Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.
El porqué de las cosas
Capítulo 37
"Cascarón vacío"
Por Lady Yomi
—¿Por qué están aquí? —preguntó Cissnei cuando Reno y Rude visitaron la celda que ocupaba.
—¿No escuchas el alboroto? —Reno pasó su tarjeta de identificación sobre la barra magnética de la puerta—. Una de esas cosas se dirige a la ciudad.
—¿Las Armas? —Cissnei se incorporó con las manos sujetas por las esposas electrónicas—. ¿Qué buscarían aquí?
—Vengarse, supongo. —Se encogió de hombros y entró al recinto, seguido de cerca por Rude—. Eres una chica con suerte, Ciss, el jefe decidió que tu traición no es excusa para que caigas junto con el edificio.
—¿El jefe? ¿Rufus ordenó que me transfirieran?
—Rufus es un gran líder —explicó Rude—, pero jamás será nuestro jefe. Tseng fue quien decidió que serías más útil en las fuerzas que en la cárcel.
—Tseng. —Los ojos de Cissnei se iluminaron, por lo que desvió la mirada para ocultar su emoción—. Pero yo no puedo volver a trabajar con los Turcos, eso iría en contra de todo lo que soy.
—¿A qué te refieres? —Reno chasqueó la lengua—. ¡No tenemos tiempo para dudas existenciales!
—¡Porque Shinra nos lo quitó!
—Tú no viste lo que las Armas le hicieron a Junon. —Reno la sujetó del antebrazo y la jaló consigo al pasillo—. Podrás quejarte hasta el cansancio cuando estemos fuera del complejo.
—¡¿Crees que no sé cómo funciona esto?! —Cissnei se agitó, luchando para librarse del agarre—. ¡Este mísero gesto de piedad es el inicio de una deuda que nunca acabaré de pagar! ¡Prefiero hundirme bajo la torre antes de perder mi libertad!
—¡Qué estupidez! —Siguió tirando de ella sin dificultad—. ¡Te oyes como esos zopencos de Avalancha!
—¡Es porque lo soy! ¡Lo soy desde que Tseng permitió que Zack se pudriera en el sótano de esa mansión!
—¡Diablos, Ciss! ¡¿Por qué lo haces tan difícil?! —La soltó y golpeó la pared con el dorso del puño, preso de la frustración—. ¡Fair sabía en lo que se metía al firmar el contrato de Soldado! ¡Todos los que sobrevivieron a la guerra enloquecieron por el mako, no es culpa nuestra que no leyeran la letra pequeña!
—Reno tiene razón. —Rude se aclaró la garganta—. Hojo es un psicópata, pero caer en sus manos fue lo mejor que pudo pasarle a Zack. Su clonación le otorgó otra chance de vivir y puede que ese sacrificio valga la pena al final.
—Rude... —Cissnei apretó los labios, digiriendo la revelación.
—Muchas tragedias parecen injustas cuando no se vislumbra el panorama completo.
—Entiendo lo que dices, pero ni aún así puedo volver con los Turcos. Lo siento, Rude.
—No te disculpes. —Se acomodó los anteojos cuando una nueva explosión sacudió los cimientos de la empresa—. Todavía no sabemos si habrá siquiera un planeta en el que cumplir nuestras funciones, así que tómate todo el tiempo que necesites para pensarlo.
—Está bien. —Le dio una palmadita suave en el hombro—. Gracias por ampliarme la visión.
—¿Terminaron? —Reno puso los ojos en blanco, adelantándose rumbo al ascensor—. ¡Rápido! ¡Abordemos esta cosa antes de que se descomponga!
La torre no tardó en desplomarse bajo la fuerza del ataque de Arma Diamante, arrastrando el resto de la edificación consigo. Los Turcos observaron desde la distancia la desaparición del que supo ser su hogar más estable.
—Se ha ido —susurró Cissnei con la mirada fija en la nube de polvo que se elevaba hasta las estrellas.
—Deja de lamentarte. —Reno se encogió de hombros y señaló a los empleados que se agitaban despavoridos entre los escombros—. Todavía tenemos mucho que hacer. La existencia de Shinra no depende de un estúpido rascacielos.
—Así es. —Rude se limpió el tizne de las gafas—. Debemos velar por la seguridad de los civiles.
—¡Reno, Rude! —El llamado de Kunsel los tomó desprevenidos y los tres voltearon al verlo acercarse en plena carrera—. ¡¿Están bien?! ¡Me encargaron evacuar sus oficinas y me preocupé al no encontrarlos allí!
