Capítulo 13

Sakura se marchó. Maldita sea, y todo por culpa de una simple omisión por su parte.

«Las mujeres son criaturas emocionales.» Sobre todo si estaban embarazadas. Sakura necesitaba tiempo para calmarse y él lo comprendía, pero sabía que acabaría volviendo.

Sin embargo, a medida que los minutos se convirtieron en una hora y luego en dos, Sasuke se dio cuenta de que lo que había evitado contarle pesaba mucho más en la vida de su esposa de lo que imaginaba.

Cuando una hora más tarde sonó el teléfono, se apresuró a contestar.

—¿Sakura?

—Soy Shikamaru. Perdona, te llamo más tarde si estás esperando una llamada.

La última persona con la que quería hablar era con su abogado. Cogió el vaso de whisky que se acababa de servir e hizo girar en su interior el líquido ambarino, un triple malta, antes de bebérselo de un solo trago.

—¿De qué se trata?

—¿Estás bien? Por tu voz diría que estás hecho una mierda.

—Gracias.

—Vale, no estás de humor para hablar. Solo quería que supieras que el detective ha visto a Karin hoy acorralando a Sakura en unos grandes almacenes. Según él, Karin estaba un poco agresiva, pero ha sido Sakura la que se ha marchado de allí bastante afectada.

«¿Karin?»

—¿Ha escuchado la conversación?

—No. No se ha acercado tanto. ¿Va todo bien?

Sasuke podía oír el engranaje de su cerebro funcionando. Entonces así era como Sak había descubierto lo del testamento, a través de Karin. Pero ¿cómo lo sabía ella?

De pronto recordó quién era la mujer de la fotografía.

—¡Mierda! La mujer...

—¿Qué?

—La de la fotografía, con Karin. Anko. No. Neo... Naomi. Naomi no sé qué. Trabaja como secretaria en Parker y Parker. —Sasuke se llevó una mano a la frente—. Karin conoce a la secretaria de Parker, Shikamaru.

—¿Tu ex conoce a la mano derecha del abogado de tu padre?

—Lo que significa que Karin sabe lo del testamento de mi padre desde el principio. —No era de extrañar que estuviera deseando ser duquesa.

—¿Crees que también está detrás de lo de las cámaras?

—Me apuesto lo que quieras.

—¿Y qué le ha dicho a tu mujer?

—Lo suficiente como para que Sakura se vaya. —No tenía sentido intentar disimular con Shikamaru. Al fin y al cabo, sería el primero en enterarse si hubiera algún tipo de problema legal.

—¿Que se ha ido? ¿Qué quieres decir?

—No importa. Te llamaré en unos días. Mientras tanto, redacta una carta para Parker recordándole que un incumplimiento del compromiso de confidencialidad podría provocar la nulidad de cualquier cosa que salga de su despacho.

Maldita sea, no podía negar que era un tirano, y no mucho mejor que su padre. Incluso en un momento tan crucial para él, a punto de perder a su esposa y a su hijo, no podía dejar de pensar en el final de sus problemas.

—Mejor dicho, no hagas nada de momento. No, espera... Necesito que hagas otra cosa.

Sasuke dio las órdenes, sin que quedara duda alguna acerca de cómo debían llevarse a cabo.

Una hora más tarde, estaba sentado delante de un ordenador, comprobando el navegador para saber si Sakura había estado buscando vuelos de regreso a California, pero al abrir el historial y encontrar páginas sobre preservativos y tasas de embarazo relacionadas, Sasuke se quedó mirando fijamente la pantalla.

Si Karin conocía el testamento, sabía que su padre le exigía un heredero... Estaría dispuesta a hacer lo que fuera con tal de quedarse embarazada de él y que pareciera un accidente, eso si le hubiera dado tiempo. Gracias a Dios, Sasuke había conocido a Sakura, lo que había desencadenado el fin de su relación con Karin. Lo único que quedaba de ella eran las cajas de preservativos que había dejado tras ella.

—¡Maldita zorra!

Sasuke se puso en pie de un salto y corrió hacia el dormitorio. En la caja de preservativos que había en el cajón solo quedaban dos. Levantó uno de los envoltorios en alto y no encontró nada raro, de modo que lo sujetó frente a la luz.

Cuando vio el pequeño agujero en el centro del envoltorio, sintió que una llamarada le abrasaba el pecho por dentro. Dios mío.

