Parte uno: Entrégate


Capítulo 7


Una hora después aparcaba a Mickey frente al mall que Uzumaki me había indicado, él estaba esperándome en la entrada y se veía jodidamente ardiente; el sol se le reflejaba en ese endemoniado pelo oscuro, haciéndolo lucir brillante. Tenía unas gafas negras y un traje de dos piezas azul eléctrico, hechos a la medida, zapatos brillantes, camisa blanca y se veía malditamente sexy.

Sequé mis manos en mi jean negro, acomodé mi camiseta nueva, ancha y larga, que tenía un elefante lila con un sombrero rojo estampado y anudé el cordón suelto de mi zapato derecho—de gamuza azul, como en la canción de Elvis—y antes de llegar a él, me acomodé el pañuelo al cuello, mis lentes y mi sombrero.

Estaba por llegar, cuando pasaron tres espectaculares chicas y lo piropearon, él se sacó las gafas y les regaló una sonrisa de esas que dejan al borde del orgasmo.

—Sabes que puedo tomar eso como una infidelidad—murmuré pasando de él aunque no tenía una jodida idea de a dónde iba.

—No estoy haciendo nada—me siguió dos pasos antes de tomar mi mano aferrándola fuertemente a la suya

—Míralas—me detuve y señalé a las chicas—, estoy segura que entrarán a la primera tienda de lencería que vean solo porque tienen que cambiar sus bragas.

—¿Y eso es mi culpa?—me sonrió, ¡me sonrió igual como les sonreía a ellas!

—¿Cómo es ese refrán que habla de la boca, de los idiotas y de la risa?— dije entrando al centro comercial.

De repente, estaba enojada, muy enojada, Naruto me haló hacia su cuerpo, su mano libre agarró mi nuca y me besó delante todas esas mujeres. Un beso largo y con lengua incluida. Podía sentir pequeños flashes, pero los ignoré. Me coloqué de puntillas y profundicé el beso.

¡Me besa a mí, perras!

¿Qué? ¿De dónde demonios salió eso?

Él finalizó el beso, dándome uno pequeño sobre mis labios mientras palmeaba mi trasero; luego, me instó a que siguiera caminando, adentrándonos a donde fuera que me quisiera llevar.

—¡No voy a entrar ahí, Naruto Uzumaki!—dije mirando el maniquí vestido de cuero y el letrero de neón: «SIN TABÚ»Sex Shop A mí, aún me quedaba algo de tabú.

—No seas mojigata—tiró de mi obligándome a entrar.

¡Santo Joder! ¡Esto era el templo de la perversión!

Lencería, vibradores, estimuladores de clítoris, lubricantes, disfraces, muñecas inflables, ropa de cuero, vídeos porno, ¡pinzas para los pezones!... lo miré incómoda, él me veía con su sonrisa relampagueante.

—Cualquiera que te vea, es capaz de decir que nunca has estado en un sex shop.

—¡Nunca había entrado a uno!—me miró sorprendido.

—Tienes veintiséis.

—¿Y?—me encogí de hombros.

—¿Nunca has usado uno de estos?—me mostró un ¡falo!, ¡sí! ¡Era un jodido falo de caucho! y luego oprimió un botón y lo hizo vibrar entre mis manos haciéndome saltar.

—¡Idiota!

—Es un jodido vibrador.

—Sé lo que es, pero me tomó de sorpresa. Ino me regaló uno para mi cumpleaños veinticinco.

—Y, ¿tienes historias calientes que contar?—me levantó las cejas.

—No, lo devolví y me compré... —callé, no iba decirle que lo había cambiado por un camisón.

—Deberías ir y buscar algo de lencería, quiero ver como se ve tu cuerpo con encaje, de preferencia rojo o negro. Algo lindo y provocativo—iba a replicarle pero Naruto se había girado y caminaba hacia la recepción.

Seguí mirando los estantes del lugar, había un pene colgado a un cinturón.

—¡Lencería!—gritó Naruto desde algún lugar—¡No juguetitos lésbicos!

Miré el espejo que estaba frente a mí y pude verlo reflejado perfectamente, me guiñó un ojo y me tiró un beso.

Zapateé fuertemente y caminé hasta donde estaba la lencería. Él quería que comprara ropa sexy ¡bien! haría lo que el Dios del sexo deseaba. Una hora después de probarme lencería, escogí tres conjuntos: uno azul, uno negro y uno burdeos. Cuando estuve lista, salí a buscar a Naruto, no me costó encontrarlo, hablaba animadamente con la cajera y con otras tres mujeres que hacían todo para captar su atención.

—¿Escogiste todo, cariño?—preguntó, agarrando un mechón de mi cabello.

—Sí, mi amo, todo lo que a usted le gusta—dije sarcásticamente. Naruto entregó su tarjeta negra a la cajera y con un brazo se aferró a mi cintura.

—Factura lo que yo escogí también, y nos das los dos pedidos en bolsas separadas —le dio una mirada sexy y podía jurar que la tipa iba caer desmayada.

Es más creo que podía adivinar sus pensamientos por la forma en cómo me veía: ¿Qué hace un hombre como él, con una cucaracha como ella? eso, sin contar que lo miraba como si fuera el último hombre del planeta.

Decidí ponerme traviesa y colocarme frente de Naruto acariciándole el pecho sobre su camisa blanca y soltando los tres primeros botones de ésta, me levanté en puntillas tomando las solapas de su saco y le besé. Él parecía aturdido, pero rápidamente sus brazos amarraron mi cintura siguiéndome en el beso.

Un pequeño carraspeó nos hizo separarnos, la cajera tenía la sonrisa más hipócrita que le había visto a alguien, le dio su tarjeta a Naruto junto con un recibo y dos bolsas de lo más obscenas: eran un par de piernas abiertas y las agarraderas eran justamente ahí.

Lo usaré para el libro. Mi Tanahi es mucho más cabrona que yo y ella no le molestaría caminar con estas bolsas.

Caminamos hacia la salida del centro comercial, cuando llegamos al coche me encerró entre sus brazos y la carrocería de metal.

No dejes que escuche como tu corazón late cuando lo tienes tan cerca...

Su mano acarició mi mentón, elevándolo y depositando sus suaves, sexys y calientes labios sobre los míos. Me aferré a su camisa cuando su lengua invadió mi boca... Tenía la fuerza de voluntad de un globo de helio, porque se lo concedí inmediatamente. Nos besamos por varios minutos hasta que el jodido aire fue necesario.

