Capítulo Dieciséis
Cuando me desperté Edward parecía seguir durmiendo. Gracias a los suaves rayos de sol que entraban a través de las cortinas me pude fijar en como su la camiseta blanca marcaba los músculos de su espalda que se movía ligeramente al compás de su respiración.
Me giré y consulté la hora en el reloj, aún era pronto pero pensé que lo mejor sería prepararme antes de que Edward se levantara. Intenté hacer el mínimo ruido posible antes de meterme junto con la maleta en el baño.
Cuando salí él estaba sentando en la cama una vez más con el teléfono en la mano. No sabía muy bien qué decir, la situación en la que nos encontrábamos me tenía completamente descolocada.
"Buenos días, si quieres ya puedes utilizar el baño"
"Espero que hayas podido dormir bien" Edward alzó la vista brevemente "Una cosa Bella, nadie puede saber que has pasado la noche aquí. Sería mejor que no comentaras nada del problema de tu habitación"
"Claro" no es que fuera a ir pregonando lo que había ocurrido la noche anterior a los cuatro vientos, pero aquel comentario me molestó un poco "Voy a bajar a recepción a ver si hay alguna manera de solucionar esto"
"No me entiendas mal, Bella" Edward se había puesto de pie y ahora se encontraba en frente de mí "Puedes quedarte todo el fin de semana aquí, no tengo ningún problema, los dos somos personas adultas, pero ya sabes que a la gente le encanta hablar de cosas de las que no saben"
Cuando bajé a la recepción me atendió la directora del hotel, me explicó que el problema de la tubería llevaría unos cuantos días solucionarlo y que hasta el día siguiente no quedaría ninguna habitación disponible, así que realmente solo tendría que quedarme con Edward una noche más, lo que no parecía tan terrible.
Esa mañana había organizada una pequeña caminata de unos tres kilómetros hasta las cercanías de un pequeño lago donde tendría lugar una sesión de relajación dirigida por un instructor de yoga y luego un pequeño picnic.
"No va a pasar nada porque estés un par de horas desconectado" le dije a Edward al ver como una vez más consultaba su móvil para ver si tenía cobertura.
"Estoy esperando un par de emails muy importantes" me contestó enfurruñado.
"Tienes que aprender a relajarte" Edward y yo íbamos casi los últimos en la fila en la que íbamos caminando "¿No es ese el propósito de esta mañana?"
"Sé relajarme" pero volvió a mirar su teléfono.
Decidí dejarle solo ya que estaba segura de que su humor no haría otra cosas sino empeorar y adelantarme unos pasos, disfrutando de los alrededores. Hacía demasiado tiempo que no salía de la ciudad y echaba de menos la naturaleza. El sitio era precioso, todo estaba lleno de arboles y vegetación pero de un color verde vibrante, muy distinto del de Forks.
Cuando llegamos al lago vi que algunos estaban completamente destrozados, víctimas de una vida completamente sedentaria y malos hábitos. Observé como un grupito mayoritariamente de hombres se reunían alrededor de Martin Frank y si no estaba equivocada parecía que estaban pasándose una petaca seguramente llena de alcohol. No pude evitar reírme.
"Parecen adolescentes en una excursión del instituto" me dijo Lana Gibson.
"Al menos podrían ser más discretos" me reí.
"Es tan solo una muestra más de su virilidad. Me extraña que no hayan traído algún arma de caza o unas cañas de pescar" me guiñó un ojo.
Lana Gibson era una escritora feminista mundialmente conocida, tanto de ficción como de ensayo. De hecho, en alguna de mis clases universitarias habíamos estudiado textos suyos.
"¿Crees que luego intentarán levantar las faldas de las chicas?"
Lana se rió "Yo que tu tendría mucho cuidado, les encanta la carne fresca" me ruboricé al instante "Disculpa, no quería ofenderte"
"No, por supuesto que no" le insistí "Es solo que a veces no sé muy bien como comportarme rodeada de todos vosotros" mi cara seguía ardiendo.
