Podría haber cerrado este fanfic aquí, es bastante conclusivo este capítulo, peeero…
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Avanzando paso a paso
Wirt se recuperó en tan solo unos días, gracias a los conocimientos de Ford y los cuidados de todos. Tras esto, y mientras los más jóvenes aprovechaban el tiempo paseando, disfrutando el verano y, en el caso de Wirt, superando el trauma de prácticamente haber muerto y lo maravilloso que era sentirse vivo, los adultos conversaron sobre cuales iban a ser sus siguientes pasos.
A Greg solo le importaba estar con su hermano, así que el viejo McGucket, con su gran habilidad con las computadoras y el hackeo… y su dinero, logró crear un nuevo registro para Wirt, poniéndolo bajo la tutela de su hermano. Él no estaba seguro de si era buena idea decirles a sus padres todavía, también estaba el asunto del lugar dónde iban a vivir. Su apartamento era muy pequeño y la ciudad sonaba como algo muy sobrecogedor para Wirt, quien ahora era mucho más sensible a los sonidos y la energía del ambiente, sintiéndose más a gusto alrededor de los bosques, y quien aún estaba adaptándose a todos los cambios, así que no le fue muy difícil el decidir cambiar su residencia a Gravity Falls.
Wirt se sintió un poco culpable de que su hermano estuviera dejando atrás su vida hecha en la ciudad sólo por él, pero Greg no tardó llevarle la contraria, una vez se percató de esto.
- Este pueblo es el lugar en que me habría gustado vivir de niño, me encantan los bosques y sus interesantes habitantes son un plus – explicó mientras bebían una pit cola en el porche, entonces añadió más suavemente –, además, saber que aquí puedo hablar libremente y no solo creen en lo que viví, sino que lo consideran algo normal y me aceptan por quien soy, es un gran alivio para mí.
- Creo… creo que lo entiendo – murmuró Wirt, frunciendo el ceño ligeramente –, yo también pensé lo mismo.
Lo que sí fue una sorpresa, es que el mismo alcalde les regalara un terreno y, entre todos, comenzaran a trabajar en construirles una cabaña, la cual estaría lista para finales del verano. Greg también hizo tratos con el alcalde y la directiva de la escuela de la zona para que, una vez obtuviera su título de psicología, pudiera trabajar con los traumas de los más jóvenes relacionados con temas paranormales, especialmente los del Raromagedón, asunto que se prohibía hablar en voz alta y había dejado muchas heridas mentales sin tratar. Él recibió una excepción siempre que fuera dentro de sesiones, por lo que ya tenía un trabajo asegurado en el pueblo, además de aquellos relacionados con sus cuentos y música, que podía enviar de manera online a su editor.
Tuvieron que separarse por unas semanas, ya que Greg todavía tenía que arreglar asuntos de vuelta en casa, despedirse de algunas personas y enviar sus cosas, pero aun sabiéndolo, no eliminó la ansiedad que ambos hermanos sentían. El evento en lo Desconocido era aún demasiado reciente, aunque resultaba un alivio tener la seguridad de que La Bestia en verdad estaba muerta y no podía volver a hacerles daño. Pero los gemelos se encargaron de al menos distraer a Wirt, enseñándole también a usar las video llamadas para que, una vez al día, pudiese ver y hablar con su hermano y así evitar su ansiedad y ataques de pánico.
A veces gustaba de pasar el tiempo tocando su viejo clarinete, recordando viejas tonadas de su vida anterior. Aún le producía dolor y añoranza el saber qué había perdido, los años a los cuáles nunca podría regresar, pero cada día se hacía un poco más fácil, lo nuevo no era lo mismo, pero cada día se volvía un poco más suyo. A veces, cuando el sentimiento era demasiado sobrecogedor, se volcaba a la poesía y la música. Transformar esas emociones era verdaderamente terapéutico y, por suerte, la mayoría de las veces no estaba solo para sobrellevarlo, casi siempre era Mabel quien se sentaba a su lado en esas instancias, entregando su compañía y apoyo, junto con su gran alegría y esa sonrisa que podría iluminar el cielo nocturno y volverlo día. Así que mientras él escribía o tocaba una canción, Mabel dibujaba y pintaba o creaba su propia versión de poemas.