—Estábamos en el calabozo; perdonando a una prisionera especial. —Reno le quitó las esposas a Cissnei y el color se desvaneció del semblante de Kunsel. No esperaba cruzársela mientras procesaba el asesinato de sus compañeros en Junon.
—¿A qué te refieres con perdonarla? —murmuró entre dientes—. ¿Quién autorizó eso?
—No eres el más indicado para preguntarlo. —Cissnei lo enfrentó con el mentón erguido y los ojos cargados de desdén—. Barret, Tifa y Sadie estuvieron a punto de morir por tu culpa.
—¡Nunca quise que los apresaran! ¡Creí... que Rufus sólo tomaría a sagrado y los dejaría en paz!
—Tu ingenuidad nos costó el mundo. —Dio un paso al frente y acercó su rostro a escasos centímetros del suyo—. Ese meteorito nos borrará del mapa gracias a que pusiste tus ansias de reunirte con Rita Cadence por encima de nuestra seguridad. Pensé que habías aprendido del incidente en la base submarina, pero sigues siendo un esclavo egoísta de tus deseos.
—¡¿A quién le dices esclavo?! ¡Tú mataste a dos hombres inocentes que sólo cumplían con su trabajo!
—Basta de acusaciones. —Reno se interpuso entre los dos y encendió un cigarro que protegió del viento con las palmas de sus manos—. Entre fantasmas no vamos a pisarnos las sábanas, aquí no escasean los pecadores.
Cissnei apretó los labios en una línea y Kunsel soltó una maldición por lo bajo, ninguno estaba dispuesto a rebatir lo que era una verdad indiscutible: Turcos, Soldado y Avalancha; facciones con ideologías diferentes que no dudaban en hundir las manos hasta el fondo del pozo donde yacía la sangre ajena.
—Aún así... —Kunsel se frotó el entrecejo—. Espero no ser el peor pecador de la historia.
—No creo que lo seas. —Cissnei señaló la figura imponente de Arma Diamante que se deshacía en una lluvia cristalina que rejuvenecía el suelo a su alrededor—. Todavía hay esperanza.
Pueblo isleño de Mideel. Temprano en la mañana.
—¡Qué calor del demonio! —se quejó Cid—. Creo que los esperaré en la nave.
—Nada de eso. —Tifa continuó la marcha sobre el sendero de tierra que atravesaba la aldea—. Zack dijo que Cloud estaba en una clínica, pero temo que alguien quiera impedir que nos reunamos con él.
—¿Crees que está secuestrado? —preguntó Yuffie con los ojos fijos en el perrito callejero que seguía los pasos de Cid—. No tendría sentido esconderlo en una clínica a la vista de todos.
—Secuestrado no, pero sí vigilado. De estar herido no podría evitar que los matones de Shinra lo usaran como carnada para atraparnos.
—¿Y por eso necesitamos que Cid y Barret nos acompañen? —Yuffie torció la nariz, asqueada por la sugerencia—. ¡Qué estrategia tan sexista! ¡Nosotras podemos defendernos sin ayuda de este par de vejestorios!
—¡¿A quién le dices anciano?! —bramó Cid, pero la chica siguió protestando a viva voz.
—Esto no tiene nada que ver con las capacidades de Tifa o las tuyas —explicó Barret mientras se colocaba sus gafas de sol—. Lo de Aerith no se repetirá.
—Oh. —Yuffie se mordió el labio inferior cuando recordó las circunstancias que derivaron en la muerte prematura de su compañera de equipo. Todos lamentaban el viaje en solitario que Aerith emprendió rumbo a las tierras del norte, pues creían que de estar a su lado quizá no se hubiera quitado la vida.
Se sumieron en un silencio profundo que le cedió paso a un gemido lastimoso que provenía del suelo.
—¡Vaya, ese perro está en los huesos! —Tifa apartó la pena de su corazón para ocuparse del pobre animalito que yacía a espaldas de Cid. Después de todo, eso habría hecho Aerith—. ¿Es que nadie se preocupa de las mascotas aquí?
—No es una mascota. —Yuffie se puso en cuclillas para verlo de cerca—. Debe llevar años en las calles.
—Qué vergüenza. —Tifa hizo un mohín—. Los perros callejeros no se morían de hambre en mi pueblo.
—¿Ah no?
—No, siempre les dejábamos sobras fuera.
—¡Tengo una idea! —Yuffie se sujetó la cintura—. ¡Llevémoslo con nosotros!
—¿Qué? —Tifa se incorporó de un salto—. ¿En la nave?