—Te veo en mi casa, después del programa. Ponte el azul, es sexy y contrastará con tu piel; en el baño está el quimono de seda. Espérame en la sala, nena—agarró mi barbilla nuevamente, acariciando con su pulgar mi labio inferior.

—Odio que me llames nena.

—Tengo muchas cosas preparadas para esta noche, te juro que lo que hemos experimentado hasta ahora será una idiotez comparado con lo que viene—volvió a besarme—¡Nos vemos!—me entregó la bolsa y se giró caminando en dirección a su coche.

—¡Lo que usted diga, Sensei!—me giré para abrir a Mickey.

—¡Nena!—volteé a verlo, el muy idiota se estaba riendo—. Escucha el programa esta noche, te dará una idea de lo que te espera —y, sin más, entró a su auto y arrancó haciendo chirriar las llantas sobre el asfalto.

Algo dentro de mí me decía que una inesperada lección sobre placer me esperaba.

¡Joder, Hinata! A este paso, tu experiencia sexual dejará atrás a Ino. El Kamasutra será un jodido Comic ante tu conocimiento.

Eran las 23:45 horas, ya estaba digitando el código de acceso. Dejé las cosas que había traído para cocinar en la mesada y me fui a ver a Frey que estaba en su zona privada, apenas abrí la puerta, salió muy campante, moviendo su colita y con la zanahoria de hule que le había regalado, en su boca, después de dar unas cuantas vuelta al mi alrededor, dejó el juguete en el suelo y se paró en dos patas.

¿Quién se puede resistir tanta ternura? La alcé, le acaricié el lomo y me fui con ella a la cocina. Frey era la bebé de una loba siberiana de Naruto. La pobre murió después de que Sasuke, irresponsablemente, dejó que disfrutara un poco de la vida loca... Palabras de Naruto, no mías. Al parecer, la perrita debido a su edad, no había soportado el parto de los cuatro cachorros que parió, Naruto se había quedado con la única cachorra, tres meses atrás.

Dejé a Frey en el suelo, encendí la computadora, me conecté al podcast de la emisora y mientras esperaba el programa, me puse a preparar una lasaña.

Bienvenidos a "Hablemos de Sexo". Una noche más de programa pervertido para ustedes, nuestros queridos oyentes —habló Karin.

¿Dónde está Naruto? Era él quien hacía la presentación del programa todas las noches.

—Les habla Karin Uzumaki y conmigo, mi compañero y anfitrión de este programa, Doctor Sex. Buenas noches DSex.

Buenas noches, linda—su voz, había algo en su voz. Frey, al escucharlo, paró sus orejitas y, se sentó sobre sus patas traseras, frente al computador—. Esta noche, vamos a hablar de algo muy entretenido para ustedes, chicas, es una práctica sexual íntima, en algunos casos, ultra secreta... y algo culposa.

—Sí, hablaremos de la autosatisfacción femenina. De la masturbación, o sea, del camino propio para llegar solas al lugar feliz.

—¡Fuera la moralina barata que la considera censurable!

—Provocarse un orgasmo es hacerse el amor a sí mismo —la voz era profunda e intencionada pero, extraña.

— ¡Hay que hacerse expertas en el amor propio!

Estaba picando cebolla, así que mientras me secaba las lágrimas, me reía.

Tema interesante DSex, cabe recalcar que nunca es tarde para intentarlo o practicarlo, aunque este sea uno de los temas más injustamente tratados como sucio y pecaminoso—Karin no hablaba, bufaba.

La masturbación, es una práctica sexual muy accesible, que permite aprender acerca del propio cuerpo, explorar sus diferentes reacciones y expresiones sexuales, innovar o fantasear con el propio erotismo, mantener el tono o vigor de los genitales, liberar tensiones; ya sean sexuales, físicas o psíquicas.

Mujeres, no se nieguen al placer. Masturbarse trae muchos beneficios ¿Por qué actuar como si el contacto con el propio cuerpo fuera un crimen, un acto asqueroso, digno de repulsión o de vergüenza? La masturbación no es solo fuente de placer, es un método asequible para demostrarnos nuestro cariño y aumentar nuestra autoestima. Cuando te autosatisfaces, te descubres y disfrutas tu cuerpo. Si consigues saber lo que te gusta y lo que necesitas, estarás mucho más capacitada para disfrutar el sexo, sola o en compañía.

Mientras lavaba espinaca, champiñones y morrones, pensaba en los motivos por los que yo nunca me había masturbado.

Los amantes vienen y van, pero tú... puedes mantener un constante idilio contigo misma.

La voz de Naruto me siguió sonando extraña y cuando la música irrumpió cortando su intervención, tomé el celular y le envié un mensaje.

Estoy en tu casa, con Frey, Preparo lasaña.
¿Estás bien?
Te escucho extraño.

Él respondió inmediatamente.

Estoy bien.
Me gusta la lasaña.
NENA, espérame como te lo pedí.

¡Y dele con lo de nena!, la canción terminó rápidamente y yo, estaba lista para armar mi salsa.

"En el sillón de mi cuarto pienso en ti con mis manos. Una y otra vez, que barbaridad..."—gracioso, recitaba los versos de la canción pero, aún así, había algo.

—¿No me digas que te sabes la canción?

—Es todo un himno.

—¡Claro que sí! "No pienso llorar, de eso ya me cansé, hoy voy a chillar, voy a andar con mis pies".

—¡Esa es la actitud!, La canción lo dice: "No puedo depender de otra persona para sentirme bien. Desde hoy soy responsable de mi bienestar, de mi satisfacción. No le voy a conceder ese control a un hombre. Puedo sentir satisfacción con mi pareja, y aún sola, también así, soy feliz"

Amo cuando hablas así —Karin, hoy estás muy graciosa.

—¿Así cómo? —sin estar frente a él podía verlo subiendo su ceja, arrogantemente.

—Como el experto en el tema.

—Soy el experto en el tema cielito—expresó cínicamente—. Pero igual no sería nada sin ti a mi lado.

Negué con la cabeza mientras lo escuchaba, ¡Naruto era tan arrogante!

He escuchado que masturbarse delante del espejo puede ser una experiencia muy satisfactoria para la mujer.

Por supuesto que sí nena, verse a sí misma acariciando y gozando del propio cuerpo, no solo es un estímulo visual que ayuda a obtener un mayor orgasmo; sino que también ayuda perder la timidez. También hay una nueva y famosa manera de masturbarte con algo más que tu imaginación, algo que se está dando mucho entre los jóvenes hoy en día: El cibersexo. — Esta vez la voz de Naruto fue tan baja, ronca y sensual, que mis bragas se humedecieron un poco... solo un poco—.Aunque para esto se necesita tener una mente abierta y mucha imaginación.

