Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 29
EPOV
Mi teléfono vibra en el piso de madera, despertándome.
Abro los ojos y parpadeo, levantándolo y observando la pantalla antes de enviar la llamada a buzón de voz. Entonces giro para ver a Bella.
Ella sigue durmiendo.
No hubo momento durante la noche en que nuestros cuerpos no estuvieran unidos de alguna forma. Mi brazo envuelto sobre su estómago. Mi frente presionado a su espalda. Sus piernas enredadas con las mías, las sábanas a nuestro alrededor un desastre.
Pero esta mañana, ella está al borde del colchón, dándome la espalda.
No me gusta.
Me acerco a ella, rozando mis dedos a lo largo de su brazo. Trazo la pequeña marca de nacimiento en su hombro, y luego presiono mis labios en ella.
No se despierta.
Estoy jodidamente seguro que llegará tarde al trabajo—ella jamás se queda conmigo así de tarde en las mañanas. A menos que tenga que ir más tarde, como lo hizo ayer.
—Bella —susurro.
Pienso en ir a buscarnos café, pero no quiero que despierte sola.
No después de anoche.
No después de que se haya entregado por completo a mí y yo acepté todo. Como el maldito codicioso bastardo que soy. Tomé todo lo que ella estaba dispuesta a dar. Y quizás deba sentirme mal o culpable, pero simplemente no puedo.
No después de anoche. Se sintió jodidamente bien.
—Bella —intento de nuevo—. Son, como, después de las ocho.
Ella se remueve un poco, y luego baja rápidamente de la cama.
No estaba esperando eso.
—Mierda —suelta—. Me olvidé de fijar una alarma.
—Estoy seguro que Esme lo entenderá.
Ella mira al suelo en busca de su ropa, y yo simplemente la observo, estudiando su cuerpo, la curva de sus caderas y sus pechos. No me inmuto ante su pánico—es bastante entretenido de ver. Quizás incluso ligeramente excitante. Mayormente porque sigue desnuda.
—Sí, lo entenderá, pero… —Encuentra su vestido y se lo coloca, deslizando las tiras sobre sus sexys hombros. Y entonces desaparece en el baño. Escucho el agua del inodoro correr, así como el agua del grifo. Luego vuelve hacia mí, luciendo algo avergonzada.
—¿Qué pasa? —pregunto, sentándome contra mi almohada.
—No estaba escapándome de ti —dice con cuidado—. Cuando salí de la cama… solo…
—Está bien. —Y lo está—. Sé que tienes que irte.
La observo por un segundo. Ella parece estar metida en su cabeza. ¿Nerviosa quizás? Por un maldito instante, creo que quizás se esté arrepintiendo de estar conmigo, pero entonces habla.
—Anoche fue perfecto, Edward. En serio.
—Eso pensaba también.
Jalo de su brazo hasta que se encuentra de nuevo en la cama y se ubica a horcajadas.
—¿Te veré más tarde entonces? —murmuro, acariciando su espalda.
Ella sonríe engreídamente.
—Definitivamente me verás más tarde.
—¿Antes del show? —confirmo.
—Ajá.
—Está bien. Hay algo de lo que quiero hablar.
—Oh. —Su expresión cae, pero se recupera rápidamente—. De acuerdo. Podemos hablar.
Necesito decirle que soy Masen. Y lo haré. Simplemente necesito acomodar mis pensamientos y descifrar lo que voy a decir. Cómo lo voy a decir.
Hay una pequeña parte de mí que está convencida que no se enojará tanto. Y luego está la otra mitad que está muy segura que me pateará el trasero. Cualquiera de las dos, ella definitivamente pensará que soy un maldito idiota. Y no puedo discutir eso.
Pero aun así…
Necesito decírselo. Más que eso… quiero hacerlo.
La he dejado entrar. Ella ha visto y escuchado las peores cosas sobre mí. Y no salió corriendo.
Ella me hace sentir notado. Entendido. Me hace sentir digno de mierda que jamás supe que quería, como amor y una relación real y simplemente… me siento mucho menos roto cada vez que estoy con ella. Y no sé cómo lo hace. O por qué. Pero parte de mí piensa que quizás ella se sienta igual que yo.
Y es aterrador.
Pero quiero sentir el miedo.
Porque durante mucho tiempo, no tuve nada. Es una buena sensación tener algo que perder.
Llevo una mano a su rostro, acariciando su mejilla.
—Me encantó estar contigo anoche.
Sus mejillas se sonrojan ligeramente.
—A mí también. —Se acerca, su pecho contra el mío mientras me besa. Tomo de su rostro, profundizando el beso, y las cosas comienzan a calentarse cuando me siento endurecer contra ella.
—Tengo que irme. —Se ríe en mi boca, pero no intenta apartarse.
Rozo su pezón por encima de su vestido.
—Puedes irte.
