karolcelyq.a: Muchas gracias por el comentario, se que voy con retraso pero ya llegó la actualización ;D
AnamaGranger: Muchas gracias por el apoyo ^^, me alegro que te guste tanto como para releerla porque me está quedando un poco larga xD. Por desgracia tienes razón, vienen tiempos complicados.
Pajaro Loco: Muchas gracias por la paciencia, espero que te guste el capítulo y lo jodido que está por llegar, en realidad la pobre Pansy tiene una vida muy complicada ;D
Amlie B: Muchas gracias por el comentario, me alegro mucho de que te haya gustado e intentaré no demorarme tanto otra vez, aunque no puedo prometer nada.
inugami18: Muchas gracias, de verdad por seguir apoyando el fic, palabrita del niño Jesús que lo terminaré y con un poco de suerte no volveré a tardar años en actualizar, siento mucho haceros esperar pero las musas a veces no se dignan a mirarme.
Soy-un-unicornio-multicolor: ¡Unicornio! Cómo me alegro de leerte, como siempre una review cargada de energía xD Espero que te vaya todo muy bien. AAAAhhhh! Me odio a mí misma por el último capítulo de separación, pero si no hay drama no hay chicha xD Tengo algo pensado para la pantera, veremos si sale tan bien como está planteado de momento en mi cabeza de chorlito. McGonagall sabe más de lo que dice...xD pero tampoco es algo que se pueda ir pregonando por ahí. 10 años ya! Madre mía, ahora sí me siento vieja de cojones xD Nos vemos, espero que pronto. ;D
ryubi14: Gracias por comentar, me alegro que te gustara.
Roxanne Mrquez: Ay, eso se irá viendo conforme se termine de desarrollar la historia, nah, en realidad está medio explicado en este cap. y si no queda claro ya se terminará de entender en el siguiente. Gracias por el comentario.
AhrielNut: ¡Yo tampoco me lo creo! xD es broma, se que estuve mucho tiempo sin actualizar pero la historia nunca estuvo abandonada, lo que pasa es que la vida se va metiendo por medio y la creatividad se va por la ventana. Muchas gracias por el apoyo, de verdad ;D
Espero que os guste el nuevo capítulo, si hay errores gramaticales pido perdón pero nunca releo así que si metí el dedo, metido se queda xD Nos leemos...
El sábado por la mañana Pansy se levantó temprano, su padre le había dicho que le enviaría un paquete y ella no quería recibirlo durante el desayuno, demasiados ojos curiosos por los que preocuparse. Así que, a las siete de la mañana se levantó de un salto, se vistió, se arrebujó en su capa de invierno y se dirigió directa a la lechucería. Llegó al edificio, vacío a aquellas horas de la mañana de un día festivo, y se puso a llamar a la lechuza de la familia con el ululato al que la habían acostumbrado. Inmediatamente un ave oscura se separó de las demás y se posó con delicadeza en su hombro, tendiéndole el pequeño paquete que llevaba atado a la pata. Pansy soltó el paquete con suavidad, aprovechando para acariciar las plumas del pecho del animal mientras le ofrecía algunas chucherías, cuando hubo soltado su correspondencia la dejó volar junto a sus congéneres para que pudiese descansar antes de emprender la vuelta a casa.
La joven se guardó el paquete en el bolsillo y salió del edificio, en el camino de vuelta vio a Malfoy que se dirigía a la lechucería, sin duda él también tendría paquetes "especiales" que recoger.
-¿Recogiendo una carta de tu novio, Parkinson?- Le dijo con en deje de burla en la voz.
-Yo no tengo novio, Malfoy.- Contestó pasando por su lado. –Pero apuesto a que tú sí que vienes a recoger las cartas de tu novio.- Le picó un ojo viendo cómo se ponía lívido pero siguió su camino sin inmutarse, regocijándose en su capacidad para sacarlo de quicio.
"No creo que sepa nada concreto, pero está claro que algo sospecha." Pensó con cierta preocupación por Hermione, pero relativamente tranquila al saber que ahora que había roto sus lazos con ella, la castaña estaba un poco más a salvo.
Se encerró en el baño de los prefectos con su paquete y lo abrió con cuidado, cogió la nota que le había mandado su padre dentro y la abrió.
"Pansy, te envío la muestra de la poción multijugos que has estado preparando en casa para que se la puedas mostrar al profesor Slughorn. Dile de mi parte que te mereces un sobresaliente."
Sonrió para sí, ya no había suma inquisidora y una botella tan pequeña no provocaría recelos, pero aun así su padre había preparado una pequeña charada en caso de que alguien que no fuese ella abriese el paquete. Sostuvo el diminuto envase a la altura de los ojos, todavía no había agregado el ingrediente final por lo que era de un color barro pastoso, era el frasco más pequeño que había encontrado, pero aun así no lo había llenado del todo, por la calidad de su poción sabía que tendría para una hora más o menos y eso era todo lo que iba a necesitar o al menos, eso era lo que esperaba.
