Quédate: Parte Dos
Capítulo 6
Si cerraba los ojos, podía volver a sentir el temor, la sangre congelándose en mis venas, los gritos de Sasuke y el llanto de Karin; como así mismo, la desesperación de Sasori, el mutismo de Sakura y los ojos temerosos de Jiraya.
¿Qué pasó con Naruto?
Estábamos bien, diría que hasta felices, estuvo juguetón y coqueto como siempre, hasta que palideció y aparecieron sus migrañas y... ¡carajo!
—Hinata.
Abrí los ojos para ver a Ino y Sai que estaban frente a mí, habíamos llegado al hospital en medio de una bruma de temor y locura, Sasuke había saltado todos los semáforos en rojo conduciendo apremiado por la urgencia
—¿Si?
—Está amaneciendo y tenemos que irnos ¿te vas con nosotros?
—No. Me quedaré aquí hasta saber que está bien.
—¿Necesitas algo?
—Por ahora no, gracias.
—Te llamaré después, cualquier novedad, me avisas.
Nos despedimos rápidamente y apenas desaparecieron de mi vista, volví a mi preocupación, pasé las manos por mis cabellos, respiré fuerte y analicé mi situación: ¡estaba aterrada! Naruto había gritado de dolor, se había desmayado ante mí y no tenía la más mínima idea de lo que pasaba. Caminé por el pasillo hasta llegar a la cafetería, Sakura, Karin y Sasori estaban con Tsunade en una mesa, no podía pasar nada por mi garganta pero, igual fui al mesón y pedí un café.
¡Joder, ¿por qué no salía nadie a decirme que estaba bien?!
No pude más con la angustia, apoyé mis brazos en el mostrador y dejé caer mi cabeza, la sensación de desamparo era terrible, me sentía vulnerable y sin fuerzas para frenar el llanto que me atacaba.
No sé cuánto tiempo estuve así, pero tomé conciencia de la situación cuando sentí una suave mano acariciar mi cabello.
—Hinata, hija, tranquilízate, él necesita nuestra calma.
Levanté mi cabeza, la madre de Naruto me estaba ofreciendo consuelo. Le di una media sonrisa.
—¿Has hablado con Jiraya?
Ella negó lentamente con la cabeza.
—Solo cuando nos dijo que le harían unos exámenes.
—¿Cuándo podré verlo?
—No lo sé. Tú sabes que los médicos tienen sus propios tempos.
—La espera me mata, no soporto la incertidumbre —traté, tontamente, de justificar mis lágrimas.
—Hinata, necesito preguntarte algo.
La mujer tomó el vaso de café del mesón y me señaló el pasillo, parecía nerviosa. Me puse de pie y salí de la cafetería, cuando estábamos camino a la sala de espera, ella tomó mi mano y me preguntó.
—¿Amas a Naruto?
No esperaba esa pregunta.
—Soy su novia.
Claro que lo era, lo habíamos confirmado en una revista.
—¿Lo amas, Hinata?
Ella insistía. Zafé mi mano y la llevé a mi cabello, sin saber que decir. Afortunadamente, no esperó mi respuesta.
—Cuando sus padres murieron en aquel atentado, fui yo la que le dije a Jiraya que debíamos adoptarlo, él y yo teníamos dos años de matrimonio y acabábamos de enterarnos que yo no podría tener hijos—sus ojos se humedecieron y su mirada se perdió en algún punto de la pared detrás de mi cabeza.
» Él es mi hijo del corazón, Hinata, y es muy duro tratar de entender sus decisiones cuando sé que está tomando las equivocadas—una lágrima se deslizó por su mejilla y la limpió rápidamente—. Si de verdad lo amas, por favor, habla con él —su voz era suplicante—¡Convéncelo!
—¿Tsunade?—Jiraya estaba frente a nosotras—. Naruto ha despertado, y quiere ver a Hinata.
Mi corazón dio un salto en el pecho.
—Voy, voy ¿Cuál es la habitación?
—La 405, por este pasillo, al final y doblas a la izquierda.
No esperé nada más, salí casi corriendo a buscar la habitación, si Naruto quería verme es porque estaba mejor y eso me hacía muy feliz. ¡Dios, Hinata, contrólate! No puedes andar corriendo por los pasillos de un hospital. Me detuve, respiré tres veces seguida y cuando iba abrir la puerta La voz de Sasuke hizo que me detuviese.
—No puedes seguir engañando a todo el mundo—Sasuke estaba enojado
—No lo estoy haciendo, Sasuke, el que omite no miente—Naruto tenía su voz áspera y pesada.
—Sakura no se va quedar tranquila con esa explicación, tampoco Karin y, por lo poco que he compartido con Hinata, creo que ella tampoco. ¿No has pensado en lo injusto que eres con esa chica, con todo esto?
—Tú sabes que las cosas con ella tienen fecha de vencimiento. Además, Hinata tiene las cosas muy claras.
—No lo sé, estaba muy afectada anoche, ¿no se habrá enamorado de ti? A mí me dio la impresión que sí.
—Estás viendo cosas donde no las hay, hermanito. Hinata Hyûga tiene claro que yo soy su instructor, que esto son clases de sexo que acaban en dos semanas y que nada tiene que ver el amor.
—Ayer no daba la impresión de eso.
—Pues, te equivocas: lo nuestro es un acuerdo, en dos semanas yo termino mi trabajo, ella se va y yo me quedo solo el resto del tiempo.
Me quedé petrificada con lo que escuché, tanto, que sentí que hasta mis neuronas se negaban hacer las conexiones ¿Sasuke sabe todo y cree que estoy enamorada de Naruto? y Naruto... sus palabras fueron pequeños puñales que se enterraron de manera certera en mi corazón.
"Soy su instructor", "son clases de sexo", "nada tiene que ver el amor". Yo sabía que lo nuestro era un acuerdo, pero oírlo en su boca lo hacía tan frío y burocrático que me pareció vulgar y estúpido, "en dos semanas yo termino mi trabajo" y mi corazón se hizo pequeño.
¡Tonta, Hinata! Cuando él estaba dentro de ti y gemía en tu oído, no fue real, tampoco algo parecido al amor.
Iba a irme, pero Naruto dijo mi nombre y mi espíritu masoquista hizo que siguiera pegada al suelo, escuchando.
—Ella no es mi tipo de mujer. Ella quiere casita, perros y niños correteando, yo no quiero nada de eso. El amor es una fantasía que deprime, el sexo es real y divertido; es la unión de dos cuerpos para obtener uno de los placeres más codiciados del hombre y eso es lo que trato de enseñarle a Hinata Hyûga, no cursilerías de mierda.
—Hasta para ti es muy cínico lo que estás diciendo.
—Ve a buscarla, debe estar asustada y no quiero eso.
—¡No hay peor ciego que el que no quiere ver!
Me alejé de la puerta negando con la cabeza, no tenía que doler, no tenía... pero lo hacía. Pasé las manos por mi rostro intentando sofocar lo que sus palabras estaban haciendo; tenía que irme, era lo mejor, al menos hasta que pudiera procesar todo, pero saberlo no significaba que sus palabras no doliesen.
