ENTRE CARTAS Y MENTIRAS

CAPÍTULO 13

DESTINO O CASUALIDAD

Anthony recordaba aquella tarde cuando antes de irse a Escocia a estudiar había probado por primera vez los labios de la pecosa, había sido un contacto sutil y efímero, sin embargo ese simple contacto había hecho estremecer su cuerpo, cambiando todo su mundo, marcando un antes y un después en aquella relación y confirmando nuevamente que Candy era el amor de su vida.

-También puedo asegurarte que si besas a la persona equivocada te arrepentirás de haberlo hecho. – Stear y Archie lo vieron con nostalgia, imaginándose a qué se refería su primo. Anthony suspiró una vez más resignado sabiendo que no podía hacer ya nada por cambiar el pasado y que solo el presente y el futuro era lo único que podía moldear de ahora en adelante y luchar para que todo saliera como tanto lo había soñado.

-Lo bueno es que eso ya terminó. – Dijo Stear palmeando su hombro para animarlo, una vez que vio el rostro desanimado del rubio.

-Definitivamente. – Dijo Anthony feliz, cambiando de semblante rápidamente, sabía que de ahora en adelante las cosas serían diferentes, de él dependía que todo fuera así. – Ahora a esperar el regreso de Candy y demostrarle cuanto la amo. – Decía ilusionado, recordando las miradas compartidas la noche anterior mientras bailaban, sobre todo el beso tan repentino que la rubia le había dado al despedirse aquella madrugada.

Uno de los criados de la mansión fue el elegido para ir a entregar las rosas a la mansión de los Britter, mientras Archie y los chicos esperaban ansiosos su regreso.

-¿Quién era Robert? – Preguntó la señora Britter a su mayordomo, quien recibió las flores únicamente y cerró la puerta sin esperar nada más.

-Era un enviado de la familia Andrew. – Dijo el caballero. – Trajo este ramo de flores para la señorita Annie, de parte del joven Archivald Cornwell. – Explicó mostrando el florero que había sido entregado a sus manos.

-¿De Archie? – Peguntó extrañada la señora Britter, ya que todo el tiempo que habían salido no tuvo noticias de que su hija recibiera un obsequio de su parte, salvo en navidades y cumpleaños.

Annie venía bajando las escaleras junto a Patty, ambas sonrientes y más tranquilas después de que Patty se hubiera encargado de escuchar a Annie una vez más del desamor de Archie, era una plática común entre las chicas y al no estar Candy, Patty era la ideal para hablar de lo que la ojiazul sentía en su corazón.

-¡Qué hermosas flores! – Dijo Patty al ver el ramo. Annie asintió y se acercó a su madre para preguntar de quién era aquel magnífico ramo que había llegado a la mansión.

-¿De quién es este ramo mamá? – Preguntó Annie tranquila a su madre, hasta cierto punto ilusionada, pero a la vez creía que podría ser del inventor quien se había encargado de demostrarle a su querida Patty cuanto la amaba con aquel gesto tan romántico.

-Son para ti. – Dijo la señora Britter dudando si decirle o no quien las había envido, ella tenía la tarjeta en la mano y sería muy fácil desecharla y decirle que era un obsequio anónimo.

-¿Para mí? – Preguntó entre temerosa e ilusionada, le daba ilusión como toda chica amante de las flores recibir un arreglo floral tan hermoso como aquel, pero le causaba temor descubrir al destinatario, más cuando Wilberth se había mostrado demasiado atento con ella y a pesar de pensar que era un chico tímido, atento y muy guapo ella no se sentía que su corazón se derritiera con su sola presencia. - ¿De quién son? – Preguntó curiosa.

-No lo sé. – Respondió su madre, decidida a ocultarle quien era el que había enviado aquellas rosas.

-¿Esa es la tarjeta? – Preguntó Annie sin darle tiempo a responder que no, Annie ya la tenía en sus manos abriendo el pequeño sobre comenzando a leer las líneas ahí escritas con tan fina letra, estaba nerviosa sus manos temblaban conforme iba leyendo aquellas palabras, sus ojos se nublaron por las lágrimas mostrando un rayito de esperanza en su mirada, mientras que no pudo evitar que su corazón latiera fuertemente provocado por la ilusión que tenía dentro de él. -¡Es de Archie! – Dijo aún incrédula. - ¡Es de Archie! – Volvió a decir, sin evitar que una sonrisa ilusionada surcara en su rostro de lado a lado, pensando en la sonrisa y mirada maravillosa que tenía su elegante chico.

-Annie, no creo que debas hacer caso. – Dijo Magdalena quien no quería que su hija se volviera a ilusionar y salir lastimada por el joven Cornwell. – Son solo unas flores, no te ilusiones demasiado. – Dijo queriendo poner los pies de su hija en el suelo de vuelta. Annie se sorprendió por sus palabras, sin embargo tocó el punto débil de Annie, ocasionando que aquel pequeño brillo y motivación se aplacaran de su cuerpo al creer que su madre tenía razón de lo que decía.

-Tienes razón mamá. – Dijo llevando la tarjeta consigo de vuelta a su cuarto a encerrarse una vez más. Patty se quedó en medio del salón viendo las flores y la cara de la Sra. Britter, pensó en reclamarle su proceder sin embargo no se atrevió a hacerlo.

