Capítulo 34:

Un gran paso

Ivan no iba a ser encerrado en Azkaban. Al parecer, el Wizengamot no podía demostrar que Ivan había utilizado una Maldición Imperdonable sin varita y la palabra de Draco no parecía ser suficiente. Sin embargo, era muy diferente que Harry Potter, el-niño-que-vivió, denunciase a Stoev por acoso, desacato a la autoridad, agresión y amenazas. Su palabra parecía pesar mucho más, porque a Harry no le hizo falta un juicio para conseguir que extraditasen al búlgaro y le prohibiesen volver a poner un pie en Inglaterra, además de asegurarse de que, en el caso de que fuese el culpable de la desaparición de Curmolys, cumpliese condena en la cárcel mágica de Bulgaria.

Draco había respirado tranquilo cuando se hizo firme la sentencia, a pesar de que volvía a ser noticia en los periódicos una vez más y apenas podía pisar el Callejón Diagon sin que un periodista le interrogase. Su vida había vuelto a la normalidad poco después; se había reincorporado a su trabajo en cuanto le dieron el alta y había continuado con sus investigaciones. Su relación con Harry también había continuado en su cauce normal, a pesar de que una pequeña parte de Draco aún se sentía culpable.

Y, en ese momento, cuando todo volvía a ser normal y no tenía que preocuparse por su ex-novio, Draco solo se sentía molesto por dos cosas: la primera era que, desde que había salido de San Mungo, Harry le trataba como si estuviera hecho de cristal. La preocupación de su novio le había parecido graciosa los dos primeros días. Ahora que ya habían pasado un par de semanas, le estaba empezando a desquiciar un poco.

La segunda cosa que le estaba molestando era que su conversación con Harry le había hecho pensar demasiado. Podía ser que para Harry fuera suficiente con sus palabras, que confiase en Draco solo por lo que él le decía, pero Draco sentía que necesitaba demostrárselo con hechos. Su novio merecía que el sentimiento fuese recíproco, que probase su confianza con algo más que unas pocas palabras. Necesitaba demostrárselo, no solo por la seguridad que Harry había puesto en él, sino porque el propio Draco necesitaba dar ese paso para sí mismo.

Reflejar sus sentimientos nunca había sido su fuerte. No sabía cómo expresarlos de manera natural. No era como Harry, que no tenía problema alguno en decir o hacer las cosas, ni en verse vulnerable o indefenso. Le costaba confiar en la gente y, aún confiando completamente en Harry, aún le suponía un esfuerzo el llegar a expresarse.

Por eso, se había pasado los últimos días pensando en cuál era la mejor forma de romper esa última barrera que le quedaba y demostrarle a Harry que sus sentimientos eran mutuos.

Esa noche, mientras su novio buscaba en su vestidor una camiseta limpia para ponerse, Draco respiró hondo, relamiendo sus labios y apoyándose en el marco de la puerta. Estaba un poco nervioso, aunque se sentía más valiente y seguro de lo que había esperado.

—Harry —llamó. El moreno detuvo su búsqueda en el armario. Llevaba solo unos pantalones vaqueros azules ajustados, y Draco intentó no distraerse con su torso desnudo, ni con los tatuajes que tanto le gustaban, ni con sus músculos tensos, ni con su cabello húmedo por la ducha que acababa de darse, ni por... muchas otras cosas—. He estado pensando...

—¿Tengo que asustarme? —bromeó el moreno, pasando una camiseta de color gris por encima de su cabeza.

Puso los ojos en blanco, chasqueando la lengua y negando con la cabeza. Hubiera replicado con un comentario mordaz, si no fuera porque estaba más preocupado en decirle a Harry lo que quería.

—He estado pensando en que... Quiero probar algo.

Su mirada debió desviarse hacia la cómoda donde Harry guardaba su colección de objetos, porque su novio también miró hacia allí, y luego se formó una sonrisa felina en su rostro.

