Re; Extenuación e Impotencia
Cinco Meses y Una Semana desde la Última Muerte (Nueve Muertes)
Conforme la carroza avanzaba por las calles principales de la capital de Lugunica, que compartía nombre con el país, la mirada de Subaru fue atraída por las masas de gente que fluctuaban entre los puestos de venta callejeros. Lo que inicialmente había llamado su atención había sido la cantidad de gente amontonada en un mismo lugar, pero entonces otra cosa lo hizo.
Múltiples frascos de vidrio que contenían una especie de emulsión blanquecina se encontraban ordenados en el borde de uno de los puestos más abarrotados. Frente a los frascos, una clientela desesperada luchaba por adueñarse de uno de estos frascos cuyas existencias, debido a la enorme demanda, se estaban agotando rápidamente.
Anonadado, Subaru observó atentamente como una mujer tomaba la cartera que llevaba colgando de su hombro y la usaba para golpear fuertemente a un sujeto que parecía dispuesto a tomar el mismo frasco que ella estaba por adquirir. El hombre, molesto, insultó a la mujer, para entonces alejarse de ella despotricando; aun así, no parecía dispuesto a rendirse en su búsqueda por conseguir uno de los frascos, puesto que ágilmente rodeó a la multitud y se acercó de nuevo al puesto, pero ahora por otro flanco.
Si al final el pobre sujeto consiguió o no su anhelado tesoro, lo cierto es que Subaru nunca pudo dar con la respuesta, ya que la carroza siguió su curso, dejando atrás el puesto abarrotado por una clientela enloquecida. Suspirando, Subaru tomó suavemente uno de sus brazos; la noche anterior había recibido el tratamiento semanal de las constantes infecciones causadas por las astillas, por lo que ya no había señales de inflamación visible en éstos.
Con la mirada fija en sus brazos eternamente cubiertos por vendas de tela, Subaru reflexionó sobre lo que acababa de atestiguar. Ahora que lo había visto con sus propios ojos, ya no quedaba la posibilidad de desestimar las palabras de Julius definiéndolas como una exageración. En efecto, sus productos reinventados estaban causando un enorme revuelo en la población de Lugunica; pero después de lo que acababa de ver, no estaba seguro de poder afirmar que estaba satisfecho con ello.
Y es que la disputa entre la mujer de la cartera y el sujeto, por el frasco que contenía la emulsión blanquecina, no era la única que había llegado a visualizar a lo largo del recorrido. Además, había llegado a ver a dos señoras pelearse por adquirir uno de sus encendedores, y a dos ancianos discutiendo por cual debía quedarse con la última batidora de uno de los puestos.
Los tres eran invenciones, o, mejor dicho, reinvenciones suyas. Y el primero se trataba de un frasco de mayonesa; una de sus primeras reinvenciones exitosas. Subaru conocía la receta de la salsa como la palma de su mano, y en su afán por sentirse más cerca de sus padres y su hogar, Subaru había decidido encontrar la manera de rehacer mayonesa con los ingredientes disponibles en ese mundo.
Al final había tenido que alterar bastante la receta debido a la ausencia de ingredientes que al parecer solo existían en su mundo, pero donde otros habrían fracasado él había alcanzado el éxito. Había encontrado la manera de emular la mayonesa en una época en la que se encontraba estancado en una mala racha en la que ni Leith ni él encontraban la manera de darle vida a ninguna de sus ideas, por lo que ese pequeño éxito había sido suficiente para evitar que abandonara su objetivo prematuramente.
Se podría decir que se encontraba allí debido en gran parte a la mayonesa, un gusto adquirido debido a sus padres, y ello lo ponía extremadamente nostálgico. Cuando reinventó la mayonesa, no lo hizo pensando en comerciarla, simplemente quería tener algo junto a él que lo conectara con su mundo y sus padres. Además, a Leith no le gustó el sabor de ésta, así que por mucho tiempo se abstuvo de colocarla en el mercado. Fue Otto, un convertido en amante de la salsa de su mundo, el que lo convenció de venderla.
