Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

38. Tercer año: Serpientes enamoradas.

—Es hermoso —suspiró Paige, observando la serpiente en el dedo de Astoria.

—Se siente extraño tenerlo puesto —confesó, moviendo la mano como si buscara que el anillo se acomodara en su dedo —No me acostumbro...

—¡Tory! —la regaño su amiga, tomando su mano para que la dejara quieta —Una futura Malfoy —molestó con una risita.

—Ya, no digas eso, que no muchos saben —le cortó, recuperando su mano del agarre examinador.

—¿Y crees que no se darán cuenta? Tú que no usas anillos y ahora traes uno de compromiso, hay que estar ciego para no hacerlo —le aclaró la pelirroja.

—¡Paige! —le cortó escondiendo la mano al cruzarse de brazos —Entre menos sepan...

—¿Entre menos sepan qué? ¿Por qué no quieres que sepan? —indagó curiosa la chica, mirándole penetrante para persuadir a su amiga a de decir la verdad.

—No es que no quiera que sepan, pero tampoco es algo que me gustaría que todo el castillo supiera —aclaró firmemente, con vos seria y mirada fija para que Paige no se atreviera a replicara. La pelirroja rodó los ojos y bufó.

—¿Gustan? —ofreció Leo, entrando al compartimiento con unas golosinas en las manos.

—¿Pastel de calabaza? —preguntó Rowlen mirando el pequeño paquete que sostenía el chico. El chico sonrió y le entregó el paquete, para luego mirar a su otra amiga, esperando que escogiera lo que quería comer ella.

—No, gracias —cortó Astoria, poniéndose de pie —Iré a dar una vuelta —susurró, dedicándole una sonrisa pícara a los dos, dándole un ligero codazo en las costillas a Leo como animándolo. No tenía que ser adivina para saber que entre esos dos había algo y de paso si Leo no se animaba a dar algún paso, Zabini se le adelantaría y conociendo a Paige, la chica sería más que feliz andando con un chico mayor.

Salió del compartimiento cerrando la puerta corrediza detrás de ella y comenzó a andar pos los pasillos del tren, internamente buscando el vagón donde estaba su hermana y lo demás Slytherin mayores. Se topó con el carrito de golosinas y compró unas varitas de regaliz. Siguió caminando mientras comía, mirando por las pequeñas ventanillas el paisaje escoses. Se quedó absorta en las montañas, en lo amplió del panorama y en las aves que volaban lejos a todo lo ancho por el cielo.

—¿Aun soñando con volar? —escuchó una suave voz susurrar a su oído.

—No sé por qué es tan difícil hacerlo aún con magia —contestó sin apartar la vista del horizonte. Sabía quién estaba detrás de ella, abrazándola por la cintura y susurrando a su oreja; solo a una persona le dejaría acercarse tanto y de aquella manera.

—Las escobas se inventaron para algo —refunfuñó el chico, restregando su nariz detrás de su oreja, aspirando el dulce aroma del cabello de Astoria.

—Déjame soñar con las alas —musitó estremeciéndose con el contacto.

—Podrías ser una linda animaga —le animó, paseando sus manos por las caderas de la chica —¿Un cisne? ¿Una águila? ¿Un...?

—¿Un dragón? —le cortó con una risa, girándose para encarar al rubio —¿Qué andabas haciendo?

—Dando mis rondas de prefecto —alardeó, sonriendo de lado con arrogancia, acorralando a Astoria contra la pared del vagón, pegándose peligrosamente a ella.

—¿Y acostumbras a detenerte a acosar a las niñas de tercero? —molestó, mirando con determinación al chico que la aprisionaba.

—Depende, si esas niñas tienen ojos verdes, cabello castaño y nariz de botón —Draco siguió el juego, sin perder el porte arrogante y seductor que había adoptado, como si pretendiera conquistar a una extraña y no a su novia.

—Hay muchas chicas así —replicó haciendo un puchero de falsa decepción.

—Solo hay una chica así que me gusta —sentenció el rubio, atrapando los labios de melocotón antes de que Astoria replicara algo más. El beso empezó dulce y se fue tornando fiero al igual que las osadas manos del buscador de Slytherin que se escabullían entre las ropas de la pequeña Greengrass. Los delgados dedos de Draco recorriendo la espalda de su niña, por debajo de la blusa; mientras la otra mano subía peligrosamente por su muslo, metiéndose debajo de la falda y llegando a bordear las altas medias de algodón. Astoria rodeaba su cuello para alcanzar bien su boca y no separarse, jugueteando con su cabello, despeinando al rubio con toda intención. El beso hubiera seguido a no ser de unas risas y el cuchicheo de unas chicas.

El prefecto volteó a ver al grupo de niñas que habían abierto el compartimiento donde estaban para observar a la pareja. Eran tres niñas de Gryffindor y dos de Hufflepuff. Astoria reconoció a tres de ellas; dos pelinegras de Gryffindor que le miraban con furia: Romilda Vane y Alina Milano, la última ex-novia de Iván, y a una chica con el cabello rosa chillón de Hufflepuff, amiga del hermano menor de Cole, una Metamorfomaga que no recordaba haber escuchado su nombre, pero si la había visto varías veces con Coop.

—¿Se les perdió algo? —bramó el rubio con el ceño fruncido. Las chicas rieron y se volvieron a meter al compartimiento, cerrando la puerta tras ellas. —Mocosas del demonio —masculló para sí mismo.

—Qué pena —murmuró Astoria completamente roja al pensar el espectáculo que les había regalado a esas chicas y como seguramente se encargarían de andar rodando rumores de ella y esas cosas que usualmente hacía Romilda.

—¿Pena de qué? —los ojos grises destellaron con reproche, entre el deseo frustrado por la interrupción, como si ella tuviera la niña tuviera la culpa de que las otras hubiera roto el momento apasionado que tenían, más las palabras de Astoria que el chico simplemente mal interpreto por culpa del enojo.

—Ya, Draco, mejor vamos al compartimiento o bueno tú tienes que ir al vagón de prefectos... —comenzó a decir para zafarse de una discusión.

—No —le cortó, tomándola del brazo para evitar que comenzara a caminar —¿Te da pena estar conmigo? —gruñó visiblemente molesto.

—Claro que no, no seas tonto —la chica respondió, zafándose del garrare y plantándose frente a él con sus esmeraldas fijas en los ojos de mercurio.

—¿Entonces por qué...? —el rubio ya no continuó porque realmente no tenía argumento. Tomó aire, tomando algo de valor y tragándose su orgullo muy a su pesar —Lo siento —susurró entre dientes, mirando el piso. La castaña suavizó su mirada y sonrió de lado. Draco era tan impulsivo, orgulloso y demás, doblegarlo de aquella manera era algo memorable. ¿Quién diría que ella lograría eso? ¿Quién diría que terminaría amándolo tanto y siendo correspondida?

—Ya, orgulloso —le tranquilizó en tono juguetón, abrazándolo para repartir besos por su mentón y parte de su cuello. La niña dio unas mordiditas en la manzana del cuello de Draco, haciéndolo estremecer de sobre manera.

—Astoria, no hagas eso —le reprendió, alejándose de ella un poco, con las mejillas ligeramente teñidas en rojo. Ella soltó una risita y se ganó como reprimenda una indiscreta y atrevida nalgada.

—¿Mejor, mi amor? —preguntó ya más sería y abrazándolo.

—Mejor, amor —susurró suave a su oído, estrechándola. No había razones para discutir y aunque sonara demasiado bueno para ser cierto, la verdad es que lo era; era demasiado bueno y maravilloso estar juntos.

Se miraron, sonrieron y como si no hubiera pasado nada comenzaron a caminar por los vagones del expreso, hasta que Draco tuvo que ir al vagón de prefectos y Astoria se desvió de nuevo al compartimiento donde estaban sus amigos. Cuando entró, los encontró hablando tranquilamente sobre las fiestas de navidad y año nuevo, al menos era Paige la que hablaba y Leo le escuchaba como si no hubiera nada más importante en esos momentos. Apenas y se dieron cuenta de cuando la castaña abrió la puerta y entró.

—Hablando de la fiesta... —interrumpió Astoria mirándoles suspicaz. No era la mejor forma de abordar un tema, pero quería quitarse la duda y el momento le pareció muy oportuno —¿Sus padres son Thorfinn Rowle y Antonin Dolohov? ¿Cierto? —preguntó directamente, cerrando la puerta del compartimiento, pero quedándose de pie en medio de sus dos amigos que la miraron con los ojos muy abiertos.

—Si, Thorfinn es mi padre —la pelirroja fue la primera en hablar —El hombre que viste en la fiesta —añadió con fastidio.

—¿Por qué esa actitud? Hablamos de tu papá —la castaña quería confirmar sus sospechas del todo y de alguna u otra forma sacaría la verdad.

—Porque ese hombre solo aparece en casa cuando necesita de su "familia" —contestó de mala gana, haciendo las comillas con sus dedos para enfatizar lo falso de aquello. Astoria miraba fijamente a Paige, intentando recordar a Theofinn y encontrar algún parecido entre ellos, ya que a lo poco que recordaba de la escena, su amiga era una fiel copia de su madre, pincelada por pincelada.

—Pero él es tu padre ¿Cierto? ¿Tu padre biológico? —volvió a indagar tras aquella duda que había surgido en su mente. Los ojos verdes de su amiga se toparon con sus esmeraldas, pero solo por un breve instantes. Rowle asistió con la cabeza y entonces Astoria volteó a ver Leo.

—Si, Antonin Dolohov es mi padre —el semblante del chico era sombrío y aun con la mirada inquisidora de su amiga, no parecía dispuesto a decir mucho al respecto —¿Por qué? —preguntó tras unos incómodos segundos de silencio.

—El señor Lucius los mencionó después de la fiesta... —comenzó a decir, pero su amigo le cortó.