Cerré los ojos e intenté concentrarme más en mí que en la conversación de Naruto y su hermano, una enfermera me sonrió y entró a la habitación, me recosté en la pared. Naruto no estaba diciendo nada ofensivo, simplemente era la verdad: nosotros teníamos un acuerdo con fecha de vencimiento y él, no tenía la culpa que yo empezara a involucrar sentimientos. Por otro lado, estaba la extraña proposición de Tsunade Senju, ella quería que convenciera a Naruto pero... ¿de qué?
—¡Hey, Hinata!—Sasuke salió de la habitación—, ya iba a buscarte. Naruto está esperándote impaciente.
Sonreía y retorcía sus manos nerviosamente, le di una media sonrisa y peiné mi cabello ¿Cómo se comporta una con el chico que sabe que me acuesto con su hermano solo para que me enseñe de sexo?
—Gracias—empujé suavemente a puerta y lo dejé solo en el pasillo.
En la habitación, Naruto estaba sentado en la cama, su rostro se veía cansado una enfermera le remplazaba una bolsa de suero.
—Hola...
—Hola ¿Cómo te sientes?
—Bien.
—¿Bien?—Miré a la enfermera— ¿Qué me dice usted?
—Signos vitales estables, la medicina está haciendo su trabajo, el médico le podrá decir más cuando venga—tomó una bandeja y se fue.
Era miss simpatía y atención al cliente.
—Ven aquí, Dulzura.
Estiró su brazo y me observó con esos ojos azules que para mí desgracia ya amaba. Para qué negarlo más, estaba colada por Naruto Uzumaki pero esto no podía ser: negación, aceptación, solo me faltaba resignación, esto era una fantasía y se iría tan pronto él se fuera.
—Me hiciste pasar un gran susto—no me moví de mi lugar.
Enarcó una de sus preciosas cejas y movió sus dedos incitándome a moverme, me rendí con un suspiro y caminé hasta que mi mano estuvo apretada fuertemente por la suya.
—Lamento haber arruinado la noche—dejó un beso en mi palma abierta y no puede evitar el estremecimiento de mi cuerpo.
¡Oh Todopoderoso Thor, envía un rayo ahora y mátame!
—Lo importante es que estés mejor.
—Tengo varios planes para más tarde —separé mi mano de la suya.
—Hay que esperar lo que diga el médico.
Negó con la cabeza.
—Lo de ayer fue fatiga, algo de estrés por la presión a la que me sometió Hatake con los nuevos temas para el programa, solo eso. Estoy bien.
—Por lo mismo es que deberías descansar, sinceramente, yo también lo necesito. Nos vendría bien algo de soledad para ambos.
Frunció el ceño.
—¿Pasó algo?
—Nada, solo que tengo que trabajar en mi libro y supongo que tu familia querrá hablar contigo. Están muy preocupados por ti.
Naruto se tensó.
—Lo sé—suspiró.
—Tu madre quería que te convenciera de algo.
No le gustó lo que le dije, pasó su mano por la cara y maldijo entre dientes.
—¿De qué?—Su voz se endureció
—Sospecho que quería que hicieras el reposo—me senté en una orilla de la cama—. Eres afortunado, Naruto, perdiste una madre, pero ganaste otra y está sufriendo por tus decisiones.
—Exacto, Hinata, mis decisiones, cosas que solo me competen a mí. —Fue cortante.
—¿Por qué lo dices como si yo quisiera entrometerme en tus cosas?— musité frustrada—,tengo muy claro que tú y yo somos un polvo solamente —me levanté de la cama dispuesta a salir de ahí, no sabía si enojada con él por imbécil, o conmigo por ilusa.
—Hinata...—su mano tomó mi muñeca suavemente—. Tsunade no quiere que viaje a India el otro mes, voy a pasar un largo tiempo viajando y no volveré, simplemente está asustada—acarició suavemente mi brazo haciéndome sentar nuevamente—. Sasuke dice que te asustaste mucho anoche, yo lo siento mucho—negué con la cabeza y llevé mi mano libre a su mejilla rasposa.
—Obvio que me asusté, tus migrañas son cada vez más fuertes—tomó mí otra mano y llevó sus labios a ella—. ¿Cuándo te dan de alta?
—En unas horas, Jiraya no quiere que vaya a casa aún, pero me siento muy bien, tanto que podría follarte en esta cama.
Me separé de él nuevamente.
¡Joder!, ¡carajo!, ¡carajo!
—Creo que es mejor que me vaya, tu madre está ansiosa por verte.
—Hinata...
—Nos vemos mañana, Naruto.
Quería quedarme, quería ir con él a su departamento, quería... quería tantas malditas cosas, pero en este momento era mejor irme. Me despedí de Tsunade y salí de las instalaciones de Vitae, necesitaba enfocarme en lo realmente importante, mi libro y no estúpidos sentimientos que lo único que hacían, era complicar mi vida.
Estuve todo el día en casa, pero por más que me senté a escribir, nada salió de mí. Ino había llamado un par de veces e incluso me propuso traer a cenar a Inojin, hacía mucho tiempo que mi pequeño y yo no estábamos juntos y él era la vitamina para mis estados de ánimos bajos, pero, simplemente, no tenía ganas de nada.
Salí de la cama en dirección a la cocina, había llamado a Karin para preguntarle por Naruto y me había dicho que estaba bien y en casa de Tsunade y Jiraya.
Saqué la botella de Vermut que había comprado antes de llegar a casa y me serví un trago. Una vez finalizada la copa y pensar en la inmortalidad del cangrejo, volví a mi habitación tomando mi laptop intentando que volviese a mí la inspiración.
¡Ok, nena, esto es sencillo!—me dije a mí misma, mirando la plantilla de Word—son Menma y Tanahi tus personajes, solo mira desde arriba. Cerré los ojos e imaginé el aeropuerto, las personas, la desazón.
—¡Menma! —el grito de Tanahi retumbó por el aeropuerto.
No hubo respuesta.
—¡No puedes irte! —gritó una vez más.
La gente de la terminal se volvió a mirar a la chica que gritaba voz en cuello siendo testigo del momento en que el rubio giró su rostro sus ojos, azules como el carbón, se enfocaron en los grises de ella.
—¡Te amo! —esta vez no gritó.
Su voz se quebró y sus ojos se inundaron en lágrimas. Frente a ella, Menma Strux la miraba sin saber qué decir o qué hacer y entonces ella lo supo, él había ido a ella muchas veces, pero ella lo había rechazado, era su momento de ir ella por él
—Estoy asustada y jodidamente nerviosa —dijo mientras caminaba hacia él—, pero te amo y si a ti no te importa mi pasado, a mí no tiene por qué importarme... —se detuvo a dos pasos de él—. Si tú quieres estar conmigo a pesar de lo que sabes, yo... —dos lágrimas descendieron su rostro— yo...
No necesitó decir más, las manos del hombre frente a ella sujetaron sus mejillas, uniendo sus labios en un beso capaz de derretir al Polo Norte. Había amor, ternura, pasión, intensidad, arrepentimiento y perdón.
Se besaron sin prisas mientras las lágrimas de ella empapaban su rostro, en medio de un estallido de aplausos por los espectadores improvisados que inundaban el lugar.
—Te amo —susurro él entre besos salteados—. Te amo tanto Tana... Tanahi, no me importa cómo te llamas, perdóname por haber sido tan tonto, por haberme llenado de perjuicios.
