Eternidad

Lauren volvió a tumbarse frente a Sev y comenzó a acariciarlo con la yema de los dedos.

-A disfrutar, a disfrutar… - dijo ella - Estoy en las nubes, eres realmente perfecto. Todo, todo, alma, cuerpo, mente, un auténtico prodigio, uno entre un millón… No dejaría de decirte lo que me alucina verte a la luz del fuego.

-Me abrumas, Lauren, haces que me avergüence.

-¿Por qué?

-Porque no es cierto, tengo muchos defectos.

-Todos los tenemos, pero tú menos que nadie. Disfruta tú también, déjate querer, luego voy a faltarte dos meses.

-De acuerdo, me dejo.

-Mírame como me has mirado en el mar – él lo hizo - Wooow… irresistible, estoy por lanzarme ya mismo sobre ti.

-Hazlo, ¿quién te lo impide? A mí también me gusta mucho la espontaneidad.

-Pero resulta que, aunque te parezca increíble, yo todavía me corto mucho contigo, acostumbrada a reprimirme durante tantos años.

-Vaya…

-En eso me siento muy por debajo de ti.

-Jo, Lauren… has de superarlo. Aunque puedo comprenderte, a mí también me pasaba al principio con Lily.

-Claro… es que nuestras historias tienen similitudes. Y más todavía después de haberte explotado como lo hice cuando comenzamos a hacérnoslo, te saturé; y de la temporada de apatía que has pasado.

-Pero eso no fue sólo por ti, también estuve con Deborah y Valerie, fueron ellas quienes me saturaron, no tú.

-Yo también, nos pasamos de la raya. Horas y horas de Giratiempo, descontrol.

-Sí, quizá sí. Pero la apatía fue debida a la enana, y suerte que fue así, me ha servido para librarme de lo superfluo. Ahora me quedo sólo contigo y con ella.

-Pero en verano no vas a tenernos a ninguna de ambas.

-Tú tampoco vas a tener a nadie.

-Pero tú necesitas eso este verano.

-Ya tengo opciones, ¿eh? Amigas con derecho a roce, sin enamorarme.

-¿Quiénes?

-¿Deborah no te lo ha contado?

-No.

-Qué raro, se ha vuelto muy indiscreta. Cecile, y quizá me lo haga también con Valerie alguna vez, con ella me siento muy bien. Y también Genevre parece estar por la labor de liarme.

-Claro… entonces tienes donde elegir, ¿eh? Para no aburrirte. Me extraña lo de Cecile y Genevre.

-Tengo permiso de Remus, y Genevre cortó con Lorenz el sábado.

-Vaya… cómo te lo montas… La verdad es que lo mereces, vas a hacerlas felices, sólo por catarte.

-Con Genevre ya tuve algo el mismo sábado por la tarde, cuando fuimos a Londres por las bebidas para la fiesta, incluso por este vino. Fue a raíz de eso que cortó con Lorenz.

-¿Lorenz lo sabe?

-Sí, sí, se enteró.

-Buf… qué movida, vas a tener que cambiar de comandantes.

-Genevre ya está buscando alternativa a Lorenz. El mismo sábado se lo hizo con Ronald, el cazador del equipo Sly de Quidditch, de séptimo año.

-Sé quién es, Orson me hablaba de él. Vaya con Genevre, parecía una mosquita muerta. ¿Quién lo habría dicho?

-Pues no veas cómo me sedujo, en media hora. Me puso caliente dos veces instantáneamente, la primera de ellas sólo hablándome.

-Vaya…

-Eso deberías hacerme tú, Lauren, aprovecharte de lo experimentada que eres, seducirme así.

-Te amo tanto que contigo no me sale. Y no sólo eso, hace más de año y medio que no ligo más que con Jack, y con él fue muy fácil, he perdido práctica y soltura.

-Qué pena. Entonces no voy a hacerte nada más esta noche si no te lanzas tú, voy a darte espacio, te toca.

-Jo…

-Has de librarte de los complejos y la timidez, Lauren. Eres genial, de lo contrario no estaría contigo.