—¡Sí! ¡Será la mascota del equipo! Bueno, después de Nanaki.
Barret chasqueó la lengua, incapaz de contener su frustración:
—¡¿Una mascota?! ¡No seas irresponsable!
—¡No lo soy! ¡Dejarlo a su suerte sí que lo sería!
—¡¿Quieres que Sephiroth lo mate también?! —Aunque se arrepintió de la dureza de su argumento, se negó a cambiar de opinión—: ¡¿Qué me ven con esas caras de zopencos patosos?! ¡¿Estoy mintiendo?! ¡No sabemos lo que puede pasar en el futuro!
Tifa torció los labios, consciente de que la muerte de Aerith motivaba su inseguridad:
—La verdad... es que tienes razón. —Le dirigió una mirada suplicante a Yuffie al añadir—: Él estará mejor en el pueblo que con nosotros.
Yuffie dejó caer la cabeza entre los hombros y ahogó un suspiro cuando el animalito le devolvió la mirada:
—Odio a los adultos.
Tifa imitó su reacción de forma inconsciente y se decepcionó al reconocer que repetía las acciones de su propio padre. El señor Lockhart fue siempre un hombre viejo, cansado y desilusionado; características que se apoderaban de la mente de su hija.
—Se nota que es amigable, podrías convencerlo de que te siga a la carnicería. —Se inclinó y acarició al perro con la punta de los dedos, deseosa de distanciarse del fantasma autoritario de su progenitor—. Cómprale algunos huesos y asegúrate de que tenga un sitio donde dormir.
Los ojos de Yuffie se iluminaron con la propuesta, pero su orgullo la llevó a fingir desinterés:
—Oh. ¿Para qué invertiría ese esfuerzo en un perro al que no volveremos a ver?
—Pretendemos salvar un planeta con millones de desconocidos encima, ¿por qué no ayudar a uno que se acercó para pedirnos ayuda?
Yuffie se sujetó el mentón para enmascarar su sonrisa de satisfacción:
—Bah, si tú lo dices. Será más interesante que sacar al traidor de Cloud de esa clínica apestosa.
Tifa frunció el ceño, pero se limitó a decirle que no se alejara demasiado. Barret la vio perderse calle abajo con el can:
—No quise ser tan grosero con ella, pero me cuesta lidiar con los niños. —Meneó la cabeza y se restregó la frente—. Todavía me arrepiento de lo antipático que fui con Aerith. ¿Cómo diablos lograré que Marlene no me odie al crecer?
Tifa le puso una mano en el hombro, ofreciéndole una sonrisa suave al explicar:
—Los niños aprenden tanto de los aciertos, como de los errores de sus padres. Saber perdonar a quienes se disculpan es una habilidad que sólo se aprende en casa.
Barret le dirigió una mirada vacilante:
—¿Crees que lo haré bien? Últimamente no puedo dejar de meter la pata y explotar por cualquier tontería.
—Todos estamos muy estresados. —Extendió la palma de la mano en su dirección—. Las cosas mejorarán cuando resolvamos esta crisis.
—Te tomaré la palabra. —Barret no pudo frenar el impulso de darle un ligero apretón con la suya, y la turbación que les produjo el gesto se incrementó cuando Cid se aclaró la garganta para anunciar:
—Ya encontré la clínica, tortolitos. Es aquella choza celeste de la esquina.
—¡Ah! ¡Ese lugar... n, no parece un sanatorio! M, me pregunto si... —Tifa ladeó el rostro para ocultar el rubor que cubría sus mejillas—. ¡No importa, vamos allá! ¡No puedo esperar para ver a Cloud!
Cid y Barret intercambiaron miradas de confusión cuando la joven se adelantó a paso raudo, pero la siguieron con la misma determinación; ansiosos por descubrir si las conjeturas de Zack respecto al paradero de su líder eran correctas.
Tifa atravesó el umbral con la velocidad que le brindaban las dudas que se arremolinaban en su corazón:
«—Ese pobre perro estaba tan solo» —pensó cuando recordó la mirada lastimera del animal—. «Es terrible estar así de perdido; separado de tus seres amados y el consuelo que otorga su presencia.»
—¡¿Necesita ayuda, señorita?! —Un médico canoso, de bata blanca y anteojos remendados se interpuso en su camino—. ¡Con la prisa que trae parece hubiera caído el meteorito!