—No digas más—murmuró ella, tomando sus mejillas—, yo debí haberte contado todo, yo debí... —Él la besó.
—No más, no importa nena...—volvió a besarla con toda la pasión y fuego que solo tenía para ella, haciendo que nuevos aplausos lo sacaran de su pequeña burbuja de amor, arrepentimiento y perdón—. Vámonos.
Sonreí al releer el final del capítulo, a pesar de las escenas de sexo que contenía el libro como tal, había más aquí y ese era mi sello; amaba esto, amaba escribir y poder expresar mis ideas, darle vida a un par de chicos mientras yo era la espectadora número uno, yo guiaba sus vidas y manejaba su destino, siempre de la mejor manera.
No supe en qué momento me quedé dormida supongo que, una vez terminado el capítulo, mi cuerpo había cobrado factura por dormir mal dos noches seguidas.
Se me había olvidado cerrar las cortinas de la ventana, así que la claridad que se filtraba por ella me despertó; no había sol, era la primera semana de diciembre y pronto, Ino me volvería loca porque no había nada acorde a la festividad decembrina en este departamento e insistiría en hacer compras navideñas.
Vi mi laptop apagada a un lado de la cama, lo más seguro era que la batería se hubiese descargado, agradecí mentalmente haber guardado los cambios del archivo pues aún necesitaba releer antes de enviárselo a Kiba.
El lunes fue un día que pasó muy rápido para mí; tal como lo suponía, fui junto con Ino al centro comercial para empezar las compras para la festividad que se acercaba, intenté en no pensar en Hanabi mientras escogía los juguetes para mi pequeño príncipe y para el futuro heredero, música para Ino y un libro para Sai.
Después de comprar los obsequios de la familia Dawson-Yamanaka, Ino me llevó hasta una tienda para bebés y no pude evitar perderme entre la diminuta ropa preguntándome si algún día me convertiría en madre.
Yo sí sería buena, suspiré fuertemente y tomé una pequeña camisita de recién nacido, si de algo estaba segura, era que sería mejor madre que mi abuela, mejor madre que Hanna ¡Joder! Mil veces mejor.
Quizás, con un poquito de suerte, sería como Tsunade.
Sonreí acariciando con ternura la prenda de franela justo antes que llegara Ino.
—Almorzamos—dijo con una sonrisa radiante— y luego, me acompañas a la cita con el doctor Sabaku no, así aprovechas y programas tu cita del próximo mes.
—El próximo mes no tendré sexo, así que no hay razón para agendar cita—sentencié divertida.
—¡Oh, por amor a Cristo, Hinata! Naruto Uzumaki no es el único hombre en Nueva York, tú solo pronuncias la palabra sexo y más de uno caerá rendido a tus pies dispuesto a hacerte pasar unas horas de placer.
—¿Quién eres y qué has hecho con Ino Yamanaka? —enarqué una ceja y le hice una voz graciosa.
—Soy la misma pero ya has descubierto los placeres de la carne amiguita, no te digo que serás una puta, pero buscarás con quién divertirte —Ya veremos, Ino... ¡Ya veremos!
Al día siguiente me desperté con dolor en el cuello. Me había quedado hablando por Whatsapp con Kiba y estructurando el final y el epílogo de "Atada a ti" hasta la madrugada así que dormí en el sofá en algún punto de la noche y solo hasta esta mañana había caminado medio dormida hasta la cama, miré el reloj en el buró y me levanté, estirándome todo lo que podía y caminé al baño para cepillarme los dientes, abrí el botiquín sacando la caja de píldoras.
Tenía una en la cartera y otra en mi botiquín personal, estaba atada a estas pastas por la simple razón que luego de que Hanabi se fuera, con el diario y todo en la cabeza había olvidado completamente inyectarme el anticonceptivo, saqué la pastilla y bebí un vaso de agua. Estaba en eso cuando tocaron la puerta. Si a eso podíamos llamar tocar, más bien, querían tumbarla.
Grité un "ya voy" mientras agarraba mi cabello con la liga y cubrí mi pijama rosa de pantaloncito y camiseta de tirantes con la bata del baño y corrí descalza hasta la entrada de la puerta, los golpes eran rudos y contundentes; quién sea que estaba afuera, estaba desesperado por entrar.
"Se hizo realidad la profecía de Rick Grimmes, el apocalipsis zombi ha llegado", rodé los ojos a mi vocecita interior y abrí la puerta, dispuesta a decirle sus cuatro verdades al troglodita que esperaba tras esta.
—¡Qué demonios! —grité, cuando vi a Naruto, más furia me dio—. ¡Te caíste de la puta cama o te levantaste con el jodido pie izquierdo!
Aunque estaba enojado—lo sabía por la vena en su frente, parecía que estallaría en cualquier momento y sus ojos eran océanos tempestuosos mientras las aletas de su nariz se dilataban— no iba a permitir que destruyera mi inmueble.
—¡Me puedes explicar qué mierda es esto!—explotó, tirándome el periódico en el pecho— ¡Joder, Hinata!, tus malditas reglas y ahora yo soy el puto cornudo.
Sí, estaba muy enfadado, abrí la hoja del periódico justo para ver la primera foto de las páginas sociales:
¿Dónde está Naruto Uzumaki?
Era el enunciado a tres columnas, y bajo esa llamada, una serie de fotos mías con Utakata en el café.
—Naruto...—doblé el periódico— esto no es lo que parece.
—¡¿Qué no lo es, Hinata?! —me quitó el periódico—. ¡Mira esto y dime qué demonios es, porque yo no estoy putamente ciego!
Mire el periódico, más bien las fotografías: Utakata tomándome de la mano, Utakata tomándome del brazo, Utakata muy cerca de mí, sentados frente a frente en el café.
—¡Incumpliste tus propias reglas, Hinata! ¿De qué vale haber montado todo el show de las fotografías y la revista? Si querías poner en práctica lo que te he enseñado, debiste haber esperado a que se cumplieran los putos noventa días.
No lo pensé, mi mano se estiró fuertemente pegándole en la mejilla.
—¡No me trates como una puta, Naruto!
Él estaba enojado... No, estaba enfadadísimo, pero yo estaba peor.
—¡Vaya, entonces, es verdad!
—¡Idiota! ¿No ves que son dos personas conversando? ¡Estaba siguiendo tu maldito consejo!
No éramos Romeo y Julieta, aquí solo éramos Naruto y Hinata, dos personas que bajo la luz de un contrato que habíamos firmado—¡Ay Dios!
sonaba horrible, pero eso era—para el simple acto de follar.
—¡Y mi consejo era tirarte a tu ex novio!—gritó Naruto de vuelta.
Volví a golpearlo en la cara. Estaba harta, harta de todo en ese momento, solo quería descansar del torbellino emocional que era estar al lado de aquel hombre. Nunca en mis veintiséis años de vida llegué a vislumbrar que una relación fuese así, ni en mis libros, ni en mis años, ni en mi supuesta inteligencia. Ahora lo sabía, tener sexo, al menos para mí, no era un acto mecánico, era mucho más y estaba agotada de luchar contra mí misma, de mentir, de hacer como si nada sucediese.
—Fuera de mi casa, Naruto—sentencié alterada—. ¡Basta ya! Vete y piensa lo que quieras creer, no tengo por qué demonios darte explicaciones.
