Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.
Los labios de Ted estaban muy atentos en el cuello de Lily, mientras que sus manos acariciaban sus caderas, subiendo a su cintura para intentar acercarla a él, ¿en qué momento, las caricias de su novio le hacían sentir extraña? No estaba muy segura, posiblemente desde que Scorpius la había tocado de aquella manera, desde que vio aquel recuerdo de ellos dos en otra vida.
—Estás ausente, no me gusta –habló Ted, en un tono grave.
—No estoy de humor para esto –comentó, alejándose un poco.
—Hace muchos días que no estás de humor para esto ¿no lo crees? –Gruñó enfadado, sujetándola de la cintura antes de que se alejara más de él y pegándola a su cuerpo –antes eras tú la que no se me quitaba de encima –volvió a besar su cuello.
La chica lo empujó con más fuerza, con una mueca incrédula en la cara ¿desde cuándo Ted se comportaba así con ella? Siempre era comprensivo, dulce y cariñoso, no un patán, posiblemente esa actitud, ayudó de más en su decisión.
—Creo que deberíamos darnos un tiempo –comunicó Lily.
—Darnos un tiempo ¿para qué? –Se burló el chico de cabello amarillo.
—Para estar seguro de esto, para eso.
—Ah, vamos, Lily ¿eres estúpida? Somos almas gemelas, cariño, no importa qué hagas, estaremos juntas la eternidad, en cada vida, así corras a montarte en Malfoy, al final, terminarás a mi lado, porque así son las cosas, siempre son así, sin importar nada.
—Sí, lo sé, me lo han dicho mucho, entonces no te preocupes, sabes que volveré a ti, en algún momento.
—No importa lo que te haya dicho Malfoy, no vas a correr tras él ¿lo entiendes? –La sujetó del brazo.
—Para mí fortuna –se zafó del agarre –eso de las almas gemelas destinadas a estar juntas el resto de la eternidad, no es algo válido, para retenerme a tu lado, así que, a menos que quiera que acuda a la estación más cercana, no te atrevas a tocarme, o acercarte a mí, Ted –gruñó.
Escuchó el ruido de cristales rompiéndose, y las maldiciones que estaba diciendo en voz alta, la vecina de Ted se asomó, así que le sonrió para fingir que nada había pasado, y se dirigió al elevador.
El aire fresco golpeó su rostro, meciendo sus cabellos pelirrojos, dándole un poco de tranquilidad, lo que más quería en ese momento era ir corriendo con Scorpius, pero él le había prohibido que volviera a buscarlo, una vez, que le dijo que si el ciclo se rompía, ella moriría también, y no volvería a nacer, comenzó a tomarlo un poco en serio, sobre su naturaleza cruel, aunque no pareciera.
La vida para ella se volvió tan monótona como antes de que Ted y Scorpius aparecieran en su vida, al primero no lo había vuelto a ver, por fortuna su tiempo de cubrir a la profesora Demelza había terminado, así que estaba libre de ir a cualquier lado del campus sin tener que toparse con él.
Iba con sus amigos de fiesta, a comer, a cenar, a dedicarse a hacer de su vida algo normal, como le había prometido Scorpius que volvería a ser una vez que él se alejara, acarició sus aretes, eran sencillos y discretos, y contenían una piedra blanca que parecía cualquier cosa, el rubio se los había dado, para evitar que volvieran a atacarla.
—Ya sé, podríamos ir a divertirnos ¿qué opinas, Lily? –Sonrió Lorcan.
—Sí, suena bien ¿a dónde iríamos?
—Mi amigo me recomendó un lugar llamado La Torre de Marfil –comentó Lysander –se escucha interesante ¿por qué no vamos?
La mirada de Lily se elevó de su ensalada y sonrió, ella no había planeado ir a buscar a Scorpius, además, con esos aretes, él no la detectaría tampoco.
—De acuerdo, me apunto al plan –sonrió.
—Genial, pasaremos por ti ¿te parece? –Preguntó Lorcan.
—Perfecto.
Regresaron a clases, hacía mucho que no se sentía entusiasmada de verdad por algún plan, eso se había quedado en su adolescencia, así que no prestar atención a clases por ese motivo, era algo parcialmente nuevo para ella, no estaba familiarizada con eso.
Llegó junto con los gemelos a ese lugar, se veía completamente diferente a lo que recordaba, era como un lugar cualquiera, buscó a Scorpius, pero no lo vio.
—Dijimos a disfrutar –gritó Lysander.
Los gemelos la jalaron a la pista de baile, y un segundo después, se dejó llevar por el ritmo, la música, el ambiente, sintió las manos de Lorcan en su cintura y su pecho en la espalda, mientras que Lysander se pegaba a ella, movió las caderas al ritmo de la de ellos, hasta que sin querer, Lorcan golpeó su oreja, tirándole el arete.
Todo a su alrededor era claramente diferente a lo que segundos antes, podría decirse que veía todo en cámara lenta, pero no se dio cuenta cuando alguien se quedó quieto a su lado, una mano amplia la sujetó del brazo derecho, que estaba en el cuello de Lysander, ya que la otra estaba en su espalda, y sujetaba a Lorcan de la camisa.
