Me levanté toda resacosa, en la cama, con la ropa abierta, desnuda de cintura para abajo, con el brazo de Harold sobre mí.
-Ay…mamita… ¡Qué dolor de cabeza!
- Buenos días, dormilona- Respondió Harold al otro lado.
- Ay… me duele todo… ¿Qué pasó ayer?
- ¿Te refieres a la cama, o cuando cantaste borracha en medio de la pista?
- Oh, mierda… ahora me acuerdo…- Me tapé la cara.
Me di cuenta, de que algo no encajaba, estábamos desnudos, pero no había ni condones, ni pastillas. ¡¿Qué cojones había pasado aquí!?
Me levanté, y vi que estaba toda pegajosa. El pecho, el vientre, me temía algo que no recordaba haber hecho.
- ¡HAROLD! ¿ME PUEDES DECIR POR QUÉ ESTOY PEGAJOSA?
- ¡No grites, chiflada! ¡Te va a oír todo el palacio, fue idea tuya!
- ¿Qué coño va a ser cosa mía? ¡Eres un cabrón!
- ¡Cállate te digo! ¿Crees que haría algo que no quisieras? "Échamelo encima", esas fueron tus palabras, cielo.
- ¿Enserio dije eso? - Lo miré descompuesta.
- Así es, fuiste una fiera. Me dejaste molido- Me besó cortamente, y me levanté, necesitaba tiempo para asimilar todo.
- Ay qué asco… ¡Joder! - Grité irritada.
- Calma, deja de gritar, Evelyn, por favor, además lo disfrutaste.
- Demasiado diría yo- Dije entrando en la ducha.
Encendí la llave del agua caliente, y calibré la temperatura del agua, me enjaboné entera, frotando enérgicamente.
- ¡Qué asco la puta madre!- Grité mientras quitaba los restos del orgasmo de Seviathán sobre mí. Lo oí reírse, me dispuse a lavarme el pelo, cuando oí la puerta de la ducha abrirse.
- Venga ya, Seviathán…- Dije resignada.
- Tranquila, sólo vengo a ducharme- Lo miré con sarcasmo.
- ¿Y por qué no esperas a que terminé?
- Ducharse sólo no es divertido…- Me sonrió.
- No tengo el cuerpo para diversiones…¡Me mordiste! ¡Mira!- Tenía todo el cuerpo lleno de marcas de sus mordiscos.
- E. ¿Crees que te quedaste quieta? Mira esto- Se giró y le vi la espalda. Mierda. Toda llena de mis arañazos.
- ¡Joder! ¿Eso es cosa mía?- Me asusté.
- ¿De quién va a ser? ¿De doña arcoíris? ¿O de aquel brujo al que no le quitabas el ojo, eh?
Me apoyé en la pared de la ducha, colorada por el compromiso, y por el calor de la ducha, al mismo tiempo.
- ¿De qué hablas, idiota?
- Evelyn, no soy idiota. No le quitaste el ojo de encima.
Me eché el pelo, hacia atrás.
- Harold, óyeme- Lo miré a los ojos.
- No niego que lo haya mirado, nunca vi a un personaje así, y menos, un brujo que hubiera conocido a mi padre Amenadiel, ¿Entiendes?
- ¿Cómo?- Se sorprendió.
- Así es, ¿Es guapo? Si, pero primero, tú lo eres más, segundo, ¿Enserio? ¿Crees que te cambiaría? Estás loco, Barón. No sé cómo piensas esas tonterías. No seas malpensado, Seviathán, no pienso en nadie que no seas tú.
Harold se puso colorado, y me miró.
- Cariño, ¿De verdad?- me dijo con dulzura.
- ¡Claro, idiota! ¿Cómo piensas esas cosas, cocodrilo? No podría lastimarte, eres todo para mí- Lo rodeé con mis brazos y lo besé, el me siguió y descubrí que fue demasiado contacto para él.
- Oh, Harold… ahora no…estoy molida…
- Tranquila mi vida, ¿Qué quieres que haga? Ya se bajará sola.
- Pues aleja a la serpiente de mí, ya tuve bastante con anoche.
- Y que lo digas, cielo- Aprovechó que yo me retiraba, para besarme en el cuello, y darme un último abrazo.
Salí de la ducha, y me puse a secarme, el pelo, y a arreglarme, mientras me di cuenta, de que estaba más fuerte que de costumbre.
- ¿Te pusiste en forma, eh?
- Debo estar en forma, Evelyn. Es mi cometido.
- Ya veo…Bueno, me voy a vestir y me largo, tengo una resaca alucinante, y debo tomarme algo.
- Si, anda, luego nos vemos.
- Hasta luego, cielo- Me despedí de él, y me tuve que poner las gafas, la luz era muy fuerte. Antes de llegar al salón, me topé con un criado.
- Ve cagando leches, y tráeme una aspirina de las grandes ¿Entendido?
- Si, alteza.
Me paré en uno de los aparadores, a descansar, la cabeza me daba vueltas. El criado me trajo la aspirina, y la bebí de un sorbo.
- Gracias, llévate esto.
Me fui al gran salón, y ahí estaban, intentando calmar al rey.
- ¡Callaros ya, maldita sea!- Los criados, estaban temblorosos, todos temíamos al rey, desde luego, le quité el vaso con la aspirina a uno de ellos, y los mandé salir, con un gesto. Me acerqué a él, que no me había visto.
- Para la resaca, padre.
- ¡Oh, gracias, mi niña!- Tomó el vaso rápido y se lo bebió.
- No hay de qué- Me senté en una de las sillas.
- Ay, mi cabeza…- Dije en voz baja.
- Evelyn, ayer lo hiciste muy bien- asintió serio.
- ¿ El qué, padre?
- Todo. Estuviste magnífica. Tanto la tarea de vigilar, como la recepción de invitados, y acompañar a tu maestro al altar.
- Gracias padre, sólo hacía mi trabajo.
- Eso está bien, mira esto.
Arrojó un periódico sobre la mesa.
Miré la portada.
En primera plana, los novios, con un titular en grande, que resaltaba.
" SE CASÓ LA PRINCESA DEL INFIERNO"
Al pie de foto, se podía leer "CAYÓ EL SOLTERO DE ORO"
- Impresionante- Me recosté sobre el asiento de la silla.
- Página 12, Evelyn- añadió el rey.
Abrí el periódico por la página que me indicó.