-Con permiso. – Dijo tomando las flores y se fue detrás de Annie. Entró unos minutos después a la habitación de la pelinegra, colocó en su mesita de noche el florero con las rosas tan hermosas que Archie había enviado y encontró a Annie hecha bolita en la cama, sin importarle en lo más mínimo el arrugar su vestido, parecía tan frágil. – Mira que hermosas rosas. – Dijo Patty para animar a Annie. – Con razón Candy adora las rosas de Lakewood, son las más hermosas que he visto. – Dijo entusiasmada y Annie solo sonrió con aquella sonrisa rota que tanto le había costado a Patty eliminar de su rostro.

-¿Por qué las habrá enviado? – Preguntó Annie con la voz apagada, pasando un sin fin de respuestas por su cabeza, sin embargo el verdadero motivo había sido desechado una vez que su madre le había dicho que no se ilusionara de vuelta.

-Porque te ama. – Dijo Patty segura de sus palabras, todo la mañana se la había pasado convenciéndola de que así era, pero no se había dado cuenta que Annie era más insegura de lo que pensaba.

-¿Tú crees? – Preguntó levantándose de pronto de la cama. Patty asintió. - Wilberth me dijo lo mismo. - Patty sonrió al ver la reacción de su amiga, a pesar de no querer ilusionarse sus ojos la delataban de que realmente se había ilusionado con aquella verdad.

-¿Qué dice la tarjeta? – Preguntó Patty curiosa sentándose a su lado para esperar que ella le leyera lo que le había escrito su cuñado.

-Que siente lo de anoche y que se volvió loco al verme sonreír con Wilberth. – Dijo tímida con una sonrisa apenas perceptible en su rostro mientras sus mejillas se coloreaban de rojo por la pena que le daba repetir lo que había leído en la tarjeta.

-¿¡Lo ves!? ¡Está celoso! – Dijo Patty más animada, tomándola de las manos para apoyar lo que le decía.

-¿Debería ir a verlo? – Preguntó Annie ansiosa, demostrando que tenía impaciencia por volver a los brazos de Archivald.

-¡No Annie! ¿Qué te pasa? Déjalo que batalle un poco, ya basta con ser la chica que lo corretea y lo adula siempre, deja que te enamore, que batalle un poco, que se dé cuenta que aunque le ames tiene que esforzarse más para enamorarte. – Annie veía a Patty confundida, ya que ella nunca había sido así, si bien era verdad que nunca había tenido otro novio ella siempre había hecho todo para demostrarle a Archie que ella era una buena opción para esposa.

-¿Y si se cansa? – Preguntó con miedo, ya que todos esos meses separada de Archie le estaban costando y más cuando pensaba que alguien podía pedir a los padres de Archie un arreglo de compromiso, sabía que era un chico muy guapo y además rico y que había muchas chicas que estaban dispuestas a portar el apellido Cornwell sin ninguna objeción y eso le lastimaba más cuando pensaba que él podría corresponder de buenas a primeras a alguna de ellas.

-Entonces no te ama realmente y no te merece. – Dijo Patty. Annie tenía el corazón alborotado por la incertidumbre, sentía que iba a desfallecer porque no sentía que realmente fuera cierto lo que Patty le decía.

-¿Qué debo hacer? – Preguntó indecisa, con miedo por no saber como llevar aquella situación adelante.

-Seguir tu vida como lo has hecho, disfruta la atención de los chicos que te pretenden, así Archie se esforzará más. - Decía Patty intentando animar a su amiga.

-Pero yo no quiero ilusionar a nadie. – Dijo preocupada, recordando la dulzura de Wilberth.

-El recibir un piropo, una invitación a un café no te hace ilusionarlos, solo es para conocer tus opciones, a Archie le toca ingeniárselas. – Dijo de nuevo. Annie sonrió, sorprendida por las palabras de Patty.

-¿Así le haces con Stear? – Preguntó a su amiga. Patty negó.

-Stear es muy tierno sin saberlo, no es romántico, pero sé que me ama y él sabe que lo amo, nos tenemos confianza. – Dijo con una sonrisa. – Sin embargo lo que te digo son consejos de mi abuela, ella siempre me hablaba de la manera en la que me debía comportar cuando llegaran mis pretendientes, pero nunca llegaron. – Dijo tranquila. – Y cuando apareció Stear no hubo necesidad de aceptar otro galanteo, no solo porque no lo hubo, sino porque Stear siempre ha demostrado su interés en mí, yo sí que no sabría qué hacer si el me deja. – Dijo con miedo.

-¿Qué dices Patty? Tú también tienes admiradores. – Patty la miró incrédula. – Anoche en el baile lo pude notar, pero como tú solo tienes ojos para Stear y Stear para ti, ninguno pudo ver que las chicas suspiraban por él y los chicos te observaban a ti. – Dijo con una risita. Patty se le unió aún sin creer que lo que decía su amiga fuese cierto.

-No me di cuenta. – Dijo la castaña un poco tímida, ella no creía que eso fuera posible, sin embargo no importaba mientras tuviera a su adorable y guapo Allistear a su lado.

-Pude verlo, sobre todo cuando bailaban. Anthony también llamó mucho la atención igual que Archie. – Dijo bajando su tono de voz al mencionar al motivo de su tortura.