Scorpius Malfoy estaba a su lado, sujetándola firmemente, en un segundo había llegado hasta ahí, y le estaba dedicando una mirada intensa, como si el mismo infierno hubiese llegado a la tierra, posiblemente de verla entre dos chicos, bailando de aquella forma.
— ¿Qué demonios estás haciendo aquí? –Siseó.
La música estaba tan alta, que ella y sus amigos tenían que gritarse en el oído para poder escuchar lo que se decían, pero él, apenas si había alzado la voz y lo había escuchado perfectamente.
—Lo lamento, caballeros, pero tomaré prestada a su acompañante –les sonrió fríamente y la llevó hasta la seguridad de su agarre.
Caminó rumbo a su oficina, estaba completamente enfurecido, podía ver su quijada tensa, al igual que sus hombros, todo su lenguaje corporal decía que estaba furioso, sin embargo, a pesar de que la sujetaba de la muñeca firmemente, no la lastimaba de ninguna forma.
—No quiero que me interrumpan –ordenó al grupo de personas en el recibidor y entró a su oficina.
Caminó hasta su escritorio, para tener distancia entre ellos, y se recargó, cruzándose de brazos, mientras fruncía el ceño en la espera de una explicación.
—Yo no planee esto –informó –mis amigos sugirieron el lugar –se encogió de hombros –así que vinimos, traía los aretes, pero, se cayó uno así que…
—No puedes venir a este lugar, con o sin aretes ¿comprendes eso?
— ¿Por qué no? –Frunció el cejo –dijiste que no te harías cargo de mí, que si me mataban sería mi responsabilidad ¿recuerdas eso? –le echó en cara, así que él tensó las mandíbulas.
—Ya no estás bajo mi protección, Lily, cualquier Kredator puede matarte y devorarte, si no te interesa tu propia seguridad, por lo menos hazlo por tu alma gemela, el amor de tu vida…
—Terminé con Ted –informó, observando a otro lado.
Aquella noticia lo hizo tragar saliva, aunque no dijo nada, se limitó a mirarla de aquella forma intensa, apretando la orilla del escritorio, como para obligarse a sí mismo a permanecer en aquel sitio y no ir hasta ella, así que avanzó un poco hasta él.
—Deberías volver con él, es tu destino –informó.
—Sí, es lo mismo que dijo él, pero por el momento, no pienso hacerlo –admitió –no sé cómo funciona la atracción que hay entre un alma y la otra, para cerrar el ciclo en cada vida, pero… ya no lo siento –se encogió de hombros.
—Nunca hay dudas –informó –a pesar de que se separen, las almas gemelas siempre saben a dónde volver, en qué momento, para eso están destinadas, Lily, un enfado o un capricho no es suficiente para…
—No creo volver con él, no al menos en esta vida –informó ella, ocasionando una risa amarga en él.
—No me escuchaste, no importa cuánto te alejes, puedes cambiar de país, de ciudad, de continente, pero siempre te unirás a él.
—Eso suena a decreto –frunció el cejo –algo que alguien más decidió, no yo –informó –estoy sujeta a un alma que…
—A decir verdad, es la primera vez, que te explico esto –hizo un mohín –en realidad la segunda –aceptó –pero la primera vez que te lo dije, comprendiste todo por siglos, así que espero que mi explicación, pueda ayudarte de nuevo.
—Entonces dime –admitió.
—Las almas gemelas son almas divididas ¿sabes por qué se dice así?
—Creo que no presté atención a eso –admitió, haciéndole sonreír.
—Cada determinado tiempo, Dios aparece en este universo, para crear almas nuevas, son muy escazas, pero cuando él las crea, hay algo que hace que una se divida en dos, y un alma dividida no puede sobrevivir por sí sola, es solo la mitad de energía que necesita para habitar un cuerpo humano, así que…
—Por eso el ciclo es infinito ¿no? –Scorpius asintió.
—Lo importante de todo, es el libre albedrió que Dios les dio a los humanos, o en este caso, a las almas que él crea, cada mitad, elige permanecer junto a su otra mitad, o ascender –le sonrió.
—No comprendo –admitió, sintiéndose estúpida.
—En tu primer vida, encontraste a tu alma gemela, te enamoraste tanto, que unieron sus vidas, sus almas, de tal forma, que aquello que les complementa, es ese amor, no otro hecho, si de algo te sirve –Scorpius se rindió y avanzó hasta ella para sujetarla de la mejilla y acariciarla con su pulgar, pegó su frente a la de ella, acariciando su nariz con la suya –su amor ha trascendido el tiempo, renunciando a todo, solo tú y él, teniendo una extensión de ustedes, algo que aún perdura hasta el fin del tiempo.
Lily observó al rubio, sus ojos grises habían perdido el tono amenazante, el brillo en ellos era diferente, así que sin pensarlo dos veces, unió sus labios a los de él, en un beso suave, algo en el fondo de su pecho se removió, lo sujetó de las mejillas para aumentar un poco el beso.