—¡L, lo siento mucho! —Se detuvo para recuperar el aliento—. ¡Es que me dijeron que un amigo mío está siendo atendido aquí! —Observó las prolijas camillas dispuestas debajo de cada ventana y los ventiladores de techo que giraban lentamente sobre el salón. Era un espacio luminoso, fresco y aseado que lucía mejor por dentro que por fuera.
—¿Un amigo? ¿Sería tan amable de describirlo? No recibimos mucha gente, pero hay un par de pacientes internados.
—Es rubio y de ojos azules, tiene el cabello revoltoso y lleva un uniforme de Soldado.
—¡Ah, sí! ¡Es el muchacho de la playa!
—¿Eh?
—Un pescador lo encontró varado en la costa. —Suspiró y se frotó la frente al admitir—: Estuvo inconsciente por unos días, pero despertó durante el último temblor. Sin embargo, temo que su condición no es-
—¿En dónde está?
—Detrás de la cortina que separa la sala de la cocina, la enfermera lo está alimentando.
El doctor quiso alertarla de su estado, pero Tifa recorrió la habitación en un instante y empujó la tela con desesperación:
—¡Cloud! —gritó cuando la enfermera se apartó de la silla de ruedas en la que reposaba el convaleciente—. ¡Oh, Cloud! ¡Me alegra tanto que estés a sal...! —Se quedó muda de la impresión cuando notó que los ojos del mercenario no reflejaban la alegría que invadía los suyos.
Su boca oscilaba entreabierta y sus pupilas dilatadas se hundían en el vacío que las rodeaba. Decenas de microconvulsiones musculares lo obligaban a moverse contra su voluntad, concediéndole una autonomía que estaba lejos de poseer.
Cloud no sonreía, Cloud no sufría, Cloud no existía.
Cloud no estaba allí.
—¿Cloud...? —El nombre sonó como un gemido ahogado, pero Tifa luchó por mantener la sonrisa—. ¿Q, qué... qué pasa, Cloud? ¿Qué te ocurrió?
—Eh... ah... —Para sorpresa de Tifa (y también de Barret y Cid, quienes observaban la reunión desde la entrada) Cloud no era totalmente ajeno a la visita. Sus intentos por comunicarse eran insuficientes, pero esperanzadores—. Ne... umf. Ah... gurk.
—¡Miren! ¡Trata de decirnos algo! —Tifa volteó hacia al doctor con ánimos renovados, pero su expresión sombría la desconcertó.
—No lo conseguirá aunque lo intente con todas sus fuerzas —explicó el anciano—. Es un caso avanzado de intoxicación mako. Su mente está presa en un sitio que no podemos alcanzar.
—¡Maldición! —exclamó Barret cuando ingresó a la cocina—. ¡¿Va a rendirse tan fácil?! ¡Tiene que haber algo que podamos hacer para traerlo de vuelta!
—Estoy seguro de que este muchacho estuvo expuesto a altas concentraciones de mako por un tiempo prolongado, probablemente ya no tenga ni idea de quien es o de donde está. —Se acomodó los anteojos al concluir—: Los balbuceos que escapan de su garganta son tan involuntarios como los escalofríos que recorren su cuerpo. Su identidad está enterrada a kilómetros de aquí, en un sitio prohibido para los seres vivos.
—¡Doctor! —Tifa defendió su ilusión pisoteada—. ¡Cloud está igual de vivo que nosotros! ¡Él no debería estar ahí!
—Se equivoca, señorita —suspiró el médico—. Esto que ven es un cascarón vacío, un envase que transmite los ecos agónicos de su alma ausente.
—¡No, no! —Tifa se arrodilló frente a la silla de ruedas y pegó el rostro sobre las rodillas de Cloud como si fueran un puente entre la vida y la muerte—. ¡Tienes que volver, Cloud! ¡Tienes que volver! ¡Todavía... no te digo toda la verdad!
El corazón de los presentes dio un vuelco cuando la joven se echó a llorar sin miramientos, superada por las consecuencias de su terco silencio. Barret y Cid avanzaron para consolarla, pero la enfermera se los impidió:
—Nada podrá hacerla sentir mejor en este momento, deberían esperar afuera hasta que asimile la situación.
Los dos asintieron de mala gana, conscientes de que la mujer tenía más experiencia con ese tipo de imprevistos. Barret torció los labios cuando abandonó la clínica, fastidiado por su incapacidad de remediar el dolor que partía el espíritu de Tifa en pedazos:
—Ese torpe de Cloud siempre hace que Tifa se preocupe demasiado por él —murmuró al sujetarse el entrecejo con la punta de los dedos.
