Capítulo 38: Orientación vocacional
La oficina del profesor Slughorn quedaba ubicada en una de las zonas más accesibles de Hogwarts. En la planta baja, con tan solo unos cien metros que la separaran del Gran Salón, la sala había sido reconstruida prácticamente de cero después de la Batalla de Hogwarts. Era una habitación amplia y luminosa, y a pesar de que el estilo arquitectónico no desentonaba con el resto del castillo, Albus podía percibir que era un lugar joven. No se trataba simplemente de piedra y cimientos. Había algo más que mantenía unido el castillo. Un aura mágica que sobrevolaba el aire y que cosquilleaba en la piel de sus habitaciones. Una voz silenciosa que hablaba sobre siglos de historia. Y la oficina del Jefe de Slytherin, aunque elegante y atractiva, vibraba con la magia de lo que había sucedido allí. Como si esa parte del castillo todavía estuviese sanado las heridas que la Segunda Guerra le había provocado.
Albus no estaba seguro si era esa extraña atmósfera lo que lo hacía sentir intranquilo mientras entraba en la oficina, o si era simplemente el hecho de que el profesor Slughorn lo aguardaba en el interior de la misma, sentado frente a un ornamentado escritorio de estilo victoriano, con mirada expectante.
—Albus, mi muchacho —lo recibió Slughorn en cuanto lo vio entrar. La sonrisa del profesor tuvo poco efecto sobre el ánimo ansioso de Potter—. Toma asiento, por favor —lo invitó, señalando la silla frente a ellos.
Albus obedeció. Ya había estado en un par de ocasiones allí, durante algunas reuniones que el profesor de Pociones había organizado y que él había encontrado imposible de eludir. Estaba familiarizado con el mobiliario opulento y excesivo que decoraba el lugar, y con la pared repleta de fotos, como una especie de colección de trofeos, donde se podía apreciar a algunas de las figuras más importantes del mundo mágico. La foto de Slughorn junto a una versión sumamente joven de Harry Potter ocupaba un lugar central en la pared, resaltando entre el resto por el marco dorado y finamente trabajado que la sostenía.
La mirada de Albus aleteó velozmente hacia la foto de forma casi inconsciente. Siempre que entraba allí su atención se veía ineludiblemente atraída por la imagen. En ella, Harry sonreía nerviosamente a la cámara mientras Horace lo rodeaba por los hombros con uno de sus brazos y lo estrechaba como si se tratara de su sobrino favorito. Su padre no podía tener más de veinte años en esa foto, y Albus se había visto forzado a reconocer que, efectivamente, se parecían mucho. Tenían los mismos ojos verdes brillantes y el mismo cabello negro, aunque el de Harry se alzaba en todas las direcciones, indomable. Esa foto había sido tomada durante una de las fiestas del profesor, al año siguiente a la Batalla. Slughorn solía jactarse de su amistad con el Elegido, y le gustaba creer que su influencia en la educación de Harry Potter había sido fundamental para que éste lograra entrar a la Escuela de Aurores. Albus estaba convencido de que su padre habría entrado al Cuartel aunque hubiese fallado todos su E.X.T.A.S.I.S.
—¿Y bien, Albus? ¿Has tenido tiempo para pensar sobre el futuro? —disparó el jefe de Slytherin, mientras acomodaba los folletos y demás papeles que tenía sobre el escritorio, publicitando las diferentes profesiones que había dentro del mundo mágico.
Albus tragó saliva pesadamente. Responderle al profesor que en todo lo que había podido pensar durante las últimas semanas era en la guerra no parecía una buena opción. Pero era la verdad.
Le resultaba difícil concentrarse en sus estudios cuando afuera de Hogwarts las cosas lucían cada vez más preocupantes. El viaje de Harry Potter y Ronald Weasley hacia Europa continental había causado más revuelo del que Albus podría haber predicho. Fuerte críticas y numerosas quejas empezaron a caer sobre el departamento de Aurores, y el tío de Albus se vio obligado a volver a Inglaterra antes de tiempo, dejando a Harry solo en Alemania. Pero ni siquiera el regreso de Harry Potter, luego de una semana ausente, logró calmar los ánimos agitados en Londres.
Las manifestaciones frente al Ministerio de Magia se volvían día a día más multitudinarias, y hacia finales de Enero, el Departamento de Seguridad Mágica se vio obligado a colocar una brigada de seguridad en el Atrio, conformado por Aurores y oficiales del ERIC, para contener a la gente.
La introducción de la Reforma de la Ley de Vigilancia se había vuelto una realidad. Todas las zonas mágicas, o al menos todas aquellas que Albus consideraba relevantes, se encontraban ahora custodiadas en forma conjunta por Aurores y gente del ERIC. El Oráculo había publicado la semana previa una estridente noticia al respecto, repleta de fotografías que mostraban a las fuerzas especiales del Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas patrullando las calles de Hogsmeade, y las inmediaciones del propio colegio Hogwarts. Rita Skeeter había escrito extensamente sobre los beneficios de adicionar estas nuevas tropas a la protección de la comunidad mágica, y la necesidad de "desmonopolizar" el poder del departamento de Aurores. Se podía leer entre líneas que, en realidad, lo que deseaban era reducir el poder del jefe de los Aurores. Y para disgusto de Albus, lo estaban logrando.
La recepción general del público hacia la nueva Ley de Vigilancia había sido muy positiva. Las encuestas demostraban que la gente se sentía conforme con la reforma y la adición de más oficiales destinados a la protección de la comunidad mágica. Poco parecía importarles que esta ley proveía a la gente del ERIC de ciertos permisos y concesiones que podían resultar contraproducentes. Albus tenía la sensación de que la gente habría aceptado cualquier condición con tal de que les garantizaran que estarían a salvo de la guerra.
Pero no lo estaban. La Guerra de la Frontera se volvía cada día más despiadada, el número de muertes ascendiendo escandalosamente. El ejército de Romanoff golpeaba sin piedad contra las fuerzas unidas de Ucrania y la Resistencia Rusa, y cada mañana, cuando Albus veía entrar las lechuzas que traían las noticias matutinas, se preguntaba si ese sería finalmente el día en que leería los titulares anunciando la derrota de Ucrania. Pero contra todo pronóstico, la frontera seguía resistiendo y los ucranianos seguían peleando. Por cuánto tiempo más, Albus no podía decirlo.
Dentro de Hogwarts las cosas no marchaban mejor, y los alumnos empezaban a colapsar bajo la presión que se había gestado a lo largo de los meses. El primer gran evento sucedió una tarde a fines de enero, en uno de los pasillos que llevaban a la clase de Encantamientos.
Harold Goldstein, bateador de Ravenclaw y compañero de año de Albus, desenfundó su varita y lanzó un maleficio bastante desagradable contra Mila Cavenger, que terminó con la chica en la Enfermería y con él castigado durante un mes y expulsado del equipo de quidditch de forma indefinida. Por lo visto, todo había empezado como un cruce de palabras entre ambos sobre la guerra, pero había terminando con Mila Cavenger acusando al departamento de Aurores de incompetentes. En un comentario desafortunado, la muchacha había dicho que, si la guerra llegaba finalmente a Inglaterra, los Aurores no tenían chances de sobrevivir. Harold Goldstein había perdido los estribos en ese momento. Albus se había enterado más tarde que el hermano mayor de Harold estaba estudiando en Camelot para convertirse en Auror. Las palabras ácidas de Mila Cavenger lo habían golpeado en un punto sensible y personal: su familia.
Aquel fue el primero de varios conflictos entre los alumnos. Las opiniones encontradas, las enemistades familiares y las diferencias políticas se fueron volviendo cada día más evidentes. Viejos rencores y antiguas heridas empezaron a reflotar gradualmente dentro del Hogwarts. El resentimiento que había dejado la Segunda Guerra, tanto en el lado ganador como en el perdedor, se hizo evidente nuevamente entre los alumnos.
Y la Hermandad de Hogwarts había entrado, finalmente, en acción. Se dedicaban ahora a entrenar más que nunca, a vigilar a los Hijos de la Rebelión, y a patrullar y proteger, sigilosamente, al resto de los alumnos dentro del castillo. Keith Nox había intervenido, exitosamente, durante una pelea en los invernaderos entre estudiantes de Hufflepuff; Derek Adams se había enterado de una trampa que Frederick Ponce había colocado en uno de los pasillos que llevaban a la sala común de Gryffindor y había logrado desactivarla antes de que alguien saliera lastimado; Alexander Domich había castigado a un alumno de segundo año de Gryffindor cuando éste insultó a la familia de un chico de Slytherin; Allegra Finnigan logró captar bajo su ala protectora a varios estudiantes de primer año de Slytherin, evitando así que se sumaran a la lista de seguidores de Portus Cardigan.
Así que cuando, a principios de Febrero, un anuncio en la cartelera de la sala común de Slytherin le anunció que ese mes tendrían las reuniones de orientación vocacional con el jefe de su Casa, Albus se quedó estupefacto.
Nunca se había detenido a pensar, verdaderamente, a qué quería dedicarse cuando saliera de Hogwarts. Aquel año había puesto especial esmero en estudiar, pero no eran las calificaciones de los TIMO lo que lo motivaba, sino el deseo creciente por convertirse en un buen mago. No, un gran mago. El mejor.
Cada nuevo hechizo que dominaba, cada nueva poción que aprendía, cada nuevo conocimiento que adquiría sobre el mundo mágico generaba en Albus una descarga adictiva de euforia. Y la inminencia de la guerra sólo había servido de combustible para incentivar ese deseo voraz por aprender, por progresar, por convertirse día a día en una mejor versión de sí mismo. Era fundamental si deseaba sobrevivir. Si deseaba ganar. Y Albus deseaba ganar.
—¿Albus? —lo llamó Slughorn, haciéndolo volver a la realidad. Albus sacudió suavemente la cabeza, intentando despejarse los ominosos pensamientos que lo invadían.
—A decir verdad, profesor… No estoy seguro de lo que deseo hacer cuando salga de Hogwarts —confesó Albus, sonrojándose levemente. Slughorn le dedicó otra de esas sonrisas bonachonas.
—Bueno, con tus calificaciones, podrías hacer prácticamente cualquier cosa, Albus… —auguró el anciano profesor, inclinándose hacia delante para examinar el formulario de Albus Potter, su enorme barriga golpeando contra el borde de la mesa. —Tu rendimiento en Encantamientos y en Pociones es muy bueno. Transformaciones no está nada mal, tampoco. Herbología no es tu favorita, ¿eh?
—No, no lo es. Pero no se lo diga al profesor Longbottom… Creo que todavía guarda esperanzas —respondió Albus con una media sonrisa. Slughorn rió abiertamente, su abdomen vibrando contra la mesa.
—Veo que al igual que tu padre tienes una habilidad nata para Defensa contra las Artes Oscuras —comentó el profesor, levantando la mirada del documento y guiñándole un ojo. Albus se removió incómodo en la silla, como cada vez que lo comparaban con su padre. —¿Has pensado en seguir la carrera de Auror? —le sugirió entonces Slughorn, tomándolo por sorpresa.
Albus se quedó momentáneamente sin palabras, estacado en la silla. La pregunta del profesor revoloteó dentro de su cerebro. No podía negar que la idea se le había cruzado un par de veces en el pasado… Pero la había descartado casi tan pronto como había aparecido. Ya tenía suficiente con compartir el mismo apellido que su padre, no quería ni imaginarse cómo sería compartir también la misma profesión. Le resultaba suficientemente difícil vivir bajo la sombra del Elegido como para además sumarle eso.
Y sin embargo… no podía negar que la idea era tentadora. Había cierto misticismo detrás de la profesión. Después de todo, los Aurores eran la elite dentro del mundo mágico. Los mejores y más hábiles duelistas. ¿Y qué mejor forma de demostrar su propio valor que destacándose allí donde su padre ya lo había hecho? ¿Qué mejor forma de demostrarle al mundo que él no era simplemente el hijo de Harry Potter que convirtiéndose en un mejor Auror que éste?
La idea le resultó igualmente atractiva y aterradora.
—No creo que sea la profesión indicada para mí, profesor —le respondió respetuosamente Albus, su voz inusitadamente ronca. Slughorn se reclinó sobre la silla entrecruzando las manos por encima de su abdomen.
—Podrías hacer grandes cosas, muchacho. Igual que tu padre…
—Planeo hacer grandes cosas —respondió Albus con excesiva brusquedad. Slughorn arqueó las cejas sorprendido—. Solo que no como Auror.
—Por supuesto —coincidió el profesor, sacudiendo la mano despreocupadamente frente a él—. No tienes que decirlo ahora. ¿Tal vez quieras llevarte algunos de los folletos del Ministerio? Podrías darle una oportunidad a la política…
El profesor Slughorn continuó hablando durante otros veinte minutos, enumerando otras opciones que podían sentarle bien a Albus. Pero él ya no estaba escuchándolo. Podrías hacer grandes cosas. Igual que tu padre. Sólo que él no quería ser igual a su padre. Quería más.
Incluso horas más tarde, mientras terminaba los deberes para el día siguiente junto a sus amigos en la Sala de Menesteres, su cabeza seguía dándole vueltas al asunto.
—Ey, Al… Estás a años luz de aquí —se burló Lysander, mientras le palmeaba la espalda, sacudiéndolo de sorpresa. Se dejó caer pesadamente en el sillón a su lado, estirando los brazos sobre el respaldo y desparramándose cómodamente entre los almohadones.
—Hoy tuve la orientación vocacional con Slughorn —respondió Potter evasivamente.
—¿No fue cómo te esperabas? —le preguntó Rose, sin levantar la mirada del libro que estaba leyendo. Albus hizo una mueca contradictoria.
