Miraculous Ladybug pertenece a Thomas Astruc, Zag Animation, Disney y TF1, hago esto sin fin de lucro.
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Je Suis
Por Mimi chan
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Capítulo 34
Desde el principio sabía que no sería fácil, que desafiar al corazón sería una pelea que sería todo, menos simple.
Podía decir que, por lo menos, la parte que había pensado sería la mas complicada había sido la mas simple. Decirle a Louis que tenía "novio" no le había hecho demasiada gracia, porque él, evidentemente, quería que Adrien fuera su novio, pero cuando se lo había presentado, Felix había tenido la genial idea de ir con sus gemelos, eran los niños mas traviesos que había visto en su vida, se habían reunido en central park y los tres había brincado, saltado y corrido, casi parecía por todo lo largo del parque, se habían caído tan bien entre ellos, que cuando regresaron solo dijeron que estaba bien que fuéramos novios, ellos estaban mas interesados en que si éramos pareja ellos podían ser amigos o incluso hermanos, que en otra cosa.
Mike y Kagami estaban felices por la noticia, incluso Cole parecía contento con ello. Los ramos de rosas en la oficina habían hecho correr por la agencia la noticia. Todo mundo estaba o feliz o francamente celosos de ella, por haber atrapado a uno de los solteros mas solicitados de la ciudad – Felix ganaba como él mismo lo había llamado "dinero de verdad". – Había fotografías de los dos en muchos eventos sociales y en cosa de un mes se habían convertido en una de las parejas mas sonadas de la cuidad.
Solo había un rostro que evidentemente reflejaba cuanto odiaba esa situación.
Tres días atrás Adrien había sido dado finalmente de alta, le habían retirado la escayola y había podido regresar a su propio apartamento. Desde ese momento cada vez que iba a su casa trataba de hablar o tratar con ella lo mínimo posible. La mayor parte de las veces iba por Louis y lo llevaba fuera de la casa. No había hablado con él sobre Felix y aunque sabía que no tenía porque, aun dentro de su pecho estaba esa sensación de ser infiel. Ninguno de los dos tenía que guardarle nada al otro. Marinette sabía que Adrien también tenía que tener citas, salir con mujeres, no lo imaginaba célibe o solo. Un hombre tan guapo, tan divertido, tan dulce y tan apasionado… bien, veía difícil la posibilidad de que estuviera solo, pero hasta el momento no debería tener nada serio con alguien. Sabía que Louis se lo diría.
Lo echaba de menos. En el poco tiempo que tuvo para estar con él, viviendo en el mismo lugar, a pesar de que casi todo el tiempo lo evitaba. Esos pequeños momentos que no lo hizo, hablando de Louis, riendo juntos, habían alimentado de nuevo esa sensación de esperanza en su alma y…
Había elegido, sabía que había elegido bien y sin en cambio aun se sentía mal.
No dejaba de decirse a si misma que Adrien lo superaría, que tenía que entender en algún momento que ellos no iba a estar juntos de nuevo. Seguiría adelante y ella tenía que hacer lo mismo. Si ella lo entendía, tendría que entenderlo él también más tarde o más temprano.
O al menos esa era la idea de la que trataba de convencerse a si misma.
Todo lo demás había sido tan sencillo. Que la verdad fuera dicha, se había sentido sorprendida cuando "aquello" había pasado.
La temporada de invierno llegaba y así como se cambiaba de modas en la ropa, se cambian las tendencias de las modelos. Las pasarelas estaban mucho mas interesadas en invierno por pieles níveas y cabello rojo o rubio, que, por latinas de piel morena, o asiáticas de pelo negro. Una diseñadora había ido el día anterior especialmente para pedirle el contrato de cinco modelos nuevas con esas características específicas. Así que eso significaba hacer entrevistas, revisar portafolios, pedir referencias, comprobarlas, y hacer contratos. En síntesis, mucho, mucho trabajo.
Cuando aquella bellísima mujer entró en su oficina con su postura de reina de belleza en su corto y elegante vestido rojo y se sentó frente a ella, Marinette solo pensó "es demasiado bella para ser modelo". Las modelos, aunque la mayor parte de la gente pensara lo contrario, por lo regular eran chicas comunes y corrientes, muchas de ellas llegaban incluso en jeans y sudaderas a las entrevistas. La mayoría de ellas lo que poseían era evidentemente, un cuerpo bien esculpido y alguna característica prominente. Los labios, los ojos, el cabello. Algo que un excelente estilista pudiera usar para hacerlo exótico e inconfundible. Pero esta mujer vestía, casi podía estar segura un Dior que había visto en la primavera de París de ese año, dejó una cartera con la CD inconfundible sobre la mesa de café frente a ellas.
