"El único destino es seguir navegando en paz y en calma hacia el siguiente naufragio."

-José Emilio Pacheco-


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Capítulo XXVIII:

Después de dejar su casa, la que Hanji le insinuó que abandonó, regresó a la Corporación porque recordó los papeles que dejó sin revisar por la llamada de Gretchen. De ahí en adelante todo se fue por un tubo maltrecho y mohoso que eran las situaciones resultantes; su disparatada fragmentación con Dave y la hostilidad emergente con Hanji.

Todo desdoblado en esa imaginaria telaraña malvada, que en cada movimiento que hacía se enroscaba aún más en ella, asfixiándose: la telaraña lo asfixiaba. ¡No! En la realidad eran sus pensamientos circulares, sus sentimientos de tristeza… sentía la agitación en el pecho y la sensación de querer salir a respirar a la azotea... de acercarse peligrosamente a la baranda y respirar con más fuerza la vara de metal como si estuviera de nuevo en la telaraña enroscado que no lo dejaba respirar. Agarró con ímpetu el barandal, frío y duro al tacto, solo aferrado a ello como figurando su soporte. Luego, con las manos aún prendidas en el barandal se dejó caer de rodillas al suelo, su cabeza la dejó caer como pavo rebanado del pescuezo.

Dejó de oír el transitar de la vida en la ciudad —refiérase a los autos, las sirenas de policías y las casi inexistentes voces que tal vez pudiese escuchar a esa altura—, levantó la cabeza y miró a través de las varillas de metal; la noche en su pleno apogeo, estrellas dispersas sobre su cabeza. Las náuseas estaban ahí, en su estómago. Y si ahora no estuviese atravesando por una crisis es muy probable que se sentara en silencio consigo mismo para observarlas y preguntarles si acaso no sienten la soledad allá arriba.

La boca le tembló y se llevó ahí mismo las manos. Vomitó casi nada en la maceta, apenas fluidos viscosos marrones por el té que ingirió antes. De pronto sintió una mano tenderse en su hombro y un pañuelo de tela cerca de su rostro.

—¿Cuánto hace que estás ahí parada? —. Inquirió y se limpió la boca. Se sentó en el suelo y escondió su rostro con sus manos dándole la espalda todavía a ella.

—No mucho—. Dijo Nifa. se incorporó de nuevo en su sitio. —¿Necesita que llame a un médico?

—No será necesario.

—¿Está seguro? —. Insistió. Levi se giró hacia ella, la piel pálida y los ojos extenuados no pasaron nada desapercibidos para ella.

—Creo que mejor sería… agenda una cita con Fromm.

Una vez superada la oleada de emociones que le generaron malestar físico se decidió en enfrentar a quien hubiese divulgado la errónea información, distorsionada tal vez. Ya era un poco tarde, sin embargo, eso no le importó y tocó el timbre de manera impaciente. Listo con el entrecejo fruncido esperando a que la puerta se abriera. Escuchó un silbido tras la puerta, Levi ahora estaba un poco enojado, molesto para no tildar su estado de algo súper grave.

Resopló un poco fuerte por la nariz, la mujer frente suyo lo notó, pero no se acobardó o achicó. Más bien le sonrió tras la máscara de agua que tenía embarrada en el cutis, le habló y casi lo indujo a entrar agarrándolo del brazo. Cerró la puerta y se largó al baño a lavarse la cara, no le dio un segundo para amonestarle algo.

Recorrió la sala y, el olor a limón originario tal vez de un limpiador para piso, se abría paso en él dejando una primera impresión de comodidad, pero era solo eso, acompañado con la buena pinta de orden que tenía el apartamento que en infraestructura era casi igual al suyo pero la decoración hacía gala a una diferenciación y la esencia a rosas que de algún lugar se evaporaba.

Advirtió la presencia de Frieda de nuevo en la sala, vestida con un pijama holgado.

—¿Por qué andas insinuando a mis hijos sobre un hermano para ellos? —. Preguntó sin voltear a verla.

—¿Cómo dice? —Se acomodó el cabello hacia atrás.

—No tengo que volverte a preguntar sé que escuchaste bien—. La enfrentó mirándola a la cara.

—Sí, pero no entiendo cuál es la relevancia o ¿el problema? —. Comentó sin dejar de parecer relajada ante sus palabras. —No creo haber dicho algo malo, sino todo lo contrario—. Inquirió y se sentó en la silla del comedor, tenía encima una tela en dónde parecía que practicaba costuras.

Levi estaba dispuesto a marcharse, pero no lo haría porque necesitaba dejarle a ella la situación clarísima. Caminó con pasos pesados hasta el comedor y casi sin inmutarse, pero con gramos de reticencia se sentó frente a ella, la veía volver a agarrar la aguja con el hilo.

—Por supuesto que dijiste algo estúpido, considerando tus anteriores acciones—. Espetó un poco molesto.

Frieda pareció sorprendida ante sus palabras, alzó una ceja y siguió insertando la aguja en la tela para continuar la serie del cocido. Se pasó la lengua por los labios humedeciéndolos, pensó y advirtió una situación. Habló sin dejar de poner atención en la costura:

—No me diga que… hmm… podría tener sentido—. Dijo como si hablase para ella. — Créame que no lo dije con la intención de formar un rumor…

—¿Para qué lo dijiste? —Preguntó demandante.

—Solo fue una impresión mía al verlos juntos, tiene unos hijos adorables—. Comentó, pero la sonrisa se le estancó porque su serie de costura parecía dañarse, lo volvió un lío.

—¿Sabes lo que ocasionó tu impresión? —. Preguntó, su voz sonó un poco sarcástica.

—Pregunta demasiado, señor Levi—. Comentó sin prestarle mayor atención puesto que estaba muy enfocada en resolver el desastre de costura que tenía.

—Dame eso—. Pronunció y le arrebató la tela, haciéndose cargo de deshilvanar el desastre. —Tsk. ¿cómo es que no puedes hacer algo tan simple?

—Estoy aprendiendo, se supone que debería ser válido equivocarme—. Comentó, colocó los codos en la superficie de la mesa y las manos como apoyo para su rostro: deleitándose con la destreza manual que Levi, sin intención, le mostraba en la costura.

—Aprende más rápido—. Dijo sin mirarla. — Tu padre y yo tenemos muchos vínculos, y sin necesidad de inmiscuir nada con él me veo en la gratísima situación de informarte que no hagas uso de comentarios nacidos de tus impresiones¿Lo tienes claro? —. Preguntó lo último con un tono de voz más bien duro.