Era mi foto, rodeada con un círculo. En la misma página, se podía leer:
-"¿Quién es la misteriosa miembro de los Magne? Se rumorea de que es la prometida del Barón Von Eldritch, y nuestras fuentes aseguran que trabaja codo con codo junto a él, que se llama Evelyn Magne, pero no se sabe mucho más de ella"
Cerré el periódico, harta.
- ¿Enserio? ¿Es que no puedo estar tranquila?- Me encendí el puro.
- Evelyn, mi niña, despiertas el interés, porque no pasas desapercibida, ¿Entiendes?
- ¡Qué asco!- me crucé de piernas.
- Pues menos mal, que no entraron para verte cantar borracha, ¿Cuánto bebiste?
Me llevé la mano a la cara. Mierda. Qué vergüenza.
- Pues…ni lo recuerdo…
- Normal, creo que te bebiste hasta el agua de los floreros, Evelyn, pero no sabía que cantaras tan bien.
- Yo tampoco, padre, para ser sincera.
El rey se rio con mi comentario, y se recostó.
- Evelyn, sé que el brujo habló contigo, y que te dio dos frascos.
- ¿Sabrías que me daría los frascos, cierto, padre?
- Fui yo quien le pidió que viniera a verte. Y sus palabras fueron: " Si es la hija de Amenadiel, es tu hija de la sorpresa"
- ¿Qué eso, padre?
- Pues, mi niña, es la deuda, que contraje con mi hermano, al salvarme él de la muerte, ¿entiendes?
Me levanté.
- No quiero ser la carga ni la deuda de nadie, padre.
El rey, se levantó, viendo mi reacción, se sacó el sombrero, y me tomó por los hombros.
- ¡Oh, Evelyn, me malinterpretas! ¿Una carga? Eres mi hija, ¿Comprendes? Tú, eres tan importante para mí, como Charlie, eres mi niña, eres vital para mí, pequeña. Además, en unas semanas, tenemos el exterminio, y serás la guardiana, quiero que prepares el palacio, que blindes todo, que cuides de tu familia, te necesito a mi lado, Evelyn.
Dejé el puro a un lado, en un cenicero, y miré a mi padre.
- Quiero darte las gracias, padre, por dármelo todo, y, sobre todo, por acogerme, cuando no tenía a nadie más. Si me necesitas, no te fallaré, cuenta conmigo, padre Luxfer.
Lo abracé efusivamente, y noté que cerraba el abrazo con fuerza, acariciándome la cabeza.
- Evelyn, necesito que me ayudes, pero debo darte una orden vital, querida.
- ¿Sí, padre? -Me separé de él.
- Te dio dos frascos, ¿Cierto?
- Sí, uno para los poderes, y otro, para la lucha que se avecina.
- Pues sigue sus pasos al pie de la letra, y no bajes la guardia, no la bajes. En dos semanas, quiero el palacio blindado, quiero a mi hija a salvo, quiero que comandes tú la guardia, quiero, que, en tu primer exterminio, seas tú la que guarde mi palacio, ¿Entendido?
- Entendido, padre- El corazón me latía fuerte.
- Buena chica, ahora, ve a hablar con Los Von Eldritch.
- ¿Para qué, padre? ¿Qué debo decirles?
- Diles que el rey los llama, que vengan hoy mismo.
Me cuadré, y besé su mano, me disponía a retirarme, y apareció la reina.
- Majestad- La saludé respetuosamente.
- Vaya, vaya, Evelyn, se te ve bien, ¿cómo te encuentras después de la fiesta de anoche?
- Un poco mejor, alteza, gracias por preguntar, si me disculpa, voy a retirarme, alteza.
- Por supuesto, gran trabajo el de ayer, pequeña.
- Gracias, no menos que el suyo, alteza- Besé su mano, y me dirigí a la puerta.
- Evelyn Magne a su servicio.
Cerré la puerta, resoplé, y salí, en la puerta, estaba la limusina de Harold. Di un golpe en la ventanilla. La bajó, y me miró.
- Querida mía, ¿A dónde vas tan guapa? Me tomó de la mano, con dulzura, y me la besó.
- Pues, iba a hablar con tus papis. El rey los reclama, ¿Vamos?
- Claro, mi amor, ¿Por qué no me escoltas? Me gustaría que lo hicieras, cariño…
Esa mirada placentera, y llena de orgullo, me puso a mil.
- Claro que sí, es mi tarea, ¿No? Espere, Von Seviathán, lo escoltaré.
- Gracias mi vida…- Me incliné sobre la limusina, metí mi cabeza levemente por la ventanilla y lo besé, aprovechó para meter su lengua bífida, y juguetear conmigo.
- Evelyn Magne…a su servicio…- jadeé.
- Von Seviathán al tuyo…- Respondió sonriente. Mis mejillas se tornaron rojas, y me dirigí a la moto, suspiré hondo, arranqué, y fui escoltando al barón por las calles de la ciudad pentagrama, mientras iba apartando el tráfico, para que la limusina pasara con todas las comodidades posibles.
Al llegar a la mansión, paré, y el chófer ayudó a Harold a Bajar, me dispuse a acompañarlo, y fui tras él.
- ¡Harold, querido! ¿Qué tal fue ayer? - Su madre lo recibió.
- Bien, madre, la Centinela trae un mensaje, de parte del rey.
- ¡Evelyn, qué gusto de verte! ¿Qué te trae por aquí?
- Lady Von Eldritch, su majestad el rey, desea veros, a usted, y su eminencia, Lord Von Eldritch, en la mansión, a ser posible cuanto antes.
- ¡vaya! ¿Qué podrá ser?
- El exterminio se acerca…- Dije en voz baja.
- Puede ser, querida centinela, bueno, iré a arreglarme, y en cuanto venga mi esposo de arreglar unos asuntos, iremos. ¿Te parece bien?
- Por supuesto, Lady Von Eldritch- respondí respetuosamente.
- Bien, a todo esto ¿Te lo pasaste bien anoche?
- Ah, pues, sí, la verdad, hacía tiempo que no… - Me rasqué la cabeza, fruto del nerviosismo.
- Me alegro, estuviste estupenda, Evelyn, cada día veo mejor que estés con Harold, cuida de él, por favor, es muy sensible, aunque no lo aparente.
Me sentí abrumada, tomé aire.
- Muchas gracias, Lady, sólo hago mi trabajo, tengo eterna deuda con el rey, y no se preocupe, haré todo lo que sea mejor para él.
