Star Desiree by Aly Andrew
Capítulo 14
Mucho después de que Candy se durmiera, Al´bert permaneció despierto. Las palabras de ella sobre la arena de Orión no lo dejaban descansar y le provocaban vergüenza.
Podría haber ayudado a esas mujeres, tenía un barco con guerreros desirianos y los Sardors eran débiles. Podría haberlas sacado de allí, pero no lo hizo. La culpa lo consumía, no solo por eso, sino por mentirle a su mujer. Él podría devolverla a su planeta, podía viajar cerca del sector cuatro, pero no se lo había dicho, su impulso estaba contento de que no hubiera hablado, ¿pero… ella lo abandonaría cuando se enterara? ¿querría regresar a su planeta?
Cuando regresara a casa tendría que decírselo y esperar que ella quisiera quedarse en Desiree. Al´bert le pidió a la diosa que su mujer se quedara una vez que le diera la opción de poder irse.
Cuando los soles gemelos comenzaron a ascender, dejaron la tienda de campaña que los había albergado los últimos días.
Ella vestía una camisa de Al´bert, ya que él había vandalisado el vestido ceremonial. Echaría de menos la tienda.
― La ceremonia de apareamiento se renueva cada ciclo, pequeña – murmuro él en su oído.
― ¿Cada año? – preguntó en voz baja.
― Si.
Él parecía como distraído esta mañana. Parecía perdido en sus pensamientos. Algo le preocupaba. ¿Estaba teniendo dudas sobre su vinculación? A través de este podía percibir algunas pocas cosas que él estaba sintiendo, pero no del todo, eso la ponía nerviosa … especialmente ahora que había decidido permanecer en Desiree. Ella no quería dejarlo.
Llegaron a su hogar, la condujo a su habitación y luego al baño donde le quito su camisa y su propio pantalón, la llevo a la piscina, donde entro con ella. La lavo suavemente. Su respiración se aceleró cuando sus dedos llegaron al núcleo de su cuerpo, la levanto brevemente antes de entrar en ella, deslizándose profundamente. Esta vez se sintió diferente, como si quisiera probarle algo.
Al salir la secó con reverencia y le pidió que descansara un poco. Estaban por tomar un descanso, cuando un golpe en la puerta de la habitación, cambio los planes.
Geor´ge pidió hablar con Al´bert, vistiéndose apresuradamente, la beso y pidió que ella descansara, que él volvería pronto.
― Voy contigo, descansaremos después – dijo ella.
― No voy a demorar, pequeña, debes descansar.
― No importa, quiero ir contigo – insistió.
― Esta bien, middle, acompáñame- acepto.
Geor´ge y otros miembros del consejo estaban esperándolo en la sala común. Candy sintió que algo no andaba bien.
― Alteza – comenzó un concejal, que parecía tener cara de sapo – los Anzons están atacando el sector tres, el general Archi´e se encuentra allí listo con sus guerreros.
― Necesitamos que se presente al consejo de guerra – dijo otro concejal – estamos esperando sus disposiciones.
Al´bert salió apresuradamente repitiendo órdenes, mientras iba a colocarse su equipo de batalla. Candy fue detrás de él.
― Quiero ir contigo – le dijo.
― Una batalla no es lugar para mi compañera – contesto.
― ¿Qué sucederá ahora?
― Soy un guerrero, pequeña, además del gobernante, debo estar allí para ayudar a proteger a todos, y sobre todo a ti, mi middle. Volveré en cuanto estabilice la situación.
― Ten cuidado Al´bert, y vuelve a mí, por favor – murmuro.
― Siempre, pequeña, soy el mejor guerrero y se lo que hago.
― Lo sé, pero aun los mejores pueden fallar, y no quiero perderte.
― No lo harás. Ahora, pequeña, quedas protegida por Geor´ge, lo que necesites, él te ayudara y si es necesario obedecerás sus peticiones que serán para preservar tu vida, ¿entiendes?
― Entiendo, no te preocupes – aseguro, lo beso y guardo sus lágrimas para después – ve con cuidado Al´bert.
― Lo hare. Geor´ge, quedas a cargo de la seguridad de tu Desiri´an, tu vida va con ella – gruño.
― Así lo hare, Alteza. La diosa los acompañe – dijo.
Sin la calidez de los brazos de Al´bert a su alrededor, Candy se dio por vencida en tratar de fingir que dormía, fue a la cocina a servirse algo y a quedarse junto al hogar de la sala común.