—Te escucho —murmuró, acercándose hacia él.

Respiró hondo, y se dio el valor de expulsar la palabras en las que había estado pensando durante días.

—Quiero que me ates.

La sonrisa de Harry flaqueó. Se detuvo a unos pocos pasos de él, con su rostro revoloteando en un abanico de emociones. Estaba la obvia sorpresa, un poco de extrañeza, mucha confusión y, bajo toda esa capa de emociones, estaba el deseo.

—Quieres que te ate —repitió Harry, aunque en una voz mucho más baja y respirada que la suya. Sonaba ahogado e incrédulo.

Draco se apoyó en el marco de la puerta casualmente, como si su pulso no estuviese rebotando por cada célula de su cuerpo y los nervios no estuviesen empezando a consumirle.

—Sí.

—Pero... no me mires así —Harry se llevó la mano a la cara y frotó sus ojos en un gesto de frustración—. No puedo pensar cuando me miras así. Bueno, sí puedo pensar, pero no en las cosas que debería.

Volvió a morder su labio inferior, esta vez no por nerviosismo, sino para reprimir una sonrisa. Se acercó a su novio, apoyando una mano en su pecho para llamar su atención. Había anhelo en los ojos de Harry cuando le miró, uno tan grande que le hizo vibrar con satisfacción.

—Harry...

—¿Por qué ahora? —preguntó— Si es por lo que pasó... no tienes que demostrarme nada, Draco. De verdad.

—Lo sé —murmuró. Había tomado la decisión para demostrarle a Harry que confiaba en él, pero la idea había estado allí desde hacía semanas porque quería hacerlo, quería ver ese deseo en la mirada de Harry—. Quiero hacerlo.

Un sonido indefenso salió de la boca de su novio y Draco supo solo con eso que ya había logrado convencerlo.

—¿Por qué siempre me pillas desprevenido?

Esta vez no dudo en sonreír brillantemente.

—Porque me gusta ver cómo improvisas —se inclinó hacia delante para darle un beso a Harry. Sintió una mano enredándose en su cabello y tirando suavemente de él, haciendo que su respiración se acelerase un poco—. Además, no te he dicho que tenga que ser ahora.

—Como si pudiera ir a ver a Ron cuando te tengo así —replicó Harry, volviendo a besarle, esta vez mucho más intensamente—. No voy a hacer otra cosa que pensar en ti y en lo que me acabas de decir.

Sus manos se aferraron a la camiseta del moreno cuando éste le empujó hacia atrás y le encerró entre su cuerpo y la puerta de uno de los armarios. Draco se retorció, frotándose sin vergüenza alguna hasta que su entrepierna empezó a endurecerse.

—Expecto patronum —el ciervo plateado le descolocó durante un segundo, sin saber cómo Harry había sido capaz de convocarlo en esas condiciones. Parpadeó hacia el animal, notando su pulso errático y el calor de la excitación arremolinándose en su vientre. Harry no parecía mucho mejor que él, porque le costó encontrar las palabras—. A Ronald Weasley: Lo siento, pero no voy a poder ir hoy, discúlpame con los chicos. Ya quedaremos otro día.

Su voz salió áspera. Draco se preguntó qué pensaría Weasley al escucharla. Recibió la respuesta unos pocos minutos después, cuando vio el patronus del pelirrojo.

—Mira, no pasa nada por que no vengas. Todos sabemos que tienes un punto débil por Malfoy del tamaño de una galaxia, pero la próxima vez no me envíes un patronus cuando estéis follando. Voy a tener pesadillas.

Harry no parecía haber escuchado a su amigo porque estaba más concentrado en morder la piel del cuello de Draco y en apretarle contra él. Draco se retorció, arqueándose para darle más espacio y gimiendo en voz baja.

—¿No se supone que...? —jadeó, cerrando los ojos y deteniendo su frase al notar que Harry presionaba su erección—. ¿No se supone que tienes que pensar en la escena y todo eso?