Al principio no tuvo buenas ventas debido a la renuencia de la gente de probar algo tan foráneo y exótico en comparación a lo que habitualmente consumían. No obstante, Otto logró convencer a varias personas para que aceptaran un frasco de mayonesa como regalía por la compra de otros de sus productos. Pronto, comenzaron a aparecer más y más clientes interesados en la salsa foránea y exótica.
En ese entonces, su mayonesa gozó de una fama moderada. Incluso se puede decir que era uno de sus productos estrella junto con el encendedor. Y por ello Subaru decidió añadir más recetas de su país a la lista de productos por reinventar; lista que tuvo que modificar enormemente al viajar a Kararagi y descubrir que Hoshin del Desierto ya había tenido la misma idea centenas de años atrás.
Aun así, la fama que poseyó la salsa foránea en la época antes del nacimiento de la Operación Reinvención jamás podría compararse con la que ahora poseía. Aunque lo mismo podía decirse de todos los productos de la línea de artefactos reinventados de la Empresa Hoshin. Sus reinvenciones, cómo había dicho Julius, estaban influenciando las vidas cotidianas de los habitantes de Lugunica, y era inevitable que Subaru no se sitiera ansioso por atestiguar en que desembocaría todo ello.
"Solo espero no haber empezado el fin de una sociedad relativamente estable…" Murmuró Subaru, con la mirada aún fija en su brazo.
"… Natsuki-kun, ¿me estás escuchando?" Fue entonces que su oído captó un sonido lejano; como si alguien le estuviera hablando desde una enorme distancia. Parpadeando rápidamente, Subaru se volteó hacia la fuente del sonido, encontrándose así cara a cara con Anastasia. "¿Pasa algo, Natsuki-kun?"
Finalmente, Subaru recordó donde se encontraba, por lo que sacudió levemente la cabeza y se forzó a devolverle una sonrisa a su acompañante. "N-No, no es nada… Es solo que… ¿No…? Lo siento, creo que estaba soñando despierto y no te escuché. ¿Me decías algo?"
"Hmm… Nada demasiado importante. Solo te estaba preguntando sobre tu opinión respecto a lo que está sucediendo en los mercados de Lugunica. Es la primera vez que sales de mi mansión desde que regresamos de Kararagi, después de todo."
Subaru miró fijamente a la chica, en total silencio, mientras procesaba las palabras que acababa de escuchar. Lo que Anastasia decía era cierto. Desde que volvieron del segundo viaje a Kararagi, en el que tomó lugar la mudanza de parte de la Empresa Hoshin a Lugunica, Subaru no había vuelto a salir de la mansión; ni siquiera para reunirse con Otto y Leith, a quienes ahora solía ver en la mansión de Anastasia por decisión unánime de los tres y la misma Anastasia.
"Hmm…" Después de pensarlo durante un momento, Subaru finalmente encontró las palabras con las cuales responderle a su jefa. "Es sorprendente… Cuando Leith, Otto y yo trabajamos reinventado y comerciando con los objetos de mi mundo, nunca llegué a tan siquiera imaginar que podrían a volverse tan populares. Claro, en ese entonces estábamos limitados por lo que Leith y yo podíamos crear en el taller, pero aun así… Sorprendente, eso es todo lo que puedo decir. Así que gracias, Anastasia; de no ser por ti, es probable que mis creaciones nunca hubieran llegado a posicionarse tan bien en el mercado de Lugunica."
"¿De qué hablas, Natsuki-kun? Yo no he hecho nada." Subaru observó extrañado a la chica, incapaz de comprender lo que ella estaba diciendo. Anastasia, percatándose de lo que estaba pasando por la mente de Subaru debido a su expresión, se acercó ligeramente a él. Ambos estaban sentados uno frente al otro, así que por un momento Subaru fue capaz de sentir el cálido aliento de Anastasia acariciando su rostro. "Yo, o, mejor dicho, la Empresa Hoshin lo único que hizo fue aumentar la capacidad de producción de tus artefactos. Estoy segura de que, en ese entonces, si Hendar-kun y tú hubieran contado con los recursos necesarios, habrían alcanzado la misma cantidad de éxito que ahora."
"Sin el apoyo de tu compañía no creo que eso hubiera sido posible…" Argumentó Subaru, alejando ligeramente su rostro del de ella.
