Estaba sentada sobre la misma cama en que había despertado antes, con las piernas estiradas sobre el colchón y su espalda recostada sobre un par de almohadas contra el espaldar. Tal cual le había dicho Sylas, le había traído comida, bebida e incluso unos libros para que se distrajera. El anuncio había sido salir a la mañana siguiente, una vez que comenzara a amanecer partirían a Demacia. Él la haría entrar, la haría pasar las fronteras y la llevaría hasta el palacio, o al menos eso había asegurado.
El acuerdo había sido que solo irían ellos dos. No quería arrastrar más vidas con ella, no quería poner a nadie en riesgo ni iniciar una nueva guerra civil en Demacia. Había sido suficiente. Aún no se recuperaba de lo ocurrido en el vacío, además, había entregado gran parte de su magia y su propia escencia vital para evitar que Darius muriera. No podía permitirse una batalla de esa magnitud, además, ella sabía que Jarvan no era precisamente alguien débil, y sumado a eso, tal vez ella no podría usar su forma celestial y por tanto tendría que pelear con los poderes que lograba dolor antes de saber quién era realmente. Estaba en clara desventaja.
Hablarlo con Darius había sido duro. Pero ambos sabían que para ellos, aquello sería temporal. Solo hasta que Lux pudiera sacarlo desde adentro del poder. No le había dicho nada a Sylas. Nada más allá de que quería hablar con Jarvan IV. No le había dicho sobre lo que iba a proponerle, ni sobre su verdadero poder o sobre Darius. No quería darle detalles, pues no confiaba en él y no quería darle información que pudiera utilizar luego en su contra.
Otra cosa cierta era que, ella conocía el tipo de magia que usaba Sylas, sabía que podía absorver la magia cerca de él y usarla cómo suya, así que no podía permitirse mostrar su verdadero ser, tal cantidad de poder, en manos de Sylas, no parecía algo bueno, sería mejor mantener sus poderes apagados, al menos mientras no fueran necesarios.
Apretó los puños sobre sus piernas y respiró profundo, Sylas, y su propio poder juntos, era cómo llevar una bomba a Demacia, y lo peor era que en ese momento no tenía otra opción.
—¿Lucecita? —Se giró al escuchar que le llamaban—. Duérmete, aún es temprano.
—No tengo sueño. Duerme tú, —pidió.
—¿Quieres que te ayude a dormir?
—¿Cómo? —Preguntó.
—Fácil —se levantó en sus rodillas y le quitó las mantas—. Es tan simple cómo que te canses un poco.
—Sylas, basta.
—Vamos, Lucecita, si a ti también te gusta —sonrió exhibiendo toda su desnudes y Lux desvió la mirada sonrojada.
Se quedó en silencio, mientras Sylas la besaba, la abrazaba y la tocaba. No podía mentiras a sí misma. A pesar de todo lo que le había hecho, guardaba sentimientos por él, por eso mismo había terminado cediendo al deseo.
El sol salió.
En Demacia, desde antes del alba ya había movimiento en las calles. Con los acontecimientos recientes la seguridad había aumentado. Jarvan IV, más en un acto de venganza que confianza había designado a Fiora cómo capitana de la vanguardia. Ella no estaba de acuerdo, no era la sombra de nadie y mucho menos de Garen Crownguard, pero tampoco podía rechazar una orden de su rey.
Había llegado a Demacia con las manos vacías, varios de sus hombros y ella misma heridos de gravedad. Cuando había explicado a Jarvan sobre la emboscada, éste solo le había dicho que era una incapaz, que en una situación cómo esa, seguramente Garen hubiese cumplido su misión. Aquello le había herido el orgullo, pero a la vez le había motivado a seguir adelante. Le haría tragarse sus palabras.
Recordaba lo acontecido el día anterior y la furia le acosaba. Habían sido atacados, había abandonado el vehículo con Quinn, cuando intento volver para sacar a Lux un nuevo ataque ocurrió y lo que recordaba después era ella misma tratando de ponerse a salvaguardo. Intentó ver quién les atacaba, pero lo último que alcanzó a ver era un hombre de largo cabello negro llevándose a Luxana en total estado de inconsciencia.
Ese mismo día, había enviado una comitiva a buscar a Lux cerca al lugar en que los habían emboscado. Sabía que ella no había escapado por deseo propio, era obvio pues ella pudo resistirse en Piltover. Había visto su verdadero poder y fácilmente pudo resistirse, pero, por alguna razón parecía decidida a querer encarar a Jarvan, su experiencia en batalla le decía que tal vez era un truco para, al estar frente a Jarvan, darle muerte, pero, al mismo tiempo, confiaba en que una vez en Demacia, si era cubierta por petricita, sería prácticamente imposible que usara sus poderes, ¿cierto?