Cid apoyó los antebrazos en su lanza y fijó la vista en el bosque frondoso que rodeaba el pueblo:
—No seas tan duro, viejo. No es su culpa haberse caído en un charco de mako.
—¡Bah, maldición que lo sé! —Inspiró hondo para esconder el pesar que le causaba la suerte de su líder—. Nada más es que...
—¿No te gusta verla así, eh? Ja, no sabía que podías sentir compasión por los demás.
Barret frunció el ceño y volvió a ponerse sus gafas de sol al admitir:
—Uno de los dos tenía que tenerla.
—¿Qué haremos con él? Podríamos llevarlo a Kalm con Elmyra y Marlene.
—No. Tifa se quedará con él.
—¡¿Perdiste la cabeza?! —Cid se incorporó de golpe y la brusquedad del movimiento hizo caer la lanza al suelo—. ¡No podemos derrotar a Sephiroth sin ella!
—Tifa no lo abandonará. La conozco, lo sé.
Cid volvió a protestar, pero la llegada inesperada de Yuffie le puso fin a sus reclamos:
—¡Eh, ancianos decrépitos! —saludó mientras elevaba la bolsa de huesos para evitar que el perro jalara de ella—. ¿En dónde está Tifa? ¿Qué pasó con lo de Cloud?
Cid chasqueó la lengua y se alejó por el sendero, no quería ser responsable de que la chiquilla dejara de sonreír:
—Tú eres el compasivo —le dijo a Barret por encima del hombro—, así que ocúpate de explicarle todo a la mocosa.
—Bueno, verás... —murmuró Barret sin atreverse a mirarla—. Cloud está-
—¡Aaaah! —Yuffie señaló la sombra gigante que tapaba el sol—. ¡¿Qué es esa cosa?! ¡¿Es un Arma?!
—¡No puede ser! —Barret apretó los dientes y cargó media decena de esferas de materia en el cañón de su prótesis. El dragón cuadrúpedo sobrevolaba el pueblo con un par de alas tan grandes como los brazos que emergían de su torso. Su pecho estaba cubierto por durísimas escamas oscuras que protegían un núcleo de energía color magenta.
—¡Esa tiene que ser Arma Última! —Cid regresó trotando a los tumbos entre los aldeanos que huían despavoridos—. ¡¿Qué diablos quiere aquí?! ¡¿No se supone que protegían el planeta?!
—¡Ellas nos culpan por lo del meteorito! —Barret trató de apuntarle sin éxito, pues su velocidad de vuelo era incomparable—. ¡En este momento cualquier aglomeración humana es una amenaza para el planeta!
—¡Qué estupidez! —Cid calculó la mejor manera de abordar a la criatura de un salto, pero la distancia se lo impedía—. ¡Esta isla es más pequeña que mi patio trasero! ¡¿Por qué no empezaron con Midgar?!
Barret quiso decirle que no sabían si las Armas habían atacado la capital, pero lo distrajo ver que Yuffie se alejaba rápidamente de la zona de batalla:
—¡Eh, niñata! —la llamó—. ¡¿A dónde crees que vas?! ¡No podemos pelear solos contra ese engendro!
—¡Tengo que resguardar a Wutai!
—¡¿A quién...?!
—¡A Wutai! —Yuffie elevó al perrito por encima de la cabeza tras introducirse en la multitud—. ¡No permitiré que pague por las acciones irresponsables de los humanos!
—¡Por la bendita revolución! —Barret se pasó una mano por la cara—. ¡Te dije que esa mascota nos iba a complicar las cosas!
—¡Tranquilo, camarada! —Cid forzó una sonrisa cuando Arma Última dio un giro de ciento ochenta grados en su dirección—. ¡Este par de ancianos podrá con lo que venga!
—¡Yo no estaría tan seguro! ¡Maldición! —Barret se encogió sobre sí mismo cuando el enemigo produjo un chillido que fue seguido de una potente ráfaga de aire que estuvo a punto de despegarlos del suelo—. ¡Aquí viene! ¡Tenemos que proteger la clínica a como dé lugar! ¡Cloud y Tifa dependen de nosotros!
A pesar de su osada parada, Barret y Cid cerraron los ojos y desviaron los rostros cuando Arma Última los atropelló como un tren desbocado. Sus garras delanteras extendidas precedieron a la nube de tierra que los arrojó varios metros atrás, robándoles el aliento de los pulmones.
—¡M, mierda! —se quejó Barret desde el pavimento, tosiendo mientras limpiaba el cristal de sus gafas con la yema de los dedos—. ¡Cid! ¡¿Estás vivo?!