—No sé qué era lo que esperaba, sinceramente —confesó Potter, abandonando cualquier pretensión de estudio.
Scorpius, que hasta entonces se encontraba dormitando recostado con la cabeza apoyada sobre las piernas de Rose, abrió inmediatamente los ojos. Hedda y Elektra abandonaron momentáneamente la partida de ajedrez que estaban jugando para escucharlo.
—Slughorn cree que yo podría ser un buen Auror —soltó finalmente Albus, sus palabras se oyeron más bruscas de lo necesario.
—Podrías serlo —coincidió Scorpius con voz medida, levantándose del regazo de Rose y enderezándose para mirarlo mejor.
—Lo sé —reconoció Albus, frunciendo el ceño.
—La pregunta es si quieres serlo —señaló Hedda, encogiéndose de hombros en un gesto práctico.
—¿Qué hay de ustedes? ¿Todos aquí saben lo que quieren hacer cuando salgan de Hogwarts? —preguntó Albus, en parte buscando despejar un poco la atención de él y en parte porque verdaderamente quería saber si él era el único que no tenía idea sobre qué esperar del futuro.
—Asumiendo que todavía existe un mundo mágico en el cual trabajar, yo planeo convertirme en Sanadora —respondió Hedda crípticamente, su mirada volviendo al tablero de ajedrez. Deslizó su alfil por la cuadrícula para destrozar un peón de Elektra.
—¡Ey! —se quejó Cameron al ver que había perdido una de sus piezas. Mientras que movía su caballo hacia delante, Elektra respondió: —Si te hace sentir mejor, Albus, yo tampoco sé exactamente qué es lo que voy a hacer cuando salga de aquí… Pero creo que quiero hacer algo para ayudar a la gente como yo…
—¿Gente como tú? —repitió Albus, desconcertado. Elektra chasqueó la lengua.
—Ya sabes, los nacidos muggles… Personas que no crecieron rodeados de magia. No es fácil para nosotros, ¿saben? Transitar entre el mundo mágico y no mágico —se explicó la rubia, su piel bronceada sonrojándose casi imperceptiblemente mientras hablaba—. Y sin ánimos de ofenderlos, pero la gente que ha crecido en el mundo mágico puede ser bastante ignorante del mundo muggle —agregó con una sonrisa tímida a modo de disculpa.
—El Ministerio cuenta con todo un departamento dedicado a Relaciones Muggles. Se creó después de la Segunda Guerra Mágica, con el objetivo de mejorar el vínculo entre magos y muggles, y suavizar la grieta entre los dos mundos —comentó Rose.
—Sí, el profesor Longbottom me dio un folleto con información —coincidió Ely, sus ojos negros brillando con ilusión ante la mención de dicho departamento.
—Nuestro abuelo solía dirigir el departamento, antes de jubilarse —recordó Albus—. De seguro conoce a gente allí para contactarte…
—Oh, sí. Louis se ha ofrecido a hablar con él de mi parte —se apresuró a decir Elektra, sonrojándose aún más.
—Ah… Claro —dijo Albus secamente. Elektra desvió la mirada apresuradamente, volviendo su atención al partido de ajedrez.
—Creo que es una gran idea, Ely —la felicitó Rose—. La grieta entre el mundo mágico y el no mágico está volviéndose cada vez más amplia, no sólo aquí sino en todo Europa. El Ministerio va a necesitar de gente dispuesta a buscar una forma de resolverlo si es que quieren evitar una nueva crisis…
—Cuidado, damas y caballeros. Están escuchando hablar a la futura Ministra de Magia —satirizó Scorpius, arrancando varias carcajadas del resto de sus amigas y una mirada de reojo a modo de advertencia de parte de Rose.
—¡Ya, cállate, Malfoy! —se enojó Weasley, aunque sus labios temblaron mientras intentaba evitar reír también.
—Mientras tú te ocupas de conseguir la paz mundial, Scorpius se va a ocupar de seguir engrosando las obscenas bóvedas de oro de la familia Malfoy —disparó Lysander, desde la comodidad de su sillón, riendo abiertamente.
—De hecho… he estado pensado sobre eso —soltó Malfoy, removiéndose en su lugar, luciendo extrañamente afectado—. No estoy seguro de querer dedicarme a administrar los negocios familiares… Es decir, todavía no lo he hablando con mi padre pero…
—¿Y qué te gustaría hacer sino? —le preguntó Albus, observándolo intrigado.
Scorpius se llevó una mano a la cabeza, peinando su cabello rubio hacia atrás y exhalando pesadamente. Rose deslizó una de sus manos casi instintivamente hacia él, acariciándole suavemente el brazo a través de la ropa, como si quisiera incentivarlo a continuar hablando.
Desde que Albus lo había conocido, cinco años atrás, Scorpius siempre había cargado con la presión de la herencia familiar, en todos los sentidos de la palabra. Cargaba con la gloria perdida y los pecados acumulados de sus antecesores. Pero también con la inmensa fortuna y las incontables propiedades y empresas que poseían. Él era el único heredero. Y por lo tanto, lo esperable era que, llegado el momento, Scorpius se hiciese cargo de dicha herencia. Y hasta entonces, Malfoy siempre había mantenido una actitud de práctica resignación al respecto, como si se tratase de un destino ineludible e indiscutible.
—Leyes —respondió finalmente Scorpius, levantando el mentón en un gesto orgulloso, casi como si desafiara a alguno de ellos a burlarse de él. Pero nadie se burló.
—Vas a cansarte de patear traseros en el Wizengamot, Malfoy —Albus rompió finalmente el silencio, sonriendo. Scorpius se relajó, soltando el aire que había estado conteniendo mientras aguardaba su reacción, una sonrisa de agradecimiento dibujándose en su rostro afilado.
—Será mejor que lo vigiles, Rosie. Algo me dice que Scorpius se verá condenadamente bien dentro de esos trajes que usan los abogados —comentó Lysander al pasar, guiñándoles un ojo travieso. Malfoy se sonrojó, pero estiró uno de sus brazos para colocarlo posesivamente sobre los hombros de Rose, dando a entender que no era necesario que nadie lo vigilara. La expresión embelesada con que miraba a la pelirroja no hizo más que confirmarlo.
—Te has pasado toda la tarde burlándote de nosotros, Scamander. Pero todavía no te hemos escuchado hablar sobre tus planes —disparó Elektra traviesamente.
—Uuuhhh —exclamó el resto del grupo, provocadoramente. Lysander simplemente tiró su cabeza hacia atrás y se rió.
—¿Mis planes? —repitió Lysander, fingiendo meditar la pregunta—. Quiero hacer algo que me sorprenda todos los días. Quiero que cada día sea una nueva aventura, levantarme cada mañana sin saber con qué voy a encontrarme…
—¿Y ese trabajo existe?—le preguntó Rose, entre escéptica y divertida.
—Eso parece —respondió Lysander con una expresión felina. Sacó un folleto del bolsillo trasero de su pantalón y lo lanzó sobre la mesa ratona que había frente a ellos.
—Es una broma, ¿verdad? —reaccionó Albus, sus ojos viajando del folleto hacia Lysander y de regreso al folleto, donde se podía leer con perfecta claridad la profesión que promocionaba…
—¿Inefable? —leyó Scorpius, sin dar crédito tampoco a sus propios ojos, pero con un poco más de tacto que Potter. Lysander sonrió mostrando todos los dientes.
—No se me había ocurrido hasta que el profesor Longbottom lo sugirió. ¡Pero no pueden negarme que es intrigante! —confesó Scamander, su ojos brillando risueños.
—¿Sabes siquiera a qué se dedican? —le preguntó Rose con cautela. Lysander se encogió de hombros.
—Nadie lo sabe a ciencia cierta, ¿no? Pero el profesor Longbottom me contó sobre el departamento de Misterios… ¡Las cosas que tienen ahí adentro! ¡Es una locura! —Lysander lucía verdaderamente entusiasmado.
—¿Cómo es que un profesor de Herbología conoce el departamento de Misterios? Se supone que es un lugar de acceso restringido —comentó Hedda, sus ojos celestes denotando su interés.
—¿Qué importa eso? Lo importante es que ese lugar es increíble. Trabajar ahí debe ser asombroso —reforzó Lysander.
—No estoy tan seguro, Lysan —lo contradijo Albus, frunciendo levemente el entrecejo—. Hay gente de la Rebelión infiltrada ahí.
—Hay gente de la Rebelión infiltrada en todos lados, Al —retrucó Lysander, chasqueando la lengua.
—Mi padre no confía en los Inefables —insistió Potter. Podía sentir la mirada mordaz que le estaba lanzando Rose en ese momento, pero prefirió ignorarla. Sentía la apremiante necesidad de hacerle entender a Lysander que ese lugar no era seguro.
—Pero si yo trabajara ahí… Él confiaría en mí, ¿no? Tal vez eso es lo que hace falta, Albus —la respuesta de Lysander estaba provista de una honestidad tan inocente que Albus no se sintió capaz de contradecirlo.
—Tal vez —susurró por lo bajo.
Sin embargo, Albus no pudo sacudirse la extraña sensación de intranquilidad de encima. Sabía que no le correspondía a él decidir el futuro de sus amigos, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no intentar disuadir a Lysander de seguir ese camino.
No tenía forma de saber esa tarde lo que les deparaba el futuro, pero años más tarde, Albus recordaría ese día con triste nostalgia. Un puñado de adolescentes fantaseando sobre el futuro, llenos de sueños y expectativas. No tenía forma de saber que una conversación tan insignificante podía tener consecuencias tan importantes en sus vidas.
No tenía forma de saber que el futuro no siempre resulta ser lo que imaginamos de adolescentes.
—¿Estás seguro, Bill? —preguntó Hermione, mordiéndose el labio en un gesto nervioso.
Bill Weasley asintió con un movimiento de cabeza y enderezó su mano hábil que sostenía la varita, preparándose. Hermione se aclaró la garganta antes de lanzar el maleficio.
—Anima Tenebris —pronunció con voz clara y firme, un gesto compungido surcándole el rostro, como si verdaderamente no quisiera hacerlo.
Las luces de la habitación titilaron y la intensidad de su brillo menguó. Un frío penetrante y oscuro trepó por las paredes, envolviéndolos. Frente a ella, Bill se estremeció, pero mantuvo su varita en alto.
Una bruma espesa, como una neblina gris, había empezado a brotar de la varita de Hermione, reptando por el suelo y acercándose peligrosamente hacia Bill. Éste aguardaba con actitud atenta y pulso firme, pero su piel comenzaba a empalidecer y sus pupilas se dilataban gradualmente, la oscuridad infiltrándose bajo su piel sin que pudiese evitarlo. Incluso Hermione podía sentirlo: crepitaba en el aire de forma ominosa, invisible pero presente. Una magia oscura y poderosa que traía consigo sentimientos de desamparo y tristeza.
—Lumina intensa—invocó finalmente Weasley, cuando la bruma prácticamente había llegado hasta sus pies. Una luz blanca salió despedida de su varita, iluminando transitoriamente la sala, resplandeciendo de manera cálida y reconfortante.
Hermione sintió que su varita vibraba bajo la intensidad del encantamiento de Bill, y la sujetó con ambas manos, resistiendo. Concentró toda su fuerza en el desagradable maleficio y esa repugnante energía que necesitaba para crecer, y la niebla arremetió con renovada fuerza contra Bill, absorbiendo la luz de su magia y rodeándolo como una nube de tormenta.
Un ruido fuerte y seco anunció que Bill había caído. Hermione bajó inmediatamente su varita, pero la malévola niebla seguía sobrevolando la sala, envolviendo a Bill como un manto de angustia demoledora.
—Expecto patronum —pronunció Philipe Marcier, a su lado, y un pez plateado y hermoso nadó por el salón hasta donde se encontraba Weasley en un intento por despejar la bruma que lo rodeaba.
Como si tuviera vida propia, la niebla se retrajo bajo la luz plateada del Patronus de Philipe, escabulléndose hacia un rincón de la sala. Pero sin nadie que mantuviera el maleficio vivo, la bruma comenzó a disolverse de forma gradual. La luz volvió a brillar en los candelabros, pero se sentía distante y efímera, como si su calor no fuese capaz de contrarrestar el frío que la niebla había dejado detrás de sí.
Hermione y Philipe se apresuraron hacia el cuerpo de Bill. Girándolo con cuidado, Hermione lo puso boca arriba. Estaba tan pálido que parecía un fantasma y tenía la frente perlada de sudor.
—Enervate —dijo Hermione, la voz temblándole.
Bill abrió perezosamente los ojos, desconcertado. Soltó un resoplido al comprobar que se encontraba en el suelo, y se apresuró a intentar levantarse. Philipe se aproximó para ayudarlo a incorporarse, y Bill se sujetó fuertemente de su antebrazo, su cuerpo temblando de esfuerzo. Estaba débil y parecía a punto de desplomarse en cualquier momento.
—Ten. Esto siempre ayuda —le ofreció Hermione, sacando una barra de chocolate de Honeydukes de su bolsillo, sintiéndose verdaderamente culpable.
—Gracias —balbuceó Bill, mientras le daba un mordisco al chocolate y tragaba con dificultad.
Philipe lo guió hasta la mesa que había a un costado de la sala, y lo sentó en una de las sillas que todavía permanecían en torno a la misma. Bill se dejó caer sobre la misma como si hubiese corrido una maratón. Terminó de masticar el chocolate con los ojos entrecerrados.
—No es suficiente —logró hablar después de unos minutos de sepulcral silencio. Hermione frunció el ceño.
—No, no lo es —reconoció ella, mientras guardaba la varita y tomaba un cuaderno de la mesa, repleto de anotaciones hechas con su puño y letra.
