Para Aioros, la gente era como un libro abierto.

Él desde siempre había tenido la extraña capacidad de leer a los demás, era plenamente consciente de lo que estaban sintiendo y pensando realmente.

Él era una persona tan observadora como empática, por ende, él desarrolló la habilidad de consolar y aconsejar, siendo bastante cuidadoso con sus palabras y acciones pero sin romper su franqueza natural.

Cuando sus compañeros necesitaban un consejo o al menos desahogarse, recurrían inmediatamente a Sagitario, llegando incluso su propia diosa a considerarlo un mediador y amigo.

Literalmente era de los pocos de la Orden que sabían tratar con la suficiente delicadeza a las mujeres.

Ella apareció y él lo supo...

Ella lloraba por dentro, aquella sonrisa que mantenía todo el tiempo rara vez era sincera, había llegado incluso a percibir sus lágrimas, había oído los gritos de auxilio de su alma.

Mei no era lo que aparentaba, en ningún sentido.

Tenía varios capítulos, el primero era el de una distinguida y dulce muchacha, con una presencia tranquilizante y una belleza que embelesaba.

El segundo capítulo que leyó fue el de la hija de Yuki-onna, una criatura atractiva pero despiadada que te quita la vida sin siquiera pestañear.

Pero nadie notaba las lágrimas que emanaba de sus ojos, atacados por el remordimiento.

El tercero que vio fue el de una artista, que juega con su apariencia y atrae con sus gestos, parecía siempre estar actuando.

Aquella afirmación no era tan errónea.

Mei no era como los otros libros que él leía, ella cargaba varias facetas. Romance, horror, sensualidad, emotividad y hasta tristeza.

Aioros finalmente y con esfuerzo y perseverancia, consiguió llegar a un capítulo al que hasta ahora, nadie más había llegado.

Descubrió su lado más frágil, a la niña pequeña que permanecía oculta en su interior, aquella niña que solamente deseaba un cariño que gran parte de su vida le fue negado con tal de endurecerla.

Un cariño que él le ofrecía sin dudar, pues sin darse cuenta, se había enamorado de ella. De esa compleja chica que aunque lo negara, cargaba miles de inseguridades y conflictos emocionales.

Mei seguía enseñando desconfianza, creyendo que él sólo quería ganarse su confianza para abandonarla en el peor momento.

Pero Aioros le dejó en claro que él no era esa clase de persona, sino un hombre que da la vida por los que quiere.

Y uno que cuando ama, lo hace con todas sus fuerzas.

Finalmente la Hanyo cedió, cayendo sin más en los brazos de Sagitario, quien por su parte juraba siempre estar ahí para ella, siempre amarla y protegerla con su propio cuerpo de ser necesario.

Las mujeres eran tan complejas como un libro..

Pero Aioros era un lector excelente y esa clase de hombre que sólo ciertas afortunadas encuentran..

Sin duda, Mei había sido una de esas afortunadas.

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"Si no recuerdas la más ligera locura en la que el amor te hizo caer, no has amado"

— Romeo y Julieta.


¡Aaaaaaaaaaah! Ahora sí ya este es el penúltimo día, la verdad no sé cómo sentirme al respecto.