"Hmm… ¿Te puse nervioso?" Preguntó ella entonces, percatándose de la reacción de Subaru, dejando de lado, momentáneamente, la conversación que estaban teniendo.
"N-No es eso… Es solo que…" Incapaz de responder ante la pregunta de la chica, Subaru se forzó a encontrar una respuesta que no lo dejara mal parado ante su jefa.
"Je, je, je… Solo bromeo." Anastasia entonces se hizo hacia atrás, recostándose sobre la superficie acolchonada del asiento de la carroza. "Lo siento si te puse incómodo, es solo que últimamente has estado tas aislado…" La chica hizo una pausa, percatándose de lo que estaba diciendo, por lo que procedió a corregirse. "¿De qué hablo? Siempre lo has estado. Olvídalo, ¿sí? Discúlpame por haber invadido tu espacio personal… en más de una forma. Mi política siempre ha sido no entrometerme en la vida personal de mis empleados, y así quiero que se mantenga."
Cómo habría sido de esperarse, un silencio incómodo se formó entre los dos. ¿Hace cuánto no hablaba con ella de algo que no fuera trabajo? Subaru no estaba del todo seguro, pero si sus cálculos no le fallaban, la última vez que lo hizo fue el día en que descubrió sobre la desaparición de Crusch Karsten. Desde entonces comenzó a ocupar su tiempo solo en entrenar con Julius, en la creación de nuevos diseños, en la mejora de antiguos diseños y en las espontaneas reuniones con Otto y Leith, relacionadas con la Operación Reinvención.
Nunca había dedicado mucho tiempo a convivir con Anastasia, pero ahora lo estaba haciendo menos que nunca. Y para su sorpresa, ella parecía preocupada por él. Nunca Subaru había visto a Anastasia Hoshin tan insegura respecto a algo, y ese algo era el cómo lidiar con él. Y es que ella no mentía; desde que se conocieron, nunca lo enfrentó por nada de lo ocurrido posteriormente a la firma de su contrato.
Jamás lo cuestionó por lo ocurrido con Meili, nunca trató el tema relacionado a su conocimiento sobre lo ocurrido en Priestella, nunca le preguntó sobre lo acontecido en Kyo. Aun después de todo lo que tuvo lugar desde su asociación, Anastasia nunca tomó la decisión de encararlo respecto a lo ocurrido, prefiriendo así que el tiempo se hiciera cargo, o que él mismo decidiera abrirse respecto a ello.
Pero ninguna de las dos ocurrió. Subaru cargaba cada vez con un mayor peso emocional, pero eso no había sido suficiente para llevarlo a abrirse; todo lo contrario. Retraerse en lo que él consideraba necesario para alcanzar sus objetivos era la única respuesta con la que había dado. Y Anastasia, después de casi un año de conocerlo, estaba comenzando a temer, finalmente, por la salud mental de Subaru.
Su lógica como mercante le decía que lo mejor era no inmiscuirse en su vida, dejarlo a él resolver sus conflictos por sí mismo. Sin embargo, conforme avanzaba el tiempo y Subaru empeoraba, mayor era su necesidad de ignorar dicha lógica y obligarlo a hablarle de lo que realmente sentía, forzarlo a hablarle de aquello que lo estaba atormentando al punto de carcomerlo por dentro.
¿Se trataba de aquello que lo llevó a sufrir ataques de pánico en Priestella? ¿Su bendición? ¿Se trataba del asesinato de la niña asesina? ¿Se trataba de lo ocurrido en el área metropolitana de Kyo? La respuesta probablemente era todo ello, y más. También estaban las cicatrices en sus brazos que ocultaba con tanto recelo, y las astillas que él, para la completa incomprensión de Anastasia, deliberadamente había decidido dejar allí.
Incluso eso último le había resultado en extremo inquietante, al punto en que Anastasia realmente había deseado cuestionar a Subaru al enterarse que había tomado la decisión de dejar cientos de astillas enterradas en su piel. Aunque finalmente se había abstenido de hacerlo debido a su política; después de todo, ya antes había experimentado algo similar con él. En Priestella, hizo falta que el mismo Subaru decidiera hablar para que así revelara parte de lo que lo atormentaba. Preguntarle al respecto antes de que él se sintiera preparado para hablar de ello había demostrado ser inútil, así que no había razón para que Anastasia lo presionara en búsqueda de una explicación.