"¿Nosotros? ¿A quién te refieres?"
"Vosotros los escritores" tomé aire intentando buscar las palabras para expresarme mejor "He leído casi todos vuestros libros y a la mayoría de vosotros os admiro. Es difícil poder comportarme con naturalidad"
"Puedes estar tranquila, no mordemos. Al menos no todos" y dirigió su mirada a otro pequeño grupo que hablaba animadamente "Tengo entendido que eres editora"
"Apenas había comenzado a trabajar en ello" le expliqué mientras caminábamos en dirección al lago "Era ayudante de edición de libros de autoayuda, pero ahora mismo soy la assistant del sr. Cullen"
"¡Oh!" exclamó "Eso es aún más perfecto" me quedé mirándola sin entender muy bien a que se refería "Este trabajo te va a dar la oportunidad de poder conocer como funciona realmente este mundo tan retorcido, porque no te engañes, no es más que otro juego de poder. Además de tener la oportunidad de acudir a sitios como este y conocer realmente cómo funciona la mente diabólica de un escritor. ¿Puedo darte un consejo?"
"Claro" le respondí entusiasmada.
"Para ser un buen editor hay que conocer realmente al escritor, qué es lo que piensa, qué es lo que necesita, qué es lo que quiere aunque te diga lo contrario. Claro que hay que tener ojo para distinguir lo que puede ser un buen libro de lo que no, pero es muy importante saber manejarnos. Y por supuesto tener buenos contactos, y créeme de la mano de Edward tendrás los mejores."
Me quedé pensando brevemente en las palabras de Lana y aunque no estaba al 100% de acuerdo con ella si que tenía razón en varias cosas. Hasta ese momento en los trabajos en los que había tenido me había limitado a estar sentada en mi mesa corrigiendo manuscritos y traducciones y como mucho elaborando alguna que otra nota de prensa. Pero en los dos meses que llevaba trabajando para Edward había conocido a fondo la estructura editorial y el quién es quién de las letras, y alguno de ellos incluso sabían quién era yo. Lo que sin duda me ayudaría en un futuro, aunque todavía no sabía cómo si no era capaz de conseguir un trabajo.
Era una lástima que no me hubiera llevado mi cámara de fotos porque el espectáculo de la clase de relajación no tenía precio. Nada mejor para desmitificar a esos escritores. Verlos estirarse, contorsionarse e incluso simplemente intentando relajarse era simplemente tronchante. Edward y yo casi fuimos incapaces de contener la risa cuando Paul Green, un hombre de unos cincuenta años tremendamente gordo, después de tumbarse y levantar las piernas se tiró un sonoro pedo.
Durante la comida realmente lo pasé bien, las historias que podían llegar a contar eran divertidísimas fruto la mayor parte de una vida intensamente vivida. Edward había tenido razón al decirme que aquel fin de semana sería entretenido.
Durante la tarde tuvo lugar un interesante debate entre nuevas y viejas voces de la escritura, aunque en algún momento la conversación se volvió un tanto bronca. A pesar de que ninguno lo había dicho directamente el trasfondo de toda aquella discusión era el siguiente: los grandes escritores consagrados se negaban a que dejaran de reconocerse como tales, mientras que los jóvenes reclamaban un lugar en la cima.
Me escabullí a la habitación de Edward antes de que terminara el debate para que nadie me viera, además seguramente yo iba a necesitar mucho más tiempo para arreglarme. Me encerré en el baño y durante una hora me estuve preparando, con alguna que otra consulta a Alice.
Estaba segura de que si no hubiera sido por Edward no habría puesto tanto empeño en mi apariencia, pero eran cosas que no podía evitar. Me miré en el espejo y reconocí que no estaba nada mal. Me había puesto un vestido de seda azul de finos tirantes que se ajustaba a cada parte de mi cuerpo y llevaba el pelo suelto peinado en suaves ondas. Alice estaría orgullosa de mí.
