Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo doce

Levanto mi pulgar a Pat cuando llega derrapando justo detrás de mí.

Bajo de la motonieve en espera de que Isabella haga su aparición. Me siento ansioso por ella, no puede evitarlo. La idea de que pueda hacerse daño me causa angustia.

― ¿Crees qué le pasó algo?

Mi hijo está tan angustiado como yo que da media vuelta preparándose para salir en la búsqueda.

― Esperemos un poco.

No han pasado ni dos minutos de mi petición e Isabella aparece montada en la motonieve a toda velocidad, por precaución nos quitamos de su camino y ella frena de una barrida frente a nosotros salpicando nieve en grandes cantidades, en una llegada triunfal.

Emocionada y aún sin creerlo levanta sus brazos en señal de victoria.

Salta de la moto y choca sus puños con los de Pat. También lo hace conmigo.

― ¿¡Vieron eso!? ―chilla― ¡lo hice!

― Estuvo demasiado fácil, Bella ―expone mi hijo― solo recorrimos un tramo nada considerable y en vertical. No, lo haremos otra vez, pero esta vez habrá curvas y será entre los pinos. Venga… ―se monta de nuevo en la moto― el último en llegar será esclavo por el resto del día.

Isabella voltea a verme en busca de ayuda.

― ¿Dejarás que se vaya? ―cuestiona cuando lo ve arrancar a velocidad―. Edward, no puedes dejarlo, él… él puede lastimarse.

Tomo sus hombros: Isabella eleva su rostro; su semblante es de absoluta preocupación.

Sonrío deseando sea suficiente para tranquilizar sus alterados nervios, sin embargo en su mirada sigue estando ese atisbo de mortificación aún sabiendo que nunca dejaría a mi hijo dañarse.

― Tranquila... ―froto sus antebrazos haciéndola estremecer― mi hijo conoce el área hasta con los ojos cerrados.

Balbucea; su reacción me hace sonreír. Y antes de que vuelva con sus preguntas me subo en la motonieve dispuesto a seguir a Pat.

Agito mi mano.

― Vámonos.

― Creo que regresaré a la cabaña. Tengo mucho frío y mi cara duele.

De hecho observo que su rostro está enrojecido en un nivel máximo mientras su piel parece estirada.

― Bien, te veo más tarde.

― ¿Tardarán mucho? Es que… no, olvidalo. Diviértanse.

El desánimo en su semblante es perceptible, sin decir nada sube a la moto y arranca lento, volviendo entre el camino.

Inspiro.

Voy tras mi hijo. Paso a toda velocidad rodeando los pinos, el aire congelante entume la piel expuesta de mi rostro, es la mejor sensación para olvidar cierta sonrisa que ha rondado mi cabeza desde hace días.

No puedo ni quiero volver a pensar en ella.

Sacudo mi cabeza y acelero volviéndose el paisaje un borrón blancuzco.

― ¿Dónde está Bella?

Es la primera pregunta de Pat al llegar con él. Mi adolescente favorito se ve desesperado por saber una respuesta, baja de su moto y se para frente a mí.

― No quiso venir, ella solo se regresó a la cabaña.

Pat hace un gesto en desapruebo; arruga su cara y frunce los labios.

― ¿Hacemos carreras? ―intento distraerlo.

― No, quiero volver a la cabaña. Iré a ver por qué Bella no quiso venir.

― Pat… ―detengo su brazo― no necesitamos a Isabella para divertirnos.

― Lo sé, sin embargo quiero ir con ella.

Dejo que se vaya.

«¿Por qué tenías que aparecer Isabella?»

Empiezo un recorrido diferente donde el camino está despejado y el aire golpea con fuerza mi rostro.

Necesito permanecer lejos de Isabella lo que resta del día.

Empiezo a creer que traerla con nosotros fue un gran error, ella no debe estar cerca. Tengo que pensar cómo alejarla.

Cumplo mi palabra. Llego a la cabaña de noche, todo está en penumbra y silencioso. Sigiloso camino directo al pórtico trasero; Isabella y Pat están alrededor de una fogata, cada uno envuelto en una frazada.

― Oye, ¿dónde estabas? Te perdiste la gran aventura de resbalarnos en el hielo. Nos subimos a la colina, papá, y desde ahí…, ¡zaz! Fue increíble.

― Me alegro ―le sonrío a Pat al tiempo que subo la cobija por sus hombros―. Mañana nos iremos temprano.

