Capitulo 29
Ziyi detuvo su relato sólo unos momentos antes de proseguir con la inevitable historia de las desventuras de las gemelas. No parecía triste, sino impaciente por examinar todo lo que iba a relatar.
/ - Siempre pensamos que nuestros poderes los heredamos de nuestra madre. El origen de nuestro padre era desconocido y murió cuando apenas éramos bebés por lo que nuestro conocimiento siempre vino de parte de nuestra madre.
- Hacíamos pequeños milagros que la energía dentro de nosotras mezclada con el chakra que proporciona el dragón nos permitía manipular ciertos aspectos de la naturaleza. Mi hermana el fuego y yo el agua. Lo que quiero decir, es que a pesar de que nuestros poderes eran desconocidos para los aldeanos de nuestra pequeña villa, éramos consideradas buenas.
--Existe una característica particular de los dragones que es la empatía. Sin embargo, la criatura en su máxima expresión está en la capacidad de conocer no solo los sentimientos e incluso las intenciones de los seres humanos, llega a ser tan poderosa que podría ser capaz de adivinar los pensamientos y hasta ver los recuerdos.
- Claro está, en ese momento mi hermana y yo no sabíamos de nuestra herencia, ni siquiera nuestra madre llegó a conocer bien a nuestro padre pero por alguna razón éramos capaces de percibir la presencia de entres sobrenaturales que, por lo general, son invisibles para los humanos; ellos se sentían atraídos por nosotras. Esta es la principal capacidad que heredamos de los dragones.
- Por supuesto, habían personas comunes que poseían poderes como nosotras y en nuestro pueblo esa era una cualidad respetable, algunos nos visitaban para pedirnos consejos y predecir el futuro, otras veces para dar descanso a algún espíritu que se negaba a trascender. Por lo que sé, siempre han existido las personas que tienen ciertos poderes incomprendidos, como leer la mente, comunicarse con los espíritus, predecir el futuro e incluso poseen la capacidad innata de curar heridas. Por razones que nunca llegaremos a entender ese tipo de personas atraen a los espíritus, estos las encuentran absolutamente irresistibles y hacen todo tipo de trucos para llamar su atención.
- En nuestro caso, el poseer ese don de atraer a los entes invisibles aunado al poder de los dragones dentro de nuestro interior éramos aún más irresistibles para ellos. Como he dicho, a pesar de que no podemos verlos se puede llegar a percibir su presencia, y se comunican por medio de la telepatía.
- Sabiendo esto se podrán dar cuenta que no es que pudiéramos leer la mente, eran los espíritus quienes escudriñaban los corazones de las personas y nos decían a nosotras su porvenir para que transmitiéramos el mensaje. Sin embargo, podríamos llegar a hacerlo sin su intervención si se creaba un vínculo temporal tan íntimo entre la persona y nosotras, esto se podía hacer a través de la sangre.
- Desde tiempos remotos, la sangre ha estado rodeada de mitos que la cubren con un manto de divinidad y espiritualidad. Según antiguas creencias, la sangre era el sitio preferido por los espíritus, les permite fluir a través de un cuerpo lleno de vitalidad que ellos no poseen. En otros casos se acostumbraba a beber sangre de los enemigos para adquirir su fortaleza, destreza y valor; algunos creían que la sangre transmite dentro de sí la esencia del alma de las personas; y eso es lo que creíamos en nuestro pueblo; por medio de ella lográbamos conectarnos a un nivel místico con otra persona entrelazando temporalmente nuestra energía física y mental para conocer sus pensamientos, es otras palabras, nuestros chakras; así que, de vez en cuando nos buscaban para este tipo de consultas.
- En cuanto a los espíritus, es habitual clasificarlos como buenos y malos; deben comprender que al ser atemporales no tienen necesidades y vagan errantes, supongo que el ser notados por los seres humanos es lo que los motiva a cumplir sus órdenes y deseos. Por otro lado, los espíritus malvados sienten envidia de los humanos por poseer carne y a la vez espíritu, es algo que nunca lo sabré con certeza. Buscar comprender la naturaleza de los espíritus es algo muy por encima de la compresión limitada de los seres humanos.