- Estupendo, cielo, ayer todo eran halagos para la novia, pero nadie se acuerda de quien lo hace posible, y ahí entras tú, ayer sólo pudiste relajarte al final de la velada, y un rato, por lo que veo.
- Si, fue sólo una hora, me tuve que quedar hasta tarde, para arreglar todo.
Entró Helsa por la puerta.
- ¡Hola! Ah, Evelyn, menuda borrachera te pillaste anoche, y eso que eras la encargada de seguridad, ¿Eh?
- Aun habiendo bebido, no podrían conmigo, Helsa. Yo también me alegro de verte.
La madre de Harold se echó a reír.
- Sin duda, que tus poderes son más de lo que imaginan. Bien, Helsa, hoy tu padre y yo salimos, quédate.
Helsa resopló de mala gana.
- ¿Y tú no tienes nada que ver, Hhm? - Arqueó una ceja.
La miré con sarcasmo.
- ¿Perdona? ¿Quieres hablarlo con el rey? – Añadí.
Harold bajaba en ese momento.
- Helsa, te llevo escuchando desde hace rato. ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Quieres hacer una ronda por los suburbios con Evelyn?
- ¡Ni se te ocurra! – Exclamó airada.
- Pues compórtate, o hago que madures. He hablado con padre, y el lunes quiero verte en mi despacho, ¿Queda clarito? Si quieres derrochar dinero, que sea el tuyo.
Me quedé muda. Tuve que toser, y girarme, para aguantar la risa.
- ¿Estás loco? ¿De qué me hablas?- Helsa estaba encolerizada.
- Pues lo que oyes, empezarás a trabajar para mí el lunes, así que calladita.
Helsa se marchó dando un portazo, llegó el padre de Harold, al que saludé respetuosamente.
- Lord Von Eldritch, vengo de parte del rey, desea verle a usted, a Harold y a Lady Von Eldritch, en palacio, cuanto antes.
-Bueno, si el rey, nos quiere ver, ahí estaremos, querida, vayamos a la limusina, Harold, adelántate.
- Si, padre, Evelyn, escóltanos de vuelta, ¿Quieres?
- Por supuesto, Evelyn Magne a su servicio- Saludé y me dirigí a arrancar la moto, mientras me encendía otro puro.
Fueron entrando, uno tras otro, y Harold, antes de entrar, me lanzó un beso, al que respondí con un guiño.
Un toque de claxon, me avisó de que me pusiera en marcha, y fui escoltando de vuelta a palacio a la limusina con la familia Von Eldritch, excepto Helsa, de vuelta a palacio, con la mirada de toda puesta en la comitiva. Llegué a palacio, aparqué la moto, y acompañé a los Von Eldritch ante el rey.
- Majestad, los Von Eldritch han llegado.
- Pasad, por favor, queridos Von Eldritch, hablemos de negocios, Evelyn, me gustaría, que te reunieras con la reina, está en el jardín.
- Evelyn Magne a su servicio, alteza- Besé su mano y me retiré. Pude oírlos de fondo.
-Realmente lo respeta mucho, alteza- Susurró la madre de Harold.
- Sin duda, Evelyn es buena chica, bueno, a lo que íbamos…
La conversación se perdió a medida que yo avanzaba, en el jardín.
Me topé con Noche, que se cruzó bruscamente conmigo, parecía nerviosa.
- ¿Qué pasa, noche? ¿qué te sucede? – Me mordió la pierna, me tiraba de la pernera del pantalón, y me arrastró a trompicones, a un lado del jardín, donde yacía Sombra, en el suelo, tumbada.
- ¡SOMBRA!
Corrí a ella, la tomé en brazos, estaba inerte, sin vida, fría. Traté de reanimarla, mientras Noche lamía su cabecita.
- Vamos Sombra, me cago en la puta…- Estuve un rato, tratando de reanimarla, pero no pude, con ella, no pude, fue inútil.
Estaba muerta.
Había fallecido hace algunas horas.
- Sombrita…mi niña… ¡MI NIÑA!
La tomé en brazos, y rompí a llorar amargamente, no me di cuenta, de nada, cuando noté un brazo suave sobre mi hombro.
- Lo siento, pequeña Evelyn…debió fallecer hará unas horas.
- Ayer se le veía tan bien…Sombrita…era mi niña…
- A veces pasa con estos animalillos, Evelyn, lo siento, cielo- Dijo la reina en voz baja.
Dejé a Sombra un segundo en el césped del jardín, y rompí a llorar con tanta pena, que me agarré a las faldas del vestido de la reina, desesperada.
- ¡No es justo! ¡Ella no debía morir!
La reina se agachó sobre mí, y me tomó de la cara.
- Hija mía, las injusticias están a la orden del día. Tú recogiste a ese animalillo de la calle, le diste la mejor vida posible, vivió como nadie, y murió feliz, rodeada de quienes la querían, quédate con eso, cielo, hiciste lo correcto, y ella te lo agradece- Acariciaba mi cabeza, para calmarme- Ahora, le buscaré un sitio para enterrarla yo misma, no te preocupes, Noche, quédate con Evelyn.
Noche se apegó a mí, ronroneando para calmarme, y lamiendo mi cabeza.
Aquella tarde, fue la más larga, insoportable, y la peor que tuve en muchos años. No me moví de aquel rincón del jardín, con Sombra bajo mis brazos, y noche cuidando de mí. Un criado se llevó a Sombra, la tapó con una delicada manta de seda, y buscó el rincón preferido de ella, según dijo la reina, excavé yo misma, con mis manos, la tumba de mi querida sombra. Me llené de tierra, pues habían regado, pero me daba igual, la enterré yo misma, tapé su tumba, y me puse arrodillada, a llorar en silencio, cuando noté unos pasos por detrás.
- Evelyn, lamento lo sucedido, mi niña.
- No era justo… ¡Ella dormía conmigo, me seguía a todas partes! ¡Que me devuelvan a mi Sombrita! – Estaba tan irritada como abatida, el rey, se agachó, y me miró.
- Evelyn, he acogido a cuantos pude, y sé lo que sientes, pero no podemos luchar contra lo inevitable, ahora sólo quedarán buenos recuerdos, y el sentimiento, de que ella vivió lo mejor, junto a ti, ahora, debes ser fuerte, porque lo que viene, te pondrá a prueba, como nunca antes, por ti, por ella, y por todos nosotros. Ella no se rindió, y se puso bajo aquel árbol, que tanto le gustaba, para que la encontraras y supieras que se fue en paz, para darte las gracias por todo, mi niña.
