Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 17 – Objetivo cumplido.

La marca tenebrosa le trajo de cabeza durante las primeras semanas. El dolor era insoportable y no solo este, sino las pesadillas que le acompañaban. Se despertaba cada noche cubierto en sudor. La última vez que le había ocurrido algo así, fue cuando de niño soñaba que su madre le encerraba en Grimmauld Place y nunca nadie sabía más de él. Aquello le provocó tener un humor de perros, nunca mejor dicho, no podía pensar con claridad y eso se traducía en pagar sus neuras con la persona que tenía mas cerca, Bellatrix. Desde que recibió la marca se habían peleado y llamado de todo, parecía que volvían a estar en la rutina que habían fraguado desde adolescentes. Pensó en aceptar la propuesta, o más bien la orden de su madre, e irse a Grimmauld Place, pero todo su plan se basaba en Bellatrix por lo que no podía dejarla. Había conseguido darle largas a Walburga, que aunque ahora la amenazase con llevarla ante el mismo Voldemort para que la cruciase, ella no se daba por vencida de tener al patriarca en el lugar que le correspondía. Cuando el dolor comenzó a ser menos intenso, era cierto que le dolía pero era capaz de ignorarlo, Dolohov le contó la realidad de la marca, "es una prueba", Voldemort te infringía dolor a través de ella para comprobar si eras acto, mejor dicho, si te domesticaba y le continuabas obedeciendo aunque te torturase.

Dolohov se había convertido en una persona en la que podía confiar, obvio que no del todo, pero entre ambos se había creado una relación de respeto. Rosier había demostrado que la envidia le corroía por lo que fue el otro mortifago el que acabó siendo su mayor apoyo en las misiones. Porque sí, desde el día que recibió la marca, las misiones comenzaron a llegar una detrás de otra. Aquello a Bellatrix no le gustó, porque por mucho que esta le preguntase o le suplicase para que la llevase con él, no podía. Es que ni si quiera le estaba permitido decírselo. La marca tenebrosa tenía una especie de hechizo semejante al fidelio, pero mucho mas sofisticado, y aunque quisiera, no podía decirle nada. Ahora entendía el comportamiento de Rodolphus, le estaba ocurriendo lo mismo.

Sus misiones le distrajeron mucho de su otra misión. Bellatrix tenía que ser siempre su prioridad y lo había olvidado, por lo que tenía que volver a fortalecer esa relación. La guerra estaba más que a la vuelta de la esquina y quería acabar con todo antes de que comenzase.

La pascua mágica era un momento muy especial y para las mujeres sangre limpia aún más. Era la primera fiesta del año y hasta el solsticio de verano no iban a tener oportunidad de reunirse para presumir, por lo que Bellatrix se encontraba en el suelo del salón rodeada de cientos de pergaminos con diferentes opciones de decoración. Como era de esperar, ese enfado de su madre y de su tía no duró mucho y en cuanto pasó su investidura como patriarca se aparecieron en la mansión Lestrange con una cesta de pociones venenosas a modo de disculpa y comentadole que su deber como mujer sangre limpia era formar parte de sus reuniones. Él, cómo un tonto, le dijo que tenían razón, porque que, que Bellatrix incrementase el odio por su familia la podría alejar de sus ideales. Aquel día se llevó un cruciatus. Sacudió su cabeza y entró al salón. Bellatrix no se inmuto con su presencia y movía los pergaminos de un lado para otro.

–Colores pastel. –Tomó uno de los pergaminos. –Demasiado claros para nuestra familia ¿no crees? –Quería hablar con ella aunque fuese de una estupidez. Bellatrix le miró intensamente unos segundos y volvió a fijar la vista en sus pergaminos. –Al menos con las flores nos nos intoxicaremos con el hedor que desprenden tus tíos Rosier. –Bromeó, pero lo decía con toda la razón, los tíos maternos de Bellatrix tenían un problema con la higiene personal.

