No sé cuánto tiempo nos quedamos así, en el suelo tranquilamente aferrándonos el uno al otro, pero cuando nos levantamos, el sol se había movido hasta estar bajo en el cielo, iniciando su descenso al anochecer. Terry me convenció de dejar mi coche aquí, que regresaríamos por él más adelante. Está preocupado de que yo esté demasiado cansada, demasiado emocional para conducir con seguridad. Por una vez, no discuto con él.

Mientras nos conduce a la cafetería, mantiene una mano en el volante y la otra en mí, mi muslo, mi hombro, o suavemente entrelazada con la mía. Y es un consuelo. Maravilloso. Esperaba este momento, lo quería más de lo que deseaba algo.

Tenerlo aquí, conmigo, amándome, sinceramente nunca pensé que estaríamos juntos así otra vez.

Es como una película. La reunión. La reconciliación. El final feliz.

El único problema es que en la vida real, no hay ninguna canción sonando de fondo. Sin créditos rodando. En la vida real, tienes que lidiar con lo que sucede después de la reunión. Las consecuencias de las cosas que se dijeron, las consecuencias de las cosas que hiciste, que casi lo destruyen todo.

Que todavía podrían.

Es por eso que vemos películas, porque la vida real nunca es tan fácil.

Y esto no quiere decir que no estoy muy feliz de una manera que completamente no puedo describir. A pesar de lo que he dicho antes, hay un cálido confort en las conocedoras palabras de Terry, la stripper, todo esto deriva de un terrible malentendido.

Es la oración de cada persona a la que han comunicado desgarradoras noticias. Su hijo murió en un accidente de coche. Tiene cáncer en fase cuatro. La esperanza está siempre en que el portador esté equivocado. Un problema con la identificación. Un diagnóstico erróneo.

Un error.

Pero, ¿ qué pasa después de los ―errores? ¿Después de haberlo aceptado como verdad, o desperdiciado los ahorros de tu vida porque pensaste que sólo tenías una semana de vida? ¿Qué haces entonces?

Seguir adelante. Reconstruir. Escalas tu camino del fondo con la determinación de que no sólo la vida volverá a la normalidad, sino que será mejor y más dulce.

Porque en retrospectiva es más que 20/20. La perspectiva no sólo cambia cómo ves las cosas, cambia lo que sientes. Y una vez que crees que lo has perdido todo, valoras cada momento infinitamente más.

Nos detenemos en el estacionamiento del restaurante y entramos por la puerta trasera de la cocina, tomados de la mano. Como dos adolescentes que no sólo sobrepasaron su toque de queda, sino que se quedaron fuera de toda la noche, asustando a todo aquel que se preocupa por ellos casi hasta la muerte.

Mi madre se encuentra en el mostrador, picando furiosamente zanahorias crudas con un cuchillo reluciente. No es difícil adivinar que está imaginando que la zanahoria es algo completamente distinto. William se sienta en la mesa al lado de Neal. Anni, al otro lado de él. Su teléfono celular en su oreja.

Cuando ella nos pilla, dice en voz baja—. Están aquí. Te llamaré después —Y termina la llamada.

Mi mamá levanta la cabeza. Golpea el cuchillo hacia abajo y se gira para enfrentarnos. Luego se centra en nuestras manos unidas y fulmina con la mirada a Terry.

—Tienes mucho valor al mostrar tu cara otra vez.

Terry toma un resignado aliento y trata de respondedor—. Bueno…

Mi mamá le corta—. ¡No quiero escucharlo! No puedes hablar —Apunta a mí—. Me doy cuenta que mi hija es una mujer adulta pero, ¿para mí? Ella es mi bebé. Mi único bebé. Y lo que le has hecho pasar es inexcusable.

Él intenta otra vez—. Entiendo…

—¡Te dije que no puedes hablar! No hay nada que puedas decir que haga esto mejor.

—Candy y yo...

—¡Cállate! Cuando pienso en cómo se veía cuando llegó… ¿Por qué crees que sólo puedes entrar en su vida, después de las cosas que le dijiste? ¡Después de lo que hiciste!

Terry mantiene la boca cerrada.

Y mi madre grita—. ¡Bueno, no te quedes ahí! ¡Responde!

Siempre he pensado de mi madre como la calma frente al caos. Racional. Esa imagen está ahora totalmente quemada.