Abracé al rey llorando, y noté que él estaba afligido, pues tenía especial cariño a Sombrita.
- Ella era igual que tú, una fierecilla. Aún recuerdo cuando me bufó por primera vez, y aquella vez que le dio un zarpazo a la serpiente, ¿Recuerdas?
- Si- Dije riéndome, secándome las lágrimas.
- La reina aquel día estaba furiosa, pues la serpiente es suya, pero yo estuve riéndome tanto, que me dolieron las costillas. Ella, está mejor que nunca, siempre lo estuvo, a tu lado mi niña- Vi cómo se le aguaron los ojos y casi lloraba.
- Ahora, ah, mira, Harold viene por aquí.
- Evelyn, cariño, ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? - Estaba muy preocupado.
Le señalé la tumba con un gesto de la cabeza.
- Sombrita…La encontré muerta…- Dije entre sollozos, abrazándome a él.
- Vamos, cariño, hiciste lo que pudiste, además, ella estaba feliz contigo, siempre lo estuvo, cálmate, ¿eh? A nadie le gusta verte tan mal. Ya…mi vida, ya…
Harold estuvo un rato calmándome, hasta que respiré al mismo tiempo que él. Me abrazaba con fuerza junto a su pecho.
- Evelyn, mi niña, aquí plantaré un manzano, para que la recuerdes, y puedas sentirte más cerca de ella, ¿Te parece bien?
- Si, papá- Dije secándome las pocas lágrimas que me quedaban.
- Así me gusta, cielo, ahora, retírate, Noche se quedará conmigo aquí, ¿A que sí? - Acarició la cabeza de Noche, que ronroneaba.
- Está bien, padre. Respecto a la reunión…
- No te preocupes por eso, mañana hablamos, ahora, vete a tu habitación, y descansa.
Harold me llevó a mi cuarto, donde me recosté, a llorar, ya no de esa manera tan angustiosa, pero sí lloraba en silencio, el me calmó, y se quedó a dormir junto a mí, aquella noche, me quedé dormida sobre su pecho.
Me levanté en silencio, y me fui al jardín, a mirar la tumba de Sombra, mientras fumaba un puro, tranquilamente.
"I like to look at you from a distance
I like when you scream in my facer
Afraid to say the right words in right order
So it makes sense to a person with such grace"
Exhalé el humo del puro, echándolo sobre la tumba, para purificarla.
- Sombrita, sólo quiero darte las gracias, por todo, mi niña…gracias por todo…
Me levanté, y me dirigí al estanque, para pararme a contemplar las carpas.
"What if my dreams don't become reality
Is my life just a big mistake?
Will I be happy for the times I have?
Wood I reconsidere recalcúlate"
Un mensaje al teléfono Hellphone.
- "¿Dónde estás, cielo?"
No contesté, quería estar sola.
"I wanna be heard but leave no trace
I wanna be seen, won't take no space"
- Vaya, vaya, si es mi niña, sola en el estanque.
- padre…
- Sabes, ayer los Von Eldritch me hablaron bien de ti, de que estaban felices de verte con Harold, y quieren, que tú seas la madre de sus nietos.
Lo miré, con indiferencia.
- ¿Tan joven y ya me quieren joder la vida?
Mi pregunta mató de risa al rey, que tuvo que sentarse.
- ¡Ay, mi niña! ¿Es que no lo ves? ¡Quieren que tu sangre se mezcle con la suya! ¿Sabes que les dije?
- Soy Centinela, no vidente.
Estuvo riéndose otros segundos, y me miró.
- Les dije, que eso era cosa tuya y de Harold, pero que seguramente, tú des el primer paso.
- ¿Y cómo sabe que lo haré?
- Fácil. Veo en tus ojos, cuando lo miras, el mismo amor, cariño, y afecto, que veía yo en los de mi dulce manzana, Lilith, cuando me mira.
Tomé aire del puro, una larga bocanada, y la expulsé.
- Ahí le diste, Luxfer. Pero aún no, cada cosa a su tiempo, las prisas son malas consejeras.
- ¡Ja! Bien dicho, Evelyn, ahora, no seas malvada, y contesta a Seviathán, debe estar preocupado.
- ¿No puedo descansar ni un momento? - Dije harta
- Claro que sí, fierecilla, pero al menos dile algo, para que no esté llamando. A todo esto, Evelyn.
- ¿Sí?
- En las próximas semanas, te diré como defenderte de los ángeles exterminadores, así que, te quiero fresca, y atenta.
- Entendido.
Me levanté, y no besé su mano, lo besé en la mejilla. Se sorprendió tanto que me miró.
- Evelyn Magne a su servicio.
"The older I get, the younger I feel
The younger I feel, the older I seem
The more I feel, my age seems real
Life to pretend, I'm as young as feel"
Me llamó Seviathán, contesté.
- ¡Evelyn Magne!
- Dime, cocodrilo.
- ¿Por qué no me contestas al teléfono?- Estaba preocupado.
- Tranquilo, es que hablaba con mi padre, cocodrilo.
- Bueno, ten cuidado la próxima vez, eh, ya veo que estás mejor. Oye…
- ¿Sí, cocodrilo?
- Mis padres quieren que nos casemos…y que tengamos descendencia…
- Lo sé, ¿y qué dijiste?
- Que era cosa de ambos. Que debía preguntarte.
- ¿No me tomé la pastilla? Me encantaría, cocodrilo.
- ¡Estupendo! ¡Voy a contárselo! ¡Te quiero, Evelyn mía!
Harold colgó, y yo me reuní con la reina, para hablar del exterminio, y de las nuevas sobre Harold, se mostró muy satisfecha, con la idea de más linaje Magne, me felicitó.
-Ven querida, ahora, aprenderás sobre tu enemigo, para derrotarlo, debes saber cómo es.
Me mostró en la biblioteca un tomo enorme, sobre los ángeles exterminadores. Cómo eran, la fuerza que tenían, y lo que usaban, las lanzas, son unos seres muy poderosos, que arrasan una vez al año con todo lo que haya en el infierno, para menguar su población.
Empezó con intento de invasión, pero el rey lo usó para aliviar la sobrepoblación del infierno.
Durante horas, estuve estudiando, hasta que cayó la noche, y me fui a descansar.
Me tumbé, pensando, en cómo derrotar a esos seres.
Pasaron los días, y una noche, al tumbarme...