-Ellos no tienen la culpa de ser tan guapos Annie, también Candy debe comprenderlo. – Decía Patty recordando que efectivamente ella había visto el revuelo que causaban los tres chicos así como el tío de ellos, quien era un poco más discreto por ser el patriarca, sin embargo las mujeres se le habían acercado de la misma forma que a Anthony y a Archie.

-Es una pena que Anthony tenga una relación y su novia sea tan hermosa. – Dijo de nuevo Annie al recordar a la pelirroja que había bajado en el cortejo junto a su amado Archie.

-Es hermosa, pero Candy lo es más. – Dijo Patty y Annie asintió. Ambas continuaron hablando ahora de la situación de la rubia y también creían que ella estaba en una situación complicada, además de ponerse de acuerdo en la manera que actuaría de ahora en adelante con Archie.

Candy por su lado estaba en el hogar de Ponny renovando sus ánimos, siempre que se sentía agobiada sabía que ir a ese lugar era como un retiro para su alma, podía pensar y platicar su situación con sus madres y así tomar una actitud más positiva ante la vida, y a pesar de que esta ocasión no había sido la excepción aun así guardaba en su alma la pérdida de su gran amor.

-No te preocupes Candy, siempre hay una manera de salir adelante. – Dijo la hermana María a la rubia. – Sabes que con la ayuda de nuestro señor saldrás adelante. – Decía para que se refugiara en su fe y que esta pronto le daría el camino que debería seguir.

Los días pasaban de prisa y Anthony tenía varios días en la cabaña de los Andrew, reparando él mismo todas las zonas que necesitaban arreglo, había decidido hacerlo él mismo para mantener su mente ocupada en lo que volvía Candy, así el tiempo corría más de prisa y sentía que la extrañaba menos tiempo.

-Buenos días Anthony. – Saludaron los Cornwell quienes llegaban una vez más para acompañarlo.

-Buenos días chicos. – Respondió con una sonrisa.

-Vaya que has adelantado mucho el día de hoy – Dijo Stear al ver el pequeño pórtico que había hecho al frente.

-Me levanté muy temprano hoy. – Dijo tranquilo observando el trabajo realizado.

-Tienes que dormir más. – Dijo Archie a su primo, era obvio que no descansaba lo suficiente desde que había comenzado las reparaciones del lugar.

-¿Así como tú? – Preguntó Anthony al ver las ojeras tan marcadas que lucía el pobre de su primo.

-Annie sigue sin recibirme. – Dijo Archie desanimado por la reacción de la chica ante las flores que había enviado y que él juraría que funcionarían de inmediato.

-¿Has seguido intentando? –Preguntó Anthony seguro de que su primo no lo había vuelto a hacer.

-El tonto de mi hermano solo mando las flores y la nota que tú escribiste y recibió un gracias únicamente. – decía Stear. – Pero Annie se fue a Chicago hace tres días y canceló sus planes de conquista. - Decía de nuevo para poner a Anthony al corriente de la vida amorosa de su hermano, quien se había rendido muy rápido en su intento de enamorar a Annie.

-Pero hoy iremos a Chicago. – Dijo Archie más animado, pensando que en aquella ciudad tendría mayor oportunidad de visitarla y así convencerla de que realmente la amaba. – Y entonces Wilberth tendrá competencia. – Dijo decidido, su mirada reflejaba la decisión que había tomado de recuperar a su tímida muchacha y Anthony y Stear lo miraban con una sonrisa de orgullo al ver que realmente había escuchado lo que todo le habían dicho.

-Venimos a despedirnos. – Dijo Stear para informar al rubio que él también partiría a Chicago para ver a su novia.

-¿Cuándo volverán? – Preguntó el rubio.

-El próximo lunes, estaremos unos días aquí en Lakewood y regresaremos de nuevo a Chicago a despedir al tío. - Explicó de nuevo e inventor a su primo - ¿Tú cuándo vas a Chicago?

-En cuanto pueda iré. – Dijo Anthony. – Por ahora no tengo ninguna prisa. – Sonrió pícaro, dando entender a ambos Cornwell el motivo de su estancia en Lakewood.

-Vamos, Gabriela pronto regresará a Florida. – Dijo Archie, advirtiéndole que aquella chica pronto se iría y él tendría absoluta libertad en ir y venir sin incomodidad alguna.

-No es por eso. – Dijo Anthony tranquilo poniendo una cara de travesura dando a entender nuevamente que estaría ahí hasta que Candy estuviera ahí. Esta vez si captaron la mirada de su primo.

-¡Anda pillín! – Dijo Stear comprendiendo su plan. – Será mejor que la convenzas, no quiero darte consejos de amor como a mi hermano. – Archie lo miró ofendido y Stear reía por lo que él mismo había dicho, mientras Anthony le seguía el juego.

-Si me hubiesen servido. – Dijo Archie entre dientes, pero Stear lo escuchó perfectamente bien.

-Si te van a servir, solo que tiene que ser diario, y el que Annie esté en Chicago y tú en Lakewood no ayuda. – Decía Stear seguro de sus consejos, sintiéndose orgulloso de ello.

Anthony los escuchaba hablar y hablar y se divertía con las conversaciones que entablaban mientras él se dedicaba a cortar las tablas que necesitaba. Se quitó su camisa ya que estaba empapada de sudor dejando expuesto su torso.

