N/A: Es sabido que Draco es de habla inglesa y resulta un poco complicado mezclar culturas escribiendo en un solo idioma, por lo tanto, de ahora en adelante todos los diálogos o palabras dichas "en español" dentro de la historia irán en cursiva.

Capítulo 15: De mentiras y acercamientos.

Magnolia, quien aún estaba sentada en el piso de la sala, se puso de pie de un salto e intentó cubrir con su cuerpo a Malfoy y Pansy que estaba desmayada en brazos del rubio.

—¿Qué…? —comenzó el niño que vivió.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó la chica con el ceño fruncido, intentando desviar la atención de los recién llegados.

Vió cómo las cejas de Ginny y Ron casi tocaban las raíces de su cabello y deseó poder sacarlos a patadas de su sala. ¿Es que no sabían que existía una manera educada de llegar a las casas ajenas?

—¿Quién es esa mujer, Mione? —preguntó Ron.

Magnolia sintió como si le hubieran dado un golpe en el pecho al oír el apodo con el que solían llamarla sus amigos en el colegio. Ahora parecía mucho más claro que en los recuerdos que habían aparecido los meses donde Malfoy se ausentó.

—Es una…

¿Qué diría ahora? No tenía ninguna idea fresca en su cerebro.

—Es una vagabunda que ha llegado pidiendo comida y se ha desmayado, la recostaré por un momento —dijo Malfoy poniéndose de pie con la bruja en brazos.

Hermione giró rápidamente a mirarlo y vió que había cubierto el rostro de Pansy con su túnica e intentaba que no vieran sus pies, donde tenía una larga cadena que se había roto con la explosión. El slytherin ni siquiera les dio tiempo a realizar más preguntas porque se encaminó hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones.

—¡Pobre mujer! —exclamó Ginny.

Hermione la miró. ¿De verdad se había creído esa excusa tan ridícula? Miró a Harry que también tenía una mirada lastimera al igual que Ron.

—¿Suelen llegar muchas personas así? —preguntó el último.

—Eh… No, no realmente. No suele suceder.

El silencio se hizo sobre los presentes, tres de los cuales aún observaban el pasillo vacío por el que había desaparecido Malfoy. Magnolia se sintió bastante incómoda y carraspeó para llamar su atención, gesto que el moreno aprovechó para realizar un comentario poco afortunado.

—Malfoy parece muy familiarizado con la casa.

Ella frunció el ceño.

—Sí —contestó—, se quedó a dormir unos días. Tenía que ganarse mi confianza para contarme lo que pasaba.

Una pequeña sonrisa comprensiva apareció en los labios de Ginny y ella la ignoró totalmente, aunque no le pasó desapercibido que ambos varones fruncieron el ceño con desaprobación.

—Ya que están, pónganse cómodos —les dijo señalándoles los sillones—. Vuelvo en un momento.

No dejó que contestaran y se marchó tomando el mismo rumbo que Malfoy. Se preguntó dónde había llevado a Pansy, hasta que vió que la puerta de la habitación donde él se había quedado meses atrás estaba un poco abierta. Tocó dos veces con los nudillos y la abrió sin esperar respuesta.

Pansy estaba sobre la cama, parecía un poco más limpia que minutos antes, todavía estaba desmayada y Malfoy estaba pasándole una tela húmeda por el rostro, sentado en la cama a su lado.

—¿No despertó? —preguntó sorprendiendo al slytherin.

Él negó con la cabeza.

—¿Se lo han creído?

—Creo que sí, al menos Ginny sí.

—No tardará tanto para que Potter se entere de lo que pasó. Debemos esconder a Pansy y tú debes encontrar una vagabunda que poner en su lugar.

—¿Yo? —cuestionó Hermione— ¿Por qué tengo que ser yo? ¿Para qué?

Malfoy suspiró.

—¿Quién es la mafiosa aquí? Potter no es ningún tonto por más que lo parezca, no confía del todo en mí, además no sabes si nos reconocieron en Azkaban, alguien podría decir que fuiste tú y él vendrá a constatarlo.

Magnolia frunció el ceño.

—¿Cuánto tardará en enterarse?

—El tiempo que lo retengas. Apenas vuelva a Londres recibirá el aviso. Es el jefe de aurores, deben estar buscándolo por todos lados.

Ella asintió y se levantó.

—Ordenaré que se haga rápidamente.

Salió de la habitación y fue a su propio cuarto, tomó su celular y llamó al Turco, le dio instrucciones claras, una ambulancia debía recoger a Pansy por la puerta trasera sin hacer ruido y llevarla a una clínica privada con Malfoy. Rambo debía conseguir a una persona que se hiciera pasar por vagabunda por un par de billetes y que dijera que había llegado pidiendo ayuda. Le dio media hora para que todo estuviera listo.

Se limpió la ropa del polvo con el hechizo de limpieza que había aprendido recientemente y que le era de mucha ayuda en casos de emergencia, como el que tenía ahora mismo. Recordó que Ginny había sido bastante detallista en la cena con «Margaret», por lo que se cubrió las manos con guantes de encaje blanco, prefería verse como una snob antes de que la chica reconociera el anillo de Malfoy. Se arregló el pelo y caminó derecha hasta la sala, donde el pequeño grupo ya estaba siendo atendido por la empleada de servicio. Todos tenían una taza de café y el pequeño de cabello azul un vaso de jugo.

