CAPITULO CATORCE
ISABELA
Volamos por al menos una o dos horas, deslizándonos sin prisas sobre las partes de la ciudad que no he visto desde que la Fisura se abrió y la humanidad colapsó. Hay barrios residenciales (cubiertos de vegetación), carreteras a todo lo largo (cubiertas de vegetación) y muchas y muchas zonas carbonizadas donde es claro que los dragones han pasado.
Veo un edificio bastante intacto en las afueras que me gustaría explorar. Incluso tiene un viejo helipuerto para que Edward aterrice fácilmente, y podría funcionar mejor como "guarida" para nosotros en lugar del viejo edificio de oficinas que actualmente reclamamos. Más afuera de la ciudad, hay más edificios prometedores para escarbar también.
He visto manadas de caballos y ganado, perros salvajes vagando por las calles más abajo. Todos se dispersan al ver a un dragón cerniéndose encima de sus cabezas. Incluso vemos un dragón rojo en la distancia. Me había asustado un poco al verlo, porque me sentía vulnerable apoyada en la cumbrera de los hombros de Edward. Pero el rojo se alejó volando, para nada interesado en nosotros.
-Me huele con mi pareja- me dice -así que no está interesada- es curioso cómo simplemente estar con Edward se ha convertido en la mejor red de seguridad en este extraño lugar en que se ha convertido nuestro mundo. Una vez, habría estado aterrada ante todo lo que estoy viendo, pero ahora solo es levemente interesante. Nada puede lastimarme. Ahora no, no mientras esté con Edward. Alargo mi mano y acaricio sus escamas con una mano fría y agrietada por el viento.
Guantes, pienso distraídamente. Necesito guantes la próxima vez. Por mucho que trabajé, sigo sin estar preparada para montar la espalda de un dragón. Claramente, se necesita más equipo del que había pensado. Aun así... ¡estoy en la jodida espalda de un dragón! ¿Qué tan increíble es eso? Podemos volar muy lejos.
Nunca volvería a estar atrapada tras los muros del Fuerte Dallas de nuevo, obligada a coexistir con un montón de criminales y obedecer a la milicia simplemente porque no es seguro estar sola. Con Edward a mi lado, no tengo que preocuparme de eso. Podemos ir a cualquier parte. Podemos ir a la costa oeste y ver si la vieja California está tan destruida como Texas. Quién sabe, quizás incluso podríamos volar a Hawái.
Solía adorar la playa. Me pregunto cuánto tiempo tomaría volar a través del océano y si hay dragones en las islas. Por supuesto, tendría que encontrar una manera de hacer subir a Ángela a la espalda de un dragón sin que se aterre. Y también a Sasha. No las dejaría atrás...
-Mantén la calma, mi pareja- me dice Edward, interrumpiendo mi torrente de pensamientos. Su cabeza se alza y mira fijamente a la distancia. ¿Calma? De inmediato miro en la dirección en la que está mirando, alerta.
-¿Por qué? ¿Qué sucede?-
-Nada sucede. Pero tendremos un visitante pronto- y me muestra una imagen mental que coincide con el horizonte a mi izquierda.
Me doy la vuelta, mirando, y veo una mancha en el horizonte. La mancha se hace constantemente más grande, y contengo el aire mientras lo observo virar distraídamente alrededor de un edificio alto y luego abalanzarse hacia debajo de nuevo, dirigiéndose en nuestra dirección una vez más. La luz del sol brilla en sus escamas doradas. Oh, mierda. Me pongo rígida en mi asiento, aferrándome a los manubrios como si de alguna manera fueran a protegerme.
-¡Es otro dragón! ¡Otro macho!- le digo, entrando en pánico.
-Cálmate, Isabela. Nadie te hará daño. Estás conmigo y eres mi pareja. Estás a salvo.-
-¿Viene por mí?-
-Sí... pero una vez que huela que eres mía, descartará la idea.-
-Suenas muy seguro.-
-Lo estoy. Hueles a mi aroma. Mi fuego está en tu sangre. Sabrá que estás reclamada- sus pensamientos llevan una caricia inconfundible y lánguida.
Escucharlo me hace sentir un poco acalorada y adolorida, pensando en lo que sucederá cuando aterricemos y estemos solos de nuevo. Sin embargo, ahora no es el momento para pensar en eso. Hay un dragón dirigiéndose hacia nosotros. Sin embargo, no hay ni un poco de nerviosismo en los pensamientos de Edward, y eso hace que me relaje un poco. Si mi dragón no está preocupado, entonces yo tampoco.
