Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capitulo 13
Ichigo
Tras analizar los trabajos de Rukia me he dado cuenta de que cuando ha huido ha
seguido una pauta. Y siempre ha seguido una línea recta. Siempre hacia delante, como
si de esta forma se alejara más de lo que pasó. Por eso ahora estoy frente a la casa
donde trabajó por primera vez. Trabajó en tareas del hogar con dieciséis años,
seguramente tras salir del internado. Quiero descubrir si alguien la recuerda y si en el
año que estuvo aquí a Rukia se le escapó el nombre del orfanato donde estuve. Toco a
la puerta y le enseño mi placa al mayordomo. Le informo de que estoy recabando
información sobre una persona que trabajó aquí hace diez años y que necesito hablar
con alguien que trabajar aquí por entonces. Me lleva hasta la cocina.
—Ella lleva toda su vida en esta casa, sabrá responder a sus preguntas —entramos
a la cocina y una mujer de mediana edad nos mira atenta—. Unohana, este es el
detective Kurosaki y le va hacer unas preguntas.
—¿Ha pasado algo, detective Kurosaki?
—Nada grave, no se preocupe. Pero si pudiera ayudarme le estaría muy
agradecido.
—Claro, cómo no. No todos los días un chico guapo requiere la atención de una
vieja como yo—la mujer me pregunta si quiero algo de tomar y, aunque le digo que
no, acaba por servirme un café con pastas—. Y bien, joven dime en qué puedo
ayudarte.
—Estoy aquí para saber si sabes algo sobre una joven que trabajó en esta casa hace
diez años, tenía dieciséis años...
—Por aquí pasa mucha gente, mis jefes son un poco explotadores y la gente que
entra acaba por marcharse casi corriendo. Si yo aguanto es por sus hija, la pequeña
Miyako
—Eso lo complica todo un poco, pero tal vez la recuerde. Su nombre es Rukia...
pelo negro, ojos violetas...
–Rukia. Sí, sí la recuerdo. ¿Qué le ha pasado? ¿Está bien?
—Está bien. Pero necesito saber algo importante sobre ella, algo sobre el orfanato
donde estuvo antes de venir aquí.
—La pequeña Rukia era una joven muy trabajadora, y muy buena. Trabajaba
sin quejarse y no hablaba mucho con nadie salvo con Miyako. Miyako y Rukia hicieron
muy buenas migas hasta que los padres de Miyako le prohibieron hablar con alguien del
servicio y amenazaron a Miyako con despedir a Rukia; entonces Moyako le hizo creer
que ya no quería ser su amiga. Rukia se fue antes de saber la verdad y Miyako siempre
ha sentido no poder explicarse con ella.—¿Y por qué se fue?
—No lo sé bien, pero creo que tiene ver con un joven que vino un día y alegó que
era amigo de Rukia. Lo metieron a trabajar y al poco tiempo hubo un robo. Fue el
joven y en la casa los jefes miraban mal a Rukia creyendo que como ella lo había
traído era igual de traidora que él. Al final un día se fue sin mirar atrás y sin
despedirse de nadie
—¿Y ese joven de dónde venía? ¿De dónde la conocía?
—Él dijo que venía de un orfanato llamado Nuevo hogar. Está a una media hora de
aquí.
—¿Hay algo más acerca de Rukia que crea que me puede servir?
—¿Qué le ha pasado a Rukia? —me giro y veo entrar a una joven muy guapa con el
pelo negro y los ojos oscuros.
—Miyako, es el detective Kurosaki y está investigando a Rukia...
—¿Está bien? —en sus ojos veo que Rukia le importa.
—Está bien.
—¿Y dónde está?
—Eso es algo que no puedo decirte. Pero agradecería mucho si me pudieras decir
algo sobre ella. ¿Sabes si el orfanato donde estuvo se llamaba Nuevo hogar?
—No pienso delatar a mi amiga por muy detective que seas —me responde
desafiante.
Asiento y me levanto, aunque no haya querido delatar a Rukia algo en sus ojos
me hecho ver que he acertado.
—Tengo que irme. Gracias por todo —voy hacia la puerta. Miyako me sigue.