—¿Cómo está la mujer? —preguntó Ginny apenas la vió.

—Se pondrá bien —contestó ella con una sonrisa escueta—, solo fue un pequeño mareo.

—¿Malfoy está con ella? —preguntó Harry con perspicacia.

Hermione lo miró largamente y luego negó.

—Se retiró, dice que tiene asuntos de trabajo que atender.

Ron bufó, era obvio que el slytherin no le caía muy bien. Magnolia quiso contestar al gesto con alguna respuesta mordaz, pero Ginny le saltó encima envolviéndola en un gran abrazo que hizo que dejara de respirar por unos segundos.

—¡No sabes cuánto te extrañé! ¡Oh, Hermione!

La chica parpadeó un par de veces ante el exabrupto de la otra. Levantó una mano y le palmeó la espalda. Luego lo pensó por un momento y correspondió al abrazo con sinceridad, ella también había extrañado a quienes habían sido sus amigos desde que comenzó a recordar fragmentos.

Harry y Ron sonrieron ante la imagen y pronto se unieron al abrazo. Magnolia intentó comportarse estoica y no soltar ninguna lágrima ante el momento emocional y casi salió victoriosa si no fuera porque Harry la tomó de las mejillas y la miró intensamente con esos ojos que ella amaba tanto aún en su amnesia.

—Suficiente —murmuró apartándose del toque del moreno—. No crean que olvidaré que se han presentado como si nada en mi sala sin tocar siquiera la puerta ni anunciarse.

Las orejas de Ginny y Ron enrojecieron tanto como su cabello y parecían competir con el tono colorado que las mejillas de Harry habían adquirido.

—Sin contar con que ayer destruyeron mi casa, mi jardín, explotaron mi auto e hirieron a una docena de mis hombres.

—Lo sentimos —contestó Harry— pensamos que…

—Sí, ya sé qué pensaron —suspiró Magnolia.

Todos volvieron a tomar asiento y ella se fijó al fin en el niño que estaba tranquilamente sentado entre Ginny y Harry. Tenía el pelo castaño y los ojos color miel.

Magnolia frunció el ceño.

—¿El niño no tenía el pelo azul?

Los tres se rieron como si ella hubiera dicho un chiste y el niño le sonrió como si fuera Navidad. Hermione frunció más el ceño.

—Es un antropomorfomago —le explicó Harry—, tiene la habilidad de cambiar su aspecto al que desee. Al parecer le has caído bien por eso quiere copiarte.

La chica no sabía qué responder a eso.

—Es tu ahijado —dijo Ron.

—¿Mi ahijado?

—Sus padres son Remus Lupin y Nymphadora Tonks. ¿Recuerdas algo de ellos?

Hermione negó, aunque algo en su mente la hizo rememorar las noches de luna llena y aullidos de lobos. No lo supo interpretar.

—Eran dos buenos amigos —dijo Harry.

—¿Eran? —preguntó ella.

—En la batalla final de la guerra…

Hermione asintió. No necesitaba que le explicaran más.

—¿Cómo te llamas? —preguntó al niño.

El pequeño la miró con sus grandes ojos del mismo color que los suyos.

—Teddy.

—¿Cuántos años tienes?

—Siete.

Magnolia tragó grueso. Siete años, casi la misma edad que su Harry tendría. Apretó con fuerza la mandíbula y se obligó a alejar el pensamiento por muy difícil que fuera.

—Le hablamos mucho de ti —dijo Ginny—. También te extraña, como todos nosotros.

Ella quería contestar, pero solo pudo levantar superficialmente las comisuras. El recuerdo de su hijo Harry no le permitía pronunciar una palabra sin derrumbarse.

—¡Harry! —se oyó una voz desde la puerta de entrada.

Todos voltearon a ver con rostros de sorpresa a Don Salazar que entraba en su silla de ruedas con los ojos brillantes y la sonrisa más grande que Magnolia le había visto en años.

—¿Disculpe? —contestó Harry.

Pero Don Salazar ni siquiera lo miró, tenía los ojos fijos en el niño que también le sonreía de la misma manera que él.

—¡Harry, hijo! ¡Al fin regresas! ¡No sabes lo que te he comprado para que juguemos!

Hermione cerró los ojos por un par de segundos. Necesitaba salir de allí.

—Don Salazar… —Se acercó al anciano que acorralaba cada vez más al niño.

—¿Quién es usted? —preguntó Ron impidiendo que el hombre tocara a Teddy.

—Es mi suegro —contestó Hermione por él.

—¿Quieres venir a jugar conmigo al jardín, Harry? —preguntó Don Salazar— Le pediré al Turco que nos traiga tus juguetes.

Teddy asintió vigorosamente ante las miradas atónitas de los adultos. El anciano pegó un grito de jubilo y abrió los brazos para que el niño se lanzara a ellos como su nieto solía hacer. Hermione abrió la boca para decirle que ese no era Harry, pero el niño caminó con tranquilidad hasta el anciano y le tomó de la mano, dejándose guiar hacia el jardín.

—Estará bien —comentó rápidamente Magnolia—. Él solo…

—¿Quién es Harry? —preguntó el mismo Harry.

Los tres pares de ojos se posaron sobre ella y no pudo hacer otra cosa que mirar cómo Don Salazar y Teddy salían por la puerta, el cabello de este último había mutado a ser totalmente blanco como el hombre que lo acompañaba.