-¡Uhhh! Alguien ha estado haciendo ejercicio. – Dijo Stear haciendo bromas a su primo, Anthony sonrió por el comentario.

-Hay que cuidarse. – Dijo en broma sabiendo bien que su físico era resultado de la equitación, la esgrima y el trabajo que él se ponía a hacer cuando era necesario.

-Sí Stear, si tú sigues comiendo como lo haces y te sigues sentando para trabajar pronto tendrás la panza más grande que la del tío Louis. – Dijo burlándose de su hermano quien lo vio con una mirada inconforme con su comentario.

-Tampoco te veo muy activo. – Dijo Stear en respuesta haciéndole ver que él tampoco era muy movido que digamos.

-Ya, ya basta. – Dijo Anthony sin evitar sonreír por el comportamiento tan infantil de ambos, definitivamente había extrañado bastante a ese par.

-Bien, nosotros nos vamos. – Dijo Stear abrazando a Anthony para despedirse, Archie hizo el mismo movimiento que su hermano para despedirse del rubio.

-Mucho cuidado. – Respondió Anthony. – Sobre todo con el lago. – Archie rió nervioso y Stear solo recalcó lo gracioso que era su primo. Ambos chicos abordaban el vehículo y siguieron su camino de regreso a la mansión de las rosas para preparar todo y emprender su camino rumo a Chicago.

Candy por su lado después de haber pasado una semana en el hogar, se sentía con el ánimo dispuesto a enfrentar de nuevo su realidad. Anthony había regresado a Florida, y aunque sabía que volvía con Gabriela tomaba el valor para aceptarlo, trabajaría mucho más para no pensar en ello y sobre todo para tratar de seguir adelante a pesar de aquel sofoco que sentía en su pecho cada que pensaba en él.

-Anthony ¿Así será de ahora en adelante? – Pensaba la rubia. – Te has convertido en un sofoco en mi alma cada vez que pienso en ti… un sofoco doloroso que me impide pensar bien. - Repetía triste para sí misma.

-¿Ya tienes todo listo Candy? – Preguntó la señorita Ponny.

-Listo. – Dijo saliendo de sus pensamientos, sonrió triste y la mayor comprendió su estado de ánimo.

-No te preocupes Candy, todo saldrá bien, no te mortifiques. – Dijo besando su frente una vez más.

-¿No prefieres esperar a George? – Preguntó la hermana María sabía que ahora que era una Andrew ya más reconocida la cuidaban mucho más, sobre todo desde que quedó al descubierto su padre adoptivo.

-No, Tom irá a Chicago con el señor Steve, está bien que me vaya con él. – Dijo decidida.

-Muy bien, entonces será mejor que se vayan ya o se hará más tarde. – Dijo la señorita Ponny advirtiendo que el tiempo corría y que entre más rápido salieran era mejor.

Candy salió despidiéndose de los niños, abrazó a cada uno de ellos con la promesa de regresar pronto.

-¡Adiós Candy! – Decían los niños emocionados, comenzando a correr detrás del automóvil del señor Stevens que llegaba por la rubia.

-Te quieren más a ti, que a mí que soy su hermano mayor. – Dijo a modo de reclamo Tom, mientras colocaba la maleta en el asiento trasero.

-Eso es porque yo no peleo con ellos. – Dijo Candy con travesura a su hermano, sonriendo este de manera irónica.

-Quédate a vivir con ellos y verás que no son pura dulzura, hay dos que tres que son incluso más traviesos que tú y que yo juntos. – Dijo Tom divertido, Candy abrió los ojos preocupada por ese comentario ya que era un trabajo duro para sus dos madres, aguantar algo así, sobre todo la señorita Ponny quien ya estaba cansada por los años que tenía.

-¿Cómo se siente señor Stevens? – Preguntó Candy amable al padre de Tom.

-Muy bien Candy, pero este muchacho insiste en llevarme al médico gracias a tus consejos. – Dijo quejándose aún por el miedo que representaban para él los médicos y sobre todo los hospitales.

-No se queje, es bueno que lo revisen, además en el hospital lo cuidaran muy bien, solo pregunten por Nataly o Judy, y ellas lo cuidarán muy bien. – Decía Candy animada.

-No te preocupes Candy. – Dijo Tom acomodándose en el asiento del conductor y acomodándose el cinturón de seguridad – Así ha estado toda la mañana, por eso no salimos más temprano. – Decía Tom quien había batallado para llevarlo al automóvil, lo bueno que la cita era hasta la tarde e iban con tiempo para llegar, pero sabía bien que tenían que llegar antes.

-Me lo imagino. – Dijo Candy con una sonrisa, entregando a su hermano las llaves de su departamento. –Antes de que lo olvide. – Dijo con una sonrisa. Steve los veía ilusionado sonriendo al imaginar a aquel par como una pareja de enamorados.

-¿De verdad no podrían casarse ustedes dos? – Preguntó a los dos chicos quienes sonreían antes de aquel comentario y al escucharlo ambos hicieron una mueca volteando a ver al vaquero que los miraba con una gran sonrisa orgulloso de su idea, una que llevaba en su mente desde que los veía chiquillos corretearse uno al otro para vengarse del contrario por sus travesuras.