-Cierto que soy muy afortunada, podrías tener a cualquier mujer que quisieras y te tengo para mí. Resulta que todavía no lo creo, casi cinco años esperando, menos de un mes desde que nos liamos y a punto de perderte otra vez. Muy afortunada pero también muy insegura. Ya te he dicho antes que a mí nunca nadie me había dejado ni rechazado un encuentro conmigo. Eres el único chico con quien he dormido sin hacérmelo.

-¿En serio? – sorprendido.

-En serio.

-¿Ni siquiera con Jack?

-Ni siquiera con Jack.

-Pues Lauren, desde Semana Santa sabes que me tienes para ti. Fuiste tú la primera que me rechazaste, debí insistir e insistir para convencerte, no tienes razón alguna para sentirte insegura.

-Pero lo hice por no fastidiarla entre Lily y tú, pensé que te arrastraría.

-Pues ya viste lo equivocada que estabas, no fue así en absoluto, y aunque lo hubieras hecho, no habría importado, al final la historia con ella se ha fastidiado por otras razones.

-Cierto. Pero, ¿quién sabía eso por entonces?

-Nadie. Como te gusta decir a ti, hipótesis sobre hechos no consumados. No nos lamentemos más, anda, empecemos de cero. Juguemos, imagina que yo no soy yo, que soy un chico que acabas de conocer. ¿Cómo te comportarías?

-Para empezar, no estaría en bolas ante ti.

Rieron.

-Eres fantástica, Lauren. ¿Quieres que volvamos a vestirnos?

-No – autoritaria - Los dos no. Sólo tú.

Él la miró desafiante.

-De acuerdo. Así me gusta, que me mandes. Ya estoy comenzando a ponerme.

Sev se levantó y fue a vestirse, Lauren no le habló en todo ese tiempo. ("Está elucubrando cómo entrarme, pobre… Si no se lanza ella me lanzaré yo igualmente, no voy a dejarla con las ganas. He de darle tiempo para que recupere la confianza en sí misma, la verdad es que me he comportado fatal con ella. Primero prácticamente la obligué a liarse conmigo y menos de dos semanas después volví a ignorarla por completo.

Y aun así, sigue sintiéndose afortunada de tenerme, cuando ella vale mucho más que yo en ese aspecto, ella sí que es constante y tenaz. Se le metió en la cabeza a los once años que me amaba, su sentimiento no ha decaído en todo ese tiempo y había construido su vida entera en torno a mí, con sus planes elaborados al detalle para mantenerme con vida a pesar de cualquier desaguisado que organizara yo. Nunca llegaré a merecerla.")

-Ponte la guerrera también – le dijo ella.

-A sus órdenes.

Se la puso. ("Voy a dejar de pensar, sólo dejarme llevar, si le doy vueltas a la cabeza no voy a ponerme caliente y eso sí que sería una decepción para ella. Otra desventaja de ser hombre, en ese aspecto no podemos fingir.")

-Abrochada.

Se la abrochó.

Lauren se puso en pie.

-Querías saber de qué soy capaz, ¿no? – de viva voz y muy agresiva - Te vas a enterar de lo que es bueno, de lo que te habría hecho aquella noche en el abeto si me hubiera sentido libre para hacerlo. Si no quieres metérmela hoy vas a tener que resistirte.

-Como el hierro, Lauren.

Ella le bajó la cremallera de la guerrera de golpe y lo tocó.

-Ya veo, ya – despectiva - No me impresiona nada. Se levantaban a mi paso a saludarme.

Le quitó la guerrera sin miramientos.

-Recuerda, el jefe de los maléficos le puso cuernos a una Black conmigo y la habría dejado por mí. Él diecisiete, yo trece. Lo dejé yo. Estoy segura de que todavía se lo hace con Narcissa pensando en mí.

Le bajó violentamente los pantalones.

-¿Sabes qué me dijo cuando me rompió?

-No.

Le quitó también sin cuidado alguno la camiseta.

-Que si no hubiera sangrado no habría creído que era virgen, así de bien me lo hago. La primera vez, con trece años. Lo volví loco. No sabes lo que te estás perdiendo.

-Si sigues así vas a convencerme.

-Es lo que pretendo, ya estaba avisándote. Tú te lo has buscado, por provocarme.

Le bajó también la ropa interior sin miramiento alguno, le hizo daño.

-Si te ha dolido te fastidias, aunque creo que debe haberte puesto más. ¿Te ha puesto?

-Sí.

-Así me gusta.