Terry abre su boca, pero no sale nada. En cambio, vuelve sus ojos perplejos a mí. Y salgo al rescate—. Mamá, fue un error horrible. Terry no sabía sobre el bebé.

—¡Dijiste que le habías contado sobre el bebé, y que su reacción fue contratar a una stripper barata!

Y mi novio recién titulado creyó que era una buena idea señalar—. No era barata, créeme.

Entierro las uñas en la palma de su mano para callarlo.

Luego explico a mi mamá—. No, no lo sabía. Pensó que yo estaba hablando de otra cosa. Todo fue un malentendido.

Anni interviene—. Ahora esa es una canción que he escuchado antes. Esa melodía está empezando a ser muy vieja.

Ruedo mis ojos—. Ahora no, Anni.

Mi madre cruza sus brazos y pisotea con su pie—. No puedo tenerlo bajo mi techo, Candice. No es bienvenido aquí.

Y por esa razón nunca debes quejarte con tu familia sobre tu pareja. Ellos no conocen como tú lo haces, seguro como el infierno que no lo aman como tú. Así que nunca, jamás, le perdonaran como tú lo harás.

Aunque puedo ver de dónde viene mi mamá, tengo mucho en mi plato en este momento. Y realmente no está ayudando en esta.

—Si ese es el caso, entonces no me quedaré aquí tampoco.

Mi mamá se ve conmocionada y sus brazos caen a sus lados.

Y Annika dice—. Oye, idiota… —Terry mira en su dirección—. Sí, tú. Esta es la parte donde se supone que dices que no quieres meterte entre Candy y su madre. Que irás a alojarte en un hotel.

Terry resopla—. Supongo que no soy tan caballeroso. Yo me quedo con Candy. Dónde ella vaya, yo voy.

Anni sonríe—. Ay, es como Jack y Rose en Titanic —Levanta la mano—. ¿Quién más está esperando que este idiota termine igual que Jack?

La ignoro y me concentro en mi madre. Cuya voz está implorando—. Ha sido un día emotivo, Candy. Necesitas espacio, distancia, así puedes pensar claramente.

Niego con la cabeza—. No, mamá. He tenido toda la distancia que puedo aguantar. Terry quiere a este bebé. Él me ama. Necesitamos hablar para arreglar las cosas —Miro a Anni—. Sin audiencia, ni participación.

Entonces me giro a mi madre—. Y esto no fue toda culpa suya. Yo he cometido errores también.

Como muchas madres, la mía es renuente a reconocer las fallas de su hija — .¿Eso es lo que te dijo? ¿Qué es tu culpa?

—No, eso yo lo sé. Parte de esto es mi culpa, mamá —Suspiro—. Tal vez sería mejor para todos si Terry y yo vamos a un hotel.

La testarudez es aparentemente hereditaria, porque ella dice entonces—. No. No te quiero en un hotel. Si quieres que se quede, no voy a objetar. Pero no me gusta —Fulmina a Terry—. Mantente lejos de mí, si sabes lo que es bueno para ti.

Entonces escapa fuera de la habitación.

William se levanta—. Debería ir a hablar con ella —Antes de irse, se vuelve a Terry y sostiene su mano—. Me alegro de verte, hijo.

Terry suelta mi mano para sacudir la de William, que se transforma en el abrazo-golpe-en-la-espalda de los hombres—. Es bueno saber que alguien lo hace, William.

William sonríe y sale detrás de mi madre.

A continuación, Neal se levanta frente a nosotros.

Si te fijas bien, puedes ver el pecho de Terry inflarse, como un mono en la selva salvaje, preparándose para luchar hasta la muerte por el último plátano.

—¿Hay algo que desees agregar, Leagen?

Neal mira a Terry. Y entonces lo desestima, volviendo su mirada hacia mí.

—Le dije que estarías en el parque porque sabía que era lo que querías.

Sonrío amablemente—. Lo era. Y agradezco lo que hiciste. Ambos lo hacemos.

Empujo a Terry con mi codo. Él sólo se encoje de hombros, sin comprometerse.

Y Neal dice—. No lo necesitas, Candy. Es así se simple.

—Lo amo, Neal. Es así de simple.

Sostiene mi mirada por otro momento, y sacude la cabeza y levanta sus manos en señal de rendición—. ¿Para el registro? Necesitas dos cubetas de terapia, como ayer. Confía en mí, reconozco algo disfuncional cuando lo veo.