Me sonó el teléfono, y el rey, me hizo levantarme, a acudir, al salón.
- ¿Sabes lo que es esto? - Tenía una lanza en la mano.
- Un arma de exterminador.
-Bien, ¿Sabes cuál es el punto débil de un exterminador?
Negué con la cabeza. Me arrojó la lanza, la esquivé, y, aun así, me rozó en el hombro, rajándome la ropa, e hiriéndome. La lanza se clavó en la pared.
Miré a Lucifer asombrada, e indignada.
- No tiene punto débil. Para matarlos, debes ser más fuerte que ellos. Esa te ha rozado. A mi hermano le dio de lleno una y lo mató. ¿Comprendes?
Asentí con la cabeza.
Bien, ahora ve a descansar.
No dije nada, me metí en mi habitación, me saqué la ropa y miré la herida.
- Coño. Menudo tajo.
Lo tapé como pude, y me recosté, mañana estaría cerrándose la herida, miré el frasco, de lo que me dio el brujo.
"Aumentará tus poderes y podrás ver en la oscuridad"
Me incorporé, abrí el tarro y tomé aire, me lo bebí de un trago.
Sentí un dolor en el pecho, fuerte, y noté, como la cabeza me daba vueltas, me tumbé, retorciéndome de dolor, golpeando la cama. Arqueé la espalda, y me desmayé.
- Evelyn, Evelyn, despierta…la lucha se acerca…
- ¿Padre?
- Recuerda: No hay redención de la mano de un Magne…
Me desperté, miré a mi alrededor, y no había nadie, me desperecé, miré la herida, y ya había sanado, no había nada, ni una marca.
- Bueno, vamos mejorando.
Me metí a la ducha, a asearme, y al encender la luz, me tuve que tapar los ojos, de lo fuerte y lo molesta que me resultó.
Estuve dando tumbos por la ducha, hasta que me acostumbré a la luz, y pude acicalarme, y salir.
Habían pasado varios días, desde la boda, esperaba ver a Charlie, así que fui al despacho del rey, nada más salir, me tuve que poner las gafas.
- ¡joder con la luz!
Toqué la puerta del despacho.
- ¿Sí?
- Soy Evelyn, padre Luxfer.
- pasa, querida.
Entré, y ahí estaban: Alastor, y Charlie. Con un aspecto radiante.
- ¡Evelyn!- Charlie me abrazó.
- ¡Hola, Charlie! ¿Qué tal? ¿Cómo os ha ido?
- ¡Muy bien! ¡Te extrañaba!
- Gracias, oh, maestro Alastor, Cuánto tiempo…
- Hola Evelyn, un placer verte, ¿Por qué no tomamos asiento?
- primero los herederos- Sonreí.
Tomaron asiento, y les seguí.
- Bueno Evelyn, Hablábamos de que quedan unos pocos días, y ya tenemos todo planificado, ¿Verdad?
- Claro, padre, ya está todo blindado.
- Y creo, que Alastor, quiere hablarte.
- Dígame, maestro Alastor.
Alastor se clareó la garganta, carraspeando.
- Evelyn, pues verás, Charlie y yo, vamos a ser padres…y nos gustaría, que fueras la madrina.
Empecé a toser, me quedé pálida.
- ¿Qué?
- Evelyn, quieren que seas la madre sustituta, a veces Charlie no podrá hacerse cargo, y quiere que seas tú.
- ¿Y no puede ser la reina? No se ofenda nadie, pero yo no soy madre…
- Lo sé, querida, pero la reina, también quiere que tú cuides a la descendencia de Charlie y de Alastor, ella será su instructora, pero quieren que tú los cuides, ¿Quién mejor que tú?
ME puse nerviosa, a sudar.
- Vamos a ver, estoy ocupadísima, y encima esto, ¿Me queréis matar, o qué? ¿Cómo enseño yo a un crío a ser un buen demonio?
- Evelyn, calma- Dijo Alastor- Estás preparada, para cuidarlos. Sólo quiero, que transmitas tus conocimientos, sabes vudú, magia Lucerna y Enoquiano, nadie en el infierno maneja todo eso, además, no es algo constante, sólo cuando Charlie te requiera, la reina te ayudará, cuando llegue el momento, ¿Sí?
-Ufff…Me vais a matar, enserio…- Me temblaban las manos.
- A todo esto, ¿Por qué llevas las gafas puestas? ¡Quítatelas! ¿Es que vas bebida? - El rey me sacó las gafas, y me tapé.
- ¡AA.! ¡mis ojos!
Lucifer me miró, y sonrió de lado.
- Así que, ya la tomaste ¿eh? Vaya, vaya, se te ve distinta…te ves igual a…oh, vaya, bueno, Evelyn, serás la tutora del bebé de Charlie cuando nadie más pueda, así que podrás compaginarlo, con tus deberes matrimoniales, en cuanto te cases con Seviathán, ¿Sí?
- Está bien…ya os vale, eh…ahora, ¿Puedo irme? - Me tapé cual vampiro, la luz me molestaba.
- Claro, mi niña, vete, te queda mucho aún por entrenar.
Justo antes de cruzar la puerta, rocé a Charlie, y noté algo, en ella. Me paré en seco, y giré ligeramente la cabeza.
- Charlie.
- ¿Sí, Evelyn?
- Son dos. Mellizos.
Cerré la puerta, y me largué, con Seviathán, a tomar algo, a una cafetería.
- Seviathán…
- Dime, cariño- No me soltaba del brazo.
- Las cámaras…los fotógrafos…
- Lo sé, siempre me siguen, qué le vamos a hacer.
Madre mía, y yo que soy tan discreta…- Dije sorbiendo café.
Evelyn, quítate las gafas, mujer, parece que te haya golpeado.
Resoplé y me saqué las gafas. Me miró a los ojos.
- ¿Qué coño? ¿Esto es cosa del brujo? ¡Lo mato! - se enfadó.
- Calma, deja que te explique, me cambió el color de ojos, sí, pero es para aumentar mi poder, y poder ver en la oscuridad. La poción se la dio mi padre Amenadiel para que me la diese.
Harold miró mis ojos, con detenimiento.
- A decir verdad, son preciosos, Evelyn, mírate, son anaranjados, preciosa.
Me besó, y pude notar los flashes de las fotos, golpeándome los ojos, los tenía muy sensibles.
- Seviathán, me han propuesto ser la tutora de los hijos de Charlie…cuando ella no pueda…
Harold se llevó la mano a la cabeza.