— Muy buenos días – dijo Marinette con la misma educación que usaría con cualquiera de las modelos, aunque sabia que esta no era una — ¿Cuál es su nombre?
— Claudia Burgeois – dijo ella acomodándose en el sillón confortable y grande que estaba en la salita donde hacía las entrevistas.
El apellido de la mujer enseguida sonó en su cabeza, un apellido que se había vuelto un sinónimo no de cosas muy halagüeñas, pero quizá solo era una coincidencia. Sino lo era, seguro lo descubriría en ese momento.
— ¿Tienes alguna experiencia? – empezó con las preguntas de rutina, aun confundida, pero esperando.
— ¿Como modelo? – preguntó despectivamente – ¡Por Dios! ninguna, mi padre me mataría si se me ocurriera dedicarme a algo como eso.
Marinette soltó los papeles que sostenía donde había estado tomando notas, era evidente ahora que esa mujer no era modelo y entonces, ¿Quién era?
— Srita. Burgeois en este momento estoy haciendo entrevistas para algunas modelos, supongo que mi secretaria pudo confundirla con una – le explicó ahora que, por lo menos sabía que no era una modelo — si necesita hacer algún contrato para…
— Tu secretaria no se confundió – la interrumpió la bella mujer — le dije que venía a una de esas entrevistas para poder tomarte con la guardia baja.
— ¿Disculpe?
— Vengo aquí a hablar de Felix – dijo la mujer con una deliciosa sonrisa.
Con sinceridad Marinette estaba a cada minuto más y más confundida, y aquella mujer no ayudaba, esta se había dado tiempo de sacar un pequeño espejo en un estuche de plata y revisar su perfecto maquillaje.
— Hable – dijo de forma directa Marinette.
— Me alegra que tomes esa actitud – dijo la mujer guardando su espejo – solo al verte sé que los rodeos no van contigo. Tengo el ojo puesto en Felix desde hace años. Cuando quedó viudo muchas mujeres hacían fila para remplazar a su esposa, pero no se fijo en ninguna, supongo que su matrimonio debía de funcionar.
— Se amaban – le dijo la joven francesa.
— Sí, eso es tan extraño – dijo como si le resultara o demasiado sorprendente o divertido – y entonces apareces de la nada y acaparas toda su atención, las revistas de corazón ya te ven vestida de blanco.
— Señorita Burgeois, cada vez la entiendo menos.
— Me encanta, Felix.
La forma en la que lo había dicho, bien, le había hecho pensar que hablaba de un hermoso caballo, de un perro o un vestido.
— Y ¿eso qué significa? – preguntó con franqueza Marinette — ¿Qué me debo quitar de en medio o algo por el estilo?
— Oh, eso me encantaría – dijo divertida aquella mujer — pero serias demasiado tonta si hicieras algo como eso. Solo quería verte para decirte eso, que me encanta y las cosas que me gustan de uno u otro modo las consigo.
Marinette estaba haciendo de verdad un esfuerzo enorme por no echarse a reír, se preguntó de inmediato si había sido la clase de niña que quería un poni y sus padres corrían a comprárselo.
— Pues, solo puedo decirle una cosa Srita. Burgeois – dijo Marinette casi con una voz cándida – peleé por él si lo quiere, pero tengo que decirle que no creo que Felix sea del tipo que solo se consigue extendiendo la mano y esperando que caiga dentro de ella.
— Pues nosotros ya tuvimos una divertida aventura ¿Sabías? – dijo con una amplia sonrisa. Marinette olió la mentira enseguida — algo apasionado y muy muy… tú sabes.
— Pues – Marinette suspiró sin emoción — espero que haya sigo divertido para los dos.
— ¿No te importa? – dijo la mujer sin abandonar.
— No se me ocurriría que Felix hubiera sido un monje desde que su esposa murió – le dijo como respuesta.
— Pero – agregó aquella mujer — fue cuando él aun estaba casado.
