Ginny estaba recostada contra el sillón cuando Daphne la encontró. Le pareció extraño que no estuviera haciendo nada, la pelirroja no era conocida por quedarse tranquila reflexionando sobre la vida.

—Hola pequeña —saludó, quitándose la capa y colgándola.

—Ey —respondió con desgano, apenas levantando la mirada.

—¿Cómo estás? —se sentó en la mesa baja frente a ella.

Ginny se encogió de hombros.

—Ey, ¿qué pasa?

—Me di cuenta de que Mione no va a poder venir a la fiesta, porque aún está escondida.

—¿No lo habías pensado antes? —se sorprendió.

—Supongo que no. Ya no quiero hacerlo —cruzó sus brazos por encima de su pecho.

Daphne disimuló una sonrisa y movió las piernas de la chica para que le dejara un lugar en el sillón.

—Así que si Hermione no viene, cancelamos la fiesta ¿Mm?

—Ahá.

—¿Y si mejor buscamos una solución?

Ginny le dedicó la primera mirada interesada.

—¿Cuál?

—Bueno, no sé, imagino que podría usar la poción multijugos. La usó en su segundo año, no veo por qué no lo haría ahora —terminó con voz ligeramente burlona.

La jugadora saltó de su asiento.

—¡¿Cómo no se me había ocurrido?! ¿Te dije que sos increíble? —se acercó con energías renovadas, sentándose a horcajadas de la rubia y llenando su cara de pequeños besos.

Daphne reía cuando escucharon el ruido de la red flu activada. Hermione y Pansy salieron de la chimenea limpiándose el hollín.

—¿Cuánto hace que no mandas a limpiar tu red flu, querida? —saludó Pansy.

—¿Interrumpimos? —preguntó Hermione, viendo la cercana posición que mantenían las dos brujas.

—Acá tu amiga quería cancelar la fiesta si vos no podías asistir.

—¿Por qué no asistiría? —se extrañó, enviándole una mirada a Ginny— Pensaba usar multijugos.

La pelirroja se levantó del regazo de Daphne y caminó hasta abrazar a su amiga.

—¡Por supuesto que lo pensaste! ¿Qué haría yo sin ustedes dos?

—Qué bueno que valores tanto mi presencia —se burló Pansy, esquivando a las chicas y yendo a sentarse con Daphne.

—Tenés que contarme cómo fue tu salida con Pansy —susurró en su oído Hermione, aún en el abrazo de Ginny.

—Oh, bueno, no nos matamos. Es un avance. Creo que vos tenés más cosas que contarme a mí —se alejó para mirarla con una ceja enarcada.

—¿Si? —sonrío— Deberíamos tener una pijamada o algo así. ¿Noche de pizza y películas?

—¡Todavía no tengo televisor! A este paso voy a tener que comprarla yo.

—Te escuché, Ginevra —se metió Daphne.

—Es la idea, necesito un cuarto para la play y el televisor. ¿Cómo haremos eso?

—¿No pensas mudarte nunca? —interrumpió Pansy.

—¿Me lo decís a mi o a Hermione? Porque hasta donde tengo entendido, ustedes siguen viviendo juntas.

—¿Se pueden comportar? —interrumpió Daphne— Hay una habitación vacía arriba, podrías adecuarla para tus necesidades.

—¿Estás segura de lo que estás haciendo, Daph? —preguntó con sorna Pansy.

—Es su casa también —le envió un guiño a Ginny para apaciguar los ánimos.

—¿Cómo vienen para mañana? ¿Necesitan ayuda? —cambió radicalmente de tema Hermione.

— Sí, pero ¿les parece si hacemos unos tragos y algo para picar? —ofreció Daphne.

—Te ayudo —secundó Hermione y se perdieron en la cocina.

Ginny le envió una mirada curiosa a Pansy, que estaba sentada observando su manicura. Puso los ojos en blanco antes de acercarse y sentarse en la mesa frente al sillón.

—¿Qué te pasa, idiota?

—¿Perdón? ¿Tengo cara de atención al público? —la miró por un segundo.

Ginny enarcó una ceja en su dirección.

—Parkinson, no tengo la paciencia de Hermione. Y siempre puedo hechizarte —se encogió de hombros, como si realmente estuviera meditandolo.

—¿Desde cuándo somos amigas?

—No necesito ser tu amiga para preguntarte qué te pasa.

—Mejor —se cruzó de brazos, mirando más allá de la pelirroja.

—¿Te peleaste con Mione? —probó.

—¿Qué? No —frunció su ceño.

