CAPÍTULO 13 - RECUERDOS
El campo se volvió a llenar de flores. Una bella sacerdotisa vestida con un kimono blanco tocaba el arpa, embriagándole con suaves melodías. Necesitaba acercarse a ella, preguntarle su nombre.
— Me llamo Kikyo — dijo, como si le hubiese leído el pensamiento.
El nombre le resultaba demasiado familiar. ¿De verdad era ella? La recordaba vagamente. Ya casi no podía reconocer su voz.
— Inuyasha... se equivocan. ¡No es ella!
— ¡Kikyo! ¿A qué te refieres?
Corrió hacia la bella sacerdotisa. Necesitaba respuestas.
— ¿Te refieres a Kagome?
Kikyo lo miró tiernamente.
— ¡Kagomeeee!
Inuyasha despertó al notar una bofetada en su rostro.
— Menos mal que te has despertado. — Sango, la exterminadora de demonios, parecía muy preocupada por su amigo.
— ¿Qué ha pasado?
— Llevas un buen rato inconsciente — interrumpió Miroku, el monje. — Podría estar relacionado con la pérdida de tus poderes de Yokai.
Inuyasha se miró el pelo, completamente oscuro. Sus manos y orejas eran humanas.
— He tenido otro sueño...
— ¿Has vuelto a soñar con Kikyo? — Sango no ocultaba su indignación. — ¿Vas a encontrarte con Kagome y no se te ocurre otra cosa que pensar en tu ex?
— ¡No es lo que parece! — exclamó con enfado. — Me ha vuelto a advertir de algo. Creo que estaba relacionado con Kagome.
Sango y Miroku lo miraron, con cara de circunstancias.
— Huum... interesante. ¿Y qué te decía? — preguntó el monje, tocándose la barbilla con los dedos.
— Dice que no es ella — contestó el Hanyo. — ¿Es posible que no sea ella la que corre peligro? No entiendo nada.
La conversación fue interrumpida por Yuna, que acababa de llegar con una gran maleta.
— Bienvenidos a Tokio.
Los tres amigos la miraron, recelosos.
— ¿Tú eres Yuna? — preguntó Inuyasha. — Irasue nos dijo que vendrías a buscarnos.
Sango y Miroku miraban a su alrededor mientras su amigo dialogaba con la mujer. Se encontraban en un gran parque, rodeados de árboles. Estaba anocheciendo, pero casi no se vislumbraban las estrellas. La contaminación lumínica había hecho estragos en la era moderna.
Se alejaron a unos metros para observar las maravillas de la evolución humana. Kagome les había explicado alguna vez, vagamente, ya que pensaba que cualquier información podía alterar el transcurso de la historia, pero no era comparable a lo que se había imaginado. Era todo tan impresionante. La humanidad era impresionante.
— ¡Mira mamá! Esos señores visten raro — se atrevió a decir un chiquillo que no tendría más de cinco años.
— ¡Calla hijo! Vámonos de aquí — dijo la madre, asustada.
Sango estaba indignada.
— ¿Te puedes creer que nos tienen miedo? Vale que nuestra ropa es diferente a la que solía llevar Kagome. Pero no como para asustarse de nosotros.
— Cálmate, Sango. Es normal. Recuerda lo que pensamos cuando vimos a Kagome por primera vez.
Miraron más allá del parque, donde había una gran carretera por la que circulaban todo tipo de vehículos.
— Hace mucho ruido aquí. Y me cuesta respirar por culpa del humo.
Sango se había dejado el boomerang en la época feudal, pues no hubiese servido de gran cosa al perder los poderes de yokai. Miroku no la escuchaba. Se había quedado embelesado mirando un sugerente poster con una modelo en ropa interior.
— ¿En serio te pones a mirar eso, ahora? ¡Monje pervertido!
Inuyasha los interrumpió en plena discusión.
— ¿Queréis calmaros de una vez? Parecéis niños. Yuna me ha dado instrucciones sobre cómo poder alojarnos aquí en Tokio...
El monje y la exterminadora lo miraron, con ganas de saber más.
— A mí me hubiese gustado ir al templo donde vivía Kagome, pero Yuna me ha confirmado que no está allí. Tampoco nos recomienda que vayamos por la propia seguridad de su familia... — dijo el Hanyo, con seriedad.
— Es normal. No deberían implicarse en esto. Además, tampoco creo que sea conveniente hacerles saber que Kagome se encuentra en peligro — respondió Sango, con sensatez.
Inuyasha les explicó que Kagome se encontraba en otro continente, muy lejos de Japón. Tendrían que viajar en modernos aparatos voladores e intentar seguir las pistas en un país donde ni siquiera hablaban su idioma.
— Esto va a ser peor que cazar demonios... — sentenció Miroku.
— Por suerte yo he viajado varias veces al futuro. Y tenemos a Yuna que nos puede guiar.
— ¿Te fías de ella? — preguntó Sango.
— No nos queda otra opción si queremos encontrar a Kagome. La necesitan viva, al menos por ahora. Así que de momento nuestro objetivo es el mismo. — Inuyasha los miró con resignación. No tenían más remedio que confiar en aquella mujer. — Tiene contacto con Sesshomaru. Me ha dicho que Kagome está a salvo, de momento. Pero el ejército de Kirinmaru la está buscando.
— Yo no sé si con Sesshomaru va a estar muy a salvo. A aquel demonio no le importan los humanos en absoluto — dijo Sango.
— Mientras crea que su madre tiene a Rin, procurará mantenerla con vida — respondió Inuyasha.
En aquel momento, el Hanyo se alegró de que no existiesen Yokais en la era moderna, aún a riesgo de no ser tan fuerte por su condición humana.