—¡Y en una sola pieza! —El piloto respondió desde lejos, tan inmerso en la niebla como el resto de la aldea—. ¡¿P, pero... por qué está lleno de flores?!
—¿Qué? —Barret se sentó y tocó la tierra donde se alzaban cientos de lirios, calas y tulipanes—. Es cierto... y está lloviznando también.
—¿Estás herido? —Cid se reunió con él cuando el humo empezó a disiparse.
—No, para nada. Es como si nos hubiera azotado una brisa poderosa.
—¡Por el santísimo Da-Chao! —Yuffie abandonó la choza donde se refugiaba cuando reconoció a los ocupantes del montículo florecido—. ¡¿Vieron lo mismo que yo?! ¡Arma Última desapareció!
—¡Pues no gracias a ti! —Cid arrancó un puñado de flores y se lo arrojó con disgusto—. ¡¿Cómo vas a traicionarnos por un perro?!
—¡Yo no traicioné a nadie! ¡Estaba... ocupándome de los civiles nada más!
Barret ignoró la discusión y se inclinó para acariciar los pétalos de un diminuto lirio dorado. Su mirada melancólica se encontró con la de Tifa cuando esta abandonó la clínica para verificar la integridad de sus compañeros y ambos supieron que ese paisaje sólo podía deberse a la magia inimitable de la última Cetra.
—Aerith... —murmuró Tifa, cautivada por el vaivén de la flora rozagante—. ¿Aerith estuvo aquí?
Plataforma del Hermana Ray, ciudad de Midgar.
Zack estrelló el puño contra el panel del ascensor, evitando golpear a Hojo por un palmo:
—¡Víbora traicionera! ¡No te mato porque prometí que llegarías entero al cráter, pero olvídate del palco VIP!
—¡¿Qué?! ¡No! —Se mostró más ofendido por la negativa que por lo cerca que estuvo de perder la nariz—. ¡Dijiste que estaría presente cuando Sephiroth obtuviera su divinidad!
Las cejas de Zack se fruncieron cuando repitió las palabras que pronunció Hojo antes de dispararle a Sadie:
—¿Acaso firmé algo?
El científico empalideció, inquieto por la burla macabra de su captor:
—¿Q, qué vas a hacer conmigo?
—Lo que Shinra nunca hizo; ponerle límites a tu curiosidad. —Hojo se resistió a manotazos, pero Zack lo sujetó del cuello de la bata y se lo llevó a rastras a la avioneta.
Lo inmovilizaría hasta que pudiera arrojarlo al calabozo de Viento Fuerte y usar su cautiverio como excusa de negociación. Porque si el viejo podía revivir a los muertos, tendría que saber curar la degradación. ¿Verdad? Por ahora, Zack se negaba a considerar la otra posibilidad. De hacerlo se arriesgaba a perder la razón como Angeal y Génesis... y él no acabaría así.
Jamás terminaría así.
Sadie lo siguió con la mirada, confundida por la mezcla de dolor y determinación que avistó en sus facciones. Zack era un hombre fuerte, pero Angeal también lo fue y ella presenció su caída paulatina a la tragedia. La degradación que castigaba a héroes y villanos se llevaría a Zack, tal como se llevó a su mentor.
«—Necesito decirle que todo estará bien» —pensó cuando el contorno de su ala se recortó frente al sol de la mañana. Su anhelo ocasionó que se moviera pasivamente a su lado, pero Reeve se acercó para llamarle la atención:
—¡Señorita Darcy, temo que Aerith no está nada bien!
—¿Qué? —Se restregó los ojos para disimular el estrés que le producía la situación de Zack—. ¿Ya despertó?
—Sí, pero camina como león enjaulado mientras repite que ya no puede controlar la corriente vital. —Dejó caer los hombros tras señalar el área donde la susodicha daba pruebas de su extraño comportamiento—. No creo que un ex ejecutivo de Shinra sea el más indicado para devolverle la tranquilidad.
—No te preocupes. —Acomodó el brazo en el cabestrillo y le dedicó un ligero asentimiento con la cabeza—. Yo me hago cargo.
—¡Sadie! —Aerith le salió bruscamente al encuentro. Tenía las pupilas temblorosas, las mejillas pálidas y se estrujaba el cabello con una ansiedad desoladora—. ¡Tienes que explicarme lo que pasó! ¡Yo... no quería esto! ¡¿Quién me trajo de vuelta?!