Lo empujó violentamente y lo hizo caer sobre la manta.

-¿Sabes cómo les gusta hacerlo a los maléficos?

-No.

Se subió a horcajadas sobre él.

-¿No te lo contaban?

-No prestaba mucha atención.

-Antes que yo estuviera caliente, porque si no estoy mojada, también les dolía meterla. Nos dolía a ambos, así es como se lo hacen los maléficos. No estoy caliente. ¿Quieres probar?

Se la agarró y la colocó en su umbral.

-No, Lauren.

-No me pareces muy convencido, allá voy, de golpe.

Él reptó hacia atrás para salir de debajo de ella.

-Tienes suerte de que eres hombre y no voy a poder contigo a la fuerza, de lo contrario te violaba.

-Para ya, Lauren.

-Te estoy dando miedo, ¿eh? Un segundo intento.

Volvió a intentar ponerse a horcajadas sobre él, él volvió a reptar, ya fuera de la manta.

-Tienes miedo incluso de tocarme, yo estoy intentando hacértelo a la fuerza y tú no tienes arrestos de luchar conmigo para resistirte. ¿Cómo te habrías resistido si te hubieran atacado en la fiesta?

-No quiero tratarte así a ti.

-Todavía no te enteras de qué va el asunto. Me pone que uses tu fuerza contra mí, al igual que yo estoy intentando hacerlo contigo. Pelea, sé un hombre.

Volvió a intentar cabalgarlo, él la aferró por las caderas y la apartó de encima de sí violentamente, haciéndola caer a su lado, de espaldas. De inmediato la cubrió con su cuerpo y la inmovilizó aferrándola por las muñecas. Ella intentaba resistirse y le pateaba con las piernas, estaban sobre la arena.

-Vamos, cumple mi fantasía, ya mismo. ¿Qué vas a perder? Todo eso de la primera vez para ambos amantes de la Magia Roja son chorradas, no puedes detener tu vida así. Esperar a una chiquilla que todavía no es mujer y perderte satisfacciones durante más de un año todavía.

-Cállate, Lauren, vas a convencerme.

-Es lo que pretendo, tercer aviso. Acabas de decirme que no te habría importado que te hubiera arrastrado, te contradices. Si no quieres, levántate y corre, te metes un rato en el agua y te baja.

Él dejó de aferrarla por las muñecas y la abrazó.

-No, Lauren, por favor, no quiero que sea así, déjame pensarlo durante el verano… – suplicando, casi llorando.

Ella dejó de resistirse y también lo abrazó.

-Me arriesgo a que te lo hagas con alguna otra – ella también casi lloraba - Quiero estrenarte yo, llevo cinco años esperándote.

Rompieron ambos a llorar.

-Te juro por lo que más quiero, que eres tú, que no voy a dejarme con nadie. Si no lo he hecho contigo no voy a hacerlo con nadie más.

Ella lo abrazó muy fuerte y le habló vinculada:

-Te creo. Y que sepas que ha sido todo comedia, simplemente te he puesto a prueba. Nunca voy a forzarte a nada que no sea de mutuo acuerdo, al igual que nunca me lo hicieron a mí ni tú me lo harías. Si hubieras cedido yo me habría negado, ya has visto que no he llegado a meterme ni un poquito. Si hubiera querido de verdad, me has dado la opción de hacerlo. Ha sido una especie de aviso de lo que puede llegar a pasarte, eres muy inocente para esto, Severus, te crees experto y no lo eres en absoluto. Espero que ahora sí que hayas aprendido a resistirte.

-Gracias, Lauren.

-Y ha sido en especial por lo que me has contado de Genevre. No te arriesgues con ella, Severus.

-No, tienes razón, no voy a arriesgarme con ella. Por cómo me trató, pienso que ella no tendría miramiento alguno.

-Cuéntamelo con detalle, anda.

Él lo hizo, le contó lo que pasó el sábado y lo que Genevre le había dicho durante el banquete. Lauren le dijo:

-No, no confíes en ella, no te arriesgues. Puedes verte en una situación muy comprometida, acabar mal y comprometer también la escolta.

-Cierto.