—Sakura.

Su mujer debía de haber descubierto la manipulación y pensado mal de él. ¿Y por qué no? Él tampoco se había molestado en explicarle que los condones eran de una ex.

Maldición, ¿qué pensaría de él? Seguramente que era peor que Ashura, otro hombre más que la decepcionaba, que le mentía para conseguir sus objetivos. Quería llamarla cuanto antes, obligarla a escuchar lo que tenía que contarle, pero ¿cómo podía probarlo?

Visualizó la imagen de Karin y sintió una ira tan intensa como jamás había experimentado. El odio que sentía por su padre era un paseo por el campo comparado con la sed de venganza hacia su ex amante que sentía en aquel preciso instante.

Sasuke cogió el teléfono para pedir unos cuantos favores. Naruto tenía bastantes amigos en el cuerpo de policía de Nueva York.

—Naruto, necesito que hagas algo por mí.

Veinticuatro horas más tarde, Sasuke esperaba frente a un complejo residencial de alto standing, retorciéndose las manos con tanta fuerza que Sakura habría estado orgullosa de él. No correr detrás de ella había sido lo peor, pero no quería enfrentarse a ella hasta que Karin hubiera pagado por lo que había hecho.

Olió el dulce perfume floral que siempre precedía a Karin, tan intenso que casi resultaba desagradable, antes incluso de verla. Se le aceleró el pulso, pero no porque todavía sintiera algo por ella, sino porque la odiaba profundamente. Si acababa con sus posibilidades de construir un futuro junto a su mujer, encontraría la manera de arruinarla como fuera, y así se lo prometió a sí mismo mientras se alejaba del edificio y la cogía del brazo.

Karin se sorprendió, pero al darse la vuelta y ver que se trataba de Sasuke, se relajó al momento.

—¿Sasuke? Querido, ¿cómo estás?

Por el rabillo del ojo, Sasuke vio como Naruto y un agente de paisano entraban en el enorme edificio sin que Karin se percatara de ello.

—¿Tienes un minuto? —le preguntó, sintiendo que se le ponía el vello de punta al pensar que tendría que ser agradable con ella al menos el tiempo que durase el registro de su piso.

La expresión del rostro de Karin cambió, como si no estuviera segura de sus intenciones. No en vano, su último encuentro había sido de todo menos agradable, pero Sasuke no quería arriesgarse a que se marchara.

—Creía que no teníamos nada más que decirnos.

—Quería darte las gracias por avisarme. —La mentira había salido por su boca con tanta naturalidad que incluso él mismo se la creyó.

—¿Avisarte? ¿De qué?

—De que Sakura no sería feliz hasta que se apoderara incluso de mi alma. Pensé que podríamos acordar un matrimonio agradable y tranquilo, desprovisto de emociones o de lealtades... —Dejó que las palabras flotaran entre ellos para ver si Karin mordía el anzuelo.

—Oh, Sasuke. —Se quitó las gafas de sol y le dedicó una mirada cargada de significado mientras todo su rostro componía una expresión de fingida compasión—. ¿Qué ha pasado?

—No estoy seguro. Todo esto del embarazo... No me lo esperaba. No sé, siempre hemos tenido mucho cuidado. —Miró a su alrededor, la llevó hasta una zona más apartada lejos de miradas ajenas, y bajó la voz para darle más efecto a sus palabras—. ¿Cómo puede una mujer quedarse embarazada utilizando preservativos? No es que dude de la paternidad, pero...

Karin agachó la cabeza.

—Vaya por Dios. Una vez oí hablar de una mujer que agujereaba los preservativos para quedarse embarazada. ¿Crees que ella sería capaz de hacer algo tan grave?

Sasuke cerró los ojos y se alegró de que las gafas de sol ocultaran casi todas sus expresiones. Podía sentir el sabor amargo de la bilis en la garganta. Menuda zorra malvada y vengativa. Envió una señal mental a los hombres que estaban registrando el apartamento de Karin para que salieran de allí cuanto antes. Cada segundo que pasaba en presencia de aquella mujer era tiempo que no le dedicaba a su esposa.

—No puedo ni imaginármelo... —dijo él.

—Debería estar enfadada contigo. Después de todo, te casaste con ella en cuanto nosotros dos...

Sasuke suspiró.

—Yo... —De pronto el móvil que llevaba en el pantalón vibró y al sacarlo pudo leer en la pantalla un mensaje de Naruto: «¡La tenemos!»