Marinette la miró casi sin poderse aguantar la risa. La mera idea de que Felix le hubiera sido infiel a su esposa, era irrisoria. Cada vez que había hablado de ella había habido tanta pasión y tanto amor en su voz, que, si lo quisiera de la forma en la que deseaba quererlo, se sentiría incluso celosa. O la idea de que esa mujer le estaba insinuando si ella se casaba con Felix le sería infiel.
— Srita. Burgeois… usted no tiene ninguna ganancia al decirme esto, no confiare mas o menos en Felix por las cosas que me esta diciendo – le aclaró, porque estaba segura que eso es lo que estaba buscado — podrían ser mentira o verdad, pero lo cierto es que no me importa. – se puso de pie — Ahora bien, tengo mucho trabajo por hacer y…
— Se encontró una lista para variar – dijo la mujer poniéndose de pie junto a Marinette con una luminosa sonrisa, la verdad es que no podía ver cómo se sentía al no resultar las cosas como las había planeado – que tenga bien día.
— Igualmente.
La elegante mujer salió de su oficina dejando un profundo aroma de channel y en todo lo que ella podía pensar en que eso, había sido sin duda… poco cotidiano.
[…]
— Así que ¿A ti también te ha ido a ver? – dijo el hombre con lo que no podía ser mas que diversión.
Marinette detuvo su bocado a medio camino y miró a Felix con curiosidad. Aquella misma tarde cuando había terminado la mayoría de las entrevistas había aparecido en su oficina y prácticamente obligándola a ir a comer con él, eran las cuatro de la tarde y la verdad es que solo tenía café en el estomago.
— Oh – dijo casi con diversión, la mujer que la había visitado esa mañana no había salido de su cabeza, no estaba molesta o contrariada, solo moría de curiosidad — tienes que contarme que hay con ella.
— Bueno — Vio a Felix tomar un largo trago de vino como si estuviera ordenando sus ideas y finalmente le dijo — Claudia era amiga de mi esposa, todavía no entiendo cómo, porque eran completamente diferentes. En fin, Claudia siempre quiso tener algo que ver conmigo, pero estaba tan enamorado de Bridgette que de verdad no tenía ojos para nadie más, Claudia evidentemente nunca lo entendió.
— ¿Sabes que me dijo? – dijo Marinette, con menos diversión que había sentido con aquella mujer, porque no sabia como es que lo tomaría Felix – que habías tenido una aventura con ella, cuando habías estado casado.
— Ella lo deseó – dijo enseguida con una sonrisa — me lo propuso un millón de veces, pero no, nunca paso.
— ¿Ni siquiera después de que tu esposa muriera? – preguntó la joven con cautela, simplemente por curiosidad.
— No – dijo con tranquilidad – Claudia es… bueno no es mi tipo en realidad. Quiero una compañera, no otro bebé.
Marinette no pudo retener su risa ante el comentario de Felix, tan alto que llamó la atención de las demás personas a su alrededor, poco a poco pudo controlarse apenada solo para ver que Felix era quien estaba riendo aun mas alto que ella.
[…]
Por algunas semanas Felix y Marinette tuvieron la insidiosa presencia de Claudia Burgeois, tal pareciera que los siguiera porque se la topaban en los lugares mas extraños. Ahora bien, Claudia también era una persona importante en la sociedad de Nueva York y podía ser solo coincidencia. Pero el instinto de Marinette decía otra cosa. Ella ya había sido perseguida antes, sabía lo que se sentía tener unos ojos mirándote constantemente, analizando la forma en la que te movías o que es lo que hacías. Aun en lo desconocido de su escondite, los ojos de Papillon parecían siempre observarla y siempre había querido salir corriendo y era lo mismo que sentía ahora. Aquella mujer la estaba siguiendo por lo menos a ella, pero cómo no había vuelto a abordarla o no había hecho nada para dañarla la había tachado como inofensiva, y le preocupaba, porque cada vez que había catalogado a alguien como inofensivo, la mitad de las veces era todo lo contrario.
Y esta mujer había sido de las de ese tipo.
Después de casi un mes desde que la había abordado en su oficina, ella y Felix habían sido invitados a una exposición fotográfica. Era un evento abierto, todas las personas que así lo desearan podían asistir, así que había un poco de todo, desde personas en trajes elegantes, hasta gente con ropa de lo más casual y uno que otro turista. A ella personalmente la fotografía le encantaba y las tomas de este fotógrafo eran muy buenas, había una fotografía fantástica de la cuidad al atardecer a punto de una tormenta, con nubes rosadas y naranjas y el rio reflejando al cielo anegado de un brillo del ultimo sol que sabía se vería fantástico en su oficina.