Tenía algo parecido a un plan formado desde hacía unos días y cada vez le faltaban menos piezas para poder ponerlo en marcha. Se guardó la poción en la túnica y salió para ir a desayunar, pasó por la puerta, pero el gran comedor estaba prácticamente vacío y eso a ella no le convenía, pasó de largo dispuesta a esperar lo que fuese necesario hasta que la persona que buscaba apareciese para desayunar. Para su suerte sólo tuvo que esperar una media hora hasta que Potter, los Weasley, Longbottom, Lovegood y Granger pasaron cerca de ella, con cuidado se movió tras ellos, con la cabeza gacha e intentando no llamar su atención pasó por detrás de la pelirroja y vio un par de larguísimos pelos pelirrojo sobre su capa que parecían sueltos. Los cogió sin apenas rozarla y sin que ella se percatara, pero su suerte se acabó en el instante en que tropezó con Longbottom que se había quedado rezagado mirando en dirección contraria a la que venía ella a toda velocidad y con la cabeza agachada. Ambos cayeron al suelo en una amalgama de brazos, piernas y cabezas.
-¡Maldita sea!, ¿es que nunca miras por dónde vas?- Le gritó a Neville mientras aprovechaba para darle un par de manotazos en la cabeza, el pobre chico se encogió protegiéndose con los brazos.
-¡Lo siento!- Murmuraba bajo la furiosa Slytherin.
-¡Eh! ¡Tú! ¡Déjalo!- Escuchó cómo le gritaba el Weasley masculino. –Ya has hecho bastante daño, ¿no crees?-
-¡Cállate eructo de fénix!- Le contestó ella levantándose de un salto e intentando no mirar a su derecha para no ver a Granger. –Intentaba evitar este encontronazo hasta que esta acromántula patizamba se me ha cruzado.- Gritó señalando a Longbottom que se apartaba arrastrándose por el suelo.
-¿Pero tú quién coño te crees que eres?- Le gritó a su vez Weasley. -¿Piensas que puedes ir por ahí molestando…?-
Ron se cortó al sentir una mano que le apretaba con fuerza el antebrazo, ambos se giraron para ver quién interrumpía la discusión.
-Basta.- Dijo Hermione, con suavidad pero con firmeza. Pansy se encogió imperceptiblemente al verla tan cerca y no pudo evitar registrar cada una de las facciones de su rostro en la memoria, tratando de dilucidar su estado de ánimo, pero en vano. Su cara era una máscara digna de la Slytherin. Sin añadir nada más, soltó el brazo de su amigo y se marchó, provocando que todos los Gryffindor la siguieran, no sin antes llevarse una profunda mirada de odio por parte del pelirrojo.
Aprovechando la oportunidad de poder marcharse sin ningún cardenal nuevo, Pansy se alejó hacia su mesa sonriendo para sí misma, había matado dos pájaros de un tiro y por fin podría poner en marcha sus planes. Guardó los cabellos recogidos en un pequeño frasco que guardó junto a la poción multijugos, unos segundos después se sentaba a la mesa de su casa para desayunar con algunos Slytherin madrugadores.
Tras el desayuno salió disparada hacia su sala común, su idea era coger su mochila y encerrarse en el baño de los prefectos para que nadie interrumpiese sus tejemanejes, pero para su contrariedad se encontró con que el mundo estaba en su contra. Cuando entró en la sala se encontró de cara con Malfoy que parecía de un humor de perros, para variar.
-¡Parkinson!- La llamó cogiéndola del brazo. –Tenemos que hablar.- Le exigió empezando a tirar de ella, como si tuviese todo el derecho a hacerlo.
-Primero que nada, suéltame y no me vuelvas a tocar, en tu vida.- Gruñó Pansy apartando el brazo con violencia del agarre del rubio, que no esperaba tal reacción y se quedó mirándola con asombro. –Segundo, si quieres pedirme algo será mejor que lo hagas en un tono más apropiado.-
En un abrir y cerrar de ojos la tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo, todas las conversaciones suspendidas, todas las miradas fijas en ellos, todos los ocupantes de la sala conteniendo el aliento para presenciar el choque de dos trenes a toda potencia.
Desde el momento en que Pansy acudió a la mansión Malfoy y fue rechazada burdamente, había hecho una promesa consigo misma, y había decidido que no iba a soportar más los mangoneos del rubio, nunca sería ella la que buscara un enfrentamiento directo, pero no iba a ceder nunca más ante sus tonterías, por mucho que fuese su hermanastro secreto.
-¿Cómo te atreves a hablarme así?- Gruñó en voz baja acercándole la cara, tratando de intimidarla sin éxito.
-Fui voluntariamente a prestarte mi ayuda, pero dejaste muy claro en tu casa que no podía esperar ningún tipo de colaboración por tu parte. No estabas interesado en asociarte conmigo, según recuerdo.- Le contestó en el mismo tono de voz amenazante, acercando aún más sus rostros hasta que sus frentes casi se tocaban y clavando la mirada en sus ojos azules, sin siquiera pestañear. -¿Cómo te atreves TÚ a venir a exigirme nada?-
-No estás en situación de hablarme así, después de tu precaria actuación ante nuestro Señor deberías mostrarte mucho más humilde.- La voz le rezumaba odio y frustración con lo que Pansy se regodeó ampliamente.
