Capítulo Once:
[ADVERTENCIA]
Las piernas de Hinata se estaban curando muy bien. Sólo un enrojecimiento y un ligero escozor le molestaban. Durante los días siguientes se sintió reconfortada por la presencia del padre Lachlan. La obsesión de Naruto con la búsqueda del causante del fuego lo mantuvo alejado del castillo por largos períodos de tiempo.
Por alguna razón, había empezado a dormir en su propia cama, y Hinata se preguntó si tenía miedo de ella.
Después de una semana de decir misas y confesiones, el padre Lachlan anunció su intención de volver a Byakugan. Su razón para irse era su temor de que Hidan podría estar detrás de los ataques en contra de Hinata. Esta le pidió con lágrimas en los ojos que no se fuera.
La noche en que Lachlan se marcho, Naruto entró al dormitorio de Hinata y miró distraídamente mientras se cepillaba el cabello. Tenía en la mirada tal expresión de derrota que Hinata no había visto nunca antes.
— ¿Qué está mal?—, Preguntó, dándole toda su atención.
Obviamente, esperó pacientemente a que le contara lo que le estaba molestando.
— No tengo idea de quién provocó el incendio y no hay información acerca de los hombres que te atacaron en el bosque. Todos parecen coincidir en que quien lo hizo fue Hidan. Lo que me intriga es cómo el o sus hombres se metieron dentro del castillo sin ser reconocidos.
— No quisiera molestarte con este pensamiento, Naruto, pero quién sabe si uno de tus parientes provocó el incendio.
— ¡Es deplorable!—, dijo Naruto, —pero no imposible— Se levantó, tomó el cepillo de su mano y comenzó a peinar su cabello —Me duele que uno de ellos pueda ser capaz de hacerte daño.
— No puedes influir en los sentimientos de la gente, Naruto.
— Sí. Pero no puedo creer que alguno de mis parientes pudiera hacerte deliberadamente daño. Ellos han venido a conocerte y dependen de tus habilidades curativas. Incluso Jiraya ha cambiado de opinión sobre ti, aunque no lo admite fácilmente.
Puso el cepillo en la repisa y le acarició la mejilla con el dorso de su mano. Luego le alzó la cara hacia arriba, bajó la cabeza y la besó.
—Dulce, muy dulce—, murmuró contra sus labios. —Quiero hacer el amor contigo, Hinata. Ha pasado mucho tiempo.
Yo quiero lo mismo. El miedo mantuvo su boca cerrada impidiéndole expresar su necesidad.
— ¿Te crees un sabio?
— ¿Qué tiene que ver la sabiduría con quererse unos a otros? ¿Tienes miedo? ¿Sigues sintiendo dolor?
— No.
— Entonces, déjame hacerte el amor.
Hinata no lo podía negar. Dado que todavía tenía sus poderes suponía que estaba a salvo, así que ¿por qué se negaba a entregarle a Naruto su cuerpo? No había vergüenza en hacer el amor con su marido, se levantó fundiéndose en sus brazos, levantando los labios en una flagrante invitación.
Naruto gimió cuando la arrastró contra él, sorprendido por la intensidad de su respuesta. Ella sintió su sexo revolviendo entre ellos y deliberadamente se frotó contra el creando una fricción volátil que trajo una avalancha de humedad a su interior.
Con súbita impaciencia, la soltó y se despojo de las botas. Entonces tiró de ella hacia la cama. Pero no lograron llegar, se quedaron en la alfombra tejida junto a la chimenea, presos de una necesidad desesperada y oscura de deseo. Estaba a punto de quitarse la camisa a cuadros, cuando Hinata le cogió la mano y tiró de él hacia ella.
— Más tarde—, susurró.
El obedeció de buena gana, la capturo en sus brazos y la besó a fondo, mientras levantaba su falda. Barriéndola a un lado quedo sumido en su interior. Disfrutando el feliz placer de sentir su sexo apretado. Pero no fue suficiente. Quería sentirla desnuda, quería tocar su piel cubierta de rocío. Necesitaba sentir el calor de su carne en contra de sus manos.
Aún conectado a ella de la manera más íntima, Naruto le quito el vestido sacándoselo por encima de la cabeza. Gimiendo con placer, moldeó sus pechos magníficos en sus manos, y luego hundió la cara entre ellos, frotando su exultante y cremosa suavidad.