-¡Papá no! – Dijo Tom ofendido sin dudarlo un poco siquiera.

-¡Él es mi hermano! – Dijo Candy volteando a ver al Sr. Steven de la misma forma que Tom lo veía.

-Muy bien, muy bien, solo tenía que intentar, después de todo no me gustaría que mi hijo se quedara solo. – Decía de nuevo a manera de chantaje, el señor Stevens siempre había visto con buenos ojos a Candy y a Annie, pero sobro todo a Candy quien para él era una chica hermosa y noble y para nada presuntuosa, se había mantenido igual de sencilla que cuando vivía en el hogar y no le disgustaba para nada que se convirtiera en su nuera y tener unos cuantos niños revoltosos y pecosos en su rancho.

-No le hagas caso Candy, yo le he dicho muchas veces que solo te quiero como a una hermana. – Dijo Tom para evitar que la rubia se hiciera alguna idea con los sentimientos de él.

-No te preocupes Tom, lo sé muy bien. – Dijo Candy divertida. – Además todo sería más fácil. – Dijo suspirando. Tom pudo escuchar aquella queja de su hermana y rápidamente entendió a lo que se refería.

-No te preocupes Candy, Anthony recapacitará. – Dijo Tom seguro de que conocía a su amigo a pesar de tener tanto tiempo sin saber o hablar con él, pero haber pasado prácticamente un mes con él en la cabaña de los Andrew, visitándolo a diario, hablando de Candy a cada segundo, escuchándolo hablar de lo enamorado que estaba y de lo emocionado que estaba de mantener contacto con ella nuevamente con su paloma mensajera, no era como para que todo aquel amor que desbordaba por su pequeña hermana se esfumara tan fácil, Tom sabía que su amigo era un hombre que amaba solamente una vez y eso lo hacía confiar plenamente en él.

Tom estaba enterado de lo que Archie había hecho, de la desilusión que Anthony debía haber sentido por la relación de Candy con el actor, lo hacía comprender su proceder, si él hubiera estado en la situación de Anthony no se hubiera detenido con un simple noviazgo, él hubiera hecho un compromiso dolido por aquella situación, pero Anthony por amor a Candy había dudado de hacerlo a pesar que la creía perdida. Candy sonrió de nuevo a su hermano y continuaron su viaje.

-Candy ¿Estás segura que aquí te vas a bajar? – Preguntó Tom no muy convencido deteniendo el automóvil a un lado del camino para que Candy bajara y emprendiera el regreso a la mansión por la vereda del bosque.

-Si Tom, no te preocupes, además ustedes tienen que llegar a tiempo. – Dijo Candy comprendiendo que los había desviado del camino principal. – Aquí puedo caminar atravesando el bosque ya conozco el camino. – Dijo animada, sabía que caminar le ayudaría más a relajarse y sobre todo a hacerse a la idea que ya no estaría Anthony en la mansión, y a pesar de que ella lo extrañaría bastante, era lo mejor para poder mantener sus sentimientos al margen de aquella situación.

-Está bien revoltosa, cuídate por favor. – Dijo Tom encendiendo el auto de nuevo para retomar su camino, comprendiendo que Candy era muy lista y pronto llegaría sin problemas a la mansión y él así llegar a tiempo para la cita de su padre.

-Hasta pronto Candy. – Dijo el señor Stevens. – Tom ¿De verdad no podrían considerarlo por mí? – Preguntó una vez más el señor Stevens.

-¡Papá! ¡Ya te dije que no! No empieces por favor… - Decía Tom mientras se alejaba el auto, Candy sonrió aliviada de ya no ir con ellos tratando de convencer al buen hombre que ellos solo eran hermanos y que su amor era puramente fraternal, mientras escuchaba a lo lejos como Tom seguía discutiendo con su padre. Candy suspiró y volteo a ver el camino que había frente a ella y como de pronto el cielo comenzaba a nublarse.

-¡Genial! ¡Lo que me faltaba! – Dijo comenzando a caminar más deprisa rumbo a la mansión.

Conforme aumentaba el ritmo de su paso los truenos se hacían cada vez más insistentes, mientras las nubes cerraban por completo el cielo y los árboles no ayudaban a que hubiera mucha luz en su paso.

El aguacero comenzó a caer de forma repentina provocando que Candy cubriera su cabeza con la pequeña maleta que siempre llevaba con ella. Comenzó a correr rumbo a la mansión, pero después recordó que la cabaña Andrew estaba un poco más cerca, así que fijó su camino regresándose para llegar cuanto antes a la cabaña y poder así refugiarse en ella mientras pasaba aquella abundante lluvia.

Anthony por su lado al darse cuenta del mal clima terminó de trabajar por ese día, adentrándose a la casa para revisar personalmente si todo el trabajo realizado aquella semana había sido de utilidad, revisó cada uno de los rincones de la cabaña, desde las diez habitaciones con las que contaba, así como los baños, salones, comedor, la gran cocina, nada parecía haber quedado sin un buen techo gracias a las reparaciones que había hecho. Anthony sonrió satisfecho y se dedicó a prepararse un buen chocolate caliente ya que a pesar de no hacer aún frío cuando llovía en Lakewood la temperatura bajaba bastante, puso la olla hirviendo con leche, mientras recordaba que las caballerizas donde estaba sultán no habían sido revisadas, bajó el fuego y se puso su capa, un sombrero y una botas de lluvia para ir a ver que el corcel estuviera en buen estado, dejando la puerta de la cabaña entre abierta.