La mentira que había estado a punto de soltar murió en su lengua. En su lugar, la verdad salió a la luz.

—Yo la quiero.

—¿Qué?

—Amor. Confianza. Cosas que nunca sentí cuando estaba contigo.

Karin, que se había acercado a él más de lo que a Sasuke le hubiera gustado, retrocedió. Estaba pálida como una aparición.

—Acabas de decir que...

Sasuke se quitó las gafas de sol y sus ojos se convirtieron en dos afiladas dagas. A juzgar por la expresión de Karin, había sentido cómo se le clavaban en lo más profundo de su ser.

—Entre nosotros nos referimos a ti como «la víbora». ¿Lo sabías, Karin?

—¿Qué?

—Tu veneno ya ha envenenado a demasiada gente. ¿Realmente creías que te saldrías con la tuya? Mientras hablamos, la policía ha registrado tu piso y resulta que han encontrado todo lo que necesitan.

Karin empezó a retroceder de espaldas. Uno de sus tacones se hundió entre dos adoquines y a punto estuvo de caerse al suelo. Mientras intentaba recomponerse, sus ojos transmitían un profundo odio.

—No sé de qué me estás hablando.

—Claro que sí.

Sasuke vio que uno de los coches blancos y negros de la policía se detenía junto a la acera. Karin miró hacia la patrulla y luego de nuevo a él.

—No he hecho nada ilegal.

Había contratado a gente para que se encargara del trabajo sucio, como el hombre que se había hecho pasar por técnico de la compañía de teléfonos para instalar cámaras en casa de Sakura, y había tomado fotografías ilegales de la pareja, un delito que iba contra la ley. De una forma u otra, encontraría la manera de hacérselo pagar ante un juez.

—Dejemos que sean los tribunales los que tomen la decisión.

Seguramente Karin no pasaría ni un solo día entre barrotes, pero Sasuke se conformaba con que cada hombre que se cruzara en el camino de la víbora supiera la clase de serpiente que era.

La primera noche tras su regreso a California, Sakura pidió que le pusieran una cama supletoria junto a la de su hermana e intentó conciliar el sueño.

Lo había mandado todo al garete. Cierto, se había asegurado el dinero para poder cuidar de Samui, pero también tendría que hacerse cargo de una nueva responsabilidad: un bebé nacido de la relación entre un padre dominante y egoísta y una madre con vocación de mercenaria. Una pareja de lo más patético.

¿Y todo para qué?

Sakura podría habérselas apañado sola, podría haber cuidado de Samui sin los millones de Sasuke. Claro que el camino más sencillo era aceptar su oferta y librarse del peso de una vida tan difícil como la suya.

Ino había echado a su novio de casa a patadas al descubrirle fisgoneando entre las fichas de las nuevas clientas con las que se había puesto en contacto en nombre de Alliance. Eso dejaba espacio más que suficiente en su apartamento para que dos mujeres despechadas pudieran pasar el rato hablando sobre las cualidades de los hombres, o más bien sobre la ausencia de ellas.

A diferencia de otras veces, Sakura solo era capaz de comer, dormir y mirar por la ventana a la gente de la calle.

El intenso dolor que sentía en el pecho se negaba a desaparecer. En cierta ocasión, y creyendo que algo no iba bien, llegó a considerar muy seriamente la posibilidad de llamar a su médica, pero luego se dio cuenta de que un corazón roto también era capaz de sentir dolor a escalas que no recordaba desde la muerte de su madre.

Tres días después de su regreso a casa, Ino dejó sola a Sakura para que pudiera meditar en paz.

Alguien llamó a la puerta. Sakura no esperaba a nadie, así que continuó sentada en el sofá sin intención de moverse. Los golpes continuaron hasta que no le quedó más remedio que levantarse.

Aunque sabía que tarde o temprano volvería a ver a Sasuke, tenerle allí delante, con unos pantalones caqui, una camisa arrugada y barba de varios días, fue más que suficiente para abrir las heridas.

—¿Qué haces aquí, Sasuke?

—Tenemos que hablar.

Las lágrimas hacía tiempo que se habían secado y además se negaba a provocar en el bebé más estrés del que ya había sufrido.

—No tengo nada más que decir.

Cuando se disponía a cerrar la puerta, Sasuke metió un pie en el vano y la detuvo.

—Te quiero.

