La dama y el vagabundo
Temp 2 Ep. 14
Amigos son los amigos
-Es la última vez que te perdono este tipo de desencuentros y pongo la cara por ti. -Reclamó ofuscada la Duquesa desde su celular.
-No sé qué es lo que te dijo Axel. Esa tal Oscar me rompió la cara, me dejó tirada en el suelo. Luego me atacó sentándose sobre mí para seguir con sus golpes. Es evidente que él va a tergiversar todo lo ocurrido debido a que es su empleada. -Refirió Jeanne tratando de poner un tono lastimero en sus palabras.
-No metas a Axel en esto. Te has portado mal y me he referido en términos nada amigables contra esa mujer. Reignier Jarjayes tiene negocios muy importantes con Luis Alfonso. Te lo advierto, no te vuelvas a meter con su hija o con su novio.
Jeanne cortó la llamada. Miró su celular y le dijo:
-Ti li idviirti… No sabrías ni donde estás parada de no ser por mi… en dos días se te olvidará y volverás a comer de mi mano.
-o-
Oscar tenía varias cajas de documentos y su laptop en sus manos, todo listo para dejar su oficina por unos días. Estaba por ingresar a la aplicación de Uber para llevar todo, hasta que Axel la sorprendió en el pasillo, quitándole una caja que amenazaba con caer al piso.
-Por el amor de Dios, Oscar. Alguna vez debes pedir ayuda.
-Pensé que podía hacerlo sola. ¿Podrías marcar para que me busque un Uber?
Axel tomó el celular y comenzó a marcar un número. El suyo. Oscar sonrió.
-Ups, tendré que llevarte a tu departamento. -Sonrió gracioso. -Espero que estés mejor.
Al llegar al estacionamiento, ambos acomodaron sus respectivas cajas en la parte de atrás del vehículo de Fersen. Sin embargo, eran observados por el abogado más sagaz de París desde su auto de altísima gama.
"Suequito, nunca pierdes la oportunidad. Ni siquiera compras un auto francés… quien no te conoce"
En el interior del Volvo, Fersen estaba un poco inquieto, sus manos y sus gestos lo delataban. Ansiedad que Oscar la notó y se lo hizo saber, y a su vez, le generó más ansiedad al jefe.
-De seguro no soy la única chica a quien has llevado sus cajas de trabajo a su casa. ¿Entonces, por qué tan nervioso?
-Espero me disculpes, pero es porque tengo una cita más tarde, y no sé si está bien dejarme llevar.
-Ella te está llevando por mal camino.
-Tal vez quiera ir por ese camino, Oscar. No siempre fui el "buen chico" de la historia… - Hizo un guiño.- Ya me entiendes.
Oscar tamborileó un poco sobre el posabrazos de la puerta.
-Entonces si tienes práctica, ¿por qué esos nervios?
Fersen suspiró y extendió el cuello hacia atrás, mientras un semáforo cambiaba de amarillo a rojo.
-No lo sé. Tal vez porque sé que no sólo terminará en una cita. Iremos a las ligas mayores. Me invitó a almorzar a su suite en el Crillón.
-Eres un caballero. La hubieras invitado a un buen restaurante a la vista de todos. Como hombre de negocios que eres, no incidiría en tu imagen ni en la suya aparecer en un lugar público. Además llevaría a Jeanne, para guardar las apariencias.
El semáforo dio verde. Fersen hizo un giro en la calle del edificio de Oscar que ya lo divisaba a lo lejos.
-Es que no estás entendiendo. No se me antoja ir a un lugar público y menos que la acompañen perritos falderos. Estoy algo intranquilo sin razón. El marido está colgado en España. Por muy heredero al trono francés que sea, las fronteras están cerradas. Llegamos.
Ambos bajaron y subieron los útiles hasta el piso 12. Oscar sentía un poco de incomodidad ante aquella confesión de su jefe. Guardó silencio porque realmente, no sabía qué decir al respecto. No sabía si seguir cuestionando, o reprochárselo, más cuando meses atrás ella lo había rechazado contundentemente. No tenía derecho a inmiscuirse en su vida.
-Tu silencio me parte el corazón. ¿Tan mal me juzgas?
-No, por favor. Solo me preocupa que te metas en un lío. Hice toda la película en mi mente, y me temo que esto no solo te pueda perjudicar sentimentalmente, sino también afecte a tu empresa, a los negocios futuros. Soy así, maniática a veces con el "qué dirán".
Fersen rió con una carcajada - Hoy no fuiste nada maniática al asestarle el golpe de su vida a Jeanne Valois. Bueno, debo irme. Gracias por escucharme. - Le dio un beso en la frente - El último beso. ¿Quién sabe cuándo podré siquiera abrazarte o estrechar tu mano de nuevo? Gracias a esta pandemia. Lindo departamento. Tu novio parece ser un gran tipo. - Dijo ojeando el lugar - Cuidate y nos mantenemos en contacto. Te quiero mucho, Oscar.
