¿Acaso es todo lo que quieres decirme?

La última carta de Candy le resultó extremadamente escueta. ¿Quizás había equivocado su último encuentro? Si bien era cierto que él mismo le había pedido la reserva para hablar a su retorno, hubiera esperado que ella, en su siguiente respuesta, le hubiera detallado más de su día a día, como en anteriores misivas, quizás explicándole si ya había aprendido a conducir, como iban quedando las obras del orfanato, de su propio trabajo en la región... y, de este modo, sentir que la distancia que los separaba no era tanta.

Tampoco le había preguntado sobre otros temas, más que por el apelativo. Albert deseaba compartirlo todo con ella y poder explicárselo en persona. Recibir algo tan breve solo sirvió para espolear sus ansias de regresar a su lado.

Inicialmente, su retorno se había previsto por aquellas fechas, pero iba a resultar totalmente imposible cumplir con los plazos previstos con George. Ya era la segunda vez que retrasaba su retorno.

Esta experiencia, en uno de los territorios más prósperos del Brasil, ciertamente resultaba diferente. Durante años, tanto a Europa como Norte América, le había resultado muy fácil continuar negociando desde las sombras. Los acuerdos se producían en territorios y con empresas a las cuales ya les unían una gran tradición familiar. Brasil suponía la expansión con otros productos. La ley seca se había aprobado recientemente y el café podía ser una buena contraoferta para el mercado.

El problema principal era que el control también estaba diversificado en familias dentro del territorio de São Paulo y esto le estaba obligando a prolongar su permanencia más del previsto y deseado. Existían rifirrafes y competencias de intereses contrapuestos entre ellas y él tenía que sortear y adaptar la oferta, para cerrar diferentes acuerdos que no anularan los anteriores. Además, posteriormente, quedaba pendiente la solución de los trámites aduaneros necesarios entre ambos países y de posibles rutas alternativas, en caso de conflicto directo. Para lo cual tenía que elaborar informes sobre cómo se realizaría la transacción entre cada país para sus respectivas autoridades y esperar que la respuesta fuera positiva. Si en alguno surgía el más mínimo impedimento, se veía obligado a empezar de nuevo, fuera renegociando o volviendo a redactar los malditos informes, sin descuidar ninguna información determinante. Los primeros meses, la tarea le resultó estimulante, en los últimos, extenuante.

Sabía que el esfuerzo que estaba realizando merecía la pena. También que, una vez solucionada la negociación inicial, las posteriores transacciones ya no le obligarían a tener que realizarlas en persona o que podría delegarlas en alguien subalterno. Pero ahora era vital tratar de igual a igual. Sin embargo, con la ausencia de Candy, aquello empezaba a convertirse en un calvario. Cuando decidió realizar esta nueva expansión sabía que la añoraría, pero George tenía razón. No podía eludir más sus responsabilidades. El mundo estaba cambiando a marchas forzadas tras la Gran Guerra. Era necesario complementar las rentas del clan con otras fuentes de ingreso para compensar las pérdidas en Europa.

La apuesta de los Leagan, invirtiendo en nuevos hoteles, le resultó interesante y por eso también los había apoyado. Debía ser capaz de separar los negocios de los intereses personales. Se aseguró, eso sí, que reconocieran públicamente todo el daño causado al prestigio de Candy por sus mentiras y había pretendido torturarles un poco más, intentando que Candy apareciera a su lado en la foto honorífica de la inauguración del hotel por el que profesaban mayor orgullo. Ella había rechazado aquella petición y podía entenderlo... Como tantas otras veces, desistió de imponerle sus propios deseos... La respetaba demasiado... Confiaba en que ella fuese consciente de ello... Por eso mismo no perdía la esperanza... Se animaba sabiendo que los posteriores proyectos al actual implicarían moverse, de nuevo, entre el continente norte americano y el europeo y confiaba en poder ayudar a reconstruir gran parte de las empresas que habían sido afectadas por la guerra. Sería necesaria la readaptación a la nueva situación de reconstrucción del viejo continente... pero podría organizarse mejor para permanecer cerca de ella, si a su vuelta, lo aceptaba.