—¿Y por qué Lucius Malfoy anda hablando de nuestros padres? —bramó Leo con el ceño fruncido, su mirada fulminaba como una serpiente a punto de atacar.

—Eso es lo que quería saber yo —le contestó la chica, regresando la mirada de la misma manera, no se iba a dejar intimidar.

—Chicos —intervino Paige —No vale la pena discutir por esto.

—Claro que vale la pena —Leo se había puesto rojo y tenía un semblante que Astoria no recordaba haber visto en él —¿Quieres saber por qué no trago a Malfoy? ¿Por qué me molesta que ustedes dos se relacionen con él? ¿Y por qué me cabrea saber que estaba hablando de mis padres? —la chica castaña se desconcertó aún más con la reacción del chico, pero, aunque quiso respóndele que su odio por los Malfoy no tenía nada que ver con lo que ella preguntaba, le animó a continuar.

—¡Anda habla! —la pequeña Greengrass se había puesto frente a Leo, dándole la espalda a Paige, de paso evitando que se interpusiera en la discusión.

—¡Porque es un maldito cobarde! ¡Traidor! ¡Mentiroso! —comenzó a gritar, aunque realmente no le estaba diciendo a Astoria algo que no hubiera escuchado antes, muchos pensaban así de los Malfoy, pero nadie decía concretamente el por qué, y mientras no lo hicieran, las palabras solo eran banales —¡Ese desdichado cerdo no fue capaz de admitir sus crímenes! ¡Solo se escudó con que había estado bajo un Imperius! ¡Todos los demás mortífagos terminaron en Azkaban, mientras él regresaba cómodamente a su mansión con los privilegios de siempre! —vociferó el chico, completamente rojo de ira. Astoria tomó bocanadas de aire para recuperar el aliento. Bien, al menos le habían dado razones esta vez, pero igual cada palabra había sido una puñalada para ella.

—¿Cómo? ¿Cómo has dicho? —la chica no sabía nada de aquello, quizás porque nadie se lo había querido decir. ¿Por qué alguien le hablaría mal de la familia a la que pertenecería? ¿Por qué sus padres juzgarían a los Malfoy cuando ellos habían hecho lo mismo? Porque esa era la explicación que nadie considero importante explicar; la razón por la que dos familias de mortífagos estaban intactas y bien colocadas en el Ministerio de magia: Se habían declarado desertores del grupo, habían mentido a su favor y lo peor era que aun tenían esos ideales extremistas. Por un momento sintió como si toda su vida fuera una mentira; que los hombres cariñosos y comprensivos que conocía, igual que las mujeres amables y amorosas, no eran más que una falsa para ocultar sus verdaderos seres.

—¡Basta! —la pelirroja tomo a su amiga y la hizo sentar en los asientos del compartimiento —Leo, por favor, ya hemos hablado de esto.

—Claro y tú eres de los que lo defiende porque tu padre hizo lo mismo —bramó molesto y poniéndose de pie para salir del lugar.

—¡Leo! —le gritó Paige para detenerlo, pero no consiguió nada pues el joven Slytherin salió maldiciendo por lo bajo —Al menos sé que tiene que regresar por sus cosas —bufó al ver a su amigo perderse al salir del vagón.

—¿Su padre está en Azkaban, cierto? —preguntó Astoria al caer en aquella conclusión que explicaba perfectamente porque ese odio a los que desertaron.

—Así es, pero ya se le pasara —suspiro y se sentó a un lado de su amiga para abrazarla —Debe entender que nosotros no tenemos la culpa de lo que han hecho nuestros padres y no tenemos por qué cargar con sus errores —dijo pensativa, como si quisiera convencerse a si misma.

—Supongo —la castaña no tenía mucho que argumentar a su favor o incluso en su contra. Se había quedado sumergida en aquellos pensamientos y no podía hablar. Paige se acurrucó en ella, comenzando a sollozar, seguramente por la discusión con Leo, era la primera vez que discutían entre ellos de esa manera y la verdad se había sentido horrible.

Se quedaron un rato así abrazadas, sin decir nada. Por la mente de Astoria cruzó la imagen de Bellatrix y lo que habían hablado hablado anteriormente. Si los Malfoy se había librado de Azakaban, seguramente Bella también hubiera podido si hubiese querido, pero la mortífaga había decidido defender sus ideales aun cuando aquello la condenara de por vida a estar encerrada con dementores. ¿Ella sería capaz de defender sus ideales así? Posiblemente no, ya antes de vacaciones había demostrado que tenía esa cualidad de su familia de inclinarse por lo que quería y no por lo que creía; solo debía recordar cómo había defendido a Draco ante Iván, aun cuando lo que decía Iván era cierto.

Paige y Astoria pasaron un rato más así, y hubieran seguido todo el camino de la misma forma de no ser porque Leo regresó y se disculpó con ellas. Las chicas le perdonaron sin protestar, apachurrandolo con un efusivo abrazo. El tema de los mortífagos no se volvió a mencionar en el resto del camino y cuando llegaron a la estación tomaron las carrozas juntos, aún cuando Draco le había hecho una seña para que fuera con ella. Quería a su novio, no lo negaría, pero tampoco quería dejar sus amigos y se arriesgó a seguir dejando a Draco solo.

Pero cuando llegaron al castillo se toparon en la sala común y el príncipe de las serpientes no la dejó escapar de nuevo. Pasaron el resto de la noche juntos, olvidándose del banquete de la cena y del resto de los que los rodeaban.

O-O-O

El primer día de clases fue algo pesado, reincorporarse después de vacaciones siempre era algo tedioso y cansado. Llegaron las cinco de la tarde y los dos Slytherin, como siempre, se dirigieron al aula de pociones para las clases que tenía juntos; pero para su sorpresa el profesor Snape estaba ahí y no había nada escrito en la pizarra. Malfoy fue quien preguntó el porqué de aquello y el profesor les aclaró que sus clases habían terminado, pero no dio más explicaciones. Astoria no sabía si alegrarse de no tener que ir más a esas clases, por otro lado, echaría de menos el tiempo que pasaba a solas con Malfoy en esa aula.

Los chicos regresaron al Gran Comedor, pero se toparon con Luna en el pasillo. La chica risueña, como siempre, saludó a Astoria, ignorando por completo la presencia del rubio prefecto.

—¿Te alcanzó en el comedor? —insinuó Astoria a su novio, pues imaginaba que la Ravenclaw quería decirle algo sobre el ED.

—No tardes —bufó de mala gana, robandole un beso a su chica antes de retirarse con pasos largos.

—Gracias por el regalo —dijo Luna —Fue un lindo detalle y ya me hacían falta plumas, los Nargles siempre se roban la mías —añadió sonriendo.

—De nada —devolvió la sonrisa —¿Hoy habrá alguna reunión del ED? —preguntó directamente. Los grandes ojos curiosos de Luna le miraron interrogante por unos instantes como si esperara que la respuesta se la diera ella.

—Harry estará ocupado hoy —contestó finalmente la chica —Según Smith, tiene clase de pociones curativas con Snape —añadió frunciendo el ceño.

—¿Pociones curativas? —ahora tomaba sentido el por qué Snape les había cancelado sus clases, ahora era Harry quien las recibiría personalmente del profesor. Aunque ahora que lo pensaba no era muy común en Snape preocuparse por si los alumnos entendían o no, él solo daba sus clases y era bronca de los alumnos aprender o no. En su peculiar caso sabía que las dichas clases solo eran una excusa para tenerla a ella y a Draco juntos, deduciendo que el profesor había hecho aquello porque al igual que sus padres sabía lo de su compromiso, lo que no sería extraño si él era el padrino de Draco.

—Si —contestó con calma —Me cae muy bien Harry, pero sé que no es muy bueno en pociones y las clases de Snape confirman lo malo que es —dijo con toda franqueza y sin inmutarse —Pero lo compensa lo buen maestro que es para defensas de... —pero antes de que terminara de hablar, Astoria le tapó la boca con su mano, pues visualizó a Pansy caminando hacia ellas.

—Miren lo que tenemos aquí —dijo la pelinegra al pararse a un lado de ellas; acompañada de Millicent y otra tipa que tenía una mueca de asco.

—¿Tres víboras ponzoñosas con cara de fuchi? —preguntó sarcástica la princesa de Slytherin.

—Yo día que una chica celosa y dos que la siguen a falta de voluntad propia —comentó tranquilamente Luna, observando a Pansy que hacía una mueca.

—¡Tú cállate, lunática! —bramó la ex-novia del dragón Malfoy.

—¡No le llames así! —gritó Astoria en defensa de su amiga.

—No importa, Astoria. Mucha gente me llama así, pero son ellos los que están mal al no entenderme —el semblante de la rubia de Ravenclaw se oscureció un poco, pero sin perder la sonrisa.

—¿Y quién en su santo juicio entendería a una loca que lleva rábanos en las orejas? —se burló Parkinson, soltando una risa que sus dos amigas acompañaron.

—¿Quizás otra loca? —añadió Millicent viendo a Astoria. La susodicha frunció el ceño, no esperaba eso de ella, si bien no se habían tratado nunca, la chica no parecía ser tan odiosa como Pansy, pero al parecer las apariencias engañan.

—Si, sin duda alguna una loca —la pelinegra se atornilló la frente con el dedo, con una expresión grotesca.

—Vayámonos, Luna —pidió con tranquilidad la joven Slytherin, tomando del brazo a su amiga.

—Cobarde además de loca —bramó la chica, sacando su varita.

—No te atrevas, Parkinson o le diré al profesor Snape —se escuchó una voz muy conocida cerca de ellas. La susodicha, sus amigas y las otras dos chicas menores voltearon a ver al chico que había hablando; era Cole, seguido de su hermano menor y la chica de cabello rosa.

—¿Y quién te va a creer, Grayback? —dijo Pansy con un tono desafiante, pero aun así guardo su varita y se veían como sus manos temblaban.