-Estoy en la misma posición exacta que tú, Malfoy. Tengo mi propia tarea que cumplir, tengo mis propios problemas de los que preocuparme y solucionar, te ofrecí ayuda y la rechazaste, ésos son los hechos, así que ahora búscate la vida ¿entiendes? Y no te atrevas a amenazarme, nunca más en lo que te quede de existencia. ¿Está claro?- Podía ver cómo los ojos se le inyectaban en sangre al rubio y empezaba a temblar de ira apenas contenida, mientras ella mantenía la compostura, como siempre.
-Tal vez deba contarle al Señor Oscuro tu pequeño secreto, ¿no crees?- Amenazó con media sonrisa en la boca.
-No sé de qué demonios me estás hablando, sabes tan bien como todo el mundo que pasé la prueba de nuestro Señor, no estaría viva de no ser así, ¿o acaso es que el pequeño Draco se cree mejor que el Todopoderoso Señor Oscuro?- El tono de Pansy había bajado a un nivel que sólo el rubio frente a ella pudo escuchar sus palabras, pese a que todo el mundo escuchaba el intercambio de susurros y amenazas como si se tratase de un partido de tenis. –Sería peligroso para tu integridad física que ese pensamiento llegase a los oídos equivocados.-
-Te convendría no contrariarme Parkinson.- El tono del chico de repente era mucho menos amenazante y su voz había subido un par de octavas y, por una fracción de segundo, pudo ver cómo apartaba la mirada que hasta ese momento le había mantenido sin problema.
-¡No, Malfoy! Es a ti a quien no conviene contrariarme, ¿o acaso crees que eres el único que maneja secretos sucios?- Remató, inmediatamente Draco apartó los ojos, se puso rojo hasta la raíz del pelo y se marchó lanzando bravuconadas sin sentido para intentar mantener la dignidad.
"¡Maldita sea! ¿Qué cojones ha recibido éste por correo para ponerse así? Parece aterrorizado." Se preguntó, haciéndose el propósito de averiguarlo de ser posible.
Ella se quedó en su sitio sin moverse, cruzando los brazos sobre el pecho con superioridad, totalmente tranquila en apariencia y marcando el territorio, dejando claro que no toleraría idioteces de nadie. Cuando se hubo marchado el rubio se giró en redondo, provocando que todos los que la estaban mirando como si fuese algún tipo de animal extraño apartasen la mirada rápidamente y empezaran a hablar atropelladamente entre ellos, tratando de fingir normalidad. El barullo repentino le resultó a la morena estruendoso después de que tan sólo unos segundos antes se hubiese podido escuchar caer un alfiler al suelo.
Huelga decir que por dentro Pansy era todo un hervidero, notaba cómo la rabia, el asco y algo de miedo le fluían por las venas a toda velocidad. Se dejó caer en uno de los sillones de cuero negro con cara de aburrimiento y las piernas colgando por el reposabrazos, mientras aprovechaba para tratar de controlar el torrente de emociones y ponía en orden sus ideas. Todavía tenía mucho trabajo pendiente por hacer, no podía dejar que el maldito niñato alterase sus planes, pero su mente no paraba de divagar sobre las razones que podía tener para mostrarse así de alterado.
Sus planes estaban claros, tenía que centrarse en ellos y olvidarse del rubio, su padre le había pedido que cuidara de él, pero ahora mismo ni siquiera estaba segura de poder cuidar de sí misma, así que, con ese pensamiento en mente se levantó del sillón y se dirigió a su cuarto donde se encontró con Millicent que estaba sentada en su cama.
-Ey.- La saludó su amiga con una sonrisa, ella respondió con un gesto distraído de la cabeza mientras se agachaba. -¿Estás bien?- Le preguntó al ver que se encontraba ausente, Pansy no contestó si no que continuó buscando en su baúl como una autómata. -¡Oye!- Le gritó tirándole un cojín y dándole de lleno en la cabeza, la morena se quedó mirando al cojín agresor sin terminar de entender qué acababa de suceder. -¿Qué te pasa?- Le volvió a preguntar ya con un ataque de risa al ver la expresión perpleja de su cara.
Por fin, desvió la mirada del almohadón y la clavó en su amiga que se desternillaba de verla.
-No me pasa nada, idiota, estaba concentrada.- Le contestó fingiendo indignación, lo que provocó aún más risas y devolviéndole el cojinazo.
-¿Y en qué estás tan concentrada como para no escuchar lo que te dicen?- Preguntó Bulstrode en uno de sus escasos momentos de extrema lucidez.
-¿Sabes? Eso no es asunto tuyo.- Contestó Pansy, sin acritud, pero dejando claro que su amiga no debía husmear en sus asuntos.
-Entiendo.- Contestó en voz baja. –Sólo, dime una cosa.- Solicitó mirando a la morena con intensidad, ésta se giró para mantenerle la mirada. -¿Estás a salvo?- La preocupación era evidente en su tono de voz y Pansy no pudo evitar sentir un ramalazo de simpatía hacia ella.
-Todo lo a salvo que se puede estar ahora mismo.- Contestó, sabiendo que mentía, que era una de las personas que más peligro corría porque estaba en el punto de mira del Señor Oscuro. –Estamos al borde de una nueva guerra mágica, Mills.- Explicó mientras removía el contenido de su baúl sin verlo. –Cualquier persona puede morir en cualquier momento.- Añadió.