En este último aspecto, estaba planteándose regresar a Inglaterra en unos años, cuando tuviera la seguridad que la situación en el territorio resultaba estable. Chicago estaba empezado a experimentar unos cambios que no le acababan de agradar y la nueva ley tampoco estaba ayudando demasiado, aunque comprendía su necesidad.

El alcoholismo era una auténtica lacra social. Y los que más la sufrían eran las mujeres e hijos de los afectados. Albert no creía que el alcohol fuera realmente el responsable de los comportamientos más violentos. Más bien pensaba que se debía a la propia naturaleza y carácter de aquellas personas. El alcohol tan solo funcionaba como detonante. Los desinhibía y les ofrecía una excusa para poder justificar un comportamiento que, de estar sobrios, les hubiera resultado inaceptable. Por eso también se había preocupado en forzar que el Dr. Martin se comprometiera en dejar la bebida. Si bien era cierto que le regaló alcohol rebajado también le instó a recurrir a su consumo a las mínimas ocasiones. Era un doctor muy válido cuando no estaba ebrio. Coincidiendo con su percepción, el hombre no se tornaba violento sino que lo dejaba un estado bastante deplorable y patético, desperdiciando y ocultando su verdadero talento.

Tomó las tres cartas de Candy. En cierto modo se sentía ridículo, casi infantil, atesorándolas de aquel modo y releyéndolas, una y otra vez, pero en aquel momento era lo único que hacía que la sintiera más cerca. Al leerlas podía imaginársela con su pecosa sonrisa, rodeada de los niños del hogar, atendiendo a sus pacientes, mirándolo recelosa por haberle ocultado su identidad durante tanto tiempo, bromeando...

Tenía más de treinta años y volvía a sentirse como un colegial. Lo que sentía por ella no era nuevo. Lo llevaba sintiendo desde que empezaron a vivir juntos, cuando pretendían ser hermanos. Jamás se sintió como tal en aquel tiempo. Por eso también lo había turbado tanto la insistencia de la muchacha en cuidarlo. Hizo todo lo que estuvo en su mano para aliviar la carga de Candy... Aun así ¡Vivir con ella lo hacía sentir tan bien! No hacían nada especial, pero con aquella paz, con aquella harmonía, no podía evitar que cada día ella fuera convirtiéndose en alguien cada vez más importante para él. Cuando ella sonreía, satisfecha por la más mínima tontería, su mundo se iluminaba y se llenaba de color pese a continuar perdido sin sus recuerdos. Deseaba hacer cualquier cosa que la hiciera feliz pues, cuando ella lo era, le contagiaba de esa sensación. Incluso ahora, en la distancia, a miles de quilómetros, lograba hacerlo sentir así con sus palabras.

En aquella época no recordaba a Terry pero ella le había hablado tanto de él que tenía la sensación de conocerle. Esa ilusión que demostraba Candy por el otro chico y el saberse mayor a ellos, sin estar seguro de por cuantos años, lo había ayudado a mantenerse distanciado y a reprimir sus sentimientos. Había sido un periodo bastante duro, no solo por no saber quién era sino por tener que guardarse todo lo que sentía hacia ella, para sí mismo.

Cuando recuperó sus recuerdos, no fue mucho mejor. Con ellos, también recuperó su propio aprecio por Terry. Recordaba como habían entablado amistad tras ayudarle en la pelea en aquella taberna de Londres. El muchacho, después, no había dejado de visitarle en el zoo cada vez que podía. En esas visitas también le había hablado de una chica e, incluso, había llegado a pedirle consejo antes de partir hacia las vacaciones a Escocia. No le había dicho que se tratara de Candy, pero era evidente. Tan solo llegó a recomendarle que si la amaba, tratara de hacer todo lo que pudiera por protegerla y hacerla feliz. Ahora, él mismo pretendía seguir su propio consejo.

Casi hacía dos años que le había revelado su auténtica identidad. Pero este tiempo, el que debiera haber sido el más clarificador respecto a él mismo y Candy, le estaba resultando el más incierto. Solo el breve intento de conversación antes de partir le confirmaba, o así quería creerlo, que ella quería avanzar con él. En los últimos encuentros, cada vez más, le parecía que ella lo miraba con la misma ensoñación que él había visto en sus preciosos ojos verdes, años antes, por Terry.