No era una queja, en realidad. Ni una preocupación. Pero le parecía raro que, siendo lo calculador que era su novio, hubiese accedido a cumplir con su petición tan inesperadamente. Él había esperado que Harry accediese, pero que se tomase su tiempo para pensar en lo que iba a hacerle a Draco, como siempre hacia.

—He pensado en decenas de maneras en las que atarte —respondió su novio, mirándole directamente a los ojos—. Créeme, lo tengo todo pensado al milímetro.

—¿En serio? —murmuró. Echó la cabeza hacia atrás, dándole espacio a Harry para que volviese a tener acceso a cuanta piel quisiera—. ¿Y qué vamos a hacer?

—Primero voy a quitarte la ropa —contestó Harry sobre su hombro con sus labios rozando su dermis y causándole escalofríos—. Después escogeré una cuerda de satén roja con la que tantas veces te he imaginado, te llevaré hasta la columna y te ataré, te dejaré completamente a mi merced y, luego, si te has portado lo suficientemente bien, quizás use una fusta en ti. O un látigo rígido, para que las marcas permanezcan durante días.

La voz de Harry era tranquila y profunda, cada palabra estaba dibujada claramente como si estuviese recitando un hechizo. Y Draco estaba perdido, colgando de cada frase que salía de su boca, de sus manos aferradas a sus costados y de su cuerpo apretándole contra el armario. Sentía un calor abrasivo que empezaba desde su pecho y se extendía por todos sus poros, haciéndole sentir asfixiado.

—Lo que quieras.

—No me digas eso —Harry susurró sobre su boca, con su aliento rozando cálidamente sus labios—, mi imaginación podría volar muy alto.

—Lo que quieras, Harry —repitió Draco, abriendo los ojos para mirarle y que pudiera ver que lo decía totalmente en serio—. Hazme lo que quieras.

Su novio le estudió durante un momento, como si estuviese tratando de asegurarse de que hablaba en serio. Debió creerle, porque dio un paso hacia atrás y tiró de la camiseta de Draco hacia arriba sin decir una palabra. Desechó la prenda en algún lugar del suelo, para luego enganchar sus dedos en sus pantalones y empujar de ellos con un fluido movimiento hasta dejarle desnudo. A Draco no le dio ningún pudor verse así, sobretodo porque Harry pasó sus manos por sus muslos, por su culo y por la piel caliente de su espalda de manera venerable.

Abrió los labios cuando vio a Harry inclinar la cabeza hacia él, esperando recibir un beso, pero el moreno se detuvo, sonriendo con diversión maliciosa antes de alejarse. Soltó un suspiro, observando a su novio abrir uno de los cajones de la como y sacar un listón de color rojo.

—Ven —aceptó inmediatamente la mano que Harry le tendió. Su corazón se aceleró aún más mediante se iba acercando a la columna en medio de la habitación. Guardó la compostura e hizo un intento de relajarse a pesar de sentir como su cuerpo entero temblaba por la anticipación—. Levanta los brazos.

Se apoyó contra la columna, estremeciéndose al notar lo fría que estaba. Tomó una respiración lenta, y luego obedeció, levantando los brazos por encima de su cabeza. Harry se alzó sobre él m, casi pegado a su cuerpo. Estaba tan cerca que podía percibir su calor corporal y el aroma de su colonia.

Miró hacia arriba con curiosidad para observar la manera en la que su novio pasaba la cinta por el gancho incrustado en la columna y la ataba una serie de nudos. Sus dedos se movían rápidos y seguros, demostrando lo habituado que estaba a hacer eso. Envolvió la cinta alrededor de sus muñecas y después las apretó en un nudo lo suficientemente fuerte como para que no pudiera moverlas.

—¿Bien? —le preguntó, separándose para admirarle.

Draco tiró de la atadura, comprobando lo estrecha que era.

—Sí.

—Desátate.