No era capaz de obtener lo suficiente de ella. Sus labios se cerraron sobre la punta de coral de su seno. Hinata se estremeció, meciendo sus caderas contra él. Cuando se trasladó hacia el otro pezón, sus uñas se clavaron en su espalda, luego se deslizaron para terminar en sus nalgas.
Nada en su pasado le había preparado para este elevado grado de pasión, ninguna mujer podía compararse con ella. La paciencia lo abandonó cuando la tomo por las muñecas alzándole los brazos por encima de su cabeza levantando sus pechos hasta su boca dándole acceso ilimitado a sus pezones, empezó a moverse dentro de ella.
Llorando, ella se retorcía contra él, tirando de su ropa mientras gemía desesperada. Pero Naruto no se apresuró. Sus ojos azules estaban oscuros y salvajes, retirándose y volviendo a embestir para darle el mayor placer.
—¡Tu ropa!— grito Hinata.
—Más tarde—, jadeó, moviendo sus caderas contra ella. —Tenemos toda la noche delante de nosotros, mi amor — con un gemido de angustia lo apretó contra si cuando lo sintió retirarse, se aferró a sus caderas y gimió cuando se metió otra vez. Estuvo a punto de terminar pero se aparto de ella. Irrumpiendo una y otra vez, hasta que finalmente llegó a la última cima y el placer. Jadeando, apoyó la frente húmeda contra la de ella, esperando a que su mundo dejara de girar
— No puedo amarte— susurro Hinata.
Sus palabras lo arrancaron de su satisfacción, dejando al descubierto la oscuridad que se interponía entre ellos.
— Así lo has dicho antes.
Él se levantó sobre sus rodillas, tomándola en sus brazos, la llevo a la cama, su mirada estaba oscura e inflexible mientras se quitaba la ropa. Pero en lugar de unirse a ella vertió agua en un bol y limpió a los dos de los fluidos. Cuando regreso a ella su sexo se erguía de nuevo.
Hinata miró a su ingle, luego levantó la mirada hacia él.
— ¿No quedaste satisfecho?
— Sí, pero me dejas con ganas de más.
— ¿Ya? ¿Es eso posible? Tan pronto, quiero decir.
— Más que posible.
Se inclinó, separó sus piernas y le besó la piel frágil del interior de su muslo. Sus suspiros lo impulsaron y extendió su mano sobre su vientre, acariciando su suave curva. Llegando hasta su montículo de mujer, ella gimió contra su garganta y comenzó a mover su pelvis en la palma de su mano. El dulce aroma de la excitación femenina se unió con el olor de su propio ardor para producir el más vivo afrodisíaco conocido por el hombre.
Deslizó sus dedos a través de los delicados rizos oscuros y probandola íntimamente, con una sonrisa cuando sintió su humedad. Empujando sus muslos contemplaba su centro húmedo, de color rosa; los pliegues como pétalos hinchados y el brote en su centro brillaba como perla de rocío. Ella hizo un sonido de asfixia cuando cubrió la yema sensible con la boca y lo succiono.
Murmurando su nombre, ella empujaba sus caderas hacia arriba. Él continuó su tormento apasionado hasta que las convulsiones hicieron estallar su cuerpo. Arrastrándose hacia arriba, entró en su apretado calor, una y otra vez, conduciendo a ambos de nuevo hacia el clímax.
Completamente saciado, se desplomó contra ella preguntándose si alguna vez volvería a moverse de nuevo. Sollozando Hinata le trajo bruscamente a la realidad. Alzándose sobre los codos, la miró inquisitivamente a los ojos.
— ¿Te he hecho daño, cariño? No tenía intención de hacerlo.
— No has hecho nada que me lastimara —, hipo Hinata.
— ¿Entonces por qué estás llorando?
— Soy una insensible. ¿Qué debes pensar de mí? No creo que nada de lo que hicimos este dentro de los límites de lo que la iglesia permite.
— Pues yo creo que la iglesia no tiene nada que decir sobre lo que ocurre en la cama matrimonial. Me encanta tener una mujer sensible. La pasión entre marido y mujer no es lo que hace que un marido se aleje, sino que mantiene el matrimonio vital. —le sonrió a ella. —Ten la seguridad, de que eres la única mujer que necesito en mi cama.
Al calor de sus palabras, Hinata se acurruco entre sus brazos y enterró su cabeza en su hombro. Él olía a sexo, a pecado y a oscuridad. ¿Cómo no amar a un hombre así?.