Mi dragón. Extraño lo natural que parece ahora. Las alas de Edward se inclinan, la izquierda bajando más, y hacemos círculos perezosos en el cielo, dirigiéndonos lentamente hacia el suelo. Giro mi cuello, las manos tensas sobre el arnés mientras miro sobre los enormes hombros con escamas de Edward para buscar en el aire al otro dragón. Este hace círculos cerca y Edward ruge, lo que es rápidamente respondido. Ninguno suena molesto, lo que significa que es muy distinto a cualquier otra interacción de dragones que haya visto.
Edward gira su cabeza, y veo que sus ojos permanecen dorados, no son negros por alguna una emoción intensa. No está afligido y me relajo un poco más. El nuevo dragón se desliza hacia el suelo y repliega las alas, acomodando sus ancas mientras da unos pasos hacia delante. Mira alrededor, su cabeza girando, y veo que sus ojos se arremolinan con negro y dorado; aunque más negro que dorado. Sigue atrapado en la locura, y eso me pone nerviosa, pero no está atacando. Edward dice que está aquí para hablar, así que tengo que confiar en él.
-Confía. Tengo razón sobre esto. Nunca te pondría en peligro- paso una mano sobre su cuello.
-Claro, claro- me quejo juguetonamente -tenías razón y yo me equivoqué- bajamos al suelo a una distancia considerable, en medio de viejos autos dispersos en el medio de la calle. Edward mete sus alas y de inmediato mira sobre su hombro hacia mí.
-Quítate el arnés. Eres mi pareja y estás a salvo conmigo, pero eso no quiere decir que lo tentaré empujándote bajo su nariz- rápidamente me quito las correas, un poco ansiosa por escuchar eso.
-¿Pensé que dijiste que era seguro?-
-Y estás segura- responde con calma -pero sigue atrapado en la locura. Estás a salvo, pero eso no significa que te arriesgaré- me parece bien. Termino de quitarme las correas y desciendo por uno de sus hombros hacia al suelo para que pueda deslizarme hacia abajo.
Lo hago, y en el momento en que mis pies tocan el suelo, casi caigo de rodillas. Estoy tan tambaleante como un cervatillo luego de ese largo vuelo.
-Estoy abajo- le digo -esperaré aquí- se gira y sopla contra mi cuello con su enorme hocico.
-No tardaré- se aleja, dirigiéndose hacia el otro dragón dorado, y noto que está conservando la forma de dragón; disculpa, la forma de batalla.
Su cola se lanza de un lado a otro como un gato, el único signo externo de agitación. Me retuerzo las manos, intentando no preocuparme.
-Mantente a salvo, ¿de acuerdo?- su respuesta mental es un estallido de emoción relajante y tácita.
El otro dragón brama cuando Edward se acerca. Salta hacia delante, y en vez de dirigirse hacia Edward, se dirige hacia mí. Igual de rápido, Edward lo corta, moviéndose suavemente entre nosotros. Fiel a su palabra, no dejará que el extraño se acerque. No puedo dejar de retorcerme las manos, observando mientras el otro dragón mira en mi dirección. Sus ojos pasan constantemente a un negro, y es como si estuviera viéndolo pasar de la locura a la cordura, una y otra vez.
-Mantén la calma. Es un viejo amigo- me dice Edward -recuerdo su nombre. Emmett- un viejo amigo. Encantador.
-Dile que le mando saludos.-
-No lo haré. Emmett lucha- me dice Edward -este lugar es malo para nuestra gente. No puede mantener el agarre sobre lo que está sucediendo. A veces ni siquiera recuerda su propio nombre- hay mucha tristeza en los pensamientos de Edward -fui así una vez.-
-Y cambiaste... ¿por mí? ¿Hay algo que podamos hacer por él?- un aluvión posesivo es mi respuesta.
-No te compartiré.-
-¡Eso no fue lo que estaba ofreciendo! ¿Pero quizás podamos encontrarle una pareja?- Por otra parte, ¿qué estoy diciendo? Tendríamos que encontrar a una mujer humana lista para aceptar a un dragón y esperar lo mejor. Solo porque encontré un dragón que me trata bien no significa que otro lo hará. O que ella será capaz de ver más allá de todo el asunto de "monstruo asesino".
-Emmett te codicia- me deslizo un poco más cerca de una furgoneta abandonada con la puerta colgando abierta y me pongo detrás.