—¿Problemas en el trabajo?

—¿Siempre sos tan pesada? —negó con la cabeza— Dejá, ya sé la respuesta.

—Sería mucho más fácil si me hubieras dicho qué te pasa la primera vez que te pregunté, pero bueno, slytherins, no lo entenderías.

Pansy le dedicó una mirada fría y se quedaron un rato en silencio. Llegaban hasta ellas las voces de las otras dos chicas y los ruidos típicos de estar preparando algo.

—Quiero mudarme —habló de mala gana—. Es decir, no me molesta vivir con mi familia pero ahora está Hermione.

—¿Y cuál es el problema?

Pansy se encogió de hombros.

—No sé si queremos vivir juntas. Sólo nosotras dos. Suena demasiado.

Ginny tamborileó dos de sus dedos en su mentón, pensando.

—¿Por qué no se mudan separadas?

—¿Con qué dinero se mudaría Hermione? —remarcó lo obvio.

—¿Hablaste esto con ella?

—No, estaba intentando buscar una solución en mi cabeza primero.

—Yo quisiera vivir con Hermione —admitió Ginny.

—Obvio que sí —puso los ojos en blanco.

—¿Por qué obvio? —entrecerró sus ojos.

—No puedo explicarte todo, Weasley. Vas a tener que espabilar algún día.

—Entonces ¿querés vivir sola? —se enfocó en el problema.

Pansy ladeó su cabeza, pensando.

—Creo que no, o sí, no sé. Me gustaría tener mi espacio, es muy importante mi individualidad ¿sabés?

—Si, te entiendo, yo estoy acostumbrada por vivir con una familia numerosa. Pero ahora me gusta tener un cuarto amplio y tiempo para mi misma sin que me interrumpan.

—Yo siempre estuve sola entonces es raro compartir tanto. No me disgusta, pero sólo ella y yo siento que sería demasiado.

—Deberías charlarlo, quizás ella tampoco desea vivir sólo con vos. De todas formas, yo pensaba decirle de vivir juntas.

—¿Y Daphne? —consultó.

—Mm, no lo sé. Quizás podríamos vivir las tres juntas. Quiero decir, incluso podríamos vivir las cuatro juntas.

Pansy la miró como si le hubiera salido una segunda cabeza.

—¿Estás loca?

—¿No crees que funcionaría?

—No sé, quizás. ¿Lo hablaste con Daph?

—¿Qué cosa tiene que hablar conmigo? —las chicas habían vuelto con las manos ocupadas trayendo vasos y platos.

Ginny le dedicó una mirada a Pansy para que se hiciera cargo.

—Quiere saber cuánto alcohol comprar para mañana.

—Ah, no te preocupes, yo me encargo de eso. Estábamos charlando con Hermione que ustedes podrían encargarse de la decoración.

—Por mi está bien.


Ginny se sentía agotada entre el mar de gente. Aprovechó que se encontraba sola por primera vez en el día y se acomodó en una banqueta en la barra. Con una cerveza en la mano, observó distraída la gente charlando, bailando, yendo y viniendo entre la arena y el patio abierto de la casa. Habían hecho un buen trabajo, no podía negarlo. Las cuatro brujas funcionaban extrañamente bien juntas. Estaban en ese horario en que atardecía y la imagen era paralizantemente hermosa. Todas sus compañeras de Las Arpías estaban ahí, se sentía contenta por eso. Eran unas chicas relajadas y divertidas y la estaban haciendo sentir incluída, incluso Jones. Ni siquiera podía creer todavía estar en el mismo espacio que ella, la jugadora a la que admiró tantos años.

—Hola pequeña —se acercó Daphne, que hoy llevaba un vestido azul con una grácil caída que la hacía ver como un hada.

—Hola bonita —acarició la mano que la chica puso sobre su muslo— ¿Cómo la estás pasando?

—Bien, ¿te conté que invité a una periodista amiga? Se me ocurrió que podría sacar algunas fotos y estoy planeando tu primer nota con ella. Trabaja en una revista de-

—Wow, wow —la miró Ginny con los ojos muy abiertos—, más despacio. ¿Por qué no me dijiste que estabas trabajando en la fiesta?

—Pero eso era obvio —le dedicó una mirada confundida—, soy tu manager ¿te acordas?

—Sí, claro, sólo que pensé que esta era una fiesta para disfrutar no para conseguir cosas. De hecho, ¿no hay demasiada gente?