Candy llegó por el lado contrario corriendo al divisar lo cerca que estaba la cabaña empujando la puerta pero al notar que estaba abierta se sorprendió.

-Hola. – Dijo para ver si alguien le respondía, sin embargo no obtuvo respuesta, observó la estancia y el salón de la misma, ni un ruido, todo estaba en completo silencio, sin embargo el calor que proporcionaba la cocina era acogedor. No se atrevía a ir más allá de la entrar por temor a que hubiera alguien más en aquel espacio.

Anthony por su parte se quedó un poco con sultán y al cerciorarse que estaba bien se regresó para revisar su chocolate. Cuando llegó a la puerta observó que estaba abierta y se puso en alerta, a pesar de ser un lugar tranquilo, no podía ser tan confiado.

Candy observó cómo abrían un poco más la puerta con cuidado y se tensó en su lugar alertando sus sentidos y poniéndose lista para defenderse de ser necesario.

-¿Quién anda ahí? – Preguntó a la defensiva.

-¿Candy? – Preguntó Anthony al reconocer de inmediato su voz, sin embargo Candy no puso atención y al ver la capa negra, las botas y el sombrero que cubría parte del rostro del rubio, pegó un grito tan fuerte que asusto a Anthony.

-¡No se acerque! – Decía con miedo.

-Candy, tranquila soy yo… Anthony. – Dijo el rubio quitándose el sombrero que estaba mojado, la capa y las botas que colocó a un lado de la puerta mientras la cerraba y observaba a la rubia, quien lucía empapada de los pies a la cabeza, sus coletas escurrían al igual que los grandes moños que la adornaban, sus ropas al igual que su calzado lucían tan mojadas que podía advertir que se sentía pesada con los litros de agua que habían caído sobre ella.

-¡Anthony! – Dijo sorprendida y sonriendo aliviada porque fuera él el que estaba en aquel lugar y no un forajido. Se abrazó a él sin importarle su estado, Anthony la recibió tierno y gustoso en sus brazos con una sonrisa y sintiéndose aliviado por volver a verla, hasta entonces toda aquella semana sin ella había valido la pena. - ¿Qué haces aquí? – Preguntó al captar que según ella, él debería de estar en Florida al lado de Gabriela.

-Es una larga historia. – Respondió el rubio mirándola a los ojos, sin poder observarla de otra forma que no fuera con amor. – Estas toda mojada Candy. – Comentó por fin tierno reaccionando al estado en el que estaba la rubia.

-También te he mojado. – Dijo apenada observando que tanto la camisa como los jeans que llevaba estaban húmedos por el efusivo abrazo que le había dado.

-Por mí no te preocupes. – Le dijo con una sonrisa. – Quítate lo mojado para que no vayas a resfriarte. – Dijo dirigiéndose a la cocina para ver el chocolate y poner un poco de té de manzanilla para calentar el cuerpo de la rubia.

Candy mientras tanto se quitaba las botas y las calcetas aún en la entrada, Anthony la escuchó quejarse.

-¿Sucede algo? – Preguntó al escuchar la queja de la rubia.

-Toda mi ropa se ha mojado, incluso la de mi maleta. – Decía frustrada mientras revisaba con cuidado que todo lo que había llevado al hogar se había mojado al haber sido usada la maleta como paraguas.

-No te preocupes. – Dijo adentrándose al baño del salón, sacando unas toallas para dárselas a la pecosa, le colocó una en su cabello y con la otra cubrió su cuerpo. – Ven sígueme. – Le dijo llevándola de la mano escaleras arriba hasta su habitación. Candy lo seguía como autómata al notar que la llevaba de la mano, mientras veía sus manos entrelazadas no podía evitar sonrojarse por la emoción que le provocaba aquella situación, ambos iban descalzos por las escaleras pisando la alfombra que las adornaba. La llevó hasta su recámara y cuando Candy entró observó todo alrededor, nunca había entrado más allá de la estancia o el comedor, todo lucía muy bien acomodado, limpio y ordenado y no pudo evitar pensar que con sus fachas había mojado todo a su paso.

Anthony le dio una pijama limpia de él, así como una camiseta de las que usaba para ponerse debajo de sus camisas, no tenía nada de dama que pudiera proporcionarle.

-Es mía, pero te servirá para que estés seca. – Le dijo tímido al sentirse a solas con ella no pudo evitar sentirse nervioso y agitado al mismo tiempo.

-Gracias. – Dijo Candy sintiéndose en la misma posición que él bajando su mirada tímida al sentir la de él fijamente en ella.

-Estaré abajo. – Le dio aparentando tranquilidad, una que hasta cierta forma inquietaba a Candy al creer que ella era la única que se turbaba con su presencia.