Derrotó al 6to oponente del día y arrojó la espada de práctica con las demás. Acaba de recordar lo que le dijo Jarvan IV cuando la envió a por Luxana. No respondió a quien le preguntaba por qué se iba. Solo siguió su camino. Se detuvo después de una larga caminata cuando estuvo frente al palacio. Subió las escaleras, cuando las puertas fueron abiertas ante ella, y con el sudor aún corriendo por su frente y su espalda se detuvo frente a la figura de su ahora rey en el comedor del palacio.
—¿Fiora?
—Renuncio —dijo sin más.
—¿Disculpa?
—Me dijiste, cuando me enviaste a Piltover, que Luxana se había aliado a Noxus, que deseaba destruir a Demacia, pero no es lo que yo ví.
—No entiendo a qué viene todo esto. Luxana es un mago, tú lo has visto. Y si estuviste en Piltover, debiste comprobar por ti misma su cercanía a los noxianos.
—En efecto, ví cosas que no pensé que vería y supe cosas que me sorprendieron sobremanera. Pero, también ví a una chica preocupada por todos. Fue apresada y no opuso resistencia. Salvó a todos y según entendí, acabó con una amenaza mayor. Exactamente, si ya había "desertado" de Demacia, si públicamente era conocida su traición, ¿qué peligro representa para Demacia?
—¿Cómo puedes no verlo? Puede ser una fuga de información. Seguramente mientras osas venir y me increpas esto, Noxus debe estar recibiendo una lista detallada de nuestras fuerzas militares. Sobre todo porque Garen también se ha ido con ellos.
—Hay cosas que no acaban de encajar para mí, así que prefiero retirarme de ésto ahora, —se dió la espalda dispuesta a salir.
—Si renuncias, serás arrestada por sublevarte ante tu rey. No puedes poner en duda mis palabras.
—No dudo de sus palabras, dudo de sus acciones, de los motivos tras ellas y de mí misma. Dudo de las decisiones que he tomado y por qué lo he hecho. ¿Vas a apresarme por ésto? Adelante. Mí apellido ha sido pisoteado por ustedes desde hace muchos años. ¿Qué diferencia hará ésto ahora?
—Pensé que deseabas elevar el orgullo de los Laurent. Es por lo que has luchado desde que murió tu padre.
—Mí padre no murió, yo lo asesiné, para salvar el orgullo de otros y conservar un poco del mío propio, y no he obtenido nada a cambio. No quiero recibir la capitanía de la vanguardia solo porque Garen ya no está en Demacia. La quiero recibir el día que demuestre que soy más digna que él para hacerlo. —Detuvo su andar y se volteó para verle a los ojos—. Si me mandarás a arrestar a mí también, ya sabes dónde encontrarme. —Siguió su camino hacia la salida en completo silencio, con la barbilla en alto y las manos en la espalda.
—Maldición —salió del comedor, yendo tan rápido cómo podía a su habitación.
—¿Alteza? —La voz de Shyvana le hizo detenerse—. ¿Está todo en orden? Parece alterado.
—Luxana escapó, Fiora acaba de renunciar a la Vanguardia, Garen desertó y nadie parece entender que el destino de Demacia está en juego. —Suspiró, pero su frente seguía arrugada—. Quiero estar solo.
Subió las escaleras y la puerta de su habitación se dibujó ante él. Entró y cerró tras de él, dejando claro a los guardias que sin importar quién lo buscara, no quería ser molestado. Caminó despacio hasta la cómoda y de un movimiento rápido, con la ayuda de su brazo arrojó al suelo todo lo que ahí había.
Todo lo que ocurría iba en contra de sus planes. Maldijo una y otra vez mientras su ira explotaba contra las decoraciones de su alcoba. Por qué nadie más entendía su punto de vista. No cedería, no habían muchas personas enteradas de aquella "profesia", pero él no iba a permitirla. Una sucia maga, sin importar quién fuera, jamás iba a ser la reina de Demacia. Le había ofrecido a Camille cada pricionero de Demacia para sus experimentos a cambio de que se deshiciera de ella, pero no, no lo había hecho. Otra incompetente.
Arrojó una estatuilla de porcelana contra una de las paredes y cerró las ventanas. No quería saber nada, sobre nadie, sobre nada. Tomó de su escritorio unas pastillas y un vaso de agua, las bebió y se recostó en su cama. Con las ventanas cerradas la oscuridad era su única compañía. Se sentía en paz.