- A pesar de ser gemelas, mi hermana siempre se destacó más que yo, afirmaba haber visto a los espíritus describiéndolos como seres altos, sin forma definida. Sus personalidades suelen ser infantiles y caprichosas, he ahí la capacidad y el poder de aquellos que los perciben en demostrar sus cualidades al ser capaces de someterlos a su voluntad.
- Para volver al punto inicial, nuestra madre afirmaban que en nuestra familia eran principalmente las mujeres quienes heredaban estos dones. Sin embargo, hay familias en las que hombres y mujeres por igual adquieren los poderes de la magia. En algunas ocasiones, estos poderes se desarrollan en algún ser humano al azar. Nadie sabe de donde provienen. Es probable que sea alguna capacidad legada por la diosa del Chakra a sus hijos e hijas.
- No se sabe que tanta verdad hay en esas viejas leyendas pero, si las hay, algún día serán aclaras. Por medio de nuestra madre, sabíamos que veníamos de un linaje antiguo, sus poderes eran enormes y en nosotras parecían ser aún mayores.
- Todo esto se los cuento para que puedan entender lo importante que éramos una para la otra, y que cumplíamos una función en la sociedad donde vivíamos, éramos queridas y respetadas.
- Además de estos dones místicos nos involucrábamos en los quehaceres del pueblo, mi hermana en los trabajos prácticos como creación de objetos de herrería, armas; y se involucró con los miembros de nuestra sociedad que practicaban las artes marciales para la salud mental, relajación, enseñar concentración y dominio, se conectaban con la naturaleza a través de la práctica de movimientos que imitaban sus elementos: el fluir de una corriente de agua, la dureza y fuerza de una roca, la pasión y explosión del fuego y la ligereza del viento; era su manera de conectarse con el mundo espiritual. Éramos pacifistas.
- En mi caso, me uní a las mujeres encargadas de la medicina, la cerámica y las artes; aprendí a hacer pinturas que cubrían las paredes de los antiguos santuarios de la religión predominante en nuestras tierras. La cerámica era altamente notable y de la mejor calidad, a menudo era llevada a venderse en los mercados de las ciudades. Vivíamos de cosechas y crias de rebaños, de vez en cuando recojamos plantas para crear alucinógenos que se usaban para entrar en trance y abandonar ciertas condiciones externas o internas para experimentar un estado de conciencia alterado.
- Lo que quiero decir, es que mi hermana y yo, aunque somos opuestas nos complementábamos y nuestro poder unidas era inimaginable.
Ziyi hizo una breve pausa y recorrió lentamente con la mirada a todos los presentes. Se detuvo a mirar a su hermana que parecía haber enmudecido como aquella vez hace años. Prosiguió.
- Como les comenté antes, nuestro pueblo se estableció muchos años después que los grandes clanes de guerreros se formaran por lo que las guerras no llegaban a nuestro remoto territorio; pero muy a lo lejos seguían existiendo las batallas y nosotros nos manteníamos al margen. Algunas veces los pueblos vecinos marchaban a la guerra y los jóvenes se alistaban a ellos de forma voluntaria, deseosos de aventuras o de saborear la gloria, otros se iban hacia el mar o a las grandes ciudades. En general, nuestro pueblo amaba la paz, no teníamos enemigos.
- Ahora bien, mi hermana y yo teníamos dieciséis años cuando ocurrió un gran cambio en uno de aquellos grandes clanes en un valle muy lejano, o eso nos contaron.
- La líder había muerto sin dejar heredera femenina, por lo que el joven rey Takahashi se decidió por una nueva esposa, no de su propio pueblo, si no de otro clan importante con la finalidad de establecer una poderosa alianza. Al menos esos eran los rumores que traían las caravanas de mercaderes con los que comerciábamos.
- Sea como fuere, no nos importaba realmente mucho. Estábamos muy lejos de aquel valle, para llegar hasta allá había que atravesar el inmenso desierto, ni siquiera sabíamos como eran aquellas gentes y no los comprendíamos.