La aludida se dejó caer en la mesa, fingiendo cansancio. Sintió la tela de nuevo a su lado por lo cual levantó la cabeza, lo miró levantarse y ella tuvo la necesidad de inventar algo. Bueno, no lo haría, pero también tenía dudas que pensar.

—¿Significa que me disculpa?

—Quien sabe. ¿Qué haz hecho para merecerlo?

—Le escribí una nota—. Comentó y gesticuló con las manos.

—Aja. Despreocúpate. En realidad, no me interesa más el otro asunto—. Dijo caminando hacia la puerta.

Frieda se levantó, lo persiguió y lo tomó de la muñeca.

—Para cortar el tema, ¿Por qué no me deja invitarlo a un té? Tengo agua caliente lista.

—Gracias, pero ya me iba. No tengo tiempo—. Respondió tratando de alcanzar la puerta.

—Vamos no sea modesto—. Dijo y lo zarandeó un poco del brazo. Él se volteó hacia ella un poco irritado.

—¿No sabes cuándo dejar de insistir?

—No—. Respondió burlona, cargada de pillería de infante.

—¿Qué es lo que quieres de mí? —. Preguntó hostigado. Soltándose del agarre de Frieda y mirándola severamente. Preparaba en su mente una buena respuesta para darle según lo que ella le respondiera.

Quizás pasaron segundos entre los dos, segundos en que ella pasó divagando una respuesta limpia. Frente a ella, él no pestañeaba, ni hacía ademán por retirarse: lo cual le permitía apreciar que se tomaba en serio la respuesta que ella pudiera articular. Respiró, se mojó los labios a punto de hablar:

—¿Es sexo? —. Le preguntó Levi dejándola con las palabras truncadas.

—No necesariamente solo eso—. Agregó y se rio tapándose la boca con el brazo.

—Buscas en la persona incorrecta. Pero creo que no sabes discernir bien en tus elecciones, como sea, establece tus prioridades.

Finalizó, se dio la vuelta.

—Dije que no necesariamente solo eso, o sea sexo. ¿No puedo conocerlo mejor? —. Insistió.

—¿Qué te ha hecho pensar que yo podría estar interesado en ti? —. Preguntó aún de espaldas.

—Pregunta mucho—. Repitió alejándose a la barra de la cocina, notó que Levi la seguía con la mirada. —Aquella noche cuando lo volví a ver después de unos años, me refiero a la cena con mi padre y mi hermana, usted me observaba mucho ¿Me lo va a negar? Y bueno, ciertamente me propulsó también a míralo y fijarme en usted.

Ella tenía las ganas inmensas de decir mucho más, porque primero fue solo cosa de atracción por unas miradas, pero luego pasó a un replanteamiento de sus necesidades a conveniencia. Porque parecía que nadie supiera lo que en realidad ella buscaba cuando decidió dejar la vida del modelaje, porque estaba cansada de las fiestas, los pseudo amigos, y los amores de volada. Como si quisiera asentarse como una señora de hogar, entregada a personas reducidas y ¿Por qué no? Emprender un propio negocio.

Tenía miedo de comentar sus intenciones y que alguien se le riera en la cara, por la seriedad que ameritaba por supuesto.

—Ya veo—. Susurró Levi, todavía parado cerca de la puerta. —Pero te equivocas, yo no te miraba de la misma forma que tú. El comportamiento infantil y meloso que tienes hacia tu hermana, ciertamente, me recuerda al de mi hija.

Frieda derramó un poco de agua.

—¡No me puede decir eso! —. Exclamó y luego estalló en una risotada.

—Sí puedo—. Agregó monótono y se volvió a escuchar una risa como respuesta. Giró la perilla de la puerta. Se escuchó a su espalda: «Okey, empecemos de nuevo».

Las revistas de chismes no le fueron jamás de interés, lo único que salía allí era la vida estrafalaria de los famosos. Rumores, fiestas, peleas. De vez en cuando tenían alguna noticia interesante, pero eso era escaso y a ella tampoco le interesaba leer nada que no sea productivo para su conocimiento. Por lo que ese día se sorprendía a sí misma observando un ejemplar, pero no se arrepentía para nada de haberla agarrado del puesto de periódicos por la portada; no preguntó el precio, solo extendió un billete y se alejó del hombre enjuto dueño del puesto. Llegó casi arrastrando los pies a su trabajo y se encerró en el baño de damas. Parada se dispuso a abrir la revista de golpe en el número de página que se dictaminaba en la portada junto a la fotografía. De un momento a otro sus manos temblaban, no sabía si era por coraje o la desilusión, los celos podrían pasar a relucir también. Mientras leía, el golpeteo en su corazón casi lo escuchaba por todo su cuerpo; resonándole en las mejillas, en la garganta, en la mano, en el estómago y los pies: una sensación poderosa necesaria de regularizar.

Sin ser plenamente consciente iba arrugando la revista en cada segundo que aumentaba la lectura, las disparatadas conjeturas y todo lo que pasó por su imaginación; suponiendo escenarios, conversaciones, besos y caricias que no deseaba más ver ni escuchar —en esa mente fantasiosa— cerró los ojos y arrojó la revista como porquería a la podredumbre. Se tapó la boca como queriendo esconder un quejido, no quería que nadie la escuchara o de lo contrario le preguntarían algo que no deseaba responder.

La culpa la asedió terriblemente, pero luego comenzó por idear su propio mecanismo para sobrevivir a la oleada de emociones negativas que experimentaba. Agarró la revista ya arrugada del piso y la guardó en su bolso, salió del cubículo del inodoro pasó a los lavabos. Se miró la cara extenuada compadeciéndose a sí misma de su sufrir, entablando una conversación mental consigo en donde buscaba de manera urgente algo por hacer.

Se lavó el rostro, se secó con su bufanda y salió del baño. Notó la presencia de Moblit a unos cuantos pasos de ella, mirándola inquisidor, dudoso pero decidido a hablar.

—No luces bien hoy—. Le comentó Moblit caminando despacio a su lado. Se dirigían a la cafetería.

—¿Lo crees? —. Se rumió los labios.

—Quienes te vieron entrar también opinan lo que yo. ¿Puedo ayudarte? —. Preguntó sin dejar de mirarle el rostro recién lavado recayendo en los ojos ligeramente rojos que ella tenía en la nada.

—¿Cómo podrías ayudarme? —. Quiso saber, antes de siquiera plantearse qué decirle.

—Primero dime qué sucede, después: veremos qué se puede hacer—. Se sentó en una de las mesas que estaban apartadas de las demás.

El olor al café recién colado le removió las vísceras a Hanji.

—Creo que sé lo que debo hacer, pero me rehúso Moblit—. Suspiró contra su bolso en la mesa.

