No poseo os derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Jasmin Wilder. Yo solo me divierto un poco.
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Despertar no fue una experiencia agradable, esta vez. Yo ni siquiera conseguí ese momento fugaz de olvido dichoso ante la realidad que se impuso. Me desperté y mi primer pensamiento fue: Carlisle mató a mi padre. Mi segundo y tercer pensamiento fueron, respectivamente: Carlisle me ama, y estoy enamorada de Carlisle. Y luego, por supuesto, la pregunta inevitable sin respuesta: ¿Qué mierda se supone que debo hacer ahora?
Me di la vuelta, mi cara aplastada contra la áspera tela del sofá, que apestaba a olla vieja, humo de cigarrillo y polvo desgastado. Tosí, rodé, y me senté, frotándome la cara con las dos manos, para hacer retroceder a la nueva oleada de lágrimas que ya estaban ardiendo detrás de mis párpados. El olor de café y rollos de canela recién horneados finalmente se filtró a través de mi conciencia. Miré hacia arriba para ver a Leah acercándose, con dos tazas de café en una mano, y un plato de pegajosos, rollos de canela de cristalino glaseado en la otra.
—Sé lo que necesita mi perra —dijo ella, poniendo todo abajo en la madera maltratada y en la mesa de centro de cristal rayado—. Cafeína y rollos de canela.
Tomé el café y bebí a sorbos, luego agarré un panecito y di una gran mordida, muy no elegante.
—Eres mi salvación —dije, mi boca llena.
—Lo sé. —igualo mi mordida con mordida, y nos pusimos a devorar la hornada entera de rollos.
Satisfecha, me eché hacia atrás y limpié las comisuras de mi boca con mi pulgar. Arrojé mi cabeza a un lado, encontrando los preocupados ojos marrones de Leah.
—Bien —dije—, pregunta.
—OHMIDIOS, ¿qué sucedió? —chilló Leah.
Era la maestra ensordecedora, volviéndose loca. Suspiré.
—Es una historia muy, muy larga.
—Vale, bien, he leído Guerra y Paz, por lo que no puede ser más que eso. Jesús, estoy llena. —Leah giró en el sofá y extendió sus pies sobre mis muslos, poniendo su cabeza en el reposabrazos y las manos sobre su vientre—. No debería haber comido esos dos últimos rollos de canela. ¿Por qué me dejaste comer como cerdo, Bells?
Me reí y golpeé su pierna.
—Yo cuestione tu decisión de comerte ese último, por si recuerdas.
—Cierto, pero estaba tan bueno. —Leah soltó un eructo enorme, y luego se tapó la boca con la mano como si estuviera conmocionada—. En serio, Isabella. Quiero saberlo todo.
Tiré mi pelo fuera de la cola de caballo y pasé mis dedos a través de los enredos.
—Bueno. Pero lo que estoy a punto de decirte queda entre nosotras. Al igual, que no le puedes infundirle una palabra a nadie, ni siquiera Eric.
—¿Qué es esto, una especie de crisis de seguridad nacional?
—Bien podría serlo. —Dejé que mi expresión le dijera a Leah lo grave que era—. Él toma su privacidad muy en serio, y a pesar de que me fui, no voy a poner en peligro eso.
Levantó las manos en un gesto de, me rindo.
—Vale, vale. Te doy mi palabra mamá. Por Dios.
Tomé una gran bocanada, sostuve, y luego lo solté.
—Su nombre es Carlisle Anthony.
Los ojos de Leah se agrandaron.
—Mierda. Que nombre.
—No es broma. Y él es... ¿honestamente? El hombre más increíblemente guapo que he visto en mi vida. Quiero decir, ni siquiera Alexander Skarsgård le puede superar. Y se parece un poco a nuestro chico Alex. —Tuve que parpadear por la emoción—, Seis pies cuatro y construido como un dios griego, cabello rubio, ojos dorados. Dios, sus ojos. Él tiene esta manera de... mirar dentro de ti. Y su voz... Leah, ni siquiera entenderías. Yo estuve con los ojos vendados durante los tres primeros días, por lo que cada vez que estaba a su alrededor, tenía que seguir el sonido de su voz. Al igual, que puede seducir simplemente con su voz. Sus palabras. Jódeme, Leah. Las cosas que me dijo...