Al salir de la habitación vi a Edward encima de la cama con su portátil, alzó la vista y vi como su mirada recorría cada centímetro de mi cuerpo.
"Estás impresionante Bella"
Estaba segura de que mis pezones se habían endurecido debido a las palabras y la mirada de Edward y que seguramente era evidente ya que no llevaba sujetador y la tela del vestido era finísima. Mis sospechas se confirmaron al ver que Edward había dejado la vista clavada en mis pechos y parecía estar ajustándose el pantalón.
Desvié la mirada porque aquello era demasiado. "Deberías comenzar a prepararte"
"Tienes razón" Edward se levantó y no pude evitar mirar a su entrepierna. Sin duda yo tenía el mismo efecto en él.
Cuando oí el agua de la ducha correr salí de la habitación. No podía quedarme allí un segundo más, las ganas de abrir la puerta del baño y meterme en la ducha con Edward eran demasiado tentadoras.
Bajé al comedor que ya estaba preparado para la cena y me mezclé entre la gente que ya había comenzado a llegar.
"Bella, te he reservado un sitio a mi lado" Martin Frank me dijo una vez que llegaron todos los invitados y comenzaron a tomar asiento.
Suspiré y con una sonrisa me senté entre Martin Frank y Paul Green. Solo esperaba que no hubiera un espectáculo parecido al de esa tarde. Por suerte Edward se encontraba bastante alejado de donde estaba sentada yo, aunque no podía evitar lanzar alguna mirada en su dirección al igual que él, pero después de lo que había pasado en la habitación era mejor mantener la distancia.
En cuanto sirvieron el vino di un largo trago a mi copa, necesitaba calmar un poco los nervios que sentía.
La conversación de la mesa por suerte ayudó a distraerme.
"¿Estás pasándolo bien?" me preguntó Martin Frank.
"La verdad es que sí" contesté.
Martin se rio "Pareces sorprendida"
"Deja a la chica un poco en paz Martin" intervino Paul "Si yo fuera ella ya hubiera salido corriendo"
"Tu no podrías correr ni aunque te fuera la vida en ello"
"Cuando quieras echamos un carrera, estoy seguro de que puedo machacarte"
Sonreí mientras daba otro trago a la que ya era mi segunda copa de vino. A pesar de lo que pudiera parecer las conversaciones que tenían lugar en la mesa no eran muy distintas de las que tenía mi padre con sus amigos.
Sirvieron el primer plato, una ensalada tropical que empecé a comer con gusto.
"¿Eres de Nueva York, Bella?" me preguntó Paul.
"No, de Forks Washington, no creo…"
"He estado allí" exclamó "Un sitio precioso, allí pesqué los salmones más impresionantes que haya visto. Uno pesaba más de doce kilos"
"Yo una vez pesqué uno de 14" intervino Martin.
De nuevo comenzaron a discutir. No me hubiera extrañado que se hubieran sacado la polla y hubieran comenzado a medirlas allí mismo.
"¿Te encuentras bien, querida?" me preguntó Mary Woods que se encontraba sentada en frente de mí.
"Aham" tenía un poco de calor, pero aquel comedor no era muy grande y éramos mucha gente, además ya me había bebido dos copas de vino.
"Estás un poco roja" sus ojos me miraron con preocupación "Quizá deberías salir a que te diera un poco el aire"
"Estoy bien, de verdad" contesté y miré en la dirección de Edward que me estaba observando en ese momento, aunque dudaba que pudiera oírme. Cuando cogí la copa para llevármela a los labios vi que fruncía el ceño, ¿pensaba que estaba borracha?
"Mary tiene razón, Bella. No tienes buen aspecto" añadió Paul.
Quizá tuvieran razón, empezaba a encontrarme ligeramente mareada. Vi pasar a un camarero y lo llamé.
"Disculpe, ¿la ensalada que hemos tomando llevaba grosellas?" le pregunté con temor.