—Tengo que hablar con ella...
—No pienso delatar a mi amiga —le respondo usando sus palabras.
—La he buscado en estos diez años, hay algo que necesito decirle...
—Si de verdad te importa, sabrás cómo dar con ella, pero te aseguro que como
quieras hacerle daño te las verás conmigo —le advierto y Miyako me aguanta la
mirada, desafiante.
—Nunca he hecho ni haré daño a mis amigos, detective Kurosaki.
—Bien. Nos vemos.
—Un momento —veo que Miyako alza la mano y, al girarme, veo tras de mí a un
guardaespaldas—. No he visto su acreditación, bien puede ser un impostor... a menos
que tenga algo que ocultar.
Sonrío por su jugada y saco mi cartera para mostrarle mi placa, sabiendo lo que va
a buscar. Y que no encontrará lo que espera.
—Como le hagas daño te juro que...
—Lo mismo puedo decir de usted, detective Ichigo. No todos los policías son de
fiar —me devuelve la cartera.
Espero que no revele a nadie lo que ha leído en mi cartera —le digo, mirándola muy serio.
—A nadie.
Me alejo y entro en mi coche. Miyako ha sabido usar sus cartas pero yo nunca
pondría en peligro a Rukia y la dirección que ha leído no es la de donde estoy ahora.
Aunque algo me dice que Rukia le importa y que seguirá la pequeña pista que tiene
para dar con ella. Me pondría alerta si no sintiera que Miyako de verdad se preocupa
por Rukia.
Llego al orfanato. Es una pequeña casa donde tienen a niños mayores de diez años
sin hogar. Está mal cuidado y los niños no parecen muy bien atendidos. Me miran al
pasar y me recorre un escalofrío alimaginar a Rukia viviendo aquí. Como ya temía,
este pueblo está el línea ascendente con los demás. Toco a la puerta y abre una mujer
de unos sesenta años con un cigarro en la boca.
—¿Quién es usted?
—El detective Kurosaki —enseño la placa pero sin que vea apenas datos de mí.
Abre la puerta del todo.
—¿Qué han hecho esta vez? Estos niños me tienen harta, no hacen más que meterse
en problemas...
—No han hecho nada, no que yo sepa. Estoy aquí para hablar de una niña que
estuvo aquí hace diez años.
—¡Y espera que me acuerde de ella!
—Supongo que tendrá una relación de todos los niños que han pasado por aquí.
—Claro, ¡Por quién me toma! Dígame su nombre y acabemos con esto.
Va dejando un reguero de ceniza por todo el pasillo y me fijo que el suelo de
madera tiene quemaduras. La casa huele a humedad y el ambiente está cargado. No sé
cómo las autoridades permiten esto, el problema es que si lo cierran no sé quién se
quedaría con estos niños. Esto es una mierda. La sigo a un despacho lleno de dosieres
y libros por el suelo.
—Dígame su nombre y el último año en el que estuvo aquí.
—Rukia Yamado, año dos mil cuatro.
Asiente y deja el cigarro en un cenicero lleno de colillas. Estoy inquieto por
momentos, odio que Rukia hay atenido que vivir aquí. Una parte de mí quiere que me
haya equivocado. Que ella no ha pasado parte de su vida aquí.
—No, no tengo nada de esa joven.
—¿Está segura? ¿Hay otro orfanato por aquí cerca?—No, y no es que esté segura de que
no estuvo aquí, es que no hay ningún dosier de esa joven...
—¿Y no recuerda a ninguna niña que llegara aquí tras ser herida por un disparo?
—Sí, eso sí. Era Rukia... —se dice para ella, y se apoya en la mesa. Se llena un
dedo a la barbilla y da golpes sobre ella con su dedo con las uñas pintadas de rojo—.
Sí, Rukia. Una joven muy rara y callada. Y que me ayudaba mucho en tareas de la
casa.. —la miro enfadado porque siento que no le ayudaba por devoción.
—¿Qué recuerda de ella?
—Por lo que recuerdo, fue llevada al hospital por un camionero que la encontró en
la carretera comarcal.