Cabeceo una vez—. Lo mantendremos en mente.

Terry se burla—. Lo que sea.

Annika se levanta junto a Neal y se dirige a Terry—. Voy a disfrutar viendo como intentas salir del tanque séptico lleno de mierda que has cavado para ti mismo. Eso va a ser mejor que cualquier cosa que puedo pensar en hacer —Agrega como un pensamiento posterior—. Y si no lo es… tengo que ser realmente creativa.

No estés demasiado decepcionada por la falta de retribución de Anni. Como la verdadera amiga que es, ella respeta mis decisiones, incluso si no está de acuerdo con ellas. Sabe cuándo retroceder y dejarme encargarme de las cosas.

O… simplemente está comprometiendo su tiempo.

Anni me tira en un abrazo y me dice al oído—. No dejes que joda su salida de ésta. Los orgasmos múltiples son sólo una curita, no una cura.

Suelto una risita—. Gracias, Anni.

Se gira a Neal—. Vamos. Vamos a ver si Amelia puede dejar de hacer el sucio con el Sherriff Mitchell lo suficiente para hacernos algo de cenar.

Neal hace una mueca—. Es muy pronto para bromear sobre eso.

Caminan por la puerta trasera, dejándonos a Terry y a mí por nuestra cuenta.

Dirijo mi mano a su bíceps—. William no es el único que está feliz de verte. En caso de que no lo dijera antes… Estoy muy contenta de que estés aquí.

Terry sonríe con ternura y toca mi mejilla—. Lo sé.

Subimos a mi cuarto y cierro la puerta detrás de mí. Camino alrededor de la cama y me deslizo de mis zapatos, empujándolos. Las sombras se dibujan, y enciendo la lámpara de la mesilla, llenando el cuarto con un cálido y tenue resplandor.

—Puede tomar algún tiempo para que mi madre entienda todo.

Probablemente no será muy agradable contigo mientras tanto.

Terry se sienta en el borde de la cama y se encoje de hombros—. No estoy preocupado por tu madre.

—¿No?

—Ella te ama. Va a caer en línea cuando se dé cuenta de que soy lo que quieres. Que te hago feliz. Lograr eso es mi única preocupación en este momento.

Estamos en silencio durante unos segundos. Me siento en la cama junto a él, metiendo mis pies debajo de mis piernas. Frota sus palmas en sus muslos.

Pensando.

Luego, dice lo que obviamente está en su mente—. Así que… ¿Leagen ha estado aquí todo el tiempo?

Aunque Terry habló con Neal antes de venir a buscarme al parque, creo que su presencia no se registró totalmente hasta ahora.

—Neal vino a casa a visitar a Amelia. Se detuvo en el restaurante unos días después que llegué a casa.

—¿Y los dos han estado… saliendo?

Sé a dónde va con esto. Como un experto abogado, organizando su interrogatorio con un testigo que está esperando que tropiece. Sentando las bases, construyendo a la pregunta que volará el caso abierto.

Bajo la mirada a mi cama, incapaz de encontrarme con sus ojos. Sintiéndome culpable, aunque técnicamente, no debería.

Los hábitos de Terry no son los únicos que no mueren. Como siempre, la dilación es mi amigo.

—¿Esta es una conversación que quieres tener ahora? —pregunto.

Se ríe con dureza—. ¿Para el registro? Esta no es una conversación que quiero tener alguna vez. Pero es mejor sacar toda esta mierda del camino ahora —Agita su cabeza ligeramente—. ¿Qué hiciste, Candy?

Mi cabeza se levanta. Y me siento insultada, a la defensiva, ante su implícita acusación.

—¿Qué hice yo? Tienes muchas bolas al hacerme esa pregunta.

Se encoge de hombros—. Creo que son bastante impresionantes, gracias. Pero mis bolas no son el tema de esta discusión en particular. ¿Te lo follaste?

—¿Te tiraste a la stripper?

—Pregunté primero.

Eso me trae corta. Y probablemente me reiría, si todo esto no fuera tan triste.

En una voz resignada le digo—. No, no follé con Neal.

Terry suelta su aliento contenido. Y su voz se suaviza—. Yo tampoco. Quiero decir… no Warren… No follé con la stripper tampoco.

Me levanto de la cama—. ¿Querías?

