CAPÍTULO 32

LA LEYENDA DE LAS LLAMAS GEMELAS DE MENEVRAS

.

.

.

Mis ojos se cerraron después de haber estado con la mirada fija en la densa oscuridad que me rodeaba. Estoy, y al mismo tiempo no estoy, consciente de mi estado. Quiero decir, sé que fui atacada por una quimera oscura, debería estar muerta, pero ¿he muerto? La paz me recorre todo el cuerpo, el cual está relajado como si flotara en la niebla.

La siguiente vez que abro los ojos, lo hago porque la gravedad comienza a hacer efecto. Puedo palpar la sensación del pasto, sentir mi cabeza en el regazo de alguien y unas manos acarician mi cabeza. Un cielo claro y azul me ilumina, los rayos del sol bailando a través de las ramas de un frondoso árbol y jugando en mi rostro. No se escucha nada más que el suave viento sacudiendo las ramas junto a su silbido y el piar de los pájaros en la lejanía.

—Estoy tan contenta de que hayas despertado otra vez, hija. —La suave, cálida voz de Naturae enfoca mi mente.

Capto que estoy en su regazo, es su mano la que acaricia mi cabello.

—¿Estoy muerta?

—Afortunadamente, no. —Intento incorporarme, y una mano más gruesa me ayuda.

Al levantar la vista, por un instante pienso que Deckard está con nosotras, hasta que la cara ligeramente menos angulosa, la nariz fina y la forma del flequillo en el blanco cabello me demuestran que no es él. Cada rasgo posee un aire similar a Deckard y al mismo tiempo es distinto.

—¿Vita?

—Al fin nos encontramos de frente otra vez, Shaira.

Parpadeo un par de veces.

—¿Nos hemos visto antes?

Él asiente.

—Un millar de veces. —Me brinda una sonrisa triste—. Cada vez que vuelves a mis manos, herida por los golpes del mundo mortal. Has venido aquí con una nueva herida.

—¿Por qué estoy aquí? —cuestiono, luego de unos segundos.

—Tu mente y cuerpo todavía no han conectado con tu alma. —Eso lo responde Naturae, una brisa sopla y sacude con ligereza sus cabellos negros—. Tus heridas siguen sanando muy lentamente.

Ante mi mirada confundida, Vita abre la palma frente a mí, y un orbe mágico se dibuja mostrándome una imagen. Mi cuerpo —o el de Evelyn, como sea— está recostado en la cama de la habitación de Deckard. Enola está cerca de mí, ayudando a Deckard a curar con magia los feos tajos que las garras de la quimera hicieron en mi torso. Son tres gruesas hendiduras que van desde mi hombro derecho, mi seno y el costado izquierdo a la altura de mi costilla.

—Dios... mío... —Me cubro medio rostro, horrorizada—. Yo debería estar muerta. Las... garras debieron perforar mi pulmón derecho y el hígado.

—La magia de Lynd en el fragmento que usaste es lo que está manteniéndote con vida. —Vita asintió, los tres observando el orbe—. Mi hijo debe apresurarse en curar tus heridas antes de que la magia acabe.

Naturae continúa, colocando una mano en mi hombro.

—Si la magia del fragmento acaba, y él no ha curado las heridas más mortales, no podrás regresar a ese cuerpo. —Ella mira a Vita esta vez, con algo de dolor—. Por eso está aquí. Para llevarte a su lado si el tiempo se acaba.

—¿Cuánto tiempo tiene Deckard antes de que la magia del fragmento termine? —pregunto con ansiedad, me asusta la idea de irme tan pronto.

Yo...

Yo le prometí que estaríamos juntos. Que íbamos a ser una familia. Deckard me comentó que ambos teníamos un destino establecido: mi destino de pena, pero suyo de soledad. Antes hice el juramento de que no seguiré ese destino pactado por la novela o por alguna profecía, y tampoco voy a permitir que él siga el suyo por igual.

—Le quedan menos de dos horas antes de que la magia del fragmento se desvanezca —respondió Vita—. Si fuera una enfermedad, una herida menor, esa magia curativa tan solo eliminaría el daño. Pero has sido atacada por una quimera oscura, sus garras tocaron tu piel, infectándola de ponzoña negra. Mi hijo debe eliminar esa oscuridad que infecta la carne de ese cuerpo y luego dejar que el fragmento cierre las heridas más profundas.

—Antes fui atacada por otra quimera... —objeto, confundida de que eso no hubiera ocurrido antes.

—Su toque no penetró en ti esa vez.

Froto mi rostro, frustrada con todo lo que está pasando.

—Nada de esto pasaría si las quimeras no hubieran entrado. ¿Por qué pasó? —Miro de uno a otro—. Se supone que es impenetrable la barrera. Y los magos, sus manás se consumían bastante rápido.

Vita asintió.

—Debes saber que la barrera que protege Menevras fue forjada por la magia de Lynd durante la Primera Bendición. —Su voz es calmada, no tan profunda como la de Deckard, y, por irónico que suene, se escucha como la voz cálida de un padre—. La magia en la barrera estaba conectada a él. Si Lynd era fuerte, la barrera se volvía fuerte. Si era débil, la barrera se debilitaba por igual. Sin embargo, Lynd volvió a mis manos varios siglos mortales atrás. Sin su presencia física, poco a poco la barrera se debilita.