"Él es productivo, molestarlo podría ser contraproducente"; es lo que ella había dicho a Julius una vez que él la cuestionó respecto a ello. Pero ahora que había visto pasar el tiempo, y junto a éste el incremento en el deterioro de Subaru, Anastasia cada vez se sentía más ansiosa de enfrentarlo respecto a todo lo que había dejado pasar en completo silencio. Ya no podía ignorarlo, no podía seguir siendo tan negligente…
Aun así, Anastasia se sentía abrumada por el enorme desafío que implicaba el convencer a Subaru Natsuki a abrirse ante ella; simplemente no sabía cómo hacer para acercársele y lograr que él se sintiera lo suficiente cómodo con ella como para revelarle aspectos de él que había ocultado celosamente. Y aunque ella era una experta mercante, y por lo tanto realmente buena con las palabras, era incapaz de encontrar el cómo lidiar con alguien tan trastornado como Subaru.
"Anastasia… Si tienes algo que decir, dilo; no me voy a molestar." Le incitó Subaru, percatándose del extraño comportamiento de la chica. Ella estaba preocupada por su conducta, de eso no había duda. Ella no expresó disgusto al enterarse de lo ocurrido con Meili, tampoco mencionó nada sobre su estúpida decisión de dejar las astillas enterradas en sus brazos; tal vez su paciencia simplemente se había acabado.
"¿Cómo has estado?" Pero lo que salió de la boca de Anastasia no es lo que él había esperado.
"¿Ah?" Exclamó él, estúpidamente.
"Sí… ¿Cómo has estado, Natsuki-kun? ¿Has disfrutado tu tiempo en mi mansión, en mis mansiones…? Hace meses que comenzaste a viajar con nosotros, y parece ser que el viaje simplemente no se termina, ¿verdad? Después de todo lo transcurrido, tanto en Priestella como en Kyo, te has visto obligado a quedarte junto a mi facción, en lugar de con tus compañeros. Así que quería saberlo. ¿Cómo has estado?" A pesar de que divagó ligeramente en el proceso, Anastasia finalmente pudo formular la pregunta que quería hacerle.
¿Acaso era todo? Se preguntó Subaru, confuso. No, definitivamente había algo más que Anastasia no se había animado a cuestionarle, pero por el momento eso es todo lo que había sido capaz de externar. Teniendo eso en cuenta, Subaru comprendió que lo mínimo que podía hacer por ella era responder su pregunta de manera sincera.
"Si preguntas que cómo ha sido mi tiempo junto a ti y el resto de tu facción, entonces la respuesta sería que, a pesar de todo lo ocurrido, la he pasado bien." Sin el menor ápice de vacilación, Subaru le dio a la chica la respuesta que estaba esperando. "Y lo cierto es que sería un insulto si dijera lo contrario. Tú has sido extremadamente tolerante hacía mí y mis… excentricidades. Me das permitido quedarte en dos de tus mansiones a pesar de todos los problemas que he causado, y además me has colocado escoltas personales para protegerme. Creo que sería muy desagradecido de mi parte negar que me encuentro bien con-"
"No hace falta que seas tan condescendiente conmigo, Natsuki-kun." Afirmó Anastasia, interrumpiendo su discurso. La chica lo analizó con sus hermosos ojos por un breve periodo de tiempo antes de continuar. "Es cierto que he procurado tu bienestar en la mayor parte de lo posible, pero eso es solo lo esperable a realizar cuando se trata de cuidar algo valioso. ¿No es así, Natsuki-kun? Uno cuida aquello que posee valor y desecha aquello que no lo posee. Es una lógica muy simple, una lógica estrictamente arraigada a los negocios. Y así es como yo me manejo. Así que no necesito que me trates como su fuera alguna especie de noble altruista."
"¿A qué quieres llegar, Anastasia?" Le cuestionó Subaru, frunciendo ligeramente el ceño.