"Aunque obviamente algunas tenemos ese momento más cerca." Terminó la frase que no era capaz de decir en voz alta. "Si tan sólo pudiese mantener a mi padre y a Hermione a salvo, habrá valido la pena. Pero es tan difícil mantenerlos a salvo a los dos."
-¿Harás todo lo que puedas para no ser tú una de esas personas?-
-Créeme que lo intento, Mills, lo intento con todas mis ganas.- Contestó volviendo su atención de nuevo a su baúl y localizando la caja de calderos de chocolate que compró en la última excursión a Hogsmade. -¡Ajá! Aquí estaban.- Exclamó, sacándolos victoriosa.
-¡Eh! Comparte.- Le exigió Millicent extendiendo la mano con una mirada golosa.
-¡De eso nada!- Replicó Pansy acercando la caja de chocolates a su pecho de forma protectora. –Éstos no son para comer, al menos no nosotras.- Sonrió.
-¡Oh! Son para…- Afirmó Bullstrode haciendo gestos con la mano.
-No, Mills, hemos roto. Yo, he roto. No era seguro…, bueno tú ya sabes.- Aclaró Pansy con seriedad y mirando al suelo. –Es, otra cosa muy distinta.-
-…- El silencio se hizo en la habitación pese a que la morena pudo ver cómo su amiga abría y cerraba la boca innumerables veces, intentando encontrar las palabras, finalmente se conformó con lo primero que le había venido a la cabeza. –Lo siento, Pans.- Dijo por fin en voz baja. –Debe ser duro.-
-Por supuesto que no.- Contestó con altivez y mucho más rígida que un segundo antes. –Es por su propio bien.- O eso mismo se repetía ella a cada minuto del día para poder justificar su decisión.
-Está bien, tranquila.- Le cortó su amiga antes de que se enfadase con ella sin motivo.
-De todos modos, tengo que irme.- Zanjó Pansy, dándose también cuenta de que estaba al borde del cabreo, aunque sabía bien lo que intentaba esconder tras ese arranque de mal genio. –Nos vemos luego.- Se despidió de forma cortante y seca mientras recogía los calderos de chocolate y los materiales que había sacado de su baúl, los metía en su mochila, comprobaba sus bolsillos para asegurarse de que las pociones continuaban allí y se marchaba sin una sola palabra más.
-Alguien está irritable.- Murmuró Millicent una vez hubo abandonado el cuarto y volviendo a sus asuntos.
Pansy a su vez ya volaba por los pasillos en dirección a la gárgola de la entrada, había pensado en usar el baño de los prefectos, pero no le parecía cómodo así que se encaminó al séptimo piso, era probable que Malfoy estuviese trabajando en la sala de los menesteres, pero si no quería encontrarse con él, no tenía por qué hacerlo.
Una vez llegó a la puerta, no pudo evitar recordar el uso que le habían dado Hermione y ella y sintió como si un puño le apretase el corazón con una fuerza espantosa. Se alejó un poco de la puerta y trató de tranquilizarse, respirando profundamente y enjugándose las pequeñas lágrimas que se le habían acumulado en los ojos. Suspiró y se sacudió, tomó aire y pasó por la estatua de Barnabás El Chiflado tres veces, concentrándose profundamente en una sala en la que pudiese realizar su tarea de forma cómoda.
Al finalizar el tercer pase vio cómo se materializaba la puerta frente a sus narices, siempre se asombraba de que aquello pudiese suceder de una forma tan perfecta y acompasada. Abrió la puerta con decisión y la cerró a cal y canto a su espalda. La sala era pequeña, pero estaba bien iluminada, tanto con luz solar, de la que Pansy no tenía ni idea de dónde llegaba, como con velas. Frente a la puerta, contra la pared del fondo había un escritorio amplio y a la derecha un caldero al lado de una estantería perfectamente equipada para hacer casi cualquier poción y con un juego de báscula y pesas de gran precisión. Al lado contrario una estantería que cubría toda esa pared estaba llena de libros de consulta en caso necesario. Una pluma a vuelapluma descansaba junto a un tintero y un pergamino sobre el protector del escritorio.