Al entendimiento de Moblit, su amiga estaba seguramente muy triste. Él se rascó la mejilla y su atención fue a parar hacia el ventanal detrás de ella, al semáforo en rojo que angustiaba a los conductores atrasados. Extendió el brazo por sobre la mesa y llevó su mano hasta el antebrazo de Hanji, la apretujó un poco y le sonrió.

—¿Y qué es lo que sabes que debes hacer? —. Preguntó manteniendo esa ligera sonrisa de complicidad, ella le devolvió el gesto, pero en vez de complicidad su sonrisa delataba cansancio.

Los cristales de sus lentes tenían unas gotas de agua, asumía serían del lavabo.

Ella se zafó muy despacio de su agarre liviano y buscó en su bolso aquella revista maltrecha. Moblit se mostró curioso y luego sorprendido por una de las fotografías en la portada de la revista: en un espacio considerable resaltaba la imagen del ex esposo de su amiga junto a una mujer joven y que el encabezado profesaba: "De los inmaduros a los maduros de negocio. ¿Su nuevo romance?" miró a Hanji bajando un poco la revista, ella le insinuó leer el artículo farandulero.

"De los inmaduros a los maduros de negocio. ¿Su nuevo romance?

Mucho se ha rumoreado acerca del retiro repentino de Frieda de las pasarelas, y

tras terminar su anterior relación que estuvo sujeta al dominio público, ahora

se la ha captado junto a un hombre mucho mayor a ella: nos referimos

al empresario Levi Rivaille, propietario principal de Corp. Rivaille

y empresas de renombre a nivel nacional e internacional de quien se sabe es socio

del padre de Frieda.

Cabe resaltar que el empresario se encuentra divorciado y

viviendo fuera de su mansión; en un condominio de prestigio en el centro de la ciudad,

donde coincidentemente Frieda acaba de adquirir un apartamento.

La cámara los ha captado juntos en una mañana de deporte en el Central Park, también

saliendo de lo que se presume una cena con la familia Reiss, además de llegar juntos al

condominio.

Fuentes confiables nos informaron acerca de un altercado con la antigua pareja

emocional de Frieda, en dicho altercado ella fue protegida por el empresario y últimamente

se los ve salir juntos del condominio.

¿Qué piensa usted?"

Hitch Dreyse

(Reportera de farándula)

Moblit repasó cada una de las fotografías de las que el artículo hacía mención y volvió a mirar a su amiga tras bajar la revista, cerrarla y dejarla de lado en la mesa. Exhaló aire.

—Bien, ¿Qué se supone que sabes que debes hacer? En este instante lo que me importa es que pienses con la mente fría.

—Lo sé.

—Empecemos a trabajar—. Repuso Moblit con simpatía y comprensión hacia ella. Si había algo de que hablar sería cuando la viera más estable.

Al final de la jornada retomaron su conversación, una distante y fría conversación. Porque Moblit empezó a percibir un cambio rígido en Hanji, quería asegurarse que no fuese a hacer algo impertinente por lo cual fue directo con ella preguntándole (más bien entrometiéndose) sobre que era lo que ella pensaba hacer; Hanji le respondió muy divertida que no haría nada.

La delicada burbuja de silencio de Levi se vio terriblemente afectada tras la publicación de aquel artículo que en nada le convenía a él. Estaba muy molesto por la intromisión de los medios, en parte había olvidado la vida mediática de Frieda. Ahora, aquello le generaba una gran pisada en las vísceras desde que llegó a sus manos dicha revista. Además, su asistente no había parado de recibir llamadas solicitando una entrevista al "maduro empresario" por lo cual la mujer no se molestaba ya en preguntarle su opinión porque sabría la respuesta a ciencia puesta.

Más tarde, alguno que otro reportero de farándula comenzaron a acecharlo cuando necesitó salir de la corporación. Indudablemente un día latoso para él: tener que ocuparse de sus propias obligaciones y preocupaciones como para andar al pendiente de un montón de gente interesada en saber de él y su "relación" como ellos la matizaban con Frieda Reiss.

Para añadir a la situación: Rod se apareció en su oficina desplegando un encanto amistoso del cual Levi no se lo creía del todo. Lo observó sentarse frente al escritorio, tras las hojas que estaba leyendo, las bajó para poder hablar bien no porque estuviera escondiendo su rostro. Carraspeó dudoso, y le extendió la mano al hombre en forma de saludo.

—No teníamos previsto un encuentro hoy—. Inquirió Levi. —Estoy algo ocupado para las visitas sociales.

—Hazme una excepción, solo he venido a decirte algo: no le hagas caso a Ulklin en lo que te pueda decir. A él no le agradó en lo absoluto lo que tienes con mi hija—. Comentó alzando sus hombros.

Frente a frente, Levi torció sus ojos hacia atrás ante semejante comunicado y petición. ¿Acaso todo el mundo parecía confabulado para inventar una verdad no cierta? Palmeó con fuerza medida el vidrio que protegía la madera de su escritorio. Se movió el bolígrafo junto a su mano.

—Tsk. No sé de qué cosa hablas, no tengo nada con tu hija. Esta revista tonta no hace más que crear rumores…

—¡Ahh! Deja eso ya, yo sé que Frieda está grandecita y confío en sus decisiones—. Habló y pensó: «Ahora, ahora sí. Porque no ha hecho más que sacarme disgustos». Se pasó la mano por el mentón recorriendo la placa con el nombre de Levi en el escritorio. —No creas que no me fijado en cómo ella te mira, va, llévenlo con calma.

El hombre pareció divertido, estrujándose los labios entre sí, dejó a Levi hablando solo:

—¡Maldito viejo! ¡¿Me oyes?!

—Aja—. Exclamó jocoso desde la puerta. Se retiró relamiéndose los pensamientos, y pensar que Frieda no le daría más angustias… ¡Como sea! Restaba Historia, casarla con un billonario sería cosa sencilla de manejar.

Mientras él caminaba seguro y firme, riendo para sus adentros, a quien dejó sumido en el coraje de su despacho solitario desvariaba maldiciendo las circunstancias. Cuando se hubo calmado decidió ponerle fin a cualquier intento de mentiras en su vida, de por sí, era enemigo de que alguien se inmiscuyese en temas de índole personal suya. ¡Demandaría a la revista! ¡A la tal Hicth! Y a cualquiera que se acercase a él con las intenciones de entrevistarlo si no era por temas de negocio.

Frente al espejo del baño de su oficina recapituló y respiró.

No quería más escándalos a su vida.

Solo quería estar en relativa paz.