—Pero Deckard—

—Él puede brindar su maná, incluso desvió tu exceso de maná a la barrera una vez, ¿no? —Asiento, recordando aquel momento cuando mi magia se liberó y me estaba quemando—. Eso alimenta la barrera, pero es solo momentáneo. Para cambiarlo, ustedes dos, juntos deben forjar una nueva barrera. Esta será diferente y permanente.

—Quiere decir, aun si Deckard y yo no estemos, ¿la barrera no se debilitará?

—No lo hará, porque será nuestra magia a través de ustedes quien ayude a forjarla. —Vita se llevó la mano izquierda al pecho—. Nosotros no podemos tocar el mundo mortal, eso no aplica a nuestros hijos.

De eso se trata la profecía. ¿Eso es lo que aquella secta quiere evitar?

—¿Por qué Menevras y no otro imperio? Hablo de que, no he escuchado de otros imperios sean atacados.

—Pero pronto lo harán. —Esta vez, Naturae intervino, preocupada—. Las criaturas se vuelven cada vez más poderosas y pronto otras le seguirán. Ha habido un aumento desde que tú llegaste, porque el maná de nuestros hijos los atrae.

—Su interés radica en la Fuente de Maná. Está ubicada en la primera Torre Mágica —añade Vita—. Cuando Él llegue a colocar su oscuridad en la Fuente, cada mago en cada imperio será absorbido. —Mi piel se estremece, pues Vita disminuyó su tono a una voz sombría—. No importa si eres un mago de luz, serás corrompido y convertido en títere de la oscuridad. Y al ocurrir eso, Mors podrá pisar la tierra inmortal ya que habrá roto el equilibrio.

Todo mi cuerpo se siente frío, creo que por mis venas ha empezado a correr hielo puro ante lo que Vita me ha revelado.

No sé si Deckard sepa de esto o no, y justo ahora no es lo que gobierna mi mente. Es el hecho de que si la Fuente que está en la Torre es corrompida, cada mago en todo este mundo lo hará, y eso nos incluye a Deckard y a mí, pues aún siendo hijos sagrados, seguimos siendo magos. Sin embargo, todavía sigo siendo menos que una novata. Deckard en su clase sobre los tipos de magia, dejó en claro que la magia sagrada —la que forma parte de la magia espiritual— es la más complicada de ejercer hasta para el mago más experimentado. Hace un momento, me costó llamar la simple magia del elemento tierra, ¿cuánto no me costará la magia sagrada?

Si no lo logro, para cuando pueda, quizá sea demasiado tarde.

—¿Q-qué hay sobre el desgaste de maná en los magos?

—Mi hijo posee un nivel superior de maná al resto, y esa magia está ahora conectada a la Fuente —comenzó a explicarme Vita. Ahora sentado frente a mí, levantó una rodilla para apoyar su brazo en ella. No parece un Dios Celestial, se presenta ante mí como un hombre normal que es también un poco desconcertante—. Pero la Fuente posee su propio sistema autónomo. La magia es vida, la Fuente tiene vida. La Fuente reconoce a mi hijo como parte de mí, pero contrario a cuando ocurría con Lynd, mi hijo representa la mitad de un todo.

—La Fuente necesita que mi hija se conecte también. —Naturae apoya su mano en mi hombro—. Al hacerlo, el maná de cada mago alcanzará su potencial y el desgaste de maná se reducirá drásticamente.

—Podría hacerlo al volver, ¿no? —pregunto—. Ellos necesitan estar en buen estado mágico para luchar.

—Estás en un cuerpo que no es compatible con la magia. —Esta vez, la voz de Vita fue más cortante.

—¿Qué?

—Tu actual recipiente no fue diseñado para soportar la carga de un maná. Durante el desarrollo del cuerpo en el vientre mortal, deposito el alma y la magia para que ambos moldeen cada aspecto del recipiente. —Vita hace un movimiento con la cabeza para negar, unos pocos mechones se mecen con suavidad—. Ese cuerpo en el que estás jamás fue moldeado a la magia, mucho menos a una tan fuerte como la tuya. Ejercer un alto hechizo de magia va a quebrarlo.

¿Q-quebrarlo?

—¿Cómo que quebrarlo? ¡Pero hice magia con él!

—Tu cascada de agua no te causó daño. Pero seguro recordarás lo que pasó con los pilares de tierra...

—Escupí sangre... —recordé.

—Y el fuego de tu maná cuando no tienes el sello de mi hijo.

Siento los brazos de Naturae hasta que ella me abraza.

—El destino de pena pesa sobre ti. Tu actual estado es un ejemplo de ello.

Siento mis hombros decaer.

Si lo que dice Vita es cierto, ¿entonces cómo puedo ejercer la magia sagrada? Moriré. Y sé que Deckard no me dejará hacerlo si llega a saberlo —más bien, hasta es probable que se entere por sí mismo. De ser así, ¿cómo podríamos detener todo esto?

—¿Hay alguna manera de unir nuestra magia sin que esto sea un impedimento? —Me separo de Naturae, para verlos a ambos—. ¿Por qué terminé en el cuerpo de Evelyn Herschel en primer lugar? Deckard dijo que su alma se perdió, ¿está ella en mi cuerpo o está...?

—Esa alma no está en mis manos. —Vita se pone en pie, desconcertándome—. Es hora de irse.

Entro en pánico.

—¡¿Qué?! ¡Espera, no estoy lista para morir!

La sonrisa de Vita y la risa pequeña de Naturae me hacen recelar.