Suspiró pesadamente al ver el comportamiento de la mujer continuaba igual. Podría hablarle de las misiones, con eso seguro que tendría su atención, pero ese estúpido hechizo no se lo permitía. Además debía de tenerla alejada de todo aquello. Pero estaba tan desesperado porque le diese un mínimo signo de respuesta que fue directo.

–¡¿Qué es lo que por Merlín te pasa?!

Observó como la mujer apretaba los dientes y tiraba al fuego los pergaminos. Se levantó con cierta rapidez y le encaró.

–¡¿Qué que me pasa?! ¡¿Osas preguntarme que me pasa?! –Dudo en responder, pero dejó que ella hablase. Ya había metido bastante la pezuña. –¡Lo que me pasa es que estoy harta! ¡Estoy harta de todos! –Apretaba la mandíbula con ira. –Estoy harta de perder el tiempo en estas tonterías. –Señaló a las muestras para la fiesta. –Estoy harta de una familia tan insoportable como la nuestra. –En eso estaba de acuerdo. –Estoy harta de tener que aguantar las humillaciones de un marido que no es capaz de superar una misión. –Se quitó el anillo de casada, que a pesar de todo, portaba con orgullo. –Estoy harta de tí, porque has demostrado ser igual que el resto. –Eso le había ofendido. Parecerse a todos aquellos fanáticos era su mayor miedo. –¡Es que estoy harta hasta del Señor Oscuro! –Se quedó callada del golpe por la frase que había soltado. Negó varias veces. –¿Sabes? Ya me da igual. No quiero formar más parte de esto. –Se dio la vuelta y salió del salón.

Tardó un segundo en darse cuenta en lo que acababa de ocurrir. Aquello es lo que había estado intentando lograr con su plan, y por fin había dado sus frutos. Ese era el momento que estaba buscando, el momento que Bellatrix renegase de todos.

Salió detrás de ella.

–¡Bellatrix! –La llamó. Estaba subiendo las escaleras. –Espera. –Intentó detenerla. –Tienes razón.

La mujer se detuvo y se giró hacia él.

–¿Tengo razón? –Comenzó a reírse. –Siempre dices eso, y después eres el que te cubres de gloria mientras que yo soy la que acaba humillada. –Tras la risa notaba que estaba dolida.

Comenzó acercarse a ella con cuidado. No se podía olvidar de la varita que apretaba con ansia.

–Bella… Es que tenias y tienes razón. –Se tomó un tiempo antes de seguir al ver que tenía la atención de la mujer. –Yo tampoco quiero formar más parte de esto.

–¿Por qué? –Pregunto confusa. –Tienes el mando de la familia con más influencia del mundo mágico, te encuentras entre los favoritos del Señor Oscuro, eres libre para tomar tus propias decisiones…

Negó, nada de eso era lo que quería.

–Quiero dejar todo ese mundo atrás. ¿Por qué no lo hacemos juntos? –Creía que Bellatrix estaba en el momento ideal para proponerle el objetivo de su plan. –Juntos podremos ser más influyentes que cualquiera familia mágica. No tendrás que aguantar más a un fracasado como Lestrange, y créeme, yo jamas te traicionaré.

Bellatrix había comenzado a bajar los escalones y cada vez estaba más cerca. En su cara ya no ser observaba la ira, sino que adquirió un semblante que nunca antes había visto. Fuera lo que fuese indicaba que estaba de acuerdo con sus palabras. Cuando estuvo lo suficiente cerca, una tímida sonrisa comenzó a sobresalirse, pero antes de que pudiera completarla frunció el ceño.

–Pero, ¿qué ocurre con el Señor Oscuro? Su misión para el mundo mágico es muy importante.

Cuando le nombró, la marca tenebrosa comenzó a dolerle.

–¿Por qué debemos de seguirle? ¿Por qué no mejoramos nosotros mismos el mundo mágico? –Puede que Bellatrix no estuviera curada de sus impulsos de querer matar a todo muggle viviente, pero confiaba a que pudiera convencerla con el tiempo y hacer que los tolerase. –Tu eres la mejor bruja del mundo y no hace más que despreciarte.

