Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo veintiocho

― Lamento la tardanza, señor...

Casi de un brinco me pongo de pie al reconocer a Kate Denali entrando al consultorio. Ella también me reconoce porque su mano se queda sujeta a la manija de la puerta, mira entre asustada y sorprendida a mi hijo y después a mí, con su rostro palidecido retrocede golpeando su espalda contra la puerta y haciendo caer unas hojas al piso.

Se acuclilla y con dedos temblorosos comienza a juntar lo que cayó.

Doy otro paso. Es como regresar a mis veintitrés años de golpe.

― ¿Qué haces aquí? ―cuestiono duramente. No sé cómo sentirme al tenerla frente a mí.

Kate vuelve a estar de pie, respira hondo y en todo momento evade mis ojos.

― Soy la nueva psicóloga de tu hijo ―responde cortante. Es obvio que no tiene intención de entablar conversación conmigo.

― ¿¡Por qué te fuiste!? —reclamo sintiendo una opresión en mi pecho—. Desapareciste de la noche a la mañana y nunca entendí el porqué.

Acomoda sus anteojos mirando cualquier punto de las paredes beige, vestida de pantalón y blazer color negro con su cabello rojo recogido en una coleta cruza sus brazos sobre su pecho.

Kate sigue siendo muy hermosa.

— Superalo, Edward.

— No es que no lo haya superado, es que simplemente no comprendo porque te fuiste sin decir nada.

Me acerco, sus ojos celestes coinciden con los míos por primera vez.

— Te aseguro que no querrás saberlo —murmura sosteniendo mi mirada.

— Te equivocas. Quiero saber la razón qué te hizo desaparecer después de tantos planes.

― Papá…

El susurro de Pat me hace mirar su fuerte agarre en mi antebrazo. Lo abrazo asegurando que estoy bien y él se relaja enseguida al verme sonreír.

— Estás en tu derecho de elegir un nuevo profesional —declara Kate— por mí no hay problema.

La observo duramente y casi con desprecio. Llevo una mano en el hombro de Pat guiandolo fuera del consultorio mientras Kate se queda recargada en la puerta. Decido no voltear y seguir mi camino sin mirarla una vez más.

― ¿Estás enojado? ―mi hijo pregunta al verme tomar el camino de nuevo al colegio―. Has estado muy callado desde que salimos de terapia, ¿me buscarán otro psicólogo? Me gustaría quedarme con Kate ¿crees que ella no quiere verme?

― No estoy enojado ―respondo con mi mandíbula tensa, es como si tuviera intrincada la boca. Por mi cabeza pasan tantas cosas a la vez y todo tiene que ver con Kate.

― Pues sí parece.

― Pat, sí es necesario buscar a alguien más, entonces lo haremos. No quiero que te preocupes por nada.

Me concentro en la carretera tratando de que el encuentro con Kate no avance más en mi cabeza, necesito sacarla de mi mente. No obstante cada que intento pensar en otra cosa la imagen de ella sale a colación. En verdad necesito saber la razón de su distanciamiento, quiero saber los motivos que la obligaron a desaparecer.

Esta maldita intriga se mantiene después de dejar a Pat de nuevo en el colegio, y aún cuando estoy en la oficina ofuscado por el estrés de los pendientes me sigue persiguiendo esa sensación de querer averiguar el porqué.

― Edward, la señora Cu… ―Angela hace una mueca quedándose en silencio a la vez que sacude su cabeza―. Esme te dejó un mensaje para ti. Dice que por favor respondas su llamada.

― Gracias, Ang. Por ahora no tengo tiempo de responder, ya sabes que decir si vuelve a llamar.

― También se comunicó Jasper Hale. Dejó dicho que vendrá en dos días y que es urgente verte.

Levanto mi vista, ¿qué hace Hale llamando a mi oficina y no a mí?

― Bella también habló. Me dijo que no llegará a comer contigo porque tiene una entrevista de trabajo.

Instintivamente sonrío a la mención de su nombre. Le había echado de menos el día de hoy.

― Parece que estuve muy solicitado ―hago hincapié al darme cuenta que mi móvil está apagado―. Gracias, Ang, me haré cargo.

En lo que Angela sale de la oficina estoy marcando a Isabella.

¡Hola! ―susurra entre risas― ¿cómo estás, guapo?

― Enfrascado de trabajo, amor. Por cierto, mi móvil estaba apagado. Lamento no haber respondido antes.

Me di cuenta. ¿Cómo estuvo la sesión con Pat? Hoy por la mañana estuve pensando mucho en ustedes.

Exhalo ruidosamente y recargo mi espalda en la silla sin dejar de jugar con un bolígrafo entre mis dedos.

― Larga historia, cariño. Te cuento todo esta noche ―prometo―. ¿Es verdad que no comeremos juntos?

Lo siento, tengo una entrevista a esa misma hora.

Hago una mueca.

― ¿Una entrevista? ¿en dónde?

En una pequeña clínica, necesitan de una secretaria.

― Entonces nos vemos en la noche, amor. ¡Suerte!

Bien ―resopla― Me tengo que ir a mi siguiente clase. Te amo.

Ella termina la llamada sin dejarme responder que yo la amo con la misma intensidad que puede tener un adolescente. Isabella es esa persona que aunque pueda estar mi día mal con solo escuchar su voz todo puede volverse mejor.