O... no tanta si tienes una webcam con esa persona.

¿No querrá tener eso, conmigo? Un borbotón salpicó y me quemó la mano con una gota de la caliente salsa. ¡Mierda!

Pero puede ser peligroso Karin, esto solo debe hacerse con una persona de tu plena confianza y, mucho mejor si ocultas tu rostro solo por... prevenir—señaló Naruto.

Buen punto DSex. El sexo virtual es una buena forma de obtener placer sin penetración ni contacto físico alguno, pero como tú dices, muchas veces es utilizado para otros fines; además del placer momentáneo es un juego con dos puntas filosas. También tenemos el sexo por teléfono que es otra forma de sexo virtual.

Las dichosas líneas calientes —dijo Naruto jocosamente—. Pero esta noche queremos contarles los cinco métodos más efectivos de masturbación femenina.

Busquemos lápiz y papel, chicas, esto nos puede servir más adelante— la voz de Karin fue risueña y perspicaz— en nuestra página web podrán encontrar los pasos para una buena estimulación sexual, señoras y señores.

Mientras escuchaba a Naruto solo podía pensar ¿cómo pueden llamar a un desconocido y decirle eso? Vamos, Hinata... no seas hipócrita: tú lo haces con él y hasta hace poco, era un extraño. ¡Ja! ¿Qué se siente que yo misma me deje callada?

La primera es: estimular el clítoris. La mayoría de las mujeres suelen hacerlo con la mano pero, también puedes utilizar un vibrador y es súper sencillo. Acaríciate, relájate y deja volar tu imaginación, ¡verás cómo te lleva a lugares insospechados! Hazlo con ternura y sin prisas, ¡demostrarse cariño a sí mismas requiere su tiempo! No es llegar y meter mano, necesitas relajarte para poder disfrutarlo.

¡Relajarse! ¡Relajarse! ¿No sabrá lo difícil que hacer eso cuando alguien te presiona diciéndote ¡relájate!? Yo discutía con el computador mientras disponía las láminas de la pasta para comenzar a armar mi lasaña.

Si frotas sobre la capucha que lo envuelve, evitarás irritaciones por el frotamiento. Pero si lo estimulas en forma directa, sobre el glande del clítoris, necesitarás lubricar con tus propios fluidos vaginales o con saliva. Así evitarás las molestas rozaduras.

Otro método de masturbación femenina y tomen notas chicas, sobre todo tú, que estás escuchando—¡mierda!, odiaba cuando me mandaba mensajes subliminales en el programa—,es la inserción vaginal. Este método no es demasiado utilizado pero en ocasiones, cuando has permitido a tu mente divagar durante un tiempo considerable, es el que más te pide el cuerpo. Puedes utilizar un juguete erótico, un vibrador o un dildo, incluso un calabacín o zanahoria —Naruto se carcajeó—, solo que no olvides ponerles un condón para evitar posibles problemas y ¡nunca lo hagas si estás haciendo lasaña!

Dejé la pasta, tomé mi teléfono y, sin importarme que estuviese en el aire, le mandé un texto:

¡IDIOTA!

Mientras esperaba a que reposara la salsa, abrí una página Word y comencé a escribir una escena de mi novela:

El teléfono sonó en sus manos... Menma.

Tomó una larga respiración. Tenía más de una semana sin saber de él y la abstinencia la estaba matando, respiró profundamente una vez más antes de oprimir la tecla para contestar... —¿Que quieres?—su voz era firme.

—Nena...—la voz de Menma fue dulce y arrolladora—cariño, no podemos seguir así —murmuro él—¡Te necesito tanto!

—Yo te necesito más, pero—su voz era dura, pero no violenta—tú y yo sabemos que ese no es nuestro problema.

—Estoy famélico, nena, necesito alimentarme y estoy tan lejos... tan lejos de ti, de mi hogar, de mi templo—esas palabras debían ser un roció de agua fresca para su ansiedad, sin embargo, la encendían—. Estoy muriendo aquí, bebé.

—Mi sexo también te extraña—ella sabía que era eso lo que quería... ¿el amor?, ¿para qué? ella ya no tendría otra oportunidad.

—Necesito verte Tanahi. Si no te veo un día más, volaré esta jodida sucursal en pedazos.

—Tomaré un vuelo, el primero que me lleve a ti.

—¡No! Ve a tu computadora y enciende la cámara...

—Hablemos de Sexo, nuestro tema de hoy: ¿Sabes cómo llegar a tu lugar feliz? Tenemos una llamada al aire —guardé la nota y me dediqué a escuchar a Naruto. Frey volvió a mí y la dejé sobre mi regazo.

—Buenas noches, mi nombre en Cris —murmuró apenada la chica —.Quiero masturbarme, aunque no sé muy bien cómo; y la idea de ponerme los dedos no es que me haga mucha ilusión...

Dejé de escuchar el programa y me concentré en una idea —¡Já! Impromptus literario gracias a las palabras de DSex—. Armé la lasaña, la puse en el horno y me dispuse a escribir. Sí, amaba los momentos en los que mi creatividad y mi imaginación hacían la magia real. Mi bloqueo llegaba a su fin, tenía definido como Tanahi y Menma resolverían sus diferencias.

Un ladrido de Frey me hizo saltar en mi asiento, me giré y vi a Naruto en la puerta mirándome de arriba abajo, tenía el saco entre sus manos y la corbata en uno de los bolsillos, las mangas de la camisa estaban arremangadas hasta sus codos y lucía cansado. Presionó el puente de su nariz fuertemente.

—Pensé que estarías lista—murmuró tomado a Frey, que tiraba de la bota de su pantalón.

—Lo siento, me dediqué a escribir algo para el libro.

—¿Algún avance?—inquirió en un susurro.

—En eso estaba. La lasaña está lista.

—Después, ven conmigo—tomó una botella de agua del refrigerador y con Frey en brazos, salió de la cocina.

Guardé mis notas antes de seguirlo, con la zanahoria de goma en mis manos, dejó a su mascota en su zona exclusiva, yo le pasé el juguete y en silencio, caminamos hasta su dormitorio. Allá, buscó entre las gavetas de su mesa de noche hasta que encontró una tableta de comprimidos.

—¿Migraña? —asintió.

—Si no te sientes bien, podemos posponerlo.

—¡No!—esta vez, su voz no fue baja, fue tajante y determinada—¡Estoy bien!