Sin embargo, casi un año atrás, cuando leyeron la noticia de la muerte de Susana, ella se había derrumbado mientras desayunaban. Él había estado a punto de declararse por aquellas fechas, pero aquella reacción volvió a frenarlo, resurgiendo sus viejas reservas. Era evidente que ella seguía afectada, pese a que, en los meses anteriores, desde que él le revelara su identidad, había tenido la sensación que ella le prestaba mayor atención. Claro que su nueva rutina de trabajo tampoco les permitía pasar demasiado tiempo juntos, así que volvió a concluir que había sido solo una demostración amistosa y que él se había hecho más ilusiones de las que debiera.

Desde que ella regresó de Nova York y le explicó su ruptura con Terry, había intentado evitarle cualquier dolor relacionado. Ya entonces podía imaginar que ver al muchacho, en la distancia, sin poder estar con él, debía resultarle insoportable. Más de una vez la descubrió llorando en soledad por Terry en su apartamento. Por eso había decidido ocultarle cualquier noticia sobre el actor... con más razón cuando este se sumió en su propio declive y alcoholismo.

Respecto a Susana, comprendía perfectamente la decisión que había tomado Terry de permanecer a su lado y así se lo comentó a Candy. Él mismo, en su situación, no dudaba que hubiera actuado de igual modo. Pero Susana ya no estaba. Durante los siguientes meses a su muerte, Albert permaneció esperando que se produjera un nuevo intento de comunicación por parte de alguno de ellos dos. Pero, que él supiera, no se había producido ninguno. El tiempo de duelo solía ser de un año. Ya no sabía qué pensar con respecto a Terry ¿Si aún la amaba, por qué tardaba tanto en volverla a contactar? Si era por inseguridad, también lo podría contactar a él como amigo y preguntarle. Pero él tampoco había recibido nada...

Candy le había comentado la misma inquietud pero no como un deseo sino como respuesta a su ambigua duda, acerca de su posible interferencia en la relación entre ella y el actor. Pero, los sentimientos que ella había expresado en su diario lo hacían dudar. A través de aquel diario, antes de partir a África, él había conocido el inicio de los sentimientos de Candy por Terry. Habían pasado más de cinco años desde entonces...

Albert también estuvo enamorado con igual intensidad en su adolescencia y tampoco había podido permanecer al lado de la muchacha. Los motivos habían sido totalmente diferentes, pero estaba convencido de que el dolor que llegó a experimentar fue similar en intensidad y en duración. Por mucho tiempo creyó que nunca más podría amar a nadie más. Se sentía como un Romeo que había perdido a la incomparable Julieta... La única persona que realmente podría verlo más allá de su apellido. Tardó varios años en encontrar a otra persona que lo hiciera vibrar de nuevo. Pero lo hizo cuando y donde menos lo esperaba... Por un corto periodo de tiempo, creyó alcanzar la felicidad... hasta que también la perdió. Ahora, que había recuperado casi toda su memoria, sabía que por Candy sentía lo mismo o, incluso, más pues ella, además, le aportaba una paz sin igual cuando estaban juntos. Si ella le correspondía, tal como él esperaba, estaba convencido de que con ella, por fin, podría alcanzar la felicidad que por tanto tiempo lo había eludido. Aquel "todo" que ella había dejado en el aire... podría llegar a serlo.

¿Y si no era así?... Había decidido devolverle su diario y volver a prestarle su broche. Si ella le confirmaba que seguía amando al actor, él la alentaría de nuevo a ir a su encuentro y se distanciaría de ella, de una vez por todas... Era el único modo de poder seguir con su propia vida... O quizás, en aquellos mismos momentos, sin él tener conocimiento de ello, Terry habría vuelto a contactarla... Estar tan lejos de ella, bajo aquella incertidumbre, era un auténtico infierno.

La fecha de su propio regreso una incógnita. Entendía que ella no volviera a escribir, temiendo que se cruzara, en su regreso, con posteriores cartas... Últimamente, recibir una notificación de cualquier telegrama de George le despertaba sensaciones contrapuestas... Antes, tan solo sentía alivio, pues sabía que sería información sobre nuevos avances en otros negocios, confirmación de trámites o alguna buena noticia sobre Candy... Ahora... Ahora, con la muerte de Susana, ya en el pasado... Quizás el siguiente fuera para informarle sobre la reunión de la pareja... Necesitaba resolver aquella situación de una buena vez.