—Todos saben cómo eres y cualquier cosa que hagas provocara por lo menos que te quiten el título de Prefecta —comentó con tranquilidad. El castaño de ojos azules siempre tenía ese porte de superioridad inmutable.

—No serías capaz —la voz de la chica mayor tembló un poco, sin duda alguna aquella idea no le cayó en gracia.

—Rétame, Parkinson —Cole avanzó hacia las chicas y por instinto la pelinegra retrocedió y luego frunció el ceño para girarse como si nada y hacerle una seña a sus dos compinches para que la siguieran.

—Gracias —sonrió Luna poniéndose frente a Cole —¡Nos vemos, Astoria! —y con esa misma rapidez y desenvoltura que la caracterizaba se alejó a largos y alegres pasos como si estuviera saltando.

—¿Estás bien? —preguntó Cole, mirando fijamente a la niña. Los ojos de Astoria se pusieron en él por un instante y luego se desviaron a donde estaba la amiga de Coop; ella la había visto besándose con Draco sin ningún recato ¿Y si le había contado aquello a Coop? ¿Y si Coop se lo contaba a su hermano mayor? No es que tuviera nada de malo, de hecho, no tenía nada de malo, al menos no a rasgos generales, porque hablando sentimentalmente aquella información podía herir a su amigo. Porque, aunque sonara prepotente sabía que él la quería, pero ella no podía corresponderle y tampoco quería hacerle lo mismo que a Iván.

—Si, gracias, Cole —Astoria respondió y sonrió de lado —Me tengo que ir —murmuró, más para si misma que para los demás; pero cuando estaba por retirarse la mano de Cole atrapó la suya. La pequeña Greengrass sintió un escalofrío recorrerla y se giró de prisa para soltarse, sin embargo y para su sorpresa, Cole la aferró fuerte de la muñeca y levantó su mano para observarla fijamente; entonces la niña cayó en cuenta.

—¿Qué es esto? —murmuró frunciendo el ceño y con los ojos desorbitados, la respiración de Cole se aceleró más de lo normal; tenía una expresión entre sorpresa y miedo. Sus ojos azules estaban clavados en el anillo con forma de serpiente que tenía Astoria.

—No es nada —chilló muerta de miedo, eso era justamente lo que no quería enfrentar: admitirle a Cole que Draco había tenido razón, que ella se iba a casar con él y que los golpes y la furia habían sido para nada —¡Suéltame! —volvió a chillar, pero el agarre de Cole era demasiado fuerte.

—Hermano —le llamó Coop.

—¡Tú no te metas! —gruñó furioso —¿Ya te pidió que te casaras con él? —suavizó su tono al hablarle a ella, lo último que quería era gritarle a ella, aun cuando la sangre le estaba hirviendo y se lo estaba llevando el demonio.

—Es un anillo cualquiera —mintió para zafarse de una buena vez, pero lo único que consiguió fue que el chico se enfiereciera más y el agarre en su muñeca se intensificara al grado que comenzaba a perder el sentido de su mano.

—No me quieras ver la cara, muñeca —masculló —Este anillo es el emblema de los Malfoy, Draco la lleva en su sello. ¿Por qué me mientes? ¿Por qué lo llevas puesto? ¡Dime! ¡Astoria! —elevó un poco la voz.

—¡Suelta a mi novia! —la Slytherin volteó bruscamente y con más horror observó como el príncipe de las serpientes se acercaba a grandes zancadas a donde estaban —¿Qué no me escuchaste, Grayback? —volvió a gritar, sacando su varita en el acto. Astoria cerró los ojos, sin dejar de desear que la tierra se abriera y se la tragara.

—No pierdes tiempo, ¿verdad? ¿Malfoy? —bramó el castaño, soltando la mano de la chica. Su sangre hervía y quería lanzarse sobre el rubio a romperle cada hueso que pudiera.

—¡No es asunto tuyo! —el mayor se colocó a un lado de su novia, rodeándola por los hombros en un acto muy posesivo.

—Cole, no vale la pena —por primera vez en todo lo que llevaba de conocerla la Metamorfomaga habló, tenía una voz aguda pero agradable, igual apenas era una niña de once años, con grandes ojos violetas —Vayámonos —insistió, tomando del brazo al chico mayor.

—Hazle caso a la noviecita de tu hermano y lárgate de aquí, Grayback —amenazó Draco, apuntando con su varita al chico.

—¡No te metas con ellos! —bramó el Slytherin de cuarto año, adoptando una pose protectora para cubrir a su hermano y a la niña.

—¡Tú empezaste! ¡Te advertí que no te metieras con mi novia! ¡Ahora te atienes a las consecuencias! —Astoria seguía atónita y aunque una parte de ella quería detener a Draco, otra quería gritarle a Cole que se fuera y nuevamente esa lucha interna dentro de ella se desataba, con el peligro de terminar explotando como lo había hecho en el expreso, antes de las vacaciones de navidad.

—¡Tú no le puedes prohibir a Astoria...! —comenzó a decir.

—¡Yo no le he prohibido nada a Astoria! —le cortó de forma brusca —¡Tú maldito bastardo la estabas maltratando! —bramó y entonces Astoria pareció reaccionar tomando su propia mano para comprobar que tenía la muñeca ligeramente morada por la presión.

—Draco —llamó ella con la voz quebrada, como si fuera a romper a llorar. En ese instante Cole se quedó en silencio y ya no respondió a la agresión de Malfoy, se sintió un animal por lo que le había hecho a la niña.

—¿Qué? —el rubio gritó primero y luego suspiro —Lo siento ¿Qué paso? —se corrigió con un tono más calmado.

—Vayámonos —susurró, apoyando la mano sobre su pecho, la mano izquierda donde tenía el anillo y el moretón.

—Esto no se quedará así, Grayback —amenazó de nuevo Draco, tomando la menuda mano de su niña y rodeándola por la cintura con su otra mano, en la que aun llevaba la varita.

—No vale la pena, Draco, por favor —insistió Astoria. Ya luego hablaría con Cole sobre lo que había pasado, pero quería evitar a toda costa un enfrentamiento.

—Furnunculus —susurró el chico por lo bajo y en un movimiento diestro giró a Astoria para pegarla a su pecho, evitando así que viera el chorro de luz que salía de su varita y golpeaba a Cole con fuerza. El hechizo no provocó un efecto inmediato, por lo que todo concluyó con miradas de odio —Ten cuidado, Grayback, los accidentes son muy comunes —volvió a amenazar, tomando a Astoria de mejor manera para que se alejaran caminando.

—¿Hermano? —apenas Malfoy y su chica se perdieron al final del pasillo, Coop se percató de como pequeños forúnculos salían en la piel de Cole. El chico mayor hizo una mueca de dolor y se dejó caer de rodillas al tiempo que se sacaba la túnica y la camisa de un tirón brusco.

—¡Desgraciado! —masculló Cole, refiriéndose a Malfoy, comprobando cual era la maldición que le había lanzado.

—Voy por Madame Pomfrey —chilló la chica.

—No tardes, Artemis —Coop se acercó a su hermano para intentar tranquilizarlo, tenía entendido que el hechizo solo afectaba el rostro, pero en este caso las pequeñas hinchazones con pus estaban saliendo también el pecho y brazos del chico.

—¿Como te ayudo? ¿Algún contraemburjo? —preguntó desesperado el menor de lo Grayback, viendo como el mayor se pasaba las manos con desesperación por sobre las zonas hinchadas.

—Solo se quita con una poción —masculló, rascándose con dolor donde los malditos forúnculos salían.

A los pocos minutos la sanadora apareció y con ayuda de los dos chicos de primer año, llevaron a Cole a la enfermería, el chico no dejaba de quejarse por la incomodidad de las cosas que le salían en el cuerpo a diestra y siniestra. Por suerte la mujer encontró entre sus reservas un poco de la poción que necesitaba para curar aquello y mientras le daba el antídoto al chico, comentó que el que había realizado la maldición era muy diestro con la magia pues había expandido el efecto del embrujo más allá del rostro, que era lo que usualmente atacaba aquella clase de hechizo. Aquello solo hizo enfurecer más a Cole, pero aún así se abstuvo de decir quien había sido, al final de cuentas Snape no le haría nada a su alumno predilecto.

—¡Acúsalo! —insistió Coop a su hermano, quien aún tenía las hinchazones en su cuerpo; según la señora Pomfrey tardarían unas horas en desaparecer todas después de tomar aquella poción con sabor a naranja y limón amargo.

—¿Para qué? Snape no le hará nada —suspiró con resignación.

—Esa chica no vale la pena —se atrevió a decir finalmente Artemis, adoptando un rojo intenso para el color de su cabello.

—No digas eso —la culpa invadió a Cole al recordar lo que le había hecho a Astoria y por primera vez sentía que Draco había hecho algo justificable y es que si él hubiera visto a alguien maltratando a la niña, seguramente hubiera hecho lo mismo.

—La vimos en el expreso de regreso —siguió hablando a pesar de que el hermano mayor de su amigo parecía no querer escuchar —Se estaba besando con el rubio ese de una manera...

—¡Cállate! —gritó el mayor, notando como el color de cabello de Artemis se tornaba verde chillón y su boca se convertía en una pequeña como de pescado; la había asustado —Lo siento —se disculpó —No, no quise gritar, pero por favor no digan nada de ella y ya vallan a su... Su sótano —bufó la ultima palabra al recordar que ellos eran de Hufflepuff.

Los chicos hicieron caras, pero terminaron retirándose dejando a Cole solo en la enfermería. El chico tenía ciertas cosas en que pensar y no le importó en lo más mínimo el silencio y el hecho de tener que pasar la noche ahí.

O-O-O

Cole estuvo bien para el día siguiente y aunque no era su intención decirle directamente a Astoria lo que había pasado, la chica terminó enterándose porque Paige era demasiado comunicativa. Así que durante el descanso dejó a Draco solo y fue a buscar al chico de ojos azules.