—¡No! Es muy fácil para ti decir basta, ¿no es así, Hinata? ¡Es eso lo que siempre has querido! Al final has conseguido lo que deseabas.
¡Por Odin! Yo lo mato.
—¿Y qué se supone es lo que deseo, Naruto?—enarqué una ceja intentando controlar el torbellino de sentimientos que me inundaban en estos momentos.
—Ya terminaste tu jodido libro, así que piensas que puedes deshacerte de mí. Lo siento linda esto no se acaba hasta que no se cumplan los malditos noventa días—me encerró entre sus brazos, su mirada enfurecida, sus ojos parecían inyectados de sangre.
—¡Quizás eso es lo que nos conviene ahora, acabar esto de una buena vez por todas!
Naruto respiró iracundo, su mirada se intensificó y me sentí arder en sus orbes azules, fundirme y quemarme por donde ellos paseaban.
—Eso te gustaría, ¿no Hinata?—Resopló con desdén— Pues, no seré el cornudo en esta farsa, linda.
—¡Oh, sí, un macho herido!
Todo su cuerpo temblaba de ira como si estuviese carcomiéndose por dentro, su respiración errática, sus manos en puños...
Lo siguiente no lo vi venir, bueno nunca sabía con Naruto.
Su boca se posó sobre la mía, salvaje y violenta; poseyéndome con fuerza mientras me pegaba furiosamente contra la pared.
—Esto se acaba en quince días o cuando yo lo decida. —dijo al tiempo que liberaba mis labios para poder respirar, arqueé mi ceja retándolo antes de atraerlo hacia mí, mis manos tiraron de sus cabellos y eso lo alentó a incrementar su ritmo.
» Tú eres mía, ¡carajo! —su frente se pegó a la mía— ¡Dilo! —rugió empujándome aún más en la pared—¡Di que eres mía!, di que me perteneces, solo yo he tocado tu cuerpo, solo yo puedo hacer que tu sangre arda, que tu corazón se acelere —sus labios en mi cuello, su cuerpo pegado al mío, la fricción de nuestras ropas, la orden implícita y la verdad en sus palabras me tenían envuelta en un frenesí absoluto, yo era suya, solo él había tocado mi cuerpo, me había moldeado a su antojo—. ¡Dilo!
—Soy tuya...—dije en un jadeo ahogado por la fuerza de sus labios, lo mordí fuertemente haciéndolo sisear—. Tuya, pero tú también eres mío— jalé el cabello de su nuca separándolo de mi boca—. Tú me has creado— expresé a milímetros de su boca—, Soy tu obra, la mujer creada para tu placer... tú me forjaste y eso Naruto Uzumaki eso me hace reclamarte.—Uní mis labios a los suyos, dominándolo completamente.
Besé sus labios suaves alternadamente, tirando del inferior y dejando que mi lengua se introdujera en su boca a un ritmo candente tal como él me había enseñado.
Caminamos envueltos entre las brumas del placer y el deseo tropezando con todo lo que estaba en nuestro camino; en este momento nada importaba, solo éramos él y yo; dos cuerpos pidiendo a gritos fundirse en un acto que ya no era del todo carnal, iba más allá de la cordura y la razón, lo necesitaba...
lo necesitaba ahora, sin importar el mañana porque, en estos momentos, era yo la que obtenía sus besos y sus caricias, era yo la que estaba siendo devorada por sus ansias; en este momento Naruto Uzumaki me pertenecía y lo seguiría haciendo hasta que mi cuerpo estuviese totalmente saciado de él.
La ropa desapareció con angustia e impaciencia, dejándonos en ropa interior, con el corazón acelerado y los pensamientos nublados, pensando solamente en algo preciso: los dos juntos, sin importar más nada que este momento, que mi cama. Mi cama, que sería testigo de una nueva tanda de pasión desenfrenada y entrega total.
Naruto se separó de mí mirándome con el mismo endemoniado deseo de siempre.
—¿Qué haces conmigo, Hinata Hyûga?
—Supongo que lo mismo que tú haces conmigo, Naruto Uzumaki —me tomó de la mano, sentándose en mi cama y atrayéndome hasta quedar sentada sobre sus piernas.
—¿Qué va a ser de nosotros, Dulzura?—su aliento hacía que mi cordura fuese un torbellino donde la lógica no servía de nada, donde yo solo era una masa, unos músculos, una piel que solo deseaba ser arrasada por las manos de este hombre.
Respirando con dureza y excitada contesté.
—No pienso en eso o al menos, lo intento —susurré besando sus labios. Naruto sabía a agua, a viento.
¡Joder! Naruto sabía a pasión, a entrega y a libertad. El tipo de libertad que te autoimpones.
Se separó de mí, sus manos tocaron suavemente mi cara, desde los ojos trazó caminos imaginarios hasta la mandíbula. Su mirada ardía en deseo, sus labios entre abiertos mientras su pulgar acariciaba mis labios con devoción y ternura.
Bajó su mano desde mi cara hacia mi cuello lentamente, hasta acariciar mis pechos con un leve movimiento de sus dedos, sin quitar su vista de la mía, sin dejar de ejercer la fuerza y el control que siempre mostraba ante mí. Jadeé atrapada por el hechizo mortal que él ejercía en cada parte de mi cuerpo; la rabia en sus ojos había sido remplazada por el deseo demoledor que siempre hacía acto de presencia en nuestros encuentros, mientras mi espalda se arqueaba ofreciéndome a él.
Acarició con sus pulgares mis pezones provocando descargas frenéticas a través de ellos, desde mi espalda, hasta mi entrepierna; mi cabeza se inclinó hacia atrás mientras intentaba controlar mi respiración
—Eres tan hermosa, Hinata... —sus labios tocaron los míos, primero suaves como el roce de una flor sobre mi piel, luego apremiantes como si en cualquier momento fuese a desaparecer.
Adiós pequeña e inocente Hinata, esta soy yo ahora.
Sexual.
Hambrienta.
¡Santo Joder!
Enamorada de este idiota.
—Naruto... —gemí vergonzosamente cuando él descansó su cuerpo sobre el mío, completamente desnudo, tal cual como yo estaba.
—Te—beso—deseo—beso—tanto—beso—, quiero—beso— follarte hasta—mordió mi barbilla— Morir...
Tomé su rostro con mis manos... muerte, Naruto siempre hablaba de muerte. En un rápido giro me dejó sobre él
—Muéstrame que he hecho yo contigo Hinata... Muéstrame todo lo que te he enseñado, hoy quiero ser yo el esclavo de tu placer, hoy no soy tu maestro ni tu mi aprendiz, hoy mi cuerpo será tu pizarrón, demuéstrame de qué estás hecha, preciosa bésame, Hyûga.
Bésame...bésame.
Y sus palabras y su deseo me elevaron a la estratosfera...fuera del planeta.
Mis labios se unieron presurosos a los suyos, los tanteé con mi lengua empujando y pidiendo un acceso que no me fue negado. Naruto gimió, y su gemido me supo a gloria, a victoria, a dicha. Dejé que mis pechos se apretaran aún más contra su duro torso mientras provocaba fricción con su prominente erección, jadeando y gimiendo en su boca, besando su perfecta mandíbula cuadrada, descendiendo mientras absorbía el narcótico sabor de su piel.