Hermione tomó asiento de nuevo. ¿Realmente tendría esta conversación con tres extraños que apenas recordaba?

—Harry era mi hijo —confesó mirando al suelo.

Vió por el rabillo del ojo que Ginny se llevó las manos a la boca. Ron tomó asiento a su lado en el sofá y le acarició la espalda con una mano pesada, la misma que no había sentido cuando su hijo falleció.

—Hermione… —dijo Harry con un hilo de voz.

—Tendría casi la edad de Teddy —murmuró aún sin mirarlos—. Falleció hace dos años.

—Lo siento tanto Hermione —comentó Ron a su lado envolviéndola en un abrazo que agradeció.

Vió a Ginny acercarse por el otro lado y a Harry sentarse en el piso frente a ella. De repente se sentía contenida, como no se había sentido en los dos largos y dolorosos años en los que se había quedado sola.

—¿Cómo sucedió? —preguntó Harry, quien recibió una patada de su esposa por lo desubicado de su pregunta.

Magnolia no había hablado con nadie del tema, no le había contado a nadie qué pasó ni se había desahogado con ninguna persona contándole cómo sucedieron los hechos de esa semana. Solamente lo sabían quienes habían estado allí esa noche y nadie más, los rumores habían corrido y hasta existía una canción contando la historia, pero jamás había salido de su boca. Tal vez, allí en medio de las únicas personas a las que parecía importarle, podía por fin decirle a alguien qué había pasado.

Tomó una gran bocanada de aire y decidió que luego de dos años podía contarlo.

—Faustino llegaba de un viaje esa noche, por lo que Harry y yo lo esperamos despiertos hasta tarde. Le gustaba quedarse a esperarlo porque él siempre le traía un regalo, aunque fuera una golosina, Harry siempre se ponía muy contento, sabía que su padre jamás llegaba con las manos vacías —Una pequeña sonrisa se formó en su rostro al recordar—. Faustino le trajo una piñata mexicana, con la forma de una estrella y con muchos colores, estaba llena de dulces y Harry estaba muy emocionado.

Ginny le presionó la mano y Ron la abrazó con más fuerza.

—Yo dije que podríamos romper la piñata y Harry podría comerse un dulce antes de dormir, por lo que Faustino fue a la cocina a buscar un palo para que pudiéramos golpearla y yo me encargué de colgarla en medio de la sala. Harry se quedó sentado al lado de la ventana esperando que todo estuviera listo. Pero entonces los vidrios estallaron en pedazos y cuatro personas vestidas completamente de negro y con el rostro cubierto ingresaron por las ventanas y….

La voz le falló y cerró los ojos sin poder impedir que las lágrimas cayeran silenciosas.

—Tomaron a Harry y le pusieron un paño en la cara y lo durmieron. Yo estaba sobre las escaleras y ni siquiera pude bajarme a tiempo, no tenía ningún arma a mano y por más que grité cuando Faustino volvió, uno de ellos lo golpeó en la cabeza y ninguno de los dos pudo hacer nada cuando se llevaron a Harry.

—Por Merlín —murmuró Ginny.

—Ellos volvieron a salir por las ventanas con mi hijo desmayado en brazos, y nadie los pudo agarrar. Nadie sabe por dónde llegaron ni cómo se fueron. Los hombres de seguridad acudieron cuando oyeron mis gritos, pero ya no encontraron a nadie. Ni siquiera había un maldito agujero en el cercado ni… solo se esfumaron.

—¿Se esfumaron? —preguntó Ron— ¿Cómo si se hubieran desaparecido?

Le costó un poco entender que el pelirrojo se refería al acto de desaparecer de mágicamente, pero cuando lo comprendió sonaba lógico.

—Sí.

—¿Sabes quiénes fueron? —preguntó Harry con el ceño fruncido.

Ella negó.

—Nunca supe quiénes habían sido. Estoy intentando averiguarlo hasta el día de hoy.

—¿Y Harry…? ¿Él jamás…? —preguntó Ginny en voz baja.

Hermione bajó la mirada nuevamente. Se le hizo un nudo tan grande en la garganta que fue incapaz de hablar por varios minutos que ellos respetaron.

—Tres días después llegó un paquete por correo. Era una caja de madera no muy grande. Estaba dirigida a mí y… yo…

Cerró los ojos con fuerza y en vez de apartar las imágenes que le inundaron la mente se permitió volver a revivirlas como si hubiera sucedido ayer. No opuso resistencia cuando su cuerpo comenzó a temblar y las lágrimas le empaparon el rostro.

—Mi hijo… estaba cortado en… pedazos.

El jadeo de los presentes sonó muy lejano y solo pudo sentir los brazos fuertes de Ron aprisionándola contra su pecho mientras ella no podía dejar de llorar.

El consuelo duró varios minutos donde solamente podía oír el corazón de Ron latiendo fuertemente dentro de su pecho y la voz calmante de Ginny diciéndole que sentía mucho no haber estado allí para ella. Hermione también lo sentía, jamás se había sentido tan sola como ese día, cuando no tuvo a nadie a su lado para que la abrazara ni le dijera que todo era un sueño del que aún no podía despertar.

—Faustino desapareció ese mismo día, solo unas horas antes de que llegara la caja —susurró.

—¿Se largó? —preguntó muy ofendido Harry.

