Draco se subió los pantalones rápidamente y le pasó a Hermione su ropa con una mano.
Ella se estaba abrochando la blusa, muy nerviosa.
-Mierda, nos han pillado. ¿Qué vamos a hacer? Si un profesor nos descubre aquí nos expulsarán- murmuró con voz temblorosa.
Draco se acercó a una de las ventanas y la abrió.
-¡Accio saeta!-.
Hermione se colocó bien su capa y corrió hasta él.
-¿Has vuelto a dejar la escoba suelta?-.
Él la miró de reojo.
-Desde que la utilicé para ir a tu cuarto nunca la ato por si acaso, aunque no sé si dará tiempo a que llegue hasta aquí- respondió con gesto serio.
Se empezaron a oír pasos al otro lado de la puerta.
-McGonagall estaba en el otro corredor, me ha dicho que enseguida viene-.
Draco y Hermione se miraron, nerviosos.
-Estamos perdidos, adiós a mis estudios en Hogwarts- gimió ella, a punto de llorar.
Los labios de Draco se curvaron.
-No te rindas tan rápido, Hermione-.
Ella siguió la dirección de los ojos grises del chico y vio su saeta, volando hacia ellos a toda velocidad.
Draco se subió en el alféizar de la ventana y tiró de su brazo para que hiciera lo mismo.
-Prepárate para saltar- le advirtió.
-¿Esta es la puerta que no se abre?-.
La voz de McGonagall les puso a ambos los pelos de punta.
-Sí. Olvidé un libro dentro, profesora-.
-Dad un paso atrás-.
Hermione miró hacia abajo, la saeta todavía no estaba lo suficientemente cerca.
-¡Bombarda!- gritó McGonagall.
Draco agarró la mano de Hermione cuando se oyó una explosión.
-¡Salta, ahora!-.
Ella cerró los ojos y saltó.
Sintió un brazo de Draco rodeando su cintura y el viento helado acariciando su piel.
Cuando abrió los ojos, vio que él estaba subido en la saeta y la sujetaba en su regazo.
-Agárrate bien- dijo el chico.
Ella se colocó mejor, dejando la escoba entre sus piernas, y se abrazó a él escondiendo la cabeza en su cuello.
Draco salió disparado hacia arriba para ocultarse entre las nubes.
-Joder, por los pelos- gruñó cuando vio que ya estaban a salvo.
McGonagall llegó hasta la ventana abierta y miró hacia fuera.
No se veía nada aparte de los jardines del castillo y el cielo nublado.
Cerró la ventana y se volvió hacia los dos alumnos.
-Es extraño, alguien tuvo que poner ese hechizo en la puerta y escapar por la ventana. ¿No habéis oído ruido aquí dentro?-.
Los dos negaron.
Ella frunció el ceño.
-Bien, coged el libro y cerrad la puerta al salir-.
Hizo un movimiento con su varita y la puerta de la clase, que había quedado destrozada, se reparó sola.
Hermione observó la silueta de Draco perdiéndose en la lejanía, sobre su escoba.
Cerró la ventana de su cuarto y suspiró.
El chico acababa de llevarla hasta ahí, intentando que nadie los viera.
Todavía podía sentir los dedos de Draco recorriendo su cuerpo, y la sensación de sus besos en el cuello.
Entró en el baño y se dio una ducha para intentar tranquilizarse, dejando que el agua caliente se llevara todas sus preocupaciones y el miedo que había pasado hacía solo unos minutos.
Se puso el uniforme de recambio y sacó un par de libros de su baúl.
Al bajar a la sala común se encontró con Ginny, Harry y Ron sentados alrededor de una de las mesas redondas.
-¿Vas a estudiar?- preguntó Harry al verla.
-Sí, aquí no me concentro bien así que iré a la biblioteca-.
Ron levantó la vista de la partida de ajedrez mágico que estaba jugando con su amigo y miró a Hermione.
-Oye, yo... me gustaría que volviéramos a ser amigos, si quieres- murmuró en voz baja.
Ella sonrió.
-Pues claro. ¿Cómo te va con la chica de Slytherin?- preguntó con curiosidad.
Ron se sonrojó hasta las orejas.
-¡No tenemos que hablar de eso! Yo prefiero no saber nada de lo que tú hagas con los chicos-.
-Como quieras, pero a mí no me importa. Me lo puedes contar- respondió Hermione, encogiéndose de hombros.
Él apartó la mirada.
-Me va muy bien, la verdad-.
Hermione se acercó a él y puso una mano en su hombro.
-Me alegro mucho por ti, Ronald. Quiero que seas feliz y siento haberte hecho daño-.
Harry, Ginny y Ron sonrieron ante sus palabras.
-Yo también quiero que seas feliz- contestó él.
Ella asintió y se alejó, saliendo de la sala por el agujero del cuadro.
-Me alegro de que por fin vayáis a llevaros bien otra vez- dijo Harry, sin dejar de sonreír.
-Sí... ¡Ya era hora!- añadió Ginny, resoplando.
Ron hizo una mueca y movió uno de sus caballos.
-Jaque- dijo, empezando a reírse.
Harry frunció el ceño ante la risa de su mejor amigo, otra vez iba a perder.
Draco caminaba por los estantes de la biblioteca, buscando el libro de pociones que necesitaba.
Cuando lo encontró, siguió andando hacia la mesa donde siempre se sentaba mientras ojeaba algunas páginas.
Escuchó un suave murmullo que parecía la voz de dos chicas y levantó la vista.