"Sí, una ligera salsa de arándonos, mora y grosellas" no pude evitar gemir "¿Hay algún problema?"
"Soy alérgica a las grosellas" me maldije internamente por no haber comprobado mis alergias en el menú que iban a servir. Pero estaba segura de que no habían incluido ese ingrediente en la descripción de los platos.
"Oh dios mio" exclamó Mary "¿Tienes que ir al hospital?"
"No, no" le aseguré "No es tan grave. Tan solo necesito irme a mi habitación" hice un amago para levantarme pero en ese momento noté un fuerte pinchazo en el estómago que hizo que me doblara.
"¿Qué ocurre?" Edward se había levanto y se encontraba en frente de mí. Todo el mundo parecía estar mirando en nuestra dirección.
"Al parecer ha sufrido una reacción alérgica" intervino Paul.
"¿Necesitas un médico?" Edward ya había sacado el móvil de su bolsillo.
"No" volví a repetir en un susurro y comencé a notar en la boca del estomago esos jugos amargos "Necesito ir a mi habitación"
Ya había sufrido otras veces otras crisis alérgicas y sabía lo que me iba a ocurrir. Conseguí incorporarme y dar unos pasos.
Martin Frank también se había levantado de su silla "Te acompañaré a la habitación"
"No" contestó rápidamente Edward "No te preocupes Martin, sigue disfrutando de la cena, yo acompañaré a Bella"
"¿Estarás bien?" me preguntó cuando llegamos a la habitación.
"Sí, Edward, no te preocupes. Deberías volver abajo"
Sus ojos se clavaron en los míos con preocupación, pero vio determinación en los míos "Si necesitas algo llámame"
Asentí y prácticamente le cerré la puerta en las narices. Corrí hasta el baño y comencé a vomitar.
Había ido al baño cuatro veces a vomitar, así que decidí que lo mejor era quedarme instalada allí, abrazada a la taza del wáter. Debía estar echando hasta la primera papilla que había tomado. Me dolían los músculos del estómago del esfuerzo y sentía lágrimas en mis ojos.
Me dije que tenía que cambiarme de ropa y desmaquillarme, pero cualquier intento de levantarme del suelo me parecía demasiado esfuerzo, me encontraba muy débil y cansada.
No sé cuanto tiempo estuve allí tirada, pero después de un tiempo oí como Edward entraba en la habitación llamándome.
Pero otra arcada violenta hizo que metiera de nuevo la cabeza dentro del wáter. Sentí como Edward abría la puerta del baño.
"No entres, por favor" le dije apenas en un susurro. Me mortificaba que Edward me viera en ese estado.
"Dios mío Bella, ¿estás bien?"
"Vuelve a la cena"
"Ya se ha terminado" me aseguró "¿Llevas toda la noche aquí tirada?"
Asentí sin fuerzas para hablar.
"Deberíamos llamar a un médico"
Negué con la cabeza y miré en su dirección "No, ya me ha ocurrido antes. Me pasaré la noche aquí y mañana estaré perfectamente"
"Al menos habrá algo que puedas tomar"
"Lo vomitaría" me alejé un poco de la taza del wáter "¿Podrías traerme un poco de agua?"
Las arcadas no remitieron hasta un hora después. En ese tiempo Edward me había quitado los zapatos, había recogido mi pelo en un coleta y con una toalla húmeda me había limpiado la cara.
Y a pesar de que yo era prácticamente incapaz de hablar, no había dejado mi lado un solo momento, se había sentado en el borde de la bañera y me había estado contando como había ido la cena.
"Creo que ya estoy mejor" le dije cuando creí que ya había pasado la crisis. "¿Podrías traerme mi pijama?"
Necesitaba estar unos minutos sola para poder asearme. Me duché rápidamente, me lavé los dientes y me puse el pijama. Pero todo aquello me había supuesto un esfuerzo considerable, cuando salí del baño creía que no podría mantenerme en pie por mucho más tiempo. Me tumbé en la cama al lado de Edward que también se había cambiado.
