La historia que dejamos pasar


Capítulo 34

Para lamento de Kotoko, el día del cumpleaños de su novio este tenía turno nocturno y su horario no coincidía con el suyo. A pesar de que él había manifestado no desear revuelo, ella quería verlo y entregarle el obsequio que había escogido minuciosamente, considerando las preferencias de un hombre "escueto y simple".

Como solución, acudió al hospital una hora antes de lo habitual y se sentó a esperar que el reloj anunciara el término de su jornada; de lo contrario, no lo vería. Una vez transcurrido el tiempo, se acercó al cubículo y llamó para tener acceso, concedido rápidamente.

Él estaba de pie y abrió los ojos al verla. Ella agradeció que estuviese solo mientras cerraba la puerta.

—¡Feliz cumpleaños, Naoki-kun! —exclamó acortando la distancia entre los dos para abrazarlo.

Lo apretó con fuerza.

—Feliz cumpleaños —repitió contenta.

Él acarició su espalda con sus manos, enviando un escalofrío a su columna.

—Te traje un regalo —dijo dando un paso atrás. Metió la mano en su bolso y halló rápido la pequeña cajita dentro.

Se la tendió con una sonrisa y él lo aceptó con un asentimiento corto.

—¿Puedes abrirlo? Quiero saber si te gusta.

Naoki-kun rió entre dientes. Lento, sin rasgar el papel azul, desenvolvió el paquete y levantó la tapa. En el interior había guardado los dos pasadores de corbata, dorado y plateado, con la letra I en la esquina de cada uno.

—Gracias. Los usaré.

Aplaudió entusiasmada.

—Pensé en algo que usarías todos los días, escogí bien, ¿verdad?

Él cerró la cajita nuevamente, para luego guardarlo en el bolsillo de su saco. Después, sin decir nada, bajó la cabeza hacia su rostro.

Cerró los ojos momentos antes de sentir el roce breve de sus labios y esa pirotecnia que abrasaba su estómago con sus muestras de amor.

Lo hiciste —susurró él.

{…}

Kotoko sospechaba que tener libre el veintiuno de noviembre era obra de Moto-chan, porque hacer coincidir su descanso con el de Naoki-kun precisamente ese día, entre semana, no podía ser casualidad —especialmente por los exigentes horarios de él—. Su amiga ya sabía lo acontecido esa fecha y podía estar dándoles la oportunidad de vivirlo solos, si bien ambos estaban en mejores términos con el pasado gracias a su relación actual.

Todos esos meses desde el comienzo de su noviazgo los habían dedicado a disfrutar que se encontraban juntos, en lugar de centrarse en lo que no fue.

De cualquier manera, Naoki-kun había aceptado su sugerencia de verse y pasear, sin ningún plan en específico, cuando supo que él tampoco iba a hacer algo en particular; razón de que ahora estuvieran sentados en un vagón de metro aleatorio. A las once se habían visto en la estación cerca de su casa y se subieron a la primera línea que llegó.

Ella se sentía emocionada de una aventura, mientras él parecía inquieto por la falta de control o conocimiento previo. Trató de animarlo diciendo que debía hacer algo así alguna vez en su vida, pero solo consiguió relajarlo un poco. Para alguien organizado, dominante y con grande capacidad de deducción esa actividad era difícil.

—Bajémonos en la siguiente —comentó de pronto, ignorando el nombre de la parada. No necesitó ponerse en pie porque a esa hora del día, en jueves, el vagón tenía pocas personas.

Naoki asintió. No necesitó mirar el letrero porque seguramente prestó atención a todas las estaciones.

Al salir del tren notó que era un cruce de líneas y se desvió a una de ellas sin pensarlo mucho. Él la siguió tras dar una exhalación profunda.

Para no ponerlo de los nervios, en la próxima vez que indicó bajarse, se quedó en la ubicación y caminó hacia la flecha que señalaba al centro comercial. Era una zona a la que no acostumbraba a ir.

—Comamos un helado.

—¿No sentirás frío? La temperatura ambiental ha comenzado a descender.

—Soportaré, el termómetro aún no marca muy abajo y dentro del centro comercial no hay corrientes de viento.

Él sonrió de lado, claramente divertido.