—Mi hijo te ha curado. Transcurrirán horas que para ti serán un par de minutos...

Naturae me ayuda a incorporarme un poco, besa mi sien con cariño.

—Él debe quererte tanto para traerte de regreso.

—Y con razón... —Vita fue el primero en girarse para marcharse, y aun con eso, su figura comenzó a desvanecerse desde sus pies—, después de todo, ambos son la llama gemela del otro.

Parpadeo.

—¿Llama gemela? —Mis mejillas deberían arder, sin embargo ni siquiera estoy consciente del peso de mi cuerpo, como si la gravedad estuviera haciendo efecto en mí—. Él quiso decir alma gemela, ¿no?

Naturae negó, sin dejar de darme aquella dulce sonrisa, sus ojos esmeraldas fijos en mí

—Ambos son llamas gemelas. Ten mucho cuidado a partir de ahora, hija.

¿Llamas gemelas?

Mientras mi visión se volvió negra, las palabras no dejaron de rondar por mi cabeza, preguntándome, entre tantas otras cosas, a qué se refería eso.

.

.

.

Una vez más, mis ojos se abren. Puedo reconocer el techo de la cama de Deckard, y al dar un vistazo a mi alrededor, veo la figura de Enola levantando una panela de agua. La piel fresca de mi cuerpo es señal para mí de que ha acabado de darme un baño de cama. Cuando nuestros ojos se encuentran, lanza un suspiro de alivio y vuelve a dejar la panela en la mesilla junto al lecho.

—Gracias a Vita, estás bien...

—¿Qué ha pasado...? —Mi voz suena rara.

—No hables. No te muevas. No te duermas. Solo respira. —Hombre, ¿algo más? Es decir, tampoco es como si tuviera la fuerza para sentarme—. Y respira lento. La magia del fragmento todavía sigue haciendo efecto en ti... —Enola mira hacia mi pecho—. Puede que ahora no sientas dolor pero pronto lo harás.

No, no siento dolor, siento mi cuerpo entumecido, justo como si aún estuviera bajo efectos de anestesia. Siendo honesta, me asusta la idea de sentir dolor. Todavía recuerdo los tajos en mi cuerpo. Intento echar un vistazo, y me asusta lo que veo.

Cicatrices. Tres líneas irregulares, la del medio más prominente, cruzan mi pecho en sentido diagonal, justo las cicatrices que deja una piel cocida. Se ven horrendas, antiestéticas, el seno derecho luce un poco deformado, tanto que me cuesta reconocer el pezón. Siento los latidos de mi corazón dispararse con fuerza en mi pecho, quiero gritar y hasta llorar.

Enola cubre mi cuerpo con una sábana.

—No va a lucir así siempre —dice, su voz más suave esta vez. Limpia una lágrima que no noté escapó de mi ojo izquierdo.

—No te ocurrió...

Enola suspira.

—No te quedarán esas cicatrices. Te lo dije. La magia del fragmento sigue funcionando en ti. —Acomoda las sábanas, y se sienta a mi lado—. Justo ahora, la magia curativa en el fragmento está reconstituyendo lo que falta de tu pulmón derecho y el esófago. Puede que una vez que la magia acabe, te siga costando respirar un poco... Probablemente la magia también reconstituya parte de las cicatrices, pero solo una parte de ellas...

—Mi pecho va a quedar desfigurado...

Enola me observa un minuto en silencio.

—¿Tiene algo de malo que quede así? Estás viva. El maestro no dejó tu lado ni un minuto hasta que eliminó la ponzoña negra de tu cuerpo, todo para mantenerte con vida. —Enola desvió la mirada—. ¿Y sólo te preocupa cómo quedará tu seno?

Me doy cuenta de lo que trata de decir: fui superficial. No debería importarme cómo luzca mi cuerpo mientras quede con vida, en especial cuando se trata de algo que no todo el mundo verá. Sin embargo, no quita que me costará verme al espejo desnuda o cuando tome una ducha.

Trago con dificultad.

—¿Dónde está Deckard?

—Ha salido a comprobar a los magos que sobrevivieron. Solo murieron dos, nadie que conozcas. —Enola tomó aire—. Cuando lo veas, el maestro podrá lucir normal... pero está terriblemente cabreado. Así que cuando venga, no sé cómo, pero no lo empeores. La Fuente no ha dejado de arder desde hace horas y abajo parece una caldera.

—Yo... ¿De qué hablas?

Enola me observa, su mirada un poco irritada. Dicho sentimiento pareció aplacarse cuando otra vez miró hacia mi pecho, se pasó las dos manos por la cara, y trató de nuevo.

—Hablo de que nunca, desde que llegué aquí, le vi de esa manera. Cuando... Cuando tú fuiste atacada, de inmediato todo el cielo de Menevras se oscureció... —Enola abrió la boca, y para mi incredulidad, ella tembló—. Toda la magia del maestro estalló de una forma que ningún otro mago vio antes. Los cuerpos de cada quimera que había en el lago, en especial aquella que enfrentaste, fue... consumida por la magia del maestro hasta explotar. Y te repito: explotar. El campo, los árboles... el propio lago Vitta fue manchado de sangre y restos. —Enola se frotó los brazos, justo como si quisiera quitarse la imagen de su mente y cuerpo—. Tuvimos que protegernos con magia para no mancharnos también. Pero incluso así, nada ha aplacado su furia.