Si entre Terry y ella quedaba algo, solo sería necesario un pequeño empujón... y ella, abandonaría su vida definitivamente, liberándolo de aquella angustia. No podía continuar con aquel sinvivir. Despertarse un día creyendo que ella lo amaba y al día siguiente creyendo que solo había sido un espejismo. Si ella regresaba con el Terry, el diario contenía demasiados pensamientos íntimos respecto a este que solo le pertenecían a ella y no había motivo alguno para que él lo conservara, aunque hubiera sido un regalo suyo. Así mismo, fuera como fuera, tanto si volvía con Terry como si no, quería que ella conservara algo que siempre le recordara a él, que pudiera llevar encima, si lo deseaba, tal como lo había hecho durante todos aquellos años. A estas alturas, en realidad, era casi más de ella que de él, como su propio corazón... Aunque, si se quedaba con él, no haría falta que lo llevara colgando... Ya tendría el de verdad a su entera disposición... Podría guardarlo con el resto de sus recuerdos.

Continuará...


Escena original de inspiración en inglés:

fanfox manga/candy_candy/v07/c000/89 . html - Albert siendo consciente del dolor de Candy por Terry después de la ruptura

fanfox manga/candy_candy/v07/c000/90 . html - Albert consuela a Candy pero también presagia/desea la superación y olvido de ella

fanfox manga/candy_candy/v07/c000/92 . html - Albert tan "atontao" pensando en la sonrisa de Candy que lo atropellan

fanfox net/manga/candy_candy/v08/c000/1. html - Albert se pregunta por primera vez si se podrá quedar con Candy

fanfox net/manga/candy_candy/v08/c000/14. html - Albert pensando que Candy llegará a ser una buena esposa algún día

fanfox net/manga/candy_candy/v08/c000/40. html - Albert recordando la primera impresión sobre Candy amnésico

fanfox net/manga/candy_candy/v08/c000/41. html - Albert preguntándose sobre la forma de continuar viviendo con Candy

fanfox net/manga/candy_candy/v08/c000/42. html - Albert ya había dejado a Candy en la cama, sin embargo, vuelve a acariciarla

fanfox net/manga/candy_candy/v08/c000/52. html - Albert respetando el espacio emocional de Candy por Terry

fanfox manga/candy_candy/v08/c000/68 . html - Promesa

fanfox manga/candy_candy/v09/c000/ [47 . html ... 57 .html] -Reacción de Candy frente al descubrimiento de su auténtica identidad

(Quitar los espacios alrededor de los puntos para poder utilizar el enlace. Detrás de fanfox falta punto net barra)


Referencias a "Candy Candy La historia definitiva", de Keiko Nagita:

Pg. 190 - Candy escribiendo en su diario. Narra su encuentro con Albert en Londres, en parte culpando a Terry de ello.

"...

Hoy es un diía feliz. ¡Me he reencontrado con Albert!

Aunque odio admitirlo, sé que mi encuentro con Albert se ha dado gracias al maleducado de Terence Granchester.

¿Cómo tendrá las heridas?

..."

Pg. 206 - Candy escribiendo en su diario - esperando bailar con Terry.

"...

...¿Y yo? ¿Con quién voy a bailar? ¿Con Stair? ¿O con T. G.?"

Fue entonces cuando dejó caer la pluma, algo intranquila. Había escrito T. G. queriendo hacer referncia a Terence G. Granchester. Siempre que hablaba sobre él en su diario, utilizaba sus iniciales en lugar del nombre completo.

Pg. 229 - Candy escribiendo en su diario - sobre como ha empezado a sentir por Terry.

"...

Busco a Terence en todas partes sin darme cuenta y me odio a mí misma por ello.

No quiero aceptar lo que estoy empezando a sentir, pero no hago otra cosa que pensar en él.

[...]

Terence G. Grandchester. Terry.

Ha sido él quien me ha ayudado a comprenderlo.

Me ha obligado a aceptar todo lo que llevaba evitando desde hacía ya mucho tiempo.