Le gustó entrar al centro comercial y no verlo repleto como la mayor parte del tiempo. Con la ausencia de los adolescentes, que solían llenarlo los fines de semana, era más fácil transitar; había visitantes, muchos turistas, pero la afluencia era notoriamente menor.

Compraron sus nieves y optaron por caminar sin sentarse en las mesas disponibles. El sabor de él era café y el suyo fresa, opuestos como los dos.

En su paseo, se detuvo a ver algunos escaparates y publicidad de tiendas. Solo observó; no ingresó a ellas incluso cuando acabó su helado.

—¿Quieres entrar a una tienda? —preguntó a su novio al haber recorrido todo el centro.

Él negó.

—Vayamos por la puerta de allá.

En el exterior sintió un aire de familiaridad y siguió andando guiada por su instinto, el cual le decía que debía ir en esa dirección. Naoki-kun giraba su cabeza para mirarla cada poco, como si buscara una reacción en especial; debía saber lo que había cerca.

Y ella se dio cuenta a la entrada de un parque conocido.

Abrió la boca asombrada.

—Este es… —musitó pestañeando. —Oh, se ve igual. Bueno, parece que algunos árboles no tienen hojas. ¿Te molestaría si vamos…?

—No.

Anduvieron en silencio por el parque, en el cual se repetían las circunstancias del centro comercial. Poca gente. Solo había quienes tomaban sesiones de fotos y un grupo de yoga de personas mayores.

—Esta vez no nos subiremos al bote, si caemos de nuevo nos congelaremos. El agua estará helada —manifestó cuando pasaron por el pequeño embarcadero del lago.

Naoki-kun bufó irónico.

—Te acuerdas de la leyenda.

Ella frunció el ceño, recordando sus conclusiones al pensar en su "primera cita" del pasado. —Eh… ¿no tratabas de asustarme?

Él agitó la cabeza en negación.

Se llevó las manos a la cara haciendo un puchero.

—De verdad no querías estar conmigo.

Lo escuchó suspirar.

—Solo aceptaba tu presencia y quería probarte —le confesó él, que se adelantó hacia una zona privada junto a un árbol, donde se sentó.

Fue detrás y le imitó, acomodándose a su costado.

Encontró una hojita en el pasto, que contempló unos instantes. —Naoki-kun… —Lo miró de reojo. —¿Cuándo te enamoraste de mí en ese entonces?

Él se sonrojó.

—No lo sé. Ocurrió gradualmente, hasta que me di cuenta tras querer besarte en el bosque y no negarme a hacerlo.

A la mención del evento que dio pie a su ruptura, cambió su posición y rodeó sus rodillas.

Suspiró. —Creo que la leyenda del lago sí es cierta. Tuvo su efecto en nosotros más tarde.

—Ese tipo de supersticiones no son ciertas, lo has dicho en otro momento, las decisiones y acciones que llevamos a cabo nos responsabilizan de gran parte de lo que sucede en nuestras vidas.

—Pero hay cosas que pasan sin explicación lógica, ¿por qué acabamos aquí precisamente un veintiuno de noviembre?

Él se quedó callado.

—¿Por qué tuve que acercarme a la habitación que ocupabas justo cuando oji-san preguntó por tu felicidad? —agregó, volviendo a tocar el asunto que competía a esa fecha y que nunca salía en sus conversaciones.

Una pequeña sonrisa sarcástica apareció en el rostro de él.

—Solo tú me dejas sin palabras con tus argumentos.

Le sacó la lengua y se apoyó en el brazo de él, que recargó su peso en el tronco del árbol.

—Si te hubieses quedado —habló él tras un tiempo— …y nos hubiésemos casado, posiblemente habría estado enfadado durante la ceremonia y la fiesta, no la habrías disfrutado y habría dejado constancia de mi fastidio en las fotografías y vídeos. Escuché a los invitados decir que el novio parecía molesto.

Para todos fue evidente que no le agradaba estar ahí; tal vez ella se habría dado cuenta y no habría gozado de su boda. Y lo recordaría en sus aniversarios y cada vez que Noriko-san pusiera los vídeos para celebrar su unión.

¿Se sentiría feliz? ¿Podría sonreír sin disimular al ver el desagrado de él en un momento donde le anunciaban al mundo que se amaban? ¿Una fiesta que simbolizaba el querer acompañarse hasta la muerte?

¿Prefería eso a lo que vivía ahora?