-Dile que soy una chica de un solo dragón.-
-No te tocará. Puede oler que estás reclamada. Me está pidiendo que les diga a los otros machos que tengo una pareja. Cree que eso les dará esperanza y los sacará de la locura.-
-¿Crees que realmente pueda sacarlos de la locura? ¿La esperanza de una pareja?-
-No lo sé, pero no voy a hacer el intento. Eres mía. No voy a presumirte frente a los otros. Emmett está bastante cuerdo, pero no sé cómo reaccionarán los otros.-
-¿Esto es cuerdo?- Le echo un vistazo a Emmett y observo a sus gigantes mandíbulas cerrarse salvajemente en el aire, como si atacara balas invisibles. Sus ojos están completamente negros de nuevo y su cola está sacudiéndose tan fuerte que está levantando una nube de polvo. Si esto es cuerdo, odiaría ver la locura.
-Estoy de acuerdo. Los otros puede que estén demasiado perdidos.-
-Como los rojos que atacan constantemente el Fuerte Dallas.-
-Ellas son la razón de nuestra locura.-
-¿Lo son?- Sabía que todos los dragones estaban locos, pero no sabía que uno era la causa de lo otro.
-Sí. Este mundo hace que estén en celo constantemente. Los machos olemos el celo y eso nos vuelve locos de lujuria. Una hembra en celo en territorio cercano volverá a todos los machos salvajes y feroces con la necesidad de aparearse y procrear. Pero aquí, en este mundo, ninguna cría ha nacido. Los dragones rojos permanecen en celo y dementes. Los dorados permanecemos enloquecidos debido a los rojos.-
-¿Y a eso se debe que ya no estés más loco como él? Porque tú... ¿no estás atraído por el celo?-
-Estoy emparejado- explica Edward -no hay nadie para mí, salvo tú ahora. Soy el fuego en tu sangre- es tonto sentirse halagada y complacida de sus pensamientos, pero lo estoy.
-Me alegra que estés cuerdo- incluso si significa que nunca pueda dejarlo. Cada día que pasa, me alejo un poco más de esa idea de todas maneras. Estamos conectados, él y yo. Y no... no odio eso.
Podría amar esa idea.
Podría amarlo.
Oh dios, podría estar loca también. No puedo amar a un dragón. Los pensamientos de Edward irrumpen en mis pensamientos.
-Emmett desea saber dónde encontré a mi pareja. Quiere una para sí, incluso si son débiles y no tienen forma de batalla. Dice que tienes un olor agradable y le gusta tu cabello.-
-Gracias- le digo irónicamente -pero dile a Emmett que no puede simplemente robarse las mujeres de la ciudad. No puede hacer eso. No puede obligar a alguien a ser su pareja.-
-¿No puede tomar una hembra si lo desea? ¿No estás siendo cuidada, mi Isabela? ¿No estás complacida?- Me sonrojo ante el aluvión de imágenes que envía con sus pensamientos. ¿Complacida? La oleada de visuales que está enviándome es de anoche en la cama, y ciertamente, fui complacida. Repetidamente. Dragón arrogante.
-Por supuesto que estoy siendo cuidada- digo evasivamente -pero no elegí esto. No fue justo para mí ser tomada, y si alguien más quiere ser la pareja de un dragón, tiene que ser su elección- el otro dragón camina de un lado a otro, cambiando su peso de una pata a otra.
Su cola se azota de un lado a otro, agitada, y constantemente despliega sus alas, como preparándose para salir volando. Tengo la ligera sospecha de que en el momento en que Edward le diga dónde me encontró, Emmett irá allí y robará chicas. Jesús. No puedo dejar que eso suceda.
-Le he explicado que los humanos son distintos, pero su mente está fracturada. No estoy seguro de que entienda. Pero, ¿sería algo tan terrible si toma una hembra humana que encuentre?- Puedo notar por los pensamientos de Edward que no lo cree.
-Sí, lo sería- envío en respuesta con fuerza -sería algo terrible si roba a alguien.-
-¿Eres infeliz con ser mi pareja?- No respondo. ¿Qué puedo decir? Si soy feliz, perderé cualquier oportunidad de regresar al Fuerte Dallas. Abandonaré a Ángela. Pero tampoco puedo mentir.
-No es tan simple, Edward. Tengo que regresar a la ciudad.-
-¿Por qué? ¿No eres cuidada? ¿Qué está esperando allá para ti?- Posesividad y celos tiñen sus pensamientos.
