Nota: Yo nunca dije que odiara a Luna, sólo dije que no me agradaba ella y su ship con Senku. Hay diferencia entre odiar y desagradar.


M de Muerte


Escupió la sangre que se acumulaba en su boca hacia un lado del pavimento, sintiendo una molesta tos que presentía, le quitaría el escaso aire que tenía en sus pulmones. Por no decir que respirar le costaba al tener un pulmón perforado.

Iba a morir, lo sabía. No obstante, prefirió salvar a aquella madre e hija de las manos de un asaltante, porque odiaba las injusticias; y porque si podía hacer algo para solucionarlo, lo haría.

Sin embargo, hasta aquí llegó. A sus apenas 22 años, Kohaku Ishikawa moriría.

Estaba por pedirle perdón a su hermana, tíos (Jasper y Turquoise), a su cuñado y padre. Cuando una presencia gélida le hizo temblar, ligeramente.

- He visto tantas muertes, y esta no es tan diferente de otras.

Con esfuerzo, miró hacia arriba, encontrándose con un par de ojos carmesí –desinteresados, fríos– que la miraban a ella. Eran parecidos a los rubíes y, a la sangre que estaba perdiendo.

-… ¿Eres…?

- La Muerte, sí, todos me conocen así o por distintos nombres – apoyó su mejilla en su mano, recargando su codo en su rodilla al estar agachado y mirándola –. Y tú eres Kohaku Ishikawa, 22 años de edad, un prodigio en kendo, soltera y esas cosas.

- Ya veo – sentía los ojos pesados, y el cansancio inundar su cuerpo. Además, por algún motivo, estar en su presencia le hacía estar tranquila… Como si lo conociera de algún lado –, entonces… viniste por…

- Tu alma, sí, diez billones de puntos para ti, leona.

Se sentía de alguna forma nostálgica, pero, nunca le había conocido, hasta ahora.

- No… lo soy.

-… Siempre sueles decir eso, ¿eh? – murmuró, sonriendo suavemente –. Descansa, Kohaku – le susurró suave, pasando su mano por sus ojos, donde ella finalmente los cerró.

Y con ello, ella dejó de respirar.

Se levantó de su lugar y posicionándose a un costado de ella, se inclinó y tomó su alma en brazos (la cual, siempre era ligera); miró el alma en sus brazos y luego al cuerpo inerte y desangrado en el suelo.

- Siempre eres rubia, de ojos azules, ruda, fuerte y… Siempre, debes llamarte Kohaku – volvió su mirada al alma durmiente de la chica, casi con pena y tristeza –… Y… Siempre, debes morir… sola.

Recuerda la primera vez que la vio, y fue en un mundo pos apocalíptico, donde la humanidad comenzaba desde cero en una edad de piedra. Kohaku de alguna manera había podido verlo, y de ahí, una rara amistad surgió.

Donde la Muerte hablaba de su amor a la ciencia, para que al final su amor se dividiera en dos: En la ciencia, y en ella, Kohaku.

Y aunque en la primera vida de Kohaku le supo tan amarga, se alegró de volver a verla en una segunda. Pero esa alegría se opacó cuando supo el porqué de esto.

Kohaku estaba destinada a reencarnar varias veces, pero en todas esas vidas, ella iba a morir en soledad. ¿Por qué? Él todavía seguía investigando el motivo.

Porque a pesar de que ella nunca tuviera los recuerdos de otras vidas, el volver a nacer y morir en soledad, era un bucle. Era una miseria y, no era vida.

Sobre todo, el ser él quien debiere llevarse su alma para una siguiente reencarnación.

- Deseo que puedas descansar de verdad, leona.

(Deseo que esto, también termine de una vez).


Nota: Tengo ganas de tragedia, ciao.