Capítulo 38
Cuando Sasuke, Naruto y varios de sus hombres llegaron hasta la puerta de la gran fortaleza, se apearon de sus caballos. Haar estaba nervioso. Había olido a Unne y estaba como loco por ir tras ella. Sasuke, que era consciente de ello, lo sujetó.
Rasa Sabaku, al ser avisado de la llegada de aquellos particulares invitados, salió a recibirlos con una gran sonrisa, y Sasuke, dirigiéndose a sus hombres, dijo ignorando sus miradas de recelo:
—Recordad, comportaos en todo momento.
Aquéllos asintieron ofuscados cuando Rasa saludó al llegar frente a ellos:
—Sed bienvenidos a mi hogar, que ahora es vuestro también. Pasad al salón. Allí tenéis bebida, comida y a algunas invitadas deseosas de conoceros.
Los hombres observaron a su señor y, tras dirigirles una mirada de advertencia, Sasuke les indicó:
—Id. Ahora iré yo también.
En cuanto se alejaron, Rasa miró a Naruto y murmuró:
—Gracias por venir, muchacho.
El highlander asintió con gesto serio, cuando aquél preguntó:
—¿Has pensado ya en lo que te propuse?
Naruto tragó con dificultad. Adoraba a la hija de aquél, la quería, pero era incapaz de saber si podría perdonar lo que había ocurrido.
—Sí —afirmó.
—¿Y qué has decidido? —insistió Rasa esperanzado.
Naruto miró a su amigo, después se miró las manos y finalmente, levantando el mentón, indicó:
—Será mejor que anule el enlace.
En cuanto oyó aquello, Rasa se entristeció. Sin duda, su hija iba a sufrir. Y Sasuke, sorprendido por la decisión de su amigo, preguntó mirándolo:
—¿Qué haces?
Naruto sacudió la cabeza confundido.
—Simplemente, lo que he de hacer.
Sin entenderlo, Sasuke se acercó más a él y musitó para que Rasa no lo oyera:
—Creí que querías a Temari. Creí que...
—Y es cierto, pero, por mucho que la quiera, no puedo ignorar que su gente mató a mi familia.
—Pero, Naruto...
—No, Sasuke. No insistas.
Aunque apenado por la decisión que había tomado su amigo y que sabía que lo haría infeliz, el highlander asintió. Si él no quería hablar más del tema, debía respetarlo. Y, mirando a un triste Rasa, fue a hablar cuando aquél se le adelantó:
—De acuerdo, muchacho. Hablaré con el consejo esta noche y, una vez acabada la fiesta, el divorcio entre Temari y tú será efectivo.
Naruto asintió. Eso sería lo mejor. Y, tras un tenso silencio, finalmente Sasuke preguntó:
—Rasa, ¿sabe Neji que quiero hablar con él?
El hombre asintió, y, sin querer pensar en lo que su hija había decidido hacer si aquél la repudiaba, afirmó:
—Vamos, nos espera en las caballerizas.
Rasa echó a andar y los dos escoceses lo siguieron, cuando Sasuke, mirando a su ceñudo amigo, preguntó:
—¿Estás seguro de lo que vas a hacer?
Naruto resopló, pero, sin querer dar su brazo a torcer, afirmó:
—Por supuesto que sí.
Neji estaba al fondo de las caballerizas, jugueteando con el lobo. Al verlos, metió al animal en un lugar de donde no pudiera escapar y, tras decirle Rasa algo en noruego, se preparó para hablar con aquéllos.
Mirándose con cierto desafío, Neji y Sasuke dialogaron teniendo como intérprete a Rasa, que intentaba mediar entre ellos como podía. El escocés preguntó todo lo que quiso acerca de Sakura, y Neji, al principio cohibido y después algo más relajado, respondió omitiendo lo que le había prometido a Sakura.
Sin conocer realmente al escocés, el vikingo sabía que la única oportunidad que su querida cuñada tenía de salir ilesa de aquello era aquel hombre y, como fuera, intentaría que la ayudara.
Una vez Sasuke hubo satisfecho su curiosidad, Neji dijo dirigiéndose a Rasa:
—Ahora pregúntale a él qué es lo que quiere de Sakura.
Al oír eso, el hombre parpadeó, y Neji insistió:
—Por favor. Me gustaría saberlo.
Sasuke los observaba sin entender nada, cuando Rasa murmuró:
—Neji quiere saber qué quieres tú de Sakura.
A Naruto le hizo gracia oír eso y, cuchicheando en dirección a su amigo, apostilló:
—Eso..., responde. ¿Qué quieres tú de Sakura?
Sasuke, incómodo al ver que aquellos tres hombres lo observaban, respondió intentando mantener la frialdad:
—Dile que lo único que quiero es ayudarla.
Rasa lo comunicó y Neji, al oírlo, asintió e indicó con gesto fiero:
—Pues dile que, si sólo quiere eso, que no la vuelva a besar ni a tocar, porque, si lo hace, lo mataré.
Rasa abrió unos ojos como platos, y Sasuke se apresuró a decir al ver su gesto incómodo:
—Quiero saber qué ha dicho. Palabra por palabra.
Sabaku se secó el sudor de la frente. Aquello no estaba siendo fácil para él. Y, meneando la cabeza, tradujo:
—Dice que, si sólo quieres protegerla, no quiere que la vuelvas a besar ni a tocar, porque, si lo haces, te mata.
—Su osadía es propia de un vikingo —siseó Naruto al oírlo.
Sasuke rio con provocación al oír eso. Sin entender lo que aquel otro había dicho, Neji se estiró e insistió sin importarle que llevara todas las de perder:
—Dile a ese escocés que, si la roza, lo mato. Repíteselo.
Rasa negó con la cabeza. No pensaba repetir aquello.
Entonces, Sasuke, sin entender nada a excepción del gesto del vikingo, afirmó mirando a Rasa:
—Dile a este maldito bárbaro de ojos perla que tenga cuidado, no vaya a ser yo quien lo mate a él.
—¡Por todos los dioses! —murmuró Rasa, a cada instante más acalorado.
—¿Qué ha dicho? —preguntó Neji sin pestañear.
Rasa finalmente se lo tradujo y entonces el vikingo sonrió.
Durante unos segundos, Sasuke y Neji se miraron a los ojos.
Quizá hablando no se entendieran, pero con la mirada se entendían a la perfección. Y ninguno dijo más. No hacía falta.