No. Le había dicho que no se arrepentía y su presente le daba más puntos a favor. Su relación actual era mucho mejor que las constantes desilusiones de antaño, las dudas de su amor, los desplantes conscientes e inconscientes de él, y la sensación de que era poca cosa comparada con Naoki-kun. Si no hubiese huido, seguiría dependiendo de las migajas de cariño que le daba y siendo la única que se preocupara en sostener lo que tenían.

Y definitivamente no existiría ese Naoki-kun, más interesado por ella, con su faceta de "amoroso" que no cambiaba por completo su personalidad y era iniciativa de él.

—¿Cómo crees que estaríamos hoy si nos hubiéramos casado? ¿Algún hijo? ¿Separados? —preguntó curiosa de su visión. —Yo pienso que algún bebé, tal vez trabajaría medio tiempo con papá o de recepcionista en el hospital donde tú laboraras.

Su cuerpo se movió por el temblor de Naoki-kun al reír.

—Te habría llevado a Kobe, dudo que me convencieras de regresar cerca de mi madre —admitió él, haciéndola jadear.

Soltó la hojita.

—Si hubiese sido así… Estaría triste porque la vida que me gusta está aquí. Habríamos tenido problemas luego de un tiempo, volvería sola a Tokio y nos separaríamos, ¿no es cierto?

—Tal vez. —Él inspiró hondamente. —No consideré ir detrás de ti hace años.

Era una realidad ineludible, pero no escoció, porque sabía que ahora lo haría.

—Lo sé… Eh… ¿por qué regresaste de Kobe si estabas cómodo por tu cuenta? Ah, espera, fue por la operación Non-chan. —Hizo una mueca. —Digo, Kimura-kun, porque le incomoda el apodo, no responde mis mensajes si coloco ese nombre.

—¿Cómo?

Buena en interpretarlo, contestó: —Yuuki-kun me dio su contacto.

Él hizo un sonido de aceptación. —Me pareció adecuado ser honorable con los profesores que aceptaron mi inicio tardío en Medicina.

Soltó una risita.

—A ellos debió encantarles tener un estudiante como tú.

Naoki-kun no dijo palabra alguna. Ella se quedó viendo el lago, que reflejaba el cielo azul de ese otoño, distorsionado con las olas por el viento y el movimiento de los pocos botes.

Con una idea genial, se apartó y se giró buscando los ojos violáceos que amaba. —Naoki-kun, me gustaría escuchar de tus años lejos. Yo te platicaré de los míos. Hablamos muy poco de ellos.

—Solo estudié y trabajé —manifestó él ecuánime, sin transmitir desagrado por su petición.

—Lo sé. —Aún sentía pena de saberlo. Ella tuvo sus momentos bajos, pero supo identificar sus sentimientos y encontrar maneras de canalizarlos correctamente, además de contar con apoyo de otros y bonitas vivencias más allá de las románticas. —Sin embargo, hubo casos especiales y… ese juego que hiciste.

Le cogió la mano entre las suyas y las puso a descansar en su regazo, porque pudo ver en sus ojos y su rostro la tristeza que le causaba, incluso si él mismo no se daba cuenta; debía ser el recuerdo de lo solitaria y sencilla que fue su existencia por varios años. Él todavía trabajaba en cerrar ese ciclo de lamento por el pasado, como ella consiguió los días que vivió de nuevo con ellos.

Pese a que estaban en público, Naoki-kun no deshizo su agarre y comenzó a contarle del desarrollo de sus ideas para el juego que salvó a Pandai, así como los primeros días de sus prácticas y su ejercicio en Kobe al aprobar el examen de médico, previo al que hubo una visita a su familia materna —la cual provocó una sonrisa en él.

Le habló de una niña con afecciones en el corazón que quiso emparejarlo con su madre, pues trataba amablemente a los pacientes, mas la pequeña se desilusionó al espiarlo y ver lo frío que era con otras personas (quería la felicidad de su madre si ella moría y él parecía amargado). También relató su primera cirugía como asistente y de los médicos que ayudaron a su formación en la ciudad del sur.

Sintió alegría de que su expresión triste fuese reemplazada por el amor que tenía hacia su carrera.