Se separó solo un segundo de Felix para buscar al artista y preguntar por el costo de la fotografía. Cuando volvió allí estaba Claudia Burgeios a un lado de Felix con una expresión mortalmente sería como si le dijera a Felix algo muy importante, en ese momento el hombre la volteó a ver con… esa mirada.
Con la frente en alto se acercó a Felix y Claudia que la dejaron llegar a su lado.
— Buenas noches Sita. Burgeois – saludó Marinette con educación a la hermosa mujer de vestido negro.
— Buenas noches mademoisele Dupain – dijo con una sonrisa satisfecha – hablaba con Felix, espero no le importe que haya tomado un momento a su acompañante. Pero estoy segura que es un tema que le interesa también, hablábamos sobre Paris, ¿Sabe?
— ¿Ha visitado Paris? – preguntó con educación Marinette, si le seguía la corriente quizá se fuera mas rápido.
— Sí, fui solo en una visita relámpago – le respondió aquella mujer — y en el camino me enteré de cosas muy interesantes sabe. En mi estadía, la cuidad estaba en algún tipo de celebración, ¿Cómo la llamaron? Oh sí, el día de los héroes.
A pesar de visitar la ciudad a menudo, a veces Paris parecía especialmente lejano y distante. El día de los héroes. Marinette se preguntó si las bandas de la ciudad seguirían saliendo a tocar música a las calles o el alcaide aun daba esos discursos tan amables frente a la estatua a Chat Noir y Ladybug. ¿La gente común y corriente aun recordaría los años cuando monstruos gigantes caminaron entre ellos y dos adolescentes los rescataban?
— Paris tiene esta historia adorable que casi parece sacada de un cuento para niños. - Continuo Claudia hablando recargada en el brazo de Felix como si fuera el cuento de una pijamada - Monstruos, héroes y villanos. Supongo que tú conoces la historia.
— Sí, conozco la historia – dijo Marinette temblando por dentro. Seguía siendo una parte de su historia que le causaba orgullo y miedo a partes iguales. Además de remordimiento por lo que no había hecho bien
— Tú… vienes justo de Paris ¿Verdad? Por tu edad, yo diría que quizá eras una adolescente en ese momento. ¿Dieciocho, veinte?
— Sí, así es – respondió Marinette casi dejando que le ganara la risa por el poco sutil intento de ponerle años de más, cuando de seguro esa mujer sabía hasta la talla de su sujetador – pero en realidad solo tenía trece años cuando todo empezó.
— Imagínate Felix – dijo con un suspiro que parecía ser soñador, aun de su brazo mirándolo con lo que podría ser adoración — Los locales cuentan que había un súper villano, así como en los dibujos para niños. Enviando monstruos y destruyendo la ciudad y apoderándose de la voluntad de personas al azar. Dime querida, ¿tú también fuiste controlada? Hiciste algo que valiera la pena con superpoderes.
— No, nunca me pasó a mí. Aunque le pasó a muchas personas cercanas a mí – Lady Wifi, Silencer, Queen Wasp, Timebreaker. Todas las personas en peligro y los destrosos a su paso eran cosas que nunca olvidaría - Y no creo que lastimar a sus amigos o destruir su hogar pudiera llamarse algo que valga la pena.
— Claudia, es muy inapropiada tu platica – Felix Trató de apartarse del agarre de su amiga.
— Oh vamos Felix, yo lo encuentro tan exótico – dijo aferrándose más a Felix, de tal modo que Marinette supo que le dejaría marcas - Te imaginas que tuviéramos como amiga a una persona con super poderes.
No la afectaba la mirada de la mujer, suspicaz incluso incriminatoria, lo que no le gustaba ni un poco era la expresión de Felix, solo ligeramente fastidiada. La repentina realidad de que jamás le podría a hablar a Felix de esa parte de su vida la hizo sentir… hueca.
Ella había sido Ladybug, poderosa, inteligente, imparable y había sido algo tan importante que no quería ocultarlo al menos de las personas importantes de su vida. Pero la expresión cansada de Felix le dijo mejor que ninguna palabra que era una historia que no le importaba.
— Siempre existe la posibilidad… – dijo una voz masculina entrando en aquella conversación – que no estuviera frente a un súper villano, si no frente a un héroe milagroso.