—Hola, extraño —saludó la pequeña Slytherin plantándose frente a él.

—Hola, Tory —Cole estaba sentado cerca del lago Negro, en una piedra, ya que el suelo estaba cubierto de nieve. Lo más sorprendente de aquello es que el chico tenía en sus manos una guitarra; una autentica guitarra muggle que Astoria no recordaba haber visto en vivo y que tenía entendido estaban prohibidas.

—Pensé que no dejaban tener de esas —murmuró al tiempo que golpeaba distraída la orilla congelada del lago, provocando que el hielo se quebrara.

—Si no se dan cuenta, creo que no pasa nada —respondió sonriendo y ajustando las cuerdas.

—Me alegra que no te dejara secuelas —rozó el rostro del chico, comprobando con agrado que su piel seguía siendo suave y sin imperfecciones.

—Lamento lo de tu mano —dijo Grayback, alejándose del toque de Astoria, como si le quemara; y es que no se sentía merecedor de aquello en esos momentos.

—No pasa nada —la verdad es que la pequeña Greengrass no sabía muy bien que decir. Él era su amigo y aunque cualquier otra le hubiera dicho que no tenía derecho a portarse como lo había hecho, ella entendía las razones y no quería perder su amistad por ello; no como le había sucedido con Iván.

—Yo sé que sí, que fui un idiota —comentó tranquilamente, no lucía avergonzado, aun cuando se sentía así. Esa actitud tan calmada de él era algo que Astoria admiraba, porque ella y Draco eran demasiado impulsivos y reservados al tiempo, que solo explotaban cuando las emociones se acumulaban o eran muy intensas.

—¡Tory, Cole! —ambos voltearon a ver como Paige y Leo se acercaban, hundiéndose accidentalmente en unas zonas donde la nieve engañaba y era más profunda de lo que parecía ser.

—¿Que hacen aquí? —preguntó finalmente Leo, sacudiéndose la nieve de su cabello y túnica.

—Charlando —Astoria fulminó a su amiga pelirroja con la mirada, porque Paige sabía que ella iría ahí a hablar con Cole.

—¿Y tú que haces con eso? —le preguntó Dolohov a su amigo, señalando la guitarra.

—¿Qué crees que se hace con "esto"? —la sonrisa en el rostro del estudiante de cuarto año se acentuó y volteó a ver a Astoria.

—¿Música? —indagó con obviedad la castaña.

—Mucho más que eso, se transmiten emociones y mensajes del alma —un suave rubor cubrió las mejillas de la pequeña Greengrass.

—Demuéstranos —le retó la pelirroja, poniéndose a un lado de su amiga, frente a Cole quien las miró con una sonrisa.

El chico asistió con la cabeza y ajustó las cuerdas. Pasaron unos segundos en los que las dos brujas y el otro mago miraban expectantes a lo que el mayor haría con ese instrumento muggle. Astoria tenía una idea de cómo se usaba aquello, los otros dos no y les sorprendía mucho como Cole siendo como era hiciera y supiera de esas cosas, aunque también si la Greengrass lo pensaba bien, no sabía mucho de Cole para asegurar que sus padres le prohibieran hacer cosas muggle, a lo mejor eran como los Weasleys a quienes las cosas muggle les parecían fascinantes.

—Tal vez careces de fresas —comenzó a cantar al compás de los acordes de la guitarra —Para reina de belleza... Quizás te falte coraje, pero te sobra nobleza —los ojos azules de Cole se clavaron fijamente en Astoria, no había que ser muy inteligente para deducir le estaba dedicando la canción —Tienes la delicadeza, que trae la flor de cacao, que despunta por tu fuerza, que es más fuerte que yunta sobre el arado... A veces te ves pequeña, pero eres dueña del arte que me persuadió mirarte con tu soltura de seda. Y que se salve quien pueda del encanto de tu tez, que emborracha más que un casco de azul tequila o jerez.

—Wow, si no se nota lo enamorado —bromeó Paige, rosando el rostro del chico con una rama con hojas que había cortado de entre las plantas congeladas que rodeaba el lago oscuro.

—Dame, dame chocolate, el agridulce en tus labios, que a pesar de ser tan sabios no conocen de debate. Dame, dame un beso que me mate y me levante otra vez, que tu receta indiscreta con salpicadas de nuez —Cole seguía sumergido en la música, entonando con voz clara y melódica, mientras los acordes de la guitarra seguían acompañándolo y haciendo el espectáculo digno de admirar.

—Hermano, estás enamorado con todas las letras —ahora fue Leo quien le ánimo, riendo entre dientes y mirando de forma picara a la castaña de ojos verdes.

—Tal vez naciste marcada, coronada por estigmas… y tal vez será que son esas mismas las que te tienen guardada —el castaño sonrió de lado, no podía ser más obvio de que quería a la chica y parecía estar dispuesto a luchar por su amor. ¿Qué podía hacer Malfoy contra eso? ¿Malfoy contar? ¡Ja! Ya le gustaría ver desentonando al gran príncipe de las serpientes. Además, que con aquello buscaba disculparse con Astoria por lo que había pasado, Malfoy podía proponer matrimonio y ella decir que sí, pero mientras no tuviera un anillo de bodas en la mano, aún tenía oportunidad ¿Cierto? — A veces te ves pequeña, pero eres dueña del arte que me persuadió mirarte con tu soltura de seda...

—Wow, pero si sabes cantar, Grayback —la sangre se les heló a todos y especialmente Astoria giró para encarar al recién llegado. Para su grata sorpresa no era Malfoy, solo era Blaise y por gracia de Merlín no venía acompañado o al menos eso parecía. El moreno llevaba su varita en mano y derretía la nieve frente a él para poder pasar con mayor felicidad. Leo no pudo evitar pensar lo presumido que era, sobre todo porque Paige lo miraba con admiración, como siempre y como lo hacía con todos los "importantes" de Slytherin.

—¿Qué pasa? —preguntó la princesa de las serpientes a su amigo, mientras rápidamente Cole encantaba la guitarra, que se volvía una pequeña pieza miniatura que escondió en su bolsillo, sabía que no debía de tener una y si bien no era problema que sus amigos la vieran, no le daba buena espina el moreno, especialmente porque era amigo de Malfoy y el desdichado rubio era prefecto y si él lo acusaba, Snape seguro si tomaría represarías en su contra.

—¿Ya dejaste de dar serenata a la novia de mi amigo? —aquellas palabras volvieron a causar un frío en la sangre de los presentes, si Zabini le decía algo a Draco seguramente se armaría otro enfrentamiento entre los chicos y cabía destacar que ya tenía antecedentes muy desagradables.

—No le daba serenata —contestó Cole secamente y poniéndose de pie para acomodar mejor su bufanda.

—Claro, claro —Blaise rodó los ojos con burla y guardó su varita entre sus ropas.

—Blaise, te hice una pregunta —la chica de ojos verdes y cabellera castaña frunció la boca, haciendo un puchero y recriminando a su amigo que la ignorara.

—Cierto —se aclaró el mismo —Draco te anda buscando —informó sin más, mirando aún a Cole quien había regresado a la misma posición que tenía cuando estaba tocando la guitarra, pero ahora sin ella y con las manos en sus rodillas.

—Entonces vamos —dijo ella, tomando al mayor del brazo para alejarse de su grupo de amigos. Pensó por unos instantes pedirle a Paige que la acompañara, pero decidió no hacerlo y seguir avanzando, pero no habían dado ni dos pasos cuando Malfoy ya estaba frente a ellos, junto a sus dos matones de siempre.

—Ya veo por qué no te encontraba —el tono de voz de Draco dejaba mucho que pensar, no era agresivo como usualmente sería si tuviera celos, tampoco era de burla como usaría si quisiera molestar a Cole, mucho menos era serio como si estuviera enojado.

—Vayamos al Gran Comedor, tengo frío —insistió la chica, tomando a Draco y Zabini del brazo, para evitar que se acercaran a sus amigos.

—No, no —el rubio se soltó del agarre y con paso firme por el camino que Blaise había despejado se aproximó a Grayback; Cabbe y Goyle permanecieron de pie detrás de Astoria, observando y pero a la defensiva por si Draco les llamaba.

—¿Pretendes maldecirme de nuevo? —retó Cole.

—¿Qué pretendes cortejando a mi novia? —en ese instante Astoria distinguió el tono de Draco; no estaba enojado, estaba furioso y lo que le seguía, tenía odio contenido a puro fuego que si pudiera mataba a Cole en ese instante.

—¡Has algo! —le susurró a Zabini quien solo miraba la escena a distancia, igual que ella y el resto de los Slytherin.

—No y tú tampoco —le advirtió el chico, tomando del hombro para que no se moviera —Déjalos que hablen de una vez, créeme que si se agarran a golpes yo me meto, pero mientras deja que se digan sus verdades, que Draco ya trae mucho veneno contra él como para aguantárselo.

—Pero... —intentó insistir.

—Pero nada —le cortó.

—Yo no estoy cortejando a Astoria, solo hablo con ella —se defendió Cole.

—¿Y cómo por qué tienes que hablar con ella? —volvió a decir el buscador de Slytherin con ese mismo tono lleno de odio.

—Porque son amigos, grandísimo idiota —bramó Leo en defensa de su amigo.

—¿Y a ti quien te habló? Maldita escoria —si bien Astoria recordaba haber escuchado a Draco insultar muchas veces a varias personas, sobre todo a Weasley, Potter y Granger, podía asegurar sin temor a equivocarse, que nunca lo había escuchado de esa forma que inspiraba miedo.

—¡Basta! —gritó la chica, aun cuando Blaise intentó detenerla.

—Tú no interfieras, Astoria —los ojos grises de Draco se clavaron en ella, fríos como el mercurio. Sin embargo, la voz serena del chico no le dio hincapié para ponerla furiosa y gritarle más, al contrario la dejó helada, como si un "Petrificus" la hubiera golpeado.

