Los siguientes recuerdos de Andy eran algo confusos, porque las batallas que ella y Quynh peleaban se mezclaban con las batallas que soñaba en las que estaban Joe y Nicky. Solamente podían diferenciarlo cuando había alguna imágen de Joe, Nicky o Quynh.
— En verdad se mataron muchas veces. — Dijo Nile a Joe y Nicky, sin poder creer que esos dos hombres que se amaban completamente se hayan matado tantas veces.
— Te lo dijimos. — Dijo Joe algo defensivo.
— Pensé que habían estado exagerando. — Se quejó Nile.
— Estábamos en bandos contrarios y nos enseñaron a odiarnos. — Explicó Nicky. — ¿Esperabas algo distinto? — Pidió saber.
— No lo sé. — Contestó Nile.
— No es que solo habían aprendido a odiarse, sino que eran dos niños. — Intervino Quynh.
Eso hizo que Joe y Nicky rieran, Andy y Quynh los habían tratado como niños cuando se conocieron. Booker y Nile no se rieron, ni dijeron nada. Todavía no conocían a Quynh y no sabían cómo reaccionar ante ella.
Los recuerdos de Andy siguieron pasando, mostrando más y más imágenes de batallas. En algún punto era realmente agotador la complejidad y la intensidad de todos esos recuerdos, esa mujer nunca había dejado de pelear en su vida.
Andy despertó bruscamente, después de soñar nuevamente con los otros dos inmortales matándose uno al otro.
— Esa es la mina a la que Andy nos llevó. — Dijo Nile, reconociendo el lugar del recuerdo de Andy.
— Si. — Asintió Booker.
— Dijo que se habían topado con ella en el año 1150. — Recordó Nile.
— Si, durante las guerras baussenque. — Informó Quynh.
— Es decir, que habían pasado como cincuenta años desde que comenzaron a soñar con nosotros. — Dijo Nicky pensativamente, como queriendo sacar las cuentas.
— ¿Por qué esperaron tanto para ir por ellos? — Pidió saber Nile, con curiosidad.
— Porque no queríamos intervenir en una guerra en la que no creíamos. — Explicó Quynh.
— ¿Ustedes también soñaban con ellas? — Preguntó Booker a Joe y Nicky.
— Por supuesto, y de hecho hemos tenido sueños muy interesantes. — Contestó Joe divertido, haciendo que Nicky y Quynh rieran.
Andy se levantó y salió de la mina en búsqueda de Quynh.
— ¿Otra vez soñaste con los chicos? — Preguntó Quynh, quien estaba haciendo una fogata.
— Si. — Asintió ella.
— Déjame adivinar. — Pidió Quynh. — ¿Volvieron a matarse? — Soltó su pregunta, mientras levantaba sus cejas.
— Si, no puedo creer que sigan matándose con todo el tiempo que pasó desde la primera muerte. — Contestó ella algo frustrada.
— Bueno, tiene sentido, están en bandos contrarios. — Opinó Quynh. — Tal vez deberíamos buscarlos, sabemos que siguen en Jerusalén por nuestros sueños. — Propuso.
— Si, deberíamos buscarlos. — Concordó ella. — Pero yo no voy a pelear ninguna batalla santa por ellos, ni por los cristianos, ni por los musulmanes. — Agregó con seriedad.
— No creo que ellos vayan a apreciar tu fatalismo en cuanto a las religiones. — Comentó Quynh divertida.
— Todas las religiones son lo mismo, son las personas intentando dar sentido a sus mortales vidas. Pero los dioses no existen y nada tiene un significado, al menos no que en verdad lo conozcamos. — Justificó ella su pensamiento.
Quynh la abrazó y Andy se relajó en sus brazos. Se quedaron un rato en silencio, disfrutando del fuego.
— Ellos no entienden lo afortunados que son al haberse vuelto inmortales juntos. — Comentó ella, rompiendo el silencio. — Tendrían que darse cuenta que son familia y que debemos hacernos compañía, nadie debería estar solo. — Expresó lo que sentía con todo eso.
— No te preocupes, nosotras les enseñaremos. — Prometió Quynh y le dio un beso en el hombro.
— Yo jamás te mataría, no importa cuanto peliemos o nos enojemos, jamás te mataría. — Le dejó saber ella con sinceridad.
— Yo tampoco. — Coincidió Quynh, mientras le acariciaba el cabello. — Aunque tal vez sí, por el último pedazo de baklava. — Bromeó.