—Eres el peor —acusa con una sonrisa relajada.
—¿Puedes culparme? Ahora que te he tenido, siempre voy a desearte.
—¿Siempre? —pregunta suavemente, pasando sus dedos por mis labios.
Dejo que mi sonrisa se ensanche debajo de sus dedos.
—Sí.
—¿Lo prometes?
—Bella… —Como si ella no lo supiera—. Siempre.
Somos rápidos esta vez.
Le quito el vestido y le devoro el coño antes de girarla, así está completamente sobre el colchón. Frenéticamente me coloco el condón antes de lamerla por detrás una vez más. Mi frente está presionada con su espalda, y deslizo una mano entre nosotros, aferrando mi polla mientras lentamente entro en ella. Gruño. Ella gime. Presiono besos con la boca abierta sobre su hombro, su cuello.
Estamos más callados que anoche. Respiraciones cortas de mi parte. Pequeños jadeos de sus labios.
Es caliente y apasionante.
Es coger y amar, y ella debe sentirlo. Tiene que sentirlo.
Muerdo su hombro. Suavemente. Y entonces ella me dice que lo haga más fuerte. No sé si quiere mi mordida más fuerte o mis embestidas, así que le otorgo las dos.
Se siente más cercano, más íntimo de lo que fue anoche. Exhalo en su oído, diciéndole lo jodidamente bien que me hace sentir. Comienzo a desacelerar mi ritmo, moviendo mis caderas suavemente contra ella, porque realmente es muy bueno y quiero que dure.
Ella se mueve un poco y la miro mientras desliza una mano entre su cintura y el colchón.
Es putamente caliente.
—¿Te estás tocando? —jadeo.
—Sí. Dios, sí.
Estoy incluso más cerca ahora, pero trato de aguantar por ella.
Con su mejilla presionada contra el colchón, ella comienza a gritar «mierda, mierda, mierda» una y otra vez cuando la siento contraerse a mi alrededor.
Es su nombre el que jadeo mientras persigo mi propia liberación.
Tomamos una ducha rápida juntos. Ella lava mi cabello con mi champú de mierda, y me pide que le refriegue la espalda. Me lavo el rostro, y cuando mis ojos están cerrados con espuma cubriendo mis mejillas, ella me besa debajo del chorro de agua.
Cuando abro los ojos, ella luce… preocupada. Por un momento. Estuvo allí. Pero se esfuma rápidamente que no quiero presionar.
Ella se coloca nuevamente el vestido, advirtiéndome que necesita conservar su ropa esta vez. Ella le envía un mensaje a Esme haciéndole saber que llegará tarde. Cuando se ríe, me muestra la respuesta de Esme.
Un emoji de berenjena con una cara llorando de risa.
Bella responde con un emoji de dedo del medio.
—Pero no está equivocada —comenta sarcásticamente, levantando las cejas en mi dirección.
Quince minutos después, estaciono frente a su edificio. Nos sentamos en silencio por un segundo antes de bajar de la camioneta y caminar alrededor para abrir su puesta.
—No esperaba a que me abrieras la puerta —dice, dándome una mirada mientras baja—. Pero gracias.
—Lo sé.
—Simplemente estaba… merodeando —bromea—. ¿Acaso no dijiste que merodeaba?
Sonrío.
—Así es. Firmabas la entrada de Liam y te quedabas para hablarme.
—Pero mayormente discutíamos —se ríe.
—Me gustaba —le digo, llevándola a mis brazos—. Me encantaba verte por esos pocos minutos todos los miércoles y viernes.
Pasó sus manos hacia arriba por mi pecho.
—Bueno, ahora puedes verme más. —Besa mi barbilla—. Cuando sea que quieras.
—¿Puedes llamar y decir que no irás a trabajar? ¿Solo… quédate conmigo?
—¿Pero no tienes que ir a trabajar también?
—No tengo que ir.
—Desearía que yo tampoco. —Su sonrisa tiene una pizca de tristeza, y vuelve a lucir preocupada—. Pero no es así. Y te veré después.
—Entonces, ¿puedo recogerte antes del show de esta noche? —pregunto.
Dios, sueno ansioso. Sueno como un jodido idiota enamorado. Y lo soy. Pero quizás debería aflojar un poco.
—Sí —dice, intensificando el agarre de sus brazos alrededor de mi cintura—. Ven a recogerme.
Ella levanta su barbilla para besarme, y suavemente la tomo del cuello cuando le devuelvo el beso. Nos apartamos un poco, y la observo antes de llevar su cabello húmedo detrás de sus hombros.
—Te recogeré y luego podemos hablar —digo con cuidado.
Es la segunda vez que he mencionado la necesidad de hablar esta mañana. Una pizca de curiosidad pasa por su rostro, y luego desaparece.
Ella asiente.
—Okey.
—Okey —repito.
—Ahora tú merodeas —ríe, empujando mi estómago.