El verano continuó, sin la sombra del temor, y acabó como ocurría desde hacía dos años y ya era una tradición, con el cumpleaños número 15 de los gemelos y su despedida del pueblo, aunque prometieron volver a visitarlos un tiempo durante el invierno e intercambiaron números con el nuevo celular de Wirt, regalo de Pacífica, para mantenerse en contacto. Desgraciadamente para Mabel, su hermano y la rubia no se confesaron para entonces, pero se conformó con lo cercanos que se veían y estaba segura de que iba a lograr más el próximo año.
Así comenzó la nueva vida de los hermanos en el pueblo. Greg pronto estuvo entregando asesoramiento sobre traumas con lo sobrenatural tanto a jóvenes de Gravity Falls como a algunos del exterior, entre ellos, los gemelos Pines más jóvenes a través de vídeo llamadas. Había muchas heridas del pasado aún sin sanar por completo y Greg estaba más que feliz de ayudar a todos, en especial a su hermano.
En el caso de Wirt, la secundaria no fue su mayor problema, al contrario, se adaptó rápidamente y gracias al evento en la mansión durante Summerween, fue aceptado de inmediato por la gente de su edad. Su mayor preocupación estaba en el bosque. Después de clases, gustaba de caminar entre los árboles, lo cual siempre lo hacía sentir revivificado, pues era parte de su esencia ahora. En ocasiones incluso gustaba de tocar su clarinete allí, no era una flauta y seguramente no poseía el mismo poder que podía conjurar el Guardián, pero las plantas parecían vibrar a su alrededor y algunas criaturas mágicas pequeñas se le unían de cuando en cuando. A veces algunos de esos seres acudían a él para que solucionara un problema, ante lo cual siempre era acompañado por Greg, su hermano sabía pensar fuera de la caja y, entre ambos, podían encontrar mejores soluciones que solos. Era un poco agotador ser un pseudo Guardián, pero al menos no estaba solo y sabía que, con el tiempo, esto se volvería fácil y rutinario.
A lo que le costaba acostumbrarse, sin embargo, era a ser un hermano menor. Greg conservaba gran parte de su carisma infantil, pero era claramente el adulto responsable y el cambio tan súbito aún lo perturbaba, después de todo, desde su perspectiva no había pasado mucho tiempo desde que le viera como un niño. Le entristecía haber tenido tan poco tiempo como el mayor, aunque encontraba cierto consuelo durante sus sueños hacia lo Desconocido, en los que vivía aventuras con su hermano, quien siempre adoptaba una apariencia infantil. Algo le decía que él poseía el mismo sueño frustrado y lo cumplía en parte durante esos viajes. Satisfacía a ambos, así que nunca dijo nada.
Finalmente llego su cumpleaños y con éste, el otoño, época que le hacía rememorar con más fuerza ese primer viaje a lo Desconocido durante Halloween, razón por la cual sus paseos por el bosque se volvieron más frecuentes. A pesar de haber cumplido un año más, aún le costaba comprender que su tiempo ahora estaba avanzando. Constantemente se veía atrapado en las ensoñaciones de una época pasada, a veces incluso olvidaba que Junior era la rana descendiente de Jason Funderberker, aunque en seguida se excusaba con los nombres parecidos excepto en el añadido "Jr", lo cual en parte era cierto. No quería que Greg notara ese retraimiento, sabía que era tonto, pero deseaba intentar lidiar con eso solo.
Desafortunadamente, aquello sólo empeoró en invierno, cuando la nieve y el frío llegaron para quedarse por un tiempo. Durante el día no era mucho problema, aunque ya no paseaba por el bosque y todo parecía enlentecerse. A veces, su hermano lo incitaba a salir con él al patio para hacer hombres de nieve, iglús o guerras con bolas de nieve con Pacífica y las chicas y algunos otros amigos. Para esto usaba un abrigo azul con interior rojo que Melody había hecho en base a su capa, la cual ya no podía usar para salir pues apenas abrigaba. Pronto se acostumbró a ésta y casi podía imaginar el día en que no necesitaría usar ese pedazo del pasado cual manta de seguridad, pero no podía verlo ocurrir en ningún momento cercano, especialmente debido a lo que sucedía al caer la noche.