—No lo entiendo… ¿Por qué no funciona? —Philipe se oía profundamente decepcionado. Al igual que Hermione, se inclinó sobre la mesa y comenzó a revolver entre los papeles, anotaciones y libros, buscando una respuesta. —Debería funcionar —insistió Marcier, ofuscado.
—La Magia no es una ciencia exacta, Philipe —sopesó Bill, abriendo nuevamente los ojos. Había recuperado algo de color en las mejillas.
—¿Qué es lo que nos está faltando? —se quejó Marcier, mientras continuaba revolviendo entre los libros, repasando nuevamente los fundamentos teóricos que habían usado para fabricar un contrahechizo para las Sombras.
—Ey, muchacho —lo llamó Bill, palmeándole la espalda intentando calmarlo—. Respira. Hemos progresado mucho hoy…
—Pero no lo suficiente —lamentó Philipe—. Nuestro hechizo no se sostiene frente a un maleficio potente.
—Ya encontraremos la forma de que lo haga —le aseguró Bill, sonriendo con benevolencia.
Philipe se pasó una mano nerviosa por los cabellos, peinándolos hacia atrás. Estaba visiblemente alterado, y respiraba de forma acelerada e irregular. Meneó la cabeza, negándose a aceptar el consuelo que Weasley le estaba ofreciendo, y en cambio se dispuso a realizar una serie de cálculos de aritmancia sobre un trozo de pergamino.
Consciente de que la magia de Grindelwald la excedía, Hermione había reunido un equipo para trabajar en lo que habían titulado el Proyecto Luz. El objetivo era encontrar una forma de contrarrestar el Maleficio de las Sombras, y para ello, Hermione había solicitado ayuda a dos magos cuya experiencia y habilidades podían ser útiles para dicho fin: Bill Weasley, quien se dedicaba a romper maldiciones para Gringotts, y Philipe Marcier, quien a pesar de no tener la experiencia de sus compañeros contaba con la inteligencia y la determinación necesaria para ese tipo de trabajos.
Pero el último mes había sido muy difícil para el muchacho ruso. La noticia del ataque contra Ucrania había caído como un baldazo de agua fría, trayendo de regreso el atormentador recuerdo de su propia experiencia. Philipe todavía encontraba difícil hablar de su amada Rusia sin que los ojos se le llenaran de lágrimas. La sola idea de que Sergei Romanoff esparciera su reinado de sombras y muerte hacia otro país le resultaba simplemente intolerable.
Philipe había redoblado la cantidad de horas que dedicaba a investigar sobre teoría de la magia, cálculos mágicos, fundamentos de encantamientos y defensa avanzada, en un intento desesperado por encontrar una forma de ayudar a sus compatriotas en la guerra.
Nurmengard había sido el punto de inflexión en la investigación. A Hermione no le gustaba confesarlo, pero visitar la cárcel alemana había sido fundamental para el Proyecto Luz. Luego de que Harry se enterara la verdad que el gobierno alemán había estado escondiendo del resto del mundo, éstos no tuvieron más opción que concederle a Potter su solicitud para revisar los archivos y documentos almacenados bajo máxima seguridad en la cárcel. Así, Harry había regresado de Nurmengard con varios libros sobre magia negra que Hermione encontró escalofriantes y adictivos al mismo tiempo. Pero más importante aún habían sido las notas a los márgenes, escritas por el propio Gellert Grindelwald.
Usando sus notas como referencia, y tras de varios días de pruebas y fracasos, el equipo finalmente había dado con el fundamento mágico del maleficio de las sombras. Sin el maleficio, Hermione y su equipo habían estado trabajando prácticamente a ciegas, intentando fabricar un hechizo contra algo completamente desconocido. Los libros de Nurmengard habían sido fundamentales para poner a prueba lo que hasta entonces habían investigado únicamente desde la teoría.
Según las anotaciones, el maleficio de las sombras se alimentaba de energía negativa y malévola. Era magia negra y repulsiva, y Hermione se sentía sucia cada vez que se veía forzada a invocar el maleficio. Habían aislado una zona dentro de la Mansión Malfoy con potentes hechizos protectores para contener la oscuridad con la que trabajaban, en caso de que el maleficio se saliese de control en algún momento. Los miembros de la Orden habían sido advertidos sobre los peligrosos experimentos que el Proyecto Luz estaba llevando adelante en el ala sur de la vivienda, y todos evitaban visitar esa zona salvo que fuera indispensable.
Por eso Hermione se sorprendió cuando escuchó que alguien golpeaba a la puerta del salón donde estaban llevando adelante las pruebas.
—Por Merlín, este lugar está helado —comentó Harry cuando Hermione le abrió la puerta. Se frotó ambas manos entre sí, intentando calentarlas.
—Harry, no deberías venir a esta parte de la mansión. Es peligroso —le respondió ella, lanzando una mirada preocupada hacia la habitación, como si temiera que una sombra pudiese brotar en cualquier momento de algún inhóspito rincón. Harry alzó las cejas detrás de sus gafas redondas.
—Creo que tengo una vaga idea de cómo defenderme de las artes oscuras, Hermione —le respondió él con una sonrisa petulante.
—Estamos haciendo magia impredecible aquí adentro —insistió ella. Harry espió por encima de su hombro. Bill se encontraba todavía tumbado en la silla comiendo chocolate, y Marcier escribía frenéticamente números y revisaba tablas. La sonrisa socarrona se acentuó todavía más en los labios de Potter.
—Sí, ya veo —se atrevió a bromear. Hermione resopló, y Harry se apuró a hablar antes de que ella tuviese oportunidad de echarlo—. ¿Cómo vienen? —le preguntó, adoptando una actitud más seria. Su amiga lanzó una mirada de reojo hacia sus compañeros. Bill le hizo un gesto con la mano, dándole a entender que podía tomarse unos minutos.
—Hablemos en otro lugar, ¿quieres? —le pidió Hermione, tomando a Harry del brazo y arrastrándolo de regreso hacia el pasillo.
Sintió las barreras protectoras cosquilleando contra su piel cuando abandonó el ala sur de la mansión, y a pesar de que todavía era invierno, el resto de la casa se sentía sorprendentemente cálida en comparación con la habitación donde había estado minutos atrás.
—¿Han logrado progresar en algo? —insistió Harry con impaciencia.
—Sí —respondió ella, con una mueca no del todo convencida—. Es decir, si lo comparas con dónde nos encontrábamos antes de Nurmengard, hemos recorrido años luz hacia delante.
—Pero aún no lo tenemos —comprendió Harry. Había cierta derrota en su voz que no era capaz de esconder.
—No, me temo que no —confirmó Granger con gran pesar.
Harry chasqueó los dedos y la puerta del despacho que ocupaba cada vez que visitaba la Mansión Malfoy se abrió. Hermione lo siguió hacia el interior. Aceptó sin resistencia el vaso de whisky que le extendió Harry, y aguardó a que él también estuviese sentado para volver a hablar. Ahora que tenía a su amigo allí, sentía el impulso irrefrenable de contarle todas sus inquietudes.
—Todos los hechizos que hemos realizado hasta ahora son demasiado débiles —suspiró, frotándose la cara con una de sus manos—. Creo que no estamos usando la fuente de energía adecuada… —sugirió Granger, su voz amortiguada a causa de la mano que todavía seguía tapándole el rostro.
—Pensé que estaban usando la misma raíz de energía del Encantamiento Patronus —comentó Harry, mientras bebía un sorbo de su bebida.
—Pero ya sabemos que el Patronus no sirve para disolver completamente las sombras… Se necesita algo más fuerte para eso —dijo Hermione, y una arruga de concentración se dibujó en su entrecejo.
—¿Más fuerte que la felicidad? —exclamó Harry, alzando las cejas en un gesto sarcástico.
—Lo sé, lo sé… No hay muchas cosas más fuertes que la felicidad —reconoció ella, sintiéndose derrotada. Hizo girar el vaso en su mano con un gesto ausente—. Salvo…
—Cuidado, Hermione —le advirtió Harry seriamente. Era como si le hubiese leído la mente—. Esa es magia con la que no quieres jugar.
—Tienes razón —reconoció ella, reclinándose contra el sillón—. Llevo demasiadas horas ahí adentro. No estoy pensando con claridad.
—Ya le encontrarás la vuelta. Siempre lo haces —aseguró Harry, una sonrisa asomando nuevamente en sus labios.
—Estamos trabajando contra reloj aquí —recordó ella—. ¿Qué noticias tienes de Ucrania?
—El ejército de Romanoff ha tomado control de la zona sur de la frontera. La Resistencia se ha replegado a Mahiyamist —le respondió Harry en un tono metódico y oficial, como si estuviese hablando con uno de sus colegas Aurores. Pero Hermione lo conocía lo suficiente como para leer la preocupación en su mirada.
—Pero la frontera mágica todavía resiste, ¿verdad? —quiso asegurarse. Harry hizo una mueca.
—Sí —confirmó Potter—. Pero Mahiyamist es su último sostén. Si Romanoff logra tomarla…
—Habrá tomado toda Ucrania —completó Hermione, horrorizada.
—Hoy elevé una nueva solicitud al Comité para que autoricen el envío de refuerzos. De eso quería hablar contigo… Necesito que el Comité lo apruebe, Hermione —las palabras de Harry resonaron en la habitación como un ruego.
—Oh, Harry… —empezó a decirle, e inmediatamente notó que su amigo se ponía rígido en su silla, preparándose para lo que iba a seguir—. Sabes que cuentas con mi voto y con el de Ernie, y Gwenog siempre se ha mostrado de tu lado hasta ahora… Pero el resto de los jefes no quieren saber nada con enviar más tropas a pelear a Ucrania.
—Los están masacrando —puntualizó Potter.
—Precisamente —intentó hacerle entender Granger—. Ya hemos pedido a cinco de los diez aurores que enviaste originalmente…
—Y si no enviamos refuerzos, perderemos a los diez —la interrumpió Harry. Hermione suspiró y se sujetó la frente con una mano, sintiéndose repentinamente muy cansada.
—Yo estoy contigo, Harry. Pero sin la mayoría de los votos, me temo que rechazarán tu solicitud.
—Entonces hablaré con Kingsley.
—Él ya hizo una excepción cuando autorizó el envío de los primeros diez refuerzos sin consultarlo con el Comité. No puede hacerlo de nuevo.
—¡Es el maldito ministro!
—¡Sí, Harry! Y su cuello está sobre la guillotina —habían elevado la voz sin siquiera darse cuenta, pero Hermione no estaba dispuesta a amedrentarse. La situación era demasiado delicada, y necesitaba que Harry lo entendiera. —Muchos cuestionan el envío de las tropas en primer lugar. Diez de nuestros hechiceros más entrenados. Diez de nuestros mejores Aurores. Peleando una guerra extranjera cuando el país parece a punto de explotar. ¿Qué crees que dirán si Shacklebolt envía más Aurores a Ucrania sin consultarlo antes?
Era evidente que Harry no quería reconocerlo, pero sabía que Hermione tenía razón. En cambio, bebió lo que restaba de su vaso de un solo trago, vaciándolo para apoyarlo con un golpe estruendoso contra la mesa ratona frente a él.
—Va a caer, Hermione. La frontera —dictaminó Harry con voz áspera—. Si no hacemos algo para ayudarlos, caerá.
—Estamos haciendo todo lo que podemos, Harry—respondió ella.
Harry abrió la boca y se preparó para responderle, pero no llegó a hablar. La puerta del despacho se abrió de sopetón y una muchacha de cabello pelirrojo entró bruscamente en la sala. Cargaba en su mano izquierda una carpeta repleta de papeles.
—¡Oh, genial! Todavía sigues aquí —comentó Dominique, entre jadeos agitados que denotaban que había corrido hacia allí. Cerró la puerta detrás de ella como si Harry y Hermione la hubiesen invitado a pasar.
Dominique llevaba el cabello rojo revuelto y atado en una apresurada coleta alta, de la cual se desprendían múltiples mechones que le caían de forma desprolija sobre el rostro, obligándola a sacudir la cabeza de tanto en tanto para despejar su visión. Llevaba puesta una camiseta que le quedaba enorme, y que alguna vez había sido negra pero ahora estaba tan gastada por el uso que se había decolorado a un gris opaco. Los jeans oscuros que llevaba tampoco ayudaban a su aspecto desgarbado: estaban rotos a nivel de ambas rodillas, y jirones de tela se desprendían de la parte inferior, a nivel de los tobillos.
Harry le lanzó una mirada de reojo a Hermione, la diversión brillando en sus ojos verdes.
—¿Qué están tomando? ¿Puedo servirme uno? —preguntó mientras caminaba hacia la mesa donde reposaban las botellas de alcohol.
—No —respondió Hermione.
—Sí —la contradijo Harry al mismo tiempo. Dominique guiñó un ojo hacia su tío y se sirvió una importante medida de whisky.
—Escuché a Hannah decir que estabas de visita e intenté entrar a la zona sur… —empezó a decir Dominique, dejándose caer sobre el sillón más cercano a la chimenea.
—¡Dominique! —la regañó Hermione, algo casi instintivo.
—Relájate, tía. Papá me interceptó antes de que pudiera investigar lo que sea que hacen ahí adentro. Me dijo que tú y Harry habían venido hacia aquí —se apresuró a aclarar la pelirroja, revoleando los ojos, considerando la reacción de Hermione desmedida.
—¿Has conseguido algo? —preguntó Harry, la ansiedad evidente tanto en sus gestos como en su voz. Dominique torció una sonrisa traviesa que Hermione encontró alarmantemente parecida a la de la versión joven de los gemelos Weasley.
—¿Están cómodos como para escuchar? —rió Dominique, inclinándose hacia delante en la silla y dejando caer la carpeta que había traído con ella sobre la mesa ratona entre ellos—. He cotejado la versión de los hechos que te contó ese viejo loco de Rocco…
—¿Y?