— Ey, eso no es justo, es mi comida favorita. — Se quejó ella, haciendo reír a la otra.
— De acuerdo, puedes quedarte con todo el baklava que quieras. — Aceptó Quynh y se volvieron a quedar en silencio. — ¿Crees que ellos también sueñan con nosotras? — Preguntó.
— Si. — Afirmó ella con seguridad.
— Entonces, ¿qué te parece si les mostramos que es mucho más interesante hacer el amor que matarse? — Propuso Quynh de manera seductora.
— Me parece una gran idea. — Asintió ella con una gran sonrisa y la besó con pasión.
Hicieron el amor, y fue mágico, como cada vez que lo hacían. No había nada que las hiciera sentir tan conectadas como las declaraciones de amor que hacían al unir sus cuerpos.
Al otro día emprendieron camino hacia Jerusalén.
— Cuando nos conocimos, ellas nos salvaron. — Dijo Nicky cuando la pantalla se puso negra, y señaló a Quynh.
— Nos salvaron y nos mostraron que las mujeres pueden ser más fuertes que los hombres. — Dijo Joe con admiración.
— En nuestra época y nuestras religiones, las mujeres ya empezaban a estar relegadas de los cargos de poder. — Explicó Nicky. — Pero ellas, creo que ninguno de nosotros había conocido mujeres tan fuertes y poderosas como ellas. Hacían que todo fuera posible. Por eso pensábamos que los sueños que teníamos de ellas no eran reales. — Agregó, expresando su opinión.
— Además no nos entendíamos entre nosotros, porque no hablábamos el mismo idioma y no nos habíamos molestado en aprender el del otro hasta el momento. — Sumó Joe.
El siguiente recuerdo mostró algo que los sorprendió. Ellas no habían ido a Jerusalén como habían dicho que iban a hacer, sino que fueron a la aldea de donde provenía Quynh. Al parecer su pueblo estaba en guerra y ellas habían ido a ayudar.
Después de ayudar a apagar los incendios de una aldea, Andy fue en búsqueda de Quynh.
— ¿Estás bien? — Preguntó ella, cuando la encontró.
— Si. — Afirmó Quynh, secándose las lágrimas. — Es solo que es difícil ver cómo destruyen el lugar donde crecí. — Expresó lo que sentía.
— Lo sé, es una consecuencia de vivir tantos años como nosotras. — Dijo ella con empatía y la abrazó para contenerla. — El lugar donde yo nací ya no existe y las generaciones que provenían de mi grupo de personas ya se extinguieron hace miles de años, todo deja de existir en algún momento. — Le dejó saber sus propias miserias para distraerla.
— Tal vez deberíamos olvidarnos de todo esto, e ir por los chicos. — Sugirió Quynh.
— Nos quedaremos aquí todo el tiempo que necesites. — Le dejo saber que ella tenía el poder sobre ello. — Total, no es como si los chicos fueran a morir. Además la última vez que soñé con ellos pude ver que están empezando a entenderse. Siento que pronto van a ser amigos. — Agregó con una sonrisa.
— No sé cómo haces para dormir en todos lados. — Se quejó Quynh.
— Es un talento. — Aseguró ella mientras reía.
Las batallas de algún lugar en Vietnam duraron por un día.
Luego, pudieron finalmente ver a Joe y Nicky. Ellos estaban atados a postes de madera. Unos hombres dieron un largo discurso sobre la blasfemia que era que personas de distintas regiones trabajarán juntas. Como castigo, uno de ellos preparó sus flechas para dispararles.
Andy observó la situación e intervino en el momento necesario. Se ubicó delante de los otros inmortales de manera defensiva e interceptó las flechas con su escudo.
Cuando dejó a un lado su escudo pudo ver que varios de los soldados ya estaban muertos, Quynh estaba disparando flechas desde lejos para cubrirla.
Andy sacó su hacha y peleó contra quienes quedaban todavía vivos.
Una vez que terminaron con todos los soldados, Quynh y ella liberaron a los otros inmortales.
— Ustedes son las mujeres de nuestros sueños. — Dijo Yusuf, observándolas maravillado.
— Y ustedes son los hombres de nuestros sueños. — Dijo Andy.
— ¿En qué están hablando? — Pidió saber Quynh.
— Árabe. — Respondió Andy. — ¿Qué idiomas saben? — Les preguntó en un par de idiomas diferentes.
— ¿Qué significa todo esto? — Pidió saber Nicolo. Quedaron que iban a hablar en latin, porque ese era el idioma del que todos entendían aunque sea un poco.
