- ¿Podemos hacer algo diferente? - preguntó Kiki a mis espaldas.
- Creí que querías atrapar mariposas - contesté.
- Si, pero sólo somos dos. Podemos hacer un equipo.
- Suena bien.
- Pero antes... ¿Puedo hacerle una pregunta? ¡O bueno, puede que sean más!
Tuve curiosidad. Si Kiki me pedía permiso para preguntarme algo, era porque debía ser alguna situación importante o delicada. Tan solo asentí.
- ¿Le molesta estar con nosotros? - dijo tímidamente.
- No, no - expresé rápidamente - . ¿Por qué lo estaría?
- Es que... casi no habla. Siempre está callado.
Me sentí fatal. Estaba creando confusiones solo por mi actitud.
- No, Kiki. Lo que sucede es que...
- ¿Estaba nervioso? - dijo interrumpiéndome.
- Si - respondí.
Más tarde debía hablar con Mu. Si Kiki estaba confundido, ¿Qué pensaría Mu acerca de mi actitud? Suponía que algo peor.
- ¿Puedo preguntarle otra cosa?
- Sabes que sí. No tengo problema.
Sonreí, y pareció que Kiki se animó un poco. Aún así, parecía dudar en hacerme la pregunta.
- ¿Qué sucede, Kiki? - dije con algo de preocupación.
- Es que... Quiero que seamos un equipo para atrapar las mariposas. Mi maestro Mu siempre me carga en sus hombros cuando hacemos eso, pero yo... ¿Usted me podría cargar?
- Yo... ¿Quieres que te cargue? - pregunté anonadado. ¿En verdad quería que lo hiciera?
- Si - contestó tartamudeando un poco - . ¡Pero si no quiere podemos jugar otra cosa!
Movió sus dos manos de derecha a izquierda. Quizá estaba explicando algo, pero no logré entenderle. Yo había volteado a ver a Mu. Tan solo se veía una pequeña silueta a lo lejos. ¿Qué pensaría el? ¿Por qué creían que no me agradaba estar con ellos? Comprendía que era mi actitud seria, nerviosa y alerta. Debía cambiar, si, pero ¿cómo? ¿Acaso simplemente debía dejar en el olvido lo que había sucedido años atrás? Estaba consciente de que Mu no era igual a el, pero simplemente había algo que hacía que desconfiara. No era fácil actuar con normalidad.
- Sujétate bien. Vas a estar a una altura increíble, pero también peligrosa. Aún así yo también te voy a sujetar.
Antes de que Kiki pudiera replicar algo, lo tomé de su cintura y lo subí a mis hombros. Lo sujeté de sus manos con delicadeza, cuidando no lastimarlo. El, sorprendido, aferró sus piernas en mi pecho, y me sujetó de los brazos fuertemente.
- Calma, Kiki. Te estoy sujetando.
- ¿No me voy a caer? - preguntó. Tartamudeaba, y no se movía ni un centímetro.
- ¿Prefieres que te baje?
- ¡No! - exclamó - Las cosas se ven increíbles desde aquí arriba. Pero, ¿puede sujetarme bien?
Reí levemente. Kiki estaba asustado y a la vez emocionado. Tenía miedo de caer y a la vez no deseaba bajar. Contradecía sus propios pensamientos, pero aún así, seguía sonriendo. Me recordó a Mu. Después de algunos segundos, me avergoncé de haber pensado en el mientras pasaba tiempo con Kiki. Quizá en algún momento se me escaparía algo, y deseaba que nunca sucediera aquello.
- ¿Podemos ir con mi maestro Mu? ¡Hay que decirle si ya va a jugar con nosotros!
- Está bien - dije sonriendo - . Vamos. Pero no olvides sujetarte bien.
El pequeño sonrió, y yo empecé a caminar en dirección a Mu. Ya había terminado, y pareció haber tenido la misma idea de reunirse con nosotros.
- ¿Se están divirtiendo? - preguntó con una sonrisa en su rostro.
- ¡Si! - exclamó Kiki - Aunque estoy demasiado alto.