- ¿Qué? ¡Explícame eso ahora mismo!
Estuvimos un rato hablando, y él no salía de su asombro, y me animó, orgulloso de que fuera a ser la tutora de los herederos del infierno, eso sería un orgullo para la familia.
- ¡Evelyn mía, qué orgulloso estoy de ti! ¡Mis padres se pondrán muy contentos!
- Me parece muy bien, pero temo no estar a la altura, Sebe…
- Oh, cariño. Lo estarás, ahora bien, cuando nos casemos, ¿Cómo te harás llamar?
- Evelyn Magne Von Eldritch.
Seviathán sólo sonrió, y me volvió a besar.
- Te quiero, ahora, volvamos, quedan dos días para el exterminio, y quiero, que estés preparada.
Nos fuimos, yo en mi moto, y él en la limusina.
Y llegó el día del exterminio, el rey esperaba en silencio. Mientras yo preparaba todo.
- ¡Quiero todo, todo, sellado, las entradas principales, las secundarias, todo, sellado, las ventanas, las puertas, todo!
- ¡Que los guardias vigilen todo, no quiero ni una rendija, a mí la guardia!
Todos formaron firmes.
- ¡Bienvenidos al exterminio, señores! ¡Aquí hay dos normas, la primera, aquí mando yo, y la segunda, todos luchamos, nadie se rinde, si alguien se rinde, lo mato yo misma con mis propias manos! ¿Entendido?
- ¡Si, Centinela!
- ¡Vamos, micos! ¿Queréis seguir vivos?- Los alenté, y fueron con la adrenalina por las nubes, a formar en la entrada. Mi padre, miraba en silencio desde lejos.
- Hablaste muy bien, Evelyn, pequeña- Lilith me felicitaba.
- Gracias, alteza, ahora, que todos estamos aquí, en el gran salón…- miré hacia la familia Von Eldritch, venían a pasar el exterminio a salvo.
Fuimos al salón de invitados, donde los demás tomaban café, té, mientras simplemente conversaban.
El rey hablaba con Harold, y Charlie se dirigió a mí.
- Evelyn, ¿Cómo sabes que son dos? Yo me lo temía, pero tú… ¿Cómo?
-Pues no sé, cómo, digamos que lo sé.
- ¿Y qué te pasó en los ojos? ¿Por qué cambiaron de color?
- Es una larga historia, pero es para bien.
- ¡Te sientan muy bien!
- Gracias, Charlie, deberías sentarte a reposar…
- Si, tienes razón, a todo esto, siento lo de tu gata…Sombrita era un encanto…
- Gracias, cielo, muchas gracias en su nombre- la abracé, y la acompañé a su sitio.
Las campanas de las doce retumbaban por todo el infierno, y se oían desde palacio.
- Bueno, otro exterminio más, otro año más- Añadió Lord Von Eldritch.
Las horas pasaban lentas, muy lentas, sobre todo para mí, llegó un punto en el que me dormí, y un grito ahogado me despertó, me desperté de repente, y miré a todos lados.
- ¿Te pasa algo, Evelyn mía? - Harold se preocupó.
-Nada en especial…cosas mías.
Un soldado, se acercó, y me susurró al oído.
"Están merodeando el palacio"
- Está bien, estad alerta.
Un golpetazo en el tejado de palacio alertó a todos.
- No se preocupen, está todo controlado, ¿Verdad, Centinela? - El rey me miró.
- Así es, de todas maneras- dije levantándome- voy a asegurarme de algo.
Al verme dirigirme a la salida, Harold me miró.
- Cuidado, Evelyn.
- No te preocupes, que tengan cuidado ellos.
Hice aparecer un bate de béisbol en mi mano, y salí a la puerta del palacio.
Allí estaban rondando por los cielos nocturnos de la ciudad, con sus máscaras de luces, y sus lanzas, con esa sonrisa macabra.
Me transporté al tejado, y allí estaba; uno de ellos, intentando romper las vidrieras de palacio. Era de noche, completa oscuridad, él no me vio venir, pero yo sí podía ver en la oscuridad.
No vio venir el golpe.
Mi batazo lo tiró de espaldas.
- cariño, ya estoy en casa- Dije armoniosamente, mientras me atacó con su lanza, la esquivé, tal como me enseñó padre Luxfer, y arremetí contra él, golpeándolo con fuerza, en las piernas, con lo que cayó ante mí. Lo rematé, una, y otra, y otra vez, hasta hacerlo papilla.
- ¡NADIE PISA EL PALACIO DE LUCIFER, REY DEL INFIERNO! - Grité tan fuerte como pude, para que me oyeran.
Miré su cadáver, con la cara descompuesta, hecha pedazos, el cráneo destrozado, era algo digno de ver. Le saqué la máscara, y me la llevé a la puerta del palacio. Cerré tras de mí, y llegué a la salita, donde arrastraba la sangre de aquel repugnante ser, y me paré ante la sala.
- ¿Y bien? - Lucifer esperaba respuesta.
Mostré la máscara del ángel, ensangrentada, mientras ponía el bate sobre mi hombro.
- Captaron el mensaje.
- Perfecto, querida, otra más para mi colección- Un criado se la llevó.
- Ahora, Evelyn, date una ducha, y vuelve aquí, buen trabajo.
- Majestades. Sres. Von Eldritch-
Me retiré, para darme una ducha, mientras el agua caliente limpiaba la sangre del exterminador, me di cuenta, de lo que era capaz de hacer, con mis poderes aumentados, matar al ángel no había sido fácil, pero tampoco difícil.
Lo que me dijeron era cierto: era demasiado para Alastor. El poder del Leviatán, que moraba en el interior de mi prometido, era más adecuado para mí, y estaba muy satisfecha de mi decisión.
Me puse la ropa, que mi padre solía llevar, y me paseé por el palacio, hasta volver a la sala de invitados, donde me paré a hablar con mis futuros suegros.
- Sres. Von Eldritch, es tarde, padre Luxfer, ¿No deberíamos acompañar a los invitados a sus habitaciones para que descansaran?
- Es una idea estupenda, Evelyn Magne, acompaña a los demás, a que descansen, luego vuelve aquí, con Seviathán.
- Evelyn Magne a su servicio.
Con la habitual cortesía, me despedí de él, y uno, tras otro, fui acompañando a los invitados, Charlie con Alastor, Helsa, y los futuros suegros.
- ¡Eres muy atenta, Evelyn! ¡Gracias por todo!