Comenzó como simples pesadillas que lo hacían removerse y, en ocasiones, despertar de un salto, envuelto en sudor. La mayoría de las veces eran cortas escenas sobre su estancia en lo Desconocido durante su posesión, recuerdos borrosos de una época que él apenas recordaba, en donde predominaba el frío de las noches a la intemperie. Otras veces, especialmente cuando cayó la nieve, repetía en sueños la búsqueda de su hermano en medio de la tormenta blanca, de cuando lo halló envuelto en ramas de Edelwood y de su trato con la Bestia. Esas memorias comenzaron a mezclarse y empeorar a medida que el tiempo se encrudecía, hasta que ya no podía siquiera despertar, pues aún si abría los ojos parecía seguir atrapado en su pesadilla, en la cual sólo podía gritar por las horribles imágenes que éstas mostraban.
Greg las llamó "terrores nocturnos", algo que, según él, era bastante normal, aunque eso no parecía poder disminuir la vergüenza que Wirt sentía al volver a la consciencia, especialmente porque, por más que lo intentara, no podía soltarse de Greg tras éstas y terminaba durmiendo con él. Las pesadillas nunca lo atacaban cuando estaba a su lado, por alguna razón.
Aquella noche, el viento era tan fuerte, que parecía querer hacer que los techos, o las casas mismas, salieran volando por los aires. Wirt se removió inquieto en su cama. Estaba cansado, pero sabía que, si se dormía con tal tiempo, indudablemente iba a tener uno de esos terrores nocturnos. Permaneció por al menos una hora observando el techo de su cuarto, decorado con estrellas fosforescentes, antes de ver la hora en su celular y suspirar.
Medianoche.
Finalmente, tras otro momento de indecisión, salió de la cama y, con paso lento y silencioso, caminó por el pasillo hasta detenerse frente a la puerta del cuarto de su hermano. Nuevamente dudó, aún tenía tiempo de volver y evitar esa vergüenza… sólo para vivir el siguiente bochorno más tarde, cuando se durmiera. Gimió de frustración en voz baja, sobresaltándose ligeramente cuando la rama de alguno de los árboles pareció caer muy cerca de la casa, algo que seguramente tendrían que ver en la mañana.
Miró la puerta y, tomando valor, la abrió.
Para su sorpresa, Greg estaba sentado en su cama con la lámpara encendida, anotando algo en una libreta y alzó la mirada confundido al verlo súbitamente en la puerta. En su exaltación, no debió notar la luz colándose por las rendijas de la entrada y, en retrospectiva, debería haber al menos golpeado antes de abrirla, pero ya estaba hecho y ahora sólo quedaba hablar… cosa más fácil pensada que realizada, pues ahora no podía dejar de tartamudear.
Greg, siempre el receptivo que era, supo al instante qué es lo que planeaba y lo invitó a pasar. Él obedeció en silencio y, tras cerrar la puerta, se metió rápidamente bajo las sábanas al lado de su hermano, claramente abochornado. Greg sólo sonrió, cerrando su libreta y acostándose también, aunque dejó la luz de la lámpara encendida; sabía por experiencia propia cuanto era de ayuda.
Siguió un largo e incómodo silencio, en el cual Wirt continuó removiéndose en la cama, claramente aún demasiado nervioso y avergonzado como para pensar en dormir. Con excepción de esas primeras noches tras el reencuentro, era la primera vez que él venía al cuarto de su hermano sin que los terrores nocturnos estuvieran de por medio, hasta entonces, seguía insistiendo en poder hacerles frente solo. Greg comprendía un poco la línea de pensamiento detrás de las acciones de Wirt. Él no quería ser una carga, intentaba lidiar con las cosas que le pasaban solo, además de que seguramente sentía vergüenza de estar haciendo algo que consideraba de niños, pero que en verdad era buscar ayuda y, por ende, resultaba en una acción bastante madura.
