Disclaimer: Quien no sepa que Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y Harry Potter a JK Rowling, es que vive bajo una piedra.
Entonces, puesto que no soy ninguna de ellas, nada de esto es mío. Solo la historia y los OCs.
Tampoco obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir esto.
Capítulo 32.
Le importaban tres pimientos las opiniones de los magos británicos acerca de su conversión a vampiro. Le daba igual que no dejaran de insinuar que él no era adecuado para cuidar de Harry. Era su hijo y no se lo quitarían.
Esa gente eran simples fanáticos locos. Menos mal que la ley americana los respaldaba porque si no...
James estaba esperando en la estación a que el tren llegara. Si no hubiese sido un vampiro, estaba seguro de que le daría un ataque al corazón debido a lo que había ocurrido días atrás.
Al parecer la piedra filosofal estaba en la escuela y Voldemort, al menos lo que quedaba tras él la quería.
El espíritu había poseído al profesor de Defensa contra las artes oscuras y lo había estado controlando.
Ese maldito psicópata asesino había estado cerca de un montón de estudiantes todo un año.
James se estaba planteando realmente la posibilidad de cambiar a Harry de escuela.
El tren apareció y sonrió. Sirius y Remus estaban con él y los tres esperaban a sus hijos.
El lobo no se había estado sintiendo bien estos días y le habían sugerido que se quedara en casa pero se negó. Quería recibir a Teddy en la estación.
James lo entendía. Se sentía de igual modo con Harry.
-¡Pequeña serpientita! -Sirius chilló al ver a Blaise descender del expreso.
Al joven no parecieron importarle las miradas que le daban a su padre porque salió corriendo y se lanzó a sus brazos.
-¡Papá! ¡Te he echado de menos! -Gritó.
Ambos se fundieron en un abrazo mientras reían.
-Y dime, serpientito de mi corazón. ¿Has envenenado muchos desprevenidos tejones, águilas o leones?
Cuando el menor iba a responder, un grito de horror y jadeos incrédulos lo interrumpieron.
Su tío James estaba mirando a un espacio vacío con incredulidad.
El silencio se hizo en la estación pero Blaise seguía sin entender nada.
-¡Harry! ¡Se han llevado a Harry! ¡Lo quiero de vuelta! -Su tío había salido de su mutismo y había comenzado a gritar.
Brujas y magos por igual tomaron a sus hijos y se desaparecieron lo más rápido posible. No eran rival para un vampiro a no ser que le prendieran fuego.
-James. ¡James! ¿Qué ha pasado? -Sirius luchó por retener a su amigo.
Tenía que pensar en frío porque si no lo hacía, podría ocurrir una tragedia y la penúltima en la que estuvo involucrado hizo que lo metieran en prisión durante dos años.
-Harry... Se lo han llevado... Yo estaba esperando y luego lo abracé cuando bajó. Todo estaba bien, pero luego él me pidió permiso para despedirse de una amiga suya que ya se marchaba y entonces nos separaban varias personas. Alguien tocó el hombro de mi hijo y desaparecieron con un traslador. No pude llegar a él. Fue tan rápido que ni mi velocidad... Tengo que recuperarlo, Sirius. Déjame ir. Necesito buscarlo.
El joven vampiro se negó y los apareció en casa junto con Blaise.
James forcejeó con él una vez en la mansión e hicieron falta Emmett y Jasper para contenerlo.
-¡Tengo que encontrarlo! ¡Tienen a mi hijo! ¡Esos malditos magos tienen a mi Harry!
-Y lo encontraremos, James. Que no te quepa la menor duda. Pero debes calmarte. Es necesario. Y no me digas que no puedes. Es difícil, lo sé, pero es necesario. -Regulus intervino.
Si el Potter mayor hubiera podido, en ese momento estaría llorando.
Sollozos secos hacían estremecer su cuerpo y su magia se estaba descontrolando.
No ayudó en absoluto que Paul se enterara. Él se transformó en lobo y destrozó la habitación a la que le habían llevado para explicarle la situación.
Sam tuvo que ordenarle que se quedara quieto y fue una de las cosas más difíciles que tuvo que hacer. Sabía lo duro que era saber que tu imprimado estaba lejos y que no podías hacer nada por él.
Harry se mantuvo en silencio. No podía creer la arrogancia de algunas personas. Bueno, sí creía en ello, pero le sorprendía lo cerrados de mente que eran los magos.
El hombre que se lo había llevado no dejaba de hablar sobre el bien que le había hecho al mundo, lo orgullosos que se sentirían los magos y brujas cuando supieran que había rescatado a Harry de esos peligrosos vampiros.
Eran criaturas oscuras y desagradables. Ni se le pasó por la cabeza que el niño quería estar con esas bestias. Estaba convencido de que el chico se sentía aliviado de que lo hubiesen separado de esos viles monstruos chupasangre.
-Aquí estarás a salvo, querido niño. Si necesitas algo solo pídelo y te será dado.
-Quiero volver a casa, con mi familia.
-No puedo permitir eso, querido niño. No entiendes el riesgo en el que estás al convivir con esos... Pero no te preocupes. Pronto te darás cuenta.
-Mire, señor. No quiero estar aquí. Quiero ir a mi casa con mis padres, abuelos, tíos y primos. -Espetó.
El mago mayor negó tristemente con la cabeza.
-Estás confundido, lo comprendo. Te daré tiempo entonces.
Harry apretó los dientes y estuvo tentado de hacer una rabieta solo por averiguar si irritaría al hombre.
-No podemos encontrarlo. -Regulus les informó a todos los que esperaban resultados. -Los hechizos de rastreo no funcionan. Creo que está en una casa protegida porque de otro modo ya lo habríamos podido localizar.
-Pobrecito Harry. Espero que esté bien. -Esme se aferraba al brazo de su esposo.
Rosalie estaba sentada con sus hijos adoptivos y trataba de mantener la calma aunque no era fácil.
-Aún quedan opciones, pero de momento no tenemos nada.
Regulus odiaba cada segundo que pasaba porque era un segundo más que estaban sin Harry. James había querido salir para buscarlo a pie, pero eso solo cabrearía a los magos y prenderle fuego era muy sencillo para estas personas tan intolerantes.
Edward se sentía inútil. Los magos podían cerrar sus mentes y no podía ayudar a encontrar a su propio hijo. No tenía habilidades mágicas y la mayoría de casas mágicas estaban protegidas contra criaturas oscuras.
Cuando encontrara a la persona que se había llevado a su hijo...
Alice no estaba mucho mejor. En el futuro no había nada claro y eso la desesperaba. ¿Por qué no podía ver nada claro cuando lo necesitaba con urgencia?