- Pasaron los años y oímos contar que aquel importante clan había iniciado guerras de conquistas, era lo típico, buscaban nuevos enemigos para apaciguar las posibles revueltas que ocurrían dentro de sus territorios, ocasionadas por los detractores de la reina. Pero, otra vez: ¿En qué podía afectarnos?
- Mi hermana y yo continuamos viviendo dichosas, en armonía con nuestra madre. Éramos consultadas constantemente por los aldeanos o visitantes lejanos quienes solicitaban ayuda que podíamos proporcionarle a través de nuestros dones.
- Hubo un acto, que realizamos mi hermana y yo, el cual fue considerado como nuestro mayor milagro; en una época de gran sequía las cosechas estaban en riesgo de perderse, no era muy usual la sequía en nuestro pueblo montañoso por lo que ese fenómeno natural nos tomó por sorpresa. Mi hermana y yo juntamos todas nuestras fuerzas y nuestra capacidad de persuasión para convencer a los espíritus que nos ayudarán a reunir nubes para agrupadas en el cielo del valle. Trabajamos durante horas en ello, hasta que los espíritus iban tomando interés, se reunían y finalmente se ponían manos a la obra para así ver descender las inmensa cantidad de lluvia cegadora.
- Fue este acto que salvó nuestras cosechas, lo que extendió nuestra fama y nos dio a conocer como las gemelas de la montaña; esto provocó una gran cantidad de visitantes a nuestro pueblo, quienes aguardaban su turno para subir a la montaña y consultarnos o a veces simplemente sentían curiosidad por vernos.
- Unos meses antes de que nuestra madre muriera llegó una carta a nuestras manos, no podíamos entender aquel lenguaje, por lo que era necesario tocar aquel papel para comprender algo de el. El mensajero explicó que unos importantes soberanos de una ciudad lejana habían oído hablar de nuestro poder, y que sería un honor para ellos recibirnos como invitadas.
- De inmediato mi madre sintió desconfianza y no nos permitió ni a mi hermana, ni a mí tocar aquel papel ya que temía que podría traer consigo una maldición. Sentimos desconfianza del mensajero, había algo oculto en sus palabras.
- Nuestra madre tocó aquel pergamino, de inmediato algo pasó a través de sus dedos que le causó una gran aflicción. Al principio no nos quiso decir lo que había visto pero luego nos contó que aquellos que enviaban la carta eran malvados, no importaba lo que dijera el escrito.
- Nosotras también tocamos aquel pergamino y captamos los presagios del mal. En resumen, aquello no era un simple complot para raptarnos y conseguir nuestro poder. Dijimos al mensajero, con todo respeto que nunca dejábamos nuestro hogar. Y así, El mensajero se marchó y nuestra vida regresó a la cotidianidad.
- Cualquiera que fuera la verdad, al cabo de unos días de aquel suceso nuestra madre enfermó, se debilitó, y al final cayó en un estado de parálisis del cual fue incapaz de salir. Por fin ocurrió, como era natural e inevitable. salimos de nuestro hogar para avisar a la gente del pueblo que nuestra madre había muerto. Todos los árboles de la montaña se agitaron por el viento provocado por los espíritus.
- No ahondare sobre los ritos funerarios de aquella época, lo que se debe saber a grandes rasgos, es que como parte de nuestra religión se cree en la reencarnación, por ello cree en la rueda sin fin del karma. Es decir, según las acciones en vida de la persona esta se reencarnará en algo agradable o desagradable. en nuestro pequeño pueblo existía una tradición previa a la expansión de las cenizas en el río. Luego de que fueran presentados los respetos al cuerpo del difunto, se preparaba su incineración al mismo tiempo que un gran banquete en el que todos los miembros de la familia y del pueblo participaban. Una vez que las cenizas eran colectadas en la vasija, una pequeña porción de éstas era esparcida en el recipiente del vino, con el propósito de que todos tomarán de ella y así lograr que una parte de la energía vital del fallecido permaneciera en nuestro cuerpo a modo de respeto a su memoria y a sus actos en esta vida. Era nuestra manera de decir que lo recordaríamos y los llevaríamos dentro de nosotros.