Frunció el ceño, totalmente confundido por la petición. Cabeceó, mirando las ataduras y pensando inmediatamente en que no iba a poder deshacer los nudos con sus manos.

—¿Cómo...?

—Con magia, Draco —contestó antes de que pudiera terminar. No entendía porqué Harry le había atado, solo para hacer que se desatase a sí mismo ahora. La incertidumbre que sentía debió reflejarse en su rostro porque Harry añadió:—. Quiero que tengas la seguridad de que puedes desatarte tú mismo cuando quieras.

Algo en su pecho se agitó. Sus hombros se hundieron y todo su cuerpo se relajó. Una sonrisa tiró de sus labios hacia arriba y estaba seguro de que sus ojos brillaban afectivos.

Se preguntó cómo era posible que cada día se enamorase más de Harry.

—Relashio —pronunció.

Su magia sin varitas no falló, haciendo que la cuerda se desatase y cayese encima suyo en un lío desordenado. A pesar de ser libre, Draco se mantuvo en la misma posición, enorgulleciéndose de sí mismo cuando Harry le miró con aprobación. Se volvió a alzar sobre él, anudando sus muñecas una vez más. Esta vez, no solo ató nudos para sujetar sus manos, sino que enredó la cinta por el largo de sus antebrazos hasta llegar a sus codos en un conjunto de lazos intrincados que formaron un patrón bastante bonito.

—¿Bien? —Draco asintió, encontrándose un poco sin aliento. Las ataduras no estaban apretadas, ni le incomodaban demasiado, pero no tenía mucha ventaja de movimiento y eso hizo que su cuerpo se agitase—. ¿Puedo vendarte los ojos?

Dudó durante un instante, removiéndose sobre sus pies y tragando gruesamente. Estar atado ya lo provocaba algo de ansiedad. Vendarse los ojos iba a añadir nerviosismo a su sistema. Pero confiaba en Harry, y quería entregarse a él plenamente.

—Sí.

Harry alzó su mano derecha e inmediatamente un antifaz de color negro voló hasta sus dedos extendidos. Los ajustó alrededor de su cabeza, sonriendo y mirándole con suavidad.

—Nos vemos dentro de un rato —susurró con un brillo travieso en los ojos.

Los párpados de Draco se cerraron bajo la tela y sus labios fueron apresados en un beso pausado y profundo. Percibió una leve punzada de pánico cuando Harry se alejó, pero nada como lo que esperaba. No sentía el habitual miedo arraigado en su pecho que habría imaginado, ni esa inseguridad que le había acompañado hasta ahora. Estaba nervioso, porque hacía mucho tiempo que no se sentía así de vulnerable ante otra persona, pero también notaba la emoción y excitación que le hacía dejar el pánico a un lado.

Soltó una exhalación y ladeó la cabeza cuando Harry empezó a repartir besos sobre sus mejillas y su mandíbula. Había una mano acariciando su estómago, la cual se desplazó hacia arriba para tocar su pecho hacia y luego se detuvo en su cuello. Su respiración trastabilló ante el contacto. Harry solía acariciar su nuca y tocar sus hombros, pero siempre evitaba conscientemente su cuello.

Sus labios se separaron para inhalar una respiración temblorosa. La mano de Harry se detuvo sobre su nuez. Ni si quiera estaba apretando, simplemente dejó sus dedos allí, en un tacto suave y Draco supo en ese instante que estaba midiendo su reacción, que toda su atención estaba puesta en él, que si le decía que parase, se detendría.

Fue embriagador, sentirse el foco de atención de alguien por solo un momento.

—Está bien —dijo en voz baja, antes de que su novio le preguntase.

Escuchó a Harry soltar un suspiro, antes de volver a conectar sus labios. Esta vez sus besos se extendieron por la piel de su garganta, de su pecho y estómago. Draco se retorció y apretó sus piernas juntas cuando el aliento de Harry chocó directamente contra su polla erguida.

—Abre las piernas y no te muevas —le ordenó.