— Nosotras somos como ustedes, inmortales. — Informó Andy.
— ¿Por qué nos sucede esto? — Preguntó Yusuf.
— No sabemos. — Respondió Andy con sinceridad.
— ¿Por qué están en nuestros sueños? — Preguntó Nicolo.
— Soñamos unos con otros hasta conocernos, luego los sueños se detienen. — Explicó Quynh.
— ¿Cómo si fuera el destino que nos encontremos? — Dijo Nicolo, algo ilusionado y lleno de fe.
— Yo no creo en el destino. Ni en Dios, Jesús, ni Alá. — Les dejo saber Andy, de manera desafiante. — Las cosas simplemente pasan porque pasan. — Dijo secamente.
— ¿Cómo haces para no creer en nada? — Preguntó Nicolo horrorizado.
— Prueba vivir miles de años y después cuéntame que tal te resulta. — Returcó Andy.
— Ella es vieja y está exagerando. — Intervino Quynh. — Por eso le gusta ser dramática y un poco fatalista. — Justificó la manera de ser de Andy.
— Bien. — Aceptó Nicolo.
— Soy Yusuf Al-Kaysani y él es Nicolo Di Genova. — Dijo Yusuf, finalmente presentádose a él y su compañero.
— Yo soy Andromache the Scythian. — Se presentó Andy y le hizo una seña de aprobación a Quynh. A ninguna de ellas les gustaba que otra persona las presente.
— Yo soy Quynh. — Se presentó.
Los primeros recuerdos de los cuatro juntos que Andy tenía eran de batallas que habían enfrentado juntos, y luego la peste negra.
Andy estaba preocupada. Quería proteger a Nicolo de la situación que se iba a desatar en Génova con todo el tema de la peste negra, pero no la dejaron y eso la frustraba. En un equipo se hacía lo que la mayoría quería, ella respetaba eso. Por lo tanto estaban en Génova, porque los otros tres coincidieron en venir a ayudar a la ciudad durante la epidemia.
— ¿Todavía estás enojada porque vinimos a Génova? — Preguntó Quynh, llamando su atención.
— No estoy enojada, estoy preocupada. — Respondió ella, aclarando sus sentimientos.
— ¿Por qué estás preocupada? — Pidió saber Quynh. — La enfermedad no nos va a afectar, y si nos la contagiamos vamos a sobrevivir. — Dijo con confianza.
— Por Nicolo. — Respondió ella y dio un largo suspiro. — Ya he visto como comunidades han quedado destruidas por enfermedades, y no quiero que cargue con eso sobre la ciudad en la que nació, que todo lo que le traiga esta experiencia sea dolor. — Explicó.
— Andromache, sabes que amo tu alma protectora. — Aseguró Quynh. — Pero no puedes protegernos de todo. Hay cosas que tenemos que aprenderlas y experimentarlas por nosotros mismos. — Dijo intentando hacerla razonar y darle calma. Entendía la preocupación de la otra, de hecho hace relativamente poco ella había vivido la destrucción de su aldea natal y sabía que era doloroso.
— Lo sé. — Afirmó ella. — Pero me gustaría poder protegerlos. Nico y Yusuf son tan amables y bondadosos, sus corazones están llenos de fe y buenas intenciones, no quiero que pierdan eso. — Expresó lo que sentía.
— No lo van a perder porque nos tienen a nosotras. — Dijo Quynh con seguridad. — Nosotras vamos a recordarles siempre las buenas personas que son. — Prometió.
Quynh la abrazó y Andy se permitió relajarse por completo en sus brazos.
Las siguientes imágenes los mostraron ayudando a las personas enfermas por la peste negra e interviniendo en peleas que se formaban en la ciudad por dicha enfermedad. En un momento, por las imágenes que podían ver en la pantalla, se notaba que Andy estaba enferma. Pero siguió, al parecer simulando estar bien por varios días. Hasta que finalmente colapsó, y las siguientes imágenes fue de cómo los otros tres la cuidaban.
— Fue horrible. — Dijo Nicky, recordando aquel momento. — Creo que nunca vimos a Andy tan enferma como esa vez. — Agregó pensativamente.
— Estábamos todos tan preocupados. — Continuó Joe, también recordando. — Murió como cinco veces durante la recuperación. — Dijo con un gran dolor presente en su voz.
— ¿Ustedes no se enfermaron? — Pidió saber Nile.
— Si, pero nos agarró después que a ella y no creo que a ninguno tan fuerte. — Respondió Joe.