Sacó dos comprimidos y los tomó junto con el agua. Se sentó en la cama y quitó sus zapatos. Sacó su camisa blanca, desabotonándola lentamente... ¡Joder, sí que sabía cómo hacerse desear! La dejó caer sobre sus hombros, dejando su pecho completamente desnudo para mí. Movió su cuello haciendo sonar sus vértebras, se levantó dejándome ver las dos descomunales cobras antes de caminar hacia el baño... Lo detallé como siempre lo hacía; mirando los dos hoyuelos que se formaban en su espalda baja.

—Pues, no pareces estar bien.

—Pues no sabía que eras doctor—increpó con dureza

—No es necesario ser mala leche. —dije enojada.

—Vale, lo siento... estoy bien ¿Trajiste lo que te pedí? —asentí, y Naruto me dio una sonrisa torcida—¿Te gusta lo que ves, dulzura?

—Se nota que inviertes muy bien el tiempo libre.

¡Viva! Subámosle más el ego al tipo... Hinata, eres candidata a ponerte un bozal mental.

—Lo sé, vivo para mantenerlo así y ver esa expresión en el rostro de las mujeres.

Te lo dije... tú te lo buscaste.

—¡Idiota!

—¿Dónde está el negligé?

—En la sala.

No dijo nada, abrió un armario, sacó una bolsa que contenía una caja y me la pasó.

—Ve a una de las habitaciones de huéspedes y colócate el negligé. En diez minutos, te espero aquí.

—¿Por qué no me desnudo y ya?

Naruto negó con la cabeza, se acercó a mí, se estiró tan largo como era y me habló desde su altura.

—Dulzura... El sexo como el vino se paladea despacio, Yo soy el maestro aquí y tú harás lo que te he dicho. No me lleves la contraria, o esta será una clase de cómo te azoto el trasero por tu rebeldía.

—¡Estarías transgrediendo el punto dos! —me afirmé en mis talones, enderecé mis hombros y salí dando un fuerte portazo.

Entré en una de las habitaciones de huéspedes y me desvestí rápidamente dejando todo sobre la cama. ¿Diez minutos?... ¡que sean veinte! Fui al baño, era más pequeño y sin tina, y me di una ducha relajante. No tenía apuro, que el maldito me deseara así como me hacía desearlo, era más que suficiente para que me tomara mi tiempo.

¡Mierda, lo deseo!

Eureka, Hinata. Si no lo desearas como loba en celo, empezaría a creer que eres una masoquista frígida. Pero ahora que lo entiendes, te ascenderé a masoquista cachonda.

Negué con la cabeza y salí del baño, me coloqué las mínimas bragas de encaje y la muy trasparente camisola larga que se ataba solamente a la altura de mi busto. Tomé los ligueros a juego y los ajusté donde debían ir, abrí la bolsa y casi tengo un orgasmo al ver el contenido: unos preciosos y muy altos zapatos de Jimmy Choo estaban dentro.

¿Cuánto podían medir estos jodidos zapatos? ¿Doce? ¿Quince centímetros? ¡Mierda, voy a matarme con estos artefactos!

Me los calcé de inmediato, perdí el equilibrio las tres primeras veces que intenté ponerme de pie pero, a la cuarta, pude sostenerme y caminar sin parecer una tonta. Me miré en el gran espejo del tocador y casi no podía reconocerme.

Un moño alto y algo de maquillaje y sería una actriz de la película "Muolin Rouge".

Sip, pareces toda una señora de la vida nocturna.

¿Negligé azul querías? Pues, me queda mejor el color vino. El contraste del color que hace con mi piel y mi pelo me gustaba, me hacía sentirme sexy y bonita. Suspiré fuertemente y salí.

Apreté la manija del cuarto de Naruto y la puerta se abrió, las luces estaban bajas, pero se podía ver perfectamente toda la habitación, gracias a la luna. El balcón se encontraba abierto dejando pasar el aire frío, estaba dando inicio la temporada de invierno y llovía suavemente, no quería resfriarme así que cerré los ventanales.

—¿Naruto?—lo llamé, pero no tuve ninguna contestación, se escuchaba una suave música ambiental. Me dirigí al baño— ¿Naruto, dónde estás?— maldición, ¿ahora íbamos a jugar a las escondidas? eran casi las dos de la mañana. Decidí salir del dormitorio pero al girar la manija esta no cedió— ¡Naruto!, estos juegos no me gustan—grité enojada ¡abre la puerta!

—No...—ya no había música, ahora salía su voz por el IPad.

—Naruto, abre la puerta no me gustan estas cosas y—le hablaba a su imagen en la pantalla.

—¡Podrías callarte un momento! —jodido gruñón—. Estás muy apetecible, pero hoy, no voy a tocarte.

—Wow, por eso está lloviendo: Doctor Sex no está cachondo —usé mi mejor tono sarcástico.

En las semanas que llevábamos de clases, habíamos intentado no tener intimidad una noche pero fracasamos, todas nuestras sesiones finalizaban con él y yo enredados en una masa de piernas y brazos en su cama o en el sofá, cuando no alcanzábamos a llegar a la cama.

—Muy chistosa Hinata, ¿necesitas que mi dardo se entierre en tu tableta de tiro?—en la pantalla, alzó una ceja en forma sardónica.

—Jojo. El distinguido y muy educado psicólogo Naruto Senju

Uzumaki habla peor que un camionero...

—¿No te gustan mis metáforas cosificadoras? Tengo muchas.

—¡Me es indiferente! Lo que no me gusta es estar encerrada y sola—en efecto no me gustaba, era uno de los castigos favoritos del abuelo cuando hacía algo fuera de las reglas.

—¿Escuchaste el programa?

—Atentamente.

—Eso está bien, espero que hayas tomado nota—miré bien a Naruto, a pesar de sus palabras animadas, lucía cansado. Tenía nuevamente grandes ojeras bajo sus hermosos ojos azules.

Espera ¿Dijiste hermosos ojos? ¡Qué demonios!

—Soy la estudiante perfecta.

—En el cajón de la cómoda hay un regalo para ti—enarqué una ceja en su dirección—. Ve, Dulzura—dejé el IPod en su sitio y caminé hacia la cómoda y vislumbré un maletín de una marca exclusiva con un moño rosa.

Lo tomé y me dirigí a la pantalla.

—¿Para qué diablos quiero yo un maletín?

—¡Ábrelo, Hinata!

—¿Qué demo...?—miré hacia arriba y una cámara con sensor de movimiento se encontraba justo en una esquina de la pared. Una cámara que no había visto hasta hoy, caminé lo más rápido que los zapatos me permitieron y tome el Ipad encarando a Naruto.