La voz casi fantasmal a su espalda sacó a Marinette de su ensimismamiento, volteó a ver a la persona que había hablado y como siempre, allí presente en un retruécano nuevo de ese destino suyo… Adrien.
— ¿Perdón? – dijo la mujer con cierta molestia bien camuflada – ¿Quién es usted?
— Lamento entrar a su plática sin invitación, pero no pude resistirme cuando escuche de lo que hablaban – dijo avanzando hacia la mujer de vestido negro – soy Adrien Agreste, mucho gusto.
— ¿Agreste? – dijo con una sonrisa falsa, seguro eso no lo esperaba — ¿Una reunión familiar quizá?
— Me temo que solo fue una coincidencia. Pero – Adrien avanzó para ponerse al lado de Marinette y tendio la mano a el hombre que le recordaba profundamente a su padre - primo Felix, un gusto saludarte.
— No hemos tenido el gusto de ser presentados antes, primo. – Felix recibió la mano a su primo más joven.
— Mi padre menciono que teníamos familia en América alguna vez.
— Incluso un continente a veces es pequeño para encontrar a la familia – dijo como respuesta.
— Sabe, ¿Señorita…? – Adrien regresó su atención a la mujer sosteniendo a su primo. Dejó la pregunta al aire Adrien, esperando.
— Burgeois.
— ¿Sera de casualidad algún familiar de Audrie Burgeois? Es una buena amiga de mi padre.
— No, aparentemente Burgeois es un apellido muy común – usualmente no negaría su asociación con la famosa critica de moda con la que compartía apellido, pero si este hombre realmente la conocía, no sería una buena idea.
— En fin, no importa. – continuó Adrien - Había muchas teorías sabe, sobre la identidad de muchos de los héroes milagrosos y Marinette cupo siempre en el perfil de la líder de todos. Ladybug.
— También podría haber sido Papillon, por lo que sé, nunca se supo su identidad – agrego la mujer.
— Oh, mademoiselle Burgeois, allí se equivoca. Papillon se entrego hace tres años a las autoridades de Paris…
Marinette volteo a ver a Adrien con mucho más que sorpresa. Sintiendo esa noticia Como si una serpiente la hubiera mordido de repente.
— ¿Qué? – preguntó Marinette.
— Así es - Adrien la miró un momento con una sonrisa más bien triste. Pero volteó de nuevo a ver a las demás personas en la conversación - es un caso clasificado porque es una personalidad importante y sus abogados pudieron mantener a la prensa a raya con la amenaza de muchas demandas. Papillon fue un hombre desesperado y triste que perdió todo lo que amaba. Pagó una fortuna en una fianza y cumple una condena de veinte años de prisión domiciliaria. Siempre fue un personaje dado al ostracismo, así que en realidad casi nadie se ha dado cuenta de ese hecho.
Marinette se sintió físicamente enferma, la verdad fuera dicha es que después de su decisión de cerrar esa historia no había querido saber nada más sobre que había pasado con el caso en la policía. Para ella todo terminaba con Chat Noir recuperando los miraculous perdidos, incapaz de cumplir su egoísta deseo, cualquiera que hubiese podido ser. Pero se había entregado… habían sabido quien…
— Vaya – dijo con desagrado la joven mujer de vestido negro – sabes Marinette casi había pensado que esa joven podías haber sido tú, habría sido tan divertido tener a una criminal retirada como amiga.
"¿Amigas?" Marinette miró la mujer como si le hubiera salido una cola bífida o algo por el estilo, se sentía ahora de verdad enferma, nauseabunda.
— Adrien, acompáñame al tocador – dijo poniendo una mano en su brazo cómo su fuera un ancla — no me siento bien.
— Marinette… – la llamó Felix.
— Ahora regreso – le dijo por respuesta, no se podía olvidar la forma en la que la había mirado, no sabia si lo podría pasar por alto.
Adrien la tomó por un brazo y la acompañó, pero no al baño si no a una puerta que daba a una terraza que estaba semi vacía. El aire un poco viciado de humo y polución de la ciudad llenó le los pulmones, no era tan bueno como el aire fresco, pero la estaba ayudando. Marinette sostuvo sus manos en un barandal, diez pisos altos caían a sus pies.
— Marinette… - Adrien no entendió hasta ese momento lo impresionada que Marinette podía sentirse por esa noticia. Deseo haber tenido mayor tacto.