Oscar correspondió a sus palabras y antes que se retirara, se lanzó a sus brazos y le dio un beso seco en la boca. -Te lo mereces. Tú también eres un gran tipo.
Fersen la miró divertido - No juegues conmigo. ¿Quién sabe si aún me gustas?
-Siempre amigos. No cambiemos eso. Sólo sentí que te debía ese beso. Además, te hará pensar en algo más y hará pasar esos nervios hasta llegar a la suite. -Ella también le guiñó el ojo.
Fersen se marchó con una gran sonrisa, silbando en el pasillo y el ascensor. Oscar comenzó a organizar sus cosas. Sentía hambre. Fue hasta la habitación de André, por inercia y un poco de cargo de conciencia. Había besado a otro hombre. Sabía que él no iba a estar ahí, y sin embargo, recordó aquella foto que había encontrado alguna vez entre la ropa de su novio. Ahí estaba en el mismo lugar donde la había dejado. La tomó y pasó los dedos sobre la superficie tachada. Esa era la prueba de que ya no había nada entre Jeanne y André. Evidentemente.
Se dirigió al refrigerador a buscar algo para almorzar. Tocaron a su puerta. Extrañada se acercó hasta la misma. "André tiene su llave, recuerdo que la llevó. ¿Volvió Fersen? ¿Será alguna de las vecinas?" - ¿Quién? - preguntó.
-¡Delivery! - Respondió una voz masculina fingida del otro lado. - Ordenaste de Burger King un "whopper extreme" con gaseosa y papas agrandadas. Viene con un helado y un amigo para compartir con él.
-No pedí.
-Vamos rubia. Deja de hacerte la tonta. -En ese momento escuchó una voz que sí conocía.
Oscar abrió la puerta, y obviamente, ya sabía de quién se trataba. El abogado, ingresó con las bolsas de papel características y el olor a papas fritas rodeándolo como un halo.
-Sabes que no puedo negarme a una buena hamburguesa. Gracias por ser tan considerado. Pensé que tendría que cocinar algo y terminar quemando la cocina o algo así.
Ambos se sentaron a comer, hablando de cualquier tontería, futesas entre las cuales estaban Fersen, Dianne, Jeanne y la empresa. Cuando llegaron a las gaseosas, Alain se puso serio.
-Sé que vino el sueco por aquí. Espero que no hayas hecho nada con él, no por despecho hacia mi amigo. Sé que estás enojada, pero no está bien que remates esa rabia con una infidelidad, y menos con el vikingo ese.
-O sea… nos seguiste.
-Si. Y si se tardaban más, obviamente iba a entrar igual con la excusa del delivery. Voy a cuidar lo que es de mi amigo. Sé que sigues molesta con André, pero en verdad, él no tuvo culpa en esto. Cúlpame a mí, que no recordé a Jeanne a tiempo. Ella se pasó dándome pistas y la borré de mi memoria totalmente. Al ver lo que hizo en la mañana, caí en cuenta de todo. Recordé cómo dominaba a André, cómo lo maltrataba o insultaba por tener menos aspiraciones que ella (mira que André también es de familia pudiente, pero no quiere volver con los suyos, es tan parecido a ti en eso) Rememoré la vergüenza que sentía él cuando ella lo insultaba frente a otros, cuando lo trataba peor que un trapo de piso. Él es tan víctima como tú.
-¿Ah, sí? Mi lógica me dice que es cierto, él no tiene la culpa, pero no puedo controlar aún la furia que siento de tan solo recordar que esa mujer estaba besuqueándolo frente a mí. - Mordió con furia una papa suelta que todavía rondaba en una cajita.
-Entonces, es más tu ego lo que está doliéndote. Mejor, no lo recuerdes. Es lo que hice. Odiaba calentarme la cabeza al ver como mi amigo perdió la universidad, a sus amigos, su trabajo, todo por culpa de aquella mujer, y entonces, la borré de mi universo. El pasado ya está ahí. No lo vas a poder cambiar. Acéptalo. Lo importante no es lo que ocurrió. Lo importante es lo que vas a hacer más adelante con eso. Perdonar y ser feliz, o vivir con ese humor del demonio que tienes y acabar con nuestras existencias.
Oscar sonrió pensativa - No dejas de tener razón - sorbió su bebida y suspiró - Intentaré borrar la escena de hoy, pero hablaré con él. Siento que es el hombre con quien quiero estar. No digo que sea perfecto. Fersen es perfecto, pero no quiero la perfección. Me aburriría. Me gusta estar con André, sólo que, digamos que no estaba preparada para conocer a la ex de mi novio, al menos no de la forma que la conocí hoy.