Me encuentro sumergida en un mutismo por la sorpresa, por el horror y también la preocupación. Tengo buena imaginación, también tengo buena memoria. Sé bien cómo actúa la magia y la mente de Deckard cuando está envuelto por la ira, el rencor y la sed de venganza. Sé bien cuán... sanguinario y despiadado puede actuar al estar gobernado por esos oscuros sentimientos.

Trago con dificultad.

—¿Dijiste que está... fuera compro—?

—Comprobando a los magos que sobrevivieron, sí. Lo hizo mientras me dejaba limpiarte. —Enola se levantó de la cama—. Jennyfer es buena en una versión mínima de la magia espiritual, tiene un nivel apto en magia sanadora. Es uno de los pocos niveles a los que todos podemos aspirar en la magia sagrada, y dado que ya la conoces, le pediré que venga a revisarte.

—¿Cuántos niveles tiene esa magia? —Independiente de si este cuerpo fuera compatible o no, esa rama de la magia es una que debo manejar si quiero librarnos de la amenaza constante de las quimeras.

—Son solo cuatro. Sanación, astral, nigromántica y divina. Absolutamente todos solo alcanzamos los dos primeros niveles...

—¿Tú igual?

Enola negó.

—Sigo aprendiendo el nivel de sanación. —Ella tomó la panela de agua—. Llevaré esto abajo y le pediré a Jennyfer que venga. Dentro de poco empezarás a sentir dolor, pero ella podrá ver cómo sigues. Trata de no dormirte...

Um, creo que eso fue difícil, porque no recuerdo el momento en que Jennyfer volvió. La siguiente vez que abrí mis ojos, lo hice porque estaba teniendo dificultad para respirar un poco al mismo tiempo que un ardor intenso me azotaba el pecho. En una escala de dolor, le daría un ocho y en aumento conforme más consciente me vuelvo. Quizá los efectos del fragmento ya han pasado, la magia ya acabó y solo queda que mi cuerpo haga el resto. Sin embargo, necesito una buena dosis de morfina pronto porque existe la posibilidad de que no pueda lidiar mucho con el dolor.

—Ah... —Intento levantarme, respirar profundo y fijarme en mi entorno.

Todo está oscuro. También en silencio, me creería sorda si no fuera por el muy ligero sonido del viento. Debemos estar muy alto para que ni logre escuchar los grillos, me he acostumbrado al segundo piso del palacio, donde está —error, era mi habitación, dejando que escuchara el criar de los insectos, las ramas de árboles sacudirse. Me logro incorporar lo suficiente para sentarme, aferro la sábana y me doy cuenta que llevo puesto una túnica ligera de mangas anchas. Me gobernaría el alivio de verme vestida si mi mente no estuviera lidiando con el dolor en mi pecho.

Apoyo un brazo en la cama, sujetando mi costado. Esta vez empiezo a respirar por la boca.

—¿Enola? —intento llamar. No sé de qué forma Deckard la llama, no puedo concentrarme lo suficiente en eso—. Mierda. —Me muerdo el labio, observo el lado de la cama que está vacía y trato algo diferente—. ¿Deckard?

Pasan solo unos segundos antes de que una vela se vea encendida en la mesita a mi lado y la figura de él se comienza a presentarse en medio de la habitación. Ambos nos observamos por unos breves instantes hasta que él avanza hacia mí. Pareciera como si tuviera miedo pero, es Deckard, él no tendría miedo a nada.

—Deberías seguir durmiendo... —Se sienta a mi lado.

—Está empezando el dolor. —Todavía me sujeto el costado, si bien el dolor inicia desde mi seno, pasando por el medio del torso hasta mi estómago—. Dime que existen las aspirinas...

No comentó nada, únicamente movió su mano para colocarla sobre mi torso sin tocarme aún. Vi su mano brillar en dorado, la esencia del maná extendiéndose hasta entrar en mi interior, poco a poco aplacando la dolencia. Era una lenta tortura mientras hacía efecto, iba desde el centro, alcanzando primero la zona de mi seno hasta el costado.

—No durará más que unas pocas horas. El fragmento no alcanzó a curarlo del todo, y no se puede recurrir a la magia sanadora para hacer lo mismo. El propio cuerpo debe seguir su curso natural de curación —explicó con voz neutra.

—Entiendo. —Levanto la vista. De nuevo está quieto. Con un suspiro, estiro mi mano para tomar la de él—. Ya, suéltalo. —Nos quedamos en silencio un minuto completo, yo viéndolo y él observando mi agarre en su mano—. Deck —llamo, más suave esta vez.

Por fin, nuestros ojos se conectan. Creo ver la preocupación en ellos, y algo más que no termino por identificar. ¿Enojo? No. Es más como...

Mis pensamientos se acortan cuando él pasa a abrazarme, esconde el rostro en el espacio entre mi cuello y hombro, apretándome. Si no hubiera usado la magia antes, quizá no soportaría el agarre. Ahora mi cuerpo está adormecido por ella, Antes de que él me sostuviera, lo hacía mi brazo. Dejo de hacerlo para apoyarme por completo en él. Puedo sentirlo temblar, su feroz agarre en mí cabeza y cuerpo. Lo que termina por romperme, que además considero que mi adormecimiento me juega una mala pasada, es la sensación de una ligera humedad en la tela.

—¿Deck...?