-Mi hermana y mi mejor amiga- le digo, y me imagino el rostro de ambas en mi mente -sé que no lo entenderás, pero me necesitan. No pueden sobrevivir sin mí. Tengo que regresar a la ciudad, porque tengo que regresar a ellas.-
-Estarán a salvo con un dragón como pareja- me dice Edward -¿Debería dejarle saber a Emmett de tus amigas?-
-¡No! ¡No le digas nada! ¡Mi hermana y Sasha no tienen que aparearse con nadie! Pueden vivir conmigo. Contigo. En nuestro apartamento. Tiene mucho espacio.-
-No pueden vivir con nosotros. Atraerían a cada macho desde el amanecer al anochecer y cada uno lucharía por el privilegio de tener una pareja. No podemos tener eso en nuestro hogar- siento nauseas. ¿Ángela no puede venir? ¿Sasha tampoco?
-No puedo dejarlas allí, Edward. No puedo. Ayúdame.-
-Entonces déjame decirle a Emmett que sé dónde puede encontrar una pareja. ¿Entiendes lo atesorada que será?- Pienso en Ángela, encarcelada. Pienso en Sasha, vendiéndose a un soldado brutal por unas pocas comidas de vez en cuando. Quizás una pareja dragón sería una mejora -Emmett amaría y cuidaría de una pareja, como cualquier macho- Oh dios. Odio estar siquiera considerando esto.
-No lo sé... no puedo decidir por ellas, Edward. Todavía tiene que ser su elección aceptar una pareja.-
-Entonces quizás deberíamos encontrarlas y ofrecerles la opción- tengo sentimientos confusos sobre eso. Siento que estoy traicionando a mi hermana y a mi mejor amiga... aunque eso las salvaría.
Si Emmett tratara a Ángela o Sasha tan bien como me trata Edward, sería cientos de veces mejor que nuestra miserable vida en el Fuerte Dallas. Estarían a salvo, tal y como dice Edward. Ningún ataque de dragón las amenazaría de nuevo. Ningún soldado tampoco. Y ambas probablemente me odiarían para siempre por venderlas.
No sé qué hacer. Dudo y miro al extraño dragón dorado. Sus ojos están menos negros que antes, y cuando miro, se arremolina a un ámbar. Cordura. Felicidad. La mera idea de una pareja es suficiente para sacarlo de la locura. Y mientras salve a Ángela y Sasha, supongo que es hacer lo correcto.
Estarán más a salvo con un dragón sobreprotector que con los soldados armados del Fuerte Dallas. Pero sigo sintiéndome un poco enferma ante la idea. Una y otra vez, siento que estoy traicionando a mi gente. Irónico, dado que ellos me traicionaron primero.
Regresamos a nuestra torre tarde esa noche y Emmett nos acompaña. Edward me deposita con cuidado en el suelo y no se transforma en su forma de dos piernas, en cambio, regresa volando a una de las paredes y se sienta al lado de Emmett, dos brillantes y mortales cuerpos dorados brillando a la luz de la luna.
Trabajo en reforzar mi equipo de vuelo mientras los dos dragones hablan, e intento no sentirme rara por ser excluida de la conversación. Al menos, creo que los dragones están hablando. El lugar está en silencio, los dos dragones apoyados en lo alto de las paredes rotas, posados como cuervos. De vez en cuando, veo el destello de un pensamiento de la mente de Edward y cada cierto tiempo, me busca mentalmente, como si intentara volver a centrarse.
Le envío afecto en respuesta y recibo pensamientos débiles de placer antes de que se vuelva a marchar. Así que, sí. Hablando. Sé que algo tiene que ser dicho, pero no estoy al tanto. Estoy un poco incómoda con que Emmett nos siguiera a casa, porque ahora sabe dónde vivimos Edward y yo.
Supongo que ya no se puede hacer nada al respecto. Los dragones tienen un sentido del olfato extremadamente agudo y apuesto a que sería capaz de detectar mi aroma en el aire a kilómetros de distancia. Frunzo el ceño ante la idea, alzando la mirada hacia los dragones, usando las gafas de natación que estoy ajustando a mi rostro.
-Oye, Edward.-
-¿Sí, pareja?- El pensamiento es una serpiente ronroneante que se desliza a través de mi mente, llena de placer y posesividad. Prácticamente hace que me ruborice, ya que prácticamente puedo adivinar lo que está pensando.
-Si puedes olerme desde una distancia, ¿cómo es que otros dragones no han descubierto que hay un montón de mujeres humanas en la ciudad y no las han reclamado para sí mismos?-
-La colmena humana apesta- responde. Sus alas se mueven, las longitudes de cuero atrapando la brisa a la vez que baja al suelo a mi lado. Luego, Edward me arrastra a sus garras y comienza a acariciar mi cuello con su hocico -no huelen bien como tú- me retuerzo contra él, intentando salirme de su agarre.