—No —dijo ella todavía pegada al pecho del pelirrojo—. Salía desesperado todos los días a buscar a Harry. Los mismos que se llevaron a nuestro hijo emboscaron la camioneta antes de que llegara a la hacienda y se lo llevaron de la misma forma, pero esta vez mataron a todos los de seguridad. Solo quedó vivo uno de ellos, pero estaba muy mal herido, falleció camino al hospital. Él fue quien dijo que eran unos hombres vestidos de negro y con el rostro cubierto.

—¿Cómo los mataron?

—¡Harry! —exclamó Ginny.

—¡Es importante saberlo! —contestó él—. ¿Usaron armas?

Magnolia negó.

—El forense dijo que fueron cortes hechos con lo que parecía hierro ardiente.

Harry frunció mucho más el ceño.

—¿Qué pasó con Faustino? —preguntó Ginny.

Hermione suspiró.

—Un mes después dejaron un ataúd cerca de una de las entradas de la hacienda con su cuerpo.

Se obligó a no seguir llorando por más que sentía que podría ahogarse en sus propias lágrimas.

—Debimos haber estado contigo —murmuró Harry.

Ella asintió. En eso tenía razón. Lo había pensado en esos meses. Ellos debían haber estado ahí, o en todo caso Hermione jamás debió haber estado en América para empezar. Debía haber llevado una vida tranquila en Londres, tal vez al lado de Malfoy, tal vez sola, pero no rota como estaba ahora.

Les contó un poco más sobre lo que había pasado. Enterraron a Faustino junto con Harry en la hacienda, en un pequeño cementerio que Don Salazar había hecho para su esposa fallecida diez años antes. Desde el día que su nieto había desaparecido, el anciano comenzó a presentar fuertes síntomas de una enfermedad mental Les explicó que tal vez se trataba de una especie de Alzheimer aunque los muggles no sabían mucho al respecto porque no parecía ser ninguna enfermedad conocida, ni siquiera la que parecía ser.

—Sé que quieren que vaya con ustedes a Londres, que deje toda esta vida y vuelva a lo que fui hace siete años, pero no puedo hacer eso —les explicó—. Tengo muchas deudas pendientes que saldar, una familia que vengar y simplemente no puedo dejar todo atrás para comenzar de nuevo cuando aún no he acabado con esto.

Ginny asintió con los ojos rojos. Ron solamente la presionó contra sí. Harry en cambio se levantó y comenzó a dar vueltas alrededor de la sala.

—¿La policía no dijo nada?

Hermione bufó.

—Lo policía no se mete aquí.

—¿Policía? —preguntó Ron.

—Aurores muggles —explicó Harry.

—¿Por qué no? —preguntó Ginny.

Magnolia parpadeó. ¿Por qué no? Aquella era una pregunta que nunca había tenido que contestar porque la respuesta era demasiado obvia. Pero era claro que sus antiguos amigos no sabían absolutamente nada de ella.

—¿Malfoy no mencionó que mis actividades no son muy legales?

—Dijo algo de eso —murmuró Ron—, pero realmente no…

—¿A qué te dedicas? —preguntó Harry casi con temor.

Hermione lo miró. ¿Qué diría si le dijera que era narcotraficante con todo lo que eso incluía? Que manejaba casi todo el continente y parte de Europa con sus negocios, y que estaba incursionando en Asia, que asesinaba enemigos sin pestañear por su propia seguridad y consideraba la tortura uno de los métodos más eficaces para extraer información. ¿Seguiría sentado tan tranquilamente en su sala si ella le contaba la verdad?

—Contrabandista —contestó en cambio.

El alivio que cruzó por los ojos del muchacho hizo que se sintiera culpable.

—Me esperaba algo más fuerte —comentó Ron frunciendo el ceño.

—Yo también —dijo Ginny—. No es como si fuera gran cosa. Papá también ha metido algunos artículos de contrabando en el Ministerio alguna vez. No es como si fuera un delito terrible.

Harry asintió. Hermione presentía que en realidad no estaba de acuerdo en que no fuera «tan terrible», pero se quería convencer a sí mismo para no tener una mala idea de ella. Menos mal no había dicho la verdad.

—¿Qué sucederá si no encuentras a los culpables? —preguntó Ron.

Ella levantó los hombros. Realmente no estaba en sus planes no hallarlos nunca. Un par de meses atrás había aparecido una «pista» de parte de un tipo que había encontrado en el bar mexicano al que había ido con Malfoy. Le hablaban de que en un bar en Monterrey, en México, un anciano extraño y pasado de copas estaba jactándose de tener a Salazar prisionero en el sótano de su casa. Lo que era completamente imposible.

—Mione, debes volver con nosotros —pidió Harry—. Te extrañamos y te necesitamos. Teddy te necesita, perdió a su abuela hace seis meses y ha estado viviendo con nosotros, pero también necesita a su madrina. Le hemos hablado tanto de ti.

Hermione frunció el ceño y miró hacia el jardín donde podía ver a Teddy y Don Salazar jugando a lanzarse una pelota. Por un momento sintió que Harry estaba chantajeándola con el niño.

—Pueden venir a verme cuando quieran, pero no puedo volver. Tengo una vida que no abandonaré por ir a jugar al cuento de hadas.

—Hermione, es tu vida —insistió Ginny.

—Esta es mi vida ahora —murmuró ella—. Tal vez si hubieran llegado cinco años antes hubiera dudado, pero ahora… no puedo. Tengo muchos asuntos pendientes y simplemente no.