- No se me dan, hago mi trabajo, si necesitan algo, no duden en llamarme, y descansen, el palacio está protegido.
- Gracias por todo, querida, nos veremos mañana- Respondió Lord Seviathán.
- Claro, cuente con ello, excelencia.
Volví de camino, y el rey me recibió con un buen cargamento de café en la mesa.
-Tenemos para rato, parejita.
- Ya lo creo, padre.
La noche transcurrió entre risas, charlas, y anécdotas. Sólo quedamos Seviathán, Luxfer y yo, ya que la reina decidió irse, a descansar.
- Harold, te veo cansado, ve a dormir.
- ¿Qué pasa contigo? No quiero verte agotada.
- No te preocupes, estoy hecha de otra pasta, y llevo muchos días descansando demás, para estar fresca hoy, además, casi son las seis de la madrugada. Ve a dormir, ¿Sí?
- Está bien, pero si te cansas, reposa, ¿Ok?
- Está bien, cocodrilo.
- Te quiero- Me besó en la coronilla, y se fue. Me quedé tomando café.
- Evelyn, mi niña, ¿Cómo has hecho papilla al exterminador?
- Lo vi en la oscuridad, y lo machaqué. Con dos golpes, lo derribas, con el resto, ya no se levanta.
- Excelente. Necesitas dormir, hija.
-No, además, llevo soñando varios días con Amenadiel, sabes, padre.
- ¿Ah sí? ¿Qué te dice?
- Que llega la lucha, que sea fuerte.
- y por eso, no quieres ir a dormir…
- Me cansan los sueños lúcidos, dan miedo, a veces…
- Totalmente- Lucifer me sirvió café.
Estuve hablando con el rey, llegó el día, entre charlas, e historias de batallas con Amenadiel, de locuras de cuando ambos eran ángeles, de cómo conoció a Lilith. De cuando tuvieron a Charlie.
- Lilith sigue siendo tan hermosa como cuando la conocí y caímos juntos, sabes, los Nefilim, tus antepasados, la llamaban "Madre de todos" porque ella fue la primera mujer de Adán, pero no se dejó dominar. Los Nefilim, tienen ese espíritu rebelde, y tú, lo heredaste. Sé lo que sufriste en la Tierra, mi niña, y creme, los que te hicieron esto, tienen billete directo al último círculo del infierno.
- Papá…quiero saber, por qué me pusiste aquella corona infernal…dolía tanto, que no podía ni pensar.
- Porque era necesario, que vieras tu poder. Sé que, durante el sueño, me viste, a mí, y hablaste conmigo, porque lo notaba. Cuando un ser tan poderoso, despierta de su letargo, es peligroso, mi niña.
- ¿Por qué me elegiste como tu Centinela?
Lucifer bebió café.
- Evelyn, el cielo, tiene a Miguel, y yo, tengo a Evelyn, ¿Entiendes?
- Ya veo…
- Tú eres mi mano izquierda.
- Aún no me creo…todo lo que pasa dónde estoy…- Me abrumaba toda la situación.
- Sabes, cuando caímos, no había nada. Era todo un páramo, triste y desolado, y nosotros sus dos reyes, exiliados del cielo, despojados de su gracia.
La conversación se vio interrumpida, por el desayuno, que lo traían los siervos.
- Señor, los invitados vienen a desayunar.
- Excelente.
Llegaron Alastor, el más madrugador, junto a Charlie.
- Majestad, Evelyn, ¿Aún aquí? ¿No dormiste?
- Es mi cometido, soy el centinela.
- Digna centinela del infierno- sonrió.
Charlie se sentó junto a él. Llegaron Los Von Eldritch.
- ¡Buenos días, Majestad! ¡Evelyn, en nombre del infierno! ¿No dormiste?
- Ya dormí ayer, no puedo bajar la guardia, excelencias, tomen asiento, y que les sirvan lo que desean- Hice el gesto para que los atendieran.
Estaba bebiendo café, cuando Harold llegó.
- ¡Evelyn Magne! ¡Vete a dormir!
Lucifer estalló en risas.
- Parece que el futuro esposo te cuida…
Me puse colorada, tapándome la cara.
- Tranquilo Von Seviathán, ya dormí anoche, ¿Recuerdas?
- ¡Sólo dormiste un par de horas! ¡Ve a descansar, mujer!
Reí suavemente, agitando la cabeza, era tan tierno verlo preocuparse por mí.
- Tiene razón, Evelyn, ve a descansar.
- Pero padre, tú también debes…
- Evelyn tiene razón, cariño, ve a descansar.
- Pero mi amor…- Dijo Lucifer, besando dulcemente la mano de su amada esposa.
- Ve, estaremos bien, descansa, cariño.
- Como quieras, mon amour…- Se puso el sombrero, y me tomó del hombro.
- Vamos, centinela, toca descansar.
- Si, majestad.
Nos retiramos, los dos, hablando por el pasillo.
- Majestad…
- Dime, centinela.
- ¿quiere mucho a Lilith, ¿verdad?
Nos detuvimos ante mi habitación.
- Claro, mi niña. Durante milenios, fue lo único que tuve, hasta que llegó Charlie, y ahora tú. Y sigue siendo mi vida, ¿Entiendes?
- Ajá.
- Bien, ahora vete a dormir, cuando haya terminado todo el desastre, te llamaré, e irás a celebrarlo, ¿Entendido?
- Entendido, majestad.
Me despedí con la cortesía de protocolo, y me dejé caer sobre la cama.
Tuve un sueño.
- ¡Evelyn! ¡Levanta! ¡Es la hora!
Me desperté asustada, y miré de nuevo a todos lados, pero no había nadie. Sólo yo.
Llamaron a la puerta.
- Evelyn, el rey le llama.
- Ya voy.
Me adecenté, y me dirigí al gran salón.
- ¡Evelyn Magne! ¡Escucha!
¡DING! ¡DONG! – Las campanas del reloj, marcaban el final del exterminio.
- ¡hemos pasado el exterminio más tranquilo en años! ¡Gracias a tu trabajo impecable, bravo!
Los asistentes me aplaudieron, y me puse nerviosa.
- No es nada, sólo hago mi trabajo, alteza.
- Pequeña, tu tarea ha sido vital- Dijo Lilith con firmeza.
- Gracias, majestad- Bajé la cabeza, en señal de respeto.
- ¡Bien, ahora, iros, a celebrarlo, Mimzy me dijo que os esperaba hoy así que subid!