—Mm, sí, hice algunas invitaciones más. Miralo como las dos situaciones sucediendo a la vez, es placer y trabajo —apretó su mano con afecto, tratando de cambiar el ceño fruncido que veía en Ginny—. Quiero que tu imagen crezca, te quiero destacar.

—Yo no te pedí nada de eso, sólo quiero jugar —alejó su mano y dio un trago largo de cerveza.

—Está bien, tendría que haberte consultado. Te pido perdón por eso, pero creeme que sé manejar negocios. Necesitamos hacer crecer tu imagen. ¿No querés ser para otras chicas como Jones era para vos? Una referencia a seguir. Que sepan que siendo mujeres también pueden destacar.

La pelirroja meditó lo que estaba escuchando.

—No sé, no busco ser un ejemplo para nadie, la verdad. No creo serlo tampoco.

—Nadie te pide que seas un ejemplo, sólo tenés que ser vos. Creeme, eso ya es un montón.

—Okey, podemos seguir esta charla después. ¿Querés presentarme a la periodista?

Daphne asintió y desapareció por unos minutos. Cuando volvió, charlaba con una mujer de unos treinta años. Pelo rizado y mirada aguda.

—Señorita Weasley, te presento a Verna, una de las mejores periodistas del mundo deportivo.

—Bueno, esa presentación es un poco exagerada. Un gusto Ginevra —le dio su mano y la pelirroja la estrechó.

—Creeme, Daphne no es conocida por regalar halagos. Si lo dice, lo debes merecer.

—Lo sé, pero aún así —le guiñó un ojo—. Así que acabas de terminar tu primera semana entrenando con Las Arpías ¿verdad?

Directo al músculo pensó Ginny, sonriendo.

—Sí, una semana intensa dejame decirte. Pero estoy feliz.

—Me imagino, según tengo entendido jugabas en el equipo del colegio pero luego estuviste un tiempo sin actividad física.

—Si, fui capitana del equipo de Gryffindor. El nivel que maneja Hogwarts es uno de los mejores a nivel estudiantil, pero fue un salto pasar a ligas mayores. Claro que estuve entrenando mucho antes de la prueba, no habría llegado a estar a la altura de otra manera.

—Me comentaron que fuiste muy osada en tu prueba ¿consideras que esa es una palabra que describe tu modo de juego?

Ginny se rió y tomó un sorbo de cerveza antes de responder, ante los ojos divertidos pero profesionales de Verna. Daphne observaba el intercambio tomando de su copa.

—Qué pregunta complicada, tendríamos que preguntarle a Jones.

—¿Qué me tienen que preguntar? —las sorprendió la entrenadora, que acababa de llegar a la barra para pedir un trago.

—¡Gwen! ¿Cómo estás? —saludó Verna con entusiasmo.

—¡Ey, Verna! Hacía tiempo que no nos cruzabamos, ¿abandonaste a Las Arpías? —preguntó juguetona.

—Jamás, sabés que mi corazón está allá donde haya mujeres valientes. Me cambiaron de sección por un tiempo largo pero ya volví. De hecho, estábamos charlando con Ginevra, vamos a hacer una entrevista antes del primer partido. ¿Te interesaría participar?

—¡Sí, claro! Estamos muy orgullosas de tener a Weasley en nuestro equipo. La dirigencia está ansiosa de ver el primer partido.

—¿Crees que se viene una nueva etapa para Las Arpías? No les estuvo yendo particularmente bien.

—Sin duda, aparte de Weasley que es un fichaje clave, tenemos nueva golpeadora y cazadora. Hay una química en el juego que no se veía hace tiempo.

Ginny sentía que sus mejillas ardían.

—Qué así sea, tengo ganas de volver a verlas brillar. ¿Después les envío lechuzas para coordinar día y horario? —consultó con las tres.

—Por supuesto, estaré esperando —sonrió Jones.

—Somos dos —acotó la pelirroja.

—¡Qué bueno conocerte, Ginevra! —le dio una sonrisa sincera antes de mirar a la rubia— ¿Daphne me dirías dónde está el baño?

—Te acompaño —ofreció y se perdieron entre la gente.

Gwen se giró y pidió su copa, consiguiendola al instante.

—Lo siento por eso.

—¿Por qué? —Jones la miró confundida.

—Esto de la entrevista, si te viste obligada o algo —explicó torpemente, moviendo su mano en el vacío.

—No, para nada, quedate tranquila —se sentó junto a ella—, estoy acostumbrada a decir verdad. Cuando voy a un evento sé que puede salir trabajo y me mentalizo desde antes. Es parte de todo esto ¿sabes?