—Y todo lo que te dijo parece ser verdad —puntualizó Dominique. Aprovechó ese momento para beber un sorbo de su whisky, y Hermione estaba convencida que lo hacía a propósito para generar más suspenso. Sacudió la varita y la carpeta se abrió, esparciendo varios documentos y papeles frente a Harry y Hermione—Efectivamente, Wilfred Fritzsche fue el director del Departamento de Asuntos Internacionales durante la guerra contra Grindelwald. Un tipo muy importante por lo que estuve leyendo… Así que pueden imaginarse el escándalo que generó en la comunidad alemana cuando uno de sus hijos se declaró públicamente a favor del Bien Mayor…
—¿Uno de sus hijos? ¿El Domador tenía hermanos? —se sorprendió Hermione. Dominique asintió.
—Uno. Pero falleció durante la guerra—explicó la pelirroja—. Wilfred hizo todo lo que pudo para proteger al único hijo que le quedaba con vida cuando Grindelwald fue derrotado. Pero las pruebas en su contra eran demasiadas…
—Así que terminó en Nurmengard —dijo Harry.
—Corrección: Él quería ir a Nurmengard. He leído la transcripción de su juicio en Berlín… Ese tipo era un fanático. No le importaba a cuántos años lo condenaran, siempre y cuando pudiese cumplir la condena en el mismo lugar que Grindelwald —les contó Dominique, una expresión de desconcierto dibujada en sus jóvenes rasgos, como si no le entrase en la cabeza que alguien pudiese elegir algo así—. Murió en Nurmengard en el invierno de 1978, durante el brote de viruela de dragón que hubo por aquella época en toda Europa.
—¿Y qué fue de su padre? —preguntó Harry, evidentemente interesado en rastrear cualquier posible familiar del Domador. Dominique extendió el dedo índice y lo deslizó por delante de su cuello, como si se estuviese degollando a si misma.
—Muerto en 1963 —respondió Dom.
—Entonces el linaje de los Domadores está extinto —concluyó Hermione. La joven Weasley le dedicó una sonrisa felina.
—No exactamente —la contradijo—. Verás, tía… Antes de terminar en Nurmengard, Walter Fritzsche tuvo una hija.
—Joder… —murmuró Harry, ganándose una mirada recriminatoria de Hermione y una sonrisa cómplice de Dominique.
—Su nombre era Oxanna. Tenía ocho años cuando su padre fue encarcelado. Su madre, otra seguidora de Grindelwald, falleció también durante la guerra. Es una completa locura la cantidad de personas que murieron durante esa guerra...—comentó la chica, dando otro sorbo a su bebida.
—Fue una guerra terrible, Dominique —le recordó Hermione con dureza. Dominique se encogió de hombros despreocupadamente.
—Como sea, después que su padre terminara en Nurmengard, la niña quedó bajo la tutela de su abuelo. He encontrado registros que respaldan su existencia hasta su mayoría de edad. Esa de ahí es su matrícula de inscripción a Durmstrang, por ejemplo —dijo, señalando uno de los papeles que había sobre la mesa. Hermione lo tomó entre sus manos. Efectivamente, era una copia de una matrícula de inscripción a nombre de Oxanna Fritzsche—. Pero a partir de aquí… Es como si la chica se hubiese esfumado de la faz de la tierra —confesó Dominique, confundida.
—¿Crees que sigue con vida? —preguntó Harry metódicamente. Dominique chasqueó la lengua.
—No lo sé —confesó la pelirroja, la irritación filtrándose en su voz al reconocer que no poseía esa información—. Pero si sigue viva, entonces ha hecho un excelente trabajo escondiendo sus huellas.
—Pero si sigue viva… Eso la convierte en la heredera de la sangre de los domadores —comprendió Hermione.
—Es motivo suficiente como para esconderse, ¿no creen? —convino Harry.
—La pregunta es: ¿de quién? ¿De ellos… o de nosotros? —Dominique dejó la pregunta sobrevolando ominosamente en el aire.
El siguiente partido del torneo de quidditch encontró a Hogwarts en un estado poco habitual. Los conflictos y discusiones entre los estudiantes se habían vuelto moneda corriente de todos los días. Las primeras semanas habían estado plagadas de discusiones en pleno Gran Salón y maleficios surcando el aire de los pasillos. Así, un considerable número de estudiantes habían terminado castigados, algunos de ellos severamente, por los profesores y Prefectos.
Así que conforme fueron pasando los días, los estudiantes se volvieron más cuidadosos, pero no por eso menos agitados. Las discusiones y los duelos seguían teniendo lugar en todos los rincones del castillo, sólo que ahora los alumnos tenían la delicadeza de intentar esconderlo de los profesores. Palabras provocadoras susurradas por lo bajo, hechizos sutiles lanzados sin que el contrincante pudiera saber de dónde habían venido, chascos colocados en las salas comunes, objetos personales que desaparecían o pociones desagradables que aparecían dentro de las bebidas de los estudiantes. Patrullar Hogwarts se volvía cada vez más difícil, pues los ataques eran sumamente escurridizos y difíciles de rastrear hacia un único culpable. Y la directora McGonagall no podía simplemente suspender a todo el plantel estudiantil, lo que significaba que muchas personas se terminaban saliendo con la suya.
Portus Cardigan y Taurus Zabini lucían más complacidos que nunca, regodeándose en el caos que se había vuelto la vida cotidiana en el castillo. Albus sabía a ciencia cierta que los Hijos de la Rebelión estaban detrás de gran parte de lo estaba sucediendo, perpetuando y alimentando el desorden y el conflicto. Incitaban al resto de los alumnos a reaccionar negativamente frente a comentarios o situaciones inofensivas, gatillaban peleas innecesarias e injustificadas, susurraban mentiras y chismes para enemistar a la gente, y en varias ocasiones, Albus creía que incluso habían llevado adelante ataques desagradables contra gente que simpatizaba con la causa de la Rebelión simplemente para luego inculpar a alguien y generar todavía más tensión.
El ejemplo perfecto fue el día que una bomba fétida explotó en el baúl de una de las estudiantes de tercer año de Slytherin, gatillando una terrible pelea entre dicha muchacha y Allegra Finnigan, a quien toda la evidencia parecía apuntar como culpable luego de que encontraran un puñado de bombas sin usar guardadas en el cajón de su mesa de luz. La discusión que se había iniciado en la sala común de Slytherin había escalado rápidamente a los gritos entre ambas chicas de Tercer Año, y finalmente, las varitas asomaron en sus manos amenazadoramente.
Toda la sala común se sumió en silencio a la espera del enfrentamiento. Allegra estaba rabiosa, sus ojos centelleando peligrosamente mientras se preparaba para atacar. La otra muchacha no lucía mucho más tranquila. Albus sabía perfectamente que la joven Finnigan podía patearle el trasero a la otra chica en un duelo sin siquiera pestañar. Pero aún así, decidió intervenir.
—Guarden sus varitas, ahora —ordenó Potter, levantándose del lugar donde había estado escribiendo su ensayo sobre Inferis y haciendo uso de su autoridad como Prefecto.
—Ella empezó —dijo la otra chica, visiblemente alterada.
Albus no recordaba su nombre, pero sí recordaba su rostro. Era una chica bonita, y solía estar siempre rodeada de otras chicas que la seguían como perros falderos. En ese momento, sin embargo, su séquito de admiradoras se encontraba retraído en una esquina, temerosas de quedar atrapadas en medio del fuego cruzado de un duelo.
—Yo no hice nada —siseó Allegra entre dientes apretados.
—¡Mientes! ¡Tú colocaste esas bombas en mi baúl!
—¿Por qué habría de hacer algo así? —se encolerizó aún más Finningan, encontrando la acusación ridícula.
—¡Me tienes celos! —acusó la muchacha. Allegra soltó una risa forzada, carente completamente de humor, que hizo enojar aún más a su contrincante—. Estás celosa porque Chris me eligió a mí para festejar San Valentín, y no a ti —redobló la apuesta.
Allegra empalideció ante la acusación y su varita soltó varias chispas rojas desde su extremo.
—Allegra, baja la varita —volvió a repetir Albus.
—Yo no lo hice —insistió Finnigan, sin sacar los ojos de su acusadora.
—Lo sé —le aseguró Potter, mientras su mano se deslizaba suavemente hacia su varita, preparándose para intervenir si era necesario.
No podía permitir que Allegra atacara. Finnigan se había convertido en un pilar fundamental dentro de la Hermandad para captar la atención de los estudiantes más jóvenes de Slytherin, previniendo que éstos se unieran a los Hijos de la Rebelión. Si atacaba a una de sus compañeras frente a todo el mundo, eso perjudicaría terriblemente su imagen y la confianza que los más chicos ponían en ella. La volvería peligrosa.
Los segundos se estiraron dolorosamente hasta que Allegra finalmente le obedeció y bajó la varita. Albus soltó el aire que había estado conteniendo hasta entonces y se permitió mirar hacia la otra chica de Slytherin. La muchacha se amedrentó inmediatamente bajo la mirada verde e intensa de Potter, bajando también su varita.
—Bianca… Yo puedo ayudarte a limpiar tus cosas. Conozco un hechizo que hace maravillas… —dijo Cordelia Smith mientras se acercaba a la muchacha que había estado acusando a Allegra. La chica Bianca lanzó una última mirada altiva hacia Allegra, y elevando el mentón, se marchó de regreso hacia las habitaciones. Un grupo de otras cuatro niñas las siguió inmediatamente. La actividad dentro de la sala común volvió gradualmente a la normalidad. El peligro se había desvanecido, al menos por el momento.
—Fue esa zorra de Smith… Lleva años tratando de ganarse al resto de nuestras compañeras —gruñó Allegra, todavía temblando de enojo.
—Parece que por fin se ha animado a hacer algo para conseguirlo —estuvo de acuerdo Albus.
—Es una cobarde.
—Por supuesto que lo es. Sabe que la única forma que tiene de sacarte ventaja es jugando sucio —volvió a reconocerle Albus. Allegra le lanzó una mirada de reojo.
—No pareces preocupado.
—Eso es porque confío en que tú eres más astuta, y encontrarás la forma de contraatacar —le confió Potter. Los labios de Allegra se curvaron casi imperceptiblemente en sus esquinas.
—He estado subestimando a Cordelia. No pensé que se animaría a algo así —confesó Finnigan, frustrada consigo misma—. No volverá a pasar.
—¿Qué me dices de la otra chica?
—¿Bianca Selwyn? Una chica egocéntrica y narcisista que le gusta que todos la adulen y le digan que es la más popular… —Allegra hizo un gesto como si estuviese a punto de vomitar—. Personalmente creo que es demasiado estúpida como para poder entender algo de lo que verdaderamente está pasando dentro de Hogwarts, menos aún lo que sucede afuera…
—¿Pero es una chica popular? —inquirió Albus, alzando una ceja significativamente. Allegra tragó saliva, como si estuviese tratando de limpiarse un sabor amargo de la boca.
—Bastante —confesó a regañadientes.
—No podemos permitir que los Hijos la capten, Allegra —sentenció Potter, tajante.
Allegra lo miró unos segundos, debatiéndose sobre qué responder, pero finalmente se conformó con asentir con la cabeza. Perder a una chica como Bianca Selwyn a manos de sus enemigos significaba perder también a todo el grupo de niñas que la seguían a todos lados.
Por más que Albus estaba convencido que, en un enfrentamiento mano a mano entre su Hermandad y los Hijos de la Rebelión, ellos tenían las de ganar, la historia era otra cuando la pelea se gestaba desde las sombras. Los Hijos de la Rebelión eran más numerosos que ellos, y la tensión que había generado la guerra y los eventos recientes en Inglaterra favorecían un estado de alarma entre los estudiantes que los hacía más propensos a la violencia y a los exabruptos. Albus detestaba reconocerlo, pero Cardigan y su gente le llevaban ventaja.
—¿Has pensado en reclutar más gente para la Hermandad? —sugirió una tarde Rose, mientras caminaban por el linde del Bosque Prohibido. Su prima tenía una mano enguantada enroscada alrededor del brazo de Scorpius.
—No —fue la respuesta un tanto brusca de Albus, y sintió que a su lado, Tessa le daba un codazo a modo de reproche.
Desde que Rose y Scorpius habían empezado a estar juntos como pareja, Albus y Tessa compartían más tiempo con ellos. Albus lo encontraba sumamente práctico, porque le permitía compartir con Tessa al mismo tiempo que podía estar con dos de sus mejores amigos. Y últimamente, Albus necesitaba de todo el tiempo que podía disponer para conversar con Rose y Scorpius sobre los pasos a seguir con la Hermandad dentro de Hogwarts.
—La Hermandad no se trata de la cantidad de miembros que la conforman —agregó Albus, intentando suavizar su respuesta inicial.
Verdaderamente lo creía. La Hermandad era un grupo selecto. A Albus le gustaba pensar en ellos como en su pequeño ejército de elite. Gente en la que podía confiar, y a su vez, gente que confiaba en él. Cada uno de ellos contaba con sus propias virtudes y talentos, y todos colaboraban a la causa a su propia manera. Todos estaban dispuestos a hacer lo que fuera necesario para proteger Hogwarts, para pelear esa guerra desde adentro.
Ese tipo de fe ciega y de determinación ardiente no era fácil de conseguir, y sin duda, no era algo que podía encontrarse en cualquier persona. Eran vínculos que Albus había trazado con cada uno de ellos a lo largo de sus años en Hogwarts. Ya fuese por lazos familiares o profundas amistades, o bien simplemente porque lo admiraban o en cierta forma se sentían en deuda con él, Albus era el centro de la Hermandad, que los dirigía y los mantenía unidos. Era una responsabilidad para él, pero también, era algo que lo hacía sentir especial. Y aunque nunca lo fuese a reconocer en voz alta, también lo hacía sentir poderoso.