-Si vas a ponerte juguetón, tienes que cambiar de forma.-
-Eres mía y me gusta como hueles- su hocico baja por mis omóplatos y siento si lengua pasar por mi nuca en una sensación que me hace estremecer -pero no puedo ponerme juguetón contigo ahora. Te reclamaré cuando Emmett se haya ido. Eres mía y solamente mía- dejo de intentar salirme de su agarre y dejo que me abrace. Acaricio con una mano su gran nariz, intentando encauzar su mente.
-Entonces, ¿la ciudad humana huele? ¿Mal?-
-Algunos huelen mal. Algunos bien. Hay demasiados aromas para fijarse en uno. Interfieren con los otros y hace imposible encontrar individuos. El olor de los humanos vuelve especialmente locas a las hembras- asiento, pensando en los frecuentes ataques de dragones. Son mayormente instigados por los dragones rojos. Los dorados son menos frecuentes.
-Así que las mujeres están a salvo siempre y cuando se queden en la ciudad.-
-Dices que están a salvo, y sin embargo, deseas traer a tu hermana aquí. Si está a salvo, ¿por qué vendría con nosotros? Soy el enemigo- dejo que mi mano juegue a lo largo de las escamas duras de la babilla de Edward, acariciándolas mientras pienso.
-Estuve metida en problemas en la ciudad. Quieren que regrese así pueden castigarme, así que están manteniendo a mi hermana cautiva. Me preocupa que vayan a cansarse de mantenerla y hacer algo peor- pienso en los guardias de la ciudad, con sus manos sobonas y modos engreídos y superiores. Pienso en el "amigo" de Sasha al que le gusta usar sus puños a cambio de bocados que comer. Una mujer sin poder en el Fuerte Dallas es una mujer en peligro y hay muchos que se aprovecharán -es lo mejor- le digo -confía en mí- ahora solo tengo que convencerme de eso.
-Haré todo por hacerte feliz, mi Isabela- miró a Emmett, que todavía sigue posado por encima de nosotros. Me observa como un halcón, su mirada codiciosa cuando me mira, acurrucada en las garras de Edward.
-¿Y él? ¿Va a comportarse?-
-Sus pensamientos son confusos, pero tiene un centro de atención: una pareja. Siempre y cuando lo mantengamos enfocado en eso, nos ayudará- sin embargo, ese es el asunto. No confío exactamente en que Emmett no nos arrebatará a Ángela en cuanto la liberemos de la milicia.
-Quizás deberíamos hacer el rescate nosotros solos.-
-Emmett será la distracción que necesitamos- me dice Edward y envía una ráfaga de imágenes mentales de Emmett volando al borde de la ciudad, mientras Edward va al edificio de la policía, arranca el techo y libera a mi hermana. Lo que es estupendo y todo, pero sigo sin confiar en Emmett. Quizás es la manera en que sigue mirándome. Me observa como si fuera a desafiar a Edward por mí si llegara a respirar mal -no lo hará- dice Edward, interceptando mis pensamientos -ya has sido reclamada. Otro dragón no puede tomarte para sí. Mi fuego ya está en tu sangre.-
-Pero, ¿por qué lo necesitamos? Las armas de los soldados no pueden hacerte daño, ¿verdad?- Sus garras se aprietan a mi alrededor protectoramente.
-No pueden lastimarme, pero eres pequeña, frágil y rosada. Tu hermana también. No los quiero disparando sus armas en tu dirección- una sonrisa curva mis labios ante su descripción. ¿Pequeña, frágil y rosada?
-Eres dulce- le digo.
-No, soy codicioso- lame mi cuello y una gran garra del tamaño de mi antebrazo se roza contra la punta de mi seno.
Contengo el aliento, mis pezones poniéndose duros. ¿Por qué es que respondo tan fácilmente al tacto de Edward ahora? ¿Es debido a que los orgasmos cada vez son alucinantes? No hemos vuelto a tener sexo con penetración. Me está dejando decidir cuándo quiero llegar así de lejos una vez más. En cambio, me da cantidades infinitas de sexo oral. Cantidades infinitas y arrebatadoras de sexo oral. Quizás es por eso que respondo al más mínimo toque suyo.
O quizás se deba a que estoy sintiendo cosas por mi dragón grande y posesivo. Alejo ese pensamiento antes de que pueda interceptarlo, porque no quiero hablar de amor o el futuro hasta que Ángela esté a salvo. No puedo comprometerme a nada mientras ella esté en peligro. Hay una repentina ráfaga de alas encima de nosotros y me sobresalto, alarmada, cuando Emmett se lanza y toma los cielos nocturnos, disparándose en la oscuridad.