Dado el pasado de Terry, en preferencia por la variedad, creo que es una pregunta justa. Como lo veo, esta era su oportunidad para revivir los días cuando la diversidad era su norma.

—Ni siquiera un poco —Desliza un dedo en el cinturón de mis pantalones y me tira hacia sus rodillas abiertas. Sus manos descansan en mis caderas mientras él

me mira—. ¿Recuerdas esa horrible película que me hiciste ver el año pasado? ¿Esa con el tipo de The Office?

Habla de Loco y estúpido amor. Asiento con la cabeza.

Terry continúa—. Y al final, cómo él dijo ―incluso cuando te odié, te amé.

Asiento otra vez.

—Fue así. Nunca fue sobre lo que quería, era lo que pensé que tenía que hacer. Siempre fue todo sobre ti. Estabas en mi cabeza, en mi corazón… aun cuando tú ya no estabas ahí… tú todavía estabas jodidamente allí.

Nunca va a ser un buen momento para decirlo. Mentirle o no decirle, no es una posibilidad.

—Neal y yo nos besamos.

Sus manos agarran mis caderas más apretadamente. Las palabras cuelgan en el aire, como un fuerte hedor.

Cuando no responde, insisto—. No significó nada.

Terry sonríe amargamente—. Claro, no.

—Estaba herida. Y confundida. Fue sólo unos segundos. Y no fue por deseo o atracción. Fue sólo por…confort.

Terry me mueve a un lado y se levanta. Luego empieza a caminar marcadamente. Todos los músculos de su cuerpo están tensos y contraídos—. Te dije que esto pasaría. Todo este tiempo, jodidamente te lo dije. Ese imbécil ha estado esperando la oportunidad para hacer su camino en tus pantalones otra vez.

—No fue así, Terry. Era inocente.

La imagen del lascivo beso de Terry con la stripper golpea la vanguardia de mis pensamientos. Y mi enojo está justo detrás de él—. No fue nada de lo que hiciste. Lo que tuve que observarte hacer.

—¿Y eso se supone que me va a hacer sentir mejor?

—¡No estoy tratando de hacerte sentir mejor! Estoy tratando de explicar lo que pasó. Así podemos dejarlo atrás y seguir adelante. Eso es lo que quieres ¿no?, ¿verdad?

La desesperación en mi voz debió llegar a él, porque se detuvo en su caminar y me miró por varios segundos.

Sus ojos azules mostraban beligerantes sentimientos de indignación y buena comprensión. Con el deseo de entregarse a una furia que no sirve, una furia que Terry debería saber, que no tiene derecho a sentir.

Suelta un respiro y se sienta en la cama—. Sí, eso es lo que quiero.

Sonrío tristemente—. Yo también.

No me mira a mí, sino que mira directamente a la puerta de mi cuarto.

—¿Fue sólo un beso?

—Sí.

—¿Sin segunda base? ¿Sin deslizarse a tercera?

Ruedo mis ojos—. No.

Tensamente asiente—. Bien, bien. Eso iguala las cosas, supongo —Está callado por un momento. Luego dice con firmeza—. No quiero que hables con él otra vez. Jamás.

—Terry…

—Lo quiero decir, Candy. No quiero que llame al apartamento o te envié correos electrónicos. No quiero que se encuentren para un maldito almuerzo o una noche de chicas fuera —Sus ojos queman en los míos cuando declara—. Quiero a Neal Leagen fuera de nuestra vida. Permanentemente.

Cierro los ojos. Porque sabía que esto iba a ocurrir. Y creo que no entiendo cómo se siente Terry. Tal vez tú ni siquiera coincidas con él.

Pero elegir entre Neal y Terry no es una opción. Tal vez sea egoísta, pero los necesito a los dos. Terry es mi amante, el amor de mi vida, el padre de mi hijo. Pero Neal es mi mejor amigo, allí junto a Anni.

—Es mi amigo —Mi expresión es estoica, diciéndole sin palabras que no me rendiré. No en esto, no esta vez.

Aprieta su mandíbula—. ¿Cómo puedes pedirme que haga esto? ¿Cómo jodidamente esperas que lo mire, te vea hablando con él y no destruirlo?

Tomo las manos de Terry en las mías, manteniéndolas oprimidas—. Si tú y yo decidimos no seguir juntos, aun así no estaría con Neal otra vez. Jamás. Y él no querría estar conmigo.