- Ahora bien, correspondía al heredero de la familia tomar el primer sorbo pero nosotras éramos gemelas, nuestra madre murió legándonos a ambas su sabiduría y conocimientos. Mientras los restos de nuestra madre eran incinerados, mi hermana y yo meditábamos acerca de quién tomaría el primer sorbo. Sin embargo, no fue difícil llegar a una conclusión. Mi hermana era quien tenía más poderes; la que había nacido primero, siempre tomaba la iniciativa en las cosas, actuaba y hablaba con claridad; como inevitablemente ocurre con los gemelos, era ella quien se comportaba como la hermana mayor. Me pareció correcto que ella tomara el primer lugar, yo siempre había sido de una disposición más tranquila y más lenta.
- El último día del funeral nos dispusimos a colectar las cenizas para realizar el último brindis por nuestra madre en compañía de los miembros del pueblo. Fue entonces cuando la maldad cayó sobre nosotras.
- Escuchamos el ruido de las ruidosas pisadas y los gritos de guerra de los soldados, apenas supimos lo que estaba ocurriendo. Fuimos tomadas con tanta violencia que la vasija con las cenizas cayó al suelo destrozándose en mil fragmentos y aquel polvo, el polvo que había sido nuestra adorada madre, ahora esparcido por el suelo siendo llevado por el viento.
- Oí a mi hermana gritar como nunca había habido gritar a un ser humano pero yo también estaba gritando, así que quizás fueron mis propios gritos lo que escuchaba.
- Aquellos hombres nos acusaban de salvajes y caníbales, amenazaban atravesarnos con sus espadas pero nadie nos hizo daño. Fuimos atadas, dejadas indefensas y todos nuestros amigos y parientes fueron aniquilados ante nuestros propios ojos. Los soldados pisoteaban las cenizas una y otra vez mientras ensartaban a hombres, mujeres y niños de nuestro pueblo.
- Los espíritus se agitaron ante aquella injusticia provocando un vendaval pero el líder en toda su magnificencia, destacándose de los demás, alentó a sus soldados a continuar afirmando que ese viento simplemente era un truco.
La joven castaña se interrumpió. Se tocaba la frente con la punta de los dedos, como si quisiera descansar antes de proseguir. Cuando estuvo lista para continuar su voz sonaba un poco más áspera y grave, pero tan firme como lo habías ido antes.
- Todo nuestro pequeño pueblo, todo lo que conocíamos, había sido arrasado en apenas unos minutos. aquel ejército había hecho una carnicería con nuestros seres queridos. Mientras nos alejaban veíamos lo que quedaba de nuestro pueblo arder y aquellos masacrados serían dejados a la intemperie.
- El soberano afirmó que había perdonado nuestra vida con el fin de sacar provecho de nuestra sabiduría, de aprender de nosotras. Nunca hablamos con él, sólo dejábamos que se hartara de nosotras y nos regresará nuestra celda. No teníamos miedo, estábamos demasiado conmovidas por la desgracia como para tenerlo, era como si ya estuviéramos muertas.
Ziyi se detuvo de nuevo, pensativa, parecía que se hallaba profundamente conmovida.
- Él... - Suspiró - Un soldado se conmovió de nuestro dolor, en secreto aflojaba nuestras ataduras, nos permitía dar paseos al anochecer, nos llevaba comida y bebida. Era generoso, nunca nos pidió nada a cambio; simplemente no era de su agrado ver a la gente sufrir. Fue un consuelo, en medio de toda aquella desgracia.
- Finalmente entramos en un país cuyo paisaje nunca habíamos visto, luego de pasar aquel desierto abrasador, llegamos a una tierra rica y próspera; aquella tierra que pertenecía al clan Tachibana.
- Aquella gran mansión era una maravilla a la vista, decorada con un río en el interior en un patio cerrado, como un estanque lleno de flores de loto y rodeado de hermosos árboles floridos. Toda aquella hermosura sólo aumentaba nuestra miseria. Daba la impresión de que el que fuéramos gemelas causaba gran confusión entre los presentes, como si les diera miedo.