Se acomodó en los mullidos almohadones y se dispuso a aprender más sobre la cultura de los desirianos. Geor´ge amablemente le había dado un pod, y le había enseñado como usarlo, para que ella pudiera entretenerse aprendiendo sobre el planeta y su gente.
Estaba tan concentrada, que no oyó el aerodeslizador que aterrizo en la terraza, n los sonidos apagados que provenían de afuera. Un suave clic detrás de su cabeza, la distrajo por fin de la lectura, levanto la vista de golpe, solo pudo ver la cara del concejal cara de sapo, que le disparo un dardo y la dejo inconsciente.
Candy podía sentir que su cerebro estaba fuera de combate, ni que decir de su cuerpo. Podía sentir que era colocada sobre un hombro huesudo y sacada de la casa. Algo malo estaba pasando, donde estaba Geor´ge, él había dicho que se quedaría en la casa para su seguridad.
¡Oh, no!Algo debieron hacerle para que no la ayudara, ojalá no la hayan lastimado, pensó. Al´bert ¿dónde estás? ¿a dónde me llevan? ¿Quiénes son? Tantas preguntas giraban en su aletargado cerebro.
La depositaron en un catre maloliente, dentro de una celda.
Oh, no, otra vez no, por favor. Su cuerpo no respondía, estaba encerrada otra vez, miro el frio espacio donde había sido contenida.
Lentamente sus extremidades volvían a responder, necesitaba encontrar una manera de salir de este sucio lugar. No podía perder más tiempo en preguntas absurdas. Si mal no recordaba, el alienígena que la ataco era un miembro del consejo, el mismo que había alertado del ataque de los Ansons.
Bueno Candy, aquí vamos otra vez, solo que ahora no hay tiempo para el miedo, necesitas volver con Al´bert, busca debilidades en tus agresores. Prepárate, aquí vienen.
Parados fuera de la celda, se encontraban los alienígenas más feos que haya podido ver. Parecidos a los Sardors, pero de color azul, con ojos amarillos y piel babosa, ente ellos estaba el concejal traidor.
Candy suponía que estos eran los Ansons, los que habían atacado a las mujeres desirianas, lo que no entendía era lo que se proponía cara de sapo al traicionar a Al´bert y su gente.
― Bueno, pequeña humana, has despertado por fin – dijo el maldito.
― Sabes que Al´bert va eliminarte, ¿verdad? – ataco ella.
― Me diviertes, humana, para cuando se dé cuenta, estaremos lo suficientemente lejos. Déjame presentarte a los Ansons, enemigos declarados de Desiree, ellos van a atacar pronto a los desprevenidos desirianos, desde adentro y sin fallas, y tu serás mi esclava mientras me entretengas, luego serás usada por ellos y finalmente vendida – reía el desequilibrado.
― Maldito infeliz, que ganas tú con esto? – grito.
― Poner de rodillas al arrogante príncipe – dijo con odio – el pagara por el rechazo que le dio a mi hermana como criadora, con su maldito designio del impulso, tuvo la osadía de rechazarla. Tenía planes para gobernar este planeta, pero el muy soberbio príncipe no colaboro, entonces apareciste tú, una humana insignificante – dijo con desprecio – solo sirves como esclava de placer, los estúpidos Sardors debieron haberte subastado. Ahora que los Ansons saben el valor que tienes como reproductora, te usarán para ampliar su camada y cuando ya no le seas de utilidad, te venderán al mercado negro.
― No tendrás poder sobre los desirianos por más que te deshagas de mi – replico.
― Ya no necesito ese poder, los Ansons limpiarán el lugar, los someterán y me darán el poder a mí – decía victorioso.
― ¿Y quién te asegura que cumplirán contigo cuando hayan tomado Desiree?, por lo que sé, quizás quieran gobernarlo ellos – espeto.
― Ridícula humana, ellos no se atreverían a traicionarme – aseguro – yo tengo en mi poder la única debilidad de estos seres inferiores.
Los Ansons que estaban allí, no parecían muy contentos con el alarde que cara de sapo hacía. Sus miradas decían más que sus palabras. Estos alienígenas iban a matar dos pájaros de un tiro. Tomarían Desiree y se desharían de la amenaza que suponía el concejal. Ella lo podía intuir, pero cara de sapo, no. Se creía demasiado listo y no se daba cuenta el papel que representaban los Ansons.
Decidió que lo mejor que podía hacer era estudiar a sus enemigos. Cara de sapo aparecía seguido a hostigarla y decirle las bajezas más aberrantes que quería hacerle.