—Jamás... —Su voz suena normal. ¿Lo habré estado imaginando?— vuelvas a hacer algo como aquello. —Me aprieta un poco más—. No vuelvas a ponerte en riesgo. Verónica... —No obstante, cuando antes su tono era neutro, al llamarme se escuchó quebrada, en un bajo murmullo que causó un nudo en mi garganta—, no me hagas creer que te he perdido. Por favor. No me hagas pasar por eso otra vez.

Siento mi corazón latir con tal fuerza, las palabras de Deckard resuenan como un eco que me golpea repetidas veces. La culpa se asienta en mi cabeza, en mi garganta y en mi pecho, tan solo atino a rodearlo con mis brazos, incapaz de pensar en qué decirle, pensar qué otra cosa poder hacer.

—Lo lamento —respondo en un hilo de voz—. Estoy bien. Estoy aquí. No pienso irme.

Palabras similares salen de mi boca cada ciertos segundos, dura el tiempo en que Deckard me mantiene abrazada a su cuerpo, noto toda la tensión dejando cada parte de él, comenzando por su torso, brazos, hasta que únicamente me sostiene como si no quisiera soltarme aún. Sabiendo eso, lo atraigo cuando me recuesto en la cama de nuevo, él me mantiene cerca con solo las sábanas y la ropa de por medio.

Se queda junto a mí, incapaz de soltarme, sus dedos se enredan en mi cabello al tiempo que sus labios besan mi frente, besan mi nariz, mis mejillas, y cuando levanto la cabeza, besan mi boca. Eso es lo que termina por encajar en ambos, la unión de nuestros labios mientras sus dedos rozan mi nuca, la otra mano acaricia mi cintura hasta llegar a mi espalda. Es como si hubieran pasado mil años desde la última vez, y sé que él puede sentir lo mismo. Su beso es cálido, cuidadoso y tierno, como nunca antes creí viniendo de él, causando que mi corazón se caliente más.

—Me prometí que no dejaría que el destino te alcanzara una vez más —susurra contra mis labios, su nariz roza la mía—. Por primera vez pensé que había fallado.

—No quiero que te culpes por lo que ocurrió. Fue una decisión que yo tomé.

—A costa de tu vida —replica él.

—Lo hice para salvar a Myriam... —Me alejo un poco. La vela aún sigue encendida, así que puedo verlo en la penumbra de la habitación—. Mis amigos son importantes para mí.

Deckard suspira.

—Ella era una maga...

—Ella no sabe hacer magia para defenderse —objeto, mi entrecejo fruncido—. Su padre no le permite aprender.

—Pues entonces aprenderá, lo quiera él o no. Prefiero que se arriesguen ellos mismos salvando sus vidas que lo hagas tú por ellos.

Le di un suave golpe en el costado.

—No seas tan desalmado. Todos los magos bajo tu cuidado arriesgaron sus vidas por salvarnos.

—Me importas tú más que ellos. —Él quita un mechón de cabello que cayó por mi hombro, dejándolo a mi espalda—. Lo que ocurrió no debe pasar de nuevo.

Bajo la mirada, un poco angustiada.

—Quizá lo haga. Quizá pase otra vez. Quizá pase siempre. Porque no puedo acceder a mi maná completo. Es el cuerpo de una persona normal, el cuerpo de Evelyn.

—Este cuerpo es ahora el tuyo. Eres tú —responde él, con un deje firme—. No veo a Evelyn, te veo a ti. Encontraremos la forma de...

—¿Y si no es así? Sin tu maná para estabilizarme, el mío se desborda. No puedo hacer magia de mayor nivel—

—Claro que puedes. Los picos de la tierra—

—Quedé clavada porque mi cuerpo no pudo responder ante la magia. Vita lo dijo, no es compatible.

Los ojos de Deckard recorrieron mi rostro, dudoso de mis palabras.

—¿Qué dijiste?

—Mientras estaba inconsciente, vi a Vita y Naturae. Me dijo varias cosas, y entre todas, dejó en claro que este cuerpo y mi magia no se compenetran.

Él liberó una mano, la usó para frotar su rostro. Volvió a descansarla en mi cintura.

—Déjame encontrar la manera de solucionarlo. —Su voz sonó casi suplicante, llamando más mi interés, no solo por su petición—. Sé que debe haber una forma.

—¿Qué es lo que no... estás diciéndome?

Los dos permanecimos en silencio, pude verlo tratando de escoger las palabras adecuadas, su mano presionó mi cintura, todo su cuerpo tenso de nuevo y los rasgos de su rostro se desdibujaron en una expresión de preocupación que empezó a contagiarme.

—Si te hubiera perdido hoy... no podría saber cuándo regresarías —susurró por fin, desviando su mirada de mí—. Sé que mi maestro te ha buscado por años, muchos años, poco después de que él me trajo a la Torre. Te lo dije una vez, cada que estaba cerca de hallarte, tú ya... habías muerto por tu destino preestablecido. Y finalmente la única vez que has sido hallada—

—Es porque acabé en el cuerpo de Evelyn —completo, sin voz.

Una vez más, el silencio dura unos segundos en la habitación.

—Pero estuviste dispuesto a dejarme ir antes...

—Porque era tu decisión. La muerte no te deja opción. —Él me mira—. E incluso así, yo mismo habría hecho todo porque volvieras a tu anterior cuerpo, ¿qué nos asegura que al morir serás regresada allí? —Su mano se mueve, rodea mi cuerpo en un nuevo abrazo—. Quiero que estés con vida, no importa la dimensión, siempre y cuando tu pasado no se repita.