Anthony bajó las escaleras apresurado, acalorado y con el corazón latiendo muy acelerado por la emoción que sentía de volver a ver a la pecosa, pero al tenerla tan cerca y ambos solos en la cabaña lo hacía ponerse ansioso intentando controlar su respiración que sentía más pesada y caliente que de costumbre. Cambió sus ropas por unas más cómodas, tomando una camiseta y un pantalón holgado para reemplazar la camisa y los jeans que llevaba, se cambió en el baño del salón y al terminar suspiró emocionado, sonrió ante el espejo del lugar y se dirigió a la cocina aún descalzo para terminar de preparar el chocolate y apagar el té para Candy, sirviéndolo en una taza para así llevarlo al comedor.

Mientras tanto Candy se deshacía nerviosa de todas sus prendas, desde el vestido, el fondo, hasta sus interiores y el corsé, no había quedado absolutamente nada seco en su cuerpo, ni en la pequeña maleta, eso la frustró porque a pesar de que la ropa que le proporcionó Anthony era cómoda le quedaba enorme, buscó en su maleta de nuevo la mascada que le había dado días atrás, era la única prenda que no estaba tan mojada, estando tan solo húmeda, podría usarla de cinturón para detener sus pantalones y evitar un accidente. Se colocó la camiseta que al ser estrecha le ajustaba bien su busto, sintió pena que Anthony pensara en eso al darle aquella camiseta, se puso encima la camisa de la pijama y se acomodó las mangas para evitar cubrir sus manos, tomó un cepillo de la cómoda y una vez liberado su cabello lo secó de nuevo con la toalla, cepillando después sus rizos mojados que al irlos peinando quedaban lacios por debajo de su pecho pero que poco a poco se iban recogiendo al volver a formarse.

Bajó lentamente las escaleras, como asegurándose que el rubio no se hubiera ido, o no hubiera sido producto de su imaginación. Anthony la escuchó bajar y salió del comedor para ofrecerle el té, pero al verla al pie de la escalera sus ojos se posaron en aquella adorable imagen. Candy lucía con el cabello suelto, húmedo, sus mejillas sonrojadas por la pena de verlo frente a ella y con su pijama, una que le quedaba tan grande pero a la vez tan linda que no puedo evitar sonreírle enamorado, sintiéndose dichoso por tener el honor de tener a aquella maravillosa chica enfrente de él.

-Me queda muy grande. – Dijo con timidez rascándose la nuca en señal de que estaba avergonzada.

-Te ves hermosa. – Le dijo sin pensarlo mucho, dándose cuenta de sus palabras cuando observó el rostro de Candy más encendido. Él sonrió por su reacción sintiéndose orgulloso por aquel atinado comentario que había hecho. – Ven, te hice un té para evitar que te enfermes. - Candy avanzó hacía él para seguirlo notando hasta ese momento que ambos estaban descalzos, Anthony lucía muy bien aquellos pantalones que caían libre por su agraciada figura, una vista difícil de evitar, incluso para Candy quien bajo su vista incluso más avergonzada al posar sus ojos en los glúteos del chico. Anthony ni por enterado se dio de aquella acción que esperó a la pecosa para que lo alcanzara y dirigirse ambos al comedor.

-Gracias. – Dijo Candy ya sentada junto a él en la mesa. Anthony la observaba desde su posición.

-¿Tienes hambre? – Preguntó ansioso por atenderla, por cuidarla aunque fuera unos momentos. Candy asintió.

-La verdad es que sí.- Dijo con una sonrisa y Anthony le sirvió lo que había preparado antes de que bajara.

-¿Qué hacías en la lluvia? – Preguntó mientras ambos comían para hacer plática y tratar de relajarse, ambos se sentían muy nerviosos por estar solos por primera vez en años y más que ahora descubrían que ya no eran los mismos chiquillos que paseaban o podían perderse por el bosque sin tener un pensamiento impuro, sin embargo la edad y las hormonas los habían alcanzado en esos momentos y esa cercanía los tenía ansiosos, él sabía bien lo que sentía, era Candy la que seguía siendo un poco inocente en ese aspecto.

-Salí un poco tarde del hogar de Ponny. – Comenzó su relato explicando que Tom se había ofrecido a llevarla hasta la mansión, pero al llevar el tiempo contado para la cita, ella insistió en caminar, pero la lluvia la había sorprendido en el camino. – Por eso decidí regresarme a la cabaña, al estar más cerca.

-Hiciste bien Candy, por la intensidad de la lluvia es probable que el río haya crecido, no te hubiera dejado pasar por entre el bosque. – Decía explicando que aquel camino entre el bosque tal vez estaba bloqueado y que la decisión tomada había sido la mejor y no se refería solo a que con ello había obligado a la pecosa a quedarse a su lado en la cabaña.

-Ahora tu turno. – Dijo Candy con una sonrisa. Anthony la miró sonriendo, sabía que se moría de curiosidad por saber por qué continuaba en Lakewood. Candy lo esperaba hablar ansiosa, mordiendo su labio inferior con nerviosismo. Anthony no podía evitar perderse en aquel movimiento que ella hacía y que a él lo enviaba de nuevo a recordar aquel efímero beso compartido que por el tiempo ya dudaba hubiese sucedido alguna vez.

-La tía abuela me pidió que reparara la cabaña. – Respondió tranquilamente, quería aparentar que así estaba, no quería concentrarse en aquel delicioso movimiento que Candy hacía sin querer con su boca. Ella lo escuchaba atento a su explicación enterándose que tanto Albert como los Cornwell habían abandonado la mansión de las rosas y que Elroy la esperaba a que regresara para que la acompañara por un tiempo. – Pero creo que por hoy tendrá que esperar. – Dijo el rubio mientras comenzaba a retirar los platos de la mesa para comenzar a lavarlos.