— ¿Si? Yo creí que sólo era jugar —se encogió de hombros.

—Bueno, debería serlo ¿no? Pero para poder jugar necesitamos que nos paguen por eso. La publicidad paga nuestros sueldos. Tu imagen a partir de ahora es pública, bienvenida —ofreció su copa para brindar.

Ginny sonrió un poco contrariada y chocó su botella, ambas tomaron de sus respectivas bebidas observando el atardecer.

—¡Pero si es mi jugadora favorita! —llegó hasta ellas Astoria, tirando a la pelirroja en un abrazo— ¿Cómo estás, tanto tiempo?

—Hola Tori, bien ¿y vos? —le devolvió el abrazo— ¿Conoces a Gwenog Jones?

Astoria cambió su mirada a la entrenadora, con una sonrisa coqueta.

—No tengo el placer —deslizó su lengua por su labio inferior—. Astoria Greengrass, un gusto —le tendió la mano.

—El gusto es mío —tomó su mano con delicadeza y le dejó un beso sobre los nudillos.

Ginny observó el intercambio como si estuviera viendo una película.

—¿Jugas con Ginny?

—Soy la entrenadora, de hecho —le dio una sonrisa ladeada.

—¡Qué sexy! ¿Puedo ir a ver algún entrenamiento?

Jones se rió pero le envió un guiño con su respuesta:

—Cuando quieras.

La pelirroja nunca dejaba de sorprenderse por lo diferentes que eran las hermanas Greengrass. Donde una era controlada, la otra arriesgada y relajada. Se imaginó a sí misma con Astoria y decidió que serían un peligro las dos juntas. Después se acordó de Draco y entonces se preguntó si todo el mundo mágico ahora tenía relaciones abiertas. ¿Acaso estaba tan pasada de moda la monogamia? ¡Si hasta Hermione! ¿Qué pensaría Daphne de eso? Nunca habían hablado demasiado de su vínculo. De hecho, ¿estaban en un vínculo? ¿Había reglas?

—¿Estás bien, Weasley? —llamó Jones a su lado.

La jugadora salió de su mente para encontrarse con las miradas extrañadas de las dos chicas.

—Sí, perdón, me distraje. Voy a dar una vuelta —se despidió, no sin antes cambiar su botella vacía por una cerveza fresca.

—Hola hermosa —se encontró acorralada por unos brazos de tez trigueña.

—Eh ¿te conozco? —intentó librarse.

—No, pero podrías —susurró la chica en su oído, deslizando los brazos por su cuerpo para soltarla.

Ginny tragó en seco. ¿De dónde había salido esta persona?

La risa la desconcertó.

—¡Tu cara, por favor! —apoyó sus manos en su cadera, seria de nuevo— Ginevra Weasley, te prohibo que no me reconozcas, aún en otro cuerpo.

—Imposible no reconocer ese tono, aún sin que sea tu voz —se burló ahora relajada—. ¿De quién elegiste el cuerpo? Bastante lindo eh —halagó, mirando de arriba abajo.

—¿Te gusta? —le guiñó un ojo y dio un pequeño giro sobre su eje, ondeando la falda que llevaba— Una chica de una cafetería muggle —se encogió de hombros.

—Buena elección, ¿estás disfrutando?

—Sí, tus compañeras son geniales y Daphne me estuvo poniendo al corriente de algunas personas importantes.

Ginny puso los ojos en blanco.

—Ni me lo digas, me hizo trabajar —se quejó—. Y lo sigue haciendo, mirala —la señaló a lo lejos, donde conversaba con managers de otras jugadoras.

—¿Te molesta? —preguntó con cuidado— Yo la entiendo, ella disfruta hacer eso, contactos, negocios. Y es buena en lo que hace. Su cabeza todo el tiempo está trazando estrategias.

—¿Cuándo se hicieron tan amigas? —se sorprendió.

—Nos estuvimos juntando, bebé. Ya sabés. ¿Mañana tenemos nuestra pijamada, no?

—Más te vale, mañana sos mía decile a Parkinson.

—¿Así que tuya? —sonrió coqueta, enredando sus brazos en el cuello de la pelirroja.

La chica se sonrojó pero se permitió deslizar la mano libre por la cadera de Hermione. O mejor dicho, la chica de la cafetería.

—¡Mione! —se quejó— Es raro abrazar un cuerpo desconocido, ¿sabés? Muy linda esta camarera pero extraño tus rizos.

—Sos adorable, Ginevra Weasley —dejó un beso en su mejilla antes de alejarse.