Naruto se había ido cuando Hinata despertó a la mañana siguiente. Un rubor manchaba sus mejillas al recordar la noche anterior. No podía creer en su audacia. Había respondido con desenfrenada pasión abandonándose a los brazos de Naruto. Balanceando los pies sobre el suelo intentó ponerse de pie. De repente un mareo la obligo a dejarse caer de nuevo en la cama hasta que la sensación paso.
Cuando el vértigo disminuyó, se levantó y comenzó las tareas simples de lavarse y vestirse. Sintiéndose mucho mejor, bajó las escaleras para desayunar. Naruto debería haberla visto entrar en la sala, porque pronto se unió a ella.
— Tenía la esperanza de que ibas a dormir más tiempo—, dijo, sacando una silla para ella. — ¿Cómo te sientes?
Hinata le envió una mirada secreta de debajo de los párpados bajos.
— Me siento bien. ¿Por qué no habría de hacerlo?
Naruto sonrió.
— Me alegro de oírlo. Yo también me siento bien — Se inclinó hacia adelante para susurrar en su oído — me encanto.
Hinata retrocedió en alarma.
— No puedes hablar de eso.
Naruto se enderezó, consciente de que sus parientes los estaban viendo. — Todo el mundo puede ver que estoy obsesionado por ti.
Los ojos de Hinata se abrieron como platos.
—¿En serio?— De alguna manera era difícil dar crédito a sus palabras. ¿Naruto se burla de ella?
Él deposito un casto beso en su frente y se apartó. Estaba a punto de salir cuando llegaste.
— ¿Adónde vas?
— Para la fortaleza Õtsutsuki. Necesito respuestas sobre los hombres que los atacaron.
— ¿Piensas que Toneri Õtsutsuki los envió?
— Se tocó la daga enfundada en la cintura.
— Yo apostaría que si. Quédate cerca del castillo hasta que yo vuelva.
— Hay algo que quiero pedirte.
Frunció el ceño.
— ¿Qué es?
— ¿Hay una cámara dentro del castillo que pueda utilizar para preparar mis remedios después de reponer lo que perdieron en el incendio?
Una vena latía en Naruto.
—¿No has aprendido nada mujer? Es mejor dirigir tus energías en otra dirección.
— Por favor, Naruto —dijo en voz baja. — Déjame hacer lo que nací para hacer. El invierno viene, los miembros del clan buscan curas para las fiebres, escalofríos y estornudos. Mis ungüentos pueden curar sus quemaduras.
Naruto la miro ceñudo,
— Si te lo permito, me prometes que no usaras la magia.
— Esta bien, pero tengo la intención de recoger hierbas, ungüentos y preparar la mezcla.
— No habrá excursiones de recolección de hierbas, sin que seis de mis guardias te acompañen para protegerte. ¿Entiendes?
—Sí. ¿Tienes alguna cámara en mente?
— Hay una cámara en la primera planta, junto al arsenal. Tiene una ventana y un pequeño hogar y puede servir para el propósito. Puedo estar loco por lo que te permito pero no voy a discutir sobre el hecho de que ayudes a mis parientes.
—Gracias, Naruto—, dijo Hinata con sinceridad.
Él le dirigió una dura mirada, se inclinó y la besó en los labios.
—Ten cuidado.
Naruto cruzó la frontera entre Namikaze y Õtsutsuki. Cabalgó con una escolta de una docena de hombres hacia la fortaleza Õtsutsuki. Al pasar por el pueblo, miro las chozas en ruinas, comparándolos con las cabañas limpias en su propia aldea. Apreciaba a sus siervos para dejar que vivieran en la pobreza. Su propio pueblo estaba bien alimentado. No había duda de la hostilidad que sentían los miembros del clan Õtsutsuki hacia el.
Los colores distintivos de su tartan atrajeron la desconfianza. No había habido hostilidades entre los Namikaze y Õtsutsukis desde que el bisabuelo de Naruto había raptado a una Õtsutsuki y la hizo su esposa. Por desgracia, la chica murió en el parto y el niño con ella. Los años siguientes no se había suavizado la animosidad entre los clanes.
Naruto frenó ante una tienda de bebidas y ordenó a sus hombres esperar afuera mientras entraba en el oscuro interior.