-¿Qué pasó?- pregunto, confundida -¿Se ofendió por algo?- Las grandes garras jugando con mis senos desaparecen y me vuelvo justo a tiempo para ver a Edward transformándose de nuevo en su forma humana. Endereza su hermoso cuerpo, todo músculo dorado. Me mira con hambre y deseo, su pene está grueso e hinchado, sobresaliendo de sus caderas de una manera muy obvia. Se me queda seca la boca ante la vista de él.
-Lo envié lejos- me dice Edward. Me acaricia la mejilla con el dorso de su mano, trazando mi mandíbula con sus nudillos -le dije que era hora de que reclamara a mi pareja y la complaciera- estoy aterrada y excitada a la vez.
-Por favor, por favor, dime que no le dijiste eso.-
-¿Por qué? Él comprende. Desea tener una pareja la mitad de encantadora y suave que la mía para rodearla con su cuerpo. Con quien compartir impresiones- el brazo de Edward me rodea la cintura, arrastrándome contra él. Su mirada captura la mía y me da una mirada traviesa -¿Debo darte placer, mi pareja?- Antes de que pueda responder, agrega: -Solo tomaré lo que das libremente- significa sexo oral. Y aunque eso es estupendo; y de acuerdo, amo completamente el sexo oral y su disposición a darlo, también me siento un poco triste de estar demasiado asustada para pedir más.
Mañana vamos a llevarnos a Ángela y Sasha. Pase lo que pase mañana, nuestra dinámica cambiará. Luego de mañana, seremos él, Ángela, Sasha y yo en este lugar. ¿Vamos a perder nuestro tiempo a solas y los días de agarrar distraídamente a la otra persona para un besuqueo espontaneo en cualquier momento y en cualquier lugar? Esos días acabarán.
Me siento un poco triste por eso y me pregunto si debería aprovecharme de la situación. Voy a pedirle a Edward que confíe en mí mañana, ¿y no puedo confiar en él? Y si algo malo llegara a pasar mañana... esta podría ser nuestra última noche juntos.
-Quiero tener sexo- le suelto, mi mano sobre su pecho desnudo -sexo real. No solo toques. Lo quiero todo... pero tengo miedo.-
-¿Por qué estás asustada? Soy tu pareja. Solo quiero darte placer.-
—Sí, pero la mordida…-
-No necesito hacerlo de nuevo. Mi veneno corre a través de ti incluso ahora- me mira con intensidad, sus garras acariciando la columna de mi garganta -tu aroma se ha mezclado con el mío, igual que nuestras mentes se han mezclado. Estamos conectados- una garra se arrastra por el frente de mi camiseta, la tela enganchándose -eres mi pareja. Mi todo. Pero si sigues teniendo miedo, te complaceré con mi boca- trago con dificultad.
-No quiero estar asustada. También te deseo.-
-Entonces mira en mi mente. Mira mis pensamientos. Sabrás que no tienes nada que temer- busco tentativamente conectar mi mente a la suya y de inmediato me veo inundada por imágenes.
Imágenes de nosotros juntos, su boca sobre mi piel. Imágenes de mi mano acariciando su espalda. De su boca entre mis piernas. De él alimentando la dolorida longitud de su pene en mi suave coño... Y gimo, rodeándole con mis brazos el cuello.
-Sí, de acuerdo, hagamos eso.-
-¿Qué parte?- Suena divertido.
-¿Tengo que elegir?- Quiero todo. Todo lo que me acaba de mostrar, porque soy terriblemente codiciosa.
-Entonces lo tendrás todo- me gira en sus brazos y se dirige hacia nuestra gran cama. Le rodeo el cuello con los brazos, todavía un poco vacilante.
-Todavía tenemos que prepararnos para mañana- le digo, incluso cuando me baja sobre la cama y de inmediato sube sobre mí -tengo que hacer una segunda silla para Ángela y…- y me estoy distrayendo cuando su peso se asienta sobre mi cuerpo. Dios, amo la sensación de él contra mí.
Mi aliento muere en mi garganta cuando entierra su rostro contra mi cuello y comienza a lamer mi clavícula con su lengua áspera y caliente.
-Nos prepararemos- me dice, y sus pensamientos están roncos con necesidad -pero por ahora, necesito a mi pareja.-
-Oh, chico, tu pareja también te necesita- me arqueo contra su lengua provocadora y gloriosa. ¿Por qué estoy usando tanta ropa? Tiene que desaparecer ahora mismo.