Se tragó un quejido, forzando a que sus piernas se abrieran y su cuerpo se relajase. Apoyó la cabeza en la columna, arqueando el cuello cuando la lengua de Harry hizo contacto con su piel. Gimió en voz baja, haciendo acopio de todo su autocontrol para no retorcerse mientras su novio se tomaba todo el tiempo del mundo para acariciar y lamer su erección.

Harry se tomó su tiempo para chuparle. Empezó con movimientos lánguidos y pausados, moviendo su mano arriba y abajo mientras su boca succionaba la punta de su erección. A veces le chupaba por completo, hundiéndose hasta que su nariz tocaba su ingle. Draco gemía fuerte cuando eso ocurría, intentando mantenerse lo más quieto que podía a pesar de la deliciosa sensación que le causaba la garganta de Harry a su alrededor.

No sabía si era por estar atado y con los ojos vendados o simplemente era que Draco estaba demasiado susceptible, pero percibía cada movimiento con mucha más sensibilidad de lo normal. Las manos de Harry, aferradas a sus muslos, parecían más fuertes mientras le apretaban para evitar que se moviese. Su boca húmeda le causa escalofríos cuando le engullía. Su lengua se sentía celestial al arremolinarse alrededor de la punta de su pene.

Y luego estaban las sensaciones del propio Draco. Notaba sus mejillas calientes, sus manos apresadas alrededor de la suavidad de la cinta roja, su estómago agitado, su pecho bajando y subiendo acelerado y sin ritmo. Y toda esa excitación aglomerada bajo su vientre.

Se imaginó la escena en su mente. Se vio a sí mismo, todo desordenado y agitado, atado a la columna, mientras Harry estaba arrodillado frente a él, con su polla enterrada en su garganta.

Jadeó ruidosamente, sus músculos se endurecieron, su entrepierna palpitó y, aunque intentó evitarlo, sus caderas se balancearon hacia adelante en un intento de encontrar más placer. Harry debió ver que estaba a punto de correrse, ya que se alejó de él abruptamente, haciendo que Draco lloriquease y se retorciese.

—Por favor, Harry...

—¿Ya estás suplicando? —la voz de Harry sonaba ronca y usada. Se agitó sin poder evitarlo— Acabamos de empezar.

Calló un quejido. Retorció los dedos de las manos hasta encontrarse con la cinta y se aferró a ella con fuerza. Su cabeza se inclinó hacia un lado, apoyándose en su brazo derecho mientras intentaba mantener bajo control a su excitación.

—Date la vuelta.

Draco se separó de la columna, moviendo sus pies para obedecer la orden. La cinta se apretó un poco más alrededor de sus muñecas debido a la torsión y eso solo hizo que su erección se endureciese aún más. Notó las manos de Harry sobre su cintura, sosteniéndolo con fuerza. Gimió al pensar que dejarían moretones. No sabía en qué momento su novio se había desnudado, pero podía percibir la suavidad de su ropa interior rozando su culo.

—Entonces... —su novio le besó el hombro derecho, apretándose contra él para que pudiese sentir su polla erguida a través de la tela—. ¿Vas a querer conservar las marcas?

Una de las manos de Harry se desplazó hacia su culo, apretando un poco antes de que sus dedos se colasen en su entrada. Le escuchó murmurar un hechizo de lubricación y aguantó la respiración esperando la penetración. No ocurrió, porque Harry mantuvo su dedo en el borde de su agujero, masajeándole con lentitud. Draco se arqueó contra el tacto, queriendo recibir más, lo que hizo que el moreno riese en voz baja mientras se burlaba de él.

—Todavía estoy esperando una respuesta, Draco.

—Yo... —no pudo terminar su frase. A penas podía pensar en la pregunta mientras Harry hundía un dedo en su agujero, moviéndolo de un lado a otro para dilatarle.

—¿Tú...? —instó, hablando directamente contra su oído. Casi podía sentir su sonrisa en su voz.