"¿Te encuentras mejor?" me sonrió
"Eso creo" asentí ligeramente "Pero estoy muy cansada"
"Ven aquí" Edward extendió su brazo para que me colocara sobre su pecho, cuando lo hice una de sus manos comenzó a acariciar mi espalda y la otra mi brazo.
El cuerpo de Edward estaba caliente y podía oír y sentir los latidos de su corazón. Era totalmente inapropiado que nos encontráramos en aquella postura, pero en ese momento no me importaba absolutamente nada. Pasé la mano por su estómago y me apreté más fuertemente a él.
Edward suspiró profundamente "Deberías descansar" y me plantó un suave beso en mi frente.
"Sé que no debería, ¿pero puedo hacerte una pregunta?" le susurré.
"Puedes preguntarme lo que quieras Bella"
Hacía muchos días que quería habérsela hecho, pero dado el nuevo acuerdo que habíamos llegado me había contenido. Sin embargo, parecía que ahora estábamos en una especie de tregua "Esa chica de la que habló Alice, ¿te acostaste con ella?"
El suspiro de Edward me decía que no le apetecía mucho hablar de ese tema "Irina. No, el día de las fotos que vio Alice no me acosté con ella" sentí como se me quitaba un peso de encima "Pero si me he acostado con ella otras veces"
"¿Habéis salido juntos?" le pregunté aunque no entendía muy bien porque lo estaba haciendo si sus respuestas me estaban provocando un dolor en el pecho.
"No exactamente" contestó, pero sus manos no dejaron de acariciarme "Es una amiga con la que a veces quedaba para follar" no se me escapó que había usado el pasado.
"¿Tienes muchas amigas así?" no pude evitar continuar con las preguntas. Sin duda era masoquista, porque estaba segura de saber la respuesta.
"¿Seguro que quieres hablar de esto, Bella?"
Asentí mientras cogía un trozo de su camiseta entre mis dedos.
"Sí, tengo varias amigas" de nuevo suspiró profundamente "El trabajo que tengo es muy absorbente, me exige demasiado y no puedo dedicarle tiempo a una relación. Así es más sencillo"
"¿Crees que será así siempre?"
"No lo sé. Es lo que me ha funcionado, o por lo menos lo hacía hasta ahora"
"¿Y solo tienes amigas o también ligues de una noche?"
"Bella…" Edward parecía frustrado y también un poco molesto.
"Solo tengo curiosidad"
"¿Qué quieres que te cuente? ¿Quieres que te diga que sí, que me gustaba a ir a bares y volver a casa con una desconocida y follármela durante toda la noche?" ahora sabía que estaba enfadado.
Sus manos habían dejado de acariciarme "¿Por qué te pones así?"
"Porque sé lo que estás haciendo. Estás buscando un motivo para odiarme, para convencerte a ti misma de que soy exactamente lo que pensabas que era"
"Edward, no era esa mi intención" pero quizá él no estaba del todo equivocado. Porque en ese momento supe con total certeza que había comenzado a sentir por él cosas que iban más allá de la atracción física. Y estaba aterrada. "Lo siento si te he molestado"
"No pasa nada Bella" esta vez fue él quien me apretó más contra su cuerpo "Pero ten una cosa por seguro, si no fuera tu jefe no estaríamos teniendo esta conversación"
Pensé en lo que me habían dicho mis amigas, si Edward y yo folláramos nadie tendría por qué enterarse, pero sabía que no me bastaría solo con eso.
"Ojalá nos hubiéramos conocido de otra manera" le confesé.
"Lo sé, a mi también me hubiera gustado. Y ahora intenta dormir" volvió a darme un beso en la cabeza y no pude evitar derretirme un poco ante sus muestras de afecto.
Me quedé dormida sintiendo la respiración de Edward y oyendo los fuertes latidos de sus corazón.