No estaba dispuesto a resignar eso. No iba a convertir la Hermandad en una agrupación multitudinaria e impersonal de alumnos. Porque estaba convencido que lo que mantenía unida a la Hermandad era algo mucho más fuerte y difícil de destruir que lo que unía a los Hijos de la Rebelión.
—Tess, ¿cómo te sientes para el partido de mañana? —dijo Scorpius, percibiendo que Albus no estaba dispuesto a discutir más sobre la Hermandad y aprovechando la pausa para cambiar de tema.
—Horrible —confesó la morena, estremeciéndose junto a Albus, y no a causa del frío—. Harold Gostein sigue suspendido del equipo, y el brazo hábil Lucas Corner sigue resentido de la fractura que sufrió en el partido contra Gryffindor…
—Bueno, nosotros alentaremos por Ravenclaw de todas formas —aseguró Rose, dedicándole una sonrisa empática.
—Por supuesto. No pienso perderme la cara de Cardigan y Zabini cuando pierdan la copa —aseguró Malfoy. A su lado, Rose revoleó los ojos.
—¿Tú vendrás, Albus? —preguntó Tessa, su voz insegura y sus ojos gatunos observándolo anhelantes.
Albus se había olvidado completamente del partido. De hecho, nada le importaba menos en ese momento que el quidditch. Tenía cosas demasiado importantes que atender como para perder preciadas horas mirando jugar a otra gente, sobre todo, al equipo de Slytherin.
No había vuelto a tener un entrenamiento con Lily desde aquel estrepitoso fracaso que había tenido lugar a principios de enero, tras regresar a Hogwarts de las vacaciones de invierno. En aquel entonces, su hermana había estado distraída y demasiado afectada por la reciente noticia de la Guerra de la Frontera como para lograr concentrarse en las Visiones. Albus la había mandado a que recuperara la compostura antes de continuar. Y para su sorpresa, Lily lo había logrado.
Su hermana menor lucía ahora mejor de lo que lo había hecho en meses, incluso en años. Había recuperado parte del peso perdido, su piel había perdido ese color verdoso enfermizo, sus ojos volvían a brillar con vitalidad y su humor parecía estar también recuperado.
Pero a pesar de ello, no habían encontrado oportunidad de retomar los entrenamientos con la Bola de Cristal, porque el caos se había desatado dentro de Hogwarts para aquella época, y Albus había estado demasiado ocupado intentando contener el daño que provocaban los Hijos de la Rebelión.
En varias ocasiones, había intentado hablar con Lily para tranquilizarla y asegurarle que no se había olvidado de ella. Pero Lily parecía estar tranquila sin necesidad de las palabras compasivas de su hermano. Le había asegurado que sus clases de Oclumancia con Thomas White estaban marchando sobre ruedas, y que había logrado recomponer sus barreras mentales y recuperar el control sobre sus recuerdos, lo cual significaba que también estaba descansando mejor. Albus no terminaba de descifrar qué era lo que había sucedido para provocar ese cambio en su hermana, pero tampoco tenía tiempo para averiguarlo. Se sentía, al menos por el momento, reconfortado en el hecho de que ella estaba bien. O eso aparentaba.
Ese sábado, Albus planeaba concretar finalmente un nuevo encuentro con Lily y Amadeus, aprovechando que el castillo estaría prácticamente vacío a causa del partido. No había contado con el pequeño detalle de que su novia podría desear que él fuese a verla jugar también.
Pero la expresión suplicante en el rostro de Tessa lo atravesó como una flecha, y Albus no se sintió capaz de decepcionarla de esa forma.
—Sí, claro. Iré —aceptó finalmente, intentando forzar una sonrisa en sus labios. Tessa sonrió mostrando todos los dientes, y se inclinó hacia él para plantarle un beso en la mejilla. Por el rabillo del ojo, Albus pudo ver que Scorpius lo observaba atentamente. Pero si algo le había resultado sospechoso, Malfoy no dijo nada.
La mañana del partido entre Ravenclaw y Slytherin amaneció tormentosa. El cielo estaba teñido de un color gris turbulento, y algunas gotas caían de las espesas nubes, congelándose en su camino hacia el suelo y convirtiéndose en cristales de agua.
Era un partido importante para Slytherin: hasta ahora, el equipo de Lancelot Wence contaba con un empate y una derrota, y era fundamental para ellos ganar este partido si deseaban seguir en carrera por la copa. Ravenclaw, por su parte, tenía poco que perder: había sido derrotado en sus dos partidos previos, y jugaban más por el honor que por la gloria. Pero no alcanzaba simplemente con que ganaran el partido: necesitaban sacar una diferencia sustancial de puntos si deseaban tener alguna chance para superar al equipo de Hufflepuff, invictos en el torneo.
Albus no había asistido al partido entre Hufflepuff y Slytherin, pero más tarde, sus amigos le habían contado que había sido una encarnizada batalla. El equipo de Lancelot Wence había tenido un excelente comienzo, y había alcanzado una importante diferencia de puntos durante los primeros cuarenta minutos de juego. Pero Sophie Dixon, la buscadora de Hufflepuff, había demostrado nuevamente que ella se encontraba por encima del nivel promedio de los jugadores, y había vencido a Othello Avery en la carrera por la snitch, consiguiendo una dificultosa victoria para su equipo, con muy poca diferencia de puntos con Slytherin.
A pesar de que las posibilidades del equipo de Slytherin de hacerse con la copa eran bajas, y de que las chances de Ravenclaw eran nulas, ningún equipo deseaba terminar último en la tabla de posiciones.
Hacía muy mal clima para estar volando en una escoba. Albus estaba seguro que, a la altura y la velocidad a la que volaban los jugadores, los cristales de agua que caían sobre ellos debían de sentirse como agujas clavándose en su piel.
—OTRO BELLÍSIMO DÍA PARA DISFRUTAR AL AIRE LIBRE, PORQUE, ¿A QUIÉN NO LE GUSTA CONGELARSE HASTA LOS HUESOS BAJO UNA FRÍA LLUVIA DE FEBRERO? —comentaba Lorcan Scamander en ese momento.
—¡Ahí salen los equipos! —anunció Elektra, poniéndose de pie y colocándose una mano sobre los ojos a modo de protección de la lluvia, para poder mirar mejor.
Eran un puñado de manchas azules y verdes sobrevolando bajo el granizo, pero aún así Albus pudo distinguir la figura grácil de Tessa Nott entre ellos. Hacía tiempo que no la veía volar, y la imagen le robó el aliento. Tessa se movía como pez en el agua sobre su escoba.
Efectivamente, el equipo de Ravenclaw no estaba transitando su mejor momento. El jugador que estaba reemplazando a Harold Golstein claramente no contaba con la misma habilidad como Bateador, y tampoco había tenido el tiempo suficiente para ensamblarse al equipo de forma adecuada. Como consecuencia de ello, los cazadores de Ravenclaw, Tessa incluida, se veían forzados a hacer una considerable cantidad de piruetas y florituras en el aire para esquivar las Bludgers que les enviaban Leyla Warrington y Derek Adams, los bateadores de Slytherin.
Pero incluso con esa ventaja, el equipo de Slytherin no parecía capaz de sacar una buena ventaja.
—Por Salazar… El equipo de Wence está jugando verdaderamente mal hoy —exclamó Scorpius con un silbido largo y agudo. Una sonrisa ladina se había curvado en sus delgados labios.
Tenía razón. Albus también lo había notado. El equipo de Slytherin estaba jugando de forma muy desordenada, y por un momento, Potter se preguntó si no estarían bajo alguna especie de hechizo confundidor grupal, porque los cazadores no paraban de errar en sus pases, cruzarse en el camino de sus compañeros, e incluso cuando lanzaban a los aros de Ravenclaw, sus jugadas eran tan predecibles que la Guardiana de Ravenclaw atrapaba la quaffle con vergonzosa facilidad.
Era un retroceso comparado con el equipo de Slytherin que Albus había visto jugar aquel primer partido contra Gryffindor a principios de año. Como si hubiesen perdido la motivación… O tal vez, lo que habían perdido, era a su capitán.
Los ojos de Albus se dedicaron a escudriñar analíticamente a Lancelot Wence durante el resto del partido. El novio de su amiga Hedda sobrevolaba tranquilamente alrededor de los postes de Slytherin, bloqueando la mayoría de los ataques que llegaban hasta ellos. Pero incluso entonces, había cierto desgano en su forma de jugar, como si no tuviese verdaderas ganas de estar ahí, como si cualquier cosa fuese más divertido que ese partido.
La actitud feroz y avasallante que solía envolver a Wence parecía haberse desvanecido. Ya no gritaba órdenes a sus jugadores, ni embestía contra sus contrincantes. En todo el partido, no pidió ningún tiempo muerto para conversar con sus jugadores y plantear un cambio de estrategia, ni siquiera cuando Audrey Flint casi se cae de su escoba a causa de una jugada fallida que terminó con ella impactando contra uno de los postes de Ravenclaw y perdiendo el equilibrio. Fue la propia Guardiana de Ravenclaw quien le extendió una mano para evitarle la caída.
Albus desvió la mirada hacia Hedda Le Blanc, sentada un par de filas por delante. Se mantenía sentada y erguida en su lugar, sus ojos celestes penetrando la lluvia helada y siguiendo cada jugada del partido. Pero había cierta intranquilidad en su postura, cierta tensión en sus labios, y cierto recelo en su mirada que Albus pudo distinguir sin dificultad. Ella también había notado que el rendimiento del equipo de Slytherin y de su capitán era paupérrimo.
En medio de todo aquello, Tessa Nott resaltaba como una estrella brillante en medio de una noche oscura. Se deslizaba veloz y certera entre los cazadores de Slytherin, y lanzaba la quaffle con precisión más que con fuerza hacia los aros. Rápidamente, el equipo de Ravenclaw empezó a sacar una interesante diferencia de puntos a favor. Y fue entonces cuando Slytherin comenzó a recurrir al juego sucio para alcanzarlos.
Zabini acorraló a una de las cazadoras de Ravenclaw contra la tribuna de Gryffndor, haciéndola golpearse fuertemente el hombro derecho. Leyla Warrington golpeó con su bate al nuevo bateador de las águilas, haciéndole sangrar la nariz, argumentando que no lo había visto a causa de la lluvia. Portus Cardigan presionó a Tessa Nott durante una persecución por la quaffle, obligándola a bajar hasta que ambos estuvieron sobrevolando el campo tan bajo que sus pies rozaban el césped, para cruzarle entonces la escoba en el camino y provocar que Tessa cayera rodando sobre el suelo y perdiera posesión de la pelota.
Lucas Corner pidió un tiempo muerto al ver que varios de sus jugadores estaban magullados o sangrando, y reunió a su equipo cerca de los postes para reorganizar el juego. Lancelot simplemente llamó a Othello Avery, el buscador de su equipo, y a pesar de que Albus no podía escuchar lo que estaba diciendo, creyó adivinar que le estaba pidiendo que atrapara la snitch de una vez por todas y terminara con este maldito juego.
Cuando retomaron el juego, el equipo de Ravenclaw adoptó una estrategia más defensiva, con una formación cerrada, que dejaba poco lugar a los jugadores de Slytherin para avanzar, menos aún para lastimarlos. El único que permanecía fuera de la formación era el propio Corner, quien ahora sobrevolaba el campo a mayor altura que el resto, buscando frenéticamente la snitch.
Veinte minutos más tarde, la diminuta snitch cruzó el campo desde el extremo sur al extremo norte dejando una estela dorada detrás de sí, y provocando un jadeo de sorpresa y emoción en el público, mientras Corner y Avery se lanzaban al mismo tiempo detrás de ella.
Inmediatamente, se hizo evidente que Lucas Corner no se encontraba en su mejor estado físico. Volaba favoreciendo su lado izquierdo, y cada vez que intentaba estirar el brazo derecho para tomar la snitch, su rostro se torcía en un gesto de molestia. De haber sido Albus quien competía contra él, éste habría aprovechado esa debilidad de parte de su contrincante para desestabilizarlo y sacarle ventaja. Un solo empujón, un simple contacto, era todo lo que se necesitaba para que Lucas perdiera el equilibrio y tuviese que aminorar la velocidad para evitar la caída. Y era todo lo que hacía falta para sacar la ventaja necesaria para atrapar la snitch.
Pero Othello Avery era demasiado joven e inexperto. Estaba tan concentrado en la esfera dorada que ni siquiera prestaba atención a su competencia, menos aún a las señales que Lucas estaba dando que podían ser aprovechadas para derrotarlo. Othello se limitó a volar hacia delante, intentando acelerar con todas sus fuerzas. Y eso no era suficiente para vencer a alguien con la experiencia de Lucas Corner.
La mano derecha de Lucas se cerró finalmente en torno a la snitch dorada. La tribuna de Ravenclaw explotó en aplausos, y con ella, también la de Gryffindor y Hufflepuff. La derrota de Slytherin significaba que ahora, la copa quedaba entre ellos. Todo se definiría en el siguiente partido entre los leones y los tejones.
Junto a él, Scorpius aplaudía con más efusividad de la habitual. Lucía genuinamente complacido, como si él mismo hubiese obtenido la victoria. Pero al notar la expresión sombría que había dibujada en el rostro de Albus, su propia sonrisa vaciló.
—¿Qué sucede? —se preocupó Malfoy. A su alrededor, el público gritaba y aplaudía y comenzaba a ponerse de pie para abandonar la lluvia granizada que caía sobre ellos y regresar a la protección del castillo.