Un hecho curioso sucedió, Levi, quien tenía el teléfono de Dave en su posesión lo revisó cuando sonó una notificación de mensaje. Abrió el cajón de su escritorio donde lo guardaba (desde que él lo tenía lo llevaba a todos lados como si fuese suyo), lo tomó y abrió el buzón encontrando la no tan grata intromisión a su paz: un mensaje de Smith, oh, que fastidio. Decía algo así como para concretar una invitación al parque de diversiones en el centro comercial. Levi arrugó los labios y cerró el cajón dejando dentro el teléfono condenado. Se recostó en su sillón y puso las manos entrelazadas en su regazo, cerró los ojos: la imagen de ese tipo enseguida lo asediaba, tenía la urgente necesidad de estamparle un puñete a través de su mente ilusoria. ¿Por qué no hacerlo realidad? Riò Levi entre dientes, burlándose de la situación y de él, de Smith.

Sacó el teléfono y buscó anteriores mensajes de Dave hacia el sujeto aquel, buscó palabras que fueran típicas de Dave como: "Profesor Smith" y la forma de despedida "Lo veré luego" y llegó hasta tratarlo de "usted" con tal que sonara como si fuese su hijo quien respondiera.

¿Funcionaría?

La respuesta inmediata de Erwin le había dado a entender que sí.

Después de unos días sufribles pareciera como si lo fuera a agarrar de saco de boxeo. ¡Quien diría! Él no. La malicia lo había llenado de inmediato, se acarició la barbilla y puso en marcha terminar algunos pendientes, pues, necesitaba tiempo libre para más tarde.

Pero su mala pasada seguía hacia la cima, Smith no apareció al encuentro en el dichoso parque del centro comercial. Revisó a cada momento el teléfono de Dave por un mensaje de parte de él, eso tampoco fue posible. Se revolvió el cabello en el auto, dio un tirón al volante. Lo muy seguro sería que hubiera sospechado de algo, Levi se molestó y llamó a su casa (esperaba que Hanji no fuese quien contestase), al final la señora Clarisse le dijo que Dave debería estar en su clase extra.

Más noche, supo por boca de Gretchen que Dave no había llegado a casa a la misma hora de siempre, pero que estaba con el señor Sebastián solo eso. Y ella tampoco mencionó nada del artículo de la revista, supondría que no sabía o simplemente dejó pasar el asunto.

En fin, tenía la espina de que Smith se encontraba con su hijo. Pero por no empeorar la situación con Dave prefirió —tragándose su orgullo— seguir esperando a que estuviese más calmado. Igual que él, porque Levi seguía enojado con su hijo por la razón de no permitirle hablar y lo demás que había hecho.

Se encontraba sentado al borde de la cama en su apartamento, ya era muy tarde por la noche, tenía consigo el Ipad que usaba Dave para dibujar y la cámara fotográfica. Empezó por tomar el Ipad, revisó lo que tenía allí: algunos trazos, dibujos sin colorear, no comprendía con exactitud algunos, pero sí que le parecían bastantes producidos. Quizás algo surrealistas, no le preocupaba. Tomó el lápiz óptico y empezó a trazar unas líneas complementarias, lo suyo no era el dibujo, pero completaría unas rayas. El instrumento le supo a dificultad, pero luego se acostumbró.

Después tomó la cámara y empezó a fotografiar su realidad inmediata, caminó al ventanal cerrado: su reflejo en el vidrio. Click.

En fin, ya venía siendo hora de que ambos charlaran y que le dejara la situación en claro, al igual que lo haría con Hanji.

Click. Sonrió esperando devolverle la cámara pronto a su hijo.

Siendo natural de los rumores la rapidez con la cual se extienden en el colectivo de personas, esto llegó hasta Nanaba y se preguntó cómo estaría Hanji. Decidió en visitarla al día siguiente, fue a buscarla a su casa y la encontró tranquila disfrutando del agua fría en la piscina. Aunque pueda parecer normal… a Nanaba le hacía pensar que Hanji actuaba extraño. Demasiada calma, ¿A qué se debería? Quizás al hecho de que ya había llorado lo necesario, quizás porque había aceptado las cosas como lo eran o quizás porque se cansó de todo ello. O mas bien por todo lo antes mencionado, como sea, ahí estaba una nueva versión apacible de su amiga.

—Deberías traer tu traje de baño para una próxima, ¡anímate! —. Dijo Hanji a Nanaba mientras salía de la piscina, su ropa se escurría en agua. No usaba bikini ni algo que se le asemeje, solo un short y una bividi.

—Okey, quizás me sirva para relajar las futuras contracciones—. Respondió llevando su mirada a su vientre hinchado.

Hanji se sentó a su lado, en la silla de piscina. Le sonrió y se envolvió el cuerpo en una toalla blanca. Se quedaron un poco en silencio, todavía hacía sol, pero calor para nada. Nanaba agarró una copa con jugo que le brindaron, la tomó con delicadeza y se llevó el borde a los labios.

—Hoy voy a salir a un bar—. Anunció Hanji. —Te hubiera dicho para salir, pero no puedes beber—. Bromeó, llevando su mano al vientre de Nanaba quien se acarreó la mano al pecho fingiendo estar ofendida.

—Dame unos dos años y saldremos de nuevo—. Agarró en un solo puño la mano de Hanji. —¿Con quién irás?

—Con Riko, Ian y Moblit—. Enumeró con los dedos.

—¿Moblit? Se va a beber las jarras completas—. Se carcajeó. — ¿Y Mike?

—Pensé que quizás no querría ir porque tú no vas—. Dio un respingo al notar la interrogativa en el rostro de su amiga. — ¿Será? ¿Lo invito? —Se llevó el índice a la barbilla en una acción de pensar.

—Se va a ofender de verdad sino lo haces—. Comentó burlona y deshizo el agarre en la mano de Hanji. —Lo llamo ahora si deseas—. Inquirió tanteando a ciegas sobre la superficie de la mesita donde dejó la copa. —¡Oh! Dejé mi bolso en la sala.

—Entremos, me debo bañar bien y arreglarme un poco—. Dijo con aires pretenciosos, sonrió cómplice hacia Nanaba. —¿Qué? Solo me sé poner labial y rubor: eso es a lo que llamo "arreglarme un poco".

—¿Quieres que te ayude con eso? —. Preguntó Nanaba, se agarró al brazo de Hanji en lo cual ambas iban juntas caminando, pero con el jugo en la mano libre.

—Solo un poco Nanaba, ya sabes que no me gusta tanto polvo y pintura en la cara: es pesado—. Comentó y se arregló la toalla de nuevo al cuerpo. Escuchó un murmullo de aprobación por parte de su amiga lo cual la llevó a sentirse tranquila.