—¿Dónde? —me lo dice—. ¿Y qué más sabe?
—La niña no tenía recuerdos de nada y la policía me llamó para hacerme cargo de
ella si sus padres no la buscaban. Los padres no la buscaron y la niña no recordó nada
de ella. Nunca se supo quién le había disparo... ni me importa, la verdad. Cada uno
que acarree con sus propios problemas. Y eso es todo lo que puedo decirle. ¿Por qué
pregunta sobre ella?
—Voy a casarme con ella —decido mentir por el bien de Rukia—. Y estoy
buscando a sus padres. Como bien ha dicho usted, no recuerda su pasado y me
gustaría darle una sorpresa de boda y encontrar a sus padres.
—Pues que os vaya bien. El matrimonio es una mierda, y se lo digo yo que me he
casado cinco veces, al final los he dejado a todos.
—Lo tendré en cuenta.
Me despido de ella y voy hacia mi coche. Anoto lo que he descubierto, y cerca de
donde la encontró el camionero sólo hay una pequeña aldea. No pudo venir de otro
lugar con un disparo en el pecho. Llego a la pequeña aldea. Es de noche y hay gente
por la plaza. Aparco el coche y voy hacia el único bar que hay en el pueblo.
Si aquí es donde vivió Rukia tengo que preguntar con mucho cuidado porque las
personas que le dispararon pueden estar aún aquí y pensar que Rukia murió y por eso
no la han buscado.
Entro en la cafetería y me pido una cerveza sin alcohol. Tras la segunda, la gente se
ha ido y sólo quedamos el dueño y yo, y por las miradas que me ha echado sé que
quiere saber quién soy.
—¿Eres de por aquí?
—No, la verdad es que no. Estoy buscando un nuevo lugar donde vivir y este
pueblo me parece muy tranquilo...
—Pueblo no, es una aldea. No llega ni a pueblo. Pero bueno es un sitio tranquilo.
—Aquí nunca pasará nada relevante. No como la ciudad.
—Es muy tranquilo, sí.—Seguro que lo más relevante ha sido que alguien pierda a las partidas de cartas
—digo, tomando un trago de mi copa y señalando las mesas donde han jugado a las
cartas—. En la ciudad de donde yo vengo el otro día hubo un tiroteo. Y no es algo que
quiera para mi familia.
—Aquí nunca ha habido de eso.
—Qué suerte que nunca haya ocurrido nada relevante...
—No lo crea, hace ya unos años una casa que estaba en las afueras se quemó hasta
los cimientos. En ese incendio se murió una pobre niña —el hombre pone cara de
dolor—. Costó mucho a los hogareños reponerse de algo así. De hecho, hoy en día
mucha gente se acuerda del funesto suceso. Era tan pequeña y dulce.
—¿Cuántos años tenía?
—Unos once o doce años. Tras lo sucedido sus padres se fueron. Y no me extraña.
Perder a una niña así...
—¿Y dónde fue? Es para no comprar esas tierras.
—Al entra, a la derecha, pero no queda nada. Sólo tierra.
—Seguro que el hecho saldría en los periódicos.
—Y en la televisión. Una lástima que el lugar se diera a conocer por algo así.
Asiento y me apunto el dato para buscar en mi móvil, lo malo es que aquí no hay
internet. Me despido del buen hombre y voy hacia mi coche. Busco un poco de red
móvil y llamo a Kaien, que ya está al tanto de todo y espera mi llamada. Le cuento lo
que he descubierto tras aparcar y le digo lo que tiene que buscar. Me llegan varios
mensajes de llamadas pasado un rato y lo llamo.
—Vaya mierda de conexión —le digo nada más descolgar.
—He encontrado algo. Hace catorce años hubo un incendio que alertó a los vecinos
y que, aunque trataron de apagarlo entre todos, los bomberos no llegaron a tiempo.
Los padres alegaron que su hija estaba dentro. Adivina cómo se llamaba la niña.
—Rukia.
—Sí, Rukia Hirako. Lo que me hace pensar que se ha cambiado de apellido, la
foto de la joven es de una Rukia más joven, de eso no hay duda.