— Aunque todos nos contagiamos varias veces la enfermedad, Andy solamente esa vez. — Sumó Nicky a la respuesta de Joe.
— Siempre hacíamos chistes de que nos gustaría tener su sistema inmunológico. — Asintió Joe, con una pequeña sonrisa al recordar esos intentos de humor.
Así, como Joe y Nicky habían dicho, llegaron las imágenes de ellos dos y Quynh enfermos. En las imágenes se podía notar el amor que Andy tenía por ellos, en la forma en que los cuidaba y se preocupaba por cada detalle.
Los recuerdos de Andy variaban entre cuidar de ellos e ir ayudar a la ciudad a otros enfermos. Una vez se curaban los tres volvían a aparecer con Andy en los recuerdos de la ciudad, pero luego volvían a desaparecer porque se habían vuelto a contagiar.
Pero, los recuerdos mostraron algo que nadie esperaba. Andy sí se había vuelto a contagiar la peste negra, y varias veces, aunque los otros no lo habían sabido en el momento. Su solución había sido quitarse la vida, cortándose las venas. De esa manera, había regresado siempre a la vida sin la enfermedad.
— ¿Sabías esto? — Pidió saber Joe a Quynh.
— No. — Respondió Quynh con sinceridad. Ella estaba tan sorprendida como Joe y Nicky al descubrir eso.
— No entiendo. — Dijo Booker. — ¿Por qué no les dijo? ¿Por qué ocultó que ella también se volvió a contagiar? — Preguntó.
Ninguno de las tres personas que habían vivido ese momento supieron responderle. Todos tenían su sospecha y lo más probable era que coincidían. Pero estaban demasiado sorprendidos ante esa nueva revelación, tanto que les costaba poner sus pensamientos en palabras.
— Porque quería ciudarlos y protegerlos. — Respondió Nile finalmente.
Y ella tuvo razón en su suposición. Las siguientes imágenes que mostraron a Andy en la ciudad de Génova, mostraron lo peor de la ciudad. Manifiestos de la iglesia culpando a los enfermos de pecadores, masacres a enfermos, enfrentamientos civiles y callejeros, incendios y derrumbes, peleas entre vecinos. Y Andy, intentando intervenir de alguna manera para ayudar.
A partir de eso los recuerdos de Andy cambiaron una vez más y volvieron a mostrar batallas y empezaron a mostrar muerte tras muerte. Muertes de Joe, muertes de Nicky, muertes de Quynh, muertes de ella. Las muertes de los otros eran traumáticas para ella por más que sabía que todos iban a regresar a la vida porque eran inmortales.
— Es impresionante que todas nuestras muertes estén en sus recuerdos. — Comentó Nicky.
— Si sabía que nuestras muertes eran tan traumáticas para ella, habría intentado morir menos. — Dijo Joe, intentando poner un poco de humor a la situación
— ¿Crees que cuándo nos den la droga a nosotros, nuestros recuerdos también mostrarán las muertes de los demás? — Preguntó Nile con curiosidad.
— No lo sé. — Respondió Nicky con sinceridad.
— Los traumas son diferentes para cada persona. — Opinó Booker.
— Pero las muertes siempre son traumáticas, para todos. — Retrucó Nicky.
— Eso es verdad. — Asintió Booker.
— Tal vez deberíamos preguntarle a la doctora Kozak. — Dijo Joe desafiante, como si tuviera una gran idea. — Ey doctora, ¿en verdad sabe cómo funciona la droga o solo está jugando con Andy? — Le preguntó, llamando su atención.
— Lo que yo hago no es de tu incumbencia, no te debo ninguna justificación. — Dijo la doctora Kozak con seriedad.
— Eso es lo que siempre dicen los criminales. — Insistió Joe, presionandola.
La doctora Kozak llegó a su punto límite. Ante la presión agarró un arma y se dirigió a Joe dispuesta a dispararle en la cabeza o alguna otra parte vital de su cuerpo.
Pero Quynh se puso en el medio, sorprendiendo a todos, para evitar que la doctora dispare.
— Yo soy quien da las órdenes aquí, y por ahora ellos están fuera de tu alcance. — Dijo con autoridad y extendió su mano en señal de que le entregará el arma.
La doctora Kozak siguió las órdenes de Quyn y le entregó el arma, luego volvió a concentrarse en su trabajo.
El grupo de inmortales intercambió miradas de entendimiento. Esa era la primera vez que Quynh los defendía, y eso fue todo lo que habían necesitado para volver a tener esperanzas.
