Sexo de reconciliación
La lluvia torrencial no parecía alterar en lo más mínimo a Inuyasha, quien continuaba tirado en el suelo de la cabaña esperando que su compañera volviese. Podía escuchar claramente el chapoteo del agua al caer al suelo, así como las ranas que insistían en entrar sin tener éxito. Las gotas caían con tal fuerza sobre el techo de su hogar que casi parecía granizo. En definitiva... Una tormenta despiadada. Un relámpago agrietó el cielo e iluminó el interior de la cabaña en el momento exacto en que su mujer entraba en la choza.
—Al fin volviste... Te tardaste demasiado —se quejó.
Kagome apenas volteó a mirarlo de soslayo antes de dejar caer el pesado cesto que traía consigo, bufó una maldición por lo bajo y estrujó su cabello para quitar el exceso de humedad.
—¿Vamos a cenar?
—...
—¿O prefieres dormir?
—...
—¡Ey! ¿Por qué me ignoras? —Pero, nuevamente, Kagome apenas lo miró un segundo antes de comenzar a revisar el cesto frente a ella.
La sacerdotisa levantó dos telas en el aire, las mismas que chorreaban agua como si acabasen de ser sumergidas en un río. Suspiró cansinamente y volvió a dejar las cosas en su sitio mientras se dirigía a su habitación dispuesta a dormir. Estaba agotada.
—¿Entonces vamos a la cama?
—Hoy dormiré sola.
—¿Por qué?
—¿Cómo que por qué? —Su mujer volteó a mirarlo por primera vez, pero, para su sorpresa, tenía un rostro poco... Amigable. Advertencia número uno— ¿En serio tienes el descaro de preguntarme después de que tú...? ¡Achu!
—Te dije que te ibas a enfermar si salías con esa lluvia —la reprendió—. Los humanos son demasiado débiles. Supongo que tendré que decirle a Kaede que no podrás...
—Pues no me habría enfermado si "alguien" —enfatizó— hubiera hecho lo que le pedí.
—¿Disculpa? —Por un momento no supo de qué estaba hablando, pero tras ver el canasto que su mujer le señalaba no tardó en sumar dos más dos— No es mi culpa que la ropa se mojara.
—¡Sí lo es! —Repuso— ¡Te dije que iba a llover y que levantaras la ropa! Por tu culpa tuve que ir a buscarla en medio de la tormenta.
—Lo olvidé, ¿sí? —Se defendió sin darle verdadera importancia a la discusión. Todo lo que quería era dormir de una buena vez— Además, no es tan malo que la ropa se mojara.
—¿No es tan malo? La ropa estaba seca y si me hubieras hecho caso ahora mismo no estaríamos discutiendo —Kagome colocó los brazos en jarra y miró ceñuda a su marido mientras fruncía los labios. Advertencia número dos—. Tendré que volver a lavarla mañana.
—¿Por qué volverías a lavarla? La lluvia es agua limpia. Podría decirse que la ropa acaba de lavarse sola.
—¡¿Qué burrada acabas de decir?! —Comenzaba a enfadarse... A realmente enfadarse.
—Solo digo que a las mujeres les encanta estresarse por nada.
—¡Abajo! —Advertencia número tres.
Kagome se pellizcó el puente de la nariz al escuchar lo último y contó mentalmente hasta diez. ¡Era un idiota! Y lo peor... ¡Ella se había casado con ese idiota! Esperó a que el susodicho despegara su rostro del suelo y no lo dejó soltar su característica grosería. Ah, no, si el señor creía que estaba estresada ahora vería lo que era una verdadera mujer estresada, enferma y, sobre todo, furiosa.
—Discúlpeme, oh, gran Inuyasha —se burló—. Lamento no tener una vida tan relajada como la suya. Lamento tener que ser esposa, sacerdotisa y ama de casa mientras que todo lo que usted hace es dormir, comer y pelear, en ese orden.