-Y que sepas que lo de estrenarte yo no me importa en absoluto, lo he dicho porque me he emocionado. Esperaré lo que haga falta, es una decisión que debes tomar tú solo al igual que yo la tomé, hice lo que me vino en gana, así que no te sientas forzado a ello en ningún momento. A mis ojos, te desmerecería mucho que lo hicieras por complacerme, has de hacerlo porque lo desees con todo tu corazón, porque sientas que es de verdad lo que quieres, la primera vez nunca se olvida.

-De acuerdo, Lauren, pero te prometo que lo pensaré.

-Y que sepas también que tienes mucho más valor para mí resistiéndote que cediendo, cualquier otro habría caído. Eres realmente extraordinario, un auténtico reto, no sabes lo afortunada que me siento de que me ames precisamente a mí.

-Yo también me siento muy afortunado de que me ames a mí.

-Yo, en ese aspecto, no te merezco, Severus. Tú crees que sí, porque te quiero desde los once años, pero no fui capaz de resistirme a mis impulsos y esperarte. Ojalá lo hubiera hecho y ahora no tendrías duda alguna, nos estrenaríamos juntos.

-Cierto.

-Así que perdóname por no hacerlo, he sido yo quien te ha condenado a ese más de un año de espera si decides que Hipólita sea la primera. Y mi consejo, aunque tire piedras contra mi propio tejado, es que la esperes, ya no por la Magia Roja, eso es lo de menos, sino por lo bonito que debe ser una primera vez para ambos.

-No hay nada que perdonar, Lauren, sabes que contaba con Lily.

-Sí, yo también contaba con ella. Al final, siempre acabamos hablando de Lily.

-Cierto.

-¿Nos libraremos de su fantasma algún día?

-Para mí es una espina que llevaré clavada para siempre.

-Pienso que para mí también. Te hizo perder siete años de tu vida, a mí, cinco.

-Y todavía hemos tenido suerte, podría habernos hecho perder la vida entera, ya te he contado antes las premoniciones de Remus.

-Desde luego. Habríamos acabado marcados los dos, mi plan alternativo, y tú nunca te habrías enamorado de mí.

-Y si me hubieran destinado al combate, como me dijiste el otro día, tú también habrías combatido y quizá habrías muerto por un Mortífago enamorado de alguien que no lo merecía. Vaya vida miserable habríamos tenido los dos.

-Pero en ese caso, si hubieras cambiado de bando y entregado tu vida por la memoria de Lily, ambos nos habríamos encontrado de nuevo en el mundo que al que van los brujos cuando mueren.

-¿Y eso? ¿Tú crees en esas cosas? – extrañado.

-No creía, pero fue otro sueño que tuve por aquella época y que después he deducido que fue una premonición. Existe un lugar donde van los brujos al morir, pero no todos, ¿eh? Sólo aquéllos que deciden en algún momento de su vida entregarla por alguien, quienes realmente lo merecen.

-Vaya…

-Tú y yo iremos, Severus, porque ambos hemos estado dispuestos a morir por los demás. Viviremos eternamente sin Horrocruxes.

-Hipólita también irá.

-Claro que irá. Y toda tu escolta y la mayoría de guerreros, tendrán superpoblación a medida que vayamos muriendo en este mundo.

-¿Por qué no me lo habías contado hasta hoy?

-Porque es el momento adecuado, para que no temas morir este verano.

-Vaya… ¿Lo soñaste de verdad o estás inventándolo para darme esperanza?

-No, lo soñé de verdad. Un sueño muy vívido además, podría mostrártelo. ¿Quieres?

-No, no. Si es cierto, prefiero llevarme la sorpresa. Debe ser alucinante morir y volver a despertar.

-Pues sí, y además te explico algo. En ese mundo apareces con el cuerpo que tenías cuando tomaste la decisión de morir por los demás, y te quedas así para siempre.

-Vaya tela… Yo viviría en los eternos dieciséis.

-Y yo antes de cumplir quince.

-Wow… Por suerte ya eras mujer experimentada.

-Pues sí, por suerte. A tu peque la tendrás con menos de catorce y sin ser mujer todavía.

-Vaya… No sé si ella era consciente de que podría haber muerto por defenderme antes del follón, pienso que lo ha sido después de entrar en contacto conmigo.

-No me lo pones mucho mejor.

-En la vida eterna me lo haría con ella igualmente, no la privaría de eso por toda la eternidad.