-Mierda, tendría que haber venido aquí a hacer la maldita redacción de McGonagall el año pasado.- Renegó Pansy entre dientes al ver tan bien surtido cuarto de estudios. –Muy bien, manos a la obra.-
Se descolgó la mochila y la lanzó junto al escritorio sin demasiada gracia y quedó hecha un gurruño al pie de la silla. Abrió la cartera y sacó los calderos de chocolate, abrió la caja y estuvo un buen rato seleccionando los más enteros y separándolos mientras se comía el resto. Sacó una lámina grande de papel celofán de color rojo intenso y lo extendió sobre la mesa, sacó el pequeño vial con su sangre dentro y empezó a rebuscar una jeringuilla con la que poder inocular la poción dentro de los calderos de chocolate. Abrió el primer cajón del escritorio que un segundo antes no estaba allí y la encontró, la jeringuilla con su correspondiente émbolo y la aguja con una funda de plástico protegiéndola. La sacó y la montó en unos segundos y se puso manos a la obra. Fue metódicamente, uno a uno, cogía un caldero del montón que había hecho previamente, le inyectaba la dosis de poción precisa para que el hechizo pudiese tener éxito y lo colocaba sobre el papel de celofán rojo. Cuando tuvo todos los calderos "preñados", levantó el papel alrededor haciendo una pequeña bolsa, procurando que quedase recta y aseada, sujetó los cuatro extremos con una goma por encima y sacó una gruesa cinta dorada con la que cerró el paquete con un amplio lazo, con otra cinta más estrecha y unas tijeras hizo unos tirabuzones que decoraban la bolsa, con sumo cuidado colocó un pelo rojo y larguísimo entre las cintas y procuró que pareciese que se había enganchado ahí por error y sin que su dueña se percatase. Con el paquete preparado se puso a hacer más manualidades, en una cartulina de color rojo recortó un corazón en el que, con pegamento y purpurina dorada, escribió las iniciales de Potter donde, procuró también con el mayor de los cuidados, pegar el otro cabello que había cogido de la túnica de la chica Weasley. Ató con cuidado el corazón al pequeño hatillo y contempló orgullosa su obra. Finalmente, para darle el último toque de gracia, sacó un bote del mismo perfume que usaba Ginny y roció el paquete con cuidado de que no pareciese demasiado evidente.
-Bueno, primera parte preparada.- Dijo para sí, sacando el vial en el que guardaba la poción multijugos, sacó el cabello que había logrado robar y lo echó en la poción. De inmediato el marrón lodoso y espeso de la poción se convirtió en un verde intenso, un verde muy bonito del tono de las praderas, de hecho, el olor que despedía era un intenso perfume a hierba que por un instante transportó a Pansy al verano anterior. -¡Um!- Murmuró. –Quién me iba a decir que olías tan bien, Longbottom.- Cerró el frasquito y lo guardó de nuevo en el bolsillo, sabía cuándo debía usarlo y todavía no era el momento, en apenas unas horas podría averiguar a qué sabía el Gryffindor.
Miró la hora y se dio cuenta de que se había perdido la comida, maldiciendo en voz baja embutió los materiales restantes en la mochila y guardó el paquete especial para Potter en el bolsillo mágico de su capa, no quería que nadie la viese con la cesta porque su plan se iría al garete antes de empezar.
Tenía hambre y hasta el amanecer del día siguiente no podría continuar con su plan, de modo que bajó hasta el vestíbulo y ahí se dirigió a las escaleras que iban hacia la sala común de Hufflepuff pero se desvió hacia la cocina, cogió algo para comer y se marchó hacia el patio, dándole vueltas a sus problemas. Pese al frío había varios grupos de estudiantes jugando a Gobstones y charlando tranquilamente. Ella se dirigía hacia un rincón sin hablar con nadie cuando pudo ver a Hermione de espaldas a ella, sola en un banco, leyendo un libro. Se quedó de pie, dubitativa, había un pequeño detalle en su plan que aún no había pulido, y tenía dos opciones, hablar con ella y convencerla de que la ayudase o pasarse horas esperando escondida a poder conseguir lo que quería.
"Si intentase hablar con ella me escucharía, estoy segura." Pensó Pansy sin poder apartar la mirada, hipnotizada por la espalda de la Gryffindor que leía ajena a la morena. "Podría sentarme a su lado y oler su perfume y ver su cara y su sonrisa, podría disculparme por haber sido tan cruel cuando la dejé, podría pedirle que me ayudase, y sé que lo haría. Podría decirle lo hermosa que es y lo que la amo, podría rozar su mano, podría explicarle el por qué es necesario que estemos separadas, podría sincerarme con ella. Podría abrazarla sin necesidad de escondernos, sentir su cuerpo contra el mío, aspirar la fragancia de su cabello, podría contarle la misión que me han encomendado, podría decirle que Potter estará a salvo conmigo, podría explicarle lo que estuve haciendo para ayudar a Malfoy, podría explicarle lo muy poco que sé sobre los planes del Señor Oscuro, o en su defecto los de mi padre. Podría besarla delante de toda la escuela sin preocupación alguna, perderme en sus preciosos ojos marrones tan oscuros, podría pedirle que me llevase con ella, que nos fugásemos las dos juntas, podría rogarle que no me odie, que me quiera y que esté conmigo. Podría pedirle que pasase el resto de su vida conmigo…"
Sin siquiera pensar en lo que hacía dio dos pasos en su dirección antes de pararse en seco y cerrar los puños con fuerza, darse la vuelta y marcharse con rapidez. Tenía que proteger a su familia, tenía que dar la cara por su padre que ya la había dado por ella innumerables veces, no podía dejarlos morir sin más, aunque su cabeza estuviese pendiendo de un hilo muy fino.
Dejó pasar la tarde deambulando por el castillo, al parecer sin un propósito fijo. En realidad, había estado observando los rincones más oscuros cercanos a la puerta de acceso a la sala común de Gryffindor. Para su desgracia, ninguno dio la contraseña lo suficientemente fuerte como para que ella pudiese escucharla. Al final pudo encontrar una zona más oscura, aunque no tanto como a ella le gustaría, y desde luego, no tan cerca de la puerta como debiera.