Fueron dejando de lado el área de la piscina y atravesaron el bello jardín coronado en flores.

—Será nuestro sábado de horas de chicas bueno ya: señoras, hasta que te vayas.

—Se escucha fantástico. Mmm… Dave dentro de poco llegará también, el señor Sebastián fue a recogerlo de sus clases porque yo ya me había metido a la piscina.

Antes de que entraran por la puerta que conducía directo a la cocina (porque Hanji quería un bocadillo salado) escucharon un vehículo llegar a la mansión, y aunque no estaban del lado del frente un poco se podía escuchar de ese auto. A Hanji le palpitó el corazón por distinguir aquel sonido, que se apresuró a entrar a la cocina e ir directo a la puerta principal, Nanaba iba tras suyo con un ritmo más despacio al caminar.

En el frente, cerca a la pileta de agua terminaba Levi de estacionarse, segundos después bajó Dave caminando muy apresurado sin regresar a mirar atrás. Hanji presentía lo que sucedía. Lo confirmó cuando otro vehículo se estacionó detrás, dejando ver el auto que usaba el señor Sebastián.

—¿Qué? ¿Qué pasa cariñito mío? —. Preguntó Hanji a Dave una vez estuvo frente a ella, la abrazó. —Espera, te vas a mojar la ropa. ¿Cómo estuvieron las clases?

—Bien, mi padre me dijo que podía practicar con él, pero no le respondí nada en todo el camino y de verdad creo que está muy enojado—. Dijo, parecía como si ya no le tomara mucho interés.

Hanji regresó la mirada al frente: Levi no daba señales de bajarse, solo apagó el auto y estaba ahí mirando a la nada.

—Oh, ya no te preocupes por eso. Se le pasará. Sube a tu cuarto, te llevaré galletas y leche. Gretchen está un poco indispuesta, creo que son cólicos menstruales por si quieres ir a verla para que no te avientes a jugar con ella. ¿Entendido?

—Sí, mamá—. Dijo y besó la mejilla de Hanji. —Hola señora Nanaba. —Besó a la rubia en la mejilla también.

—Ow. Estás creciendo Dave, la próxima traeré a Raylee, por ahora sigue castigada—. Dijo manteniendo el aire jocoso para no tensar el ambiente.

Dave se rio muy breve y siguió caminando hacia las escaleras.

El señor Sebastián entró haciendo que Hanji se sobresaltara pues pensaba que sería Levi. Soltó un bufido de alivio y agarró a Nanaba de la mano para llevársela hacia su habitación. Recordó que le prometió a Dave leche y galletas por lo cual se desviaron a la cocina, le ofreció a Nanaba unos dulces para comer y preparó un plato con choco chips y un vaso de cristal con leche de almendra.

—Le envié un mensaje a Mike, esperemos a ver si se anima—. Dijo Nanaba observando a Hanji de refilón, parecía apurada.

—Oh, genial. Espero diga que sí.

Para cuando salieron de la cocina escucharon el sonido de la puerta abrirse y cerrarse, un sonido que retumbó seco en los oídos de Hanji. Se tranquilizó cuando sintió las manos de Nanaba en su cabello que escurría agua.

—¿Levi se fue? —. Preguntó como en un susurro sin poder ocultar las ansias por saber y es que sin pretenderlo ella se estaba poniendo un poco nerviosa por la tensión.

—Espero—. Silbó Hanji avanzando hacia las escaleras, sin embargo, se vio abruptamente sorprendida por ver a Levi parado junto a las escaleras con las manos en los bolsillos, como si estuviese esperándola a ella.

—Nanaba está aquí—. Dijo Levi, reparando su atención en la aludida.

—Hola Levi, gusto en verte al tiempo—. Respondió a su comentario, manteniendo su postura amigable.

—Seguro algún día por fin hagamos la parrillada que tanto quiere Mike—. Removió las manos de sus bolsillos un poco inseguro.

Hanji no sabía que hacer o decir y lo primero que hizo fue seguir caminando en dirección a las escaleras con el plato de galletas y el vaso de leche.

—Estoy segura—. Repuso Nanaba.

—Nanaba, ¿Podrías dejarme a solas con Hanji? Lamento entrometerme en su convivencia, es necesario—. Comentó haciendo uso de la calma, su voz ronca se mantenía igual.

Hanji se detuvo en medio de las escaleras.

—Oh, oh… pues…—Murmuró Nanaba.

—¿Qué deseas conmigo Levi? Voy a estar ocupada a partir de ahora con Nanaba—. Terció Hanji y siguió subiendo las escaleras.

—¿No es evidente? —. Preguntó Levi ahora dirigiéndose a ella en la cima de la escalera.

—Si quieren puedo dejarlos solos…

—No, no… Nana. Se me haría un poco tarde luego. Estoy segura de que Levi puede esperar un poco, si es que necesita hablar conmigo. ¿Verdad, Levi? —. Preguntó Hanji levantando las cejas y manteniéndose, aparentemente, serena.

Unos segundos de silencio mientras esperaban una respuesta por parte de Levi propiciaban a que el reloj de cuerdas resonará más fuerte en la estancia.

—Estaré en la perrera—. Convino Levi en decir, retirándose para ir a aquel lugar construido para las mascotas.

—Nana, ven…— Se quejó Hanji sin prestar atención a la respuesta de Levi, lo cual le pareció causar malestar en él.

Una hora y media después Levi seguía en la perrera, sentado en un asiento rústico de cemento y piedrillas mientras Rod obedecía sus órdenes de sentarse, darle la pata, hacer una voltereta o algún truco más parecido. Y aunque disfrutaba acariciarle el hocico a su perro, le dolían los glúteos y la espera por hablar con Hanji no era nada buena.

Antes, fue en busca de Gretchen pero la encontró dormida y bien cubierta. Observó que en la mesita de noche tenía una taza de té que no se terminó y una caja de analgésicos abierta. Tenía ganas de quedarse en la antesala de esa habitación, sin embargo, prefirió regresar a la perrera porque creía que Hanji iría ahí. ¿Estaba mal por pensar así? Con todo lo que la había esperado bien podía haber realizado cosas más productivas, sencillamente, la mente se le había quedado en blanco.

También tuvo el gran impulso por insistir a Dave y su orgullo de hombre contra hombre se lo impidió. No quería verse arrastrado hacia él, que lo manejara a como quisiera… no, más le faltaba. La oferta de la paliza volvió a su memoria como un embate, agitó la cabeza para alejar esos pensamientos.

En su soledad se encontró a sí mismo como ajeno a esa casa, fuera de lugar y un completo extraño al no saber con exactitud que podría hacer para dejar de sentirse torpe en el acto de la espera.