— ¿A qué se debe este placer?—, preguntó un camarero maleducado. — No ha menudo tenemos la visita del laird Namikaze.
— Tengo sed de camino a visitar a Õtsutsuki.— golpeó una moneda sobre el mostrador lleno de cicatrices. Naruto tomó su cerveza y se sentó. Tres hombres sentados en una mesa cercana le miraban con recelo pero cuando vieron que solo parecía interesado en saciar su sed perdieron interés. No así la camarera, que deambulaba en torno a el, se acerco indicándole una silla vacía.
— ¿Puedo sentarme?
Naruto la invito.
— Mi nombre es Nell. No estoy ocupada en este momento, y mi habitación está por encima de las escaleras.
Naruto ahogó una sonrisa. No había nada sutil acerca de Nell.
— La invitación es tentadora, pero no gracias.
Los ojos de Nell se estrecharon
— ¿En qué negocio andas? He oído que te casaste con la bruja que Õtsutsuki quería —se acercó, ofreciendo una visión a Naruto de sus grandes pechos.— ¿Te gusta acostarte con una bruja? Nuestros hermanos se sintieron aliviados cuando nuestro laird no pudo traerla aquí.
Naruto se puso tenso.
— Hinata no es una bruja. Ella es una mujer del País de las Hadas y una sanadora. Sin embargo, mi negocio tiene que ver con los suyos ¿hay alguien aquí que haya desaparecido recientemente?
Los ojos marrones de Nell se ampliaron.
— ¿Cómo lo sabéis? Mi propio hermano y cuatro de sus amigos han desaparecido. ¿Sabes donde están?
Naruto decidió que verdades a medias tendría que bastar.
— Sí, se encontraron cinco cuerpos en el bosque después de la tormenta que asoló la zona hace varios días. Llevaban el tartan Õtsutsuki por lo que no tenía idea de quiénes eran.
— ¿Los habéis encontrado en tierras Õtsutsuki?
— No, los encontramos en las tierras de Namikaze. Sus muertes fueron obra de Dios, no de los hombres. Fueron aplastados debajo de un árbol que derribo un rayo.
Las lágrimas llenaron los ojos de Nell.
— Siento tener que oír que mi hermano está muerto.
Naruto terminó su cerveza y se levantó. Su visita a la aldea había sido esclarecedora. No había manera de que Õtsutsuki pudiera negar lo que había hecho, ni sobre porque envió a sus hombres a secuestrar a Hinata. Le ofreció una moneda a Nell.
— Lo siento por tu pérdida—, dijo mientras salia
— ¿Habéis averiguado algo?— pregunto Shikamaru cuándo Naruto volvió a aparecer.
— Sí, mucho. Cinco hombres han desaparecido de la aldea. Veo la mano de Toneri Õtsutsuki en esto. No se detendrá ante nada para conseguir lo que quiere.
— No entiendo por qué quiere Hinata—, reflexionó Shikamaru.
— Él cree que ella puede usar la brujería para atraer la riqueza y el poder. Viste el estado de su aldea. Estoy dispuesto a apostar que sus arcas están vacías. Necesita de oro para ganarse el favor del rey. Tanto Õtsutsuki y MacHyuga son hombres hambrientos de poder. El rey no hace nada sin una razón, y aquellos a los que llama amigos deben pagar por el privilegio.
—Sí—, reconoció Shikamaru. —dicen que el tesoro del rey esta agotado, y que hasta que no pague el rescate exigido por Inglaterra para su libertad, no se recuperara. Ni siquiera los fuertes impuestos que ha decretado son suficientes para llenar sus arcas vacías y pagar su deuda.
Se rascó la cabeza.
— Incluso si Hinata fuera una bruja, no podría hacer rico a Õtsutsuki. El hombre es un tonto. Hidan le lleno la cabeza de mentiras acerca de Hinata y lo que ella es capaz de hacer.
Cuando llegaron a las puertas de entrada de la fortaleza de Õtsutsuki, Naruto dio su nombre y pidió permiso para entrar. El mensaje se llevó a Õtsutsuki. Poco tiempo después apareció en la puerta, con el pecho hinchado como un pavo real.
—¡Ja!— Õtsutsuki, soltó un bufido. —Sabía que ibas a cambiar de parecer. Estaré encantado de tener a la bruja. —buscó entre los hombres de Naruto y frunció el ceño. —¿Dónde está? ¿No habéis traído a la chica con vosotros? —con las manos en puños a los costados Naruto hablo.