—Sí. Por favor —balbuceó—. Sí, quiero conservar las marcas.

—Bien —Harry se carcajeó divertido, aunque su voz sonaba demasiado áspera como para que Draco compartiese su diversión—. Pensaba que alguien como tú, Inefable Malfoy, estaría acostumbrado a pensar con más agilidad.

—No te burles de mi —se quejó, demasiado arisco.

Una mano apresó su nuca, y de repente se encontró siendo apretado contra la columna, con el cuerpo de Harry pegado a él. No fue un movimiento agresivo, pero fue lo suficientemente rápido como para que le pillase desprevenido.

—Me burlaré de ti si me da la gana —contestó su novio en un todo inflexible que hizo que su pulso se acelerase y su estómago se apretase—. ¿O tienes algo que objetar?

—No, lo siento —dijo inmediatamente, con el arrepentimiento claro en su voz.

—Eso me parecía. Ahora, sé el buen chico que normalmente eres y arquéate.

Le obedeció de inmediato. Apoyó su frente en sus brazos estirados, que a su vez descansaban contra la columna. Separó levemente las piernas y curvó su espalda para ofrecer su trasero.

El primer golpe vino de imprevisto y fue mucho más doloroso de lo que imaginó. Draco saltó sobre sus pies, alejándose instintivamente del dolor. Sus párpados se cerraron con fuerza bajo el antifaz y su garganta emitió un sonido conmocionado. Pensó que Harry le regañaría por moverse, pero en cambio espero pacientemente a que Draco recuperase la calma y volviese a su posición.

—¿Demasiado?

—No —contestó, concentrándose en mantener su respiración constante.

—¿Color? —preguntó, después de una pausa.

—Verde.

Su novio hizo un ruido conforme.

Se estremeció cuando notó algo frío en su nuca, que fue bajando por toda su columna vertebral en una caricia lenta, llegando a la rápida conclusión de que debía ser el látigo que Harry estaba utilizando.

—Hagamos una cosa: te follaré en cuanto adivines con que objeto te estoy golpeando. Si no aciertas, te seguiré azotando —eso captó la atención de Draco inmediatamente, porque cualquier idea le gustaba si conllevaba a que Harry se lo follase—. ¿Te parece bien?

—Vale —murmuró.

Recibió otro azote en su trasero en cuanto terminó de hablar. Esta vez, Draco se estremeció y gimió, pero intentó permanecer más quieto que antes. Las cuerdas alrededor de sus brazos se tensaron cuando tiró de ella, y su polla palpitó al notar el escozor en su piel.

Pensó en el golpe, que había sido contundente pero en una zona reducida, así que debía ser un objeto fino. Descartó que fuese una pala, entonces.

—¿Es una vara? —preguntó.

Sabía que no lo era, porque no parecía ser tan recio pero, aunque quisiera tener a Harry dentro de él, también había algo emocionante en continuar con su juego.

—No —su respuesta vino acompañada de un azote más, esta vez en sus piernas. Draco jadeó y estuvo a punto de retorcerse, pero fue capaz de mantenerse en su posición—. Buen chico —halagó Harry.

Sus mejillas enrojecieron y su garganta emitió un lloriqueó desesperado. Un sentimiento cálido floreció en su pecho, sintiéndose orgulloso de sí mismo al saber que estaba complaciendo a Harry.

—¿Es un látigo rígido?

—Tampoco.

Apretó los dientes cuando recibió otro golpe. El sonido que hizo contra su piel le provocó un gemido. Separó los labios para inhalar una bocanada de aire, haciendo todo lo posible para no correrse.

—Es una fusta —concluyó. Había un tinte desesperado en su voz que Draco no se preocupó por ocultar.

—¿Qué tipo de fusta?

Resopló por la nariz, un poco molesto por que Harry sonase tan tranquilo. Pensó en todas las fustas que conocía, que no eran muchas e intentó recordar las que Harry tenía. No funcionó, porque su mente apenas podía pensar en otra cosa que lo fuese en el calor que emitía su piel, el escozor de los golpes, el placer que eso le causaba y en lo vacío que se sentía.