No sé si debería sentirme agradecida u odiarle, pero lo cierto es que, gracias a él, ya no le temo a los caballos ni a los recuerdos.

Terence me está cambiando.

Me gustaría que alguien pudiera decirme si estoy haciendo lo correcto dejándome llevar.

También me gustaría que alguien trajera un poco de paz a mi agitado corazón.

..."

Pg. 244 - Candy escribiendo en su diario - sobre el descubrimiento de la villa de Terry.

"...

Hace nada descubrí que la villa de T. G. se encuentra también cerca de aquí.

..."

Pg. 263 - Candy escribiendo en su diario - han acabado las vacaciones en Escocia.

"...

He mejorado muchísimo con el piano gracias a T. G.

No sé cuándo tendremos otra oportunidad de que me siga dando clases, ya que ahora hemos vuelto a las normas estrictas del Saint-Paul,

pero, Terry, te prometo que seguiré practicando las nociones básicas que me has estado enseñando.

..."

Pg. 288 - Candy escribiendo en su diario - últimas palabras en el diario antes de ser entregado a William.

"...

Por más que escriba, soy incapaz de expresar lo que siento por Terry.

T. G. se ha marchado para siempre y me ha dejado demasiados recuerdos.

Sin embargo, no me apetece hablar de eso, porque sé que algún día volveremos a encontrarnos de nuevo.

T. G., hasta que no llegue ese momento, seguiré cuidando de estos sentimientos que tengo por ti.

Pero, T. G., espero que no te enfades conmigo.

Has intentado protegerme sacrificándote en mi lugar, lo śe, pero yo también me marcho del Royal Saint-Paul.

Sé que no encontraré mi camino aquí. Si me quedo, tendré un futuro maravilloso, pero mi felicidad no depende de eso.

Quiero encontrar mi camino yo sola.

Si hay alguien que me ha enseñado a aceptarme, eres tú, T. G., y te lo agradezco muchísimo.

Cuando lo encuentre, quiero gritar en voz alta estas palabras:

Terence, estoy enamorada de ti, como no lo he estado antes de nadie más."

Fueron aquellas palabras las que llenaron los últimos espacios en blanco. Candy cerró el diario ...

... 'Por favor, entregad este diario al señor William A. Ardlay' .

Pg. 344 - Presente de Candy - Comportamiento de Albert en tiempos de amnesia.

Vivíamos juntos y fingíamos ser hermanos.

En aquella época, me preguntaba si nuestra vida se parecía a la vida que llevaría una familia normal y corriente, pero sé que no era así. No sé cómo explicarlo, pero, en el fondo de mi corazón, sabía que él era diferente. Quién sabe qué pensaba él...

[...]

Es un hombre muy exasperante.

Pg. 362 - Carta para Terry que Candy nunca envió. En mi fic, escrita tras descubrir que era el tío abuelo William y el regreso al hogar, a la par que la respuesta a Eleanor Baker y meses antes de la muerte de Susana. Albert, al igual que Terry, también ayuda a superar una tragedia anterior en la vida de Candy.

"...

En otras palabras, el señor Albert conoce casi tan bien como yo los sentimientos que tengo hacia ti.

Él lo sabe todo sobre nuestro primer encuentro y sobre cómo, con el paso del tiempo...

En fin, lo sabe todo.

A veces me preguntó qué caras debió poner al leer todo aquello.

Ahora se pone nervioso si hablamos del tema.

Menos mal que el señor Albert no quiso ser actor, porque se le da muy bien mentir.

Hubiera sido un gran rival en los escenarios, ¿Sabes?

Cuando recuperó la memoria, no me lo contó al momento.

Todavía hoy en día me quedan muchos misterios por resolver.

No obstante, a pesar de todo, sigue siendo la persona a quien le debo la vida.

Creo que fue su presencia lo que me ayudó a recuperarme con rapidez.

..."

Pg. 378 - 1ª Carta de Candy que Albert lleva consigo en Brasil - corta - primera que recibe, apenas ha partido hacia Brasil.

Pg. 379 - 2ª Carta de Candy que Albert lleva consigo en Brasil - larga.

Pg. 385 - 3ª Carta de Candy que Albert lleva consigo en Brasil - corta - última que recibe antes de regresar.