El niño que vivió se pasó las manos por el pelo en señal de desesperación.

—No es nuestra intención que dejes todo y vengas con nosotros hoy mismo —habló suavemente Ron—, ¿Pero tal vez podrías venir a cenar a casa un día de éstos? Mamá amaría tenerte en casa algunas veces a la semana.

Ella sonrió un poco.

—Eso suena bien.

Ron también sonrió.

—Nadie va a arrancarte de tu nueva vida, Mione —continuó—, pero nos gustaría que pudieras hacernos parte de ella. Tú ya eres parte de la nuestra desde siempre, incluso durante tu ausencia.

Hermione asintió y agradeció que el pelirrojo, quien según sus recuerdos era el más dramático y difícil de tratar de todos sus amigos, fuera el que parecía entenderla, a diferencia de Harry que tenía cara de estar bastante enfurruñado.

—¿Nunca volverás?

La chica miró al moreno. ¿Sería capaz de alejarse de la hacienda y del negocio alguna vez? Observó a Don Salazar en el jardín y negó con la cabeza. Ella jamás podría abandonar al único miembro vivo de su familia.

—Quizás lo haga alguna vez —respondió—, pero no está en mis planes por ahora.

Luego de aquello, el humor de Harry decayó aún más y la conversación siguió solo entre Ron y Ginny, quien tampoco podía disimular completamente su decepción. El único que parecía más abierto era Ron y ella se sentía bien en su compañía. Finalmente, luego de media hora más, se marcharon llevándose consigo a un muy contento Teddy quien se retiraba con varios regalos con él y dejaba a Don Salazar henchido de felicidad creyendo que había compartido tiempo de calidad con su nieto. Les dijo que la próxima vez que volvieran se aparecieran al menos tras la puerta para que se anunciaran y no volvieran a invadir de esa manera su espacio.

Magnolia se pasó las manos por el rostro una vez que se quedó a solas en su sala. Metió las manos entre su pelo y se lo estiró. Lo único que quería era poder darse una ducha y tirarse a dormir por mil horas.

,

Ferro igni —escuchó una voz tras ella.

Giró para observar a Malfoy parado en el dintel de la puerta.

—¿Qué dijiste? —preguntó la bruja sobresaltándose ante su presencia.

Ferro igni —repitió el rubio—, el maleficio que usaron para matar a los guardias que acompañaban a tu Faustino.

Hermione sintió que le daban una patada al estómago.

—¿Qué estás….?

—Era obvio que eran magos —le dijo él—, si se han aparecido sin previo aviso y ninguno de tus guardias los ha detectado. Además, volvieron a irse de la misma forma. En ningún momento hablas de balaceras o violencia, los magos no son violentos en ese sentido, todas las peleas se solucionan mágicamente y nunca existe contacto entre las partes y mucho menos la aplicación de armas muggles. Y finalmente, existe un maleficio mortal que deja heridas como si fueran hechas con hierro ardiente. ¿O acaso piensas que alguien realmente llevaba una espada estilo medieval al rojo vivo cuando atacaron a tu esposo?

La castaña se le quedó observando por largo rato en silencio. Magos. Jamás había tenido esa opción en mente porque era simplemente imposible. Pero ahora que Malfoy lo mencionaba tenía algo de sentido.

—¿Pero por qué…?

—¿Qué tipo de máscaras llevaban? —ignoró la pregunta.

—De tela negra, les cubría todo el rostro, solo se veían los ojos.

—No puedo asegurar nada pero tal vez se trataba de mortífagos —le comentó.

Hermione frunció mucho el ceño.

—¿Escuchaste todo tras la puerta?

Él levantó los hombros como si se disculpara aunque Magnolia sabía que no estaba haciéndolo en realidad.

—¿Qué pasó con Pansy?

—El Turco se la llevó a una clínica.

—¿Por qué no fuiste con ella? ¿Y si despierta y no sabe dónde está?

—¿Creíste que iba a dejarte a solas con ese montón de imbéciles?

Magnolia se puso de pie.

—Se cuidarme sola Malfoy. Además ¿qué harían? ¿Llevarme a Londres a la fuerza?

—Suena bastante gryffindor así que sí, probablemente.

La chica negó con la cabeza.

—Deberíamos ir a ver a Pansy antes de que te hechice.

Draco rió.

—Solo te sabes dos hechizos de ataque, Granger.

Hermione quiso golpearlo, pero se abstuvo. Llamó a Rambo para que los llevaran al hospital y durante el camino charlaron un poco más sobre la posibilidad de que los atacantes fueran mortífagos. Él le contó los ataques aislados que habían ocurrido en esos años e incluso le contó que el modus operandi había sido parecido con el hijo menor de los Wood, que habían luchado en la batalla final.

—Pero ¿qué querrían de mí? —preguntó ella.

—Venganza —contestó simplemente él—. Fuiste el cerebro de la guerra desde la muerte de Dumbledore y todos lo saben. Además, suponiendo que habían más personas aparte del anciano Nott que supieran de tu secuestro, todo su misterioso plan de enviarte con Eugenio López salió mal a causa de la llegada de Faustino, tal vez también quisieron cobrarse eso.

Hermione lo pensó. No había fallas en la hipótesis de Malfoy aunque le costara pensar en magia cuando se trataba de lo que había sucedido con su familia. Difícil de digerir, pero no imposible.