—Espera, cálmate un poco. —Avanzó para estrecharla en un abrazo reconfortante, pero Aerith retrocedió—. Fuimos nosotros, mejor dicho; fui yo. Escuché tu pedido en la nave y el anciano Bugenhagen confirmó que tenías un obsequio, así que volvimos al continente del norte y almacenamos tu espíritu en el interior de sagrado.
—¿Qué pedido? —Frunció el ceño, desorientada por el mensaje—. Y, yo no me comuniqué con nadie. Estaba pronta... para mover los hilos de la corriente desde el fondo del estanque. —Se miró las palmas de las manos y empezó a golpearse el rostro con desesperación—. ¡No tendría que estar aquí! ¡El vacío de sagrado no era un problema, sino una distracción! ¡La distracción perfecta para que él ignorara mi solución! ¡Y ahora no se puede lograr... no se puede!
—¡Aerith, tranquilízate! —Sadie le sujetó las muñecas—. ¡No entiendo nada de lo que dices!
—¡Claro que no lo entiendes! —Liberó su brazo derecho y le propinó una sonora bofetada—. ¡De hacerlo no lo habrías arruinado! ¡¿Sabes lo difícil que fue reunir el valor para quitarme la vida?! ¡Lo hice porque sabía que era eso o morir más tarde con ustedes! ¡Condenaste al planeta, Sadie! ¡Lo condenaste a cambio de una huérfana miserable que no hizo más que traerle desgracias a cada persona que conoció! —sollozó—. ¡L, lo único bueno que podía hacer con mi existencia... era terminarla por el bien de los demás!
Sadie apretó los labios, conmovida por lo que acababa de oír. El discurso claudicante de su amiga quemaba más que su mejilla ardiente, pues sus palabras reflejaban los sentimientos que la acosaban desde su crianza bajo la tutoría de la señora Hood:
«—Ni el amor ni la rebeldía te sacarán de los suburbios, Sadie.» —La oyó decir desde los confines remotos de su pasado, sentada a sus anchas en el horrible sillón de terciopelo rojo—. «La clave de la supervivencia es obedecer a los que tienen más poder que tú. Nunca lo olvides; eres útil como herramienta... no como persona.»
Creyó estarse viendo al espejo cuando reparó en los ojos verdes de los que brotaba un aluvión desmedido de lágrimas. Sadie no era ajena al deseo de entregar su vida por una causa noble, pues así se pagaba la deuda de ser una huérfana desvalida en Midgar. La inclemente capital valuaba a sus hijos en función de su productividad y solvencia, jamás habría espacio en su corazón de acero para pordioseros, ancianos o dolientes.
—¡No digas eso! —Sadie sujetó el borde de la capa con la que se cubría su compañera—. ¡Tu supervivencia no está atada al objetivo de ser una herramienta que beneficie a los demás! ¡Eres tu propia persona y mereces ser salvada como cualquiera de ellos!
—¡No! —Se agitó—. ¡No entiendes nada!
—¡No eres un cordero sacrificial! ¡Tienes derecho a pelear por tu felicidad!
—¡No tengo derecho a nada! ¡Nací para morir!
—¡Naciste para vivir!
La volvió a empujar, frustrada por su terquedad:
—¡¿Por qué insistes con eso, Sadie?! —Se tapó el rostro para refrenar el llanto que le robaba el aire—. ¡¿Creés que sobreviviré si el meteorito impacta contra el planeta?! ¡¿Cómo justificas una decisión tan irracional?!
—¡Porque Avalancha no deja a nadie atrás! —Le hundió los dedos en los hombros y la sacudió ligeramente—. Encontraremos otra manera, Ae. Todo saldrá bien, lo prometo.
—¡No puedes prometerlo! ¡Mi madre...! —Apretó los labios durante un segundo, agobiada por el tormento de recordarla—. ¡Mi madre decía lo mismo cuando estábamos presas en Shinra y mira como terminó!
—También la mía cuando se estaba muriendo. —Bajó el tono de voz y asintió con la cabeza al murmurar—: Pero al final tenía razón: todo salió bien y por eso estamos juntas otra vez.
Aerith aguantó un sollozo, sobrepasada por la emoción:
—¿P, para morir como ellas?
—¡No! —Sadie forzó una sonrisa y le dio un nuevo sacudón de motivación—. ¡Para luchar como ellas! Somos amigas, ¿verdad? Sea cual sea el resultado, lo enfrentaremos juntas. La verdadera derrota sería pelear contra el destino por separado; es hora de trabajar en equipo.