A cambio, en un monólogo que se prolongó mucho más que el suyo, ella le compartió de todo cuanto recordaba desde su partida, apretando su mano al tocar sus peores tiempos, asegurándole que estaba bien y no debía centrarse en ellos, y haciéndolo reír con sus fallos o divertidas situaciones que nunca faltaban en su vida.

Ese intercambio cumplió su objetivo inicial de no negar su boda fallida y las consecuencias que tuvo, sino de abrazarlas y apreciar más lo que construían gracias a ellas.

Y los unió como nunca.

{…}

Apoyada en el escritorio de la estación de enfermeras, Kotoko movió los pies tarareando la canción navideña mientras escribía en la historia médica. Estaba tranquila y festiva, aunque no podía pasar esa noche de veinticuatro en una cita con Naoki-kun; tenía que cumplir con su labor, como él.

…De todas maneras no creía que a él le interesara mucho imitar costumbres de otros.

Una agradable voz masculina entonó la siguiente estrofa y alzó el rostro sorprendida.

—Nishigaki-kun, cantas muy bien —alabó a su amigo, quitando el honorífico de médico porque solo estaban los dos.

—Gracias, Kotoko-san, tengo muchas virtudes y me encanta esta época.

—A mí también, no importa si el trabajo me impide celebrar fuera.

—Ah, una de las cosas de las que fui consciente al escoger esta profesión, yo era quien decoraba el árbol en casa e invitaba a mis novias a una cita navideña.

—Es una pena que no puedas salir con Miura-san este año.

Él se sonrojó y acomodó sus lentes. Rió divertida.

—De hecho, ella tiene las costumbres americanas y australianas. Hoy cenará con su familia, cantarán villancicos e intercambiarán regalos. Me invitó, pero yo ya tenía programado…

Kotoko se tapó la boca.

—Nishigaki-kun, tu novia no pensó en pasar la fecha solos… y a ti que te gusta tanto —expresó consternada.

—¿Sabes que eso duele?

—¿Eh? ¡Lo siento!

Estaba sorprendida porque Miura-san era el ideal para un hombre que tendía a salirse con la suya.

—No importa, Emiko se dio cuenta, por supuesto, y prometió que saldremos si tengo libre la próxima Navidad —presumió él con un ligero tono rojo en las mejillas.

Ella aplaudió.

—Deberían estar tristes de trabajar en la víspera de Navidad. ¡Un año más estamos castigados aquí en lugar de divirtiéndonos!

Los dos se giraron para ver a Moto-chan, cariacontecida.

—Ustedes tienen pareja y pueden salir en citas, pero aquí están, sonrientes. Yo soy un Christmas cake, casi veintiséis años y sin novio. Y ni siquiera puedo celebrar hoy con amigos porque estoy trabajando. ¡Tú! —La miró a ella incrédula. —¿Por qué sonríes si Irie-sensei y tú deben pasar su noche en el hospital?

—Eh… aunque no trabajáramos a él no le gusta ni considera que es necesario… ¡Oh! ¡Oh!

Rió recordando el año que la sorprendió con pollo y un pastel de nata y fresas.

—¿Qué piensas? —Moto-chan le miró con ojos entornados.

—Recordaba algo.

—Cuenta, cuenta, pareces encantada.

—Me había olvidado que una Navidad, cuando no éramos nada, Naoki-kun compró pollo frito y un Christmas cake. Hasta ahora pensé en el sabor a nata y que era muy dulce… dijo que se le antojó pastel y era el único que había, pero ya sé que es caro, que se acaba rápido y que venden otros pasteles en estas fechas. ¡Y a él no le gusta lo dulce!

—¡Esa anécdota no la contaste! No obstante, Kotoko, me preocupa lo distraída que puedes llegar a ser. Has tardado al menos siete u ocho años en darte cuenta.

—¿Quién lo diría de Irie-sensei? No es inmune al encanto navideño. Hablando de él… ¡Irie-sensei, ven!

Moto-chan y ella dirigieron su atención a donde Nishigaki miraba. Naoki-kun alzó la vista de una historia clínica y frunció el ceño.

—No deberías gritar —reprendió al estar cerca.

—La mayoría hace ruido en sus habitaciones, hoy es una noche animada. Y debemos aprovechar que no nos llamen de abajo para una operación de emergencia.

Naoki-kun suspiró.

—Estábamos hablando de la Navidad. ¿Tú también preferirías estar con tu novia comiendo pollo frito y Christmas cake?