Alain se quedó pensando. La última frase ya no la escuchó. -¿Fersen perfecto? YO soy perfecto. Ese sueco, vé tú a saber qué manía tiene de meterse solo con mujeres casadas. Desde que trabajo con él, sólo con casadas. Por eso no sienta cabeza, y por eso no le conocen novias al puterrejo* este. Muy playboy autosuficiente, pero bien que se conmueve cuando ve la alianza en el dedo de alguien.
-No lo juzgues. ¿Quién te dice algo por cada tarántula que llevas a las fiestas de la empresa y nos las presentas como tus novias?
-Las tarántulas al menos no fingen modestia. Saben a qué van cuando están conmigo. No me reclaman nada. Es lo mejor de la vida. Andar sin compromisos ni sufriendo por nadie.
Oscar fue a buscar los helados que había dejado en el refrigerador. - Sí, pero ojo, ahora con la cuarentena… necesitarás al menos comprometerte con una. No podrás llevar esa vida disoluta durante estos días. Imaginate si andas contagiando a una, y luego a otra, y así… o si una viene de estar con otro que sí está enfermo…
Alain dio un gran bocado al helado y habló con la boca llena - ¿Por qué me desgracias la vida? Voy a ver en el serpentario que mis culebritas se me cuiden y cumplan con todos los protocolos de salud antes de salir conmigo. ¿Habrá algún test para detectar el bicho ese? Digo, no es solo una gripecita. - Miró su reloj - Por cierto, se me hace tarde para una reunión . Nos vemos.
-¿Por qué me mientes? Las reuniones solo las tienes en la empresa. Mejor dí que tienes una cita. No me voy a enojar de lo suertudo que eres con cuanta alimaña se te cruce. Así te quiero y te aprecio. - Alain se levantó y sacudió las migas de comida que cayeron sobre su traje. - Gracias - dijo Oscar cambiando de tema - por hacerme compañía y por hacerme ver que debo apreciar más a André por lo que me dio desde que me conoció y no reprocharle su pasado.
-Nos vemos, Rubia. Más tarde, me escribes si todo sale bien con mi amigo. No hará falta. Le escribiré a él.
Alain se marchó también, y Oscar volvió al silencio de su departamento. Se sentó en su sofá y comenzó a buscar algún canal de películas, para no aburrirse ni preocuparse tanto con el asunto de la pandemia.
Alcanzó una de esas películas viejas. Reconoció a la actriz por otras películas italianas, pero no sabía su nombre. Lo mismo que el actor de "Rendevouz en París".
"Bien vieja. Es lo que hay". Se acomodó con los almohadones y se dispuso a verla hasta quedar dormida. "Revolución Francesa. Qué mejor que reivindicar nuestro patriotismo durante los meses que se nos vienen" Vio que era lo mismo de siempre, una reina María Antonieta frívola, un Luis XVI totalmente sumiso a los caprichos de su mujer, el amante de la reina por supuesto que más apuesto que el rey… El pueblo agotado, pidiendo un cambio urgente. Entre bostezo y bostezo, vio que la actriz "italiana" vestía con traje militar, y que tenía un siervo enamorado. Comenzó a dormir.
"¡André!" fue el grito que la despertó con un sobresalto. Era la película. Acabó con ese grito. La muchedumbre de la Bastilla ahogaba los sollozos de la actriz. "Catriona Mc Coll y Barry Stokes" estaban como principales según los créditos de la obra y un tal "Jacques Demy" dirigiéndola.
Se tocó el pecho pues quedó algo asustada con el grito. Se imaginó algo así en su vida…"Dios santo. Nunca más esta porquería de película" Decidió ducharse y revisar luego sus correos de trabajo para pasar el rato.
-o-
-La verdad, si no hay más modificaciones, quisiera salir temprano en la tarde -André se limpiaba las manos de la tinta. -Tengo un problema familiar por resolver.
-¿Es grave? ¿Te puedo ayudar en algo? -Camille se mostró interesado- De todas formas, para mi está muy bien la ilustración. Con lo visionario que eres, creo que tenemos tapas ilustradas hasta para el mes que viene.
-Gracias, Camille.
-En serio, ¿Es grave? ¿Tu madre? ¿Tu esposa?
-No. O sea, sí. Es mi novia. Está un poco molesta porque hoy conoció a mi ex.
Desmoulins se acomodó y volvió a mostrarse más que interesado -Cuéntame. Estas sí son historias reales.
-Oscar, mi novia, trabaja en una empresa donde se incorporó hace poco quien fuera mi ex pareja. Nunca lo supe. Me había contado de que había alguien que la molestaba todo el tiempo, pero nunca me dijo su nombre. Esta mañana, la llevé al trabajo y nos encontramos con que la acosadora era nada más y nada menos que Jeanne Valois, mi anterior novia.
-No sabía que eras gay.