Una de las manos de Sakura quedó suspendida en el aire. Cerró los ojos al sentir el dolor que aquellas palabras evocaban. Otro día, en otro momento, seguramente se habría lanzado a sus brazos al oír aquella confesión, pero ahora ya era demasiado tarde.

Aunque realmente la quisiera, eso no cambiaba nada.

—¿Me has oído?

—¿Por qué me haces esto? —El dolor que le atenazaba el pecho empezaba a ser insoportable. Apenas podía respirar y estaba a punto de asfixiarse con el poco aire que entraba en sus pulmones.

—Cinco minutos, Sakura. Dame cinco minutos. Por favor.

¿Le había oído suplicar alguna vez?

Abrió la puerta del todo y le dejó pasar. Él le entregó un periódico.

—Mira en la página tres.

—¿Qué es?

—Tú solo mira.

Sakura buscó la página tres y vio una fotografía de la víbora junto a una mujer a la que no conocía, en la que eran escoltadas hasta un coche de la policía.

—¿Qué es esto?

—Karin ha estado utilizando a una amiga suya que trabajaba en el bufet de los abogados de mi padre para conseguir información confidencial relacionada con el testamento.

Lo cual explicaba por qué Karin lo sabía todo sobre el testamento y ella, en cambio, no tenía ni idea de nada.

—¿Y?

—Localicé los preservativos, Sakura. Todos.

Sakura sacudió la cabeza y levantó la mirada hasta encontrarse con la de Sasuke.

—¿Todos?

—Karin quería tenderme una trampa para que me casara con ella. Sabía que necesitaría un heredero antes incluso que yo y por eso se inventó una supuesta alergia al látex, para encargarse ella de los preservativos. Yo no tenía ni idea de que los había manipulado. Llegó al extremo de abrir los envoltorios para luego volver a pegarlos.

Sasuke se acercó y cogió a Sakura de las manos. Su mujer no podía dar crédito a lo que acababa de escuchar, y su mirada ausente se clavó en su pecho.

—¿Karin hizo agujeros en los preservativos?

—No fui yo.

Sakura dio un paso atrás, apartó las manos de las de Sasuke y se sentó en el sofá. La fotografía de Karin rodeada de policías no hacía más que confirmar sus sospechas de que aquella mujer era una auténtica víbora.

—La policía encontró unos archivos en su ordenador, archivos de vídeo, de nosotros dos juntos.

Karin estaba enferma. Sasuke había tenido suerte al escapar de sus garras, aunque sus acciones no le eximieran de culpa.

—¿Por qué no me contaste lo del testamento?

Sasuke se sentó en la mesa de café, mirándola cara a cara. Cuando apoyó las manos en sus rodillas, Sak no pudo evitar dar un brinco. Una expresión de dolor ensombreció el rostro de Sasuke antes de retirarlas.

—Al principio solo quería asegurarme de que no existiera algún resquicio legal para invalidar la cláusula. Cuando mi abogado agotó todas las vías, me decidí a decírtelo. Al llegar a casa, te encontré en el lavabo declarándole la guerra a los condones. Luego un día llevó a otro y ya no me pareció tan importante.

—Eso no es excusa.

—Ahora lo sé, pero es la verdad, Sakura. La semana pasada, tras reunirme con el abogado de mi padre, pensé que tenía que contártelo todo, pero tenía tanto miedo a perderte que fui incapaz de abrir la boca. —Sasuke intentó tocarla de nuevo y esta vez ella no se sorprendió—. Lo siento —le dijo mirándola con ojos suplicantes—. Tendría que haber hecho muchas cosas de otra manera. Y si me das otra oportunidad, prometo no volver a ocultarte nada.

Los labios de Sakura empezaron a temblar, de modo que se los mordió para controlarlos. La explicación de Sasuke, sus motivaciones, eran comprensibles, pero lo cierto era que el suyo seguía siendo un matrimonio de conveniencia... destinado a terminar con al menos un corazón roto. Ocurriría ese mismo día o quizá más adelante, pero su unión tenía fecha de caducidad y Sakura ya no podía vivir más con semejante incertidumbre. No era justo para ninguno de los dos... ni para el bebé.

—¿Podrás perdonarme?

Sakura cerró los ojos, y cuando los volvió a abrir, se clavaron en los de Sasuke.

—Te perdono.

Él empezó a sonreír, pero Sakura sacudió lentamente la cabeza.