― Ah, no es justo ―protesta quitando mi mano―. ¿Por qué, papá? Si falta llevar a Bella a otros lugares, como la telesilla…

― Pat ―interrumpo― no debemos depender del tiempo de tu amiga ―miro fijo a Isabella―, ella debe atender sus deberes, no sé, quizá necesita su domingo para hacer tareas pendientes, ¿no es así?

Isabella se muestra contrariada, muerde su labio y sin quitar su mirada de la mía, asiente.

Pat reacciona con la misma pataleta que hace cuando las cosas no salen como él quiere, se enoja, huyendo al interior.

Estoy por dar media vuelta.

― Edward ―su voz me paraliza. Me siento como si ella empezara a gobernar mis sentidos, es extraño lo que me hace sentir con solo escuchar el timbre de su voz―. Quiero regresar la cantidad exacta que tu padre me depositó. Me gustaría que me ayudaras, yo no tengo la menor idea de cómo hacerlo.

― El lunes ve a la oficina. Le daré instrucciones a mi secretaria para que te ayude. Buenas noches ―respondo lo más seco posible.

Al momento que mi cabeza se hunde en la almohada lo único que puedo pensar es en volver a casa. Quiero que el maldito tiempo pase deprisa y ella se pueda ir de nuestras vidas para siempre.

En la mañana estoy de mejor humor Pat y yo nos encargamos de subir el equipaje mientras Isabella se ha mantenido callada desde que despertó.

La veo abrir la puerta del copiloto, voy hasta ella y la detengo.

― ¿Qué haces?

― Es obvio, subir.

― Si, pero no quiero que ocupes el lugar de mi hijo. Tu lugar está en el asiento trasero.

Su reacción es la que esperaba; en sus ojos veo desilusión. Desencantada abre la puerta trasera y sube; el resto del recorrido no vuelve a cruzar palabra conmigo.

Al estacionar frente a su edificio; ella se encarga de bajar su equipaje y no permite mi ayuda, al despedirse solo lo hace de Pat.

― ¿Irás mañana a la oficina? ―pregunto con la esperanza que me diga una palabra, ella arrastra su valija y sigue caminando a la entrada―. Necesito saber para hablarlo con Angela.

― No sé ―responde en tono amargo pasando una de las ruedas por encima de mi bota. Está enojada conmigo, bueno, era lo que deseaba, ¿no? Debo sentirme bien, en cambio me molesta no obtener atención necesaria de ella.

Sin voltear a verme ingresa en su edificio, sin una sola mirada hacia mí, azota la puerta en mis narices.

.

Después de varias discusiones con mi hijo por mi mal comportamiento con Isabella. El lunes llega sin contratiempos.

― Así que pasaste un fin de semana con Bella, ¿eh?

Jacob espera a primera hora en la oficina, no es que su intención sea trabajar, no. Él está aquí porque quiere saber pormenores de todo lo relacionado a mi tiempo compartido con Isabella.

― Black, estamos atrasados de trabajo. ―Intento desviar el tema, enciendo la laptop y me quedo observando la pantalla.

― Pat posteó cada fotografía de ustedes tres en el resort.

Elevo mi vista por sobre la pantalla; él no se callará.

― Mi hijo la invitó con nosotros, ella aceptó y fuimos. ¿Suficiente?

Jacob recarga su espalda en la silla. Está sonriéndome con insolencia, él sabe que detesto que pregunten por mi vida.

― Analice cada publicación ―comenta―; te mirabas feliz.

Exhalo.

Masajeo mis sienes controlando mi humor. Desde luego que no revelaré que estuve dándole vueltas al tema de Isabella y la conclusión aún no es clara en mi cabeza.

― Por cierto, en una instantánea Pat publicó que Bella era la novia de su papá.

― Pat hizo ¿qué? ―poniéndome de pie busco el móvil por toda la mesa de escritorio.

― Ya, hombre. De todos modos, eso pasó el sábado. Hoy ya todo el consorcio está enterado, no te preocupes.

Deslizo la pantalla del móvil sin hallar nada en mi galería.

― Si no tienes Instagram, no encontrarás nada. Pat publicó ahí y fue cómo miré su estupendo fin de semana ―eleva sus cejas y su risa burlona aparece―. Cuéntame, ¿la llevarás a la boda?

― Jake, aún no sé si pueda asistir a tu boda, tengo tantos pendientes que el tiempo me ha sobrepasado ―miento. Ese insoportable ser humano es mi mejor amigo, el único que ha estado conmigo en tiempos difíciles y peores, por supuesto que nunca me perdería su boda.

Rio cuando su sonrisa se borra.

― Estoy bromeando. Claro que estaré ahí.

― Tienes un pésimo sentido del humor ―declara.