—Espera. Espera. Espera. Espera. —Leah se sentó, sacó las piernas fuera de mí, y se inclinó hacia delante—. ¿Estabas con los ojos vendados? ¿Durante tresdías?
Asentí con la cabeza.
—Si estaba alrededor de Carlisle, tenía vendados los ojos. Y no supe su nombre hasta después de que él finalmente quitara la venda. Era... un juego. No un divertido juego de ha-ha, sin embargo. Un serio ejercicio de confianza. No sé cómo describir lo que pasó. Lo que él me hizo. La forma en que me tocó, me habló. Podía excitarme con sólo unas pocas palabras, un beso, una caricia, y luego me dejaba esperando. Él me hizo... una loca. Una loca. Ni siquiera sabía que aspecto tenía, yo lo deseaba. Sólo la forma en que me habló. ¿Sabes lo que me dijo, la primera vez que nos vimos? Bueno, ''presentarse'' no es la palabra correcta. Cuando él me trajo a su torre...
—¿Su torre?
Reí.
—Eso es lo que pienso. Es dueño de un edificio en Manhattan, y tenía toda la planta superior hecha a la medida en esta... casa ridículamente palaciega. No es un condominio o un apartamento, sin embargo. Quiero decir, es una mansión, pero está en un edificio alto. Creo que debe haber construido el edificio a la medida para él, porque ahí había, como, cosas en este lugar que no deberían haber sido posibles en una gran altura. Como la biblioteca. Era, y quiero decir esto muy literalmente, la biblioteca de la Bella y la Bestia. Estantes llenos de libros que suben hasta el techo, que era fácilmente a cincuenta metros de altura. Tenía verdaderos trajes de armaduras que se habían utilizado en batalla en el siglo XIV. Copias de primeras ediciones de, como, Orgullo y prejuicio y esta copia transcrita a mano del Infierno de Dante. No estoy bromeando. Libros súper locamente raros. —Agité mi mano—. Ese no es el punto. Sí, él es locamente rico. Eso no es realmente relevante.
Leah me miró boquiabierta.
—¿No es relevante? ¿Cómo en el puto infierno eso no es relevante?
Me encogí de hombros.
—Solo no. Quiero decir, fue increíble. No voy a mentir. Él hizo algunas cosas realmente increíbles por mí. Me llevó a la ópera en el Met. Y recibí esté: él tenía un vestido de Christian Dior hecho para mí, y joyas que deben haber costado cientos de miles de dólares. Y su personal conductor-rudo-guardaespaldas-rudo-piloto, Felix, a quien conociste anoche, me llevo a una cena privada en un restaurante que había cerrado sólo para nosotros. Me llevo, en su helicóptero. Y luego él me llevó al Met en su Maybach. Fuimos a navegar, también. Es un increíble marinero, y fuimos todo el camino alrededor de Long Beach y de vuelta, y cenamos en este pequeño restaurante en Little Italy... —Suspiré. —Sé que estuve allí sólo por un corto tiempo, pero en serio se sentía como una vida, Leah. Todo es diferente.
—Así que, si era tan increíble, ¿por qué estás aquí? ¿Qué sucedió? —me agarró de los hombros y me sacudió—. Y, más importante aún, ¿dónde está el vestido de Dior y la joyería?
Me reí de ella.
—Lo dejé todo allí. Quiero decir, me lo dio, pero... nada de eso importa.
—¿No importa? ¿Estas drogada? —Leah se dejó caer en el sofá con un gemido. —Solo tú dirías eso. Después de todo lo que has pasado, vas y haces algo loco como dejar atrás una fortuna.
—No lo entiendes, Leah.