De sus duros músculos, mientras entregaba todo de mí en cada movimiento vanagloriándome de la tensión en su cuerpo cada vez que mi lengua acariciaba su piel. Al principio quise ser algo más osada, buscar algo con que jugar, tal cual como él lo hacía, pero no necesitaba más que esto: él y yo juntos.
Él entregando su placer en mis manos.
Lo degusté, lamí, besé su piel, sus labios sus mejillas... Naruto Uzumaki me pertenecía en este preciso instante; no importaba el mañana, importaba el calor que inundaba nuestros cuerpos, el sudor que nos apresaba, separé mis piernas sobre su pelvis guiando su miembro dentro de mí, jadeando cuando nuestros cuerpos estuvieron completamente unidos. Las manos de Naruto tomaron mis caderas, sin guiar el ritmo y yo me quedé completamente sentada sobre su cintura, disfrutando la calidez que solo él provocaba en mí.
—Dulzura—Naruto siseó entre dientes.
—Te correrás conmigo —murmuré como pude.
—Lo haré... No te muevas, no aún... Por favor, quiero sentirte un poco más — en su voz se escuchaba una súplica y de mi boca no salieron palabras, asentí y me quedé quieta completamente erguida sobre él.
Suspiré fuertemente antes de impulsarme sobre mis rodillas y subir por su miembro.
—¡Joder! —siseó Naruto, apretando los dientes—. ¡Eres tan estrecha! — bajé por él, apretando mis dientes para no gritar—. Encuentra tu ritmo, nena, mírame, apóyate en mí, en mis hombros.
No lo hice. En cambio, volví a ascender por su miembro descendiendo de golpe, las manos de Naruto se tensaron en mis caderas aún sin dominar, me estaba entregando el poder absoluto de nuestros cuerpos, no iba a defraudarlo.
—Dime qué quieres.
—Naruto...
—¡Dímelo!
—Quiero tu boca —¡jadeé! —Quiero tu boca recorriendo mi piel—mis ojos se encontraron con los suyos mientras tomaba sus manos y las colocaba sobre mis pechos—. ¡Tócame! ¡tócame!
Repetí sintiendo el calor de la palma de sus manos sobre mi piel, pegadas a mis pezones; apretó su agarre y siseé de placer antes de subir nuevamente en torno a él; arriba, abajo... rotando mis caderas, sintiendo todo su cuerpo en mí, el calor extendiéndose, las sensaciones multiplicadas, arremetiendo rápido y fuerte, escuchando el choque de nuestras carnes mientras sus jadeos se envolvían con los míos, cada vez más deprisa...
Más unidos, el sudor recorriendo mi cuerpo, sus manos masajeando con rudeza y dedicación, el color de sus ojos transformarse en carbón por el deseo mientras lo dejaba entrar y salir de mí.
Naruto subía sus caderas cuando yo bajaba, coloqué mis manos a los lados de su cabeza, las palmas contra el colchón mientras él trasladaba sus manos hasta mi trasero, manteniéndolas ahí, sin hacer ningún movimiento que me indicara que quería el control de esto.
Tomé su boca mordiendo su labio inferior, su barbilla, mi lengua pidiendo acceso a su boca, a su aliento, a su deseo, enredando mi lengua contra la suya simulando los movimientos de mis caderas mientras seguía ondulando sobre su miembro. Tiré de sus labios, absorbí sus gemidos, me llené de él mientras contraía mis músculos alrededor de su falo.
Susurros incoherentes dejaban sus labios de forma entrecortada, todavía con sus manos sujetas a mi trasero, su frente pegada en la mía, su respiración acelerada, nuestros cuerpos cubiertos en una ligera capa de sudor. Todo esto por mi causa, ¡Era yo la que lo hacía temblar! Besé sus labios alternadamente, trazando un camino por sus mejillas su mentón dejando que mi lengua degustara su sudor.
Naruto estiró su cabeza, moviéndola hacia un lado mientras gemía entrecortado por los trazos de mi lengua húmeda en su caliente piel. Sin dejar de penetrarme, me separé de su rostro impulsándome hacia delante y ofreciendo mis pechos dejando mi pezón justo sobre su boca y cuando él trataba de capturarlo, yo lo alejaba.
—No juegues conmigo, Dulce... —murmuró jadeante y no pude evitar sonreír, dejando que su avariciosa lengua se enroscara sobre mi pecho izquierdo, succionando fuertemente. Un grito escapó de mi garganta, desgarrando mis cuerdas vocales mientras me empalaba a mayor velocidad.
Lo dejé mamar durante varios minutos antes de volver a colocarme en posición vertical, las manos de Naruto recorrieron mi vientre, mis costados hasta descansar nuevamente en mis pechos por breves segundos, se impulsó sobre el colchón hasta quedar levemente inclinado moviendo sus caderas con las mías y gimiendo en cada embestida; una de sus manos rodeó mi espalda y se sentó sobre la cama tomando el control de las embestidas presuroso y certero, entraba y salía de mí a una velocidad impactante.
Todos sus músculos tensados, mi cuerpo avisándome que el final estaba cerca, que pronto llegaría al momento culminante del clímax, me abracé a él con todas mis fuerzas, pasando mis uñas por sus espalda, succionando el lóbulo de su oreja mientras lo escuchaba maldecir.
—¡Córrete! —Grité, cuando el primer latigazo atravesó mi cuerpo amenazando partirme en dos—. ¡Naruto!
—Mierda, Dulzura... ¡Diablos! —su abrazo se cerró más, mientras revotábamos en la cama, entregándonos el uno al otro —¡Quiero estar dentro de ti hasta que muera!
No puedo enamorarme de ti, no puedo...
—Bésame, Naruto—mis manos firmes en su mejilla—. Estoy cerca— lloriqueé—, ¡bésame!
Me besó profundamente, despacio... saboreándome, y yo le devolví el beso desde lo más profundo de mi alma, queriendo trasmitirle todo lo que mis palabras no podrían. Mi cuerpo entero convulsionó ante el placer exquisito del orgasmo, elevándome en una avalancha de frenesí desbocado, notando cómo convulsionaba dentro de mí con una estocada, embistiéndome más fuerte.
Naruto se separó de mi boca y un rugido de éxtasis salió de su pecho mientras que echaba la cabeza hacia atrás, mostrando la musculatura del cuello, la vena en su frente se pronunció aún más, mientras yo reventaba no en dos pedazos... sino en mil.
Se desplomó en mi cama llevándome con él, agotada física y mentalmente, me quedé profundamente dormida con él aún anclado en mi interior.
Un pequeño roce en mi rostro, dedos recorriendo mi espalda hasta acariciar mi trasero me hicieron abrir los ojos, Naruto me observaba divertido, su pelo era un desastre y sus ojos se mostraban pícaros y extasiados...
—Despertaste—murmuró besando mi frente, me removí un poco al ser consciente de que aún estaba sobre él y que aún su miembro seguía en mi interior—. Quédate así.
—Naruto no, debe ser incómodo para ti...
—Si te digo que te quedes así, es porque estoy cómodo, Dulzura—sus manos acariciaron mi espalda hasta llegar a mi trasero, separó mis glúteos y me tensé—. Tranquila...
