Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 29
Rukia
Reviso cómo va el cocido en casa de Ichigo, él tiene mejores utensilios y era más
lío bajarlos a mi casa. He puesto cocido para aprovechar y usar luego la carne para la
lasaña. Está casi hecho. Escucho la puerta. Ichigo ha debido regresar. No lo veo
desde ayer y desde ayer está muy raro y distante. Le pregunté si podía hacer aquí la
comida para tenerla lista para la cena y me dijo que eso no tenía ni que preguntárselo,
que podía entrar a su casa sin permiso. Al menos no tiene nada que me quiera
esconder. Tiene suerte de que no sea una cotilla y no me gusta inmiscuirme en las
cosas de otros. No como él, que seguro que ha registrado mi casa más de una vez.
Escucho los pasos de Ichigo y evito girarme para mirarlo. Sigo enfadada porque me
aleje de su lado. Ichigo se pone tras de mí y mete sus manos bajo mi camiseta de estar
por casa. No digo nada, pero bajo la vista y me fijo que va vestido con un traje
chaqueta negro. Me quedo callada, recordando mi cabreo y evitando girarme para
verlo así vestido. Tampoco hago nada cuando aparta el pelo de mi nuca y me besa ahí,
haciendo que se me ponga la piel de gallina.
—Intuyo que sigues molesta.
—Enfada. Y no hace falta ser muy listo para adivinarlo.
—Vaya, que malo soy —dice, antes de darme otro beso en el cuello mientras sube
la mano por mi cintura, calentándome.
—Ichigo, estás helado —noto el frío de la calle en su ropa—. Y no sabía que hoy
tenías reunión. Sólo eso explica que vayas así vestido.
—Porque tengo frío... necesito calor. Y tal vez me haya vestido así para seducirte.—
Lo dudo, y para el frío tienes una chimenea de gas preciosa que te puede calentar —
Ichigo sonríe, lo noto cuando me besa en el cuello.
—Lo siento, Rukia. Te prometería que esto no va a pasar, pero te mentiría. Sólo
puedo decirte que cuando tengo miedo de estar cometiendo un error contigo, al final
sólo pienso en que deseo volver a tu lado. Siempre hay algo que me hace volver. Y
quiero creer que es mi instinto, que me dice que a tu lado estoy en la dirección
correcta.
—Si tan si quiera supiera por qué te pasa esto... —Ichigo se tensa. Me giro entre
sus brazos—. Tómate tu tiempo, siempre y cuando regreses a mí.
—Empiezo a creer que hacerlo no es una elección, si no mi única opción. Siento
que sólo tú puedes completarme y hacer que el frío que siento en mi pecho se disipe.
Me alazo y lo abrazo con fuerza, le tiendo mis brazos bajo la chaqueta de su traje.
Huele tan bien que me encanta perderme en su pecho y que mi piel se quede
impregnada de su perfume.
Lo abrazo fuerte, he visto a un Ichigo perdido y vulnerable. No sé qué sucedió pero
es parte del pasado y espero que este nunca regrese. Me separo lo justo para darle un
beso. Ichigo intensifica el beso. Tengo muchas ganas de él. Ichigo me alza y enredo
mis piernas en su cintura. Siento su dureza en mi cálida feminidad. Ichigo me deja
caer sobre la mesa de la cocina. Se quita la chaqueta del traje ante mi atenta mirada y
la deja en el respaldo de la cocina. Su mirada ámbar es tan intensa que me cuesta tragar.
Se quita la corbata y me la pone. La deja caer sobre mis pechos y me los acaricia
sutilmente, haciendo que éstos reaccionen y se ericen bajo su contacto.
—Ichigo... —me mira pícaro, alzando una ceja mientras se abre un poco la blanca
camisa.
—Te quiero sólo con mi corbata...
—¿Aquí? —digo, mirando la amplia cocina.
—Sí, porque tengo intenciones de comer primero el postre —me sonrojo por su
forma seductora de decirlo y siento como mi sonrojo aumenta varios grados. Trago
con dificultad cuando se acerca y tira de mi camiseta. Le dejo hacer y me la quita.
Cuando nuestra mirada se entrelaza de nuevo yo sólo llevo puesto un sencillo sostén.
Tira de éste y me lo quita. Noto como mi respiración se acera, y más cuando tira de la
cinturilla de mis pantalones y me quedo desnuda sólo con la corbata. Lo miro
expectante, a la espera de su siguiente movimiento. Por eso no entiendo que se aleje y
se apoye en la encimera a mirarme simplemente.