—Una fusta de equitación —contestó, porque era la única que recordaba.

Escuchó a Harry chasquear la lengua y todo su cuerpo se tensó esperando el golpe.

—Cerca, pero no.

El azote que siguió cayó cerca de su perineo. Draco soltó un sonoro gemido, apretando sus piernas juntas y cerrando los ojos con fuerza.

—Es una fusta de cuero trenzada —dijo, medio desesperado.

Hubo un silencio en el cual solo se escuchó su respiración acelerada. Por un momento, esperó recibir un nuevo azote, pero en cambio lo que notó fue la mano cálida de Harry sobre su piel magullada.

—Correcto —susurró.

Soltó un suspiro aliviado y ansioso, arqueándose al sentir la ereccion de su novio bordeando su entrada.

—Por favor —pidió—. Te necesito.

—Ya me tienes.

—Te necesito dentro de mi —aclaró.

Gimió cuando Harry introdujo la punta de su polla, pero no se movió más allá. Draco bufó exasperado, queriendo inclinarse hacia atrás para que el contacto fuese mayor.

—Pídemelo mejor —ordenó Harry, apoyando una mano en su espalda para mantenerle quieto—. Sé que puedes suplicar mejor que eso.

—Por favor, Señor —dijo sin dudarlo. Si Harry quería que suplicase, lo haría, si eso significaba que iba a obtener lo que quería—. Fóllame, por favor.

—Tus deseos son órdenes.

A Draco no le importó que hubiese burla en la voz de su novio porque por fin se sintió completamente lleno cuando Harry se enterró en él.

Se arqueó lo más que pudo, aceptando cada fuerte embestida que recibía. Su cuerpo estaba caliente y cosquilleando por todas partes por el placer que sentía. Pensó que iba a correrse así, pero entonces Harry envolvió su mano alrededor de su polla y empezó a masturbarle. Echó la cabeza hacia atrás mientras todo su cuerpo se tensaba, acción que Harry aprovechó para clavar los dientes en su piel accesible. El placer se elevó hasta su cabeza, nublándola y haciéndole perder cualquier razonamiento. Solo podía pensar en la mano de Harry, en la manera en la que arremetía contra él, en sus gemidos, en sus besos y en su erección pulsando su liberación dentro de él. Draco se corrió con un grito ahogado y roto, con el cuerpo tenso y la mente en blanco.

Cuando pudo reunir otra vez a su consciencia, Harry estaba desatando sus manos y murmurando palabras reconfortantes.

—Te tengo —le dijo, sosteniéndole y llevándole hacia la cama para que se tumbase. Parpadeó con el ceño fruncido cuando el antifaz fue retirado de sus ojos, agradeciendo que la habitación estuviese poco iluminada—. ¿Cómo estás?

—Cansado —contestó Draco.

Estiró sus piernas sobre el colchón, arrepintiéndose inmediatamente cuando su piel sensible rozó las sábanas.

—Date la vuelta, anda —no dudó en hacerle caso a Harry, gimiendo contento cuando la magia de su novio le limpió—. Debería curarte.

—Pero quiero conservar las marcas —replicó, quizás con demasiado fervor.

Harry rió y Draco ni si quiera se preocupó de que sus mejillas se coloreasen. Estaba demasiado cansado como para sentir vergüenza.

—No te las quitaré, solo aliviaré un poco el dolor.

Asintió, sintiéndose somnoliento y cómodo. Su respiración todavía era algo irregular, su pulso latía a través de toda su piel, había sudor refrescando su espalda y le dolían los músculos de sus brazos, pero aún así, se encontraba completamente a gusto.

Parpadeó cuando escuchó a Harry levantarse solo para volver con el pantalón del pijama puesto y un bote con alguna clase de poción para untar en él. Suspiró cuando las manos de su novio masajearon la zona azotada de su cuerpo, notando de inmediato un efecto refrescante y calmante en su piel.