Él le prometió traerle más información sobre cómo habían ocurrido los hechos en la familia Wood y también conseguirle la lista de los mortífagos que aún estaban prófugos y unos pocos que habían salido en libertad por crímenes menores y que no portaban la marca aunque se sabía que eran fieles seguidores del Señor Oscuro. Tal vez así podrían armar algunas teorías acerca de lo que podría haber ocurrido.

La posibilidad de estar un poco menos lejos de la verdad y de su venganza hizo que quisiera vomitar. Miró por la ventana del auto un par de veces e incluso sacó la cabeza para que él viento le soplara la cara.

Cuando llegaron al hospital, hicieron el recorrido hasta el cuarto de Pansy en silencio. Ninguno de los dos dijo nada y aunque a Hermione tuviera muchas ganas de romper el hielo, no sabía qué podría decirle. Por un lado, estaba muy contenta de que él se ofreciera a ayudarla, pero por el otro lado estaba profundamente avergonzada y nerviosa de haber abierto su corazón ante él, por más que no hubiera sido a él mismo.

—¿Granger? —preguntó el rubio cuando ya llevaba más de tres minutos parada frente a la puerta sin tocar.

Ella se despabiló y abrió la puerta ingresando al cuarto, dónde Pansy estaba conectada a una serie de máquinas que sonaba de vez en cuándo. Tenía los ojos muy abiertos y miraba todo con inquietud. Ya no llevaba la cadena atada a sus pies, por lo que dedujo que Malfoy se la había sacado en algún momento, quizás antes de ser trasladada al hospital.

—Pansy —murmuró Hermione acercándose rápidamente a ella—, lamento que hayas despertado sola.

Ella le sonrió.

—Te estaba esperando, sabía que vendrías.

La chica desvió la mirada para observar a Draco por largo rato, como queriendo convencerse de que fuera real. Estiró la mano hacia él, quien se había quedado casi de piedra contra la puerta. El rubio caminó hasta la cama y se sentó a su lado, al igual que Magnolia en el otro extremo de la morena.

—Pansy —saludó él juntando sus dedos con los de ella.

—Pensé que también estabas en Azkaban —susurró con un hilo de voz.

Él le sonrió con tristeza.

—Potter declaró a mi favor frente al Wizengamot. Intenté visitarte pero…

Ella asintió. Magnolia se sintió fuera de lugar. Por más que hubiera compartido historia con Pansy en realidad no la recordaba y sentía que ella y el rubio tenían mucho más en común que ella, mucha más amistad y sobre todo, se merecían de un tiempo a solas para arreglar tantos años sin haberse visto.

Intentó levantarse para darles intimidad, pero la pequeña mano huesuda de Pansy no se lo permitió.

—Me dijiste que no recordabas a Draco —le reclamó.

Hermione aspiró profundamente.

—Es una muy larga historia.

—Tengo bastante tiempo —contestó la chica.

La castaña Intercambió miradas con Malfoy, quien se pasó ambas manos por el pelo. Al parecer esa sería la semana de confesiones. Y eso que aún no se encontraba con Harry nuevamente para que la acusara de haber ayudado a escapar a una prisionera.

Le contó a Pansy desde el momento en que Malfoy se apareció en su vida, él también le comentó cómo lo había contratado Harry. La chica frunció el ceño casi todo el relato desde que se enteró que Draco no recordaba nada sobre Hermione.

—Y ella tenía en su bolso el anillo de compromiso de Nott.

—¿Nott? ¿Pero qué rayos tiene que ver Theo en todo esto?

Hermione levantó las cejas.

—Pensé que tú podrías saber algo —contestó la bruja—, éramos muy amigas. ¿No te conté nada acerca de él?

—¡Por Merlín, no! —exclamó la morena tosiendo un poco— ¿Cómo se te ocurre? Estabas muy enamorada de Draco. Ambos lo estaban, pensar en que había algo más es… —la chica se estremeció.

Las mejillas de ambos, tanto Malfoy como ella, se colorearon fuertemente haciendo que Pansy riera con ganas.

—No puedo creer que ni siquiera recuerden cómo comenzaron a salir, y con toda esta tensión sexual aquí… ¿No se dieron cuenta cuando se volvieron a ver? ¿No saltaron chispas ni nada por el estilo?

Tensión sexual. Allí estaba el nombre que Hermione no quería ponerle al momento incómodo que se creaba con Malfoy cada vez que se quedaban a solas en una habitación. Por lo visto era tan evidente que hasta Pansy podía notarlo.

—No hay ninguna tensión sexual entre nosotros —negó Malfoy.

—Eso mismo decías hace años, Draco —suspiró la morena.

—¿Theo sabía que Draco y yo estábamos juntos?

Pansy frunció el ceño y lo negó.

—Nadie lo sabía fuera de mí. Era una situación delicada.

Hermione no necesitaba que le explicaran por qué era delicado que existiera una relación entre un miembro de la Orden del Fénix y un mortífago, era completamente inconcebible. Más aún cuando ella había recordado por un breve instante que lo que le contaba Draco sobre la misión de asesinar a Dumbledore no era del todo desconocida para ella, no sabía si el rubio estaba al tanto de que ella había sabido aquello o no formaba parte de sus recuerdos a causa de su amnesia.

—¿No sabes quién podría haber descubierto todo esto al punto de…?

Pansy levantó las cejas ante la pregunta de Draco.