"A que no estás siendo del todo sincero solo por quedar bien conmigo, Natsuki-kun"
"Te equivocas, yo no-"
"¿No estás mintiendo?" Preguntó ella antes de que él pudiera terminar de hablar. "Puede que no completamente... Es cierto que me he esforzado por que estés cómodo bajo mi techo, pero eso no significa que haya creado un ambiente en el cual estés prosperando. ¿O ahora vamos a ignorar que rara vez sales de tu habitación? ¿Vamos a dejar de lado que hasta hace poco te la pasabas desvelado, y ahora solo duermes debido que tu actual rutina te deja completamente agotado? Y quiero dejar en claro que no me disgusta que ahora entrenes con Julius. De hecho, me parece bien; al menos así no dedicas tanto tiempo a solo trabajar en tus diseños, como antes solías hacerlo."
"¿¡Pero no eso lo que querías!?" Exclamó Subaru, dejándose llevar por la frustración acumulada. "¡Todo lo he hecho para pagar lo que te debo, para demostrar que puedo ser de utilidad! ¡¿Y ahora me estás diciendo que no era necesario?!" Sobresaltado, Subaru apretó con fuerza su antebrazo izquierdo, causando que la sangre comenzara a manchar los vendajes que lo cubrían.
"Subaru…" Habló ella, sin perder la calma que la caracterizaba. Subaru en ese momento, debido a su estado de ánimo turbado, no se percató de que esa había sido la primera vez que Anastasia lo llamó por su nombre. "He ahí el problema. Yo nunca te pedí que te sometieras completamente a la elaboración de nuevos diseños. ¿Acaso no te has percatado de que creas nuevos diseños más rápido de lo que la compañía es capaz de procesarlos? Actualmente solo tenemos diez artefactos y dos alimentos en el mercado, y tú has creado casi doscientos en total los últimos meses... Natsuki-kun, no hace falta que te sobreexplotes a ti mismo."
"Pero si no lo hago…" Subaru, visiblemente afectado, apretó su brazo con cada vez más fuerza. Si lo que Anastasia decía era cierto… ¿entonces debía bajar el ritmo de trabajo que había mantenido todo ese tiempo? Si no era de utilidad ni siquiera creando bocetos, entonces sería como tener que empezar de cero.
"Natsuki-kun, creo que es suficiente, ¿no te parece?" De pronto, en su campo de visión apareció la delicada mano de Anastasia. La chica colocó la palma de su mano sobre el brazo izquierdo de Subaru, instándolo así a que soltara su otro brazo, que estaba comenzando a escurrir sangre en el asiento de la carroza.
Subaru entonces dejó de apretar su brazo y, tras un silencio incómodo, se atrevió a volver a hablar. "¿Ya no quieres que siga desarrollando diseños?" Preguntó, sin levantar la mirada.
"Eso no es a lo que me refiero, Natsuki-kun. No tienes que ser tan drástico…" La chica entonces alejó su mano de él, liberando un suspiro de cansancio. "Solo baja el ritmo de trabajo, ¿sí? Como ya he dejado claro en más de una ocasión, eres bastante valioso para mí y para mi empresa, y sería una lástima si tu salud se deteriora al punto de que no puedas seguir trabajando por culpa de que te exigiste demasiado… Y eso es exactamente a lo que me refería cuando te pregunté que cómo te encontrabas. No importa que tanto me he esforzado por que te sientas a gusto, parece que nada ha servido. Sigues aislándote en tu habitación, sigues mostrando terribles síntomas de agotamiento debido a tu tendencia a sobreexplotarte, adicción al trabajo y falta de sueño, y sigues actuando como si me debieras algo."
"Pero sí lo hago… Te debo mucho." Ante las palabras de Anastasia, Subaru finalmente levantó su mirada, encontrándose así con el hermoso rostro de la mujer que tanto le había ayudado. "De no ser por ti, tal vez nunca me habría acercado ni un poco a mi objetivo. De no ser por ti, tal vez nunca habría encontrado mi valía… Por eso no puedo dejar de exprimir mis recuerdos, necesito seguir siéndote útil. Necesito dejar atrás al yo débil e inservible, por eso no puedo dejar de exigirme."