—¿Dónde estás?—pregunté controlando mi enojo, yo esperaba que esa cámara no hubiese estado allí desde durante las dos semanas que llevaba visitando el departamento— ¿Por qué hay una cámara con sensor de movimiento en tu habitación? ¿Desde cuándo la tienes?

—Esas son muchas preguntas.

—No te las des de listillo conmigo, Uzumaki—dije enfurecida.

—¡Huyyy! me has llamado Uzumaki, así que estás enojada, nena—rodé mis ojos—.Uno, estoy en mi estudio. Dos, necesitamos esa cámara para la clase de hoy y tres, está allí desde esta tarde pero la quitaré mañana. ¿A no ser que tú desees que nos la quedemos?

—¡Olvídalo, vaquero! ... Es más, no quiero esta clase.

—No puedes negarte, Hinata, es mi voluntad y tú eres mía. ¿Tienes mi maletín?

—Tú me ves y yo no—y no le discutí eso de "tú eres mía".

—Me estás viendo, Hinata...

—Naruto, no juegues conmigo o...

—¿O?...

—¡Apago la luz!—see... lo sé, infantil. ¡Pero no se me ocurrió más nada que decir!

—No seas niña, Hinata, cámara infrarroja. Pon el maletín en la cama y ábrelo, te juro que si te portas bien antes que acabe la noche mi polla estará tan dentro de ti, que olvidarás en qué mundo vives.

Palabras... ¡Dios, con solo sus palabras me hacía arder por dentro!

—Obedéceme, Hinata—murmuró. Dejé el dichoso maletín en la cama y destrabé sus seguros, abriéndolo rápidamente.

¡¿Qué rayos era todo esto?!

—¿Te gusta mi regalo, Dulzura?—la voz de Naruto se escuchaba ronca y susurrante.

—Son...—mi voz quedó atascada en mi garganta.

—Juguetes sexuales—aún sin poder verlo, supe que un gesto sarcástico adornaba su muy bonito rostro.

—¡Sé lo que son, Naruto!—casi grité—¿Qué pretendes con esto?—dije esperando que me dijera "darte una clase teórica".

—Hinata... Hinata—escuché su risita irónica a través de los parlantes del Ipad —. Pues, de decoración se vería vulgar y, para mi propio placer, poco varonil.¿No crees, linda?—murmuró—. Es hora de que me muestres cómo llegas al placer sin mí.

—¿Masturbándome?—pregunté como una tonta Sí, ¿y de que otra manera puedo preguntar?

—¿Y cómo más, Hinata?

Me mordí la lengua para no contestarle y seguí con mi muy amable diálogo interior Hinata Hyûga, después de esto, tu conocimiento en la materia será tremebundo y tus libros serán lo mejor. ¡Escucha y aprende, carajo! Le hice un gesto para que siguiera con su explicación.

—La clase de hoy se refiere a eso; a ti, provocándote placer. ¿No has escuchado el programa de hoy?—se carcajeó de manera sensual—. Necesito estar seguro de que, cuando yo no esté para darte satisfacción sexual, tú podrás hacerlo por tu cuenta, si no... ¡sería un pésimo maestro!

—¡Educación garantizada, aprendizaje efectivo!

Él no dijo nada por lo que intuí que no le gustó mi chiste y a ti no te gustó el "cuando yo no esté" ¡reconócelo, Hinata!

—¡Tengo un prestigio que cuidar! así que hoy, quiero enseñarte las maravillas que puedes sentir tocando correctamente tu cuerpo.

—Naruto, yo...

—Saca todo del maletín y déjalo a un lado de la cama—susurró.

—No voy a poder hacerlo, lo he intentado antes Naruto y nunca...—me daba vergüenza admitirlo, así que solo me limité a bajar la cabeza y empuñar mis manos.

—¿Nunca te has tocado, Hinata?—su tono de voz fluctuó entre la ironía y la ¿ternura?

—No, nunca lo he hecho y realmente me da vergüenza hablar de esto, Naruto. Por favor, demos por terminada la clase de hoy, te lo agradezco, pero...—me silenció con un sonoro ¡chss! que me erizó la piel.

—Tranquila, nena, no tienes de que avergonzarte. No conmigo. Déjame que te guíe, verás que se dará natural.

Es ahora o nunca, ahora o nunca. ¿Masturbarme mientras él me observa? La idea me resulta humillante y excitante al mismo tiempo. ¡Vamos, Hinata! Él es un profesional ¿de qué te avergüenzas? Su trabajo es enseñarte esto. No dije nada pero, lentamente, me senté sobre la cama, cerré mis ojos y me sumí en un silencio que gritaba mi afirmación.

—Abre tus ojos—lo hice—, toma el maletín y saca cinco de los aparatos que hay allí.

Me vi sacando cada artefacto y colocándolos sobre la cama, había unas pequeñas pinzas, varios tipos de vibradores, lubricantes, frascos que no sé qué contenían, unas bolas de metal atadas a una tira, unas esposas felpudas, balas y un pequeño artefacto cuadrado y de color negro que me desconcertó.

—Desata tu camisa... —llevé mis manos dispuesta a soltar el nudo que lo ataba—.¡Espera!, mejor no.

—¿Me la quito o no me la quito?—resoplé frustrada y nerviosa, estos "juguetes" a mi lado me tenían nerviosa.

—Relájate, vamos a ver lo que tienes junto a ti—su voz era la de un profesor amable, cargado de paciencia— ¿Sobre qué sientes más curiosidad?

Le hice caso, suspiré e intenté visualizarme frente a un espejo y tomé uno de los objetos y se lo mostré.

—Ese es un Sqweel, más conocido como un "mil lenguas" —mi cara debería ser un poema porque Naruto soltó una carcajada—, es un estimulador de clítoris, destápalo y verás — ¡joder! no encontraba la tapa—. A un costado,... esto va ser más lento de lo que imaginé—murmuró lo bastante alto para que yo escuchara ¡se le está acabando la paciencia al profesor!

—¡Oye! No tengo por qué saber esto, genio —bufé enojada destapando el pequeño cuadrito negro y unas pequeñas lengüetas de color morado se dejaron ver.

—Enciéndelo —hice lo que me pidió y rápidamente, lengüeta tras lengüeta, empezaron a moverse.

—Parece un ventilador. Raro, pero ventilador—afortunadamente, ignoró mi ridículo comentario.

—¿Recuerdas cuando lamí tu sexo?—tragué saliva e instintivamente apreté un poco mis piernas— Dulzura...

—Sí, lo recuerdo—traté que mi voz no delatase lo nerviosa y excitada que me había dejado el recuerdo de su cabeza metida entre mis piernas.