—Y cuando llegué aquí, creía que no querías a este bebé. Y no pensé que podría tenerlo sola. Neal me hizo ver que podía. Y lo más importante, me ayudó a darme cuenta que yo lo quería.

Terry se da la vuelta.

Ahueco su rostro en mis manos y lo atraigo de vuelta a mí—. Si Neal no hubiera estado aquí para mí, existe la posibilidad de que hubiera abortado antes que vinieras. Piensa en eso. Piensa en lo que habríamos perdido, Terry. Y que nunca habría podido perdonarme a mí misma, o a ti. Le debo eso. Le debemos eso.

Cierra los ojos firmemente. En realidad no espero que concuerde conmigo. Es una pastilla difícil de tragar para cualquier hombre, especialmente un hombre como Terry. Pero él escucha. Y sólo puedo esperar que piense en lo que he dicho y se dé cuenta que mi vida, nuestra vida, es mejor con un amigo como Neal en ella.

El hecho de que no esté activamente en desacuerdo conmigo es suficiente por ahora.

Frota sus ojos fatigosamente con las palmas de sus manos. Cuando caen, me hace una pregunta. Y hay curiosidad rebozando cada sílaba—. ¿Por qué no me dijiste, Candy? Cuando primero creíste que podrías estar embarazada. ¿Por qué no dijiste nada?

Es algo que te has estado preguntando, ¿verdad? Nada de esto hubiera ocurrido si yo no hubiera mantenido mis sospechas para mí misma.

Si Woody hubiese ido directamente a la policía…

—Estaba aturdida. Asustada. No sabía cómo me sentía sobre la posibilidad de estar embarazada y… No sabía cómo te sentirías con ello. Necesitaba tiempo para procesarlo. Aceptarlo para finalmente estar entusiasmada al respecto. Y lo estaba. Después de mi cita con Bobbie, estaba feliz. Iba a decirte… pero… era demasiado tarde.

Terry me dijo—. Intenté tan duro no saltar a conclusiones. Otra vez. Cuando vi el nombre de un tipo en tu calendario y luego me mentiste sobre a dónde ibas…Estaba realmente enojado. Pero entonces me calmé y pensé que tal vez era una cosa buena. Tal vez ibas a comprarme algo, o planear una sorpresa.

—¿Y en lugar de preguntarme, o esperar a ver cuál era la sorpresa, me seguiste?

—No podía sólo permanecer allí. Tenía que hacer algo. Y luego te vi, en el estacionamiento, pareciendo feliz al ver a ese hijo de puta. Nunca pensé que me engañarías. No quería creerlo, pero ahí estaba delante de mí.

—Mi abuela solía decir "No creas nada que oigas y sólo la mitad de lo que ves".

Terry resopla—. Era una jodida genio.

Estoy dispuesta a aceptar el papel de la situación, pero no tengo un complejo de mártir. Así que le pregunto—. Si creías que te estaba engañando, ¿por qué no pudiste reaccionar como un chico normal? Golpear una pared o emborracharte. ¿Por qué tienes que inventar estos planes diabólicos, como un súper villano de Batman?

Niega con la cabeza y toca mi cabello—. Cuando pensé en lo que vi… fue una pesadilla. Fue un infierno. Nada que Dios o Satanás podrían soñar con hacer se acercaba a una sensación tan horrible como esa.

—Me identifico.

—Y sólo quería que se fuera. El maldito y aplastante dolor. Incluso por un rato. Después compré la botella de Jack, fui al club de caballeros donde los muchachos y yo solíamos ir en los viejos tiempos. Ella sólo estaba… ahí. Y ya sabes lo que dicen, la mejor manera de superar a alguien es estar encima de alguien más.

—Nadie ha dicho eso, Terry.

—Bueno, deberían hacerlo. De todos modos, tenía la idea que si me veías con otra persona, te darías cuenta de lo que te estabas perdiendo. Y entonces podrías parar… y volver a mí. Suplicando clemencia. Mi perdón. Lo tenía todo planeado.

Secamente, respondo—. Sí, eso funcionó muy bien.

—Dije que era un plan, no dije que era un buen plan —Se vuelve sombrío—.Cuando te fuiste… me puse un poco loco. No podía creer… que no me eligieras —Y suena tan roto, tan diferente del hombre con el que he vivido dos años.

Cargada de culpa y pena, lágrimas caen de mis ojos—. Lo siento.