"Natsuki-kun, tú no me debes nada. Tenemos un contrato, ¿lo recuerdas? Yo te ofrezco los recursos de mi compañía y tú a cambio sigues ideando esos innovadores artefactos tuyos. Y puedo asegurarte de que tú has cumplido con tu parte con creces." Aun después de todo lo que le había dicho, Subaru parecía dispuesto a refutarla, por lo que Anastasia señaló su brazo ensangrentado y siguió hablando. "Y eso no es todo. Además, de no ser por ti, es posible que yo, o incluso varios de mis empleados, hubiéramos muerto. Fuiste de gran ayuda en Priestella, y en Kyo lidiaste casi que por ti mismo con la mujer que te atacó en el área metropolitana; aun cuando era mi trabajo mantenerte a salvo."
"Pero esos ataques sucedieron en primer lugar porque yo estaba allí." Subaru no parecía dispuesto a escuchar nada de lo que Anastasia le expresara, simplemente era demasiado obstinado. Comenzando a sentirse frustrada, la candidata al trono de Lugunica decidió cambiar ligeramente su enfoque.
"Y si alguien se molestó en enviar a asesinos tras de ti entonces es una prueba de que eres alguien extremadamente valioso, ¿no crees…? Tienes un enorme valor, Natsuki-kun, así que no hay manera de que relajarte un poco y disminuir el ritmo de trabajo vaya a convertirte en alguien inútil e inservible, como tú supones…" Anastasia pudo notar que Subaru seguía sin estar convencido de sus palabras, por lo que acomodó ligeramente su cuerpo y miró hacia la ventaba de la carroza, tras la que se encontraba el panorama en movimiento de las calles de Lugunica. "También está tu Protección Divina, Natsuki-kun. Dijiste que solo se activa cuando estás en peligro, ¿no es así?"
"S-Sí…" Respondió Subaru, inseguro.
"Eso sin duda explica tu estado al entrar a Priestella, y también explica porque te costó tanto hablar al respecto… Estabas conmocionado, no hay dudas al respecto… Así que no tienes que ser tan duro contigo mismo."
"¿De qué hablas?" Le preguntó Subaru, dando un ligero respingo.
"Natsuki-kun, ya te lo había dicho… Si estoy donde estoy, es porque he aprendido a leer muy bien a las personas. Y desde el principio pude ver en tu mirada toda la culpa que cargas; y tampoco es que lo estuvieras ocultando muy bien… Lo cierto es que no conozco casi nada sobre tu pasado, así que no me puedo dar la libertad de asumir demasiado, pero está claro que cargas con el peso de no haber evitado que el ataque en Priestella tuviera lugar. Tal vez debí haber hablado contigo al respecto antes, pero supongo que es mejor tarde que nunca." La chica lo miró directamente a los ojos, con completa seriedad. "No eres el culpable de nada, y no es tu responsabilidad proteger a mis empleados. Natsuki-kun, no eres un caballero, ni un soldado, ni un mercenario. Y nadie espera que actúes como tal. Lo que sí eres es un genio, alguien sin igual; un visionario. Y sé que crees que no es así, sé que crees que todo lo que tienes se lo robaste a genios del lugar del que provienes; sé que me ocultas información respecto a tu pasado… También sé que me ocultas información sobre tu Protección Divina, que no me has dicho todo respecto a ella. Pero eso no me molesta. Eres libre de hablarme respecto a todo ello cuando te sientas listo para hacerlo, estaré ahí para escucharte cuando llegue el momento. Antes de ello, solo quiero que sepas que en verdad no es necesario que te exijas tanto, y que tu salud también es muy importante…"
"Anastasia…" Subaru finalmente se había quedado sin palabras, y no porque aceptara por completo los argumentos de Anastasia, sino porque sus palabras realmente habían calado dentro de él. Subaru sabía que no estaba completamente solo; simplemente que a veces llegaba a olvidarlo.
"Así que espero que a partir de ahora descanses más seguido. También estaría bien si me acompañaras durante el desayuno. Desde que la Operación Reinvención fue inaugurada me visto en la necesidad de desayunar un poco más tarde de lo normal, y lo cierto es que suelo encontrarme un poco sola en el comedor durante las mañanas. Aunque me alegra que últimamente hayas logrado conciliar el sueño, así que tampoco hace falta; duerme todo lo que necesites."