Los tres reímos un buen rato, hasta que el pequeño distinguió una mariposa a lo lejos, y pidió que lo bajara para que el pudiera atraparla. Mu y yo regresamos al lugar en el que estábamos anteriormente. Recogimos y guardamos todo. El lugar estaba limpio de nuevo. Decidimos sentarnos en el césped, y contemplar lo que sucedía. Se escuchaba el canto de diversas aves a lo lejos, y también voces que provenían del Rodorio. Había nubes en el cielo, totalmente blancas, lo que indicaba que no llovería. Podríamos estar ahí todo el tiempo que quisiéramos, o eso hasta que tuviéramos que comer de nuevo. Mu permanecía callado, atento a todos los movimientos de Kiki, y sus intentos fallidos por atrapar a la pequeña mariposa. Posiblemente era una diferente, pues había ocasiones en las que volaban tan alto que se le perdían, y el iba en busca de otra para seguir jugando y no aburrirse.
- ¿Qué te parece? - preguntó de repente, logrando únicamente desconcertarme.
- ¿A que te refieres?
- Kiki. ¿Qué te parece? Ha estado pensando mucho en ti.
- ¿En mi?
- Si, claro. Me pregunta sobre tus gustos, solo para hacerte sentir cómodo. Por eso te pidió que lo cargaras.
- ¿Tu lo sabías? - dije con curiosidad - ¿Qué mas te dice?
- Por supuesto que lo sabía - dijo sin más.
Ni siquiera respondió a mi otra pregunta. ¿Por qué hablar sobre Kiki en ese momento si no terminaría la conversación? ¿A qué debía o a que quería llegar haciéndolo? ¿Quería mostrarme algo? ¿Quería simplemente decirme que Kiki me tenía afecto así como yo se lo tenía? ¿Acaso quería... Abrí mis ojos enormemente. ¿Era eso, quizá? ¿De nuevo yo era el culpable? ¿Mis acciones lo estaban causando todo?
- Es por ti, ¿cierto?
- ¿Eh? ¿De que hablas? - contestó. Enseguida noté que tan solo estaba fingiendo. Quería que admitiera lo que sucedía.
- Quieres que responda porque tu también piensas en como hacerme sentir cómodo, ¿no es así?
- Entiendo lo que pides. Necesitas tiempo, y lo comprendo, pero yo también me veo afectado. No quiero simplemente ser yo quién haga todo. Yo también merezco recibir afecto, ¿no es así? Lo acordamos, ¿recuerdas? Y lo prometiste. No entiendo por qué no lo cumples.
Sus ojos ya estaban llorosos. No quería que esto finalizara de mal modo.
- Basta de esto - dije frunciendo el ceño.
Quizá mi acción haya sido mal interpretada por Mu, pero la verdad es que no tenía ninguna mal intención. Me giré hacia mi izquierda, quedando frente a frente con el. No había nada que detuviese sus espaldas, ni siquiera una roca, por lo que el terminó recostado en el césped. Antes de actuar, volteé a ver a Kiki. El pequeño veía en dirección contraria, por lo que no se daría cuenta de lo que haríamos. Sin siquiera dudar o temblar, planté un beso en los labios de Mu. No me importó que mis mejillas o las suyas se estuvieran tornando rojas, ni mucho menos que mi brazo temblara de miedo. Yo tan solo deseaba hacerlo. Ya era hora de cambiar. Paré para poder hablar.
- Tenía miedo. Eso es todo. No sabía si en algún momento te enojarías o sentirías mal. A veces tenía la intención de abrazarte, incluso decirte algo al oído, pero me obligaba a detener por miedo a la forma en que reaccionarías. Y admito que es todo mi culpa. Debía preguntarte si te gustaría o no, en vez de permanecer estático.
- De nuevo no permití que Mu dijera algo, y volví a besarlo. Sabía que debíamos volver al Santuario, pues en lo que recorríamos el camino, sería hora de comer. Me separé por fin de el y me levanté. Extendí mi mano hacia el. Mu estaba sorprendido, pues se le notaba en su expresión.
- Vamos, ya es tarde. Busquemos a Kiki.
El aceptó mi ayuda y asintió. En cuestión de segundo ya estaba de pie junto a mi.
- No me sueltes, por favor. Quiero ir de la mano contigo todo el tiempo que pueda.