—Voy a levantarme—quitó sus manos de mi cuerpo y me levanté gimiendo un poco, me envolví en la sábana y me senté en la cama, tratando de asimilar todo.
—Hey—sus labios se posaron en mi hombro—. ¿Qué sucede? Si no quieres volver a practicar el sexo anal yo no tengo ningún problema.
—No es eso, pensaba en Hanabi—mentí, en realidad pensaba que, en dos semanas, no volvería a sentirlo ni besarlo.
—¿La has llamado?
—Me pidió que no lo hiciera.
—Entonces, no pienses en ello.
Miré por el balcón y vi como el crepúsculo se cernía sobre los edificios de alrededor.
—¿Qué hora es? —pregunté, mirándolo por encima de mi hombro.
—Casi las cinco, por qué no nos damos una ducha, te invito a cenar y me acompañas a la emisora.
Me besó, yo lo besé suavemente por unos minutos.
—Mejor, toma una ducha y yo preparo algo de comer.
—Y desperdiciar agua preciosa, acuérdate que ese líquido es vital para la humanidad—se levantó de la cama y me tendió la mano, dándome su sonrisa ladeada, arqueé una ceja—. Prometo que solo nos ducharemos, palabra de Boy Scout —dijo llevando sus dedos a la frente.
Se veía glorioso desnudo ante mí con esa señal de promesa absoluta.
—¿Alguna vez fuiste Boy Scout? —dije tomado su mano.
—Jamás, señorita Hyûga, pero siempre—me atrajo hacia él y dejó que la sábana resbalase por mi cuerpo—, siempre cumplo mis promesas.
Cocinar con Naruto fue toda una odisea, pero pudimos hacer unos "saludables" macarrones con queso y los acompañamos con un poco de vino rojo, teníamos tiempo para ver una película, pero Naruto prefirió llegar temprano a la emisora, por varias horas tuve que aguantar la mirada lanza dagas de su asistente mientras mensajeaba por Whatsapp con Ino y él coordinaba todo con Karin y Sasori.
—Señorita Hyûga —Ty estaba frente a mí con una bolsa de "Spice Symphony"—, Naruto pidió que por favor le llevase esto a su oficina, pero tengo que hacer una diligencia en el piso de abajo, ¿podría por favor entregárselo? —asentí y tomé el paquete de Ty. Abrí mi historial de chat y le escribí a Naruto:
Ty te dejo un paquete de "Spice
Symphony" ¿Aun tienes hambre?...
Esperé unos segundos mientras él contestaba
De lo unico que tengo hambre, no puedo degustarlo
ahora... pero tan pronto llegue a casa,
pienso darme un festín... Es mi turno
No pude evitar reír por el pequeño emoticón de diablito, cuando la puerta de la oficina fue abierta.
—Lara, no nos pases llamadas de nadie... Ven aquí nena, tu hombre tiene hambre—sonrió pícaramente y con satisfacción vi cómo el rostro de Lara se volvía del color de la grana, entré al cubículo de Naruto y él le tiró a
Karin la bolsa con comida. Se sentó en su escritorio, dejándome sobre sus piernas, estaba completamente segura que el color de mi rostro era similar al de Lara, frente a nosotros estaban Sasori y Karin, pero no parecía importarle.
—Sigo pensando a que a Kakashi va darle un patatús, piénsalo, Naruto.
—No nos ganemos la enemistad de Kakashi, Naruto
—No hablaré sobre enfermedades de transmisión sexual, chicos. Lo siento. Hasta el niño más estúpido sabe cómo ponerse un jodido condón.
¡Esto es Nueva York! —tomó el teléfono—. Lara, comunícame con Kakashi.
—Naruto...—sentenció Karin.
—Este es mi jodido programa, Hatake no va a venir a mandar en él, al menos no hasta que me vaya—su voz fue dura—. Hablaré sobre las fiestas Swinger le guste o no—pronunció fuertemente pulsando el altavoz del teléfono.
—Naruto—el tono de voz de Kakashi me causó escalofríos—. Me ha dicho mi secretaria que tienes urgencia en hablarme.
—Así es Kakashi.
—Te escucho.
—Hatake—Naruto presionó el puente de su nariz y yo acaricié su cabello en un acto reflejo—, Karin me ha dicho que prefieres que cambie el contenido del programa de hoy.
—Eso es cierto, mi querido Naruto, me parece que hablar de las fiestas Swinger, no es un tema adeucado.
—¡Adecuado! Por un demonio Kakashi, este programa se llama "Hablemos de Sexo"—expresó exaltado, a lo que Karin le sugirió en voz baja que se calmara, me levanté de sus piernas y caminé hasta la pequeña ventana que había en su cubículo.
—Hemos recibido quejas de los temas tratados en el programa.
—¡No me jodas, Kakashi!
—Señor Hatake —Karin habló—, "Hablemos de Sexo" está siendo transmitido en un horario para adultos, es casi medianoche cuando el programa se emite, además, hablamos de temas cómodos y muy profesionalmente, el programa es más informativo que vulgar.
—Mi querida, Karin, Entiendo lo que quieres decir y no estoy diciendo que no esté de acuerdo con el formato del programa, en estos nueve meses de transmisión, nos ha ido muy bien.
—Yo diría que mejor que eso—Naruto bufó—. Tenemos el mejor índice de audiencia.
—Naruto, querido—Naruto apretó nuevamente el puente de su nariz—. Tampoco puedo negar eso... simplemente, el tema de hoy no me parece adecuado...
—¿Y prefieres que hablemos de métodos para prevenir una enfermedad sexual?, ¡Hasta un nene sabe que si quiere meter su pito en un coño debe usar mínimo un puto condón!
—Cuida tu tono, Uzumaki, sigo siendo tu jefe.
—Pero este es mi programa, te entregué un formato el viernes antes de comenzar el programa, estuviste de acuerdo con él, no puedes simplemente venir a cambiar todo un par de horas antes.
—Puedo, y quiero...
—Este es mi programa...
—Es mi emisora...—Naruto oprimió el botón del altavoz tapando la bocina del teléfono.
—Déjenme solo—murmuró enojado, Karin trató de hablar con él, pero Naruto fue enérgico en su orden.
—Naruto solo recuerda que debes tener tu presión estable—le recordó Karin, antes de cerrar la puerta tras ella.
¿Presión?
—Karin—la llamé antes que entrara a su cubículo—, ¿Naruto tiene problemas de presión? —ella asintió.
—Eso fue lo que dijo el doctor Archer por su desmayo, debe mantener las emociones fuertes a raya, pensé que te diría.
—Estuvimos ocupados con el libro—murmuré. Un gran grito se escuchó desde la oficina de Naruto, minutos después él salía de la oficina sus ojos estaban inyectados de ira.
—Sasori, dile a Ty que coloque un pre-grabado, yo me voy.
—P...pero Naruto...—Sasori lo encaró—. No tenemos ninguno.
—¡Me importa una mierda! ¡Hinata, nos vamos!—rugió.
—Naruto... —Karin intentó hablar con él.
—No lo haré Karin, veamos cómo le parece a Kakashi el índice de sintonía mañana, este es mi maldito programa y si no le gusta puede... —lo vimos tambalearse y Sasori corrió hacia él.