Yuna les había entregado una maleta con ropa, comida y dinero. La mujer les comentó que deberían haberse adaptado primero a la era moderna, antes de comenzar la búsqueda de Kagome. Pero no había tiempo. Inuyasha y sus amigos viajarían a Londres lo antes posible para ayudar al Daiyokai a escaparse del ejército de Kirinmaru.
— Mañana por la mañana vendré con unos billetes de avión y unos pasaportes — dijo Yuna. —Tenéis que estar preparados ante cualquier sospecha. También os enseñaré a usar las armas que lleváis en la maleta. No las toquéis bajo ninguna circunstancia, ¿de acuerdo?
— Descuida — respondió Inuyasha.
Yuna los acompañó al hotel, que no estaba muy lejos del parque donde habían aparecido. Sango observaba a su alrededor, completamente impresionada por las luces, los colores, la vestimenta de las personas y cualquier otro objeto que no existía en su época. Miroku parecía impasible ante todas las novedades, y ajeno a los susurros y habladurías de la gente.
— ¡Por fin una cama de verdad! — exclamó Sango — ¡Qué sábanas más suaves! ¡Qué mullida! — La exterminadora, al llegar a la habitación de hotel, no daba crédito a la agradable sensación de poder estar en un hogar con ropa limpia y agua caliente. Lo veía un auténtico avance.
Inuyasha observó una de las camas, pensativo. Le recordaba a la habitación de Kagome, donde tantas veces había estado acompañándola en sus estudios, o haciéndole de vigía mientras dormía. Una melancólica sensación se apoderó de él, después de haberse pasado tantos años intentando enterrar sus recuerdos sin éxito. Yuna le había dicho que se encontraba a salvo con su hermano, pero no podían tener contacto. Las tecnologías de la época impedían usar cualquier tipo de comunicación para no ser rastreados por los enemigos. Era demasiado duro tenerla en la misma época y no poder estar con ella, poder abrazarla o sentir su olor. ¿Qué estaría haciendo ella? ¿Le habrían dicho que venía en su búsqueda? Suspiró por unos segundos antes de encender el agua caliente para darse un baño. Lo necesitaba...
Yuna les dejó solos. Sango, alucinada con la televisión, deshacía la maleta mientras escuchaba las noticias que en realidad poco le importaban, ya que no tenían nada que ver con el Sengoku.
— ¡Esta ropa es preciosa! Me recuerda tanto a Kagome... — Sango preparó unos pantalones tejanos azules con un jersei de cuello alto morado y ropa interior. Decidió escoger la ropa a su marido, también.
— ¿En serio me tengo que poner eso? — Miroku miraba su ropa interior, sorprendido. — ¿Seguro que no me hará daño?
— ¡No seas cobarde, monje! Después de bañarnos, nos ponemos esta ropa y salimos a cenar algo. Yuna nos ha dicho que justo en frente hay una casa de comidas.
— No hemos de llamar la atención, Sango.
— Pero algo tendremos que comer, ¿no?
— Cierto
La pareja fue interrumpida por Inuyasha, que salía del baño.
— ¿He escuchado comida? ¡Me muero de hambre!
— ¡Sí! — exclamó la exterminadora, contenta de que el Hanyo la apoyase.
— ¡Daos prisa en el baño! Vayamos a cenar.
Inuyasha se miró en el espejo, dubitativo. Se sentía extraño con la vestimenta que había escogido Yuna para él. Era la primera vez que vestía algo diferente que no fuese el kimono de rata de fuego. No tenía mucho sentido seguir llevándola si había perdido su poder al traspasar el portal del tiempo. Llevaba unos pantalones vaqueros, un jersey rojo y una cazadora para el frío. Se ató el cabello, pensando que así luciría más discreto. Tenían que pasar desapercibidos para no ser interceptados por los enemigos.
Pensó en el enigmático sueño que había tenido.
"¿Qué me quieres decir, Kikyo? Me estás intentando advertir de algo, ¿verdad?"
Se estiró en una de las camas, mirando al techo. Se encontraba muy cansado. ¿Sería por haber traspasado el portal del tiempo? ¿por haber perdido sus poderes de Yokai? Sango y Miroku parecían tener suficiente energía y él no. Los párpados le pesaban demasiado. Luchó contra ellos un buen rato hasta que, irremediablemente, se quedó dormido.
"Inuyasha... no es ella. Recuérdalo."
Muchas gracias por vuestras reviews! 3
Me inspiran a seguir con la historia... ;)
El próximo capítulo se centrará en el POV de Sesshomaru, antes y después del beso en The Castle.
Contesto algunas cosas:
Faby Sama: Sesshomaru baja un poco la guardia. La humanidad y el alcohol, mezclados, pueden hacer estragos xD. En el próximo capítulo se verán las verdaderas intenciones de Sara y si realmente es como ella dice. Pero sí. Nada es lo que parece. Hemos de tener en cuenta que hace relativamente poco que Sesshomaru y Kagome han empezado a interactuar. No pueden sentir amor (aún), pero sí una cierta atracción con la que les cuesta lidiar, teniendo en cuenta que Sessh odia a los humanos y Kagome no se ha olvidado de Inuyasha.
Chippe: Jajaja! Exacto. De carros de acero sabe mucho nuestro Inu 3
Yami96: El próximo capítulo, como se centrará en Sesshomaru, podremos ver un poco su punto de vista ante los hechos que acontecieron en el capítulo 12. Y sí. Está claro que el encuentro entre el triángulo amoroso va a ser un poco tenso, jijjiji.
Nos leemos! 3