Con una ligera idea en mente sobre lo que podría hacer bajó a cenar con rapidez, quería acabar pronto para subir otra vez lo antes posible, adoptar su forma animal y esconderse en la zona en penumbra. Una vez se hubo situado con mucho cuidado de no ser vista por el cuadro vigilante, pasó un buen rato completamente quieta hasta que empezó a escuchar el rumor de pasos, los primeros Gryffindor se acercaron al retrato de la Señora Gorda.
-Abstinencia.- Dijeron en voz no muy alta, para asombro de Pansy pudo oírlos a la perfección.
-No.- Respondió la mujer del cuadro. -Esa era la contraseña hasta esta tarde, pero he hablado con los prefectos y la hemos cambiado, toda la tarde ha estado rondando por aquí una estudiante de Slytherin y nunca se es demasiado precavido. Id a buscar a un prefecto para que os de la nueva.-
"La madre que la parió." Pensó Pansy sin dar crédito a lo que oía. "Y yo que creía que esta señora era una beoda irresponsable que no veía más allá de su lienzo."
-Diffidentiae.- Dijo Hermione que llegaba casi corriendo tras lo estudiantes menores para dar la contraseña.
-Eso es otra cosa.- Sonrió la Señora Gorda mientras se echaba a un lado y dejaba pasar al pequeño grupo de estudiantes que se había formado en el corto espacio de tiempo que había tardado Hermione en llegar.
"Desconfianza en latín." Pensó Pansy sonriendo. "Porque sospecha es demasiado sencillo y obvio. Buen intento, pero he tenido más suerte de la habitual."
Esperó a que el pasillo quedara vacío, lo que tardó un rato exasperantemente largo, y entonces salió de su escondrijo con cuidado de que la Señora Gorda no la viera, si no media escuela acabaría persiguiéndola en dos minutos. Nunca más dudaría de su capacidad para custodiar la puerta de la torre de Gryffindor.
Una vez se hubo alejado del cuadro vigía volvió a su forma humana y caminó presurosa hasta su sala común, donde pudo ver a Malfoy en un rincón maldiciendo en voz baja, estaba aún más pálido de lo habitual, despeinado y ojeroso, la miró unos segundos con cara de reproche, después volvió a sus asuntos. Por segunda vez en el día se preguntó qué demonios le podía pasar y por segunda vez en el día se dijo que ya tenía suficiente en su plato como para preocuparse por él, la promesa que le había hecho a su padre había quedado relegada en su lista mental de tareas, siendo la principal proteger a su propio padre.
Sin más se dirigió a su habitación, al día siguiente era domingo, pero tenía que madrugar para poder ultimar los últimos detalles de su plan, una vez cumpliese sus objetivos podría espiar a Potter desde cualquier sitio y podría tenerlo controlado para el Señor Tenebroso, de este modo podría demostrar su valía. La habitación estaba vacía, de modo que antes de acostarse preparó lo que iba a necesitar la mañana siguiente, sacó su capa con bolsillos mágicos donde había guardado la cesta de calderos de chocolate para Potter y la dejó sobre el baúl a los pies de la cama, metió la mano en el bolsillo de su capa normal y sacó el pequeño vial con poción multijugos concentrada con esencia de Longbottom y la guardó en el cajón de su mesita, a su lado dejó un frasco muy pequeño vacío, un alfiler y su poción blanquinosa para curar heridas, de un doble fondo de su baúl sacó un uniforme masculino de Gryffindor que había comprado durante las Navidades, repasó los objetivos y trató de predecir cualquier posible escenario y cómo reaccionar a ellos. Sabía que por mucho que tratase de anticiparse a los problemas seguramente se le plantearía aquel que no había contemplado y para el que no tenía una solución rápida, pero era un ejercicio de concentración que la ayudaba mucho a mantenerse tranquila y preparada. Después de hacer unos cuantos ejercicios de respiración decidió acostarse para poder levantarse a las cinco de la mañana.
Al día siguiente se despertó un poco antes de la hora, pero decidió que era mejor llegar pronto que tarde, de modo que se levantó y se vistió en un silencio absoluto, lo único que se escuchaba en el cuarto eran los ligeros ronquidos de Millicent. Se puso la capa sobre el uniforme de Gryffindor y se la cerró hasta el cuello para asegurarse de que nadie pudiese ver los colores que vestía, cogió los viales y la aguja que había dejado en el cajón y salió a la sala común, donde, para su alivio, no había nadie.
Caminó con rapidez y llegó al piso de Gryffindor en unos minutos, consultó su reloj y pudo ver que llegaba con un poco de tiempo de sobra, por lo que se escondió en el mismo sitio que el día anterior a esperar la salida de Longbottom. Por suerte para ella, el chico no se olvidaba de sus obligaciones como ayudante de cuidador de los invernaderos y unos pocos minutos después salía con cara de sueño. Pansy sabía que tenía algo más de una hora para cumplir sus objetivos desde ese mismo momento, se quedó esperando un minuto dándole tiempo a desaparecer por la escalera y se tomó la poción multijugos. Unos segundos después notó que había crecido un poco y su mano era bastante más grande, más basta y mucho menos cuidada. Sin tiempo para regodearse en su éxito, se abrió un poco la capa y se acercó al cuadro de la Señora Gorda.