—No lo sé —respondió Albus, frunciendo el entrecejo mientras observaba al equipo de Slytherin volando de regreso hacia los vestuarios, mientras los de Ravenclaw permanecían un rato más festejando con sus compañeros. Algo en la forma en que se había desempeñado el equipo de las serpientes lo había dejado intranquilo.
—¿Vamos? —dijo Rose, tirando del brazo de Scorpius para salir de la tribuna. Él y Albus cruzaron una última mirada de entendimiento que decía que conversarían más tarde, y finalmente Scorpius siguió a su novia hacia la salida.
—Lamento mucho que tu novio perdiera, Hedda —comentó Ely, caminando también hacia la salida.
—No ha sido su mejor partido, ¿verdad? —comentó Lysander con una sonrisa traviesa. Hedda hizo una mueca.
—No, no lo ha sido —respondió secamente Le Blanc. Lanzó una última mirada hacia los vestuarios, y algo indescifrable surcó su rostro. Duró tan solo unos segundos, y se desvaneció tan rápido que Albus llegó a dudar si efectivamente había estado allí en primer lugar. Pero durante un instante, Potter creyó leer miedo en los ojos de Hedda.
El clima en la Sala de Menesteres, mientras esperaban a que los miembros de la Hermandad que habían estado jugando el partido finalmente llegaran, era de puro júbilo.
James y Louis festejaban como si acabaran de ganar la Copa. Hacían aparecer guirlandas de colores de sus varitas, y cantaban canciones de aliento de Gryffindor a todo pulmón, como si estuviesen todavía en el campo de quidditch. La mayoría de los de Gryffindor se le habían sumado al festejo, e incluso los miembros de las otras casas los miraban con cariño y aplaudían de sus ocurrencias. Ni siquiera Hugo, que jugaba para el equipo de Hufflepuff, fue capaz de contener la sonrisa.
La excepción era, como podía esperarse, Hedda Le Blanc. La chica se mantenía al margen del festejo, reclinada contra el borde de la chimenea, calentándose con el calor del fuego, y bebiendo de su habitual botella de sangre diaria. Y como no podía ser de otra forma, James Potter no pudo desaprovechar la oportunidad.
—¿Pensando en dejar a Wence de una vez y por todas? —le susurró por detrás, tomándola por sorpresa. Hedda soltó un respigo y giró a mirarlo con una brusquedad inusual en ella.
—¿Qué te hace pensar eso? —soltó a la defensiva, su mirada penetrante haciendo que James retrocediera instintivamente.
—Nada… Sólo una expresión de deseo —dijo James, aunque le tomó unos segundos recuperar la compostura y la actitud confiada que lo caracterizaba—. ¿Por qué conformarte con cualquier capitán de Quidditch, cuando puedes tener a uno ganador? —se atrevió a ir más allá. Una sonrisa ácida se dibujó en los labios de Hedda.
—Todavía no has ganado —le recordó.
—¿Si lo hago, entonces aceptarás salir conmigo? —disparó James, con una expresión de falsa inocencia que era imposible que pudiera engañar a Hedda. Pero para su sorpresa, Hedda meneó la cabeza y soltó una risa suave, entre resignada y divertida. El pecho de James se infló al escucharla, y sus ojos brillaron con renovada esperanza.
—Ni aunque estuviera soltera aceptaría salir contigo, James Potter —le respondió ella, pero la calidez de su voz hacía que sus palabras sonaran menos como una amenaza y más como un juego. James aceptó el desafío, complacido.
—Ya lo veremos —dijo, seguro de sí mismo—. Voy a ganar esa Copa, Hedda. Tal vez no lo consiga este año, pero tarde o temprano, voy a ganarla —le prometió. Y Hedda se preguntó si todavía seguía hablando de la copa de Quidditch.
—¡Ahí vienen! —gritó Lucy Weasley, emocionada.
Efectivamente, la puerta de la Sala de Menesteres se había abierto, y Lucas Corner y Tessa Nott entraron primeros. Inmediatamente, la Hermandad los recibió con una ronda de fervientes aplausos. Detrás de ellos, entró Derek Adams, y a pesar de que había jugado para el equipo contrario, también lo aplaudieron.
Albus observó la interacción con una expresión satisfecha. Le complacía ver la camaradería que se había generado entre todos los integrantes de la Hermandad, independientemente de las diferencias de edad y de casas. Allí adentro, todas las barreras que los dividían y los separaban desaparecían, para dar lugar a una unidad.
Eso era la Hermandad. Era lo que los hacía especiales. Irremplazables. Y Albus estaba convencido que era también lo que los volvía superiores a sus enemigos.
—Estuviste maravillosa, Tess —decía en ese momento Circe.
No por primera vez, Albus distinguió esa expresión de admiración en el rostro bello de Circe Zabini que parecía reservada únicamente para Tessa. Sus ojos verdes miraban a Tessa como si fuera verdaderamente la persona más maravillosa de todo el mundo, y sus labios estaban curvados en una imposible sonrisa de alegría, exudando una trasparencia que pocas veces se podía ver en ella. En ese momento, mientras felicitaba a su mejor amiga, Circe lucía increíblemente feliz y vulnerable.
Tessa estaba radiante. Tenía el cabello negro todavía húmedo a causa de la ducha que se había dado después del partido, y se podía ver que estaba agotada por el juego. Pero era un cansancio que le generaba felicidad, y se la notaba satisfecha con su desempeño y con el resultado que habían obtenido. Rodeada por Circe y por Lucy, Tessa volvía a ser una adolescente despreocupada y risueña, los fantasmas de sus padres olvidados al menos durante un rato para ser reemplazados por un recuerdo mucho más reconfortante que el deseo de justicia.
La mirada de Tessa se cruzó con la de Albus, y éste le dedicó una inclinación de cabeza y una genuina sonrisa, a modo de reconocimiento por su desempeño. Y al igual que ya le había sucedido en otras ocasiones, Albus se sintió culpable. La efusividad con que Circe la había felicitado y la expresión de orgullo propio que se había dibujado en el rostro mediterráneo de Tessa al escucharla le hacían notar que este partido había sido algo importante para ella. Tal vez, todos los partidos lo habían sido, solo que Albus nunca lo había notado. El quidditch parecía funcionar como un cable a tierra para Nott, una forma de escapar del mundo de destrucción en que estaban viviendo, y disfrutar al menos durante algunas horas de una realidad más alegre.
A veces, Albus se preguntaba si Tessa no se merecía a alguien a su lado capaz de notar esos detalles. Alguien que pudiese leer lo que escondía su corazón sin necesidad de que ella tuviese que decírselo. Alguien que antepusiese su felicidad por encima de otras cosas. Claramente, Albus no era capaz de hacerlo. No era una cuestión de cariño. ¡Por las barbas de Merlín que Albus la quería! Verdaderamente, creía que estaba enamorado de Tessa Nott. Pero a pesar de ello, no se creía capaz de ser esa persona para ella… Al menos no ahora, cuando había una guerra de por medio. Y Tessa lo sabía… Ella lo aceptaba. Ya no le reclamaba atención, ni tiempo. En cambio, tenía a gente como Circe a su lado, que eran capaces de ver todas esas cosas que Albus ignoraba, que la anteponían a todo, que se deleitaban en su felicidad, como si todo el objetivo de su existencia se redujese a hacerla feliz.
Albus se sintió repentinamente celoso de Circe. De la cercanía que compartía con Tessa. Del silencioso entendimiento que corría entre ellas. De la manera en que Circe parecía saber exactamente qué era lo que hacía sonreír a Tessa. De la forma en que la miraba en ese momento, absorbiendo cada detalle de ella con una intensidad que rozaba la veneración.
Casi como si pudiese leer los pensamientos de Albus, Circe giró la cabeza hacia él. Una sonrisa petulante se dibujó en sus labios, y Potter la encontró terriblemente irritante. En un acto completamente impulsivo, caminó hacia ellas, introduciéndose en la conversación que estaban teniendo, y colocando un brazo posesivo en torno a la cintura de Tessa.
—Felicitaciones —le susurró al oído Potter, gatillando un escalofrío que recorrió a Tessa de pies a cabeza y la hizo soltar una exhalación ahogada.
—Gr-gracias —jadeó Tessa, sonrojada pero visiblemente complacida. Albus espió por el rabillo del ojo hacia Circe, quien lo miraba con una expresión inescrutable, aunque sus ojos verdes eran duros.
—Fuiste sin duda la mejor jugadora del partido —afirmó Albus, endulzándole aún más el oído. Tessa se sonrojó todavía más.
—¿En serio lo crees? —le preguntó sin poder esconder su alegría. Albus sonrió ampliamente.
—Claro.
Tessa lo besó. Fue un beso intenso y breve, que provocó un cosquilleo delicioso en los labios de Albus y lo dejó levemente atontado. Los besos de Tessa solían tener ese efecto sobre él. Lo hacían sentir como si estuviese sobre una nube, extasiado e inestable.
—Estoy sedienta. Voy por algo de tomar, ¿alguien más quiere algo? —comentó Lucy, en un claro intento por darle a la pareja un poco de privacidad. Pero Circe se mantuvo inmutable donde estaba, una expresión desafiante en sus ojos.
—Yo iré contigo —dijo finalmente Tessa, tan contenta que era incapaz de ver el fuego cruzado que surcaba el aire entre Circe y Albus, como rayos invisibles.
—Vaya, Potter. Por un momento casi me convences a mí también —soltó Zabini con sorna, en cuanto Tessa estuvo a suficiente distancia como para no poder escucharla. Albus torció una sonrisa de lado.
—¿Crees que eres la única que se preocupa por Tessa? —contraatacó Potter, con voz serena. Circe entornó los ojos.
—Yo sólo quiero verla feliz —aseguró Zabini, haciendo un movimiento desdeñoso con la mano hacia él.
—Yo la hago feliz.
—Y créeme, que si algún día eso cambia, y llegas a hacerle siquiera el menor daño… —dijo Circe, siseando las palabras en un esfuerzo por contener la animosidad que empezaba a brotar dentro de ella.
Y entonces, Albus lo comprendió. Lo pudo ver tan claro como el agua. Tan evidente como que el sol se levanta todos los días por el Este y se esconde en el Oeste. Podía leerlo en el brillo intenso de sus ojos, en la tensión de su cuerpo, y la fuerza de sus palabras. Se sintió terriblemente estúpido por no haberlo notado antes.
—La quieres…—susurró Potter, sorprendiéndose de su propia deducción.
Circe retrocedió, como si Albus la hubiese abofeteado. Toda la seguridad y la fortaleza que había mostrado segundos atrás se tambaleó y se desmoronó frente a sus pies. Y el terror inundó sus ojos, dilatándole las pupilas y acelerándole la respiración.
—Claro que la quiero. Es mi mejor amiga —respondió defensivamente, pero sus palabras no se oían tan convincentes como ella deseaba. Albus meneó la cabeza casi imperceptiblemente.
—Es más que eso. Estás enamorada de ella —insistió, cierto malicioso placer filtrándose mientras lo decía, consciente de que era verdad.
—¿Qué dices? —gruñó Zabini con voz ronca, y no pudo esconder la fragilidad de su voz.
—Debe ser muy difícil para ti… Verla conmigo… Saber que ella nunca va a corresponder tu amor… —Albus no pudo evitar lanzar ese último ataque. Sus palabras nacían desde su lado más mezquino y posesivo. Y tan pronto como lo dijo, supo que había dado en el blanco. El rostro de Circe se contrajo dolorosamente durante un instante, e inmediatamente, la ira la invadió.
—¿Y qué sabes tú del amor? —le dijo ella, escupiendo las palabras como si fueran veneno.
Albus no tuvo tiempo de responderle, porque para entonces, Lucy y Tessa habían regresado. Circe lanzó una mirada nerviosa hacia ellas, y luego hacia donde estaba Potter, aguardando. Pero Potter se limitó a sonreír, como si nada hubiese sucedido durante su ausencia.
—Las dejo para que sigan festejando —se despidió Potter, sintiendo como los ojos de Circe lo seguían como un halcón acecha a su presa.
Albus no sabía qué pensar. El nuevo descubrimiento lanzaba una luz inesperada sobre Circe Zabini. Una parte de él se sentía ahora más celoso de lo que se había sentido antes de descubrirlo. Pero otra parte de él no podía evitar sentir cierta admiración hacia Circe. Verdaderamente debía de querer mucho a Tessa. Después de todo, había sido ese amor que profesaba por su amiga lo que la había llevado hasta la Hermandad.
—Oh, cómo me gustaría poder usar Legeremencia contigo, Albus —susurró Scorpius a su lado con una sonrisa cómplice—. ¿En qué estás pensando?
—Tú conoces a Circe mejor que yo —comentó Albus, desconcertando a su amigo.
—Sí… Supongo.
—Estuvieron saliendo un tiempo.
—Bueno, técnicamente nunca estuvimos juntos…
—¿Nunca pasó nada? —insistió Albus, alzando una ceja en su dirección—. ¿Ni siquiera un beso?
—No… Ni siquiera un beso —reconoció Malfoy con una sonrisa derrotada.
—Creo que Circe está enamorada de Tessa —soltó sin advertencia Albus. Pero Scorpius no pareció sorprenderse—. Ya lo sabías.
—Lo sospechaba —reconoció Malfoy, encogiéndose de hombros—. ¿Planeas contárselo a Tessa? —le preguntó en un tono que pretendía ser indiferente, pero Albus sabía que le importaba más de lo que demostraba. Tardó unos segundos en responder, sopesando las opciones.
—No —respondió finalmente Potter.
—Bien —lo felicitó Scorpius—. Tessa ya ha perdido demasiado como para perder también a su mejor amiga.