Y, mientras él seguía esperando, Dave salió de su habitación en busca de Hanji la cual le pidió que la esperara un poco más porque estaba ocupada en cosas de señoras con Nanaba. Por lo cual se fue a con Gretchen, y se acostó a su lado tratando de no moverse demasiado para no despertarla.

Sabía que su madre iba a salir esa noche, ella se lo había comentado y no tenía ninguna queja. Pero desde el balcón había notado que el auto de su padre seguía allí, por la tanto debería de andar rondando la casa y eso le daba intranquilidad.

Porque después de su altercado y el visible intento por charlar de su padre frustrado, pues, no sabía hasta cuando no daría su brazo a torcer. Suspiró contra la frazada melón de Gretchen y cerró los ojos, como queriendo dormirse en un instante.

Por otro lado, Nanaba casi terminaba de ayudar a Hanji maquillándose porque al final fue la misma castaña quien le pidió que hiciera uso de más maquillaje —el cual había tomado prestado de Gretchen— en ella y se preguntaba si eso estaba relacionado con el hecho de que Levi se encontraba en la casa, esperando como perro enjaulado a hablar con ella.

Pero aquel perro se hastió de la espera y fue en su búsqueda, respirando hasta diez en cada dos series.

—¡Oe Hanji! ¿Hasta qué hora te espero? —. Inquirió un poco molesto abriendo la puerta de par en par de la habitación.

Nanaba miró a su amiga, quien le pidió con la mirada que mejor sería que ella descansara.

—¿Por qué la prisa Levi? —. Preguntó Hanji mirándose en el espejo, dándole la espalda al fulano y acabando de arreglarse el cabello en una coleta.

Terminó colocándose los lentes, sonrió gustosa frente a su imagen.

—No tengo toda la noche—. Dijo desde la puerta, y en lo que parecía querer calmarse.

—Yo tampoco, es más, Moblit ya viene en camino a recogerme—. Habló alto sin dejar de mirarse en el espejo, agarró una botella de colonia y se roció un poco del contenido en el cuello.

—Me estás haciendo perder el tiempo—. Respondió secamente.

Hanji se volteó finalmente hacia él, ella mantenía sus labios juntos y pegados en una hermosa sonrisa de tranquilidad.

—Lo siento Levi, bueno ya dime qué es lo que quieres decirme—. Indicó y se levantó en busca de unos zapatos en el closet.

Casi podía jurar que encontró una reacción diferente en el rostro de Levi al verla a ella: sorpresa, debería ser.

—Mike ya viene por mí Hanji, entonces será en otra ocasión que salgas con él. Les daré espacio, voy abajo. Chao Hanji, Levi…—. Dijo e hizo a él un gesto con la mano para despedirse.

—Gracias Nana—. Dijo Hanji, aun buscando unos zapatos que se ajustaran a su necesidad.

Ella no eligió algo extravagante para lucir esa noche, como un vestido de lentejuelas rojo y con mucho escote o negro que daría una ilusión acentuada de peligro. No, Hanji eligió vestirse sencilla y como a ella le nacía ser, la comodidad ante todo prevalecía. Llevaba puesto un pantalón blanco ajustado, una blusa sencilla café y cuando saliera se colocaría la blazer encima. Lo que resaltaba ahora en su imagen era el uso de joyería, antes a más de un reloj y su anillo de matrimonio no usaba nada más, esa noche tenía puestos aretes de oro pequeños, un collar fino con una piedra como dije, una pulsera muy grácil que era a juego con el collar y un anillo que llevaba una piedra incrustada que sobresalía. Además de ello, su maquillaje era más atrevido; labios rojos, sombra oscura en los párpados, entre otros detalles interesantes a la vista.

Tal vez no sea extravagante su cambió, pero por muy poco que fuera se abría paso a la diferenciación de un antes y después, y si que tenía aquello bien marcado.

Y muy seguro para Levi resonó en sus pupilas y sensaciones.

—Bien, ¿De qué quieres hablar? Dime ya Levi. Te dije que Moblit viene por mí.

—¿A dónde vas?

—¿Te importa?

—Es solo una pregunta, si no quieres no me respondas. Córtalo ahí…

—Mmm… bueno como quieras.

—¿Ah?

—¿Qué es lo quieres decirme Levi?

Y Levi se sintió reacio a la actitud de Hanji, quería que le respondiera a dónde iría, pero ya que no lo hizo no podía insistir. Avanzó hasta el sillón de Hanji y se sentó y colocó las manos sobre sus muslos, adoptando una postura de quién se muestra franco y presto a dialogar. Ya no era la actitud ligeramente reverberada de hace unos instantes. La miró, ella le sostuvo la mirada resguardándose en su pintura en los ojos.

—Voy a ser directo contigo Hanji: quiero estar bien con mi hijo y para llegar a eso primero debo estar bien contigo.

—Estamos bien, Levi—. Comentó Hanji, en el fondo trataba de amortiguar un impacto.

—No, no estamos bien. ¿Por qué lo niegas?

—¿Por qué crees que no estamos bien? —. Preguntó un poco más ofuscada, en lo que inconsciente dejó salir la verdad tras su mentira.

—Pues…— Levi tartamudeó—. Si estuviéramos bien yo no estuviera aquí para tratar de arreglar algo que no está dañado.

—Que válido—. Comentó sin interés sentándose al borde de la cama para colocarse los zapatos rojos de tacón bajo.

—¿Por qué permites que Dave aún se vea con ese tipejo de Smith? —. Formuló su pregunta sin pensar dos veces, aunque en su voz trabajó para que no se escuchara alta.

Hanji resopló aire terminando de acomodarse el zapato derecho, ocultando la sorpresa tras la repentina pregunta.

—¿Por qué debería negárselo? Es decir, Dave parece feliz cuando sale con él, no puedo simplemente decirle que deje de ver a alguien que él considera su amigo. Te puede sonar tremendo y lo siento por eso Levi, pero… tú y yo sabemos cómo estima Dave a… el profesor Smith.

—¿Un amigo… o un padre?

—Un amigo—. Repuso rápidamente Hanji.

Se escuchó en la habitación una risa disimulada por parte de Levi, siendo que él mismo se sentía desplazado en esa relación: creyendo firmemente que Dave tenía, más bien, una filiación de paternidad hacia el tipejo, como él lo nombró. Dejó de mirar a los ojos de Hanji, y echo la cabeza a descansar en el respaldo del sillón.

Sopesaba la respuesta de Hanji silenciosamente, escuchó el sonido del tacón chocarse contra el suelo: estaba lista para irse.

—Quien pensaría que su amigo no es más que un entrometido, un metiche que gusta de mujeres casadas y que siempre está dónde no tiene que estar, fastidiando solo con su sola presencia.