Alastor decidió quedarse, Harold y Charlie me acompañaron.
- ¿Seguro no quieres venir, cariño?
- No, querida mía, debo hablar unas cosillas con tu padre.
- Estupendo.
- Evelyn, cuida de Charlie- me pidió Alastor.
- Por favor, no se pide, soy la guardiana del linaje, maestro Alastor.
Lucifer abrió un portal, y nos fuimos al Avernus.
- ¡HOLA!- gritaron todos, soltaron confeti, y serpentinas, nos estaban esperando.
- ¡Felicidades por tu primer exterminio, Evelyn!
Abracé a esa pequeña gran mujer, como era Mimzy, tan llena de vitalidad, y de orgullo, y amor propio, fue la primera en dejar de seguir a Alastor, la primera en decir "Aquí estoy yo" Una poderosa mujer de armas tomar, sin duda.
- Gracias, Mimzy querida… ¿Puedes ponerme algo especial? (Y nada de alcohol para la princesa)
Mimzy me miró, abrió los ojos como platos.
-¡Aaahhh!
- ¡SSSSHH!- La callé corriendo.
- No digo nada, no digo nada- y se fue emocionada a ponerme un doble Angel Dust, que Harold y yo nos tomamos, y un San Francisco para Charlie.
La fiesta se armó grande, Harold y yo bailábamos, Charlie cantaba en el karaoke, todo iba bien hasta que un grito de terror desgarrador, se oyó, como nunca otro, en el Avernus.
-¡UN ÁNGEL EXTERMINADOR!
El caos fue bestial, con todo el local abarrotado, tuve que abrir paso con la ayuda de Harold, para poner a salvo a Charlie tras la barra, sin que la hiriesen, junto a Mimzy, nos pusimos a espiar tras la barra, y allí estaba: rondando el pub, parecía que buscaba a algo…o a alguien…
- ¿Lo ves? - Dijo Harold en voz Baja.
- Sí, está allí. ¿Pero qué hace aquí? Ni es su mundo, ni es la hora- dijo Mimzy.
- Estamos en apuros, si abrimos el portal, nos seguirá, y podría herir a Charlie- Dijo Mimzy en voz baja.
De repente, un flash vino a mi mente.
- "Algún día, mi estirpe acabará contigo..."
-Es la hora, Evelyn Magne.
Abrí mi bolsita de cuero, y le di el regalo del brujo a Charlie.
- Charlie, esto me lo dio el brujo Giralt de Rivia, para ti, póntelo, te protegerá.
Charlie se lo puso, y abrí la botellita de la poción, me la tomé, me subió el calor del cuerpo, y miré mi reflejo, mi piel se había vuelto pálida, y mis ojos negros.
Me levanté, ante los gritos de Harold, que me miraba desde la barra.
El ángel lo miró a él.
- Eh, eh, mírame a mí, esperpento del cielo, pedazo de mierda celestial, maricón alado, mírame.
El exterminador, me miró, y se fijó en mí- me di cuenta, de que era diferente: tenía una corona negra, sobre su cabeza. Caí en la cuenta de quién era.
- Bien, eso, vamos a zanjar este asunto, desgraciado, ¡Vamos, vamos!
¡NEFILIM, ¡TE UNE UN JURAMENTO, DÁLE AHORA CUMPLIMIENTO!
Saqué mi seax, y el ángel se lanzó hacia mí, lo paré, paré su lanza, quedamos cara a cara, y lo golpeé, con mi cabeza, volvió al ataque, me rozó, rompiéndome la ropa, los demás quisieron ayudar, pero los bloqueé con un hechizo.
Volvió a atacarme, con saña, yo esquivaba, como podía, con mi seax, pero me dio, hiriéndome en el brazo, lo cual me enfureció, y acabé atacándolo con todas mis fuerzas, golpes que le costaba repeler, ya que mis poderes iban aumentando, hasta que, en un arrebato, le golpeé, y la lanza se partió en dos, me miró, y arrojó la lanza al suelo, y me retó.
Tiré mi seax, y lo miré.
- ¡VAMOS, ¡PERRO DE DIOS, ¡TE MATARÉ CON MIS PROPIAS MANOS, REGARÉ EL MUNDO CON TU SANGRE!
Nos enzarzamos, cuerpo a cuerpo, golpe tras golpe, me llevé golpe en la cara, me rompió el labio, y yo, presa de la rabia, le golpeé en la cabeza, tan fuerte, que le saqué la máscara.
ERA ÉL.
EL MISMO.
SIN DUDA.
LA MARCA.
Entonces, me abalancé sobre él, y con un golpe seco con la palma de mi mano sobre la nariz, lo dejé atontado, y seguí golpeándolo en la cara, le dejé la nariz rota, la cara hinchada, pero seguí dándole, y, aun así, me dio un rodillazo en el estómago, que me dejó k. o, unos segundos. Miró a los demás, y me miró a mí.
-No…Los demás no…Charlie…Harold, mi vida…
Con su mirada, me hizo de saber que los mataría.
Se dispuso a tomar lo que quedaba de la lanza, para atacarlos. Eso, no lo iba a permitir, y me lancé por su espalda, para sujetarlo del cuello, y asfixiarlo.
- ¡TE MATARÉ CON MIS PROPIAS MANOS! - Grité mientras hacía presión, pero él seguía resistiéndose.
- ¡No dejaré que pase, no otra vez! ¡NO DEJARÉ QUE PASE, NO OTRA VEZ!
Con un esfuerzo titánico, apreté su cuello, con toda la ira, el dolor, el resentimiento, la furia, la rabia acumulada, hasta tal punto, que un sonoro crujido, me indicó la fractura de su cuello, y noté su corazón parándose. Noté cómo moría. Lo miré antes de morir.
- No hay redención de la mano de un Magne.
Cuando el ser murió, deshice el hechizo, y los demás vinieron a comprobar mi estado.
- ¡EVELYN! ¿ESTÁS BIEN CARIÑO? ¡EN QUÉ PENSABAS!
Harold me miró las heridas, me besó asustado.
De repente, noté algo, me palpé el abdomen.
El muy cabrón me hirió, de gravedad.
Me caía de la silla, Harold me sostuvo.
- Harold…no… me dejes sola…
- Eve, Evy, Evelyn mía, mi amor, Evelyn, ¡No me dejes!- Harold lloriqueaba.
- Te quiero…Harold…
Y todo se volvió negro.