—¡No, no lo hago! —Se sentó de nuevo hacia delante y tomó mis manos. —Estoy tratando, sin embargo. Explícamelo. ¿De qué me estoy perdiendo? Quiero decir, sé que en el gran esquema de cosas, vestidos y pendientes realmente no importan. No soy tan superficial. Claro, era un vestido Dior, pero... aquí estamos hablando de asuntos del corazón. ¿Cierto?
—Se podría decir eso —dije, parándome—. No creo que pueda hacer esto sin más café.
Leah me entregó su taza.
—Lléname, perra.
Regresando con tazas llenas, volví a mi lugar junto a Leah.
—Así que. Él se tomó todo ese esfuerzo, ¿cierto? Enviándome anónimamente cheques de diez mil dólares cada mes durante un año, entonces me recogió y me dijo que me poseía. Me vendo los ojos y me hizo confiar en él, lo cual no fue fácil. Me dijo que me había estado observando durante mucho tiempo pero no dijo por qué. Él me conocía. Me mostró fragmentos de quién era, y Leah, este hombre es increíble. Ni siquiera puedo decírtelo. Es enorme y precioso y dominante y totalmente macho alfa, pero es amable y atento y considerado...
Leah se acercó a mí, interrumpiendo.
—¿Cuando dices "enorme'', qué es exactamente a lo que te refieres? —Sonrió, mordiéndose el labio, deseosa de todos los detalles lascivos que sabía que yo estaba omitiendo.
No pude evitar un sonrojo.
—ENORME, Leah. Enorme. —Agarré sus manos y las apreté—. Es un maldito dios. Y digo eso muy literalmente.
Leah gritó, echándose hacia atrás y riéndose.
—Lo sabía. Sabía que estabas ocultando cosas. ¡Dime más!
Tuve que suspirar mientras trataba de averiguar por dónde incluso comenzar.
—Es un maestro de los juegos previos. Él pasó días, días completos, haciéndome bromas y torturándome. Tú me desviaste antes. Una de las primeras cosas que me dijo fue que no iba a tener sexo conmigo a menos que yo rogara por ello. ¿Quién incluso dice eso? No le creí, obviamente. Quiero decir, yo no rogo. A nadie, por nada. Pero él... no voy a llamarlo seducción, porque eso implica un sentido turbio o algo así. Él sólo sabía exactamente qué hacer y qué decir para volverme loca.
Me alegré por la oportunidad de ocultar el verdadero asunto por unos pocos minutos. No estaba dispuesta a hablar de la manera en que las cosas habían terminado. Cerré los ojos y reviví la forma en que me había tocado.
—Ni siquiera puedo contar las veces que me hizo venir, Leah. Y eso es todo antes de que quitara la venda. Nunca permitió que lo tocara. Él se centró exclusivamente en volverme loca, o hacerme venir. Y lo logró. Aún estoy un poco dolorida.
Leah gimió con frustración.
—Estoy tan celosa de ti en este momento, ni siquiera lo sabes. Creo que en realidad te odio un poco.
Asentí seriamente.
—Deberías. Absolutamente debes estar muy, muy celosa.
—Todavía no lo entiendo. Él suena increíble. Más sexy que Alexander Skarsgård, más rico que Dios, dotado como un caballo, capaz de hacerte venir con meras palabras... ¿que podría posiblemente haber salido mal?
Me preparé para la verdad. Envolviendo ambas manos alrededor de la cerámica de hirviente de la taza, aceptando la quemadura en mis palmas por distracción del dolor dentro de mí.
—Él... estuvo involucrado en la muerte de mi padre.
Leah escupió el café, maldiciendo y limpiando su cara.
—¿Él qué?
—Ese era su secreto. Ese fue el motivo de la venda, por el secreto, por la loca manera en que las cosas sucedieron. Él pensó que yo lo reconocería. Quiero decir, lo hice, pero no uní las cosas hasta que él explicó lo que había sucedido.
—Espera un maldito minuto. —Leah dejó su taza en la mesa, agarrando la mía, y poniéndola a un lado también—. Él te lo dijo, Tú no, como, ¿descubriste accidentalmente?
Negué con la cabeza.