—¿Quién te crees que eres para darle ordenes? —ahora fue Cole el que habló y en un movimiento brusco se levantó de la roca donde estaba sentado para encarar al rubio frente él; pero para su mala suerte resbaló con el hielo que había al pie de la roca. Gracias a Paige no se golpeó o se cayó al lago, pues lo agarró a tiempo, pero la pequeña guitarra miniatura salió de su bolsillo junto con su varita y eso no pasó desapercibido para el príncipe de las serpientes.

—Miren lo que tenemos aquí —dijo burlón el prefecto, agachándose a tomar las pertenencias del chico.

—¡Oye! Tú no puedes quedarte con eso —Leo intentó defender las pertenencias de su amigo que apenas se incorporaba.

—Te recuerdo que yo puedo confiscar lo que quiera, porque soy Prefecto —alardeó con una risa burlona, tomando tanto la varita como la pequeña guitarra.

—La varita no —intervino Paige, frunciendo el ceño; era la primera vez que Astoria venía que su amiga se oponía a lo que decía un "popular" de Slytherin.

—Cierto, la varita no —el rubio le regresó la varita de mala gana, prácticamente tirándosela.

—Gracias —masculló entre dientes, tomando su varita y guardándola.

—La guitarra —habló finalmente Astoria.

—¿La qué? —preguntó su novio sin entender.

—La guitarra, devuélvesela —sus palabras sonaron como una orden, lo cual no le cayó en gracia al mayor.

—¿Y cómo por qué? —Draco tomó la pequeña cosa que tenía en las manos e intentaba examinarla para averiguar que artefacto era.

—Porque no es tuya y... —intentó decir la castaña.

—¿Y? —le interrumpió su novio —Como le dije a tu amigo, puedo quedarme sea lo que sea esta cosa porque soy prefecto.

—Hermano, ni siquiera sabes que es —Blaise se acercó a ellos y Cabbe y Goyle también. El moreno se plantó frente a su amigo y le puso una mano en el hombro como para calmarlo; Astoria agradeció internamente que le ayudara, aunque dudaba que solo lo hiciera por ella y algo interno le decía que el chico quería quedar bien ante los ojos de Paige. ¡Genial!, otro más que anteponía sus deseos y quereres por sobre sus ideales.

—¿Qué es? —le preguntó enarcando las cejas.

—Una guitarra, un instrumento muggle para crear musica —dijo Blaise con aires de sabiduría, consiguiendo exactamente lo que buscaba: que Paige lo mirara de nuevo con admiración.

—Ah —el rostro del heredero Malfoy adquirió una mueca de asco y en lugar de sostener la pieza con toda la mano como lo había hecho, ahora solo la sostenía con el dedo gordo e indice —Esta cosa muggle ¿Qué no están prohibidas? —masculló viendo el artefacto aun con repugnancia.

—Draco, ya —Astoria le arrebató la guitarra —No te gustan estas cosas, no te hace ningún daño que él la tenga y solo devuélvesela.

—Gracias —Cole recibió la guitarra que la castaña le entregó, sin miramientos a Draco que se había quedado desconcertado por lo que su chica había hecho.

—¿Por qué defiendes? —bramó molesto. Y es que si algo le molestó más de que pasara por sobre su autoridad, era que lo había hecho por defender a ese.

—Draco no empieces —le cortó molesta.

—Se nota que no la conoces —añadió Grayback, ganándose una mirada de reproche por la pareja real de Slytherin.

—¡Otro imbécil! —vociferó el príncipe de las serpientes, rodando los ojos con fastidio y pasándose las manos por el cabello —¿Sabes qué? —el chico volteó a ver a la pequeña castaña con un semblante sereno y altanero —Quizás tienen razón, Grayback y Osborne; no te conozco Greengrass, así que has lo que se te dé la gana —puntualizó, dejando a los presentes con la boca abierta. ¿Draco hablaba en serio?

—¿En qué diantres estás pensando, Draco? —le reprendió Zabini.

—¡Crabbe, Goyle! Vayámonos —ordenó, poniéndose los guantes de piel de dragó negro.

—¿Draco? —le llamó Astoria con un hilo de voz; por un momento le dieron ganas de llorar, pero tomando aire se abstuvo de ello y a grandes zancadas se fue detrás del rubio para agarrarlo de la túnica y hacerlo resbalar sin querer.

—¿Y ahora qué, Greengrass? —gritó Malfoy enojado —¿Pretendes encima de todo dejarme en ridículo? —bramó, al tiempo que se ponía de pie y con su varita arreglaba el desastre en su atuendo.

—Claro que no, no seas imbécil, Draco —le aclaró de mala gana, se hubiera querido disculpar, pero la actitud que estaba tomando su novio, no le gustaba.

—No me llames imbécil, mocosa —contestó de mala forma, fulminándola con la mirada.

—¿Qué demonios pasa contigo? —recriminó Astoria —Estás sobredimencionando una tontería.

—¿Sobredimencionando? Una palabra un poco larga para ti —bufó el chico con burla —Y no sobredimenciono nada, solo me harté de que hagas cosas... cosas estúpidas para que cualquier idiota me venga a decir que no te conozco por no compartir tu gusto por esa basura muggle —aclaró con seriedad.

—Antes que nada: no es basura muggle —se defendió con un puchero desafiante — Son cosas lindas y curiosas que, si te dieras la molestia de apreciar, verías que son interesantes y...

—¡Por favor! —bramó —No tienen nada de interesante ni de... —el chico se cayó en seco, recordando ciertas cosas. Esas cosas muggle, que estaba despreciando en ese momento, era lo mismo que Astoria llevaba practicando por años, esos movimientos raros pero lindos que la había visto hacer un par de veces con esas zapatillas.

—¿Por qué tienes que ser tan terco? —Astoria se estaba desesperando con la actitud de Draco.

—¿Eso quieres? —dijo de repente el rubio, con una expresión decidida. Sus ojos grises se clavaron en ella, pero ahora con algo distinto.

—¿Qué? —ahora la chica había pasado de molesta a confundida. ¿Cómo le hacía Draco para cambiar tan rápido de actitud, como si nada hubiera pasado?

—¿Que si quieres que aprenda a usar esas cosas muggle que te gustan a ti? ¿Eso quieres? —aclaró mirándole fijamente.

—Pues... —la niña de ojos verdes se quedó sin palabras, demasiado sorprendida para hablar. ¿Draco hablaba en serio?

—¡Hazte un favor, Malfoy! ¡Y no te pongas en ridículo intentando cosas que no se te dan, ya suficiente tienes con ridiculizarte como buscador! —la voz de Cole resonó detrás de ellos, recordándoles que estaban aún cerca del lago negro, rodeados de gente que podía perfectamente escuchar su conversación. La pequeña Greengrass volteó a ver a donde su amigo y lo fulminó con la mirada.

—Creo que mejor nos vamos —anunció Paige al ver la expresión de su amiga. La pelirroja tomó a Leo del brazo y a Cole también para prácticamente arrastrarlos lejos de ahí —¡Nos vemos en clases! —le gritó a su amiga cuando se iba alejando con los chicos que mascullaban cosas que no se entendían bien.

—¿Hablas en serio? —murmuró Astoria a Draco cuando sus amigos se perdieron de vista.

—¿Quieres eso? —volvió a preguntar, adoptando una expresión más suave. Draco tomó el mentón de su pequeña novia para mirarla fijamente, estaba decidido a hacerlo si ella decía que sí, y de paso le demostraría a Grayback lo bueno que era haciendo cualquier cosa. ¡Porque él era bueno para todo! ¡Era buen buscador! Solamente que el estúpido de San Potter siempre se salía con la suya en los partidos de Slytherin-Gryffindor, pero en los demás era bueno. ¡Y le probaría a ese niño tonto lo bueno que él era!

—Solo quiero que no te la agarres en contra de cosas que a mí me gusta —susurró con las mejillas rojas por la forma en la que los fieros ojos de mercurio la miraba y sobre todo la forma en la que percibía su respiración tan cerca.

—Te mostraré que también me pueden gustar —sentenció, atrapando la boca de su novia en un dulce beso.

—Ejem —detrás de ellos seguían Zabini, Crabbe y Goyle. El moreno tosió disimuladamente para que los tortolitos se separaran —Las clases ya van a empezar ¿Saben? —insistió cuando notó que sus amigos seguían besándose como si no hubiera mañana.

—Draco, la campana —anunció Goyle. Y efectivamente la campana se escuchaba, anunciando que las últimas horas de clases estaban empezando.

—Vamos —susurró finalmente el chico sobre los labios de su pequeña castaña —¿Nos vemos en la cena?

—Si, amor —aceptó, besando de nuevo fugazmente a su novio. Como si nada hubiera pasado, como si no hubieran discutido, estaban de nuevo contentos.

La pareja se separó, pero se tomaron de la mano para caminar de regreso al castillo. Los otros tres amigos les seguían de cerca, sobre todo Zabini que no daba crédito a lo que acaba de presenciar.

—¿Cómo demonios le vas a hacer para aprender a tocar una guitarra? —le murmuró por lo bajo —Ni siquiera tienes una —insistió a Draco, quien parecía no estarle poniendo cuidado.

—Tú me vas a conseguir una —respondió disimuladamente para que Astoria no les escuchara —Y tú me vas a ayudar —puntualizó.

El moreno suspiró resignado, ya luego discutiría por eso. Los chicos se alejaron a toda prisa y se separaron para dirigirse cada cual a su clase.

O-O-O

—Creo que Filch, tiene de esas en su armario —le murmuró Zabini a Cabbe.

—¿Y cómo la vamos a sacar? —preguntó el corpulento chico.

—Eso, amigos míos, es su tarea —declaró con satisfacción, deshaciéndose de la ridícula misión que Draco les había pedido.

—Pero Draco dijo que... —comenzó a decir Goyle.