—¿Te sientes bien?—pregunté cuando Sasori lo dejó en una silla y Lara salió a buscar agua por orden de Karin.
—Naruto—Karin se sentó a su lado acariciando su cabello—, tienes que calmarte.
—Estoy bien, solo fue un mareo—besó su frente—. Le he dicho que no hablaría sobre ETS, fue nuestro primer jodido programa—miró a Sasori —. Búscalo en los archivos antiguos y dáselo a Ty, le daremos al Todopoderoso lo que quiere.
—¿Estás seguro Naruto?
—Como que algún día tendremos que morirnos, Sasori.
—No tienes que ser tan dramático hermanito. —por el gesto de Karin me di cuenta que no le gustó su frase y a mí tampoco. Lara llegó con el agua, pero Naruto solo tomó un sorbo, le dio el vaso a Sasori y tomó mi mano.
—¡Vámonos!—ordenó tomando mi mano y jalándome mientras caminaba hacia el elevador.
—Yo conduzco—dije cuando llegamos al elevador.
Él se recostó en la cabina e inhaló fuertemente cerrando los ojos.
—No creo poder conducir ahora Dulzura.
—¿Seguro te sientes bien? ¿No quieres que te lleve al hospital? — negó con la cabeza e hizo ese gesto con la boca que me hacía temblar.
—Estoy bien, Dulzura... —me dio su sonrisa torciday sus ojos brillaron peligrosamente—. Ven aquí, solamente adelanté mis planespara contigo—sonrió nuevamente y me jaló con su mano; me refugié en su abrazo yalcé el rostro para que me besara. Su beso me dejó en claro que lo de estatarde, solo era la entrada de una noche que, prometía placer sin medida.
Me removí de mi posición, abriendo los ojos al notar que estaba sola; el lado de Naruto estaba frío, supe que estaba despierto hacía mucho tiempo. Miré el reloj en su mesa de noche, eran las cinco de la mañana, el ventanal del balcón estaba corrido, así que supuse dónde estaba mi acompañante.
Me levanté de la cama con cuidado, la noche había sido arrebatadora, culminante y placentera; Naruto me había hecho suya a un lado de la puerta con nuestras ropas aún puestas y con nuestros sentidos pidiendo más.
Suspiré profundamente, me dolía todo el cuerpo y la sensación era perfecta. Nunca creí que el dolor tuviese ese efecto: placer, pasión, necesidad. Mi sexo se contraía y en cada contracción éste parecía tener memoria de la posesión de aquel hombre dentro de mí, era perfecto y era fatal.
Cerré los ojos por un segundo y en aquel momento todas las veces en que yo había hecho el amor con Naruto se concentraron y mi cuerpo se sobrecargó con miles de las sensaciones que ese hombre me había provocado, cada una, todas en mi boca, mi piel, mi sexo y mi corazón. En este momento de mi vida, yo Hinata Hyûga era una pila, una bomba, llena de él, llena de deseo y aun así hambrienta.
Tomé la sábana enrolándola en mi cuerpo antes de salir al exterior, Naruto tenía solo su bóxer puesto parecía observar la ciudad. Por breves segundos, me quedé observando su ancha espalda, ese tatuaje que, si lo miraba de cerca, me intimidaba. La forma en cómo su cuerpo yacía recostado en la baranda, observando todo y nada a la vez. Caminé el trayecto que nos separaba y pegué mí frente a su espalda, cerrando los ojos para no ver los ojos rojos de las cobras, que adornaban su piel.
—¿Qué haces despierta, preciosa? —susurró divertido.
—¿Estás fumando?
—Yo pregunté primero y esto, es electrónico —me mostró el cilindro plateado—. Un pajazo mental, ahora es tu turno.
—Desperté y no te sentí, pensé que te habías puesto mal —Naruto se giró apoyando su espalda en el barandal y mirándome de arriba abajo, antes de quitar mi sábana, dejándome completamente desnuda.
Me estremecí ante el frío y Naruto pasó la sábana por su espalda y me atrajo a su cuerpo, cubriéndonos a ambos con la tela blanca. Mi cuerpo se estremeció ante el tacto entumecido de su piel, pero solo fue obra de segundo para entrar en calor, buscó mis labios y me besó suavemente mientras lo dejaba guiarme, lo sentí sonreír en el beso y no pude evitar hacerlo también.
—Ven conmigo al almuerzo de mis padres, por su aniversario de bodas —susurró, frotando mis labios—. Es el veinticuatro de diciembre, luego mis padres ofrecen una pequeña recepción.
—Yo...
—A Tsunade le encantaría que fueras, y la verdad, me gustaría que me acompañaras—me dio un corto beso—. Di que sí, Dulzura.
—No podemos seguir engañando a tu familia Naruto...
—Hinata, solo acompáñame, odio esas fiestas elitistas, pero Jiraya quiere que esté ahí.
—No conozco la casa de tus padres.
—Es en los Hamptons, crecimos ahí—dijo con melancolía—. Anda di que sí—me besó nuevamente—, por favor preciosa.
No dije nada, solo me limité a asentir, con él iría hasta el infierno si fuese necesario. No importaba si después me quedaba vagando en el purgatorio.
La semana transcurrió, muy rápido y, en un abrir y cerrar de ojos, Naruto estaba pasando por mí para que lo acompañara al almuerzo donde su familia celebraría sus veinticinco años de matrimonio de sus padres, Ino me había ayudado a escoger un vestido para la noche, era la primera Navidad que no íbamos a pasar juntas y ella estaba sentimental, le había prometido que la llamaría a medianoche, eso fue antes que ella insinuara que estaba empezando a engordar... mi abdomen sí estaba un poco abultado pero ¿Qué mujer no tiene una pequeña lonjita en su cuerpo?.
Te dije que cambiáramos el refresco por el Té verde, te dije que fuésemos más a fitness, pero no, crees que solo con sexo se puede mantener el cuerpo de una mujer.
Rodé los ojos ante la apreciación de mi conciencia
El vestido era hermoso, strapless, con un escote en forma de corazón no muy pronunciado, en color coral que quedaba perfecto con mi tono de piel—palabras de Ino, no mías—. Poseía un ribete bordado en cristales, quedaba entallado y caía como una cascada debido al drapeado de la falda que daba la ilusión de que fuese como una cola de sirena, gracias a los pliegues sesgados que ostentaba. Ino se había encargado de todo, accesorios y unos Louis Vuitton, muy altos que—según ella—quedaban perfectos con el vestido.
Naruto me recogió en el departamento antes del mediodía y condujo en silencio hasta los Hamptons, que era el lugar donde los Senju tenían una casa al estilo victoriano. Era hermosa, de dos plantas, de color marfil, rodeada de un frondoso y bien cuidado césped. Naruto detuvo su auto frente una gran fuente que decoraba la entrada, bajó del auto rodeándolo hasta que abrió mi puerta, tomándome de la mano para guiarme a los peldaños de la puerta principal.
Tocó la puerta suavemente y una mujer de apariencia madura le abrió, dándole una leve sonrisa. Entramos al hall de la casa luego que Naruto preguntara por sus padres, había personas caminando de un lado para otro,
—Naruto
Un hombre se acercó a él y, mientras hablaban, observé todo. El lugar se veía amplio y elegante, paredes completamente blancas y dos ventanales que daban paso a un pequeño jardín; una lámpara de araña colgaba del techo y había finos acabados de las columnas...