Su novio entrecerró sus ojos. Kotoko se sonrojó justo cuando él se giró hacia ella. ¿Adivinaría que les habló de esa escena o supondría que hablaba de la costumbre en general?

—No tengas pena…

—Nishigaki-sensei, ahí está Emiko-san —comentó Moto-chan de repente.

La cara del pelinegro se iluminó antes de volverse, pero descubrió como ella que no había nadie ahí.

—Moto-chan, no juegues con sus sentimientos, Miura-san no planeó celebrar su Navidad con él —susurró. Lamentablemente los dos médicos le oyeron y su novio rió entre dientes por los hombros caídos del otro. —Disculpa, Nishigaki-kun.

Un par de ojos violáceos la miraron con cejas alzadas.

—Ah, sí, es lo que me toca por escoger una mujer casi extranjera —repuso Nishigaki regresando su atención a ellos.

—Juro que la vi —replicó su amiga.

Nishigaki arrugó el ceño.

—Bueno, tengo que comprobar. ¡Hasta luego!

Vio a su amigo alejarse con una expresión azorada.

—¿Le habré arruinado la sorpresa a Emiko-san? —inquirió Moto-chan con una mano en la barbilla.

Una de las alarmas de las habitaciones sonó y Kotoko se movió hacia ella.

—¿Sí?

—Oh, lo siento, por accidente apreté el botón de llamada.

Moto-chan resopló. —Iré a la habitación, jugaré algo de póker con las señoras y me aseguraré que no abran sus puntos. Será más divertido que lamentarme por no tener una cita.

Kotoko le observó con simpatía.

—¿Querías celebrar conmigo? —le preguntó Naoki-kun cuando se quedaron a solas.

Se encogió de hombros. —Ya habrá oportunidad en el futuro.

Él sonrió como si le gustara la respuesta.

Ella se puso su índice sobre sus labios fruncidos, dubitativa.

—Oye, Naoki-kun, a ti no te molesta la tradición navideña, ¿me equivoco?

—¿De qué hablas?

—Solo pregunto.

Regresó a su asiento y siguió tarareando canciones navideñas, tratando de ignorar que los ojos de él estaban fijos en ella.

Al escuchar que sus pasos se alejaban, sonrió contenta.

{…}

Kotoko rascó su cabeza al ver el resultado de su chocolate, comparado con el de Konomi. El trabajo de su vecina era cien veces mejor que el suyo. Gracias a su habilidad en manualidades el aspecto era más atrayente; la combinación de colores y los adornos en el corazón marrón lo hacían apetecible.

El de ella parecía un corazón con restos de moho. En algunas partes el amarillo y azul de las estrellas y el "I love you" se había mezclado, creando un verde oscurecido gracias al tono marrón del dulce.

Y ya no había tiempo de corregirlo.

Por lo menos había derretido un chocolate de mercado en el molde de corazón y podía garantizar que el sabor era bueno.

—Irie-san lo apreciará —aseguró su amiga con una sonrisa entusiasta.

Asintió lentamente.

—El próximo año lo haré mejor. Vamos a envolverlos.

Konomi movió la cabeza en acuerdo y ambas cogieron sus respectivas cajas blancas y los listones verde y azul que cada una decidió en la tienda.

Colocó el chocolate dentro de la caja, teniendo cuidado de no romperlo, y después la rodeó con el listón en forma de cruz, que anudó en un bonito moño al final. Gruñó al percatarse que lo hizo al revés y volvió a intentarlo hasta quedar conforme con el resultado.

Miró hacia su amiga y notó que sujetaba la caja por los bordes. Lucía ansiosa.

Dejó su chocolate a un lado. —¿Pasa algo, Konomi-chan?

La aludida dio un pequeño salto y depositó la caja de chocolate en la isla. Su mirada oscura se enfocó en ella, toda vez que mordía su labio.

—Kotoko-san… tú… —Konomi pronunció una frase tan baja que resultó ininteligible.

—Lo siento, Konomi-chan, no entendí.

Su amiga suspiró y cubrió su rostro.

—¿Tú lo has hecho?

—¿Qué?

Konomi descubrió su boca. —Sexo.

Kotoko se sintió acalorada, sin importar que hubiese perdido la vergüenza al tener que dar una charla de preservativos a adolescentes en Akita —anécdota que no compartió con Naoki-kun porque acababa de acordarse.