"Anastasia…" Repitió Subaru.
"¿Sí?"
"He estado muy cansado." Fue entonces que Subaru finalmente decidió sincerase por completo; o al menos lo más que le fuera posible. Esa era la verdadera respuesta a la pregunta que Anastasia inicialmente le había formulado, ya no fingiría que todo se encontraba bien, ya no rehuiría a la patética situación en la que se encontraba. "Desde que llegué a aquí, y me refiero a este… a este país… Desde que llegué a Lugunica siento que no he hecho más que dar la espalda a gente que me ha necesitado; y lo he hecho simplemente porque nunca he sido suficiente. Soy débil y poco ingenioso; aunque creas lo contrario. Y de no ser por el conocimiento que traigo conmigo, lo cierto es que hace mucho tiempo habría muerto; y para ser sincero, a veces desharía que realmente así fuera." Subaru hizo una pausa para prestar atención a la reacción de Anastasia, y al percatarse de que ella no parecía dispuesta a interrumpirlo, siguió adelante con lo que estaba diciendo. "Tú dices que no hace falta que salve la vida de nadie, que no es mi responsabilidad y que nadie espera eso de mí; pero yo simplemente no puedo conformarme con esa respuesta. Quiero poder evitar que al menos tú, que me tendiste la mano cuando lo necesite, resulte herida; lo mismo con Mimi y sus hermanos, que al igual que tú, siempre han estado allí cuando he necesitado de ellos. Tengo que asegurarme de que nada evite que alcance mi objetivo. Y por ello tengo que seguir adelante, no puedo bajar los brazos… Pero estoy cansado… Muy cansado…"
Anastasia observó a Subaru con detenimiento. Estaba claro que él estaba omitiendo mucho al expresarse, como si se esforzara por no revelar demasiado, como si temiera hablar de más. Anastasia aún no era capaz de comprender la razón detrás de esto, pero considerando que todos poseen secretos, que esto es parte de la naturaleza humana, no podía juzgarlo por ocultar lo que bien podría ser información delicada para él. La joven empresaria se dio cuenta de que la conversación ya había llegado todo lo lejos que podía llegar, y que seguir adelante solo lastimaría a Subaru, así que decidió concluirla de una vez por todas.
"En ese caso, sigue esforzándote." Subaru, sorprendido por la respuesta de Anastasia, la miró con los ojos completamente abiertos sin pronunciar palabra. "Esfuérzate todo lo que consideres necesario para alcanzar aquello que tanto anhelas, no te rindas." Incapaz de gesticular palabra, Subaru solo fue capaz de expresarse mediante otra sesión de autoflagelación, regresando así a oprimir su magullado brazo. Pero antes de que pudiera lastimar más su brazo derecho, Anastasia concluyó su declaración. "Pero antes de hacerlo, toma un descanso; es una orden. Como tu jefa, te ordeno reposar por al menos un par de semanas. Después podrás seguir esforzándote todo lo que desees, pero espero que para cuando vuelvas a ello, hayas aprendido a manejar mejor tu horario. Si lo que buscas son resultados, entonces necesitas un ritmo de trabajo más sano. El que tienes actualmente no es diferente al de un esclavo, y creo que eres consciente de que estoy en contra de la esclavitud; después de todo, un empleado devoto y sano es más productivo que uno que no lo sea."
"¿Entonces finalmente podré descansar?" Preguntó Subaru, como si no creyera del todo lo que estaba escuchando. Por su puesto, él podría simplemente ignorarle y seguir con su rutina actual, sin embargo, Anastasia estaba convencida de que Subaru realmente ocupaba escuchar eso de parte de ella.
"Sí. Espero que ahora que tendrás tu horario despejado, finalmente puedas volver a asistir a las reuniones de la mañana." Con una sonrisa juguetona, Anastasia finalmente dio por zanjado el asunto. Estaba claro que aún había mucho por escarbar, pero por el momento tendría que conformarse con ello.