—Yo le ayudaré a que aprenda a usar esa cosa —aclaró con superioridad —Así que suerte con eso de conseguirla —puntualizó, alejándose de los dos chicos corpulentos que no tenían ni la más mínima idea de cómo robarle algo al conserje sin que se dieran cuenta. ¿Por qué siempre les tocaba el trabajo sucio?

O-O-O

Al día siguiente Astoria estaba sentada con Paige, Leo y Cole; pues Draco andaba planeando sabrá Merlín que cosa para el día de San Valentin.

—¿Te invitó a Hogsmeade? —preguntó la chica pelirroja a su amiga, visiblemente emocionada.

—Creo que era más que obvio que irían juntos —comentó Leo de mala gana.

—Ya amargado —bufó Paige.

—Bueno, así pueden ir ustedes dos juntos —comentó con picaría, pero luego se arrepintió al ver los ojos azules de Cole asomarse por sobre el ejemplar del Profeta —Lo siento —se apresuró a decir —Pensé que aún no te habían firmado el permiso para ir a...

—No es eso —le cortó y les expuso el periódico en la mesa.

—¡Por Merlín! —Paige ahogó un grito al observar aquello, de la forma que Leo casi se ahogaba con el jugo que estaba tomando.

—¿Qué? —Astoria se empinó en la mesa para ver mejor.

Había diez fotografías en blanco y negro que ocupaban la primera plana; eran las caras de nueve magos y una bruja. Algunas de las personas fotografiadas se burlaban en silencio; otras tamborileaban con los dedos en el borde inferior de la fotografía, con aire insolente. Cada fotografía llevaba un pie de foto con el nombre de la persona y el delito por el que había sido enviada a Azkaban.

«Antonin Dolohov, condenado por el brutal asesinato de Gideon y Fabian Prewett», rezaba el pie de foto de un mago con la cara larga, pálida y contrahecha, que miraba sonriendo burlonamente; ese era el padre de Leo. Astoria volteó a ver a su amigo que estaba pálido y le temblaban las manos.

A un lado de Dolohov estaba: «Augustus Rookwood, condenado por filtrar secretos del Ministerio de Magia a Aquel-que-no-debe-ser-nombrado», rezaba el pie de foto de un individuo con la cara picada de viruela y el cabello grasiento, que estaba apoyado en el borde de su fotografía con pinta de aburrido.

Pero la foto que más llamó la atención de Astoria fue la de la única bruja, cuya cara había destacado entre las demás. Llevaba el cabello largo y era castaño, pero en la fotografía tenía aspecto de desgreñado y sucio, aunque ella lo recordaba pulcramente arreglado, denso y reluciente. La bruja miraba a Astoria fijamente con ojos de párpados caídos y una arrogante y desdeñosa sonrisa en los finos labios. Conservaba algo vestigios de la antigua belleza Black, que por seguro los años y Azkaban le habían robado y ahora su carne reflejaba la demencia interna. Ya no era la linda loca Black, ahora era una psicópata.

«Bellatrix Lestrange, condenada por torturar a Frank y Alice Longbottom hasta causarles una incapacidad permanente.» ¿Lonbottom? ¿Parientes de Neville?

—¿Por qué...? —intentó articular y en ese momento los largos dedos de Cole señalaron el título de las noticias.

El ejemplar del profeta tenía la primera plana encabezada con legras negras: FUGA EN MASA DE AZKABANEL MINISTERIO TEME QUE BLACK SEA EL «PUNTO DE REUNIÓN» DE ANTIGUOS MORTÍFAGOS.

Ahora fue Astoria quien ahogo un gemido igual que lo había hecho Paige al ver aquello. Cole tomó el ejemplar en vista de que sus amigos estaban demasiado impresionados como para ponerse a leer. Así que comenzó a leerles la noticia en voz baja para que los demás no le escucharan.

—El Ministerio de Magia anunció ayer entrada la noche que se había producido una fuga en masa de Azkaban. Cornelius Fudge, ministro de Magia, fue entrevistado en su despacho y confirmó que diez prisioneros de la sección de alta seguridad escaparon a primera hora de la noche pasada, y que ya ha informado al Primer Ministro muggle del carácter peligroso de esos individuos.

»Desgraciadamente, nos encontramos en la misma situación en que estábamos hace dos años y medio, cuando huyó el asesino Sirius Black -declaró Fudge ayer por la noche-. Y creemos que las dos fugas están relacionadas. Una huida de esta magnitud sugiere que los fugitivos contaron con ayuda del exterior, y hemos de recordar que Black, el primer preso que logró huir de Azkaban, sería la persona idónea para ayudar a otros a seguir sus pasos. Creemos también que esos individuos, entre los que se encuentra la prima de Black, Bellatrix Lestrange, han acudido a ofrecer apoyo a Black, al que han erigido líder. Sin embargo, estamos haciendo todo lo posible para capturar a los delincuentes, y pedimos a la comunidad mágica que permanezca alerta y actúe con prudencia. No hay que abordar a ninguno de estos individuos bajo ningún concepto. —finalizó, mirando de nuevo a sus amigos para ver que reacciones ponían.

—Con permiso —bramó Leo tomando sus cosas de mala gana para salir del Gran Comedor.

—Yo voy a hablar con él —anunció Paige, saliendo a toda prisa detrás de su amigo —¡Nos vemos en clase! —se despidió torpemente.

—No lo puedo creer —susurró Astoria, demasiado sumergida en sus pensamientos como para preocuparse por sus dos amigos. Sentía una corriente eléctrica recorrerla de forma desagradable. Bella, Bellatrix estaba libre. La bruja de sus pesadillas, la que le inspiraba tanto miedo como el Señor Tenebroso. ¿Y si la bruja loca iba a buscara para tomar la varita que ahora ella tenía? Era la tía de Draco, en algún momento, ahora que estaba libre, se la iba a topar y entonces ¿qué haría?

Sentía que el mundo se le estaba cayendo encima, tenía demasiado miedo y no entendía porque todo seguía en calma a su alrededor, cuando ella quería salir corriendo y gritando a esconderse. Cole le sonrió de lado, algo incomodo de quedarse a sola con ella después de los últimos acontesimientos, por lo que el chico se ocultó de nuevo detrás de El Profeta, para seguir leyendo las noticias del día. Mientras tanto Astoria volvió a recorrer el Gran Comedor con la mirada. No entendía por qué sus compañeros no parecían asustados ni comentaban por lo menos la espantosa noticia de la primera plana, aunque lo cierto era que muy pocos recibían el periódico todos los días, posiblemente la única otra persona además de Cole que leía el periódico todas las mañanas sería Hermione. Observó aquel tramo de la mesa de Gryffindor, efectivamente el trío dorado estaba al tanto de la noticias y eran los únicos que no parecían no estar hablando de los deberes, de quidditch y de los últimos cotilleos, eran los únicos otros que entendían que fuera de aquellos muros diez mortífagos habían pasado a engrosar las filas del Señor Tenebroso.

Intentó enfocar a Harry, que sus ojos se toparan para poder hablar con él, pero el chico estaba mirando hacia la mesa de los profesores y poco después Hermione le llamó, por lo que Astoria desistió de hablar con él esa mañana y a los pocos minutos se despidió de Cole y sin probar bocado se dirigió a Adivinación.

Casi toda la clase la pasó distraída pensando en Bellatrix, apenas y le puso cuidado a las interpretaciones y bufó de mala gana cuando les dejaron de tarea hacer predicciones a tres personas distintas con sus esferas de cristal.

—¿A quién demonios voy a interpretarle algo? —bufó Leo observando su esfera.

—Fácil —respondió Paige —Una, dos —dijo señalándose primero a si misma y luego a Astoria —Y con Cole tienes tres.

—Claro, se dice fácil, pero ya te quiero ver haciendo esas predicciones —le recriminó.

—¿Astoria estás bien? —preguntó la pelirroja al observar que su amiga estaba demasiado callada y no parecía ponerle mucha importancia a nade de lo que la rodeaba, apenas y había comentado algo en toda la mañana.

—No y no entiendo cómo pueden estar tan tranquilos con la noticia de la mañana —les respondió, mirándoles con cierto reproche.

—Tenías que mencionarlo —bramó Leo con un humor de los mil demonios, apresurando el paso para ir al aula de Defensas Contras las Artes Oscuras.

—Tory, si nos preocupa, pero no vamos a amargarnos la existencia por ello —le reprendió su amiga, adelantándose para alcanzar al castaño.

La pequeña Greengrass suspiró resignada y siguió con paso lento a la aburrida clase; lo único que la podía alegrar en esos momentos era estar con Draco o que alguien le diera la buena noticia de que habría una reunión del ED, pero ninguna de las dos cosas pasó durante el resto del día. Draco seguía planeando quien sabe qué y se excusaba con un beso y se desaparecía.

O-O-O

En los días posteriores solo se hablaba de una cosa en los pasillos: de los diez mortífagos fugados, cuya historia se había propagado por Hogwarts filtrada por los pocos alumnos que leían los periódicos. Corrían rumores de que habían visto a algunos de los fugitivos en Hogsmeade, de que estaban escondidos en la Casa de los Gritos y de que iban a entrar en Hogwarts, como había hecho Sirius en una ocasión. Aquello solo aterraba más a Astoria al pensar que Bellatrix estaba al acecho.

Los que procedían de familias de magos habían crecido oyendo pronunciar los nombres de aquellos mortífagos casi con el mismo temor que el de Voldemort; los crímenes que habían cometido en tiempos del reinado de terror del Señor Tenebroso eran legendarios. Entre los estudiantes de Hogwarts había familiares de sus víctimas, y en esos días se habían convertido sin pretenderlo en objeto de una horripilante fama indirecta, pero peor era para los que eran familiares de dichos mortífagos, como era el caso de Leo quien cada vez parecía más renuente a mostrarse en público por el hecho de que alguien le recriminara algo.