Sonrió mientras negaba lentamente con la cabeza. Algunas cosas parecían nunca cambiar, aunque ojalá él pudiese hacerle el trabajo de hermano más fácil y aceptara su ayuda y apoyo. Wirt notó su expresión y le dirigió una mirada curiosa.
- Hey, no hay nada de malo ni vergonzoso en tener terrores nocturnos y querer compañía, yo también los padecí.
- E-es diferente, es aceptable cuando eres un niño, pero yo, yo soy ya un adolescente y-y… - tartamudeó a la defensiva, sonrojándose un poco.
- ¿Y quién dijo que sólo los tuve a los seis? – replicó divertido, deteniendo la perorata de su hermano y consiguiendo su atención de nuevo –. Tuve un par de pesadillas muy malas cada tantos años y los terrores nocturnos volvieron brevemente cuando cumplí catorce.
Wirt abrió la boca, pero claramente no tenía nada que decir ante esto y la volvió a cerrar, con gesto derrotado. Greg suspiró; su hermano podía ser tan dramático a veces.
- Mira, lo que intento decir es que esto no es nada del otro mundo, le pasa a todos los que sufren traumas y hace poco tuviste una experiencia terrible, así que era de esperar que algo así pasaría.
- ¿Sabías que pasaría? – preguntó con una mueca, sin saber cómo sentirse sobre eso.
- Era una enorme posibilidad, pero no sabía cuándo o qué podría provocarlo, demoró más de lo que yo esperaba y supongo que… - suspiró con gesto frustrado, añadiendo mientras fruncía el ceño - debería haber sabido que sería el invierno.
Volvieron a sumirse en un breve silencio, antes de que Greg se moviera para volver a mirar de frente a su hermano con expresión decisiva.
- Necesito que sepas que no estás solo en esto y no tienes que estarlo, la edad no tiene nada que ver, incluso los adultos buscan una mano que los auxilie, que no te avergüence hacer lo mismo – explicó mientras pasaba una mano suavemente por la cabeza de quien era ahora su hermano menor –, si te avergüenza decírmelo a mí, entonces a alguno de nuestros cercanos como Melody, Soos, Wendy, los Pines, cualquiera, sólo… no te lo guardes, eso no es sano.
Wirt bajó la mirada y asintió débilmente, pero Greg necesitaba que él en verdad lo entendiese, así que repitió.
- No estás sólo en esto, me tienes a mí ahora y a nuestro creciente grupo de amigos, ¡como una gran familia!
Su hermano frunció el ceño súbitamente y jugueteó con sus manos, signo de que algo estaba pasando por su mente. Relacionado o no con el tema, eso estaba por verse.
- Hey, ¿Greg…?
- ¿Sí?
Wirt hizo varios intentos por comenzar, pero parecía no poder encontrar la voz para lo que quería consultar. Se detuvo un instante para respirar hondo y, entonces, con voz temblorosa y quebrada, habló en voz baja, lo cual denotaba que era algo intimo que temía preguntar, por lo que Greg se esforzó en prestar el doble de atención.
- Sé que dijiste que mamá se puso extraña y nunca se recuperó por completo tras mi… - titubeó un instante, decidiendo saltarse aquella palabra antes de continuar –, pero, ¿crees que podremos decirles la verdad? O…
Una expresión triste cruzó el rostro de Greg por unos segundos mientras se quedaba pensativo, entonces respondió lentamente.
- Realmente no lo sé… tampoco deseo mentirles, pero, es difícil predecir el comportamiento de una persona, especialmente de ellos, especialmente con algo tan de "cuento de hadas" para los adultos como son las criaturas mágicas. Podrían fácilmente entrar en negación, o lo que temo más en el caso de mamá, que se vuelva obsesiva…
- Oh…
Wirt bajó la mirada con decepción y no poco de dolor, la verdad es que, desde que recuperara sus recuerdos, había mantenido la esperanza de volver a reunirse con su madre… y bueno, también su padrastro. Sabía que las cosas no podían volver a ser como antes, pero al menos quería hacerle saber que estaba vivo, poder hablar con ella, abrazarla. Tras la muerte de su padre, por varios años habían sido solo los dos contra el mundo… hasta que conoció a su padrastro y nació Greg, evento que le trajo cierto conflicto debido a lo anterior.