Bellatrix no dijo nada ante sus palabras. Eso le preocupó, temía haber firmado sus sentencia de muerte. Hablar mal de Voldemort delante de la más devota de sus seguidores no significaba otra cosa que morir.

–Siempre me ignora. –Murmuró. –Nunca toma en cuenta mis maravillosos planes para acabar con todos esos sangre sucias y cuando lo hace, intenta hacer ver que fue idea suya. –La ira volvió aparecer en su rostro, aunque esta vez no iba dirigida a él, sino al mismo Voldemort.

–Tu sola acabarías con todos en una tarde. Así que… ¿Te vienes conmigo? –Le ofreció la mano. Esperaba que la aceptase. Podría ser un pequeño gesto, pero su significado era gigantesco.

La bruja no tardo en tomar una decisión, y aceptó su mano.

–¿Cuándo comenzamos a delinquir juntos? –Bellatrix estaba feliz y eso significaba que él también lo estaba. Delinquir no era lo planeado pero lo haría con tal de estar juntos.

–¡Desde ya!

Tiró de ella y la besó. Por fin había cumplido con éxito su plan. Había conseguido que Bellatrix renunciase a su camino del mal, aunque aun tenían mucho que trabajar, pero la negación de seguir a Voldemort era la señal que estaba buscando. Estaba emocionado, no lo podía negar, era el momento que estaba esperando y todo había salido, con algún que otro altibajo, mejor de lo esperado. La apretó más contra sí. A partir de ahora seria como vivirían; sin esconderse, demostrándose su amor, disfrutando del momento, escuchando el crepitar del fuego… Un fuego se tornaba verdoso.

–¡Bella, mi amor! ¡Ya estoy en casa!

La voz de Rodolphus resonó en el lugar. Era la voz más horrible que jamás había escuchado, hasta la de Voldemort le producía más simpatía. Pero nada eso importaba, Lestrange ya no les importaba. Es más, incluso mejor, así se "despedirían" de él a la cara. Miró a Bellatrix buscando su afirmación, esta asintió. Se tomaron de la mano y fueron al salón donde Rodolphus continuaba llamando a la mujer.

–¡Bella! –Gritó al verla. –¡Bella el Señor Oscuro nos va recompensar con creces! –Ignoró las manos de ambos entrelazadas y fue directo hacia su mujer. –¡Mi misión ha sido un éxito! –Rodolphus estaba muy demacrado. En ese año fuera, había perdido mucho peso, el pelo y la barba estaban descuidadas y las canas había comenzado a inundar su cabello castaño. Si al final le iba a dar pena, se iba con todo y volvía con nada, y por nada quería decir una reputación ejemplar y una mujer de ensueño. –Bella, esta vez el Señor Oscuro me deja contarte todo… Porque ya ha cumplido con mi primera recompensa, que es que recibas la marca tenebrosa y seas un miembro más de sus planes para liberar al mundo de la escoria de los sangre sucias.

Tuvo ganas de reírse, que tarde llegaba Rodolphus. Iba a abrir la boca y soltarle un comentario mordaz, pero cuando Bellatrix se deshizo de su agarre, ninguna palabra pudo salir de ella.

–¡¿Cuándo?! –Bellatrix le inquiría emocionada. –¡¿Cuándo podré llevar con honra la marca de mi señor?!

–Mi amor, muy pronto.

El beso que le dio Rodolphus hizo que su corazón se resquebrajase, aunque lo que hizo que finalmente se rompiera fue ver a Bellatrix completamente absorta con el "regalo" que Voldemort le iba hacer. Pensó en intervenir, pero el matrimonio le ignoraba por completo. Rodeó a ambos y se metió dentro de la chimenea. Había fallado en su plan, y todos tenían razón; Bellatrix estaba encantada con el camino que había escogido.