- Diffidentiae.- Se escuchó decir en una voz más grave que la suya. La mujer que habitaba el cuadro abrió un ojo con pereza al escuchar su voz.
-¿Pero no acabas de salir?- Le preguntó con la voz rasposa y cargada de sueño.
-Sí, pero me he olvidado unas herramientas dentro.- Contestó retorciéndose las manos con nerviosismo, como había visto hacer al propio Longbottom cientos de veces. –Siento molestar.- Añadió en un susurro, a lo que la Señora ya contestó con un suspiro de resignación y se hizo a un lado mientras volvía a cerrar los ojos para seguir con su sueño.
Mientras cruzaba el umbral a la sala común de Gryffindor, Pansy tachó mentalmente las tareas que ya había realizado mientras repasaba las que aún le quedaban. Entró en una sala común vacía por lo que respiró aliviada, las cinco y media de la mañana de un domingo era la hora perfecta para no encontrar a nadie, recordaba la escalera de los cuartos de las chicas de su visita a Hermione por lo que subió por la otra con rapidez pero en silencio, casi con movimientos felinos. Llegó al piso correspondiente a su curso y abrió la puerta con todo el cuidado del mundo, entró entrecerrando la puerta a su espalda, encendió la varita y vio una cama vacía junto a la puerta, en la cama de al lado sobresalía una cabellera pelirroja por encima de las mantas por lo que dedujo que la siguiente cama era la que correspondía a Potter.
Se quedó de pie unos segundos en la puerta, observando las cuatro camas ocupadas, asegurándose de que ninguno de ellos estaba despierto, escuchó con atención hasta que pudo percibir las tres respiraciones profundas y los ronquidos de Weasley.
"Este tío es la molestia personificada." Pensó con irritación. "El jodío molesta hasta cuando respira, tendría que dejar de hacerlo, si le tapase la boca y la nariz ahora en un momentito..."
Sacudió la cabeza, olvidándose del sentimiento de odio hacia el sudor de trol que roncaba tranquilamente, se acercó a la cama de Potter, hurgó en el bolsillo mágico y sacó la cesta de calderos de chocolate y la puso sobre su mesilla de noche con la tarjeta en dirección a la almohada para que fuese lo primero que viese nada más levantarse. Le lanzó un desmaius para asegurarse que no se despertaba, le destapó lo justo para poder encontrar uno de sus brazos y le sacó la mano de entre las sábanas, cogió la aguja y estaba a punto de pincharle cuando escuchó que uno de los chicos carraspeaba y se removía a su derecha, la luz se hizo en la habitación un segundo después. Rápidamente apagó la varita y se agachó usando la cama de Potter como parapeto y evitar que Dean Thomas la viera mientras se levantaba con los ojos casi cerrados. Una cosa era tener la cara de Longbottom para poder justificar su presencia en la habitación y otra muy distinta encontrarse a Neville reclinado sobre Potter con una aguja en la mano.
"Por favor que no vea la cesta." Rogó Pansy tirada en el suelo, pero sin suerte, unos segundos después vio cómo el chico se acercaba a su posición así que se tiró al suelo y rodó debajo de la cama sin hacer ruido mientras maldecía mentalmente a Dean.
Desde debajo de la cama pudo escuchar cómo se reía entre dientes y decía algo como "será rompecorazones" ante lo que Pansy tuvo que reprimir las ganas de vomitar que le entraron. Justo después se giró y vio cómo se marchaba arrastrando los pies hacia la puerta, en cuanto salió, abandonó reptando su escondite para terminar lo antes posible, ya que deducía que el chico había ido al baño. Cogió la mano de Potter de nuevo y le dio un pinchazo con la aguja, apretó el dedo con fuerza para que la sangre saliese más deprisa y, mientras se acumulaba, abrió con la otra mano el pequeño vial vacío que había llevado consigo para poder contener la puñetera sangre del puñetero niño elegido.
"Le he dejado el dedo como un puto colador." Pensó sonriendo y mirando el dedo ensangrentado, al final había tenido que darle varios pinchazos para poder obtener la sangre suficiente. Cerró el vial y lo guardó en el bolsillo con rapidez con una mano mientras con la otra le limpiaba el dedo de sangre y empezaba a abrir la poción cicatrizadora, en condiciones normales la aplicaría con cuidado y precisión pero en la situación en la que estaba necesitaba rapidez porque ya podía escuchar los pasos arrastrados de Thomas al otro lado de la puerta, así que le metió toda la punta del dedo en el frasco haciéndose una nota mental para tirar el resto de la poción en cuanto llegase a su habitación, sin apenas tiempo lanzó la mano de Potter sobre el colchón y le subió las mantas de un fuerte tirón, se tumbó sobre su varita para no tener que apagarla y se estaba volviendo a esconder cuando vio cómo la puerta empezaba a moverse.