-Mi Isabela- dice en voz alta, mi nombre cuidadosamente pronunciado y sonando como puro calor viniendo de él. Gimo.
-Dios, ¿por qué tu voz es tan sexy?- se ríe entre dientes, su pecho retumbando.
-Isabela- vuelve a provocar, y su mano se mueve para deshacerse el botón de mis vaqueros -huelo la humedad entre tus piernas. Te vuelves resbaladiza cuando digo tu nombre- gimo, mi cabeza echándose hacia atrás sobre las mantas. Lo que sea que quiera hacer conmigo, soy suya. Con un simple susurro sin aliento de mi nombre, estoy lista para arrancarme las bragas y arrojar la precaución al viento. Mi dragón me tiene. Me tiene y me mantendrá a salvo.
-Isabela- murmura de nuevo, su boca deslizándose hacia abajo. Sus garras rasgan mi camiseta, rompiendo la tela -quiero sentir tu piel contra la mía- grito, apartando sus garras, por naturaleza, siempre seré una carroñera práctica.
-¡No mi camiseta! ¿Sabes lo difícil que es encontrar ropa buena que no esté dañada…-
-Entonces quítatela, rápido- muerde con sus colmillos mi piel expuesta y me da una mirada ardiente que hace que mis rodillas se vuelvan líquidas -quiero montarte y hundirme dentro de tus dulces profundidades, mi Isabela- Oh, santo cielo, también quiero eso. Tiro de la ropa restante, moviéndome tan rápido como puedo.
Tendré que coserlas mañana, pero por el momento, tienen que salir pronto. Los pensamientos seductores de Edward están haciendo que me duela bien adentro. Me quito la camiseta, luego mi sujetador y los arrojo fuera de la cama. Entonces me recuesto de espaldas y comienzo a sacarme estos estúpidos vaqueros ajustados. Mucha ropa. En este momento estoy pensando que debería volverme una desnudista igual que él. Incluso mientras me desvisto, se mueve hacia adelante, retumbando bajo en su garganta. Su boca va a mi seno y lo sujeta en su mano y comienza a lamer suavemente la punta erecta.
-Dios, no juegas limpio- chillo, quitándome los vaqueros de mis tobillos y luego haciendo lo mismo con mis bragas. Mientras tanto, sigue mordisqueando y chupando la punta de mi seno, volviéndome loca.
Pero cuando finalmente estoy desnuda, le rodeo las caderas con mis piernas y arrastro su cuerpo de nuevo contra el mío. Lo jalo, atrayéndolo para poder besarlo. Sintiendo mi necesidad, presiona su boca contra la mía, dándome un beso profundo y suave. Y me encanta, sabe a calor, especias y todas las cosas que más he anhelado con cada día que pasa. Su pene se frota contra el calor resbaladizo de mi coño, y gimo en su boca cuando se empuja a través de mis pliegues, mojando su longitud con mis jugos.
Se frota de un lado a otro, hasta que estoy loca de necesidad y mis caderas se alzan para encontrarse con las suyas. No estoy pensando en mordidas, o sillas de montar, o nada más que sentirlo frotándose contra mí. Es lo mejor del mundo y a la vez lo más enloquecedor, porque lo quiero profundo en mi interior.
-Sí- murmuro contra su boca caliente -por favor. Edward. Ya no tengo miedo- ya no queda miedo en mí, estoy llena de hambre por él.
-Isabela- ronronea una vez más, su lengua enredándose contra la mía. Me estremezco de necesidad, con tanta fuerza que casi me vengo con su siguiente embate resbaladizo contra mis pliegues.
-Por favor- le envío -deja de torturarme y tómame.-
-Date la vuelta, mi pareja- sus pensamientos son posesivos, pesados con deseo incluso mientras se levanta de mí y sus ojos están negros con necesidad -te mostraré cómo un Drakoni toma a su mujer- estoy es tan increíblemente indecente. Lo... amo.
Gimo mientras me pongo sobre mi estómago, obedeciéndolo. Levanto mis caderas sugerentemente cuando lo hago, mis manos retorciendo las sábanas mientras espero su tacto. Este llega poco después. Su gran mano acaricia mi trasero, rozando mis caderas y muslos.
-Tan hermosa, mi Isabela. Mi pareja.-
-Edward- gimo -te necesito- levanta mis caderas hasta que estoy de rodillas, mi mejilla presionada contra el colchón.