— No tengo ninguna intención de separarme de Hinata. Estoy aquí por negocios de otro tipo. ¿Tienes miedo de dejarme entrar?
La expresión de Õtsutsuki se endureció.
—No, Namikaze,— hizo un gesto para abrir la puerta y se quedó a un lado cuando Naruto y los suyos pasaron. Llegaron al castillo, desmontaron y siguieron a Õtsutsuki al interior.
La cerveza servida por Õtsutsuki estaba agria y no gusto a Naruto, después de un sorbo lo hizo a un lado.
—Los cinco hombres enviados para secuestrar a Hinata están muertos—, dijo Naruto sin más preámbulos.
Õtsutsuki fingió una expresión de sorpresa.
— No se de que estas hablando.
— Guarda tus expresiones para alguien que te las crea.
— ¿Qué te hace pensar que los hombres eran Õtsutsukis? ¿Llevaban cuadros escoceses?
— No. Averigüe con uno de tus siervos que cinco hombres salieron del pueblo y no regresaron.
— Eso no demuestra nada—, se burlaba Õtsutsuki. —Cinco hombres salieron del pueblo. ¿Y qué? Pasa todo el tiempo. Si eso todo lo que vas a decir es mejor que te largues.
Naruto se levantó, con el rostro tenso.
— Préstame atención, Õtsutsuki. Si intentas hacer algo así nuevamente voy a tomar represalias.
— No serias tan petulante si conocieras el plan que el rey tiene para ustedes, los que apoyaron al duque y su hijo durante su cautiverio. Rikudõ Sennin tiene la intención de derrotar a todos aquellos que buscaban tomar el control de Escocia, mientras que fue tomado como rehén en Inglaterra. Itama todavía conspira contra Rikudõ, y los terratenientes le están dando su apoyo. Pero los traidores serán castigados.
Naruto se quedó inmóvil. ¿De que estaba hablando Õtsutsuki?
— Mi padre fue absuelto de cargos de conspiración hace mucho tiempo, gracias a Hiashi MacHyuga. En cuanto a mí, no tengo ningún interés en la política. Solo me preocupo por mis hermanos de clan y su bienestar. Buenos días, Õtsutsuki.
Temiendo que pudieran ser verdad, ¿Debería creer a Õtsutsuki? No era del todo irreal que el rey quisiera vengarse de aquellos que habían intentado apropiarse del trono, mientras él había estado cautivo en Inglaterra. Muchos de los terratenientes ya no soportan al duque y su familia. Naruto no tenía tiempo para preocuparse por el rey. Él no era político.
Hinata estaba contenta había convencido a Chõji para enviar seis de sus hombres con ella y Natsu, mientras reunían las hierbas en el bosque. Las hierbas estaban listas para recoger. Hinata encontró un tesoro de bejines, un hongo comestible que ayudaba con los coágulos. También encontró liquen, utilizado para restañar las heridas, eneldo, perejil y otras hierbas.
Cuando regresaron al castillo, Hinata se sorprendió al encontrar que Naruto estaba de vuelta y muy molesto. La esperaba en la habitación principal. Ella le entregó la cesta a Natsu y se apresuró hasta la habitación principal para conocer la la causa de la ira de su marido.
—Pensé que te dije que permanecieras cerca del castillo—, gritó en el momento en que cruzo la puerta. —¿Cuando vas a aprender a escucharme?
Hinata ahogó una sonrisa al darse cuenta de que estaba preocupado por ella.
— No estaba en peligro, Naruto. Seis hombres armados nos acompañaban a Natsu y a mi.
Él le acarició la mejilla, y luego a toda prisa apartó la mano, avergonzado por su preocupación. — Sin embargo, voy a dejar dicho a los demás que no puedes alejarte del castillo, cuando yo no estoy aquí.
— No quiero que te preocupes por mí. ¿Qué pasó con Õtsutsuki? ¿Lo has visto?
— Sí, y después de nuestra conversación, confío en él menos que antes. Los hombres que los atacaron eran miembros de su clan, aunque Õtsutsuki lo negó.
— ¿Cómo puedes estar seguro?
— Me detuve en la tienda de bebidas del pueblo y hable con una camarera. Ella me dijo que cinco hombres habían desaparecido del pueblo.