En la mesa estaba Hermione con su amiga rubia de Ravenclaw.
Sonrió levemente y caminó hasta ellas, sentándose al otro lado de Hermione.
Ella dio un brinco al verlo.
-¿Qué haces tú aquí?- preguntó en voz baja, con la mano en el pecho y la respiración alterada.
-Ya te he dicho muchas veces que esta es mi mesa, Granger- respondió él con voz divertida.
Luna los observaba aguantando la risa, Hermione acababa de contarle todo lo que había hecho con él una hora antes.
Draco la saludó haciendo un gesto con la cabeza y dejó el libro en la mesa, volviendo a leer por donde se había quedado.
Hermione suspiró y miró a su amiga de reojo.
-Luego te lo sigo contando, Luna-.
Ella asintió, sonriendo.
-Tampoco te queda mucho que contar, te has librado de una buena expulsión-.
Hermione le tapó la boca con una mano y Draco sonrió al darse cuenta de lo que estaban hablando.
Buscó los ojos azules de Luna.
-¿Tú no me odias?- le preguntó en voz baja.
Luna apartó la mano de su amiga para contestar.
-No, yo no odio a nadie... pero más te vale tratar bien a mi amiga, Malfoy- le advirtió, levantando un dedo.
Hermione resopló y apartó el dedo amenazador de Luna.
-Ya basta, me voy a morir de la vergüenza- gruñó entre dientes.
-No te hagas la inocente, Hermione. Seguro que le has contado todos los detalles- murmuró él con una sonrisa traviesa.
Luna levantó las dos cejas.
-¿En realidad os llamáis por vuestros nombres? Bueno, es normal, ya sois amigos muy íntimos- dijo, conteniendo la risa.
Hermione refunfuñó con enfado.
-Mejor me voy- susurró, levantándose.
Draco le sujetó uno de los brazos.
-No, quédate. Seré bueno y no volveré a hablar del tema-.
Ella le miró con mala cara pero se sentó de nuevo.
Draco le dedicó una última sonrisa antes de concentrarse en el libro de pociones.
Hermione y Luna siguieron escribiendo en sus pergaminos, tenían un trabajo pendiente de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Un par de horas después, Luna se puso de pie.
-Voy a dejar esto en mi sala común, nos vemos en el gran comedor- susurró cerca del oído de Hermione.
Ella asintió, con la pluma todavía en la mano.
Cuando Luna se perdió entre las estanterías llenas de libros, escuchó a Draco moverse y se tensó cuando notó una de las manos del chico sobre su pierna.
¿Quería provocarle un infarto o qué?
-La próxima vez será en un sitio donde nadie pueda descubrirnos. ¿Se te ocurre alguno?- le preguntó en voz baja.
Hermione le miró de reojo, intentando controlar sus nervios al tenerle tan cerca.
-Puede ser... ¿Has estado en la casa de los gritos alguna vez?-.
Los ojos de Draco centellearon.
-No, pero seguro que tú sí. Creo recordar que ahí se estuvo escondiendo Sirius Black hace unos años-.
-He estado dentro y no es tan horrible como parece- respondió, asintiendo.
-De acuerdo, iremos el martes después de terminar con nuestro trabajo de Aritmancia-.
Ella le miró fijamente, sorprendida.
-¿El martes?-.
-¿Es que quieres que vayamos ya?- preguntó él con una sonrisa burlona.
A ella se le subió toda la sangre a las mejillas y negó con la cabeza, nerviosa.
Draco se acercó más hasta que su aliento le rozó la oreja.
-Lo de hoy ha sido muy rápido, quiero algo más lento para poder disfrutarte por completo- susurró, mordiéndole un poco el lóbulo.
Todo el cuerpo de Hermione se estremeció sin poder hacer nada para evitarlo.
-Va... vale- respondió con voz temblorosa.
Él sonrió de forma traviesa y miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie cerca.
Agarró a Hermione del cuello de su túnica y le dio un beso muy intenso.
Se separó de ella unos segundos después, levantándose.
-Nos vemos mañana en clase- murmuró en voz baja.
Ella asintió, totalmente ruborizada y llevándose una mano a los labios.
Estaba segura de que no se iba a olvidar de ese beso en todo el día.
Draco volvió sobre sus pasos para dejar el libro en su sitio y se dirigió a la salida.
-Draco-.
Se dio media vuelta al escuchar su nombre y se encontró con los ojos furiosos de su amiga Pansy.
-¿Con la sangre sucia? ¿En serio?- gruñó ella con rabia.
Draco se acercó a ella y la miró fijamente.
-¿A qué viene eso?-.
-Te he visto. No te gusta dar besos... ¿pero a ella sí?- preguntó Pansy, entrecerrando los ojos.
Draco la miró con odio.
-Eso no es asunto tuyo, yo puedo hacer lo que me dé la gana. Y no vuelvas a llamarla así-.
Ella le retó con la mirada y chasqueó la lengua.
-En realidad da igual, dentro de un mes ya te habrás aburrido como te pasa con todas. Pero intenta que nadie más os descubra-.
Draco se encogió de hombros.
-Ya veremos lo que tardo en aburrirme, es una chica interesante-.
Pansy puso los ojos en blanco.
-Joder, Draco... si la odias desde los once años-.
-Porque no la conocía, ahora me cae bien- murmuró él, caminando hacia la salida con su amiga al lado.
Ella hizo una mueca de desagrado.
-En fin... vamos a comer, los demás nos estarán esperando-.