—Él me dijo. Ayer por la mañana. Después del más -ni siquiera se la palabra-después del más... trascendental sexo que nunca he tenido, me sentó y me dijo que estuvo implicado en la muerte de papá.
Leah sólo me miró parpadeando durante unos momentos.
—¿Por qué? ¿Por qué te lo dijo? Si no te habías dado cuenta entonces, ¿qué probabilidades tenías de haberlo adivinado?
Me encogí de hombros.
—Las probabilidades para adivinarlo era de atar cabos por mi cuenta, era muy cerca del absoluto cero. Lo conocí una vez, por, como, cinco segundos dos meses antes de la muerte de papá. Eso fue todo. Un vistazo. Y nunca supe su nombre, nunca supe el papel que desempeñó en el negocio de papá. No hubo evidencia que lo conectaba, y todavía no la hay, no lo creo. La policía dijo que fue un atraco que salió mal, y cerraron el caso cuando nunca encontraron una sola prueba después, de cómo, dos años buscando.
Leah frunció el ceño.
—Así que... ¿qué vas a hacer? Encontraste al asesino de tu padre. ¿Así que vas a entregarlo?
Me encogí de hombros miserablemente.
—No es así de simple.
—¿No es así de simple? ¡Jesús, Bella! ¡Asesinó a tu padre!
Miré mis pies y alejé la vista.
—¡Sé que no es simple! Él no mató a mi padre. No realmente. Fue un accidente. Tony estaba tratando de forzar a papá a vender su empresa. Él tenía este plan para una gran incorporación, y la compañía de papá era un componente clave en el acuerdo, pero papá no la vendería. Así que Tony... maniobró para que básicamente tuviera que vender. Pero papá... estaba un poco loco, dice Tony. Desesperado. Apareció en el garaje de Tony, amenazándolo con una pistola. Papá apuntó a Tony, y terminaron peleando por el arma. Se disparó, y... la bala golpeó en el corazón de papá. —Me puse de pie junto a la ventana, mirando el día soleado de verano.
Leah permaneció sentada, pensando.
—Así que él no tenía intención de hacerlo. Pero eso no cambia las cosas. Y... tú dijiste que maniobró la venta de tu padre. ¿Qué significa eso?
Levanté un hombro y negué con la cabeza, aspirando.
—Al parecer, según Tony, al menos, papá no era... del todo legítimo.
—¿No legítimo? ¡Él vendía autopartes!
—¡Lo sé! Eso es lo que dije. Pero al parecer, él también estaba dentro de la prostitución.
—Dice Tony.
Asentí.
—Sí, dice Tony. ¿Pero por qué iba a hacer eso? ¿Por qué me diría todo esto si no fuera verdad? Yo no habría sabido nunca nada de eso. Y quiero decir, yo era sólo una niña. Al crecer, todo lo que sabía era que papá se marchaba mucho. Llegaba a casa tarde por la noche y salía temprano. Podría haber estado haciendo algo. Las personas llevan una doble vida todo el tiempo. ¡No sé qué pensar, Leah! No quiero creerlo de mi padre, pero es plausible. —Dudé, pensando en un recuerdo distinto de mi infancia—. Recuerdo que, cuando tenía trece años, papá llegó a casa tarde una noche. Súper tarde. Yo estaba en la cama dormida, y él entró a mi cuarto, tiró las mantas sobre mí. Me desperté, y me senté y me dio un abrazo. Recuerdo... que olía raro. Similar a perfume. Pero mamá nunca usaba perfume, por lo que recuerdo que pensé que era extraño. Pero estaba medio dormida, así que sólo... pensé que no importaba. No lo sé. ¿Pero ahora? O la estaba engañando, como, teniendo una aventura, o Tony está diciendo la verdad sobre papá llevando un servicio de acompañantes de alto nivel y... probando la mercancía.
—Loco —dice Leah—. ¿Así que vas a entregar a Tony?