Abrió sus ojos cuando un ruido estruendoso atravesó sus oídos. Buscó en la oscuridad de su habitación, mientras su vista se adaptaba a la poca iluminación y alcanzó a ver una figura entre las sombras. ¿Una mujer? Se levantó tan rápido cómo pudo y tomó la lanza que estaba al costado de su cama.
—¿Quién anda ahí? —Preguntó con firmeza, apuntando con su lanza en aquella dirección.
—Baja el arma, solo quiero hablar contigo.
—¿Lux? —Preguntó aún luchando por confirmar si era quien sospechaba.
—Sí. —Le vió moverse en dirección a la ventana y correr las cortinas, dejando que la luz del exterior la iluminara—. Tengo que hablar contigo.
—¿Cómo haz llegado hasta aquí? —La rubia se encogió de hombros y retrocedió un par de pasos. Buscaba mantener una distancia prudente.
—Ya te dije, quiero hablar contigo.
—¿Sobre qué?
—Sobre Demacia, ¿qué si no es eso? —tomó una de las flores en el suelo y la levantó. No había un jarrón para colocarla pues estaban quebrados en el suelo. Suspiró—. Supe que has esparcido rumores sobre mí.
—¿A eso haz venido? ¿Deseas que me retracte y pida disculpas públicas?
—No. De hecho, solo vengo a aclarar las cosas. En efecto, guardo sentimientos, más fuertes de los que podrías imaginar por Darius. Más no es algo que tenga nada que ver con Demacia o Noxus y ahí viene el otro asunto. No estoy "haciendo alianzas con Noxus para destruir Demacia". De todos modos, puedes verlo como una atracción momentánea si así lo deseas.
—¿Por qué me das estás explicaciones? Si es que se pueden llamar así.
—Es simple. Debes saber ésto porque, si no aclaro éstas cosas, ¿cómo se supone que podamos tener una sana convivencia? Tú lo sabes, sabes que yo debo reinar en Demacia, sabes que un anciano se lo dijo a tu padre hace mucho y por eso su majestad buscaba comenzar a dar ciertos derechos a los magos. Derechos que tú negaste a ceder, e incluso les hiciste más daño tras la liberación de Sylas.
—Y eso fue tú culpa. Mí padre quedó postrado en una cama por tú culpa. Y vienes aquí, con una sonrisa a hablar de derechos para los de tu tipo, a hablar de reinar y "aclarar las cosas".
—Mí propuesta es simple, Jarvan, tú aceptas o rechazas. Te casarás conmigo, serás rey de Demacia y decidiremos juntos el rumbo de ésta nación —Jarvan rió con sorna, pero Lux alzó la voz para hacerse escuchar—. Buscando que las personas vivan bien, sin importar si han sido bendecidos con magia o no.
—¿Y si me niego?
—En ese caso —se levantó y caminó despacio hacia el, y a cada paso su cuerpo cambiaba, tomando la apariencia celestial que era su verdadero ser—. Tendré que cumplir con el designio divino, cortar tu cabeza y tomar mí lugar como única y verdadera reina de Demacia.
—¿Me estás amenazando? —Apretó el soporte de la lanza—. No estás en condiciones para eso. Además, ¿crees que si me matas, podrás gobernar Demacia? La gente jamás aceptaría a una asesina.
—Estoy segura de que la gente va a aceptarme. Pero, no quiero disputas, no quiero odio, ni más sangre, tú decides, Jarvan.
—Me condicionas cuando eres tú quién ha traicionado en más de una ocasión a Demacia.
—Te condiciono porque no tienes derecho al trono de Demacia, ni por derecho, ni por linaje. Porque tú, no eres hijo legítimo de Jarvan III y lo sabes y él también lo sabía.
—¿De dónde sacas eso?
—De la misma persona que le dijo a tu padre que yo debía reinar. Es conmigo o nada, tú decides, Jarvan —caminó despacio en reversa, alejándose del principe—. Tienes 3 días.
Atravesó la puerta y desapareció tras ella. Sin decir nada más. Dejándolo confundido, enojado y herido. Ella lo sabía, si ella lo sabía probablemente otras personas también. Maldijo internamente y lanzó su arma con fuerza contra la puerta, enterrandola en la madera. ¿3 días?
Esperaría 3 días, no para darle una respuesta. Para atarla con petricita y cortarle la cabeza. Era una maldita bruja que debía morir.