.

•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•

.

Una semana.

Ha pasado una semana para que todas las heridas hayan cicatrizado dentro de mi cuerpo. De esa manera, podía moverme con más facilidad, inclinarme, estirarme, no creo que pueda ser capaz de ejercer fuerza o correr, en esa parte continúo delicada, sin embargo puedo tener la libertad de salir de la habitación y explorar más de la Torre.

El interior se siente como un castillo medieval redondo, como un torreón recuerdo que se llamaba. Mientras que el exterior es de piedra negra, el interior es más claro, sin mencionar que es mucho más amplio, como si fuera un enorme y redondo castillo con una interminable escalera en espiral en el centro que da acceso a cada piso de la torre. Enola me comentó que hay aproximadamente unos treinta pisos, once de ellos destinados a las habitaciones de los magos, el resto se distribuyen en el área de aprendizaje, biblioteca, cocina y laboratorio —dado que algunas toman hasta dos pisos completos. Por obviedad, todos los magos optan por transportarse con magia de un piso a otro, Dado que yo no puedo hacer eso, tengo que hacerlo a pie,

No es molestia, en general. Bajo el piso donde está la habitación de Deckard, está su oficina y la biblioteca. Me he entretenido ahí. Es atendida por varios magos, todos de inmediato se abalanzaron sobre mí, entusiasmados al ver mi aura y, en especial, preocupados por mi estado de salud.

—¿Se encuentra mejor, señorita?

—¿No le duele nada?

—Debería quedarse en reposo.

—¿Hay algo que podamos hacer por usted?

—¡La señorita fue bastante valiente para enfrentarse a una quimera ella sola!

Dios mío, hablan todos a la vez...

—¡A-alto! Cállense un momento. —Retrocedo hasta tropezarme con un estante repleto de libros—. De acuerdo, eh... hablen uno a la vez.

—¿Es seguro para la señorita salir de la habitación?

—Quizá deba quedarse descansando.

—El maestro Deckard estuvo muy preocupado.

—¡La señorita fue muy valiente!

—¡Silencio! —ordeno, frustrada cuando otras cinco voces más se escucharon hablar también. Noté que todos se callaron (¡por fin!) y tomé eso como incentivo para intervenir—. De acuerdo. Primero, sí, estoy bien; segundo, no, me encuentro capacitada para salir y caminar un poco; tercero, no, puedo encargarme sola por ahora; cuarto, solo fui valiente para proteger a una amiga. Y quinto, ¡dejen de hablar todos al mismo tiempo!

Al instante en que dije eso, me arrepentí. Nunca he sido una líder estricta, mucho menos una jefa dominante, me gusta llevar una buena relación con todos y por lo general soy un poco paciente, sin embargo puedo entender por qué a veces Deckard luce estresado. El entusiasmo de estos magos es excesivo, en vez de parecer adultos, son como un hormonal grupo de chicos.

—Escuchen. Van a tratarme como una igual. Pero con calma. Por ahora solo quiero conocer la torre, ¿está claro?

—Sí, señorita. —Eso lo dijeron a la vez. Luego cada uno comenzó a dar disculpas, y yo solo levanté una mano.

—Está bien. Vuelvan a sus cosas. Si necesito ayuda, les pediré a alguno de ustedes.

Estaba por comenzar a recorrer los estantes cuando uno de ellos me detuvo.

—Señorita, si me permite la palabra... —Hizo una reverencia. Ug, me incomoda un poco que me traten como una eminencia—, ¿qué significará su presencia en la Torre? —Miró a cada uno de sus compañeros, luego a mí—. Hablo de, su aura... Tan solo el maestro Deckard y el antiguo mago ancestral Lynd tuvieron auras de colores.

¿Quizá sea algo que deba hablarles en conjunto con Deckard? Sé que todos se preguntan lo mismo: ¿qué soy yo? ¿Qué hago aquí? Quería aplazarlo un tiempo más, estar lista para revelarlo a todos.

—Em... Preferiría que estuviera Deckard también y todos en general. Lo único que puedo adelantarles es que... —Por un instante, dudo— es que mi maná está relacionado de forma directa con la diosa Naturae. —Los escucho gemir, la sorpresa cambia sus facciones—. Es una larga historia. En resumen, mi maná estaba bloqueado, nunca supe que tenía magia y por eso nunca aprendí sobre ella. Estoy aquí para remediar eso y para ayudar a Deckard a proteger Menevras. Eso es todo lo que puedo adelantar.

Me alejo de ellos, perdiéndome en uno de los tantos pasillos de estanterías.

La habitación es rectangular. Las estanterías están de cara a la puerta y forman una especie de laberinto. No parece que estuvieran ordenados por tema sino por nivel, los estantes del fondo deben contener libros de un nivel mayor, así que me dirijo hacia ahí. Sé que debería comenzar con lo básico antes de ir a lo experto, no así, quiero saber más sobre la magia sagrada.

Contrario a aquella sección que había en la biblioteca real, cada estante en esta biblioteca está repleta de tomos referentes a la magia. Algunos no tienen título hasta que inspecciono su contenido, En los últimos estantes me quedo en blanco viendo cada título, cada libro, que varía entre tamaño, grosor, y color de su lomo. Hay libros que tratan de sanación física, sanación mental, proyección astral, astrología, chakra, meditación cósmica, control de espíritu, control astral, y sorprendentemente, también encuentro libros sobre levantamiento de muertos, nigromancia básica, elementos de la nigromancia, y títulos similares.