—Sasuke, espera. No puedo seguir con esto. Creí que sería capaz de jugar a las casitas, de jugar a ser tu esposa e irme cuando el año terminara, pero no puedo.

—Pero...

—No, espera —lo interrumpió—. Ya sé que tú no querías que los sentimientos se inmiscuyeran en esto, pero no he podido evitar enamorarme de ti, como no puedo evitar respirar y sobrevivir.

Esta vez Sasuke fue incapaz de contenerse y en sus labios asomó una sonrisa que rápidamente pasó también a sus hermosos ojos negros.

—¿Me quieres? —le susurró.

—Por eso tenemos que poner fin a esto cuanto antes —respondió ella.

Sasuke cerró los ojos y, sin dejar de negar con la cabeza, dejó escapar una exclamación de sorpresa.

—¿Qué?

—Ya es suficientemente duro estar embarazada. Este dolor en el pecho, esta sensación de no saber si vas a dar por buena la fecha de finalización de nuestro contrato de matrimonio, es algo con lo que no puedo vivir. —Mirarle, incluso en aquellos momentos tan duros, era suficiente para que se le partiera el corazón. ¿Cómo podía pasar los ocho meses siguientes pensando que en cualquier momento podía pedirle que se marchara?

—¿Me has oído cuando te he dicho que te quiero?

—Sí, pero...

Sasuke le cubrió los labios con un dedo para hacerla callar.

—Te quiero, Sakura Haruno, y si estás esperando a que te pida que salgas de mi vida, será mejor que te pongas cómoda porque vas a esperar mucho tiempo. Le he pedido a Shikamaru que redacte mi testamento y que haga constar en él que, si algún día me pasa algo, todo lo que tengo sea para ti y para el niño.

—¿Qué?

En lugar de explicarse, Sasuke hincó una rodilla en el suelo y se llevó una de las manos de Sakura a los labios para darle un tierno beso.

—Sé que lo estoy haciendo todo al revés, pero ¿quieres casarte conmigo? No por un contrato, ni por un testamento, ni siquiera por dinero, sino porque me amas y quieres ser mi mujer ahora y para siempre.

—¿Qué? —La voz de Sakura bajó una octava, un tono que para ella ya era muy grave.

—Has hecho de mí un hombre mejor, Sakura. Dime que te casarás conmigo.

—Oh, Sasuke... —dijo ella, arrodillándose junto a él—. Si ya estamos casados.

Él sonrió y sujetó su cara entre las manos.

—¿Eso es un sí?

Sakura lo amaba tanto que no podía negarse.

—Para siempre es mucho tiempo.

—Mucho, mucho tiempo. Algunas veces el matrimonio nos parecerá horrible. —Y sus palabras le recordaron a una conversación que habían mantenido no hacía mucho.

—Solo que no podrás echarte atrás, por muy feas que se pongan las cosas.

Sasuke cubrió los labios de su esposa con un beso tierno y lleno de cariño.

—Di que sí.

—Creía que ya lo había dicho.

Sasuke la abrazó y selló el compromiso con un beso largo y profundo. El dolor de cabeza y de estómago de los últimos días empezó a desaparecer al instante y en su lugar Sakura sintió el aleteo de mil mariposas.

La duquesa reprimió una exclamación de sorpresa e interrumpió el beso.

—¿Qué pasa? —le preguntó él, alarmado.

—El bebé. He notado cómo se movía.

Esperó un momento, se llevó una mano al estómago y volvió a sentir un cosquilleo. Cogió la mano de Sasuke, pero sabía que el movimiento era demasiado imperceptible para que él lo notara.

—Creo que es su forma de decir que ella también está de acuerdo —le susurró Sasuke al oído.

—¿Ella? ¿Crees que es una niña?

—Las mujeres son criaturas emocionales. Escoger este momento exacto para dar señales de vida por primera vez es su forma de decir que estemos juntos.

Sak no pudo contener la risa.

—¿Eso crees?

—Quizá, o puede que sea un niño y esté intentando hacernos entrar en razón con una buena patada.

—Niño o niña, con nosotros como padres, sabrá cómo hacerse oír para que nos ocupemos de todas sus necesidades.

—Te quiero, Sakura.

Cuando Sasuke acercó sus labios a los de ella para besarla de nuevo, Sakura solo podía pensar en cuánto quería a su marido, que ya no era tan pasajero.