—¿Quién pudo haber descubierto todo y decidió borrarles la memoria? No lo sé Draco. La única persona en la que puedo pensar es en tu padre. Quizás descubrió que Hermione se colaba a la mansión con el mismísimo señor Oscuro rondando por allí y decidió que sería lo mejor si ninguno recordara nada. ¿Qué pasó con él?

—Recibió el beso del dementor.

Hermione apretó los labios ante la respuesta, por más que él ya se lo hubiera contado, no había contemplado la posibilidad de que fuera Malfoy padre quien estuviera detrás de la pérdida de memoria de ambos. Quizás pudieran recuperarse sus recuerdos, Draco decía que existía una posibilidad, pero… ¿Y los de él? No sabía si le gustaba la idea de ser la única que recordara un romance que parecía lo bastante serio e importante para mantener en la memoria.

—¿Irás a San Mungo para que te devuelvan las memorias? —preguntó Pansy tocando justo el mismo tema sobre el que aún no tenía idea— Al menos tú podrías recordar por lo que parece.

—Todavía no sabemos si es una mujer libre después de lo de Azkaban —murmuró Malfoy.

Pansy bajó la mirada y Magnolia observó con rabia al rubio. ¿Qué necesidad tenía de hacerla sentir mal?

—Aún no lo sé —contestó ignorando al mago y centrándose en la chica—, por ahora mi única preocupación eres tú. Debes mejorar y luego acompañarme a la hacienda.

—¿Viviré contigo? —preguntó la chica con una pequeña sonrisa.

Hermione vió a Malfoy fruncir el ceño y sabía que tenía algo de razón en no estar muy de acuerdo, con las visitas de Harry que al parecer se haría habitué de la hacienda no era muy seguro que Pansy -profuga de la justicia- viviera allí.

—¿Dónde más? —respondió Magnolia.

Pansy asintió con alegría y ella le presionó suavemente la mano que tenía conectada al suero. ¿Qué haría cuando llegara el momento? Probablemente se vería en varios aprietos, pero siempre lograba salir de todos ellos. No le daría la espalda a su amiga luego de toda la historia que compartían.

Un médico tocó un par de veces a la puerta y luego entró con actitud muy seria, que cambió automáticamente al ver a Magnolia. Le pasó la mano con excesiva amabilidad y ella escuchó a Draco bufar.

Cuando me dijeron que la señorita era pariente de los Salazar no lo quise creer —comentó—. Es un verdadero placer que haya elegido nuestra clínica, señora.

Magnolia respondió al apretón con firmeza. Era bastante común que le mostraran respeto si sabían lo que les convenía.

Espero que pueda ocuparse de mi prima —mintió—. Será debidamente recompensado por devolverle la salud y por supuesto, por mantener esto en completo silencio.

Fue muy consciente de la sonrisa fría que adornó sus labios, aquella que había aprendido a utilizar con los años en los momentos debidos y que podía conseguir grandes cosas con su sola aparición. La siguiente opción era regalarle una bala de cortesía al médico.

Pero el hombre fue prudente y supo elegir con éxito lo que más le convenía.

Por supuesto, señora Salazar —respondió pomposamente.

Luego de las presentaciones y advertencias, procedió a explicar que aunque pareciera delicado el cuadro de Pansy no lo era en su totalidad. Tenía heridas, hematomas y golpes antiguos que habían sanado de mala manera, como huesos fuera de lugar que había que arreglar y algunos asuntos íntimos un poco más complejos que Hermione no permitió que fueran discutidos frente a Malfoy. También habló sobre la desnutrición y evidente deshidratación de la chica. Si vió signos de tortura no los mencionó, probablemente creyendo que la autora había sido la misma Magnolia.

El médico prometió que estaría como nueva en un par de semanas y a juzgar por el rostro de la morena, no parecía muy contenta de seguir encerrada en cuatro paredes por tanto tiempo nuevamente, por lo que Hermione insistió en que fuera en una semana a más tardar, haciendo que el doctor dudara un poco antes de asentir frente a la mirada dura de la narco.

El teléfono celular de Magnolia interrumpió el discurso que el hombre estaba dando sobre la nutrición y la chica se disculpó saliendo del cuarto.

—Paco —saludó al contestar.

Señora —respondió el sicario al otro lado de la línea—. El cuatrojos ese de los palitos esos… Dizque es urgente hablar con usted.

Magnolia vió al Turco caminar rápidamente en su dirección por el pasillo y entendió que tal vez era algo urgente.

Dile que enseguida estoy allí.

Cortó el celular y esperó la misma información por parte del Turco que no tardó en llegar con algo más de detalles, Harry se había presentado con algunos aurores y una orden de cateo. ¿No que eran muy amigos? ¿Se había pasado buscándola por años para detenerla apenas la encontraba?

Entró nuevamente a la habitación e hizo que el médico saliera para poder decirle de la situación a Malfoy y Pansy. La chica se sintió bastante culpable, pero ella no le permitió darle tantas vueltas al asunto.

—Sabía perfectamente dónde me metía cuando me propuse hacer esto, Pansy —le dijo—, solo necesito algo de tiempo para resolverlo.

No estaba segura de que con Harry el «tiempo» fuera lo que se precisara, parecía ser una persona bastante correcta y para ser muy sincera, Hermione no tenía idea de cómo sortearía la situación sin un maletín de dinero de por medio.

—Iré contigo —le dijo Draco.

Hermione negó.