Estoy decidiendo qué libro tomar para empezar cuando uno, bastante delgado y de un tamaño bolsillo, llama mi atención.

"Almas Compañeras: Llamas Gemelas"

"Y con razón, son la llama gemela del otro". Las palabras de Vita resuenan en mi cabeza al leer de nuevo esas dos palabras. Sin dudarlo, cojo el libro y comienzo a hojear.

Nunca antes había oído el concepto de "Llamas Gemelas". Según yo, solo existía las almas gemelas, que son aquella otra mitad que nos complementa y es nuestra mitad predestinada. No obstante, en este libro esa definición aplica en realidad a las llamas gemelas. Me siento en el suelo contra la estantería, leyendo el texto escrito a mano con una hermosa caligrafía.

Relata que las llamas gemelas es aquella persona cuya alma se conecta no solo a nivel espiritual, sino astral y mental con la nuestra. Es nuestro reflejo perfecto, desarrollamos una conexión tan profunda que nos marca de por vida una vez se establece y es muy difícil, por no decir doloroso, cortar esa conexión. Es, de manera simple, nuestra verdadera mitad. Una vez las Llamas Gemelas se ven unidas sagradamente, ya no hay posibilidades de separación aunque tengan que volver al plano terrenal en una próxima vida; serán capaces de reconocerse y permanecer juntas por igual.

—...Por otro lado... —comienzo a leer en voz baja, ensimismada—, cuando las Llamas Gemelas se vean separadas, este momento causará una marca trágica en ellas que provocará un sufrimiento inimaginable, lleno de dolor, agonía, una experiencia similar a la de la propia muerte, pues es la pérdida de nuestra identidad. Una Llama separada de su gemela experimentará sentimientos tales como la depresión, un temor al futuro, así como pensamientos negativos similares a la obsesión, el retraimiento y la violencia.

"Y con razón, son la llama gemela del otro".

"Hablo de que nunca, desde que llegué aquí, le vi de esa manera. Cuando... Cuando tú fuiste atacada, de inmediato todo el cielo de Menevras se oscureció... —Ahora eran las palabras de Enola las que volvían a mi cabeza—. Toda la magia del maestro estalló de una forma que ningún otro mago vio antes."

Permanezco un momento en silencio, y regreso la vista a mi lectura.

Explica que las Llamas Gemelas son la, cada mitad, energía polarizada de atributos femeninos y masculinos, y juntas comparten un mismo destino divino que solo esa pareja puede cumplir. Las Llamas Gemelas son únicas porque su naturaleza tiende a ser divina. La diferencia con las Almas Gemelas es que cada individuo posee varias y diferentes Almas Gemelas que nos ayudan a cumplir nuestras misiones kármicas, que nos ayudan a evolucionar, es una relación platónica.

La relación entre las Llamas Gemelas es la más fuerte de todos los vínculos emocionales y espirituales. Las Llamas Gemelas son...

...

Las Llamas Gemelas son, una vez se encuentran en el plano terrenal, mejores amigos, son el maestro del otro, son cómplices y aliados, y desarrollan una increíble admiración por las hazañas de su gemelo. No desarrollan una relación solo emocional o pasional. Es una relación mucho más espiritual y sensible que otras.

Incapaz de seguir leyendo, dejo el libro a un lado, mi cabeza dando vueltas una y otra vez a cada párrafo leído. Todavía me queda contenido que leer, probablemente es más análisis, formas de comprender y reconocer las Llamas Gemelas o lo que sea, solo que mi mente está... no deja de comparar cada cosa que hay ahí escrito con...

Con Deckard y conmigo.

Sé que en algún momento consideré mi relación con él algo muy diferente a relaciones pasadas con otros chicos. No solo estaba mi admiración y cariño previo por él como personaje de un libro que leí, cada pequeño momento compartido ha hecho que cale más profundo y palpable en mí, ya no como un personaje de ficción sino como un ser real. Han sido muy contadas pero significativas cada una de las interacciones. Sin mencionar que no puedo permitirme negar que la conexión entre ambos fue instantánea, cobra sentido la definición de Llamas Gemelas para lo que significa nuestra relación al mismo tiempo que me hace cuestionar qué tan peligrosa respecto a, llegado el caso, cómo lo tomará el otro si algo nos llegara a pasar.

Me da miedo.

Porque si Deckard reaccionó de esa forma conmigo estando a las puertas de la muerte... ¿cómo hubiera reaccionado si yo no lo hubiera logrado?

Es algo que prefiero no saber y que ninguno de los dos descubramos.

.

•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•

.

Ambos estamos uno frente al otro, sentados en forma de indio con nuestras rodillas en contacto.

Tuvo que pasar dos días más para que Deckard me llevara esa mañana al bosque Lynd bajo la razón de ejercer una conexión con nuestros manás. Deckard explicó que se llamaba "Unión mágica", el cual se trata de que nuestros manás junten su poder y es la base total para forjar la Bendición Sagrada. Iniciaremos con algo ligero, aumentando en cada sesión que tengamos. Indicó que cada sesión tendría un lapso de una semana de por medio, en donde deberé hacer meditaciones e iniciar con el control de los elementos en la magia elemental básica.

—Concéntrate. —Deckard toma mis manos, de las cuales me baso para enfocarme y permito que su magia y la mía se conecten.