—Ahora queda saber si los padres de Rukia creían de verdad que estaba dentro o
si ellos tuvieron algo que ver en el disparo y por eso Rukia se cambió de apellido y
huyó de su casa. Si sus padres no hubieran tenido algo que ver, una niña tan pequeña
hubiera regresado al hogar familiar.
—¿Y si de verdad perdió la memoria y sus padres no la buscaron porque quien
disparó a Rukia quemó la casa para hacerles pensar que había muerto?
—¿Y por qué alguien querría disparar a una niña? Nada de esto tiene sentido.
—¿Vas a buscar a los padres de Rukia?
—Sí, pero no quiero hacer nada más hasta saber toda la verdad. Si Rukia está en
peligro no quiero dejar pistas para que la encuentren.
—Lo que está claro es que algo grave pasó esa noche para disparar a una niña y
quemar la casa para no dejar huellas.
—Sí. Te dejo, esto no se escucha bien. Mañana regresaré.
—Ten cuidado.
Me despido de mi hermano y conduzco hasta un motel que hay, no muy lejos. Ya en
el motel, anoto todo lo que he descubierto y la desazón que sentía con todo esto no ha
hecho más que acentuarse, porque temo que el pasado de Rukia un día regrese y,
como no lo detengamos a tiempo, nos estallará a todos en la cara. Mi idea es registrar
la zona donde estaba la casa de Rukia y eso hago nada más despuntar el alba. Aparco
donde debió de estar la casa. No queda nada de ella. Salgo del coche y recorro la
zona. Pone que está en venta pero el solar está vacío, sin nada relevante. Pese a eso,
doy varias vueltas por la zona a la busca de alguna pista. Nada. Quien hizo esto supo
como borrar las pistas.
Es hora de regresar.
Llego a mi casa a media tarde del jueves, agotado y con mil preguntas en mi
cabeza. No he dejado de pensar en Rukia, en lo que pasó. En esa niña herida que
estuvo a punto de morir desangrada. Me recorre un escalofrío ante la posibilidad de
que le hubiera sucedido algo y el tatuaje que elegió Rukia para tapar su pasado nunca
me pareció más acertado. Un trébol de la suerte cobra sentido, ese día tuvo mucha
suerte de sobrevivir. Me pego una ducha y estoy pensando en ir a buscar a Rukia a la
librería de mi madre cuando tocan al timbre. Abro la puerta. Senna.
Se alza y me da un beso en los labios. Su mero contacto me molesta. Trato de
recordarme que ella me da estabilidad, me evita la posibilidad de sufrir, de volver a
querer a alguien que me acabe haciendo daño. De arriesgarme a algo que sólo me
traerá dolor.
—¿Qué haces aquí?
—Vaya, querido, no pareces alegrarte mucho de verme —Senna, se alza y se cuelga
de mi cuello —cierro la puerta.
—Estoy cansado —me acaricia de manera sugerente. Ha debido notar que las cosas
entre los dos están más frías y distantes que nunca pues siempre usa su cuerpo para
que recuerde las razones por las que estamos juntos o por qué debemos estarlo .
Senna se contonea y me besa mientras me toca de manera sugerente sobre mi
miembro. Mi mente sólo tiene a Rukia. Rukia gimiendo en mi oído, Rukia entre mis
brazos... ¡No! ¡Para! Me agobia lo que siento por Rukia. Me siento asfixiado,
perdido... Su amistad me reconforta, pero es lo único que quiero de ella. Senna me
quita la camiseta y me besa bajando por pecho un reguero de besos hacia mi erección.
Como siempre suele hacer, consigue que me excite y cuando me introduzco en ella
trato de pensar sólo en ella, pero sólo soy capaz de imaginarme que es Rukia quien
está entre mis brazos. Y lo peor es esta sensación de culpa que me invade sintiendo
que mientras hago el amor a Senna estoy traicionando a Rukia.
Joder, soy una persona horrible y mientras siento esto, sólo puedo pensar en la
persona que me hizo ser así de despreciable. y odiar a la vida por lo que me hizo.