― Vaya, estás sonriendo ―pronuncia Jacob al entrar― vine a invitarte a comer.

― Qué casualidad ―poniéndome de pie ajusto mi gabardina― tengo una reserva en Oriole tenía planes con Isabella y ella no puede acompañarme, tendré que conformarme con tu presencia.

Cuando camino junto a él doy una palmada a su espalda lo suficientemente fuerte para que se queje en voz alta.

― ¡No lo puedo creer! ―exclama al subir a la camioneta― ¿desde cuándo escuchas música coreana?

― Es turca ―aclaro― a Isabella le gusta ―sonrío al recibir un puñetazo en mi hombro― y a mí también me agrada escuchar esa música.

― Pareces un imbécil enamorado ―se burla golpeando de nuevo mi hombro y después suspira―. Es bueno hablar de otro tema que no sea trabajo, ¿cómo te sientes con Bella? ¿Cómo la llevan viviendo juntos?

― Increíble. No tengo otra palabra para definir mi vida junto a ella.

― Debe ser cierto porque raras veces hablas de tus sentimientos y mira, ahora ya hasta pareces escupir corazones al hablar.

Con una mano en el volante y sin despegar mi vista de la carretera sigo conduciendo con una sonrisa en mis labios, debo admitir que Black tiene razón. Pocas veces me di la oportunidad para entablar una relación cómo lo estoy haciendo con Isabella.

― ¿Has pensado en casarte?

― Isabella es muy joven, no quiero ser egoísta…

― No estás respondiendo a mi pregunta ―interrumpe Jake― solo di sí o no.

¿Qué quiere escuchar?

Que he pensado más de una vez en pedirle matrimonio porque estoy enamorado y mi parte egoísta la quiere conmigo para compartir el resto de nuestros días juntos. En cambio mi lado racional me dice que debo darle oportunidad de elegir porque soy consciente de su juventud, que igual podemos amarnos en este momento, sin embargo mi lado pesimista me susurra que Isabella tiene planes por cumplir y yo no quiero intervenir en ellos.

― ¡Responde! ―me urge.

― Sí, sí me quiero casar con ella ―revelo al momento que escucho sus risotadas ahogadas.

Al llegar al restaurante es imposible conversar en serio con Jacob. Empieza a cansar su lado bromista que siempre suele enfadarme.

― ¿Qué haces bebiendo cerveza a esta hora?

― Tenía ganas ―cuadro mis hombros bebiendo de nuevo del tarro de vidrio.

― Suéltalo de una vez ―sacude su mano, instando a hablar― sé qué quieres decirme algo, hazlo, ¿qué ocurre?

Las comisuras de mis labios se elevan. Black me conoce bien.

― No tienes ni idea de quién es la nueva psicóloga de Pat ―comento.

Jacob se inclina hacia atrás apoyando su espalda en la silla.

― ¿Hablas de Kate?

Sorprendido me acerco por sobre la mesa.

― ¿Cómo sabes?

Él voltea mirando entre los comensales y luego fija su vista en mí.

― Me enteré por Tanya. Ellas están retomando su amistad.

― ¿¡Qué!? ¿por qué no me dijiste? ¿desde cuándo Kate está en la ciudad?

Levanta sus palmas gesticulando que baje la voz.

― Kate no quiere saber nada de ti. La condición para retomar la amistad con mi esposa fue no mencionarte y Tanya está respetando su petición.

Sonrío incrédulo. No puedo creer que mi prima y mejor amigo me oculten sobre el paradero de Kate. No de ellos cuando saben a detalle lo que sufrí por su repentina huida.

― ¡Genial! Ustedes le deben lealtad a la mujer que me mandó a la mierda sin ninguna explicación, que le importó muy poco mi amor por ella.

― Edward no empieces.

― ¡¿Que no empiece?!

― Baja la voz, Edward. Tienes la maldita costumbre de intimidar a quienes difieren de tus ideas y no, no debe ser de ese modo. Debes entender que si Kate decidió marcharse sus razones también son válidas. Y eso no la convierte en una villana ni a nosotros en traidores.

Mi garganta hace un sonido que suena a bufido. Estoy enojado porque sé qué tiene razón.

― Pero dime, ¿qué sentiste al verla? ¿verdad, que sigue siendo hermosa?

Lo miro fijamente y con enfado.

― Antes de que te pongas intenso, sí, sí la he visto un par de veces en casa. También sé que está recién divorciada y tiene dos niñas.

Resoplo.

― No sé si sea prudente decirlo ―comenta serio, demasiado serio para ser él― la hija mayor de Kate tiene ocho años y es muy parecida a Pat, es casi idéntica.

― ¿Qué estás insinuando? ―gruño.

― Tanya y yo creemos que la niña es tuya.

― Yo no puedo tener una hija con Kate.

Siento como si lava ardiente recorriera a velocidad mi torrente sanguíneo mientras mi corazón quisiera salirse de mi pecho.

Kate no puede tener una hija mía o ¿si?


Hola, ahora sí nos estamos acercando al momento cúspide. Hoy estoy un poco ocupada y no tengo suficiente tiempo para anotar sus nombres como acostumbro hacerlo, todas sus dudas dejadas en el capítulo pasado y de hoy lo responderé en el siguiente. ¿Me dejan un comentario?

¡Gracias totales por leer!