Terry me tira en sus brazos. Descansa sus labios contra mi cuello mientras profesa—. Lo siento, Candy —Luego retrocede y limpia mis mejillas—. Por favor, no llores. No quiero hacerte llorar nunca más.

Aspiro y froto la humedad de mis ojos—. La primera noche, después de la cena en casa de tus padres, ¿qué dirías si te lo hubiera dicho entonces?

Una pequeña sonrisa levanta sus labios cuando imagina el maravilloso qué pasaría si—. Hubiera ido a la farmacia, sin importar qué hora era y habría comprado una de esas pruebas de embarazo caseras. ¡O diez! Y me habría sentado en la mesa contigo mientras que tomabas un galón de agua así podríamos usar cada uno.

Suelto una risa llorosa porque eso suena bien.

—Y cuando todos ellos hubieran dado positivo, los habría alineado y tomado una foto con mi teléfono, así podríamos enviarle un texto a tu mamá y a mis padres, a Archie y Karen. Y luego te hubiera recogido en mis brazos y llevado a la habitación, y hubiese pasado las próximas horas agotándonos. Pero hubiera sido lento, suave, porque probablemente habría estado preocupado por hacerte daño. Y luego, después, cuando estuviéramos yaciendo ahí... te habría dicho que no puedo esperar por los próximos nueve meses —Sus bellos ojos azules brillan con ternura y pasión—. Porque sólo sé qué haremos la mejor clase de bebés.

Con una carcajada, aparto su oscuro cabello de su frente. Luego me inclino hacia adelante y sello su dulce sueño con un beso.

Y pregunta—. Si hubiera estado solo en la casa esa noche, ¿qué dirías? ¿Cómo me lo habrías dicho?

Mis ojos se llenan de lágrimas otra vez, y me levanto de la cama y tomo la pequeña camisa de bebé de mi cajón en la cómoda. La sostengo a mi espalda cuando me muevo para enfrentarme a Terry.

Suavemente, digo—. Te habría sentado y contado que cuando empecé a trabajar en la firma, no esperaba encontrarme con alguien como tú. Y que no esperaba caer enamorada de ti. Realmente no esperaba que me amaras del mismo modo. Y entonces habría dicho que las mejores cosas en la vida son las que nunca he esperado. Y entonces te hubiera dado esto.

Coloco la camisa en sus manos. Él la desenrolla lentamente, y cuando lee las palabras, sus labios se curvan en una sonrisa eufórica y orgullosa. Su voz es áspera con emoción cuando dice—. Esto es muy, muy bueno.

Pone la camiseta a un lado. Entonces jala las sábanas de la cama. Se aferra al dobladillo de mi camisa y la levanta sobre mi cabeza.

Desvistiéndome, desnudándome para él. Sigue con mis jeans, y me quedo de pie ante él en ropa interior y sujetador de encaje color beige. Desabotono su camisa lentamente. Mis manos tocando sus hombros y pecho, reconociendo el cuerpo que tanto extrañaba.

Pero no hay nada sexual en esto. Cuando Terry está solo en boxers, apaga la lámpara y nos metemos debajo de las sábanas. Estoy esperando con ansias un buen y profundo sueño. Finalmente. Veo el mismo cansancio en Terry.

El agotamiento emocional puede drenar más que cualquiera de esos locos programas de entrenamiento de sesenta días.

Terry se encuentra en su espalda, mi cabeza reclina contra su pecho. Besa la parte superior de mi cabeza mientras alisa el pelo en mi espalda.

Mi voz es pequeña cuando pregunto—. ¿Todavía crees que soy perfecta?

—¿Qué quieres decir? —pregunta con voz soñolienta.

Levanto mi cabeza para mirarlo—. Lo dices todo el tiempo. Cuando estamos en el trabajo, cuando hacemos el amor, a veces no sé si te das cuenta. Me dices que soy perfecta. Después de todo, ¿todavía lo crees?

Sé que estoy lejos de ser perfecta. Nadie lo es. Pero no estoy interesado en la realidad, sólo quiero saber si ha cambiado su opinión sobre mí. Si en sus ojos, yo soy menos de lo que era.

Toca mi cara, trazando mis labios con su dedo pulgar—. Todavía creo que eres perfecta para mí. Nada va a cambiar eso.

Sonrío y me recuesto. Entonces, con nuestras extremidades entrelazadas, nos quedamos dormidos.