Continuará…

Hasta aquí quedamos el día de hoy y por lo que veo es el último capítulo del año, así que antes de que se me olvida quiero enviarles a todas y cada una de las lectoras un feliz y bendecido inicio de año, deseo de todo corazón que este año que está por comenzar sea mucho mejor y más llevadero que el que dejamos atrás, que inicie con mayor esperanza y salud para todas y cada una de las personas que habitamos en este mundo y sobre todo para las personas buenas y nobles que aún lo habitamos. Gracias por haberme acompañado a lo largo de este año, gracias por leer mis historias que me ayudaron mucho a distraer mi mente de esta pandemia que nos golpeó con fuerza, gracias por haber hecho un tiempo en su espacio para poder leerlas y creo yo divagar de nuestros problemas. MUCHAS GRACIAS POR TODO Y FELIZ AÑO 2021. Espero que este año me inspire a nuevas y mejores historias.

TeamColombia, Hola hermosas, me da gusto saber que pasaron unas felices fiestas y sobre todo saber que están bien, gracias por dejar un comentario al respecto y sobre todo gracias por sus bendiciones y buenos deseos yo también pasé una navidad tranquila y en casa al lado de mi esposo y mis hijos encerrados pero bien bendito Dios. Hermosas quiero pedirles un favor ya que esta vez me fue un poco más difícil leer sus comentarios, creo que los hacen desde su celular porque es más fácil equivocarse ya que el teléfono pone lo que se le da la gana y eso provoca que no entienda bien lo que quieren decir jejeje. Les mando un fuerte abrazo y sobre todo un muy feliz inicio de año nuevo.

Mayely León, Me da gusto saber que estás mucho mejor, sin embargo te recomiendo que sigas en reposo o por lo menos no hacer movimientos bruscos, gracias por tus buenos deseos y comentarios, espero tú también pases un excelente fin de año y que recibas con mucha salud el siguiente. Gracias por mantenerte fiel otro año a mis historias, saludos y bendiciones hermosa.

Julie-Andley-00, Hola hermosa, gracias por tus buenos deseos, ya vamos acercándonos más a lo que nos interesa en la historia jajaja, espero que te haya gustado el capítulo, gracias por haberme acompañado a lo largo de este año tan difícil que termina y que a pesar de que sabemos que aún no termina esta pesadilla seguiremos cuidándonos para mantenernos sanos y salvos Dios mediante. Saludos y bendiciones hermosa para ti y toda tu familia.

Carolina Benitez, Hermosa! muchas gracias por tus buenos deseos y felicitaciones, espero yo que se te regresen duplicadas para ti y toda tu familia, gracias por tus bellas palabras y sobre todo por seguir cada una de mis historias, me da gusto que te gusten y sobre todo que siempre tengas palabras bonitas y de aliento que me animan a seguir inventando cosas para poder seguir con esta aventura. Gracias por acompañarme a lo largo de esta año tan difícil, Feliz Año 2021.

Denisse Treviño, Hola hermosa ¿Cómo estás? ¿Cómo lo pasaste? Espero que muy bien y tranquila en tu hogar con mucho ánimo y bellos recuerdos. ¿Quién en su sano juicio rechazaría a un chico como Archie? Es guapo, elegante, tierno, y rico! qué más se puede pedir en un chico así, solo ¿Qué te ame? Y eso precisamente es lo que sabemos que Annie pide desde que tiene 12 años y pues le ha tocado sufrir a la chamaca haberse enamorado de él, pero si bien en la historia nunca le corresponden de verdad, aquí si vamos a hacerla un poquito feliz y un poquito más digna para que Archie le batalle verdad? jejejeje esperemos no exagerar con el resultado jejeje. Anthony y Stear son mi punto débil que aun no acepto que hayan muerto, si no los hubiera hecho tan perfectos tal vez ya los hubiera superado, pero ya ni llorar es bueno, solo hacer volar nuestra imaginación y volverlos a la vida, eso es lo bueno de que son solo unos dibujos animados jiiji. Gracias por leer mis historias amiga, gracias por acompañarme a lo largo de este año que sé fue difícil para ti, espero de todo corazón que este que viene sea mucho mejor y que las bendiciones lleguen a tu hogar. Feliz año 2021.

Ale, Hola hermosa, que bueno que te gustó el capítulo, me alegra que sigas al pendiente de la historia y sobre todo que me dejes un comentario, como lo he dicho antes, sus comentarios son los que me animan a seguir escribiendo. Gracias por tus buenos deseos, yo también te deseo lo mejor en este año que comienza que la paz y la salud permanezcan en tu hogar. Te mando un abrazo y feliz 2021.

Gracias a cada una de las lectoras por mantenerse fiel a mis historias y sobre todo por seguir al pendiente de las actualizaciones, un saludo para cada uno de los rincones en el mundo donde leen mis locuras, un fuerte abrazo para cada una de ustedes y sobre todo les deseo de todo corazón que la salud inunde sus hogares. FELIZ AÑO 2021.

GeoMtzR.