— Quien… - Marinette respiró profundo antes de poder hablar - ¿Quién era?
— No es importante.
— Claro que lo es – Marinette giró para encarar a su viejo compañero - Antes no te lo pregunte porque asumí que había sido un desconocido sin rostro que logro escapar. Pero lo sabes, ¿verdad?
— Sí. – respondió evidentemente incómodo, tratando de evitar la mirada de Marinette. Marinette entendió de pronto, que no era solo un nombre conocido. Era una persona conocida para Adrien.
— Adrien… ¿lo conocías? – no pudo detenerse de preguntar.
— Mejor que nadie…
"… un hombre desesperado y triste que perdió todo lo que amaba. Pagó una fortuna en una fianza y cumple una condena de veinte años de prisión domiciliaria. Siempre fue un personaje dado al ostracismo, así que en realidad casi nadie se ha dado cuenta de ese hecho".
Había una persona en la vida de Adrien que encajaba a la perfección con esa descripción. Marinette se sintió helada por la sola sospecha.
— Oh por dios… - lo entendió tan de pronto que su mente aun estaba peleando por darle forma a la idea. Lo que eso significaba para Adrien.
— Sí… Papillon era Gabriel Agreste.
Marinette lo vio con horror. No podía creer lo que le estaba diciendo. Tuvo que sostenerse con fuerza del barandal de la terraza para no caer al piso.
Gabriel Agreste, su padre.
Chat Noir había llegado esa noche a la torre Eiffel, diciendo que había tenido una pelea terrible con el villano y que había logrado escapar, pero que había podido recuperar los dos prodigios. Había llegado mal herido, sangrando y con lo que parecían varios huesos rotos antes de convocar el Lucky charm.
Marinette perdió la fuerza y se sintió caer sentada en el piso de piedra helado. Su padre le había hecho eso, su padre había combatió con Chat Noir, con Adrien, hasta el punto de dejarlo muy mal herido. Su padre, su propio padre.
Y ella no había estado allí para apoyarlo, al contrario, se había ido sin despedirse poco después de eso.
— Marinette – Adrien se agachó a su lado, angustiado por la reacción de Marinette
— Por… porque nunca me lo dijiste – Pregunto la joven mujer aun sin poder creer que Adrien hubiera pasado por eso sin decírselo nunca.
— No había estado listo para reconocerlo – Quizá incluso hoy no estaba ansioso por contar esa historia - Mi padre quería los miraculous para… para traer a la vida de nuevo a mi madre.
— Pero, ¿Tu madre no había estado desaparecida?
— No. – Adrien respiró profundo antes de admitir esto en voz alta, a veces incluso a él le gustaba pesar que su madre solo seguía "desaparecida" - Murió de una enfermedad misteriosa. Mi padre… la tenía con él.
Marinette sintió como lagrimas calientes le corrían en ese momento por las mejillas. Se cubrió la boca escondiendo un gemido de dolor. Sintió su mandíbula temblar.
Se sentía mucho más culpable de lo que se había sentido jamás en su vida. Aquella noche cuando ella había decidido que todo se había acabado había sido la peor pesadilla para Adrien. Chat Noir había descubierto todo eso y aun así había peleado por los miraculous.
Solo. Lo había dejado pasar por todo eso solo.
— Perdóname – lagrimas seguían desprendiéndose de sus ojos sin poderlas detener – perdóname por favor, yo no lo sabía, no debí dejarte solo después de eso.
— Tú no lo sabias my lady – Adrien tomó las manos de la que había sido su compañera ayudándola a ponerse de pie, viendo las lágrimas que ella derramaba por su dolor. Recibiendo al menos por un momento el consuelo que había querido tantos años, siendo capaz de hablar con alguien que pudiera entender esto – además todo eso ya ha pasado.
— Debí haberte preguntado, yo… yo estaba tan feliz de que la pelea hubiera terminado que… Oh Dios, Chat.
— Hace mucho tiempo que no me llamabas así – un nombre que le traía a la memoria más felicidad de la que había sentido nunca. La mayoría de su vida como solo "Chat" había sido realmente buena.
— Por… por eso es que estabas tan enojado cuando llegaste a Milán. Siempre me pregunte porque querías dejar todo atrás, tus amigos y a todo mundo.
— Hey… al menos hubo alguien que intento hacerme sentir mejor.