Nuestras auras crecen, toman la forma de listones que salen de nuestros cuerpos y se enredan en un vals sin fin. Son autónomas de nosotros, sé que ni él ni mucho menos yo estamos controlándolas. Está tan sorprendido como yo de lo bien que están calzando, los colores opuestos y complementándose al mismo tiempo.

La unión de colores está comenzando a rodearnos hasta que un regusto metálico llega a mi garganta...

—¡Blurp! —Rápidamente solté mis manos para llevarlas a mi boca cuando la sangre salió de ella.

—¡Vero...! —Deckard en seguida hizo aparecer un pañuelo que llevó a mis labios, la sangre en mis manos fue limpiada por él con magia—. ¿Estás bien?

—Sí... —Hago una mueca por el regusto de la sangre—. No sé qué pasó. Estaba bien hasta que sentí la... —Niego—. ¿Tal vez fue muy pronto?

—Aun siendo una magia clasificada como sagrada, no tendría que haber causado una reacción así. —En su mano apareció un vaso con agua que me cedió, yo bebí hasta la mitad.

—Vita dijo... que este cuerpo no es compatible con la magia. —No le he comentado mucho sobre mi encuentro con Vita, de lo que hablamos y en especial de aquel libro sobre las Llamas gemelas que encontré.

Deckard asintió.

—Evelyn Herschel fue una mujer mortal sin maná. Es sorprendente que en las ocasiones que mostraste señal mágica, cuando hiciste magia, no hayas colapsado de inmediato. —Humedeció una esquina del pañuelo con el agua para limpiar algún posible rastro de sangre cerca de mi labio—. Algunos mortales son más sensibles a la magia, en el sentido de que no reaccionan bien a ella incluso con la más mínima sensación de maná.

—De igual manera... —Tomo su muñeca, deteniendo sus movimientos—, eso significa que no voy a poder hacer esto. Bendecir este lugar —aclaro—. Cada intento de hacer magia acabará conmigo vomitando sangre o clavada en mi lugar mientras el fuego de mi propio maná me consuma.

—Puede que encuentre un—

—No creo que haya una forma, Deck. —Mi tono fue un poco duro, y lo odio, así que intento remediarlo con un suspiro y tomando su mano ahora—. Escucha... Empiezo a creer que sea mejor buscar la manera de volver a mi cuerpo...

—No.

—Puedo regresar y ¿se puede hacer un viaje de dimensiones? —sugiero, recordando todas aquellas películas que vi sobre viajes en el tiempo—. Podría volver aquí con mi cuerpo anterior, el real.

—No es así como funciona los viajes dimensionales —interrumpe él, su mirada firme. Me quedo en silencio—. Estos viajes van de la mano con la magia astral. Es tu alma la que viaja porque solo ella tiene la energía para soportarlo, un cuerpo humano se desintegraría antes de alcanzar una dimensión... Además, dijiste que en tu mundo no hay magia. Es probable que algo haya en ese lugar que bloquea toda la magia y ¿qué nos asegura que podamos liberarla? —Deckard negó—. No vale la pena el intento.

—Entonces... —Dudo por un instante. La idea ronda mi cabeza pero me cuesta un mundo dejarla fluir de mi boca por infinitas razones—, ¿conseguir un nuevo cuerpo?

Deckard se queda en silencio.

—No. —Parece como si leyera mi mente, como si pudiera ver a qué me estoy refiriendo exactamente—. Definitivamente no. Eso está fuera de discusión. —Se pone en pie, girando para caminar en dirección a la torre.

Me apresuro a alcanzarlo y detenerlo.

—¿Por qué no? Es... Me encontraste ahora, podrías hacerlo de nuevo.

—¿Es en serio? —exclama, incrédulo. No es para menos, yo misma no puedo creer que lo esté sugiriendo—. ¿En serio me pides que te vea morir para que luego comience a buscarte como lo hizo mi maestro?

—No digo que me veas morir, solo—

—Verónica, vienes de otra dimensión. No tengo garantía de que renacerás en este lugar, el tiempo que tome... o que llegue a ti a tiempo antes de que tu destino te alcance. —La mirada en sus ojos fue sombría, toma todo de mí no retroceder un paso—. Lo hemos dicho. Mi maestro jamás lo logró, y esta vez funcionó porque fuiste traída al cuerpo de alguien más. Es más... —Deckard intentó hablar, titubeó. Él no suele titubear—. No recuerdas tus vidas pasadas, solo detalles aislados en sueños.

Cojo aire.

No pensé en ese detalle.

No pasó por mi mente la posibilidad de no recordar nada, mucho menos a él.

Deckard negó. Retomó su camino, pasando a un lado de mí.

—Encontraré una manera de solucionarlo. Este tema está zanjado.

.

•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•

.

PRÓXIMO CAPÍTULO: La Señora de la Torre Mágica

.

—Pero es... —Terryn alargó musicalmente la última vocal, con una gran sonrisa— ¡la novia del maestro también! Y no puede pretender ser una maga normal y corriente.

—¡Sí! —El mago más alejado, quien ordena los cupcakes con otros dos, asiente con energía. Percival, recuerdo que es su nombre—. Es la Señora de la Torre. No importa lo que digan o piensen los demás, ahora le debemos respeto.

Me sonrojo.

¿Qué?

—¿"Señora de la Torre"? ¡¿Kisaweá?!