-No lo soy. Oscar es mujer. Bueno, se llama Noelia.
-Ah, qué pena. Sé que las relaciones en el trabajo están prohibidas pero comenzabas a gustarme. Bueno, cuéntame, y cómo fue ese encuentro.
-De lo peor. Jeanne me besó frente a Oscar y ella la derribó con un buen gancho. Y cuando quise hablarle obviamente, Oscar me dejó plantado de lo furiosa que estaba.
-Entiendo. Alguna vez deberías escribir en el diario sobre tu caso. Deberíamos inaugurar un espacio tipo Dr. Corazón. No todo debe ser sobre política.
-Gracias, y gracias por entender mi prisa.
-Ay, querido -Se acercó a Andre como un gato a ronronear en su oído- Me encantaría ayudarte de otra forma cuando creas que estés disponible. No te arrepentirás. Debes abrir tu mente, y lo disfrutarás.
Andre quedó petrificado con aquellas palabras. Solo alcanzó a ver que el hombre se alejaba meneándole el trasero. Se le insinuó, no, mejor dicho lo abordó de forma directa. En verdad debía abrir más su mente, pero no estaba dispuesto a abrir otras partes de su cuerpo, por muy "open minded" que fuera su ambiente de trabajo y sus colegas. "Dónde rayos me vine a meter"
-o-
Al llegar, pasó la llave por la puerta, y saludó. Encontró a Oscar sentada viendo televisión, mientras los últimos rayos naranjas del sol se colaban por entre las cortinas. La habitación se había quedado poco a poco a oscuras. Decidió encender las luces.
-Hola - le dijo con una sonrisa.
-Hola - Repondió ella mirando su rostro. Apagó el televisor.
-Yo… quisiera hablarte - le dijo mientras sus ojos se dirigían hacia el desorden que había en la mesa. Oscar lo notó.
-Sí, comí carne. -El hielo en su voz podía sentirse. - La extrañaba. No me reproches. - Continuó su mirada hacia su celular para evadir alguna reprimenda.
-Está bien. Pero aquí se cuentan tres whopper. ¿Comiste todo eso?
Oscar volvió a mirar su celular en la lista de contactos. Veía el último número marcado. Era el de Fersen. "A estas alturas estará con la Duquesa. Al menos nadie le estará reprochando lo que come"
-No. Almorcé con Alain. Me acompañó hasta aquí para hablarme de ti. Temía que no te perdonase.
André entendió esa última frase como una apertura de su parte. Se sentó a su lado en el sofá. Quiso abrazarla, pero se contuvo al ver los ojos de Oscar fijos en la pantalla apagada del televisor.
-Yo… - comenzó de vuelta - No sé qué hacer para que me perdones, aunque no haya tenido culpa en esto, sé bien que sigues enojada conmigo. No sabía que Jeanne estaba molestándote. No puedes pensar que te haya mentido u ocultado de forma alevosa.
-No. No lo hiciste. Lo sé.
-Créeme, te amo. Nunca creí que hubiera de estar enamorado de alguien como lo estoy de ti. -Oscar seguía sin mirarlo - ¿Qué quieres que haga para volver estar como antes?
-Te creo. pero creerte ya no me es suficiente… es querer saber más de ti. Tienes secretos conmigo. Me mentiste cuando dijiste que eras gay, me mentiste al encontrar trabajo, sé que eran mentiras tontas… pero ahora, me siento mal por no confiar en ti, aunque pongas todo de ti para que vuelva a ser como antes. .- bajó la mirada y miró sus manos sobre sus rodillas. André tomó una de ellas entre las suyas.
- ¿Y qué ganas con eso? - besó sus nudillos - Ya sabes mucho de mí. Lo de Jeanne sí te lo había mencionado. Nunca te di el nombre, preferí que pienses que era mi pareja gay en aquella época.
Oscar quiso levantarse. André no la dejó. La jaló hacia él.
-¿Al menos podrías dejar de ser tan fría? - Intentó besarla, pero ella esquivó el beso. Aquel gesto, le dolió en el alma. Se resignó. - Perdón. No debí insistir. Será mejor que me retire. - Se levantó abruptamente - Me ducharé e iré a dormir para no molestarte. Fue un día muy pesado para mí. Buenas noches.
¡Gracias por leer!
Notas:
1. Puterrejo es un término que inventé en este capítulo. Reclamo los derechos aunque me dé pereza patentarlo
2. Espero que hayan identificado la película que estuvo viendo Oscar. Algún día habría que mencionarla. Lo siento, ni a la misma Lady Oscar le gustó lo que hizo Jacques Demy.
3. No sé si Camille Desmoulins era bisexual, pero en el libro de Hilary Mantel, "Bajo la sombra de la guillotina" parecía muy enamorado de Robespierre. Mucho más que St. Just.
Cariños,
Emil Sinclair