—¿Entregarlo? —ni siquiera había pensado en eso. —No veo el punto. Sucedió hace siete años, y fue, según Tony, un accidente. Tendría que... revivir todo. Ir a través de todas las pruebas. Declarar, suponiendo que fuera a juicio, y suponiendo que hubiera alguna manera de obtener pruebas contra Tony, que no estoy segura de... No sé. ¿Qué lograría?
—¿Justicia? —sugirió Leah.
—¿Lo sería, sin embargo? —Me volví y me encontré con su mirada—. No sé si sería justicia. Quiero decir, Tony es realmente culpable de chantaje. ¿Ponerlo a él —y a mí—a través de un gran lío jurídico, valdría la pena? ¿Y eso sería justicia? ¿Dónde me deja? No traería a mi padre de vuelta.
—Suena muchísimo como si estuvieras defendiendo a este tipo. —Leah miro fijamente entre sus pies—. ¿Y por qué sigues llamándolo ''Tony''? ¿Pensé que su nombre era Carlisle?
—Lo es. Pero Tony fue el nombre que me dio, y es como pienso de él. Es Tony. Carlisle... solo uso realmente ese nombre para él en... íntimas... circunstancias. —Apoyé la frente en el cristal—. Y tal vez estoy defendiéndolo. No lo sé. Estoy confundida. ¿Por qué crees que me fui?
—Te enamoraste de él, ¿cierto? —la voz de Leah era tranquila. Sólo pude asentir. Momentos de silencio pasaron. —¿Él sabe eso? ¿Y cómo él se siente?
No quería responder.
—No lo sabe. Y... él dijo... que nunca tuvo la intención de enamorarse de mí.
—Así que déjame ver si lo entiendo. ¿Estas enamorada de este rico, caliente, poderoso hombre quien casualmente ha sido tan directamente e indirectamente responsable de la muerte de tu padre? Y está enamorado de ti, pero él no sabe que lo amas, porque te marchaste.
—Eso es correcto —dije, parpadeando para contener las lágrimas.
—Eso es jodido, amiga. Sinceramente y severamente jodido.
—Lo sé. Créeme, lo sé. —Mis piernas cedieron y me deslicé hasta el piso, conteniendo los sollozos. Leah estaba a mi lado en un instante, sosteniéndome. —¿Que hago, Leah?
—No lo sé, cariño. Me tienes sin palabras.
A propósito de nada, me di cuenta de que no había visto a Eric desde que me presente la noche anterior. Sorbí y miré a Leah.
—¿Dónde está Eric?
Ella gimió.
—Esperaba que no preguntaras. —Agitó la mano—. Rompimos. No es gran cosa.
Fruncí el ceño.
—Tú has estado con él, como, por dos años, Leah. ¿Cómo no es gran cosa? ¿Por qué terminaron?
—Está bien, te distraeré de tus problemas mucho más interesantes. —Leah dejó escapar un suspiro—. Hemos estado peleando por meses sobre todas sus cosas de fumar marihuana, distribución. Quería que al menos dejara de traficar y encontrara un trabajo real, ¿sabes? Aspirar a algo. Él nunca quería hablar de ello, nunca quería pensar en eso. Traté de no fastidiarlo sobre ello, realmente lo hice. Quiero decir, no soy una fastidiosa. Nunca estuve muy emocionada sobre ese aspecto de su vida, pero era agradable y dulce y tenía un pene grande.
Me estremecí.
—No necesito saber eso sobre Eric.
Se encogió de hombros.
—Es cierto. Tenía esta curva en él, e hizo estas cosas donde podía golpearme justo en este punto...
—¡Esta bien! —le grite. —No necesito saber nada más sobre el pene de Eric. De verdad. Detente. Por favor.
Leah se echó a reír.