Le dolía esta situación.
Greg, al ver esto, rápidamente buscó animar a su hermano, a veces olvidaba que tan fácil era deprimirlo, así que acudió a su lado optimista y replicó.
- ¡P-pero eso no significa que sea imposible! Aún tenemos tiempo, hablaré con algunos amigos de mi grupo y encontraré una solución, confía en mí.
Wirt asintió levemente, aunque aún no parecía muy convencido y seguía desanimado, así que Greg cambió de táctica.
- Aunque hay alguien a quien sí le he contado sobre tu regreso – comenzó casualmente, logrando capturar la atención de su hermano. Apenas pudo evitar sonreír mientras continuaba, manteniendo su tono neutral –, ya la conoces, es Sara.
Y no estaba mintiendo, tras conocer a toda esta gente que le ayudó con su hermano, algo de esa vieja confianza en las personas, especialmente los mayores a él, había regresado. Quería hacerlos parte de su vida, darles una oportunidad, tener esperanza en ellos. No quería mentir más y esperaba que la gente más importante para él pudiese aceptarlo. Matilda lo hizo de inmediato, pues ya estaba abierta a las posibilidades de lo extraño gracias a su red de contactos cada vez más amplio, e incluso deseaba crear una zona de campamento en Gravity Falls para algunos de los niños y jóvenes que ella aconsejaba, especialmente aquellos con habilidades o vivencias con lo paranormal, que no eran pocos, para ver si el ambiente podía ayudarlos a aceptarse y hacer nuevas experiencias y amigos, en un lugar diferente y alejado de sus entornos habituales por algunas semanas. Él creía que era una buena idea.
Sara fue la siguiente elección obvia, aunque fue con más cuidado. Tardó un par de semanas antes de que ella obtuviese la historia completa y tardó al menos un día en poder digerir la información sin que su cerebro hiciera cortocircuito, pero pasado todo esto, Sara lo había aceptado bastante bien, mejor de lo que él esperaba.
Quizá… ¿quizá en verdad existía la posibilidad de contárselo a sus padres?
Wirt por otra parte, había enrojecido un poco y se hallaba inquieto. No es que siguiera teniendo sentimientos por Sara, además de que era imposible, bueno, quizá se sintiera un poco triste y descorazonado tras recuperar sus recuerdos de ella y saber que ahora era una adulta con una hija y todo y otros intereses… además, ahora sabía que lo que sentía por Mabel era… bueno, un enamoramiento… No, el problema es que estaba seguro de que Sara había escuchado ese vergonzoso casete lleno de poesía y clarinete y, aunque sabía que era un poco tonto pues para ella habían pasado años desde eso, le abochornaba pensar en el tema y en cómo Sara debió pensar de él.
Greg observó con curiosidad a su nervioso hermano unos instantes, bastante divertido.
- No entiendo por qué te pone tan nervioso la idea de verla, yo creía que ya la habías cambiado por cierta chica Pines – comentó con una sonrisa burlona.
Wirt se sonrojó por completo ahora, tartamudeando palabras sin sentido mientras su hermano reía, antes de hacer un mohín y chillar con voz quebrada.
- ¡C-cállate!
- ¡Tú cállate! – replicó inmediatamente Greg mientras sonreía.
- ¡Shh!
- ¡Tú Shh!
Ambos se miraron fijamente por unos instantes, para luego explotar en carcajadas. Finalmente, el sueño comenzó a inundar el cuerpo de Wirt y, de forma instintiva, se acercó a su hermano para acurrucarse, ahogando un bostezo. Los brazos de Greg inmediatamente lo envolvieron, haciéndole sentir seguro y en casa. Ya no importaba cuánto ruido hiciera la tormenta, esa noche ninguna sombra de pesadilla podría alcanzarlo.
Sería un camino difícil para sanar las heridas que no podían verse, nunca podría volver a la vieja normalidad y había dejado de ser un hermano mayor; pero estaba bien. No estaba solo. Ya no estaba solo. Mayor o menor, Greg estaba a su lado, iluminando esas pesadillas con una luz más fuerte que el de la linterna.
Y entonces recordó, que después de cada invierno, llegaba la primavera.