Reaccionó al pensar que se trataba de Yuuki. ¡El niño con miedo a los fantasmas que se burlaba de ella menos de una década atrás!

Necesitaba sentarse.

Casi se golpeó la frente por olvidarse de su amiga.

—No. —Aclaró su garganta. —¿Por qué lo…? ¿Hay una cosa que quieras sabes?

Konomi apartó las manos de su cara y jugueteó con sus dedos.

—Mis amigas me… hablaron de sus experiencias… la primera vez… y yo… quería conocer… la tuya… si tenías.

Tragó saliva. —¿Yuuki-kun y tú no… han tenido sexo?

—Sí. No. Sí… No, no con… penetración de su… no… coito. —Konomi dibujó círculos en la superficie de la isla. —En la escuela nos hablaron del tema y mamá lo hizo también cuando yo era un poco más chica… pero… es diferente cuando… puede pasar.

Le resultaba extraño, pero posible, así que preguntó: —¿Yuuki-kun te está presionando?

Konomi negó enérgicamente.

—No, no, él no… ni lo haría, estoy segura… Él y yo, antes de salir a nuestra cita de Navidad… él vino a recogerme… mis papás no habían llegado… Le di un regalo y… comenzamos a besarnos… cada vez más profundo, me acarició… ya lo habíamos hecho… pero sentí su… erección. Yo estaba excitada también… Él se detuvo, porque era apresurado.

Le comprendió. Había estado en su lugar, con la excepción de que una cosa u otra pasaba y que no habían ido tan lejos como ellos.

—¿Hablaron?

—Sí, los dos… queremos… en nuestro aniversario iremos a… —La fecha se acercaba. —Varias veces me ha acariciado… porque nos gusta… y… él sugirió que… mi cuerpo se acostumbre para que no… me moleste tanto cuando… —Konomi suspiró, más roja que un tomate. —Por eso tenía curiosidad.

Deseó llorar, conmovida de la confianza que Konomi sentía en ella.

Sujetó la mano de su amiga. —Entiendo. Sin embargo, tú y Yuuki-kun son personas únicas, su relación es única, y cuando tengan ese tipo de relación sexual será único, porque serán ustedes dos y las experiencias de otros no los tienen a ambos como protagonistas. Lo importante es que se quieren, que los dos están seguros, que se cuiden mutuamente y que se protejan. Si no lo disfrutan la primera vez, podrán seguir intentándolo si lo conversan.

Algo similar le había dicho a varias chicas y una de ellas la buscó después para agradecerle, porque su consejo fue el mejor que recibió.

—Es natural tener miedo a lo desconocido, ¿no? —sentenció Konomi con más tranquilidad.

Era una buena forma de decirlo.

—Sí.

Konomi se acercó y la abrazó con fuerza.

—Gracias, Kotoko-san.

—Cuenta conmigo.

Cuando su vecina se fue a su casa minutos más tarde, Kotoko espero que la misma seguridad que reflejó esa vez hiciera acto de presencia en el momento en que ella y Naoki-kun dieran ese paso.


*En Japón, algunas personas todavía creen que una mujer mayor de 25 sin casarse es una "solterona", por expresarlo de alguna manera. Le dicen "Christmas cake", porque ese pastel nada más es para el día 24, y si se come después ya está "pasado de la fecha", y las mujeres solteras de 25 hacia arriba "equivalen" eso de la caducidad. Qué gente.


NA: ¡Hola, hola!

Kotoko ya no verá a Yuuki de la misma manera.

Ahora bien, sin un punto de vista oficial de Naoki no sabemos si Kotoko ya le gustaba bastante cuando se subieron al bote, aquí una versión de tantas. Igual con el momento en que se enamoró de ella, fui vaga porque él ni debió ser consciente al respecto.

Cuídense.

Besos, Karo


Charlie: ¡Holaaaa! Qué triste que estés muy ocupada, pero siempre llegan los momentos de libertad y mucho mejor si puedes leer capítulos acumulados de tus historias. / Yo tampoco me canso de un Naoki más relajado y metido en su relación, se hace menos de odiar ja,ja. Un personaje más simpático al que no le desamos tanto mal; espero hacerlo aparecer en otros fics :D. / Gracias por tu review.