― Muestrame las publicaciones que hizo Pat ―ordeno con mi mano extendida.

No puede ser posible que haya sonreído de esa manera; observo de todos los ángulos de mi vista la publicación: estamos sentados en la nieve y yo tengo abrazada a Isabella por los hombros mientras mi hijo tomaba la selfie.

― ¿La llevarás a la boda? Tanya ya hizo una invitación para ella, aquí está ―pone el elegante sobre blanco en la mesa rotulado con el nombre de Isabella Swan.

Solo observo el sobre sin tocarlo y vuelvo a sentarme.

― No creo que pueda asistir, tal vez ella tiene planes.

No le daré explicaciones de que el domingo me comporte como un patán con ella. Probablemente lo que menos quiera sea acompañarme a una fiesta.

― Se supone que son novios, ¿no? Necesitan mantener esa mentira por lo menos hasta averiguar qué trama Carlisle.

Esta vez Jacob tiene razón.

― ¿Cómo te atreves a dejarme plantada? ―Charlotte entra azotado la puerta de la oficina―. Estuve esperando todo el viernes a Patrick, te llamé y tenías el móvil apagado. Resulta que lo hiciste porque estabas con tu amante ―ríe― eres un maldito cínico.

Jake y yo nos ponemos de pie.

― Exijo una explicación, Edward Cullen ―reclama pegando una palmada en el escritorio.

Jacob gesticula una majadería antes de salir y cerrar la puerta.

― Tú, a mí no me exiges nada.

― Te equivocas. Tengo todo el derecho a exigir se respete mi tiempo con Patrick.

― Deja de fingir, Charlotte. Te hice un favor al no llevarte a mi hijo. Es mas, ya decidí que Pat pasará tiempo contigo solo si él quiere. No voy a obligarlo nunca más.

Ella ladea su cabeza, mirándome retadora.

― No entiendo ―se cruza de brazos― ¿a qué se debe tu cambio?

― Mis razones no te incumben. Si Pat no quiere pasar tiempo contigo vamos a respetar su decisión.

― ¡No estoy de acuerdo!

― Tu opinión es totalmente irrelevante, Charlotte. Acéptalo, estás feliz porque no volveré a obligarte a que estés con mi hijo ―voy directo a la puerta, la abro para que salga―. Ahora vete ―señalo― no quiere verte.

― Acabo de comprender tu juego ―sus labios coral se tensan―. Y no me harás a un lado por nadie. Si la insípida de Irina no me sacó de la vida de Patrick, no lo hará una estúpida adolescente.

― Lárgate de una vez ―gruño.

Charlotte sale de la oficina contoneando sus caderas; enojado, cierro la puerta con más fuerza de la necesaria.

Froto mi barba captando mi atención la invitación sobre el escritorio.

― Dicen que siempre hay una primera vez ―murmuro― entonces iré a rogar por primera vez ―con la invitación en mi mano sé qué debo buscar a Isabella.

No me demoro en llegar. En cuanto estoy a las afueras del campus empiezo mi búsqueda por el lugar en medio del alumnado que va y viene.

Marco su número de móvil y me manda a buzón.

Empiezo a preguntar a uno que otro universitario y nadie me sabe dar razón de ella. Desesperado me hago paso entre grupos de estudiantes a punto de ingresar a la institución es cuando la diviso caminando con Jessica y otro adolescente rubio.

― Isabella ―grito su nombre con más entusiasmo del que debería, ella se paraliza al verme y yo sonrío como imbécil―. Hola.

Estoy jodido.

Isabella Marie Swan me gusta.


Buenas noches. Hoy traigo un capítulo un poco tarde, espero que estén por aquí, sobre todo que estén muy bien. El capítulo de hoy Edward reconoce que le gusta e intenta poner distancia siendo un patán al principio, sin embargo él es quien la busca. ¿Qué creen deba hacer Bella? Me cuentan qué les pareció el capitulo de hoy, nos estaremos leyendo más pronto pues tengo pensado actualizar este lunes, quiero ver si cuento con su apoyo y quizás regale tres capítulos la siguiente semana, eso dependerá de ustedes.

Mí agradecimiento especial a quienes comentaron: Patty, PaolaValencia, Dulce Carolina, ALBANIDIA, Iza, Jade HSos, Lili Cullen-Swan, Moni, Flor Mcarty, Lily, Elizabeth, Adriu, Vane, Pameva, Diannita Robles, Lizdayanna, Lidia, jenni317, Adyel, cocoa blizzard, Torrespera172, Pepita GY, Ximena, Isis Janet, mrs puff, Ana, Antonella Masen, Rocio y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!