Abrumado, Subaru escaneó con la mirada su brazo sangrante. ¿Es que acaso las palabras de Anastasia bastarían para ayudarlo a salir de la espiral descendiente en la que se encontraba? Desde el día en que cedió el destino de Emilia, Felt y el Viejo Rom al actual Santo de la Espada, Subaru no había hecho más que despreciar su patética debilidad, su incapacidad de resolver nada por sí mismo, su imposibilidad de evitar la muerte de la chica que le tendió una mano cuando nadie más lo hizo…
La respuesta era no, y creer lo contrario sería estúpida ingenuidad. Por mucho que la apreciara, Anastasia no podría eliminar los traumas causados por todas las desgracias que había vivido tras llegar a ese mundo. Después de todo, su autodesprecio había aumentado a la vez que sus fracasos se acumulaban. ¿Victoria en Priestella? Su debilidad mental le impidió salvar decenas de vidas inocentes y con sus propias manos acabó con la vida de una niña; ¿acaso eso podía considerarse una victoria?
¿Victoria en Kyo? Se vio en la necesidad de ceder ante los desagradables sentimientos que afloraban en su interior, cobrándose así otra vida y demostrándose a sí mismo que necesitaría seguir rompiendo sus propias reglas morales si pensaba conseguir sus objetivos. Esto último provocó que se viera en la necesidad de, a pesar de su descontento al respecto, reinventar algo cercano a un arma de fuego.
Pero él no era tan estúpido como para creer que un arma improvisada bastaría para hacerle frente a las fuerzas que acechaban en ese mundo. El arma sería una medida de defensa en casos extremos, pero no podía conformarse con ello. Por ello había comenzado a entrenar con Julius, con la ingenua esperanza de obtener la habilidad necesaria para al menos protegerse a sí mismo y aquellos que lo rodean; pero una vez más, los avances que había realizado eran mediocres. Se estaba quedando corto en un mundo que indudablemente castigaba a los débiles.
Y esa falta de resultados satisfactorios solo lo había incitado a obsesionarse aún más con la única cosa en la que era útil; crear bocetos basados en las memorias que pululaban en su cabeza. Debía entrenar más, crear más diseños, esforzarse más, trabajar más, exprimiese más, explotarse más… Después de meses viviendo bajo esa mentalidad, su cuerpo y mente simplemente ya no eran capaces de mantener el ritmo; estaba agotado, exhausto, en verdad estaba comenzando a desear realmente haber muerto cuando el cuchillo de Elsa rebanó su abdomen; haber dejado de existir completamente… Necesitaba un descanso.
"Supongo que puedo descansar un par de semanas…" Murmuró finalmente, causando que Anastasia le sonriera con genuina satisfacción.
"Me alegra escucharlo." Proclamó, juntando nuevamente las palmas de sus manos, para entonces exclamar casi inmediatamente después. "¡Casi lo olvido! En una semanas será el aniversario de la firma del acuerdo entre la Asociación de Reinvención y la Empresa Hoshin. ¿Te parece si, como líderes de ambas organizaciones, lo celebramos juntos? Conozco un buen restaurante cerca de la mansión que podría gustarte. Además, siento que te haría bien salir más seguido..."
Se sentía totalmente exhausto; esa sería la mejor manera de describir el resultado de su estadía junto a la facción de Anastasia, pero aun así no podía negar que había llegado a apreciarla tanto a ella como a sus empleados. Mimi, la pequeña a la que, después de todo lo transcurrido, ahora quería casi como a la hermana menor que nunca tuvo. Tivey, que, a pesar de su tamaño, lo hacía sentir seguro cuando estaba cerca. Hetaro, el niño al que admiraba por su gigantesca determinación y coraje. Ricardo, el agradable hombre bestia que nunca lo miraba como si estuviera quebrado. Julius, el caballero que constantemente le impedía bajar la cabeza en señal de derrota y le ayudaba aun cuando no valía la pena hacerlo. Y por supuesto Anastasia que, a pesar de que afirmaba actuar solo con su beneficio y el de su compañía en mente, se había convertido en uno de sus principales pilares emocionales, debido a que siempre ha estado allí cuando la ha necesitado.
"¡Sí, me gustaría!" Respondió Subaru, sin percatarse de que ahora tenía el rostro manchado por las lágrimas. Sí, si era una orden de su bondadosa jefa, podría permitirse el lujo de descansar algunos días.