Lo único que Astoria pudo conseguir con aquellos chismes fue poder hablar con directamente con Neville y comprobar con horror que Frank y Alice Longbottom eran sus padres; el chico le pidió que no dijera nada, que ni lo comentara y si alguien mencionaba algo que lo ocultara. Y es que pensar que sus padres habían quedado dementes por culpa de un maleficio de Bella... sin duda alguna la joven Slytherin no tenía planeado andar pregonando aquello.

En los pasillos se murmuraban muchas cosas, cosas que generalmente irritaban a Draco y el chico terminaba despotricando con los alumnos de grados inferiores y amenazándolos con un castigo si repetían cosas como que el ministerio estaba mal, que Harry podía tener razón y cosas por el estilo.

—Merlín, esta mujer está loca —comentó Daphne mirando el tablón de anuncios.

—¿Por cuál número vamos ya con estos decretos? —Theo estaba a con ellos, pues poco a poco el grupo del principe de Slytherin comenzaba a reintegrarse, pero ahora sin la insoportable de Pansy y con Astoria como la princesa.

—A ver —pidió Draco para que le dieran espació de leer. No había pasado ni dos días de la fuga de Azkaban y aquel decreto causaba cierta curiosidad:

POR ORDEN DE LA SUMA INQUISIDORADE HOGWARTS

Se prohíbe a los profesores proporcionar a los alumnos cualquier información que no esté estrictamente relacionada con las asignaturas que deben impartir.

Esta orden se ajusta al Decreto de Enseñanza n. 26.

Firmado:

Dolores Jane Umbridge Suma Inquisidora

¿A caso había algo que ocultar? Astoria no le puso más atención al dichoso decreto hasta esa tarde cuando en la sala común de Slytherin comentaban como algunos Gryffindor habían agarrado como objeto de bromas el dichoso decreto. Por ejemplo, una chica contaba como Lee Jordan le había comentado a la profesora Umbridge que, según la nueva norma, ella no estaba autorizada a regañar a los gemelos Weasley por jugar a los naipes explosivos en el fondo de la clase.

—"¡Los naipes explosivos no tienen nada que ver con la Defensa Contra las Artes Oscuras, profesora! ¡Esa información no está relacionada con su asignatura!" —repitió la Slytherin intentando imitar la voz de Jordan, causando carcajadas en algunos y mala cara y comentarios por parte de otros que no les caía en gracia que esos chicos siempre llamaran la atención con sus cosas tontas.

Astoria ignoró a las chicas y demás comentarios, sumergiéndose en sus deberes para de paso evitar pensar en Bellatrix y demás cosas. La noche calló y Draco apareció cuando ya casi la sala común estaba vacía, Blaise estaba con él y traía una cara de fastidio enorme, tanto así que solo saludo/despedida con un movimiento de mano en lo que pasaba de largo a los dormitorios.

—¿Qué le pasa? —preguntó la castaña, acercándose a Draco quien se había dejado caer frente a la chimenea. La menor lo abrazo por la espalda —¿Amor?

—Nada —contestó con suavidad. La chica se pasó al frente, siendo recibida por los brazos del príncipe de Slytherin; se acurrucó en ellos y pasaron el rato abrazados frente a la chimenea y si no fuera por el crujir de la leña verde, Astoria hubiera jurado que Draco tarareaba una canción de vez en vez.

Al cabo de unos minutos la sala común se quedó sola, solo estaban ellos dos y las tenues luces del fuego de la chimenea y las arañas.

La pequeña Greengrass comenzaba a sentir que el sueño la invadía y cuando creía estarse quedando dormida entre los brazos de su novio, sintió claramente los besos del chico en su cuello. Los besos se fueron transformando en mordidas que le arrancaron unos cuantos suspiros.

—Te quiero —le susurró el mayor, volteando a su niña para tenerla de frente, sentada en sus piernas. La sostenía firme de la cadera, pegándola a él.

—Y yo a ti, como no imaginas —contestó ella, inclinándose para besarle, aunque no contaba con que el rubio se fuera a recostar en el acto, dejándola a ella acostada sobre él. Los dos quedaron tendidos sobre la alfombra de la sala común, besándose con hambre. Las manos de Draco se escabulleron de nuevo por los rincones del cuerpo de su niña, hurgando por debajo de la ropa y deleitándose con el suave tacto de su piel. Al cabo de unos instantes, cuando Astoria respingó al sentir el frío tacto de su novio sobre sus glúteos, el mayor retiró sus manos y tomándola de la cintura la giró, quedando ahora él sobre ella.

—Shh —le susurró al oído —No te haré daño —las palabras parecieron encender una alarma en la mente de la pequeña castaña, pero al toparse con los grises ojos de Draco, tan cálidos y que la miraban de una forma que no recordaba haber visto antes, no protestó y se dejó hacer por el príncipe de Slytherin. El chico siguió tocando y besando sin inmutarse, pero sin llegar a tocar ciertas zonas intimas de ella.

—Draco —gimió suave la niña al sentir, sin querer, cierta parte del cuerpo del rubio restregándose contra su pierna.

—Hnm... —suspiró él, tomándola de la cadera para ponerse entre las piernas de su niña y sin ningún pudor presionar sus intimidades por sobre la ropa.

—¡Ah! ¡Draco! —el gritó de Astoria fue tanto de sorpresa como de miedo al sentir aquel contacto. Por unos instantes las orbes esmeraldas y plata se conectaron, Draco ignoró el grito de su niña y la besó con fiereza, presionando su cuerpo contra ella.

Frente a la chimenea de la sala común de Slytherin, besándose de forma desenfrenada y con lujuria. La menor sintiendo lo que en otras ocasiones no había llegado a notar en el joven Malfoy. Anteriormente Draco lo había ocultado por temor a asustarla, pero ahora era todo lo contrario, le restregaba su excitación contra su intimidad, con todo el descaro del mundo y con las hormonas a flor de piel.

Pasaron un rato así, hasta que el chico dejó la boca de su pequeña prometida para besar su cuello y los jadeos de la niña se hicieron presentes. Los gemidos con esa voz aniñada de Astoria fueron los que extrañamente regresaron de golpe a Draco a la realidad, haciéndolo sentir un abusador de menores.

—Lo siento mucho —murmuró Draco jadeante, levantándose un poco para romper el contacto, apoyándose en sus manos y rodillas; pero sin dejar de estar encima de su niña que tenía el rostro completamente rojo.

—Te quiero —respondió ella, levantando los brazos para abrazarlo por el cuello y seguirlo besando; pero él la detuvo.

—No, Astoria, aun no —sería un mentiroso si decía que no quería hacerlo, de hecho, moría de ganas por hacerlo y más aun con ella, con su pequeña princesa de ojos verdes; pero aún era una niña que no estaba lista para aquello, además que él quería darle algo especial para su primera vez.

—Pensé que tú querías... —susurró, sintiéndose avergonzada por su forma de actuar. ¿A caso se había precipitado? Posiblemente, pero no la podían culpar por dejarse llevar, era la primera vez que sentía todo aquello, el calor, el placer y demás; simplemente se sentía bien y quería sentir más.

—Quiero —se apresuró a decir al ver el rostro afligido de Astoria —Como no imaginas —aseguró —Pero no de esta forma —sentenció, poniéndose de pie para con cierta resignación acomodar su ropa. Era mejor cortar o podía recaer y dejarse llevar en el momento, haciendo algo de lo que luego se arrepentiría.

—Creo que entiendo —la niña lo imitó y se acomodó la ropa igual que el cabello, evitando mirar a Draco a toda costa.

—Por favor —suspiró el chico, tomándola del rostro para que lo mirara —No te estoy despreciando, ni mucho menos. Solo quiero lo mejor para ti —dijo, depositando un pequeño beso sobre sus labios de melocotón —Créeme que me cuesta mucho contenerme, pero sé que no estas lista...

—Tú a mi edad, con Pansy —le cortó y tartamudeó al intentar argumentar aquello.

—No es lo mismo —el chico tomó aire y luego suspiró con cansancio —Primero que nada, tú no eres ella —le aclaró —Segundo, no me lleves la contra, al contrario, siente honrada de que quiero algo especial para ti —le aclaró con firmeza y sus penetrantes ojos de plata clavado en las esmeraldas —Te quiero —confesó de nuevo en voz baja —No te lo digo mucho, pero te quiero y quiero para ti algo especial y no lo mismo que les he dado a... bueno a muchas —concluyó con una mueca, notando como su novia también ponía una mala cara al recordar sus andadas.

—Supongo que si —admitió finalmente; pues si la pensaba bien, era muy lindo de parte de Draco decirle aquello y más aún privarse de algo que deseaba tanto. Un Malfoy comúnmente tiene lo que quiere cuando quiere y él se privaba de eso por ella.

—¿Vamos a dormir? —propuso el mayor ofreciéndole su mano a Astoria. La pequeña Greengrass aceptó y subieron las escalerillas a los dormitorios de las mazmorras, separándose al tener que dormir en camas diferentes.

—Echo de menos tu casa —murmuró cuando con un beso más se despidieron. El rubio sonrió recordando bien esa noche que había dormido juntos.

—Ya tendremos tiempo para eso y para todo, pequeña impaciente —le aclaró, sonriendo juguetonamente.

—Buenas noches —concluyó Astoria con una pequeña risa.

—Descansa —finalizó él, girándose para ir a donde los dormitorios de los chicos.

O-O-O

Después de aquella noche los días siguieron pasando con normalidad entre los dos. Por otro lado, las clases se volvían cada vez más tediosas y lo que al parecer Draco disfrutaba, a Astoria le exasperaba con respecto a la profesora Umbridge, la mujer había intensificado su furioso deseo de tomar bajo su control todos los aspectos de la vida en Hogwarts. Se mostraba decidida, como mínimo, a conseguir un despido lo más pronto posible, y la única duda era quién iba a caer primero: la profesora Trelawney o Hagrid.