—Bueno, imagina como esas mil lengüetas, diez para ser exactos, deben sentirse sobre ti. Jodidamente placentero, ¿no? —sentí como todo mi cuerpo se erizaba.

—¿Diez y son como mil?—no pude evitar temblar.

—¡Tranquila linda! toma otro objeto.

Esta vez conocía al objeto, pero quería escuchar su explicación.

—Son pinzas para pezones, están diseñadas para que, al ajustarse a estos, provoquen un pellizco intenso o suave, dependiendo de tus gustos.

—No voy a ponerme eso—las coloqué dentro del maletín nuevamente—, gracias —rió. Tomé uno de los frascos largos.

—Lubricantes... —dijo.

—¡Bingo! Descubriste la Atlántida, genio—bufé. Naruto silbó.

—¡Bingo!—dijo él, imitándome, cuando me vio tomar uno de los vibradores—. Es un vibrador de doble estimulación: vaginal y clitoriana, muy buena elección—rodeé los ojos, ignorando completamente mi sonrojo —. Toma la bala —tomé el pequeño vibrador con control externo—. ¿Crees que necesitas algo más?

—¡No!—negué con la cabeza y con mis manos. Los nervios me asaltaron de golpe.

—Toma esa pequeña bolsa rosa que está en la esquina del maletín, son fundas para dedos. ¡Créeme, me lo agradecerás! —su voz sonó divertida, tomé lo que me pidió.

—Y... ¿ahora?

—Pon la maleta en el suelo—expreso con autoridad, el tono de su voz había pasado de ser divertido a ronco y gutural, había llegado el momento —. Quítate el quimono y recuéstate en el centro de la cama—solté el quimono dejándolo caer por mi cuerpo.

» Te sienta muy bien ese color — su voz bajó dos tonos peligrosamente—. Te ves realmente sexy, tendida con tu negligé, sobre el azul del cubrecama, estoy temiendo no ser capaz de quedarme aquí, solo, cuando se me ocurre que también verías jodidamente linda pegada a mi pared—sus palabras me hicieron estremecer.

—Ya te dije que nunca...

—Recuerda con quien estas Dulzura, yo te guiaré, lo harás como yo te lo sugiera.

—Esa frase está mal hecha, si me dices que "lo tengo que hacer" no cabe la palabra "sugiera" —sí, estaba muy nerviosa y quisquillosa.

Lo escuché sonreír, sabía que estaba riéndose de mí y de mi patético estado nervioso.

—Lo que tú digas, nena, ponte cómoda, olvídate de mí, escucha mi voz como si fuera la tuya propia—me recosté en la cama y cerré mis ojos con más presión de lo necesario. Los nervios me estaban nublando la razón, pero quería hacerlo.

—¿Así?

—Acaricia tu rostro, hazlo suave, sin apuros. Disfruta las sensaciones que despiertas en ti—hacía lo que él me decía—... pasa tus dedos sobre tus labios—instintivamente, mi boca se entreabrió—. Eso es, explora tu boca, labios, lengua...—Todo en ese momento era un ritual erótico para mi novata experiencia—. Sigue la línea de tu cuerpo, roza tu cuello, eso es... así, suave, toca tu oreja, Pasa las yemas de tus dedos por el contorno—un escalofrío me hizo pegar un saltito en mi posición horizontal.

—¡Uy!

—Lo estás haciendo muy bien, sigue así. Acaricia tu clavícula, siente la textura de la tela, hazlo lentamente.

Mi respiración se volvió errática, no sabía si como efecto de su voz lujuriosa o porque realmente mis propias caricias me estaban encendiendo. Respiré pesado y profundo. Un leve cosquilleo sensual apareció en mi cuerpo.

—Naruto...—su nombre se desprendió de mis labios de manera entrecortada; realmente estaba excitada, deseaba tocarme, calmar el calor que comenzó a bajar hacia mis pechos y a concentrarse en mi entrepierna.

—Baja lentamente tus manos hacia tus pechos, Hinata—con manos temblorosas, de eso estaba segura, acaricié mis pechos—. Hazlo suave, como lo hago yo. Mis manos son las tuyas Dulzura. Somos nosotros unidos en tu placer—mi respiración se aceleraba, los ojos cerrados me ayudaban a olvidar la situación y a dejarme llevar por la sensación de mis manos y su voz, tocándome—. Baja tu mano derecha hacia tu vientre, acarícialo con suavidad, siente tu piel, tu calor. ¿Lo sientes?

—Sii—asentí, mientras apretaba mi seno con más fuerza.

—Abre tus piernas y apoya los tacones en el colchón, con fuerza—su voz destilaba sexo y mi cuerpo ansiaba liberarse—. Siente la libertad en tus pechos ¡Tócalos!...—lo hice con confianza, se me estaba dando bien, su voz me ayudaba y mi cuerpo reaccionaba obediente bajo mis manos.

Sus palabras eran fuego, ardían en mi sexo, mi mente expiraba, solo deseaba sentir sus manos—mis manos—, sus dedos apretando mis pechos, ávidamente, acariciando mi piel.

—¡Unmf!—un sonoro gemido se escapó de mis labios.

—Toca tu sexo, Dulzura, acarícialo sobre tus bragas, siénteme allí. Vamos nena, hazlo por mí, para ti—llevé mi mano temblorosa, acaricié la tela y la leve fricción fue gloriosa. Ansiaba sentir, calmar esa necesidad. Apreté mi sexo con confianza e, importándome poco que Naruto me observase, corrí la tela entrando en contacto directo con mi clítoris.

—¡Joder!

—Joder digo yo, debería darte unos azotes por no seguir mis pasos, Hinata —murmuró con voz gutural—¡Pellízcate, dulzura! son mis dedos los que están contigo.

—¡Espera!—estaba ocupada acariciando el pequeño capullo entre mis piernas, siseando al encontrarlo tan sensible después, pellizqué con suavidad y gemí sonoramente cuando un agradable escalofrío recorrió mi cuerpo.

—Eso es, mi nena bonita, ¿te gusta lo que sientes?—no podía contestarle —. Desata tus bragas, quiero ver tu sexo humedecido por tus caricias— ahogué un gemido mientras mi mano libre desataba los lazos—, sigue tocándote así. ¡Mierda, estoy tan duro! Te juro que no sé si soy capaz de solo observar.

—¿Tú estás...? —pregunté, jadeante—. ¿Te estás tocando, Naruto?—saber que él se tocaba viéndome, me hacía sentir sexy y deseada.