—Bueno, está bien. Pero fue sólo cuando estaba drogado, podía estar así un tiempo muy largo, es por lo que contribuí con todo el asunto mientras lo hacía. Y no me hubiera importado que siguiera fumando, si él hubiera tenido cualquier tipo de aspiraciones en la vida. Algo. Literalmente cualquier cosa, como, ser un cartero o unirse al ejército o servir mesas, algo. Pero estaba satisfecho solo con traficar drogas y fumar marihuana y jugar su PS4 y tener sexo conmigo. Esa era su vida, y eso era lo único que parecía importarle. Y esas cosas estaban bien, especialmente la parte del sexo conmigo, pero yo quería que él... no cambiara, pero... ni siquiera sé cómo decirlo. Quería que quisiera más de la vida.
—Siempre he pensado que podrías tener algo mejor que Eric —le dije—. Eso no es ningún secreto. Ya te lo he dicho. Él era... era una especie de perdedor, honestamente. Era lo suficientemente amable, y lo suficientemente bien parecido, pero no hacía nada. Nunca pude averiguar qué es lo que viste en él.
Leah se encogió de hombros.
—Era cómodo estar a su alrededor. Era un buen oyente. Me trató bien. Mi hermana está con este tipo que es igual que mi padre, todo duro y sin sentimientos, y es miserable, pero es todo lo que conoce. Y yo quería algo diferente de eso. Eric estaba totalmente dispuesto a decirme lo que sentía, cuando éramos solo yo y el, y eso me gustaba. Además, era bueno asegurándose de que me viniera durante el sexo. Eso es importante. A un montón de chicos eso simplemente no les importa.
—Lo entiendo. Eso tiene sentido. —La abrace hacia mí. —¿Que vas a hacer con él?
Trató de encogerse de hombros y no acabo totalmente de gestionarlo.
—Apesta. Trate de explicarle las cosas, como seguía preocupándome por él y que no estaba rompiendo con él, solo quería que quiera cosas en la vida, para él y para nosotros. Y lo tomó como que yo quería que cambiara, que fuera otra persona. Y tal vez eso es cierto. Tal vez yo quería que fuera alguien que no fuera un distribuidor de marihuana. Pero no porque fuera, aparte de eso, malo. —Sorbo—. No me escucho. Se enojó, yo me enoje. Hizo las maletas y se fue antes de ayer, y no he sabido nada de él desde entonces.
—Lo siento, cariño. Eso apesta.
—Estamos muy a la par, ¿no es así?
Sorbí y reí con ella.
—Es así. Estoy enamorada del sexy, solitario multimillonario que mato a mi padre, y tu acabas de romper con tu novio traficante que tiene un pene curvado como una banana.
—No esa curva. —Levantó la mano y dedos en un ángulo un poco para demostrar—. Más como esto.
—¿Pensé que no íbamos a tener más descripciones de su porquería?
—Tú trajiste el tema. —Hizo una pausa, y luego me miró. —¿Es realmente un multimillonario?
—No tengo idea. Él tiene un montón de dinero, eso es todo lo que se.
Se sacudió, se puso de pie, y me levantó.
—Esto requiere manicura-pedicura y una jarra de cerveza en Duggan.
La dejé llevarme hacia su habitación. Le pedí prestado un vestido maxi, arregle mi cabello, y la deje llevarme al salón de belleza, y luego a cenar y una noche de borrachera dedicada a tratar de olvidar.
Excepto, que incluso cuando medio me llevo fuera del viejo desagradable taxi que nos trajo de vuelta a su apartamento, llegando el próximo jueves, no podía olvidar la preocupación en mi corazón. Tampoco podía olvidar la tristeza que había visto destellando en los ojos de Tony cuando le dije que estaba yéndome.
Esa mirada me persiguió en los días que siguieron, incluso más el recuerdo de la máscara que él se había puesto justo antes de alejarse de mí.
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Este capítulo me gustó… sobre todo porque me he visto en esta misma situación con algunas de mis amigas e.e ¿a alguien más le ha pasado? ¿qué les pareció el capítulo? No se olviden de pasarse por mi hermoso y exclusivo grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon' tenemos contenido exclusivo… tampoco de olviden de dejar un lindo comentario n.n
No puedo creer que solo nos falten 4 caps para terminar la historia… ¿es la ultima actu de hoy? Eso depende de ustedes jaja
¡Nos leemos pronto!