A partir de entonces, todas las clases de Adivinación y de Cuidado de Criaturas Mágicas se impartían en presencia de la profesora Umbridge y de sus hojas de pergamino, cogidas con el sujetapapeles. Acechaba junto al fuego en la perfumada sala de la torre, interrumpía los discursos de la profesora Trelawney, cada vez más histéricos, con difíciles preguntas sobre tésomancia y heptomología, insistía en que predijera las respuestas de los alumnos antes de que ellos las dieran, y exigía que demostrara sus habilidades con la bola de cristal, las hojas de té y las runas. La clase se había vuelto un verdadero infierno.

Parecía que, en cualquier momento, la profesora Trelawney se vendría abajo ante tanta presión. En varias ocasiones Astoria había visto a la profesora por los pasillos, y siempre iba murmurando por lo bajo, furiosa, se retorcía las manos, lanzaba aterradas miradas por encima del hombro y despedía un intenso olor a jerez. Debía admitir que le daba lástima aquello, y si tenía que escoger entre el profesor de Hagrid y Trelawney, prefería el cuidado de criaturas magicas a la adivinación.

Aunque durante dichas clases el profesor Hagrid no parecía hacerlo mejor que Trelawney, el profesor parecía enajenado y nervioso, perdía continuamente el hilo de lo que estaba diciendo, se equivocaba al formular las preguntas y no paraba de mirar, angustiado, a la profesora Umbridge. La mujer hacía preguntas al azar siempre, preguntas crueles contra el profesor, como si eran capaces de entenderlo o así, claro que cuando a ella le preguntaba se había tomado la libertad de contestar con sarcasmo si es que acaso ella no era capaz de escuchar; y sabía que no había represarías en sus contras porque la vieja bruja era conocida de Lucius Malfoy y su padre. Por primera vez disfrutaba de las mieles de ser "intocable" y entendía perfectamente porque Draco disfrutaba tanto de aquellos beneficios que las influencias traían.

Por otro lado, las reuniones del ED se habían planeado casi enseguida de la noticia de los mortífagos. Habían tenido dos reuniones en esa semana y como su novio seguía ausente con sus cosas por las tardes, aprovechaba para escaparse de sus amigos y colarse al séptimo piso para aprender defensa contra las artes oscuras.

La mayoría de los chicos estaban muy aplicados en aprender, concentrados y dando lo mejor, pues al parecer la noticia de los diez mortífagos que andaban sueltos había estimulado a los que participaban en las reuniones, incluso a Zacharias Smith, a esforzarse más que nunca, pero en quien más se notaba esa mejora era en Neville. La noticia de la fuga de la agresora de sus padres había operado en él un cambio extraño y hasta un poco alarmante. El chico había dicho nada sobre la fuga de Bellatrix y los otros mortífagos, después de aquella charla que había tenido con Astoria. De hecho, Neville ya casi nunca hablaba durante las reuniones del ED, pero trabajaba sin tregua en cada nuevo embrujo y contramaldición que Harry les enseñaba; arrugaba la regordeta cara en una mueca de concentración, en apariencia indiferente a las heridas o a los accidentes, y trabajaba más duro que ningún otro compañero. Mejoraba tan deprisa que resultaba desconcertante, y cuando Harry les enseñó el encantamiento escudo, un método para desviar pequeños embrujos y que rebotaran sobre el agresor, sólo Hermione consiguió ejecutarlo más deprisa que Neville. De la misma manera Astoria parecía decidida a no quedarse atrás y siguiendo el ejemplo de Grfyffindor practicaba con Luna fervientemente.

—Lo has hecho muy bien —animó Cesir cuando se despedían de una de esas reuniones.

—Gracias —la única Slytherin del grupo se despidió de todos cuanto pudo y con los que se llevaba bien, para luego correr a toda prisa de regreso a las mazmorras, que sintió quedaban muy lejos sobre todo aquella noche pues ya había pasado la hora de estar fuera de los dormitorios. Y para su desgracia se topó con quien menos hubiera deseado ver en esos momentos.

—Sabes que no deberías estar a estas horas fuera de la cama —le reprendió con falso tono amistoso la prefecta pelinegra.

—Estaba haciendo mis deberes con Luna Lovegood, para astronomía —se defendió, intentando pasar a la sala común, pero la chica mayor se lo impidió.

—Lo siento, yo no soy Draco y te tocará pagar —bramó, tomándola del brazo para arrastrarla a la oficina de Snape, con la firme idea de que el profesor la castigaría. Para fortuna de la niña de ojos verdes, el profesor las regañó a las dos, pero no las castigó y las mando a dormir.

Las chicas regresaron a la sala común. Parkinson se notaba que quería morderla de pura rabia, pero de mala manera prefirió ignorarla y dejarla detrás para irse a dormir mientras maldecía por lo bajo. Para su sorpresa en el sofá de cuero negro de la sala, estaba Draco.

—¿Qué paso? —preguntó el rubio, mirando como la cabellera negra se perdía en las escaleras.

—Me quiso acusar con Snape de estar fuera de la cama, pero no le salió —comentó con burla y una risita.

—¿Te gusta? —preguntó pretencioso, poniéndose de pie para pararse frente a ella.

—¿Me gusta qué? —cuestionó confundida.

—Qué sí te gusta sentirte poderosa —le ronroneó, al tiempo que la abrazaba con fuera de la cintura para cargarla y dejarla poco más alta que él y eso era mucho decir pues la pequeña Greengrass apenas y le llegaba al mentón.

—¿Tienes algo que ver? —indagó, dejándose cargar y despeinando el rubio cabello de su novio.

—Algo —admitió divertido —¿Me vas a recomenzar? —preguntó juguetón. Astoria no tardó ni dos segundos en darle unos pequeños besos en los labios.

—Andas muy alegre, cuéntame que pasó —quiso saber la chica. Los ojos grises de él se calvaron en ella, y el príncipe de Slytherin le regaló una sonrisa de lado muy pretenciosa y altanera. No era que le desgradara que Draco estuviera tan de buen humor, pero le daba parte miedo y curiosidad pensar en que podía tener tan feliz al joven Malfoy.

—Pronto lo sabrás —fue su única respuesta, antes de llevarla cargando a los dormitorios donde la despidió con un beso.

De la misma manera mimosas concluyeron varias noches de enero, aunque en los días Draco parecía estar ausente en otras cosas que cada vez le causaban más intrigar. Las clases fueron tomando más dificultad con forme avanzaban los días, empezaba a extrañar las clases particulares con su novio en el aula de pociones. La presión para los de quinto, quienes presentaría los TIMOs al final de ese año, se reflejaba en Daphne, sobre todo, quien al parecer no tenía idea de que estudiar. Las hermanas habían pasado algunas tardes hablando, en compañía de Paige y Tracey, sobre aquello; mientras Draco y sus amigos, bien gracias parecían estar de vacaciones.

El mes de enero pasó a una velocidad alarmante, trayendo consigo algunas nevadas más que cubrieron todo de blanca nieve. El mes de febrero había llegado en un parpadear, con un tiempo más húmedo pero menos frío, y la perspectiva de la segunda excursión del año a Hogsmeade. La mayoría de las chicas pasaban hablando de la dichosa excursión que caía justamente en el día de San Valentín.

—Creo que todos irán en parejas amorosas ¿No? —se quejó Leo mientras caminaban de una clase a otra.

—Tú y yo podríamos ir como amigos... —comenzó a decir Paige. Astoria se alejó un poco para darles privacidad, pero antes de que lo pudiera advertir, Zabini se aproximaba a grandes zancadas a donde ellos y por lo que alcanzó a escuchar, el moreno había invitado a la pelirroja a Hogsmeade. La chica soltó un grito de asombro y como era de esperarse no dudo en decir que aceptaba.

—Creo que me quedaré a hacerle compañía a Cole —bufó el castaño, pasando a un lado de su amiga. Astoria no tenía palabras para aquello, se alegraba por Blaise, incluso hasta por Paige, pero algo le decía que no eran exactamente una buena pareja; aunque eso no era algo que le incumbiera a ella.

Así pasaron el resto de la semana y la siguiente, hablando de lo que harían en la excursión, lo que se pondrían y demás. Astoria se enteró de que Daphne iría con Theo, Tracey con Goyle y aunque no le importaba mucho; a sus oídos había llegado la noticia de que Pansy iría con Bletchley, el guardián del equipo de Quidditch.

La mañana del día 14 de ese mes amaneció con entusiasmo, ella y Paige se vistieron con especial esmero. Y se fueron al Gran Comedor donde ya estaban Draco y Blaise hablando; Astoria alcanzó a ver algo con lo que el rubio jugaba, pero no lo distinguió bien pues este se lo guardó de manera discreta cuando las vieron acercarse. No desayunaron pues quedaron de comer en Hogsmeade y así sin más salieron del comedor y se pusieron en la fila de estudiantes que esperaban la autorización de Filch para salir del castillo, mirándose de vez en cuando y sonriendo furtivamente, pero sin decirse nada.

Pasando las rejas del castillo, al grupo de cuatro se unieron las otras parejas conocidas y comenzaron a caminar, pero al llegar a la villa, donde ya había más gente y ruido y demás, Draco la tomó más firmemente de la cintura y sin despedirse ni hacer mucho revuelto se alejó con Astoria de sus amigos.

—Te tengo una sorpresa —le susurró, mientras caminaban rumbo a la casa de los gritos, hundiéndose un poco en la nieve del terreno irregular. El corazón de Astoria comenzó a latir con fuerza y las manos le sudaban, aunque por suerte los guantes impedían que Draco notara aquello. Estaba emocionada y nerviosa de por fin descubrir lo que el chico le había estado ocultando durante casi más de un mes.

¿Que sería lo que el rubio Malfoy había estado haciendo? ¿Sería bueno o malo? Las mariposas parecían revolotear en su estómago con cada paso que daba y se aproximaba a la sorpresa que le tenían...