—Yo no importo, solo tú. Abre el lubricante y coloca unas gotas en tus dedos—abrí el frasco y coloqué un poco del líquido viscoso en las yemas de mis dedos y jalé la cinta que sostenía el otro lado de mis braguitas de encaje, mi sexo desnudo quedó absolutamente expuesto ante él.

—Toma un cojín y colócalo debajo de tus caderas—lo hice—, te daré una recompensa después. Estás brillando, me fascina ver tu excitación—casi gimió—. Masajea tu montículo con movimientos circulares, ayúdate con la otra mano... Eso es, abre tus pliegues para mí—sentir el ardiente contacto del lubricante acompañado de mis movimientos, me estaba volviendo loca

—. Despacio... —murmuró cuando me vio mover rápidamente mis dedos —ejerce una ligera presión y luego auméntala hasta que te sientas al borde.

La fricción era placentera, pero no llegaba a la culminación, era como si algo me lo impidiera, como si algo me faltara.

—Naruto, quiero llegar—murmuré como pude, me sentía expuesta pero era lo que menos me importaba, los tacones se enterraban en el colchón, el calor en mi intimidad me estaba asfixiando; sentía mi clítoris latir frenéticamente, mi vientre tensionado, pero el orgasmo no llegaba y eso empezaba a frustrarme.

—Tranquila, falta poco, no te desesperes—la voz de Naruto me animó—. Mueve suavemente tus dedos alrededor de tu clítoris por encima del capullo; así bebé, muévelos hacia atrás y adelante rítmicamente con un poco de presión. ¡Te ves gloriosa! no dejes que se cierren tus piernas nena —su voz era un "mil lenguas" en mis oídos.

—Toma un juguete.

—¿Cuál?

—Las fundas para los dedos, no dejes de acariciarte—dictó, pero ¿Cómo demonios lo sacaba de la caja sin dejar de tocarme?

—No puedo hacerlo—refunfuñé.

—Sí puedes, hazlo nena, no me hagas ir—en esos momentos, mi mente gritaba un "ven". Quité las fundas de su empaque con desesperación, ¡necesitaba un orgasmo y lo necesitaba, ya!

—¡Ya está!—me puse una funda color flúor en mi dedo índice y otra en el anular, con la ayuda de mi boca.

—Sí, así. Creo que voy a hacer algo que no había hecho en años, porque si no lo hago, iré hasta ti y me incrustaré tan fuerte en tu sexo que hará que te vengas no una, sino muchas veces de solo sentir como te lleno... y no quiero hacerte daño.

—¡Maldita sea!

—Toca el Ipad —alargué mi mano tocando la pantalla táctil de la tableta. La imagen me hizo gemir: el perfecto miembro de Naruto duro y erguido, brillante en la punta, por el líquido pre seminal y su mano acariciándolo distraídamente.

Ahogué un segundo gemido, pero se me escapó un pequeño ronroneo mientras recolocaba la funda en mi dedo anular. Abrí más mis piernas en una invitación silenciosa.

—Naruto...—susurré quedamente antes que la imagen se fuera—¡No! ¡Naruto!

—Se trata de ti, solo quería que vieras como estoy, darte una ayuda visual Dulzura, no se me está haciendo fácil estar solo de espectador, pero si te sirve de consuelo, me masturbaré viendo como le entregas a tu cuerpo lo que te pide —ahogó un jadeo.

» Sigue frotando el clítoris por el costado, siente como las fundas te ayudan. Así, así... hacia arriba y hacia abajo, a lo largo de la hendidura entre tus piernas—me estaba enloqueciendo—,toca suavemente tu abertura vaginal... ¡Muy bien!, mete el dedo anular—lo hice y gemí sonoramente al sentir los puntitos de la funda estimulándome.

—Mmmmhh...

—Muévelo como si estuvieras revolviendo algo... Oh joder sí, así, más rápido... más profundo.

—¡Umnf! ¡Umf!—pequeños jadeos salían de mi boca, el placer era tan intenso que sentía las pequeñas contracciones en mi vientre.

—No descuides tu clítoris, tócalo con la palma de tu mano.

¡Oh Dios!, cerré los ojos fuertemente ante la sensación de plenitud, faltaba poco lo sentía... cada poro de mi cuerpo anunciaba la llegada de mi orgasmo.

—¡Más fuerte, Hinata!—rugió—. Empuja tus caderas contra tu mano, puedes hacerlo...

—¡Sí! ¡Síii!

—Toma la bala —su voz se escuchaba agitada, Naruto quería liberarse, abrí los ojos y tomé la bala—. Apriétala contra tu clítoris y colócala en la velocidad media—lo hice y mi cuerpo entero vibró ante la sensación —.Mantenla... sigue bombeando y sostén la bala ahí hasta que no puedas soportarla.

—¡Maldición! —el calor, las pulsaciones. Iba a llegar.

Me moví frenéticamente sobre las sábanas. La voz de Naruto se escuchaba como si me arrullase al oído; iba a correrme, estaba segura de eso. Seguí el movimiento de mis dedos, gemí, jadeé ahogadamente, el mundo dejó de existir en el momento en que mi cuerpo convulsionó ante la maravillosa sensación que otorgaba el clímax. Escuché el grito ronco y animal emitido por los altavoces justo en el instante cuando el orgasmo me arrasó dejándome desmadejada sobre la cama.

—Hinata, chica linda, ¡eso fue asombroso! ahora, descansa. Toma una ducha y espérame, necesito comprar algo para poder continuar. La noche apenas comienza, tenemos una lasaña en el horno y muchos juguetes en ese maletín —asentí por mera inercia.

El sonido de la puerta cerrándose me sacó de mi letargo, aún entre la bruma post orgásmica, me fui al baño y dejé que la ducha hiciese su trabajo y cuando salí, me vestí rápidamente, recogí mi cabello en una coleta alta y me encaminé hacia mi departamento.

Mi clase de hoy estaba terminada además, me había dado cuenta de una cosa: Naruto Uzumaki me estaba haciendo sentir cosas que bajo ningún motivo podría permitirme. Había intentado darme placer a mí misma innumerables veces y, sería una completa idiota si me mentía diciéndome que el saber que Naruto me guiaba y observaba no había sido un detonante para que yo llegase al punto máximo.

Conduje a Mickey por las calles de Nueva York, dejando que el viento helado de la madrugada golpease mi rostro, mi cabeza era una maraña de preguntas y mi respuesta tenía que ser una sola: no. No podía estar sintiendo algo más que "interés profesional" por ese hombre.

¡No te mientas, Hinata! Naruto despierta pasión en ti, pasión y mucha lujuria... Sí, eso es y no te hagas la loca.