Albus simplemente asintió. Scorpius tenía razón. Pero Albus tenía otros motivos para no contarle la verdad. Era consciente que, si Circe se había quedado junto a ellos después de enterarse que su hermano era uno de los Hijos de la Rebelión, era en gran parte por el cariño que profesaba hacia Tessa. Pero si éste vínculo se rompía, Albus temía que Circe pudiese considerar la posibilidad de cambiar de bando, y apoyar a su familia.
—¿Qué crees que pese más en Circe? ¿El amor que siente por sus amistades, o por su familia? —se atrevió a preguntar Potter. Scorpius se frotó el mentón pensativamente con una mano.
—No lo sé… Supongo que tendremos que esperar para comprobarlo —dictaminó finalmente. Scorpius aguardó algunos minutos antes de volver a hablar, sacando a colación otro tema pendiente—. Estuve hablando con Derek Adams —comentó al pasar. Albus le dedicó una mirada de soslayo.
—¿Le preguntaste por el partido? —inquirió Potter. Scorpius asintió.
—El juego de Slytherin fue pura basura. Y Merlín sabe que yo deseaba que perdieran, pero el rendimiento del equipo estuvo muy por debajo de lo esperable… Llamativamente por debajo de lo esperable —empezó a explicarse Malfoy. Albus le dio la razón.
—¿Y qué fue lo que te dijo Derek? —lo invitó a continuar.
—Parece que los entrenamientos decayeron después de las festividades… Cuando volvieron de las vacaciones —le respondió el rubio, haciendo un gesto significativo—. Por lo visto, Lancelot Wence no parecía tan motivado como antes para ganar el torneo.
—Ya veo —aceptó Albus, recordando el aspecto de Wence durante el partido, la falta de entusiasmo con la que había jugado, como si se tratara de un trámite más que de un placer.
—Derek lo atribuyó a que, después de la derrota contra Hufflepuff, Wence se dio por vencido, y ya no le vio sentido a seguir entrenando como venían haciéndolo —agregó Scorpius, el tono de su voz dando a entender que él no pensaba lo mismo.
—Pero el desinterés de Wence no coincidió con la derrota contra Hufflepuff… Coincidió con su regreso de las vacaciones de invierno —puntualizó Albus astutamente. Los ojos grises de Scorpius le confirmaron que él pensaba lo mismo—. Algo pasó durante las fiestas. Algo que hizo que el quidditch se volviera repentinamente insignificante —afirmó Albus.
Albus podía percibirlo porque, en cierta forma, algo parecido le había sucedido a él mismo en los últimos meses. El quidditch se había vuelto menos relevante a la luz de todo lo que había sucedido den Inglaterra, y en el mundo mágico. Albus se había encontrado demasiado ocupado con la Hermandad y con las Visiones de Lily como para seguir pensando en quidditch. ¿Pero qué era lo que había provocado este cambio en Lancelot? ¿Qué era lo que ahora ocupaba todo su interés y tiempo, reemplazado el lugar que antes había ocupado el quidditch?
—¿Qué quieres hacer al respecto? —preguntó Scorpius, como si estuviese aguardando sus órdenes.
—Vigilarlo. De cerca.
—Hedda podría…
—No —lo cortó Albus inmediatamente—. No podemos simplemente pedirle a Hedda que espíe a su novio, basándonos nada más en que Wence jugó mal un partido de quidditch.
—Los dos sabemos que tenemos mucho más que eso en contra de Wence.
—No, no tenemos nada, Scorpius. Nos hemos pasado todo el año buscando algo que pueda apuntarlo como posible seguidor de la Rebelión, y no hemos encontrado nada concreto —le recordó Albus innecesariamente. Scorpius hizo un gesto de disgusto.
—Sabemos que sus padres ayudan a gente de la Rebelión. Sus amigos más cercanos se han mostrado abiertamente a favor de las creencias del Mago. ¿Qué estamos esperando para confirmarlo? ¿Qué se ponga una maldita túnica roja y empiece a atacarnos? —espetó enfurecido el rubio.
—Me gustaría verlo intentarlo —se rió Albus, torciendo una sonrisa sarcástica. Scorpius lo miró desconcertado durante unos segundos, y finalmente, estalló en una carcajada ahogada.
—Bien… Vigilémoslo. Pero creo que debemos hablar con Hedda —aceptó Malfoy—. Esto me da mala espina, Albus.
Les traigo un capítulo que gira, casi en su totalidad, en Hogwarts. Así que dividiré mis comentarios solo en dos partes:
*Hogwarts: dos cosas a resaltar de este capítulo. Por un lado, se empieza a palpitar las consecuencias de la guerra dentro del castillo, y podemos ver como los alumnos están reaccionando al respecto. A resaltar: no se trata simplemente de peleas entre la Hermandad y los Hijos de la Rebelión. Son conflictos que surgen entre todos los estudiantes, a raíz de las inquietudes, miedos, y desconfianzas propios de cada uno. Vemos también un poco más de la Hermandad en acción ;) Y por otro lado, la orientación vocacional de nuestro querido grupo de amigos. Se empieza a perfilar un poco el camino que cada uno de ellos "desea" seguir, y con ello, vemos y entendemos un poco más a los personajes... Sus motivaciones... Sus sueños... Sus ambiciones. Hay varias cosas importantes en ese diálogo, sobre todo para el futuro de la historia ;)
*Orden del Fénix: ya era hora que la Orden empezara a avanzar, aunque fuese solo un poco. Algunos me habían preguntado, hace algunos capítulos, sobre qué había sucedido con las investigaciones sobre la maldición de las sombras... Bueno, aquí les traigo algunas respuestas. Hasta que Harry no visitó Nurmengard, los progresos habían sido muy escasos. Es muy difícil crear un contrahechizo cuando uno no conoce la maldición contra la que pelea, no? Y empezamos a conocer un poco más de la vida del Domador... y se abre una nueva pregunta al final de este fragmento. Si todavía queda algún domador con vida... ¿de qué lado está? ¿Del de la Orden... o del de la Rebelión?
Gracias a todos por seguir apoyando esta historia. No se dan una idea de lo importante que es para mi recibir sus comentarios. Escribir esta historia ha sido mi propio cable a tierra durante la cuarentena, y poder compartirlo con ustedes es un placer para mi. Espero seguir leyéndolos! YA ESTAMOS LLEGANDO AL FINAL DE LA HISTORIA. QUEDA POCO...
Marcedsosa: no, no dibujo, aunque confieso que me encantaría poder hacerlo para poder darle vida a los personajes jeje. Pero si intento tener una imagen definida en mi mente sobre lo que quiero trasmitir cuando me siento a escribir... y me gusta reflejar no tanto el aspecto físico de los personajes, sino más bien su lado interno... como sienten, como piensan. Lo de Lily: si, claro que es grave. Ha desarrollado una adiccion y dependencia a una poción. ¿Mejorará antes de que termine el libro? Oh, no puedo decirlo. Lo que si puedo decir es que Albus no es la persona más adecuada para ayudarla en este momento. No pongo en duda el cariño que siente por ella... pero Albus tiende a desestimar los problemas y los sentimientos de las demás personas. El es un personaje fuerte, y a veces le resulta difícil entender que no todos son como el. ¡Y gracias por tus palabras de aliento! Es una alegría cuando me dicen que la historia, más allá de su componente fantasioso, tiene una parte que la vuelve real y contemporánea. Me gusta usar como inspiración la vida real y la historia actual. Creo que hace más "creíble" la historia, no?
Hikari912: si, ya se que muchas veces es difícil encontrar el tiempo para detenerse y comentar la historia. Así que aprecio mucho cada review que dejan. Sobre Lily: has de tener en cuenta que la mayoría de la gente no sabe que Lily toma una poción para dormir. Fue una idea de Albus para ayudarla, y hasta ahora, era Hedda quien se lo proveía. Los padres de ella no saben nada, ni tampoco sus amigos. Pero si, entiendo que pueda parecer que, en medio de todo lo que ha estado sucediendo, Lily ha quedado relegada a un segundo plano o "abandonada". Y así es como se siente ella, y cada vez que leen la historia desde "su punto de vista" van a tener esa percepción, porque ella se siente un poco como la hija menos importante, menos interesante, menos poderosa... ¿te llamo la atención el Mercado negro de Hogwarts? Bueno, creo que es algo que sucede en todos los colegios, en mayor o menor medida, así que no vi razón para que no fuera así en Hogwarts también. Y además, en algunos momentos de los libros de JKR se desliza la idea de venta ilegal de cosas... los chascos de los gemelos, las pociones para estudiar durante los timo, filtros de amor... ¿te sorprende que la gente se crea el discurso de Zafira Avery? Bueno, eso es porque nosotros conocemos las verdaderas intenciones detrás del discurso. Pero si te pones en el lugar de la gente común: no es tan disparatado. Ella les está diciendo lo que ellos quieren escuchar: les esta dando un culpable para todos sus males y una solución. Es algo muy frecuente en las sociedades: esa tendencia a buscar la culpa en los otros, en lugar de reconocer nuestras propias falencias. Esa tendencia a recurrir a soluciones drásticas cuando nuestra estabilidad se ve amenazada... es muy humano.
Severus 8: leer tus reviews siempre es un desafío para mi intelecto (en el buen sentido). Le prestas mucha atención a los detalles y sigues la historia muy de cerca... y sueles plantearme preguntas importantes o teorías interesantes. Gracias por tomarte el tiempo de leer mi historia de esta forma que me hace sentir muy apreciada. ¿Crees que el libro terminará con la revelación de la visión de Felicity? Mmm no puedo responder esto... pero si voy a decirte que terminará en un momento crítico de la historia... y ya les adelantó que las respuestas a muchas de las preguntas que tienen quedarán "pendientes" para el próximo libro. Sobre el proceso de la magia involucrada en el control de los dragones, y como es que usaron el cuerpo del Domador para conseguirlo... si, todavía quedan algunas cosas por revelar. ¡Ya me conoces! ¡Sabes que nunca muestro todas las cartas en una sola jugada! Sobre Dakota Davis: es el tipo de persona que podría estar involucrada con la Rebelión como no estarlo. Sabemos que tiene una fascinación por los libros y el conocimiento, y su adquisición del libro del Domador puede venir simplemente de esa ambición por tener todos los libros "únicos" del mundo... pero eso no explica por qué habría de dárselo a Albus, sin cobrarle siquiera. Un libro como ese... es algo valioso, no crees? Sobre el Mago: a veces la gente como él puede pecar de soberbia. En este momento, el Mago le lleva ventaja a Harry, y eso lo ha vuelto confiado. Pero también, en ese capítulo, se vuelve más evidente que al Mago le divierte esta peligrosa competencia contra Harry. Ha encontrado un digno rival, y eso le gusta. ¿Hay más espías de la Rebelión dentro deL FAMA? Muy posiblemente. A esta altura de la saga, es algo casi esperable por parte del Mago. Sobre el pedido a Octavius para que hable con Ford: Ford es una paria. Pertenece a las esferas más bajas y deshonrosas dentro del mundo criminal. Un ladrón, un asesino, un torturador. Un hombre sin escrúpulos. Y cuenta con un puñado de gente que trabaja para él, como por ejemplo Heros Morgan. Gente a la que Ford entrena para que se conviertan en personas como él. ¿Que es lo que el Mago quiere que haga? No lo sabemos aún, pero podemos darnos una idea de que, viniendo de Ford, no es algo bueno o agradable.
BSCE: me alegra ver que todavía sigues leyéndome :) ¿te gusto la magia del ritual con las runas y la bola de cristal? Tenía la sensación, mientras lo escribía, que te gustaría. No soy experta en lo que es teoría de la magia como tú, pero me pareció que tenía sentido jajaja. ¿Albus tiene poderes que aún no se han desarrollado o despertado? Si, por supuesto. Hay cosas de si mismo que todavía no conoce, y le falta mucho crecimiento como personaje... ¿Es posible que veamos algún personaje trans? La mayoría de los personajes que forman parte de la historia ya han sido introducidos. Si no he incluido personajes trans es más que todo por una cuestión de respeto hacia la comunidad Trans, ya que no estoy tan familiarizada con el tema, y no quiero escribir algo que pueda faltar a la verdad o ser considerado irrespetuoso. Quiero creer que, día a día, me voy familiarizando más con l comunidad LGBTQ, y todos los días aprendo un poco más e intento expandir un poco más mi mente hacia otras realidades y otras formas de ver y entender el mundo que Talvez son diferentes a la mía, pero no por eso menos importantes. Pero no te preocupes, porque no me incomoda de forma alguna la pregunta. Creo que ya es hora que la literatura incluya a a personajes que no sean normativos y heterosexuales, e intento hacer mi parte en ello en la medida que puedo, desde un lugar de profundo respeto. ¿Veremos pronto algo de España o America Hispana mágica? No en este libro. Si en otros. ¿Como planea controlar el Mago a los muggles? Un plan a la vez. Primero, tiene q tomar control de Inglaterra mágica. ¿Como de llamará el siguiente libro? No puedo revelarlo todavía, porque es un spoiler para esta historia jajaja. Sigues con el bloqueo literario? Bueno, tranquilo. No desesperes. Creo que a todos nos ha pasado alguna vez. Paciencia y a seguir intentando. A veces es bueno tomarse un descanso (no como yo que me tome años tampoco jjajaja).