Si ella hubiera sabido, si siquiera se hubiera imaginado con lo que Adrien estaba lidiando… sabía que habría sido todo diferente. Ella habría sabido, habría entendido por lo que pasaba.
— My lady, he tenido tiempo para procesarlo. – Adrien saco un pañuelo desechable del bolsillo de su pantalón y trato de limpiar sus lágrimas sin dañar el bonito maquillaje que llevaba puesto - Incluso mi padre ha tenido años para entender que lo que hacía no era correcto y por eso decidió entregarse a la policía. Yo lo he aceptado y perdonado, no me pesa más.
— Yo era tu compañera era mi deber…
— No Marinette, por favor no te culpes de nada. Todo eso quedo atrás y hoy nuestra vida es otra. Tenemos nuestro hijo, un futuro por delante.
Marinette sintió un peso en su alma que en ese momento pensó que nada podría levantar. Sabía que Adrien tenía razón, habían pasado años desde aquel momento. Y después de saberlo, lo que había vivido después con Adrien en Milán, tomaba una nueva dimensión.
Si le hubiera pasado a ella… ¿Qué habría hecho ella si la hubieran lastimado así?
Y ahora estaba allí, limpiando sus lágrimas, defendiéndola de una desconocida.
— Qué… ¿Qué hacías aquí?
— No quieres saberlo – dijo él abandonando la reserva, guardando el húmedo pañuelo de nuevo en su pantalón habiendo secado la mayoría de las lágrimas de Marinette.
— Sí, si quiero – insistió ella.
— Quería hablar con Felix – dijo con sinceridad. Sabía que era una mala idea, él no tenía ningún derecho de ir por allí tratando de defender la honra de Marinette, no era nada en su vida más allá de tener un hijo juntos que era mucho y nada al mismo tiempo – por las cosas que me ha dicho Louis, parece que van muy en serio.
Marinette volteó a ver a los ojos a Adrien, mil interrogantes se le cruzaron por la mente.
— ¿Qué tienes tú que decirle? – no había reproche en su voz, no era eso lo que sentía. Solo sentía desconcierto.
— Solo una cosa. – acaricio una última vez una se las suaves mejillas de la mujer que amaba y que sentía tan fuera de su alcance - Solo quería pedirle que te tratara bien, que ya habías sufrido lo suficiente por mi culpa.
Marinette no supo que decirle, sintió los ojos pesados, y se sentía tan triste, cosas extrañas habían pasado en un lapso tan corto de tiempo.
— Pero supongo que no sería la mejor idea en este momento – dijo con esa misma expresión triste – me voy.
— Adrien…
Marinette no pudo evitarlo, solo sintió el impulso y lo abrazó, no tardó un solo instante para que Adrien también la abrazara a ella.
— Gracias – dijo ella, agradeciendo en ese momento por todo, por tantas cosas, por el pasado y el presente, por Louis y por Chat Noir, por defenderla hoy y besarla hacia cinco años. Él no respondió, ella no esperaba que lo hiciera, solo deseaba que siguiera sosteniéndola de la forma en la que lo hacia, tan íntimamente, con tanta calma.
Adrien la dejó ir después de un momento y sin decir nada mas la dejó sola en el lugar que estaba. Marinette sintió tanto frio y soledad… se dio cuenta en ese momento que había pasado lo que ella había esperado lo que había estado impulsando al estar con alguien más, pero que no sabía sin en cambio que en realidad no lo deseaba, aunque estuviera convencida que era lo mejor, Adrien estaba abandonando.
Fin capítulo 34
15 de diciembre de 2020
11:19 p.m.
Nota de autora: Lo se me he ido siglos, sepan ustedes perdonarme. Este mes tuve fechas muy especiales por ejemplo mi decimo aniversario de matrimonio con mi maravilloso esposo que dentro de los regalos de aniversario me lleno de libros de autoras que me encantan y me perdi en sus paginas por un rato. #SoryNotSorry
Este capitulo me costo un monton. Hasta este momento Marinette no habia sabido porque Adrien habia estado tan amargado en el pasado y que causo el dolor que lo hizo ser cruel con ella y mas aun, entender que ella contribuyo al no quedarse a su lado, pero de nuevo, ella no supo nada de eso hasta ahora. ¿Cambiara algo ahora que lo sabe?
Tendran que quedarse para averigualo
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Tata
Mimi chan