-¿Quieres a tu pareja, Isabela? ¿Me quieres profundo dentro de ti?-
-Sí- ruego -sí, por favor. Ahora.-
-¿Aquí?- Sus nudillos rozan a lo largo de mis pliegues húmedos y grito. Rozan mi piel, y lo siento raspar mi clítoris, rodeándolo con un nudillo una y otra vez -¿Es esto lo que deseas?- Oh, Dios, lo es sin duda. Estoy haciendo ruegos incoherentes mientras rodea mi clítoris, volviéndome loca -muéstrame- dice, y su mano se queda quieta -usa tu mano y guíame- estoy jadeando cuando alcanzo entre mis piernas y encuentro su enorme mano allí. Comienzo a tocarme, a acariciar mi clítoris, pero aparta a un lado mi mano -úsame- tan indecente. Tan delicioso.
Gimo mientras lo guío, usando sus nudillos para frotar suaves círculos alrededor del sensible nudo de mi clítoris. Puedo sentir el calor de él presionándose contra mi cuerpo, y eso, combinado con los seductores pensamientos que está enviando en mi dirección, estoy a punto de venirme en lo que se siente como tiempo record. Froto con más fuerza y más rápido con su nudillo, mi boca abierta en un grito sin palabras. Tan cerca. Tan... Se detiene. Su mano se aparta. Ahogo un grito de frustración en mi garganta, agarrando otro puñado de sábanas.
-Edward- digo jadeando -hijo de pu…- casi me caigo de cama a continuación, porque la cabeza de su pene se presiona contra mi núcleo. Dios, sí, esto es mejor. Mucho mejor. Muevo mis caderas, abriendo más mis rodillas para poder tomarlo. Así puede reclamarme.
Lo hace, con un golpe rápido y duro. Edward se hunde profundo, llenándome con tal intensidad que mis pies se doblan. Grito ante la sensación, el placer estallando a través de mí como una inundación. Ya, mis músculos están comenzando a apretarse y tensarse con el inicio de un orgasmo; se siente tan bien dentro de mí. Amo el gruñido bajo que hace, la manera en que su gran cuerpo cubre el mío, todo.
Estoy latiendo de necesidad y no queda aliento dentro de mi cuerpo. Todo está esperando, listo para explotar. Sujeta mis caderas, se retira y luego vuelve a empujar dentro de mí. Hago un gruñido completamente poco femenino, sorprendida por lo bien que se siente ese movimiento enérgico. Entonces comienza a introducirse con golpes rápidos y posesivos.
-Mi pareja- gruñe en mi cabeza, abrumando mis pensamientos con los de él -¿Te gusta la manera en que te tomo, mi pareja? ¿Te gusta la manera en que te hago mía?-
-Sí- lloriqueo, aferrándome a las mantas como si dependiera mi vida de ello mientras me penetra deliciosamente. Mis dedos se doblan con cada golpe de su pene, su gran tamaño arrastrándose contra todo mi cuerpo y haciéndome sentir increíble.
Puedo sentir a mi coño apretarse alrededor de él cuando mi orgasmo se construye y eso hace que cada empuje de su pene sea más duro y más delicioso. Meto un puñado de mis sábanas nuevas entre mis dientes y las muerdo a la vez que lucho para contener la ola de deseo por unos momentos más. Se siente tan bien, quiero que esto dure para siempre.
Sin embargo, no tiene caso. A continuación, me estoy viniendo, pequeños jadeos apasionados escapando de mi garganta mientras mi cuerpo se tensa y lo sujeto con fuerza profundamente, el orgasmo haciéndose pedazos dentro de mí. Distraídamente escucho a Edward rugir su propio placer, lo siento empujar con más fuerza dentro de mí, sus movimientos volviéndose erráticos a medida que alcanza la cima.
Me tenso, porque tengo miedo de que vaya a darme vuelta y morderme... Pero entonces se está corriendo también. Siento su liberación dentro de mí, caliente y mojada. Sigue conduciéndose dentro de mí, lentamente, y cuando no hay movimiento para morder, me relajo y cierro los ojos, perdiéndome en la felicidad. Ese fue un apareamiento brutal... y uno completamente sublime. Mis dedos de los pies se sienten permanentemente doblados y tengo una sonrisa tonta en el rostro. Edward suspira pesadamente y siento su peso levantarse de mí. Poco después, me arrastra contra él, acunando mi pequeño cuerpo contra el suyo más grande.
-Mi pareja- dice de nuevo, acariciando mi cuello -eres mía por ahora y para siempre, mi Isabela- alargo mi mano y toco su mejilla con ternura, pero no respondo. Necesito que mañana llegue antes de poderle prometer mi futuro a cualquiera. Porque si Ángela no está a salvo, ¿cómo puedo ser feliz con Edward?