- En aquellas primeras horas, aquel soldado fue muy amable con nosotras y por primera vez nos habló; nos dijo que la reina era amable y buena, que no debíamos tener miedo. Sabíamos que sus palabras eran sinceras pero como había ocurrido con el mensajero, había algo que no estaba bien. Nuestra desgracia apenas había empezado.
-- Al llegar la noche, fuimos llevadas ante la corte donde todos los presentes estaban ataviados con sus mejores ropas y joyas. La líder de aquellas gentes tenía el don de la palabra, inmediatamente al llegar nos dijo que nuestro pueblo había sido castigado justamente por practicar abominaciones y magia oscura.
- Como si aquellas palabras hubiesen sido solamente protocolo, empezó a hacernos preguntas; sobre los espíritus, nuestros poderes, nuestro origen, los dioses, nuestros milagros,... Nos quedamos demasiado escandalizadas como para responder.
- Aquella mujer se expresaba con rudeza e impertinencia. Percibimos la mentira en sus palabras. Había enviado a sus soldados a buscarnos solo porque habíamos rechazado su invitación; ¡Nuestro pueblo fue masacrado solo para llevarnos ante ella! Que terrible fue saber que esta desgracia había sido nuestra culpa. Eso fue lo que vio nuestra madre al tomar aquel pergamino en sus manos.
- Veíamos a través de ella. Creía que su voluntad era absoluta, que podía conformar el mundo a su gusto, era insensible hacia el dolor de los demás. Contemplamos detenidamente a quien debíamos enfrentar. Era demasiado bonita para ser auténticamente bella, no había misterio en ella; su voz era dulce, casi infantil, de aquellas que producen ternura al hablar haciendo romántica cualquier simple frase. Un timbre de voz que nosotras encontramos exasperante. Siguió y siguió con sus preguntas. Alegaba estar dispuesta a perdonarnos si éramos agradecidas y nos tendríamos a ella.
- Mi hermana, siendo la primera en tomar la iniciativa le respondió furiosa que parara con sus preguntas estúpidas. Le decía que podía ver a través de ella y de su falda bondad; le habló de los espíritus y como estos toman el lugar de los "dioses" para engañar a los humanos, que usan la religión para llamar la atención, les hablo de su envidia hacia los humanos, confesó que nuestros poderes venían de familia y que si su ambición era obtenerlos jamás podría hacerlo. Ella buscaba que mintiéramos, que nos subleváramos a su voluntad sin luchar pero lo que había hecho para llevarnos ante ella fue una atrocidad, por sus actos destruiría a aquella familia a la cual había pervertido con su ambición. Ella misma acabaría con el clan Tachibana, profetizó.
- Los presentes estaban alborotados como en un tumulto. Horrorizados por el atrevimiento de mi hermana al dirigirse así a sus soberanos pero otros, los antiguos, habían quedado impactados por las palabras de mi hermana, respetaban la antigua profecía. En conjunto fue una gran confusión.
- Nos devolvieron a nuestra celda y nos pusieron una fuerte vigilancia. En nuestro encierro intentabamos analizar las intenciones de aquella mujer ¿Qué es lo que en realidad quería de nosotras? Fue cuando nos dimos cuenta de que lo que realmente la fascinaba era el asunto de los espíritus.
- Deben comprender que, en ese momento, no sabíamos nada sobre nuestro origen relacionado a esa familia, ni que nuestro desconocido padre había sido el antiguo líder; por esa razón, no entendíamos lo que hacíamos ahí, así que llegamos a esa conclusión. Sabíamos que había hipocresía y falsedad en las palabras de la reina, pensábamos en que solo quería nuestros dones para comunicarse con los espíritus y usarlos en su beneficio.
- Mi hermana estaba encolerizada, recorría la celda una y otra vez furiosa, maldiciendo a la reina. Yo sentía la angustia que ella sentía, ambas recordábamos el presagio de nuestra madre. Yo le rogaba que no hablara más ni contara nada sobre los espíritus pero era como estar hablando con la pared; percibía espíritus malvados atraídos por su ira, sabía que se sentía tentada a usarlos. Pero ¿Qué podían hacer? ¿Provocar alboroto? ¿Qué era el viento comparado con un ejército? Los espíritus no nos ayudarán.