Aquellas palabras fueron dichas por Levi con tanto rencor escondido, miró a Hanji quien parecía estar alerta a cualquier palabra que quisiera entonar luego.

Levi prosiguió:

—Me gustaría que mi hijo abriese los ojos. ¿No te has puesto a pensar que puede estarlo usando para acercarse a ti? —. Su voz sonó muy pesada.

—No lo está usando—. Convino Hanji, manteniéndose serena.

—¿Cómo lo sabes? ¿Acaso te lo dijo él mismo? —. Preguntó alzando una ceja.

—Yo sé que no lo hace, Levi—. Inquirió y se levantó a buscar algo que no sabía que necesitaba en el baño.

Levi se levantó también, siguiendo a Hanji hasta la puerta del baño.

—Dave debería saber el tipo de hombre que es ese, estoy seguro de que… no, no puede saberlo—. Vio a Hanji de espaldas que se tensaba en los hombros, estaba buscando algo en los cajones debajo del lavabo. — No puede saberlo porque no solo sería Smith, sino también… su madre—. Arrastró la palabra con una fuerte acentuación.

Hanji se giró hacia él abruptamente, el rostro le demudó a malestar y cólera.

—No te atrevas Levi—. Pronunció con dificultad.

—No, no puedo hacerlo. No quiero que él te vea diferente o se moleste contigo. Quiero evitarte lo que se siente que un hijo te odie y Dave es muy sensible, demasiado, diría yo. Pero ya, vuelvo al punto anterior: ¿Cómo sabes que Smith no está utilizándolo para acercarse a ti?

Ambos se miraban, Levi podía jurar que sus palabras fueron muy rudas hacia Hanji.

—Porque hasta ahora no lo ha hecho—. Dijo, la inflexión de su voz dio a notar lo molesta que estaba.

—Ah. ¿Y si lo hace? —. Frunció las cejas.

Hanji pasó a su lado dejándolo con la pregunta al aire. De nuevo la siguió hasta la cama.

—Levi ya cállate. Dave puede venir…—. Dijo, llevándose las manos a la cara.

—¿Y si lo hace? Me refiero a Smith—. Insistió.

—¿Y si lo hace qué? ¿Y si lo hace quueeeee, Levi? —. Espetó cerca al rostro del hombre. Respiraba fuertemente, visiblemente irritada por su intromisiones y persistencia porque le respondiera. — Si lo hace, creo que ese ya sería un asunto mío. ¿No crees?

—Claro, claro… ¡Por supuesto que sería un asunto tuyo! —. Sabía que mentía, le dolía. — ¡Por qué siempre ha sido un asunto suyo!

—¿Entonces para qué me preguntas?

—Para que te des cuenta que ese tipo usa a mi hijo para llegar a ti—. Dijo con mucha simpleza.

—¡Basta Levi! Solo estás usando a Dave como excusa. Además, ese no era el punto por el cual empezaste esta tonta discusión.

—¿Te parece tonta? —. Preguntó, enarcó una ceja.

—De tu parte, sí—. Respondió colocando sus manos en sus caderas, una postura desafiante. — ¡Lo usas para insinuar que yo podría tener un encuentro con… él! Y a estas alturas no creo que tú estés en posición para decirme algo sobre eso porque tú, Levi… ¡Ja! Te veo muy bien con Frieda—. Soltó esas palabras en una descarga de reproche tras intentar defenderse.

—Frieda no…

Hanji llevó las palmas de sus manos cerca del rostro de Levi y las agitó obligándolo a callarse.

—No quiero que me digas nada de lo que tienes con ella, ahórratelo por favor. ¡Ahórratelo! —. Se dio media vuelta, al instante empezó a buscar su teléfono entre las sábanas desordenadas.

Levi apretó los puños de ambas manos a los lados del cuerpo y retrocedió unos cuantos pasos con la intención de tomar distancia o regresar al sillón en lo que parecía necesitaba seguir hablando. Hanji notó su distancia, regresó a verlo:

—¿Estoy condenado a que mi hijo siempre se ponga de tu lado cuando suceden problemas entre nosotros? —. Preguntó y agachó un poco la cabeza.

—No te entiendo—. Mentía. Solo no sabía cómo responderle.

—Justo ahora mismo sucede; el mocoso ese no quiere hablarme y estoy seguro que es por lo que ha sucedido con… —prefirió callar el nombre. — Como sea, cuando tú y yo discutimos él siempre se vuelve en mi contra e independientemente de quien sea culpa, siempre me va a mirar mal a mí y no entiendo por qué.

—Tendrías que preguntárselo a él.

—Por favor Hanji, él cree que yo soy el malo y que solo te hago sufrir. Pero, ¿tú que has hecho? Eso él no lo puede ver si convenimos en que algunos problemas nacieron de tu… error—. Acentuó la última palabra.

—¿Me culpas solo a mí de este gran fracaso? —. Se llevó la mano al pecho y se dejó caer sentada en la cama.

Las palabras «gran fracaso» trastabillaron en la afectividad de Levi.

—No sé qué quieres que te diga: "No Hanji, ha sido mi culpa porque te descuidé" Eso no va a pasar, hasta hoy me parece una razón sin un fundamento lo suficientemente válido.

—¡Fue lo que pasó!

—¡Pudiste haberme dicho cómo te sentías! —. Levi dio un manotazo en el aire.

—¡No tenías tiempo para coger, ni siquiera hablabas demasiado! —. Espetó y se llevó las manos a la boca, como si no deseaba seguir hablando.

Daba la sensación, para ambos, de que aún tenían mucho que decirse.

—Bien, esa no es la razón por la cual vine a hablar contigo—. Dijo Levi frotándose la frente.

—Mejor hablemos más bajo—. Poco a poco fue retirando las manos de su boca y las dejó reposar en su regazo, se acarició la pulsera que llevaba puesta, intentando controlar el alocado ritmo cardíaco que se manejaba en ese instante.

Movía las piernas cual ansioso frente a Levi, frente a su mirada interrogativa y que si escrudiñaba aún más en su fachada podía divisar el enojo contenido, la frustración y el dolor.

¿Por qué deberían ser tan complicadas las relaciones?, se preguntaba Hanji sin pensar que dentro de los pensamientos de Levi atravesaba una interrogante similar.

—¿Te arrepientes de haberte casado conmigo?

Hanji levantó la cabeza ante su inopinada pregunta y por reflejo empezó a mover la cabeza en señal de negación. No dejó de mirarlo a los ojos; apenas abiertos por pura aceptación de estar despierto. Él volvió a agachar la cabeza y se tendió en el sillón.