Inuyasha se puso de pie, abandonando por completo su indiferencia, y la enfrentó. ¿Quién se creía ella para criticarlo?
—¡Mujer, cómo fastidias! Todo el tiempo estás molestándome y dándome órdenes.
—¡¿Yo?!
—¡Sí, tú! Me regañas si entro a la cabaña empapado porque huelo a perro mojado, pero también me regañas si no levanto la ropa en plena lluvia... ¿Qué prefieres? ¿Ropa seca o el olor a perro mojado del que tanto te quejas? ¡Eres una gruñona!
—¡Elijo tener ropa limpia! ¡Y si te regaño es porque eres un cerdo que deja lodo en todas partes! ¡Para colmo un cerdo muy irresponsable! ¿Para qué tienes estas enormes orejas si nunca me escuchas? Solo una cosa te pedí... ¡Una! Y no pudiste hacerlo. Si ahora me enfermo, será tu culpa. No mía, ni del clima, solo tuya por no hacer las cosas cuando te las pido.
Inuyasha la inspeccionó con la mirada para demostrarle que su estado no era tan malo y que ella solo exageraba. En efecto, Kagome sí estaba empapada de pies a cabeza. Su hakama continuaba goteando al igual que su cabello y un gran charco comenzaba a formarse bajo sus pies. Sin embargo, no se atrevió a decir nada más. Las palabras quedaron atoradas en su garganta. La ropa se había traslucido debido a la lluvia y, por lo visto, Kagome no se había vendado el pecho ese día. Apenas se daba cuenta de la forma en que sus pezones erectos resaltaban por debajo de la tela, llamando por completo su atención y evidenciando el frío que sentía su dueña.
—¿Y? ¿Algo para decir en tu defensa?
—Que me encanta la forma de tus pechos —soltó y estrujó dos veces su seno derecho ante la atenta mirada de la azabache que abrió los ojos con asombro sin poder creer la desfachatez de su marido. Inuyasha continuó palpando su suavidad y temperatura. Estaban fríos debido a la lluvia... Le encantaría transferirles algo de su calor—. Son... Tan suaves...
—¡Idiota! —Kagome frunció aún más el ceño, pero no se apartó del toque cariñoso del hanyou frente a ella— ¿Podrías dejar de usar tu otra cabeza y centrarte en lo que es de verdad importante?
Inuyasha levantó la mirada hacia su esposa y la miró con determinación, pero... Había algo más. Algo que no podía ser dicho con palabras. La tomó de la cintura y acortó la distancia entre ambos sin importarle que sus ropas también se fueran a humedecer.
—¿En verdad quieres que... Deje de usarla? —Insinuó apretando su pelvis contra la cadera femenina.
—¡N-no seas tonto! —Lo vio acercar su rostro al suyo e instintivamente se alejó mientras apretaba los labios fuertemente— ¡Ni creas que te voy a besar!
Se removió entre sus brazos sintiendo casi al instante la forma en que el agarre sobre su cintura se volvió más firme y no supo si tomarlo como una caricia ruda o como una advertencia de parte de Inuyasha.
—¿Quieres seguir discutiendo sobre la ropa o quieres que te quite la ropa? —Sugirió en su oreja antes de morderla juguetonamente. La sintió dudar durante unos segundos y procedió a embestir suavemente su intimidad anticipándole lo que vendría.
—Dijiste que soy muy gruñona.
—Entonces demuéstrame que no eres solo una malhumorada —desafió. Kagome lo miró a los ojos y relajó sus facciones. La mirada dorada la observaba con suma atención, anhelando un sí que daría rienda suelta a la pasión. Todo lo que Inuyasha quería era una tregua... ¿Realmente valía la pena seguir discutiendo por esa tontería?—. ¿Y? ¿Qué decides?
—Te demostraré quién es la malhumorada —cedió.
