora si me despido no sin antes desearles un excelente fin de semana, cuídense y mucho éxito en todo lo que se propongan, nos leemos el sábado.
Rozýoh