Las palabras que había dicho Scorpius sonaban tan hermosas, algo maravilloso, algo que sin duda era distintivo de lo que se creía de las almas gemelas, pero que no había sentido con Ted ni una sola vez, claro que lo amaba, de cierta forma lo hacía, pero no era un amor como el que el rubio había descrito.
—No me hagas esto –pidió, agitado, contra sus labios –por favor.
—Sé, Sé que te dije que no estaría contigo ni en esta, ni en otra, pero, no he podido sacarte de mi cabeza –abrió los ojos para observarlo –no sé por qué, Scorpius, solo sé que no te quiero lejos.
—No podemos –le informó –ya no podemos estar juntos.
—Lo hemos estado antes –su respiración se agitó –encontramos una forma de estar juntos, lo sé –volvió a besarlo.
Las manos de Scorpius la sujetaron de la cintura, acercándola a su cuerpo, un intenso deseo surgió en ella en cuanto hizo eso, incrementó el beso, y gimió en sus labios cuando él la alzó, sintió un ligero mareo que atribuyó a su excitación, un segundo después, él la dejó caer sobre algo.
La mirada de la pelirroja fue a su alrededor, no estaban en la oficina del rubio, sino en una amplia habitación de colores sobrios, el decorado era elegante y bonito, su atención volvió al hombre, cuando sus labios se pegaron a su vientre desnudo, ya que había deslizado hacia arriba su blusa.
Cerró los ojos ante esas sensaciones, al inicio, había pensado que lo único que hacía que pensara en él, era la lujuria que había despertado en ella con ese recuerdo, después de todo, Ted le había dicho que la clase de Scorpius a eso se dedicaba, a tentar a las almas, para que poco a poco se corrompieran y poder consumirlas, pero cuando sus manos estuvieron en su cuerpo, notó que era algo diferente, pasión, atracción, sí, pero algo que iba más allá.
Y esa noche lo descubrió, Scorpius le gustaba, no solo en el aspecto sexual, le gustó la forma en que a pesar de que su cuerpo y su interior le decían que lo mejor era estar alejada de él, al mismo tiempo reaccionaba a su toque, como si fuese algo más familiar de lo que ella pensaba; y suponía que en cada vida lo sentía, por eso, había un momento de debilidad, en el que siempre estaba con él de esa forma.
Separó los labios y gimió, cuando los labios de Scorpius se pegaron a su pecho derecho, mientras masajeaba el otro de forma lenta y tranquila, intercambio su boca al otro pecho, acortando su respiración un poco más.
La mano amplia del rubio se escurrió entre sus piernas, presionando y masajeando a Lily aun sobre la tela de sus pantalones, agitándola todavía más, llevó sus manos a la cabellera rubia, enredando sus dedos en sus finos cabellos platinos.
—Scorpius –gimió.
Él apartó su rostro de los pechos de la pelirroja, para observarlo con una sonrisa divertida, la besó con pasión, descendiendo por su cuello hasta su vientre.
Se deshizo de los pantalones y las bragas en un solo movimiento, su falange media dibujó la línea de su vulva, haciéndole arquear la espalda con un simple roce pequeño, así que lo hundió, sintiendo su humedad.
—Algunas cosas nunca cambian, ¿no, cariño? –Sonrió socarrón –no importa en qué vida, con un toque pequeño, es suficiente para que estés lista para mí.
Diciendo eso, su rostro se ocultó entre las piernas de la joven, que de inmediato sintió la boca de Scorpius en su vulva, con movimientos expertos, no quería imaginar cuantos siglos tenía con esa experiencia, aun así, se sorprendió a sí misma, cuando se escuchó rogarle por que la poseyera.
Y él no acató orden, hasta que la hizo terminar, en un orgasmo violento, del que no quería escapar, sin embargo lo hizo.
Recibió el cuerpo de Scorpius en ella, lo abrazó pegándolo a su cuerpo, mientras la embestía de una forma tan gloriosa, que a pesar de que su cuerpo la cubría por completo, arqueó la espalda del placer que estaba recibiendo.
¿Esa era la forma correcta en que tendría que sentirse el sexo?
Ahora comprendía porque siempre le alardeaba sobre lo bien que la pasaba en su cama y en sus brazos, nunca la había decepcionado, y claramente, en esta vida, tampoco.
Enterró sus uñas en la espalda del rubio, que por su expresión facial, era algo que había estado esperando por que hiciera, y el movimiento de sus caderas lo dejó ver.
—Scorpius –gimió todavía más.
Ocultó su rostro en el pecho del rubio, que incrementó la fuerza de sus largas y fuertes embestidas, su mano fue a su espalda baja y la empujó más cerca de él, Lily rodeó su cuello, quedando medio colgada del cuerpo del chico, buscó sus labios y volvieron a unirse de una forma completamente gloriosa, una que no había podido cuando estaba con Ted, y en ese momento, sintió su cuerpo llegar al orgasmo.