El silencio fue muy presente por unos segundos.

—¿Y tú? —. Preguntó Hanji ante la necesidad de saberlo sin tener en cuenta lo que aquella pregunta podría desatar.

—No lo sé—. Respondió Levi sin mirarla, sin saber con exactitud el impacto que generó su respuesta ambigua en ella.

De nuevo vino el silencio, uno que no podía ser callado.

Levi sabía que no había marcha atrás, Hanji solo quería que Moblit llegara cuanto antes.

—Sí, te arrepientes—. Agregó Hanji

—Te dije que no lo sé—. Contrarrestó Levi, volviendo a incorporarse en el sillón.

—Es lo mismo, si no lo estuvieras entonces hubieras respondido que no—. Comentó Hanji poniéndose de pie.

—No todo funciona como tú crees que debe ser Hanji.

—Bueno, ahora que no lo sabes yo sí sé: te arrepientes. ¡Nunca me hubieras pedido matrimonio si no hubiéramos tenido a Dave! —. Espetó, arrancando en coraje nuevamente.

—Puede que tengas razón—. Comentó con ironía disfrazada de culpabilidad.

—¿Ves? ¿Lo ves? —. Lo señaló con las palmas abiertas.

—¡Solo dije lo que tú quieres escuchar! —. Se levantó del sillón.

—¡No! ¡Es lo que sientes de verdad! —. Dijo llevándose las manos a los cabellos.

—¡¿Y qué es lo que tú quieres de verdad?! Porque si mal no recuerdo, querías otro tipo de esposo: uno que esté más presente, que sea más atento, que sea…

—Sí, tal vez—. Admitió.

—¿Ves? —Le devolvió la pregunta. —Y sí, una de las razones por las que te pedí matrimonio fue por Dave.

—¿Una?

—Tsk. Bien pude hacerme responsable de alguna otra manera, pero evidentemente existen otras.

—Oh… ya veo—. Comentó, movió los ojos de un lado a otro como si hubiese hecho un gran descubrimiento—: ¡Porque no había otra que aguante todas tus manías! ¡Por eso! Y porque… porque… ¡eres un enano idiota!

Casi lo había gritado.

—¡Y tú eres una loca! —. Le gritó.

—¡Eres un imbécil! —. Volvió a reprocharle esta vez tratando de alejarse de él.

—¡Y tú una puerca! —. Le gritó siguiéndola en esa espiral que ambos formaron.

—¡Loco del cloro!

—¡Loca de todo lo que sea insectos!

—¡Loco de las escobas!

De repente se encontraron frente a frente, enojados y exhaustos.

Y mientras ellos seguían, Gretchen se despertó repentinamente y escuchó lo que al parecer era una discusión. Un olor a colonia de varón que desprendía el lado vacío de su cama le indicaba que alguien estuvo allí, podía saberlo por lo característico de su aroma.

Se levantó y ya no sintió más el dolor en el vientre que tanto la molestó, se colocó un abrigo y agarró su teléfono. Salió de su habitación y caminó hacia dónde escuchaba la discusión; se puso nerviosa y siguió avanzando hasta dar con la figura de Dave parado fuera de la habitación de Hanji.

Discernió la voz de su padre y la de Hanji, eran gritos y al parecer ambos estaban enojados. Se apresuró a caminar hacia Dave, lo tomó del hombro y lo instó a qué retrocediera: la puerta de la habitación estaba cerrada.

No alcanzó a escuchar con atención lo que sucedía dentro, pero si de algo estaba segura era que debía llevarse a Dave consigo. Él volteó hacia ella dejando ver su cara rojiza y triste. Corrieron por el pasillo de manera silenciosa, lo más que pudieron. Bajaron y siguieron hasta llegar afuera, hasta dónde no se escucharán más los gritos.

No hablaron, ella no sabía qué decirle. Quizás debía preguntarle qué era lo que había escuchado. Se quedaron parados y el teléfono de Gretchen sonó con mensaje de notificación. Sonrió a la pantalla y se dirigieron hasta la salida, allá dónde el señor de la caseta (en su jornada casi a terminarse) los saludaba y les entregaba una caja blanca con el sello de una pastelería.

Ella agradeció y terminó obsequiándole una dona de menta y chocolate al señor. Después se fueron al área de la piscina, y se sentaron en aquel bonito juego de muebles bajo la tolda blanca.

Todavía no sabía si debía preguntarle sobre lo que escuchó, solo se dedicó a ofrecerle una dona y palmearle la cabeza. Poco a poco se iba tranquilizando, que incluso le pidió otra dona.

—Esta es para Margarita—. Se refería a una de las muchachas del servicio. —Y esta es para Dennis.

—¿Mandaste a pedir?

—Un amigo me las envió como regalo—. Se limitó a responder. Mordió una dona y luego se apegó a Dave en un abrazo de medio lado.

Escucharon el ladrido de Rod, ambos pensaron en soltarlo un rato de la perrera: él disfrutaba correr por todo el jardín, pero siempre tenían que observarlo porque mordía las flores.

—¿Qué escuchaste? —. Preguntó tratando de sonar suave.

—Cosas feas—. Dijo con cansancio, movió los ojos hacia otro lado, tratando de ocultar algún sentimiento de tristeza.

Gretchen se arrimó más hacia él, estrujándolo un poco, presintiendo su estado de ánimo decaído que a ella también le dolía. Repasó la mirada al cielo: necesitaban paz.

Y, a algunos Kilómetros de la casa Rivaille, en un mirador: se encontraba Alma Reiss encendiendo un cigarrillo.

—Ya te lo dije: mi hijastra está embelesada con Rivaille. No sé a qué punto, pero parece muy obstinada respecto a él porque según ella no recibe oportunidad. Eso fue lo que escuché en esa conversación que tuvo con mi hija—. Besó el cigarrillo, aspirando el humo hacia la garganta.

—Eso no me es tan conveniente.

—Y tú sigues estás igual que Frieda, terco con una mujer que no te da ni a probar. ¿Por qué no mejor buscas en otro lugar? No te desperdicies.

El hombre a su lado pensó y se frotó la barbilla, sin pretender caer en sus consejos ya que sabía estaba libre el destino.

—Aún es temprano como para abandonar la vía—. Dijo Erwin rechazando el cigarrillo que ella le ofrecía.

Convencido de que todavía hay cosas por hacer.

!Muchas gracias por leeer! Andume24, araoz1112, Guest (per la canzone :) ) and Guest: right in this chapter I began to treat a bit of the whereabouts of Erwin.

Tengo mucho que comentar pero estoy cansadìsima. !Nos leemos pronto!

17/10/2020