—¡N, no quiero... que Cloud y tú sufran por mi culpa! —Aerith se abandonó en los brazos de Sadie y lloró como no hacía desde que tenía siete años. Se había privado de compartir su tristeza para no fracturar su fama de entusiasta incansable, pero ya no toleraba la soledad de cargar con el mundo sobre su espalda.
Sadie le acarició el cabello de forma maternal y le hizo señas a Vincent, Reeve y Nanaki para que se acercaran:
—Cloud te necesita más que nadie, él se quebró apenas te fuiste.
—¿Qué...? —Lo buscó entre los recién llegados y ahogó un sollozo cuando notó su ausencia—. ¿Qué le pasó? ¿En... dónde está? ¿P, por qué no está aquí?
Sadie inspiró profundo antes de hablar:
—Se marchó de la ciudad Olvidada diciendo que te traería de vuelta, pero suponemos que cayó bajo la influencia de Sephiroth y-
—¿Otra vez?
—No pudimos evitar que le diera la materia negra y se arrojara al cráter de Mako subyacente. Zack nos dijo que la corriente vital lo expulsó en las fuentes termales de Mideel y el resto del equipo se trasladó para explorar la zona.
—¿Y lo encontraron? ¿Está bien? —Su preocupación por el bienestar de Cloud rebasó la que sentía por el resto del universo y no tardó en avergonzarse de reprocharle lo mismo a Sadie minutos atrás.
—Hay que verificarlo, aunque Zack confía en su fuente. —Le dio una palmadita en la espalda, procurando desviar su interés hacia un tema más esperanzador—. Perderte lo destrozó, pero apuesto a que mejorará cuando te vea.
—No lo sé, el mako no es cosa de broma. —Se restregó los párpados con el dorso de la mano y estos confirmaron la hinchazón con una dolorosa punzada—. ¿Y si está enfermo? Jamás creí que se haría daño, ¡pensé que estaría a salvo si me iba!
Sadie se adelantó y señaló la avioneta con su brazo sano:
—No te angusties antes de tiempo. Encenderé el Potrillo y comprobarás su estado en persona, el viaje a Mideel no es tan-
—¡Espera! —La retuvo de la manga de la chaqueta—. Estás herida. Recuerdo... que esto pasó en el templo.
—Ah, sí. —Se encogió de hombros—. No es tan grave. Traté de sanarlo con una materia de cura pero Yuffie se llevó las mejores.
—Eso no me extraña para nada. —Colocó sus manos en la fractura y la iluminó con un destello de sus habilidades curativas.
—¿Segura que puedes hacer esto? —Sadie torció los labios—. Te ves tan débil.
—Te lo debo, lo haría aún si no pudiera. —Frunció el ceño al añadir—: No escucho al planeta, pero puedo canalizar su energía sin problemas. Eso me inquieta sobremanera.
—¿Por qué?
—La corriente está demasiado cerca de la superficie; como si la tierra se preparara para disparar su energía en un sacrificio final.
—Deja de pensar en eso, lo resolveremos cuando vuelva Cloud. —Soltó una exclamación de júbilo cuando su brazo recuperó el movimiento—. ¡Vaya, sigues siendo igual de impresionante! ¡Gracias, Aerith!
La Cetra quiso minimizar la importancia de sus acciones, pero se vio presa del abrazo doble de Sadie y Nanaki, quien se irguió en sus patas traseras para estrecharla con las delanteras. Sus ojos volvieron a humedecerse cuando se posaron en la sonrisa serena de Vincent, la mirada afable de Reeve y la expresión entrañable de Zack al guiñarle un ojo desde la distancia.
—¡Señorita Aerith! —Reeve se turbó por la reaparición del llanto—. ¡No llore más, nos esmeraremos por triunfar!
—No son meras lágrimas de pena o felicidad —admitió con una sonrisa plena, apreciando a sus seres queridos entre la luz del conjuro que se disipaba—. Son ambas.
Nota de autor:
¡Fin del capítulo! Este vino cargadito de emociones fuertes, ¿eh? La verdad es que disfruté mucho de escribirlo y por eso le dedico sus páginas a "ShimoDuck", "Cerulean1990", "Ari Kuma", "Kratossoul", "Tati-san", "Gabi fuji" y el resto de los lectores que acompañan la historia en silencio.
Agradezco la simpatía que me brindaron en el 2020 y la recompensaré con nuevos episodios en el año que comienza. ¡Quedo a la espera de sus opiniones sobre el rescate de Cissnei, la desgracia de Cloud, el plan de Zack, la reacción de Aerith y cualquier otro momento digno de mencionarse! ;)