Llegué a casa y saludé a Jared, arrastrando los pies hasta el ascensor que me llevaba a mi departamento; entré a mi casa encendiendo las luces. Odiaba la oscuridad, las noches de tormenta y muchas otras cosas con las cuales el Sargento Hyûga otorgaba disciplina.

Busqué una lata de Pepsi del refrigerador, quedaba una de la última vez que estuvo Hanabi, hice sonar las vértebras de mi cuello, a pesar de no haber hecho un ejercicio agresivo, me sentía agotada. No te quejes, es un cansancio distinto. Caminé hasta mi habitación.

Encendí mi laptop y me puse a trabajar en mi libro a pesar de que estaba cómoda, tenía tenso el cuello y me dolía ¿no que el sexo relajante? Releí lo que había escrito, mientras me tomaba el refresco y acariciaba mi nuca, me di cuenta que debía escribir de nuevo lo del ciber sexo, lo que había aprendido con Naruto me dio un visión distinta y Tanahi tenía que experimentarlo.

El dolor, la sed y el tiempo se me fueron por arte de magia, traspasar mi experiencia al libro estuvo a punto de darme otro orgasmo. Descanse mi espalda en el cabecero de mi cama pensando en Naruto ¿estaría molesto porque me escapé de la "sala de clases"? Obvio que no, o si no, habría llamado..

Eres su putilla, ¿no? ¡Debería estar aquí! Además, tienes cara de estar necesitando un "S.O.S. Polvo"

Ridículamente, me hablaba a mí misma, como si estuviese frente a un espejo.

¡Já! Me habla una experta. Por lo menos, yo me he ganado unos cuantos orgasmos y, ¡mejor zorra que frígida!

Genial, ahora me voy a volver loca.

¿Sabes qué vocecita de los infiernos? ¡Pinta un bosque y piérdete! o ¡cómprate una palmera e instala tu propia isla en un metro cuadrado! No necesito de tu condenada moral y tus juicios hacia mí.

Me dejé caer en la cama, dispuesta a perderme en el mundo de Morfeo, cuando escuché el sonido del celular con la tonada que tenía asignada a mi maestro personal. Estiré mi brazo hasta alcanzar mi mesa de noche y tomarlo. Sabía quién era, aún así, miré la pantalla y el Naruto que apareció lucía resplandeciente, como si estuviese escrito con luces de neón.

¿El nombre escrito con luces de neón? ¿En la pantalla de tu celular? ¡Otra cursilería más, y te declaro loca!

—¿Se puede saber por qué demonios desapareciste de mi casa?—me increpó enojado. No. Furioso.

Te lo buscaste, "nena".

—Hola para ti también—respondí con voz extremadamente controlada —. Te fuiste, me dejaste sola ¿por qué me iba quedar en una casa extraña?

El que desapareció primero fuiste tú.

Hinata-zen. Soy la roca contra la cual se estrella la ola.

—¡Te di una orden! Y no desaparecí, te dije que salía por un momento y que volvía ¡jamás te abandoné ni te dije que te fueras!—¡maldición! sí que estaba enojado.

—Órdenes sin fundamento, no tengo por qué cumplirlas. No soy tu sumisa, no eres mi amo, punto ocho del decálogo.

La Hinata-zen se estaba poniendo su traje ninja.

—No colmes mi paciencia, Hinata. Soy tu maestro, no he terminado la clase de hoy y cometiste una falta. Punto cinco del mismo maldito decálogo

—¿Punto cinco? ¿Ahora te importa el contrato? Tú, que sistemáticamente has incumplido el acuerdo ¿te atreves a citarlo? ¡Qué caradura!—ahora era yo la enojada—. ¡Fuiste tú quien me abandonó, el que me dejó sola en la casa!—más que enojada con él, de repente, estaba enojada conmigo por no prever una situación de abandono en el decálogo. ¿Qué te pasa, Hinata?

—Escucha bien, Hinata Hyûga. ¡Yo soy el amo del juego! ¡Soy el maestro!... tú, por los restantes dos meses, eres mía, me perteneces, así que ¡Yo decido! y tú, obedeces. Más bien, aplaudes y obedeces, Dulzura—dijo con sarcasmo—. Ahora, deja la estupidez y abre la maldita puerta, tenemos una clase que terminar.

En ese momento, con el tronar de la puerta, mi corazón retumbó y cuando la abrí, me vi sorprendida al verle el rostro desfigurado por la ira, comprendí que este juego podíamos jugarlo los dos.

Soy una alumna rebelde, profesor Naruto y, para su incomodidad, no puede citar a mis padres ni llevarme a suspensión. ¡Já!

—¿Sí? —dije ácida

—¿Crees que puedes jugar conmigo, Hinata Hyûga? —murmuró con la voz cargada de ira, mientras me empujaba hasta dejarme pegada en la pared, lo miré con una indiferencia estudiada—. Lamento desilusionarte Dulzura, en este juego soy el mejor —dijo antes de atacar mis labios fuertemente, empujando mi cuerpo aún más contra la pared, dejando que cada milímetro del suyo se pegara al mío mientras batallaba con la respiración y el ardiente andar de sus suaves labios pegados a los míos, succionando, lamiendo y mordiendo, lenta y salvajemente.

Escuché a mi estúpida voz carcajearse. ¡Cállate tonta! Grité en mi interior, si es que algo de lógica en ese momento tenía.

Besos entrecortados, caricias que quemaban nuestras pieles, la ropa despareciendo de nuestros cuerpos, sus labios en mi cuello, mi clavícula, hasta descender al valle de mis pechos; su erección pegada a mi vientre, el indescriptible placer que me entregaba, sus movimientos pélvicos, cuerpos sudorosos, piel con piel, un solo respirar, jadeos ahogados en la boca del otro.

Mientras sentía como mi espalda raspaba contra la pared, el huracán arremolinándose en mi estómago; su respiración frenética sobre mi cuello, el sonido de nuestras caderas encajándose perfectamente y un clímax arrebatador. Un tsunami de sensaciones placenteras que anulaban mi capacidad de raciocinio y me dejaban a merced de este hombre que volvía mi voluntad añicos.

Y, sentía que estaba bien, que en ese momento era yo. Que en ese momento simple y fugaz, podía escudriñar entre la formación rígida, tirana y carente de manifestaciones de afecto de mi abuelo y encontrar a una mujer emocional que gemía y gritaba de placer salvaje sin ninguna culpa. Aquella que ahora escribía sobre un amor sexual y demoníaco, sabiendo lo que era, esa mujer sin prejuicios, era yo, Hinata Hyûga.

Continuará...