Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.

Palabras: 1165.

29.- Tararear

Penny bajó las escaleras con calma. La voz de Jagged resonaba a través de la puerta abierta del jardín, triste y sin energía, Penny supuso que hablaba con Pierre para que pasase a buscarlos y llevarlos de vuelta a París.

Jagged no quería volver a casa y ella tampoco lo quería. Jagged tenía miedo de su decisión y ella tenía miedo de tomar una decisión en firme.

—No, a media mañana está bien, podemos parar y comer por el camino —musitó Jagged—. Estaremos listos para entonces. Gracias Pierre.

Penny lo observó cabizbajo guardando el móvil en el bolsillo trasero de su pantalón.

—¿Estás bien?

Jagged compuso una sonrisa que pretendía ser relajada y alegre, pero que en realidad era una mueca indefinida.

—He llamado a Pierre, vendrá a buscarnos mañana. Así que nos quedan veinticuatro horas para hacer lo que queramos.

—No me has contestado —replicó Penny caminando hasta a él.

—¿Quieres la verdad o la versión del país de las Maravillas?

—La verdad.

—Pues no, no estoy bien, estoy lo más lejos que puede estarse de estar bien.

Penny se puso de puntillas para robarle un beso, echaría de menos la libertad para besarle siempre que le viniera en gana, así como el tocarle o acurrucarse en su regazo.

—Ambos sabíamos que este día tenía que llegar.

—Ya, pero ¿ahora qué?

—No lo sé, Jagged —murmuró. Penny ya tenía bastante clara su decisión, pero quería esperar a estar de vuelta en París para acabar de decidirlo, porque en aquella casa no había presión, sólo eran dos personas anónimas, en París todo era muy diferente—. Ojalá pudiera decirte qué pasará, pero no puedo.

—¿Has tomado una decisión?

Ella meneó la cabeza a un lado y otro de manera errática.

—Más o menos.

—¿Me darías una pista?

—Necesito estar en París para eso, Jagged —contestó con sinceridad.

—Me has llamado Jagged dos veces seguidas, ¿te has dado cuenta? —Pareció sorprendida de verdad. No se había dado cuenta—. No importa, lo entiendo.

Penny se preguntó qué acababa de pasar por aquella cabeza llena de música, no parecía molesto ni triste, se limitó a soltar un suspiro.

—¿Quieres hacer algo especial hoy?

—No, sólo estar contigo —respondió Jagged.

—Eso es lo que llevamos haciendo todo el mes —replicó ella.

—Pues no se ocurre nada mejor que compartir mi tiempo contigo.

A ella tampoco se le ocurría nada mejor para hacer que consumir el tiempo con él, hablar, besarse y mimarse.

—¿Quieres que te cuente un secreto?

Él asintió recuperando un poco el buen humor.

—Cuando era pequeña soñaba con conocer a una superestrella del rock, que se enamorase de mí y que me llevase recorrer el mundo con él.

—¿En serio?

—Sí, totalmente en serio —aseveró riendo—. Mis amigas soñaban con una boda, una casa con jardín y una familia perfecta, yo con un rockero errante.

»Odiaba a esos tipos aburridos que se imaginaban y me preguntaba qué iban a sacar de semejante aburrimiento de vida.

—Lo de enamorado lo has conseguido y lo de errante creo que también.

—Creo que en mi sueño no entraba lo de los conciertos ni pelearme con tu productor, pero me encanta vivir así.

Jagged dibujó una sonrisa entendiendo un poco mejor porque le asustaba tanto aquello. La realidad entraba en conflicto con el sueño infantil de Penny.

—He pensado en algo, iba a decírtelo al volver a París, pero supongo que ahora es tan buen momento con cualquier otro —declaró con calma—. Hace tiempo que intentan que haga giras más amplias. —Penny asintió, siempre le daba el mensaje y acababa siendo la que tenía que rechazar la oferta—. Pues creo que voy a aceptar por lo menos un par de ciudades nuevas.

—Eso es fantástico. ¿Has decidido cuáles?

—No, para eso te tengo a ti.

Penny soltó una carcajada sincera, típico de él, no podía decir que le sorprendiese.

Tal vez no fuese lo más apropiado para aquel último día de soledad e intimidad, no obstante, Penny, decidió abrirse un poco más y explicarle cosas de su infancia, de su barrio e incluso de sus padres. Jagged la escuchó atento y complacido y aceptó aquel tema de conversación explicándole parte de su niñez también, entre besos y arrumacos hasta que les sorprendió la madrugada.

La última noche parecía no tener ningún sentido. Jagged se estiró en la cama envuelto en su pijama estridente mientras Penny acababa de lavarse los dientes. Regresar a París era lo último que deseaba hacer, sus noches sin Penny serían absurdas. Tal vez no había sido buena idea aquel viaje, porque ahora que había estado con ella regresar a la realidad y la soledad le parecía una tortura.

—Estás preciosa —susurró al verla entrar, ella le sonrió tirando de la camiseta que llevaba puesta.

—Mentiroso.

—Lo estás con cualquier cosa que te pongas.

Se acurrucó con él en la cama, la mano sobre su pecho sintiendo los latidos de su corazón que aceleraron por un momento.

—¿En qué piensas?

—En una buena letra para una canción.

—¿Para uno de los temas nuevos?

—Algo así. Penny, gracias por estos días que me has regalado.

—Eso debería decirlo yo —susurró, Jagged la rodeó con el brazo para acercarla más—. Me has dejado hacer todo lo que he querido, sin presiones, sin reproches...

—Puede seguir siendo así.

Penny le sonrió.

—Creo que tu carrera discrepa contigo.

—No es la que manda las veinticuatro horas del día —declaró dejando un beso en su frente—. El resto del tiempo puedes seguir haciendo lo que quieras.

—Entre lentejuelas y cosas que recuerdan a la torre Eiffel.

—Penny, no puedo dormir. No quiero volver a París.

Le entendía, ella tampoco quería volver, no quería pelearse con medio mundo para conseguir sus caprichos, buscar cosas que no existían, montar entrevistas cómodas, mantener a raya los rumores, batallar con Bob... estaba agotada con sólo pensarlo, por no hablar de la distancia que volvería a abrirse entre ellos decidiera lo que decidiese.

—Cuando era pequeña y no podía dormir mi padre me cantaba una canción de su tierra —susurró acariciando su pecho—. No me acuerdo de la letra, pero puedo tararearla si quieres.

—¿Harías eso por mí?

Tararear una canción no era nada del otro mundo, era algo que podría hacer cualquiera en cualquier momento, sin embargo, Penny, entendió que se refería al hecho de compartir algo tan valioso como un recuerdo de su infancia y de su padre con él.

—Por supuesto, sólo tienes que cerrar los ojos y pensar en el lugar que más te guste del mundo. —Penny se movió, apoyando su peso sobre el codo, le vio cerrar los ojos. Le apartó el flequillo de la frente con cariño—. Te quiero.

Cerró los ojos también y tarareó la canción salpicándola en un susurro con alguna frase dispersa que recordaba. El ritmo de la respiración de Jagged cambió y Penny supo que se había dormir sin llegar a oír el final.

—Buenas noches, Jared.

Continuará

Notas de la autora:
¡Hola! Ahora sí que sí, entramos en el tramo final de la aventura, con el regreso a París de nuestros tortolitos.
Mañana el penúltimo capítulo.