"Son más de las seis." Pensó con nerviosismo. "Como el hijo de Trol este no se duerma rápido se va a pasar el efecto de la poción y buena suerte saliendo de la torre de Gryffindor con tu cara normal intacta, Pansy." Se reprochó, debería haber previsto algo así, debería haber preparado otro vial con poción multijugos para tener una hora extra en caso de necesidad.
Vio cómo los pies de Thomas se dirigían a su cama y lo escuchó suspirar de gusto al volver a meterse en la cama, reptó hacia la izquierda para poder espiar por debajo de las sábanas de Potter.
Los minutos pasaban y Pansy veía a Dean dar vueltas y más vueltas en su cama mientras lo maldecía en silencio, los nervios estaban a punto de explotarle porque veía cómo sus preciosos minutos se iban consumiendo a la velocidad del rayo.
"Espera, ¿eso ha sido la cama al moverse?" Se preguntó tras un sonido estruendoso. "¿O ha sido…?"
Su pregunta quedó respondida cuando vio al chico sacudir las cubiertas para airear el interior de la cama. Con rapidez se tapó la boca para ayudarse a contener una carcajada que casi se le escapa.
"Con razón me ha dado tiempo a hacerlo todo." Pensó Pansy en mitad de un ataque de risa histérica silencioso, sabía que la risa le había dado tanto por su extraño sentido del humor como por los nervios y por lo absurdo de la situación y, aunque estaba controlando el ruido, no podía contener las lágrimas que caían a borbotones por la cara prestada de Neville Longbottom tumbado bajo la cama de un inconsciente Harry Potter.
Cuando por fin pudo controlarse, ya hacía unos minutos que Thomas había dejado de moverse y había apagado la luz, de modo que empezó a abandonar su escondite en silencio. Recogió todos los viales y la aguja y los guardó en el bolsillo de la capa a toda prisa.
Mientras estaba agachada recogiendo sus cosas escuchó una voz rasposa a su espalda.
-Harry, ¿qué narices haces?-
"Mierda, no me había dado cuenta de que había dejado de roncar." Se maldijo Pansy.
-Soy Neville.- Dijo esperando que no se le notasen los nervios en la voz. –Es que se me ha caído la recordadora y ha rodado hasta aquí.- Añadió levantándose y sonriendo a Weasley. –Duérmete, ya me voy.- Le dijo a modo de despedida mientras se dirigía a la puerta, salió y Pansy se tranquilizó al pensar que seguramente el Pogrebin colorado no recordaría nada por la mañana.
Salió de la habitación y bajó corriendo las escaleras, ya eran casi las siete menos cuarto de la mañana por lo que su poción ya había durado un cuarto de hora más de lo esperado. Cuando llegó a la sala común encontró a varios Gryffindor rondando por allí, así que bajó la cabeza y trató de llegar a la puerta sin hablar con nadie, no podía seguir jugándosela. Estaba llegando a la puerta cuando una figura la interceptó, para su desaire vio a Hermione cuando levantó la cabeza.
-Buenos días, Neville.- Le dijo sonriendo. –Hoy has terminado pronto en los invernaderos, ¿no?-
-Eh, sí, esto, sí, sí, no había mucho trabajo.- Murmuró mirándola a la cara.
Hermione la miró fijamente a los ojos y de repente pareció perder todo el color de la cara, Pansy se palpó el rostro tratando de comprobar si el cambio había empezado a revertirse.
-Los ojos.- Le dijo la castaña en un murmullo.
-No he hecho nada malo.- Le dijo con rapidez, también en voz baja.
-Aún.- Puntualizó la castaña con el ceño fruncido.
-¡No! No voy a hacer nada malo, te lo prometo. Sólo intento proteger a mi familia.- El rostro de Hermione se suavizó levemente y asintió de un modo apenas perceptible.
-Vete, rápido. No durará mucho.- Le cogió la manga de la túnica y tiró de ella hacia la puerta, abrió y se asomó. –Neville no está cerca, date prisa y escóndete. Ten cuidado.- Algo le decía a Pansy que esa última orden no se refería a Longbottom, precisamente.
-Gracias.- Logró farfullar Pansy mientras salía por el retrato de la Señora Gorda a toda velocidad. "Te quiero." Añadió para sí misma.
Bajó corriendo un par de tramos de escalera, por suerte todavía no había mucha gente por los pasillos así que logró entrar a medio transformar en un baño de chicas sin que nadie la viera. Se miró al espejo, sus facciones todavía mezcladas con las del Gryffindor, pero ya empezando a ser reconocibles. Esperó a que la transformación se desvaneciese por completo, se quitó el chaleco con los colores rivales y lo guardó en el bolsillo mágico, se puso la túnica por encima y fue a su habitación para poder cambiarse y terminar la poción para ligar su conciencia con la de Potter.
Llegó a su cuarto exhausta y con unas ganas enormes de echarse a dormir, pero sabía que no era posible, así que se cambió aprovechando que sus compañeras seguían dormidas y salió corriendo en dirección a la sala de los menesteres, entró en el mismo estudio de la otra vez y se preparó con diligencia los materiales para la poción. Iba a ser un día muy largo, por suerte sólo tenía que pensar en comida para que le apareciese.