- Al entrar la noche fui despertada por aquel soldado que había sido amable con nosotras. Se hallaba en una terrible agitación. Llevaba ropas de dormir e iba descalzo, con los ojos enrojecidos como si hubiera estado llorando. Rogaba nuestro perdón, aseguraba haber sido engañado por la reina para raptarnos. Sabía, por sus propias observaciones que lo que había dicho mi hermana en la corte era verdad. Habían luchado contra pueblos extranjeros sabiendo que luego se llevaban el botín o conquistaban un nuevo territorio, pero no había un botín valioso en nuestro pueblo; todo había sido una gran mentira solo para capturarnos y sentía asco por haber caído en ese engaño.
- Tales pensamientos lo dejaron exhausto; todas aquellas muertes, aquella injusticia lo convirtieron en un hombre que estaba perdiendo su capacidad de aguante. Fue ahí cuando nos contó la verdad de nuestro orígen, la antigua profecía que hablaba de las gemelas que recibirían el poder antiguo del clan. Mi hermana y yo estábamos escépticas. Las antiguas profecías de unos extranjeros no eran nada para nosotras pero mi hermana pareció reflexionar sobre lo que había dicho, al parecer había visto algo de verdad en sus palabras que yo no.
- Finalmente se despidió de nosotras pero antes de irse prometió que haría todo lo posible para liberarnos. En aquel momento sentí un gran amor había él. Era tal y como lo es ahora, toda su persona tenía un aire elegante, la personalidad de alguien que tiene autoridad y humildad. Muneshige.
-A la mañana siguiente fuimos llevabas nuevamente ante los líderes de aquellas tierras y de nuevo la mujer insistió con sus preguntas. De nuevo, mi hermana le explicó la naturaleza de los espíritus y yo también intenté mostrarle la diferencia entre aquellos considerados buenos y los malos; pero aquella mujer no entendía lo que se le estaba explicando, se enfureció con nosotras al darse cuenta de que no podría utilizar a los espíritus a su favor, nos acusó de ser brujas y ordenó que fuésemos quemadas en la hoguera. Sin embargo, su esposo logró persuadirla de mantenernos con vida para evitar la ira de los espíritus.
- Mientras todos los presentes deliberaban sobre qué hacer con nosotras, mi hermana aprovechó el momento para hacer y lo que yo no me atrevía. A grandes voces invocó a todos los espíritus que nosotras conocíamos, fue una jugada arriesgada ya que temíamos que ellos nos hubieran abandonado, si esto sucedía ella podría llamar a los malvados espíritus que solíamos ignorar.
- Al instante un gran viento comenzó a soplar, aulló por todos los pasillos de la mansión, desgarrando cortinas, batiendo las puertas, rompiendo la cerámica; nunca ví una violencia semejante, la misma estancia pareció estremecerse. Pero los espíritus eran débiles y el alboroto pronto cesó y los soberanos declinaron en su edicto de muerte. Nos llevaron nuevamente a nuestra celda y nos dejaron ahí, hubiésemos sufrido de hambre de no ser por aquel amable soldado que nos llevaba la comida en persona.
- A los tres días estábamos ante ellos nuevamente. Yo pensé que serían nuestros últimos momentos así que agradecí haber podido ver el cielo azul una vez más y que mi hermana y yo aún continuabamos juntas.
- Por fin el Líder Takahashi habló. Elogió nuestros dones pero nos acusó de hacer un mal uso de ellos, de decir mentiras, de dar culto a espíritus malignos y de usar artes oscuras. Nos habría quemado, dijo, pero la Reina y él decidieron mostrarnos su piedad.
- Evidentemente todo era mentira. ¿Qué clase de piedad nos mostraría? Takahashi dijo que nos soltarían pero que primero debía demostrar a la corte que no ya teníamos poder, sobretodo, que no éramos las gemelas de la profecía, y que si alguna espíritu maligno se manifestaba, seríamos ejecutadas al instante.