Tomo de su muñeca, manteniéndola cerca.
—Porque no quiero que te vayas.
—¿Por qué?
—No quiero que todo cambie —susurro.
La observo tragar, su expresión se suaviza.
—Nada va a cambiar —me dice, pero sus palabras me dan poco consuelo.
Ella no sabe lo que tengo que decir, así que no puede prometerme eso.
Todo cambiará.
Inhalo profundamente e intento soltarla.
Puedo sentir mi propia mirada volverse tierna al mirarla. Eso pasa a veces. Me vuelvo un completo enamorado con ella, pero no puedo evitarlo.
—Bien. —Paso una por mi boca—. ¿Te veré a las ocho?
—Suena bien.
Ella me besa una vez más antes de abrazarnos. Es como el abrazo que compartimos la mañana después de haberla cuidado, pero hay más emoción por detrás esta vez. Hemos conectado de una forma que muy raramente me pasa. Me pregunto si ella también lo siente.
Su teléfono suena dos veces, y ella murmura «mierda». A regañadientes, sus brazos sueltan mi cintura, y nos apartamos del otro. Pero parece que ninguno de los dos quiere soltarse.
—Te veré pronto —me dice, lentamente caminando hacia su edificio mientras yo me subo a la camioneta.
—¿Uno más para el camino? —llamo, y ella se ríe, metiendo la cabeza por mi ventana abierta para besarme una vez más.
—Tienes que dejarme ir —bromea, caminando al revés.
Mis ojos la siguen hasta que entra.
Y entonces mi teléfono suena.
Observo la pantalla, respirando profundamente antes de responder.
—¿Hola?
—Edward.
—¿Sí?
—Es tu padre. Otra vez.
Aprieto la mandíbula. Lo sé. Lo envié al buzón de voz esta mañana.
—¿Necesitabas algo? —pregunto.
Se aclara la garganta.
—No, solo quería llamar y decir…
No habla por casi un minuto entero. Pero me niego a rellenar el silencio para él.
—He estado pensando desde anoche.
Miro por el parabrisas.
—¿Y?
—No voy a disculparme por querer más de ti —dice duramente—. Me niego a hacerlo.
—¿Esta es la razón de tu llamada?
—Lo escucho suspirar profundamente en el teléfono.
—Parece ser que he sido duro contigo. Me doy cuenta de eso.
—Sí. —Bufo en la línea, observando el edificio de Bella—. Eso es quedarse corto.
Él pausa por un largo momento y entonces dice:
—Tu madre siempre me regañaba por eso también. Jamás fue mi intención.
—No me digas —murmuro.
—No soy una mala persona, Edward.
—Jamás dije que lo fueras. —Quiero decir, he pensado en ello. Mucho. Pero jamás se lo he dicho.
—Tengo expectativas.
—No quiero ser una de tus expectativas —digo fríamente—. Pensé que era tu hijo.
La línea se queda en silencio hasta que dice:
—Tu amiga… ella parece ser buena para ti. Es feroz.
—Ella es más que mi amiga —le digo.
Porque lo es.
Ella es todo.
—Deduje eso. —El tono de papá es una pequeña pizca más suave—. Ella me recordó a tu madre. Por un momento. Con la forma que te cuidó.
Trago con fuerza, inseguro de qué decir.
—Sí.
Quizás él tampoco sabe qué más decir porque se aclara la garganta de nuevo.
—Quizás…
—¿Qué?
—Podríamos intentar cenar de nuevo. Alguna vez. Podría conocer a Bella. Y a ti.
Es muy tentador decirle que no. Decirle que lo hemos intentado —o al menos yo— y que estoy harto. ¿Por qué seguir forzándolo? ¿Por mamá?
Entonces, me detengo. Porque sí. Esto es por ella. Todo esto es por ella. Ella querría que lo intentáramos. Pero no puedo imaginar que ella alguna vez quisiera que fuera… así.
—Sí, quizás —digo cuidadosamente.
Si pasa, pasa.
Si no… sobreviviré.
—Está bien. Bueno, solo quería llamar —dice tranquilamente.
—Pero no disculparte —le recuerdo.
Escucho su suspiro hosco en el teléfono.
—Cuídate —me dice—. Te llamaré para cenar.
Y luego la línea queda en silencio.
Me siento allí por un momento antes de poner en marcha la camioneta.
Una vez que llego a casa, no estoy seguro de qué hacer ya que tengo algo de tiempo libre antes de mi consulta del mediodía.
Así que limpio un poco.
Pienso en Bella.
Y con ella en mente, hago algo que no he hecho en mucho tiempo: encuentro un cuaderno y escribo.
¿Cómo creen que Bella va a reaccionar? Ahhh, ya no le queda nada a esta historia
Gracias por los reviews :) Recuerden que de eso depende la velocidad de las actualizaciones
¡Hasta el próximo!