Yanelyn: efectivamente, había en Nurmengard más información que fue útil a la Orden ;) y todavía quedan un par de cosas más relacionadas a la cárcel que van a ser importantes en esta historia. ¿Que otras cosas podría estar escondiendo el gobierno aleman? Bueno, todos los gobiernos esconden cosas... por el bien de ellos mismos, muchas veces. Sin duda la información que escondieron podría haber cambiado muchas cosas si Harry lo hubiese sabido con anticipación... pero bueno, también podría haber gatillado una crisis en Alemania. Ellos no tenían forma de saber en ese momento la magnitud que podía alcanzar el robo... o Talvez si, pero prefirieron arriesgarse. ¿El segundo golpe del Mago te da mala espina? Haces bien jjjajaja. Viniendo de el, no podemos esperar nada bueno. Sobre Francia, si, efectivamente, Jaques está haciendo carrera política ahi. En cuanto a Lily: si, está recorriendo un camino en picada. Harry tuvo un momento muy lindo con Ted en el cuarto libro cuando hablaron sobre los demonios internos con los que lucha cada uno de ellos... y siento que Harry también tendría una charla así con Lily si supiera por lo que está pasando su hija. Pero Lily se ha retraído mucho a lo largo del libro, y no suele compartir lo que siente... ni con su familia, ni con sus amigos. Se ha ido aislando de su entorno, volviéndose un poco inaccesible. Sin duda, Lily sufre las visiones en sus momentos de mayor fragilidad emocional, y es lógico que también sean esos momentos los más difíciles para mantener su mente en blanco. Y si, si Lily lograse encontrar un equilibrio interno, podría dominar su Tercer Ojo. Pero... ya es bastante difícil lidiar con los cambios propios de la adolescencia, imagina si le agregamos todo el resto de lo que le sucede. Tus dudas de los Amuletos! Muy buenas preguntas. ¿Que pasaría si alguien más utilizará alguno de los amuletos? No podría utilizarlos. Los amuletos funcionan solo con los dueños a los que fueron asignados cuando se separaron las piezas. En manos de cualquier otra persona... es simplemente un trozo de metal. ¿Que pasa si el dueño original muere? Esa pieza del amuleto muere con él, es decir que no puede ser asignado a otra persona. Y el resto de las piezas siguen funcionando entre los dueños que todavía siguen vivos. Por eso es Zaira le dice a Albus que es importante que elija con cuidado a las personas a quienes desea dárselos, porque estarán unidos hasta el final (por cierto, yo también son Ravenclaw, así que entiendo de dónde viene el interés jajaja).
karybust1126: ¡Es verdad, hace mucho que no recibía un comentario tuyo! Es bueno tenerte de regreso y saber que sigues leyendo ;) Coincido en que la relación padre/hijo de Harry y Albus viene deteriorándose, o al menos, volviéndose más compleja, desde hace algunos años. Y posiblemente, el punto de quiebre fue el Templo de Hades, cuando Albus decide dejar morir a Icarus sin prestarle ayuda. En cierta forma, ese momento definió mucho en Albus, fue un punto de inflexión en él, porque no hizo consciente de cosas que hasta ese momento no se había percatado, como la importancia de la magia, y su propia noción de justicia (que no coincide del todo con la de Harry). Y Harry también se da cuenta de que existen algunas diferencias entre ellos, que se van haciendo más evidentes conforme Albus crece, madura, y forma sus propias opiniones y valores. Posiblemente el momento en que Harry es más "consciente" de esto (y que también resulta más "preocupante") es cuando hablan sobre Lily y sus Visiones. A tu pregunta: si no hubiera guerra, ¿veríamos a un Albus diferente? Posiblemente sí. Aunque algunas cosas creo que ya eran inherentes a él desde antes de la guerra. Ese deseo de resaltar, de salir de la sombra de su padre... Su fascinación con la magia y todo lo que ello implica... Son cosas propias de él, pero que la guerra ha "exaltado", o bien vuelto evidentes de forma más temprana. Pero bueno... Creo que hay una cuota muy importante de "quienes somos" que está definida por las cosas que nos toca vivir... En otro contexto, ¿podría haber sido una persona distinta? Sin duda. ¿Cómo consiguió Dakota Davis el ejemplar del libro? Oh, buena pregunta. Podría ser una simple casualidad... Una compra en un mercado clandestino de libros... O no. ¡Albus expresó por primera vez su atracción a Grindelwald! Sí, es verdad. Ya veníamos adivinando esto desde hace tiempo, creo. Pero es la primera vez que escuchamos al personaje expresarlo en voz alta... Reconocer que una parte de él admira a Grindelwald y su magia. ¿Significa algo? Sí, claro que sí. Creo que nos dice muchas cosas sobre Albus. ¿Elektra sigue sintiéndose atraída por Albus? Oh... Dejaré que ustedes hagan sus propias deducciones. ¡Se escucha una voz en la visión de Albus! Sí, se escucha una voz. Una voz que resulta conocida. El fuego de Felicity... ¿fuego de dragón? ¿fuego maldito? Mmm cuantas opciones, no? ¿Con quién y cuándo tuvo James su primera vez? jajaja, no, no voy a mostrar eso. Pero fue el año pasado... Con Cassandra, su novia en ese momento si lo recuerdan.
Soar97: Ya entendí tu duda sobre Lily. Planteas la posibilidad de que, en algún momento, no logre recuperar la conciencia cuando entra en trance con la Bola de Cristal. Y sí, es una posible complicación. Pareciera ser que cuando Lily más se sumerge en las Visiones, más le cuesta despertar. Tiene que aprender a "regular" su don. Parte de aprender a controlar su Don es eso: encontrar ese equilibrio mental que le permita acceder a las visiones sin que éstas la dominen. Pero es algo complejo, sobre todo para un mente tan inestable como la de Lily (y seamos justas: la mente de todos los adolescentes es un completo desastre). ¿Te gusta el toque "realista" de la historia? Oh, gracias. No sabes lo mucho que me alegra que ustedes como lectores noten esas cosas, porque es algo en lo que me esfuerzo bastante cuando escribo... En intentar darle cierto "realismo", que aunque sea algo que sucede en un mundo mágico, pueda ser extrapolable al mundo real en el que estamos nosotros. Es verdad que esta historia no es una historia "infantil", en el sentido estricto de la palabra... Y sí, a veces hay lenguaje o situaciones que son más "adultas", pero es que pienso que representan de forma más genuina a las personas de esa edad. Es decir, ¿qué adolescente no insulta? ¿O qué adolescente no piensa en sexo? E incluso si lo trasladamos a los personajes adultos: vamos, en un mundo real, la vida es injusta y compleja, y los buenos no siempre ganan. Hay corrupción, discriminación, muerte, injusticia... El dinero y el poder mueven el mundo de la política... Y así puedo seguir. De hecho, incluso JKR aborda muchos de estos temas en sus libros... ¡Estamos hablando de un libro que empieza con un asesinato doble y un bebé que queda huérfano! Jeje.
lulu0611: Sí, ha sido un capítulo difícil para Lily. Cuando terminé de escribirlo, sentí deseos de abrazarla. Claramente Thomas ha notado uno de los grandes problemas de Lily: está sola. Y es porque elije estarlo. Ella misma se ha aislado de las personas que la quieren. Y eso, lentamente, la está desmoronando. No voy a engañarte: no habrá muchas escenas "100% felices" en lo que queda del libro. Serán capítulos agitados, repletos de muchas emociones, y posiblemente, hacia el final de este libro quieras insultarle, pero creo que aún así lo disfrutarás. Y sí, es verdad que Harry envió a Zaira a Camelot porque quiere que esté atenta a posibles candidatos para sumar a la Orden, pero todavía son todos demasiado jóvenes e inexpertos como para involucrarlos. Primero, tienen que concentrarse en convertirse en Aurores. Este capítulo creo que aliviana un poco la curiosidad que sentían sobre lo que había encontrado Harry en Nurmengard... ¿Cómo se ha enterado el Mago de que Harry sabe sobre el robo? Oh, se ha enterado que Harry visitó Nurmengard, y eso es suficiente. El Mago le ha sacado la ficha a Harry: sabe que es ese tipo de personas determinadas, que una vez que algo se les mete en la cabeza nada puede detenerlo (rasgo que, a mi punto de vista, lo convertía en un excelente candidato para Slytherin), y sabe que está buscando respuestas sobre los dragones... Sabe que habló con Rocco, y que éste ha muerto. El Mago es un hombre inteligente. No es difícil imaginar que el Mago tiene más gente infiltrada que simplemente Rocco (incluso Harry y Ron lo sospechan). ¿El próximo golpe de la Rebelión se siente como el definitivo? Bueno, lo que sí sabemos es que es algo importante, que el Mago ha estado guardándose para soltar en el momento exacto. Y sí, Heros Morgan está "custodiando" a Zafira durante los discursos... Pero no tenemos idea de qué es lo que hace el resto del tiempo, no? ¿Te sorprendió que descubrieran a dos Aurores y los dejarán ir? Bueno, técnicamente, Zafira no está haciendo nada ilegal... Está en todo su derecho de expresar su opinión, y las reuniones con fines de discusión politica son un derecho. Pero si atacan a los Aurores... Ahí si se meten en problemas. Es agresión contra un oficial de seguridad.
anilem12: Sí, Thomas ha notado algo en Lily. Se ha dado cuenta que ella no está transitando su mejor momento, y lo adjudica al hecho de todo lo que sucedido con Ted y con su familia, y la guerra que acaba de estallar en Ucrania. Pero le ha dado un buen consejo... que lamentablemente Lily ha "malinterpretado", o ha elegido interpretarlo a su manera. Porque, en vez de acudir a la gente que la quiere y confesar lo que le está sucendiendo, Lily se ha encerrado aún más en ella misma, y en su plan para controlar las visiones. En su mente, ella está convencida que si logra controlar su Don, entonces todo se solucionará de alguna forma. Me gusta porque muchos expresan su "intriga" por conocer la identidad del Mago... Y sí, es lógico, porque es una figura enigmática y misteriosa... Pero bien podría ser alguien que no conocemos jajaja. Creo que lo más importante del personaje (o lo más interesante) es su forma particular de llevar adelante esta Rebelión. Es una persona metódica, paciente e inteligente. Un estratega. Un hombre que le gustan los juegos mentales, y disfruta de un digno adversario, porque cree que la victoria es más dulce de esa forma. El enfrentamiento final... Bueno, me gusta que plantees esta posibilidad, de que, efectivamente, exista un enfrentamiento final. Y también me parece interesante que planteas el dilema de si será Harry o Albus quien se enfrentará al final con el Mago. Y bueno... talvez no sea ninguno de ellos. Talvez sean los dos. Talvez ese enfrentamiento nunca tenga lugar porque alguno de los dos lados termina rindiéndose... Un sinfín de posibilidades. Lo que sí puedo confirmar es que habrá un final... Si bueno o malo, ya me lo dirán ustedes. Y recordar el discurso de Harry en Camelot: nadie sobrevive solo. ¿Cómo supieron el Mago, Linus y Genrich que Harry y Ron habían estado en Nurmengard? Oh, bueno, tienen sus fuentes... Rocco no era el único aliado de la Rebelión en Alemania. ¡Y sí, habrá un "golpe final" en el libro, porque ya me conocen, y saben que siempre hago eso! jaja. Es decir, mi "forma" de escribir es un poco ese método... como una tetera que uno pone a hervir, y al final termina saltando la tapa. ¡Y sí, Lily tiene muchísimo potencial para la Oclumancia! Es decir, que una niña de 13 años pueda aprender lo que ella ha aprendido hasta ahora es realmente meritorio... Aunque ella no sea capaz de verlo.
Malagoniano: ¿Así que han estado especulando con Meli sobre el posible final de esta historia? Oh, me encanta escuchar las teorías de los lectores. Siempre me hace sonreír, y muchas veces, se acercan mucho a la verdad. Sobre lo que pusiste en el review: sí, intento que cada capítulo sea "relevante" a la historia... En el sentido de que, incluso los diálogos que parecen superficiales e intrascendentales, están ahí para preparar algo que sucederá en el futuro: ya sea establecer una idea, resaltar algo de una persona, formas un vínculo entre los personajes, darnos un poco de introspección hacia ellos, etc etc. Algunas veces me sale mejor que otras jeje. Cuando empecé a escribir esta saga, la titulé con el nombre de quien iba a ser uno de sus más importantes personajes, y en torno a quien gira la mayoría de la trama... Pero conforme fue evolucionado la historia, empecé a sentir que el nombre le quedaba corto, porque la historia involucraba mucho más que a Albus, así que ahí fue cuando me decidí a llamarla simplemente Rebelión (y creo que cuando termine de escribir todos los libros, entenderán que este nombre tiene múltiples significados). En el fondo, todas las pequeñas tramas accesorias vienen a complementar la trama principal, de una u otra forma (aunque en muchos casos todavía no sea algo evidente). Pero Albus es, posiblemente, el personaje que más he profundizado al momento de construirlo, y me alegra que puedas apreciar esos detalles que intentan volverlo más humano, y sí, también más imperfecto (sus temores, inseguirdades, ambiciones, errores). Y con Harry, he intentado mantenerme fiel al personaje que nos introdujo JKR, aunque dotándolo de algo más de madurez y experiencia, porque han pasado casi 25 años desde que derrotó a Voldemort. ¿Por qué el Mago de Oz está tan seguro de su victoria? Bueno, es un hombre inteligente, y sí, un tanto orgulloso. Una combinación peligrosa. Pero ha planeado este golpe durante mucho tiempo... Y cree haber contemplado todos los posibles escenarios, tomando todas las medidas de contención necesarias para conseguir el triunfo. Durante los cinco libros que vamos transitando, el Mago ha estado operando de forma paciente, sin apresurarse, pero sabiendo que llevaba la ventaja. Incluso ahora, se mantiene oculto, aguardando el momento adecuado para mostrarse. ¿Amadeus Relish le teme a Albus? Mmm... existe un límite muy fino entre la admiración y el temor. Amadeus es consciente de que Albus no es una persona a quien quieres contar entre tus enemigos. Pero hay algo que esos dos personajes comparten: y es que, cuando se trata de "adquirir más conocimientos", ambos pueden volverse un poco ciegos a las consecuencias.
Saludos,
G.