- Afirmó que por amor a su esposa, no tomaría placer en nosotras como era su derecho. La realidad era que no quería tocarnos por temor a que un mal cayera sobre él, por lo que designó a su hijo el "gran honor" de ultrajarnos en su lugar.
- Los presentes esperaban en silencio a que Muneshige se prepara para obedecer la orden. Nosotras lo mirábamos fijamente, desafiándolo a no hacerlo, a no ponernos las manos encima, a no violarnos ante aquellas repulsivas miradas. Pero ya saben lo que pasó, lo hizo. Apreté la mano de mi hermana cariñosamente, haciéndole saber con aquel gesto que seguiríamos viviendo, después de todo aquello no era la muerte. Nosotras evitamos mirarlo, cerramos nuestras almas a él y a los presentes que cometieron terribles actos contra nosotras; después de todo, nuestras almas seguían puras dentro de nosotras, inmaculadas.
- Al anochecer fuimos abandonadas a nuestra suerte al borde del desierto. Caía la noche cuando iniciamos nuestro viaje había las tierras que habíamos conocido, con nuestros corazones llenos de odio como nunca habían estado.
- Caminamos incansablemente a través de los áridos vientos. Los espíritus nos acompañaron en nuestra travesía por el desierto, nos condujeron a manantiales para beber, encontramos plantas comestibles pero nos habíamos adentrado demasiado en el desierto, nos estábamos muriendo, yo sabía que llevaba en mi vientre al hijo de Muneshige y quería que mi bebé viviera.
- Afortunadamente fuimos rescatadas por una familia que vivía en aquel implacable desierto, nos acogieron y nos cuidaron. Me encontré muy mal durante meses, permanecía acostada hablándole a a la criatura que crecía en mis entrañas con mi hermana siempre a mi lado, abrazándome. Al recobrar las fuerzas retomamos nuestro viaje pues yo quería que mi hijo naciera en nuestras tierras.
- Por fin, gracias a aquellas gentes del desierto, logramos llegar a un nuevo pueblo que se había establecido cerca de nuestra montaña y volvimos a ser muy felices entre los árboles y las flores que ya conocíamos; mi bebé crecía fuerte, el desierto no lo había matado. Entonces di a luz a una hija, el amor que sentí por ella fue un bálsamo eficaz para mi alma herida, mi hermana la sostenía en sus brazos y le cantaba como yo lo haría. La hija era tanto nuestra como mía.
- Un día apareció Muneshige, quien había viajado de pueblo en pueblo en búsqueda de las gemelas; mi hermana salió a su encuentro rogándole que no le hiciera daño al pueblo otra vez pero él la tranquilizó diciéndole que su intensión era pedir nuestro perdón y ponerse a nuestro servicio, por lo que mi hermana lo trajo hasta donde yo me escondía con mi hija.
- Nos contó que la miseria había caído sobre él y sobre todo el clan, nos mostró las heridas que los espíritus le causaban como castigo por habernos ultrajado. Tenía el rostro fatigado, demacrado y lleno de miseria, su sufrimiento era muy evidente. Decidimos perdonarlo, le presenté a nuestra hija y así los cuatro vivimos felices por algún tiempo, hasta que el clan Tachibana nos encontró nuevamente.
- Cuando supimos de la llegada inminente de los soldados ocultamos nuestros tesoros y nos trasladamos hasta el pueblo para evitar que llegarán nuevamente a destruir nuestro hogar. Entregué a mi hija a las mujeres de la aldea para que la cuidaran como si fuera suya pero esta vez no lloramos, era como si ya hubiésemos vertido todas las lágrimas que teníamos, nuestros años de felicidad habían terminado, el horror volvía a engullirnos. /
Ziyi cerró los ojos durante un instante, lucía agotada, aunque nadie se atrevía a detener su narración era evidente que el agotamiento hacia mella en todos los presentes.
- Me siento demasiado agotada para continuar. Por favor, tengan paciencia y esperen hasta mañana para continuar, por ahora debo descansar - Dijo - Mañana les contaré lo que pasó cuando llegamos nuevamente a las tierras del clan Tachibana.
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