—¿Hinata? —Dejé mi inspección para observar a Naruto—. Billy me ha dicho qué habitación vamos a ocupar, mis padres han ordenado prepararte una recamara de huéspedes, lo que me parece una completa estupidez, puesto que te quedarás conmigo.
—Quizás para que me cambie de ropa a la hora de la recepción—dije mientras él me guiaba por la casa, los pisos eran de madera oscura y brillante, hasta llegar una escalera en forma de caracol—. Es una hermosa casa—dije, observando todo a mi paso.
—No has visto nada—sonrió ladinamente y siguió caminando por el extenso corredor del segundo piso—. La fiesta será en el salón, como ya has visto. Mis padres están en su habitación, al igual que mis hermanos.
Puertas y más puertas iban quedando tras nosotros.
—El almuerzo se servirá en una hora, puedes refrescarte un poco o hacer cosas más interesantes—subió sus cejas sugestivamente y lo golpeé en el brazo.
—Siempre piensas en sexo.
—Mi vida gira en torno al sexo—me dio su sonrisa socarrona—. El almuerzo será a las 13:00 y la recepción será a las 21:00; Karin, Sasuke y yo, por lo general, estamos recibiendo a los invitados, me gustaría que me acompañaras; siempre nos turnamos, pero si yo odio estas fiestas Sasuke las aborrece, estoy seguro que usará el embarazo de Sakura como excusa para hacer que Karin o yo estemos la mayor parte del tiempo en la puerta.
Trataré de librarme de eso.
—Pierde cuidado
Naruto se detuvo y tomó mi mentón.
—Aún eres mía por una última semana—traté de que en mi rostro no se reflejara el dolor que sus palabras me causaban.
—Lo mismo digo: mío por una última semana—y le guiñé exageradamente un ojo.
Relajó su postura.
—Karin ama esa mierda, así que lo más seguro es que ella esté recibiendo a los invitados.
—Por mí, no hay problema.
Nos detuvimos frente a una puerta blanca.
—Mi habitación.
Sus ojos brillaron con malicia y giró la perilla, cediéndome el paso. La habitación de Naruto era la de un típico adolescente, había una televisión colgada a la pared, un teatro en casa y una consola de Xbox de hacía varios años además, un pequeño mueble con libros y unos cuantos CD, tal como en su casa de campo.
Naruto tenía una mesa y una computadora de escritorio, unos parlantes de iPod y varios pósteres de mujeres semidesnudas; al ver bien la habitación, te dabas cuenta que hacía mucho tiempo que este hombre pasaba mucho tiempo en ella.
—No pasas mucho tiempo aquí—dije acariciando los CD; no era una pregunta, pero él asintió, saqué uno de los discos, David Rock Symphonies -Live... On a Summer Night.
—Ven aquí—Naruto me arropó con sus brazos—, está haciendo un poco de frío, pequeño dulce y estoy algo cansado. ¿Te parece si coloco el CD en el reproductor y descansamos un poco? —sus manos se posaron en mis mejillas.
—Si es solo descanso...
—Te juro que solo descansaremos, no lo hicimos mucho anoche.
Me sonrojé furiosamente de solo recordar todo lo que habíamos hecho anoche en mi departamento.
—Muy bien—asentí y él sonrió.
—Ven, quiero mostrarte algo.
Caminamos hacia su ventana y él corrió las cortinas, permitiéndome observar el paisaje. El césped se veía aún más verde y frondoso desde ahí, había un laberinto de arbustos como en las películas y varios empleados entraban y salían de la carpa temperada donde se llevaría a cabo el almuerzo, la propiedad en sí era una belleza arquitectónica.
—En verano, la vista del mar debe ser espectacular.
—Sí, ven, vamos a descansar
Me tomó de la mano y me guió hasta su cama, entre los dos quitamos los cojines y el cobertor. Naruto se quitó los zapatos y la camisa y yo hice lo mismo con mis zapatillas, quedándome en medias y acostándome a su lado, me atrajo a su cuerpo y me acomodé, descansando mi cabeza en su pecho siendo arrullada por el latido de su corazón y los melódicos acordes de la música de fondo.
Se escuchó un suave golpe en la puerta, me miré en el espejo una vez más sin reconocerme, era más de las ocho treinta; el almuerzo había sido ameno y divertido entre las bromas de Sasori. Al principio, pensé que me sentiría desubicada puesto que era una tradición, un almuerzo familiar y yo estaba de extraña allí, pero ninguno de los Uzumaki me hizo sentir menos, a excepción de las miradas de Sakura.
Tampoco pasaron desapercibidas las miradas que todos los demás le daban a Naruto, sobre todo Tsunade, era evidente que la hospitalización de su hijo todavía la tenía angustiada.
—Hinata—la voz de Naruto se escuchaba fuerte y segura a través de la puerta.
Abroché la pulsera que Ino había escogido para mí, Karin me había ayudado con el peinado, recogiendo todo mi cabello en un moño alto en mi cabeza, dejando un pequeño flequillo en mi frente, además, me había ayudado a elegir el maquillaje minuto atrás, cuando por casualidad me escuchó hablando con Ino
—Hinata, ¿estás bien?—Naruto volvió a llamarme, y suspiré a la Hinata que me observaba a través del espejo.
No sabía por qué me sentía tan nerviosa, caminé hacia la puerta y con las manos temblorosas giré la perilla; Naruto estaba frente a mí, llevaba un frac de color gris plomo de tres piezas confeccionado a su medida, la corbata negra resaltaba en el traje y su cabello estaba peinado hacia atrás dándole un aspecto más maduro, se veía jodidamente hermoso, mi mirada se vanaglorió recorriendo su cuerpo a la vez que él me observaba a mí.
—Jodidamente hermosa, Dulzura—murmuró con voz lasciva—. Tendré que tener los ojos en ti toda la maldita noche —sus manos se aferraron a mi cintura, subiendo por mis costados hasta descansar en mi rostro, mis piernas temblaban ante su toque, perfecto y fuerte; gracias a mis tacones éramos casi de la misma altura, sus dedos delinearon mi mentón y alzó mi rostro trancando su mirada azul con la mía.
—Exageras.
—¿Qué me sucede contigo? —susurró cerca de mi rostro. Su mirada me envolvió en una neblina a la que solo pertenecíamos los dos—. ¿Por qué nunca puedo dejar de observarte? —Su lengua mojó sus labios y mi vientre se contrajo.
» ¿Por qué siento que lo que hay entre los dos es mutuo?, ¿por qué creo que separarnos no será correcto? ¿Por qué tengo que dejarte ir? — su boca se acercó a la mía— ¿Por qué no nos conocimos antes? —acercó su rostro al mío besándome con suavidad mientras sus palabras hacían eco en mi cabeza.
¿Por qué no nos conocimos antes? gemí, la pregunta disparó una alarma en mi oído, era una de esas preguntas que yo como escritora conocía, era aquella que hablaba de tiempos perdidos, de tristes desencuentros, de personas que se pierden en la geografía del mundo esperando por ese alguien que lo complemente y que cuando lo encuentras ya es demasiado tarde.
Sí. ¿Por qué no nos conocimos antes?
Continuará...