Una ceja se arqueó hacia arriba.
— ¿Camarera? ¿Hablaste con una mujer?
— Sí. Fue de gran ayuda.
— ¡Hum! Claro que si.
Una esquina de la boca de Naruto se inclino hacia arriba.
— ¿Estas celosa?
— No, en absoluto. Me alegro de que demostrara ser útil.
— Vamos a hablar más acerca de tus celos esta noche.— asintió con la cabeza y se marchó.
Hinata se sentó en un banco y trató de explicar la sacudida de la ira que se había disparado a través de ella cuando se enteró de que Naruto obtuvo información de una mujer. ¿Si hubiera usado su encanto para averiguar lo que buscaba? ¿Qué más le habría dado a la mujer?
—¡Por la sangre santa de Dios! ¿Qué es lo que me pasa? —, dijo con impaciencia.
— Hinata... Presta atención a mí...
Hinata se quedó inmóvil. Una brisa revoloteaba desde la ventana agitando sus ropajes, le levantó el dobladillo de su falda. Sentía rozar en la mejilla, una frescura sorprendente y reconfortante. Hinata sabía que los espíritus estaban tratando de comunicarse con ella. Frunció el ceño.
— ¿Qué es?—, Susurró. —¿Qué estás tratando de decirme?
Las palabras salieron de ella en el suspiro del viento.
— Ten cuidado... el peligro lo acecha...
— ¿Naruto? ¿Naruto está en peligro?
La voz comenzó a agitarse.
— Si lo dejas marchar, él no volverá. La muerte lo espera en su destino.
Un escalofrío se apodero del corazón de Hinata.
— ¿Qué puedo hacer?
Una fuerte ráfaga de viento sopló a través de la cámara, derribando pequeños objetos.
— Sabes lo que debes hacer—, dijo la voz. —Tienes el poder para mantener a la persona que amas a salvo.
— Yo no amo a Naruto, tú lo sabes.
— Préstame atención—, continuó la voz. —El hombre que amas está en grave peligro. —La voz comenzó a desvanecerse, las palabras de despedida apenas pudieron escucharse.
El espíritu se había ido, pero el mensaje escalofriante aún resonaba en su cabeza. Hinata se estremeció. Algo inesperado y potencialmente desastroso iba a pasarle a Naruto si ella no podía evitarlo.
Cerró los ojos, tratando de traer de vuelta el espíritu. Mientras lo hacía, una visión se formo detrás de sus párpados. Vio a Naruto, su inerte cuerpo cubierto de sangre y sin cabeza. Gritó y gritó, luego cayó al suelo desmayada. Cuando Natsu la encontró y la reanimo un poco más tarde, se negó a revelar la terrible visión.
Al día siguiente, Naruto recibió una misiva del rey. Todo los terratenientes de las tierras altas se les ordenaba asistir a Inverness. La reunión iba a tener lugar el primer día del mes. Cuando Hinata se enteró del mensaje, supo lo que su visión había querido decir. De alguna manera tenía que evitar que Naruto se fuera de Konohagakure. Su vida dependía de ello.
— ¿Tienes que ir?— preguntó Hinata.
— Sí. Sabes que no puedo ignorar una orden del rey.
— No puedes irte, Naruto,— declaró ella, desesperada por hacerlo entender. Tengo un mal presentimiento sobre esto. Veo que el peligro te espera en Inverness.
— Incursionando en la magia de nuevo, ¿verdad?— preguntó, mirándola con censura —No puedes impedírmelo, Hinata. Sabes que debo ir.
— Por favor, Naruto, no puedes salir de Konohagakure.
Sus dedos se cerraron alrededor de sus estrechos hombros.
— Ya está bien, Hinata. Nada de lo que me digas me hará desobedecer al rey. Tus temores no tienen ninguna base. Confía en mí para cuidar de mí mismo. Vamos a discutir esto más tarde, después de consultar con Shikamaru. El alojamiento estará escaso, habrá mucha gente en la ciudad. Tal vez enviare a Shikamaru por delante para asegurar nuestras habitaciones.
— Por favor, Naruto, no vayas.
— No hay nada más que discutir, cariño. Ve a la cama, me reuniré contigo después de hablar con Shikamaru.
Cerrando los ojos, Hinata hizo un voto solemne. Iba a salvar la vida de Naruto, aunque la odiara por ello después.
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Continuará...