Inuyasha sonrió con arrogancia al saber que había dado en el clavo. Conocía demasiado bien a su compañera. Sabía que tenía un espíritu competitivo, además de ser terca por excelencia. Su cuello fue envuelto por los delgados brazos femeninos y rápidamente los labios rojos capturaron los suyos en un beso demandante, como si quisiera demostrarle que realmente ella era algo más que una mujer que solo vivía para regañarlo.
Kagome besó el cuello de su amado y se atrevió a morderlo suavemente entretanto deslizaba sus manos a lo largo de su ancha espalda cubierta por el haori. Sus caderas fueron jaladas con fuerza hacia adelante haciendo que su centro se encontrara con la intimidad del albino y sus mejillas se sonrojaron al notar el estado de excitación de su compañero. Se mordió el labio inferior al sentirlo apretar su trasero en reiteradas ocasiones, en una caricia ruda y demandante que la proclamaba como suya. Llevó sus manos a las orejas que adornaban su cabeza, frotó la base rápidamente y se deleitó al escuchar la respiración pesada del hanyou. Entre besos, abrazos y palabras sucias había algo de venganza hacia el otro. Una venganza donde ambos tiraban a matar y Kagome no podía evitar preguntarse quién sería el último en quedar de pie tras aquella guerra de amor.
—¿Sigo siendo una cascarrabias? —Inuyasha gruñó bajo y la apartó de su cuerpo para mirarla directamente a los ojos.
—Maldita perra.
—Tu perra —rebatió.
Tanto la rabia como el sexo son pasiones y, si se logra pasar de uno a otro de forma sana, el encuentro sin duda será intenso.
¿Sería Inuyasha capaz de demostrarle su disgusto en medio de besos? ¿Kagome lograría hacerle llegar su furia a través de gemidos y caricias? Ninguno lo sabía. Todo lo que sabían era que el mejor sexo del mundo... Aquel que le ganaba al sexo de despedida, el de la primera vez e incluso el que se daba luego de una cena romántica... Mejor que todos ellos era el sexo de reconciliación.
FIN
Ayer me desperté por la lluvia y por los gritos de mi hermano diciendo que se cortó la luz xD así que hice lo que todo buen fanficker hace... Escribir en lugar de estresarse. Repitan conmigo: crisis es oportunidad (?
Una pregunta interesante: ¿Cuál son ustedes? ¿Kagome o Inuyasha? Definitivamente soy TeamInuyasha xD si llueve y la ropa ya se ha mojado entonces no la levanto y, para mí, es como si se enjuagara por segunda vez JAJAJAJA estoy segura de que mis lectoras que son madres serán TeamKagome, pero no sacaré conclusiones tan apresuradas. ¡Díganme en los comentarios! ¡Las leo!
¡Gracias a todas las que siguen comentando a medida que nos acercamos al final! Especialmente a las que poco a poco dejan de ser lectoras fantasmas —cof, cof, Lis-sama cof— xD y para celebrar eso... Tan, tan, tannnn...
¡Nuevamente hay que vestirse de una forma especial! ¡Ayer asistimos a un funeral! Y fue muy gracioso porque muchas dejaron flores, oraciones y pésames xD además de que muchas lectoras cumplieron con la vestimenta —son tan cutes, ayuda, las amo JAJAJAJA— ¡Ahora es el momento de vestirse de galaaaaa! ¡Mañana subiré la continuación de "Avión" y estoy SÚPER segura de que les va a encantar! Van a gritar así que procuren tener la almohada a mano 7u7
Sin más me despido agradeciendo sus comentarios y bellos cumplidossss. ¡Estoy súper contenta de que les gustara tanto la continuación de ayer! Saben que siempre es un desafío cumplir sus expectativas y por eso mismo las adorooo c:
¡Nos leemos mañana! Recuerden que sus comentarios me ayudan a crecer grande, fuerte y sin pulgas :D
29.11.20