Los Ansons se mantenían alejados por el momento, solo observaban al bocón concejal.
Candy aun no podía descubrir que podía tener este, que mantenía a los alienígenas azules bajo su mando.
Una tarde, cara de sapo hizo que la llevaran a sus aposentos.
― Tengo un pequeño obsequio para ti – le dijo. En sus manos sostenía una cadena y un collar.
― Ni lo sueñes – dijo ella. La tomo del pelo y la tiro sobre sus rodillas frente a él.
― Sostén tu pelo – ordeno.
Ella sintió que él tomaba su cabello con demasiada fuerza y le colocaba el collar, la empujo haciéndola caer.
― Voy a tenerte obedeciéndome, humana – agarro la cadena y tiro, obligándola a pararse para que no la estrangulara. La tiro a la cama con brutalidad.
Ella se movió sobre su estómago y trato de alejarse, pero la tomo del tobillo.
― Así me gusta, humana, mientras más lucha más agradable será aplastar tu espíritu.
Entonces se trio sobre ella, inmovilizándola. Rasgo sus ropas.
― Aléjate de mí, sapo baboso – grito, mientras trataba de empujarlo. Candy no dudo, trato de lanzarle un puñetazo que fue directo a su nariz. Su rostro se contrajo de furia. El miedo la recorrió.
― Aprenderás a obedecerme, esclava – la abofeteo con el dorso de la mano. El dolor exploto en su cara, pero no iba a dejar de luchar contra él. Tendría que matarla si pretendía forzarla.
― Los humanos no son esclavos – le susurro.
― Eres mi esclava, humana, te lo recordare cada que me hunda dentro de ti – el tiro de las cadenas para mantenerla quieta.
Oyó el sonido de más ropa rasgándose, se preparó para lo peor. De repente una explosión balanceo el barco. Candy abrió los ojos y cara de sapo maldijo cuando otra explosión lo lanzo hacia atrás.
― Terminaremos esto- amenazó, mientras salía de la cabina.
Ella se apresuró a desenrollar la cadena, se envolvió en una manta y se acercó a la puerta de la habitación, la había vuelto a cerrar cara de sapo. Corrió hacia la escotilla que estaba a su derecha y pudo ver una nave desiriana atacando la embarcación. Ella se quedó en un rincón esperando el momento de escapar.
El fuego ceso de repente, todo estaba silencioso, hasta que oyó unas fuertes pisadas fuera de la cabina. La puerta se abrió de golpe.
― Candee! – Al´bert suspiro aliviado. Ella se lanzó a sus brazos, él la atrapo fácilmente y la abrazo fuertemente.
― Viniste! Cara de sapo dijo que estabas muy lejos – sollozo.
― Ya pequeña – la acaricio suavemente y le pregunto - ¿te hizo daño? – su tono era tranquilo, pero la ira estaba allí.
― No, no tuvo oportunidad – él la giro para quitarle el collar.
― Ven – dijo en voz baja y la tomo en sus brazos.
La llevo al centro de mando de la nave desiriana y pidió comunicación con el consejo.
Ter´ry apareció en pantalla ― ¿La tienes?
― Si – fue su corta respuesta.
Había una expresión de alivio en su cara ― Metral niega tener conocimiento de las acciones del ex concejal; actuó solo. Lo quieren de vuelta para su ejecución – dijo Ter´ry.
― Es demasiado tarde para eso. Tomo a mi compañera y eso es motivo de muerte inmediata. Dijo Al´bert con calma.
― Lo transmitiré a la nueva delegación.
― Los Ansons han sido puestos bajo custodia, serán llevados para un juicio y se resolverá que hacer con ellos.
― Al´bert, espera – dijo Candy – cara de sapo fue quien mando a los Sardor a mi planeta. Planean atacar la tierra y tomar esclavos. Ellos tienen otro aparato como el que tomaste de Orión con los datos de mi planeta.
Al´bert ordenó una búsqueda en la nave enemiga hasta encontrar el otro dispositivo. Se alejaron de la nave Ansons y dio la orden de destruirla.
Con todo en orden, llevo a su mujer a su cabina, una vez allí le dio un beso abrasador.
― Mi dulce y hermosa middle, no volveré a perderte de vista nunca más. Mi corazón no podía resistir el perderte – le decía mientas la acariciaba suavemente.
― Ni yo, Al´bert – confeso.
― Estas a salvo ahora y nunca te dejare ir – aseguro él.
― Ámame Al´bert, te necesito.
― Siempre, pequeña, siempre.
Y así lo hizo, una y otra vez.
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