CAPÍTULO XXIX
Estaba todo preparado para la boda. En solo unos instantes entraría la novia y el padre Baiu oficiaría la ceremonia, quedando Sasuke y Hotaru legalmente casados para siempre.
Saku inspiró y expiró el aire de sus pulmones en un intento de controlar los nervios por lo que iba a hacer. Sabía que en la sala contigua estaban Sasuke y el padre Baiu con Utakata y algunos miembros del clan Uchiha. Solo faltaba la novia y Naruto. Kizashi Haruno, así como los hombres de confianza del jefe Haruno que lo acompañaron a este y a Hotaru cuando llegaron allí, ya estaban también dentro de la sala contigua.
Naruto la miró y un brillo de admiración recorrió el azul de sus ojos.
—Estas preciosa —le dijo guiñándole un ojo.
—Esto es una locura. ¿A quién se le ocurrió? —preguntó Saku en un momento cercano al pánico.
—A ti —dijo Hotaru con una deslumbrante sonrisa—. Quiero que sepas que estoy muy orgullosa.
—¿Por suicidarme en público? ¿Porque el hombre al que amo me rechace delante de todos los Uchiha y algunos Haruno que después no tendrán reparo en contar la historia cuando vuelvan a casa? ¿Por que la enemistad que ha separado a estos dos clanes durante años y el odio que existía entre ambos no será nada comparado al ridículo ejecutado por la hija de Kizashi Haruno en el día de hoy y que dará lugar a miles de historias que conocerán las próximas generaciones de Haruno durante cientos de años? Seré recordada como Saku «la loca». No Saku «la astuta», ni «la bondadosa», ni «la generosa», sino Saku la Loca —dijo señalando con un dedo a su hermana mayor.
Hotaru le colocó hacia atrás unos rizos rosáceos que habían sorteado su hombro y ahora descansaban sobre el busto de su hermana. La miró apreciativamente. Un vestido de color verde musgo con el escote bordado con hojas en hilo color dorado ensalzaba la figura de Saku que con el pelo suelto y una pequeña corona de flores estaba absolutamente preciosa. Las pecas se le señalaban más ahora que el rubor de sus mejillas se había extendido.
—¿Preparada? —le preguntó Hotaru dando por zanjado el tema y no haciendo caso al ataque de pánico que estaba exteriorizando Saku en aquel momento.
—¿Habéis escuchado algo de lo que he dicho? ¿No deberíais actuar como buenos hermanos y evitar que haga el ridículo más grande en la historia de los Haruno? —preguntó Saku mirando a Naruto y Hotaru repetidamente.
—Después de que la tía Ayame se emborrachara por error y se colgara boca abajo de un árbol con todas las faldas tapando su cabeza y dejando al descubierto parte de lo que a la naturaleza le pareció bien otorgarle, creo que ese puesto ya está bien cubierto. Piensa que es bastante difícil superar eso —dijo Naruto sonriendo nuevamente mientras un brillo pícaro destellaba en sus ojos.
—Tienes razón. Es difícil competir con eso. Preparada —contestó Saku con entereza. Era imposible razonar con sus hermanos en ese momento. Su locura se había extendido a ellos y los había seducido. Ya no había vuelta atrás. Así que tenía que recobrar la compostura y rezar para que todo acabase lo mejor posible.
Naruto se colocó en medio de sus hermanas y cada una de ellas tomó el brazo que le ofreció.
A Saku empezaron a sudarle las manos, le temblaba todo el cuerpo.
Tras lo que pareció una eternidad, abrieron la puerta que los separaba del salón y la atravesaron. Saku tragó saliva en cuanto vio a todos los asistentes. El clan Uchiha parecía estar al completo.
Vio a Sasuke al final del pasillo y algo en su interior pareció fragmentarse en mil pedazos. La respiración se le aceleró, así como el corazón que martilleaba contra su pecho de forma agónica.
Sasuke miró hacia el pasillo y se quedó sin aire. Aquella preciosa mujer, casi etérea y provocadoramente terrenal, estaba a escasos metros de él, y sin embargo la lejanía que ella había impuesto entre los dos le estaba matando.
Naruto avanzó junto a sus hermanas y cuando llegaron junto a los Haruno, Hotaru se deshizo del brazo de su hermano y ocupó su lugar junto a los de su clan. Un leve murmullo seguido de un entusiasta clamor retumbó en la sala. Los Uchiha eufóricos no ocultaron la satisfacción de lo que aquel gesto significaba. Porque la que seguía del brazo de Naruto camino al altar era Sakura.
Cuando supieron que Sasuke se casaría con Hotaru y no con Saku, se turnaron para ver a Sasuke y hacerle saber que estaban profundamente dolidos y decepcionados. Ellos querían a Saku, decían que ya era una Uchiha de los pies a la cabeza y que no podía dejar que se escapara. Y hasta los más reacios, después de lo del disparo de Saku, le juraron su más absoluta lealtad. Saku era ya una leyenda entre los suyos. Un jefe Uchiha no podía tener mejor compañera en la vida que una mujer capaz de realizar tal hazaña sin alterarse. Era magnífica, según los ancianos del clan.
Sin embargo aquel no era el plan. Sasuke miró a Hotaru en busca de alguna explicación.
Cuando habló con ella del enlace, le contó cuáles eran sus sentimientos hacia Saku y la conversación que había tenido con ella. Que no sabía por qué Saku había cambiado su actitud de forma tan drástica. Quería saber la verdad. Quería saber si ella realmente sentía lo mismo por él o si había sido todo un engaño.
Hotaru le había dicho que había intentado hablar con su hermana pero que esta se había cerrado a mantener cualquier conversación sobre él, y eso le dio esperanza. Hotaru le dijo que Saku solo se encerraba en sí misma cuando algo le importaba muchísimo. Así que idearon un alocado y arriesgado plan. Anunciarían la boda entre los dos, con el fin de que Saku reaccionara ante ello. Sin embargo aquel era el día de la boda y Saku no había reaccionado. Sasuke iba a acabar con aquella farsa cuando el hecho de que Saku se encaminara hacia al altar del brazo de Naruto le golpeó con tal fuerza que las piernas le temblaron.
Cuando llegaron a su altura, Naruto dejó a su hermana junto a él.
Sasuke vio la mirada nerviosa de Saku y la determinación en sus ojos ¿Qué significaba aquello?
—Padre Baiu, si nos disculpa... He de hablar con la que parece ser la novia definitiva para aclarar algunas cosas —dijo Sasuke entre dientes cogiendo delicadamente pero con firmeza a Saku del brazo y saliendo con ella por el lateral que daba a un pequeño cuarto contiguo.
—Por supuesto. Tomaos vuestro tiem...
El padre Baiu no pudo terminar porque la puerta se cerró de un portazo.