Estaba a la deriva del sueño cuando notó que Harry había terminado de curarle y se encontraba tumbado a su lado. Podía percibir su atención sobre él, así que no le sorprendió encontrarse directamente con sus ojos cuando le miró.

—¿Qué? —preguntó Draco con una sonrisa vaga.

Harry le observaba con devoción y, para su extrañeza, también con algo de asombro, como si acabase de llegar a una conclusión que ni él mismo esperaba.

—Nada.

Su novio sonrió mostrando sus dientes, sus ojos se arrugaron en sus esquinas y su mirada brilló contenta y cariñosa.

—¿No se supone que tenemos que comunicarnos? —preguntó de buen humor, arqueando una ceja inquisitiva.

Le vio morder su labio inferior, dudando. Era raro de ver, porque Harry normalmente no tenía dudas con nada y eso le llevó a que su curiosidad despejase su mente y enfocase toda su atención en el moreno.

—Vuelve a preguntarme mañana por la mañana —fue la respuesta enigmática que obtuvo.

—¿Por qué?

—Porque quiero que estés en todos tus sentidos cuando te diga en qué estoy pensando.

Draco estuvo a punto de replicar, pero algo en la expresión de Harry le dijo que no iba a servir de nada, así que terminó por asentir lentamente.

—Vale.

Pensó mucho en qué podía ser lo que Harry iba a decirle. Se preguntó qué significaba su expresión y si tenía algo que ver con que Draco hubiese dado el paso de atarse. Le dio vueltas a esa incógnita hasta que el cansancio fue demasiado y se quedó dormido.

Cuando despertó, no lo hizo antes que Harry como quería, pero para su sorpresa, su novio continuaba tumbado a su lado y no haciendo el desayuno como normalmente hacía.

—Hola —susurró. Ahora que ya no sentía que su mente estaba nublada por el placer y el cansancio, Draco miró a Harry con algo de preocupación y el pecho apretado en un nudo nervioso—. Ya es de día.

—Sí.

Draco esperó con toda la paciencia que tenía, a pesar de que su estómago estaba empezando a revolverse con inquietud. Harry parecía tranquilo, pero su rostro se encontraba demasiado serio.

—¿En qué pensabas anoche? —preguntó después de un rato.

Escuchó a Harry respirar hondo, antes de inclinarse hacia él y acariciar su mejilla. Había una pequeña sonrisa curvando la esquina derecha de su boca y su mirada estaba llena de determinación.

—Cásate conmigo.

Sintió que todo a su alrededor se detenía durante un segundo. Cuando ese instante pasó, su corazón empezó a latir acelerado y su respiración se hizo superficial. Se irguió sobre sus codos con su cabeza dando vueltas para observar el rostro solemne de Harry.

—¿De verdad? —su voz era ahogada e incrédula a sus propios oídos.

Su novio asintió, aún conversando esa serenidad.

—Quiero casarme contigo... —contestó Harry en voz baja, con una expresión ilusionada en su rostro—. Si tú también quieres.

Draco soltó una risa incrédula, tapando su boca con una mano. Había un sentimiento parecido a la euforia retumbando en su pecho. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras arrollaba a Harry en un abrazo y luego...

Luego dijo que sí.


Hooooooooooola holita

¡Tenía muchas ganas de publicar este capítulo! Fue un poco más difícil de escribir de lo que pensaba porque no creí que fuese a quedarme tan largo, pero aquí está. La verdad es que siempre me imaginé esta escena desde el principio y estar publicándola ahora me emociona muchísimo.

Después de este capítulo, solo quedarán dos más. El último capítulo y el prólogo. Me da tanta pena terminar con esta historia. Va a ser raro no seguir escribiéndola.

Espero que tanto esta parte como todo el fic os esté gustando^^

¡Hasta el próximo viernes!