—Quédate con Pansy. Puedo resolver esto por mí misma.

—No creo que el estilo Magnolia sea conveniente para tratar con Potter —retrucó el rubio.

Pansy afirmó.

—Potter es un santurrón y tú apenas recuerdas su nombre —le dijo—. Deja que Draco te acompañe.

La chica frunció el ceño pero asintió. Era mejor no llevarle la corriente a la desvalida.

Se despidieron de ella con un abrazo cada uno y salieron de la habitación sin decir nada. Cuando estaban por llegar al vehículo, Draco se pasó las manos por el pelo.

—¿Qué? —preguntó la bruja que había aprendido a conocer el gesto del slytherin.

—No puedes comprar a Potter.

—¿Quién dice que quiero comprar a Potter?

Él levantó los hombros y subió al auto.

—Todo tu ser grita que intentarás comprar a Potter.

Hermione apretó los labios.

—Ese no era mi plan —mintió—, no puedes saberlo.

—Pero lo sé, Granger —murmuró el mago—. Te conozco.

—No puedes conocerme —dijo ella por lo bajo—, ni siquiera me recuerdas.

Draco bufó.

—Te observé por semanas y ahora sé exactamente cómo te mueves.

—Observarme no te hace conocerme —contraatacó la chica con rabia—. ¿Al menos pensaste en mí todos los meses en los que estuviste lejos?

Casi jadeó al terminar de decir la oración que había soltado con enojo. ¿Por qué rayos tenía que reclamarle algo así? ¿No había tenido suficiente con la bofetada indigna que le había dado presa de sus impulsos?

El rubio se calló por un momento y de repente Hermione sintió que estaban demasiado cerca en el asiento trasero del pequeño auto y necesitaba alejarse para poder respirar. Pero el Turco estaba sentado a su lado izquierdo y Draco estaba completamente pegado a su derecha. No tenía dónde ir.

El mago giró el rostro hacia ella y Magnolia tragó grueso. Sus ojos se clavaron en los suyos y la bruja pensó que podría derretirse dentro de sus pupilas grises iluminadas.

—Todos los días con sus noches —susurró él tan bajo que dudaba que el Turco lo hubiera escuchado.

El corazón se le detuvo cuando fue consciente de los pocos centímetros que iban separándolos cada vez más. Quiso desconectar su cerebro del resto de su cuerpo a medida que se daba cuenta que él iba a besarla. ¡Malfoy iba a besarla!

Oh, Dios. ¿Cómo podían pasar tan rápido de estar discutiendo a un momento tan íntimo y especial? ¿Realmente la besaría? ¿Se animaría? ¿Aún sin recordarla? ¿Ella quería que la besara?

El rubio casi rozó sus labios con los suyos, sus narices estaban tocándose cuando él cerró los ojos y ella hizo lo mismo por reflejo.

—Puedo escuchar tus cientos de pensamientos, Granger —murmuró en voz baja, haciendo que su aliento chocará contra sus labios.

Ella jadeó y el Turco a su lado carraspeó, haciendo que ella se apartara con fuerza casi chocando contra el hombro del sicario, quien se acomodó más en su lugar, dándole espacio para que se alejara más de Malfoy.

Maldita sea. ¿Qué había sido eso?

—Señora, llegamos —anunció Rambo deteniendo el vehículo frente a la casa.

Magnolia casi empujó al Turco y bajó de un salto del vehículo. Por el rabillo del ojo vió que Malfoy se aflojaba la corbata del cuello y desprendía un botón. Por lo menos él también había salido perjudicado de una u otra manera.

Frente a ella, dos aurores con rostro de haber mordido un limón estaban parados bajo el dintel de la puerta principal como si se tratara de resguardar una escena del crimen, dos aurores más sobrevolaban alrededor de la casa en escobas y el hombre de color que había estado justo al lado de Dawson cuando Pansy y ella lo asesinaron también estaba allí, sosteniendo de correas a tres perros rabiosos que no dejaban de ladrar y salivar hacia Harry Potter quien tenía en sus manos una gruesa cadena que ella rápidamente reconoció. Era la que Pansy había tenido atada a los pies.

Oh, no. Estaba muy jodida.


Hola chicxs! Perdonen la demora en actualizar, tuve una semana muy agitada y no pude hacerlo. Ojalá les guste el capítulo tanto como me gustó a mí escribirlo!

Aprovecho para mencionar que los siguientes usuarios no me pasaron un medio de contacto para que les envíe el recuerdo de Hermione con el fanart:

Hadramine

• Hania Hiwaku

Espiroket

• Fany Malfoy

Paty

•Emma Baró

Mony2020

•Redeginori

•Mary22Black

Cpmt

•Tanicongui

Pax 399

•Noemiifr29

•Airelav2002

•Sol17

Les agradecería mucho si quienes tienen cuenta revisaran sus mensajes privados, y quienes no la tienen pudieran escribirme a Facebook "Neineineinn Fanfiction", o en todo caso dejarme su correo electrónico en un rr, con espacios separados porque la página no deja que se dejen links.

Estaba pensando en escribir ese casi beso desde la perspectiva de Draco. Ustedes qué piensan? O ya sería demasiado? Díganme qué piensan o qué les gustaría!

En otras noticias, tenemos página de Instagram! Dónde se suben los edits, fanarts y todo lo relacionado al fic, el user es neineineinn_ff por si quieren darle follow :)

Con cariño, Ann.