—Ichigo...
—Déjame que grabe esta imagen en mi mente. Así cuando tenga una aburrida reunión
y tenga que ponerme traje y corbata me acordaré de ella sobe tu cuerpo desnudo y
será menos tedioso ir así vestido.
El latido de mi corazón se dispara. Su mirada abrasa mi piel. Es como si me tocara.
Se acerca lentamente, desabrochándose uno a uno los botones de su camisa. No
pierdo detalle de cada uno de sus movimientos. Llega a mi lado y me abre las piernas
lentamente, dejándome expuesta a su azulada mirada. Pasa los dedos por el interior de
mis muslos. La corbata me roza íntimamente y la aparta para que nada impida su
escrutinio. Me acaricia ahí donde ardo y siento una pequeña descarga.
—Preciosa. No te imaginas lo hermosa que te ves ahora mismo. Me podría pasar
toda la tarde mirándote.
—Yo pensaba que tenías otros planes en mente... —se ríe y yo sonrío, seducida por
su ronca carcajada.
—Es posible... —se termina de quitar la camisa y se acerca a reclamar mi boca.
Nos besamos como si no existiera un mañana, presas de esta pasión que ha hecho
que todo lo demás haya dejado de existir. Ichigo se separa y me besa el cuello,
moviendo la corbata para que me acaricie con sutileza justo donde quiero. Coge mis
pechos entre sus callosas manos. Los masajea y toca de manera placentera. Gimo sin
poder contenerme cuando se mete uno de ellos entre sus atrayentes labios y lo besa
hasta torturarlo. Me remuevo en la mesa mientras juega con mis pechos. Se separa y
reclama de nuevo mi boca de manera voraz. Lo acerco a mí, meto mis manos bajo si
camisa y tiro de ella hasta que se aparta para quitársela y dejarme su fornido pecho
libre para que lo explore cuanto quiera. Acaricio cara curva y hueco de Ichigo. Paso
mis dedos por su vello cobrizo, sintiendo el cosquilleo que me produce esta caricia. Las
bajo hasta el cinturón e Ichigo se aparta.
—No, antes quiero hacer algo —me empuja hasta que mi cuerpo está al filo de la
mesa y se coloca de rodillas ante mí. La imagen me hacer arder. Ver a alguien tan
imponente como Ichigo arrodillado ante mí es increíble. Me acerco y cojo su cara
entre mis manos para besarlo mientras tiro de su pelo. Ichigo lleva su manos a mi sexo
y las mueve sobre éste antes de apartarse con un tierno beso.
—Déjame mostrarte otra forma de placer. Confía en mí —me pide, mientras me
acaricia ahí donde ardo. Asiento, sabiendo que ahora mismo en este estado no sería
capaz de negarle nada.
Me acaricia, haciéndome arder y se coloca entre mis piernas. Lo miro sin perder
detalle de lo que hace. Nunca he sentido curiosidad por esto hasta que conocí a
Ichigo. Mis encuentros sexuales eran sosos y rápidos, ahora son intensos y, si son
rápidos, son fogosos y no me dejan insatisfecha. Todo es más placentero a su lado.
—¿Y si yo no quisiera? —Ichigo me mira, serio.
—Nunca haría nada que tú no quisieras —dice, alzándose para cogerme la cara
entre las manos y besarme con infinita ternura. Si tenía alguna duda, la acaba de
disipar del todo. En el fondo sólo quería ganar tiempo para serenar mi corazón, que
estaba a punto de salírseme del pecho por la expectación.
—Quiero probarlo —lo reconozco, valiente y cada vez más roja.
Ichigo se separa y noto una vez más en sus ojos esa mirada del que sabe que lo que
va hacer se le da muy bien. Esa mirada que me calienta la sangre y hace que mi
corazón bombee mucho más deprisa.
Se sitúa entre mis piernas y se acerca a mi caliente sexo despacio, sin dejar de
mirarme. Trago con dificultad cuando está a sólo unos centímetros y su aliento me
acaricia, haciendo que me recorra un escalofrío por todo el cuerpo. No me ha tocado
y ya me siento morir de placer. Cuando sus labios se posan en mi feminidad casi me
caigo de la mesa y profiero una maldición. Ichigo me mira y me pregunta si quiero que
pare, sabiendo que la respuesta es que no. Me besa con destreza, haciéndome arder de
placer, y cuando introduce un dedo en mí y a la vez que juega con mi endurecido
botón, siento que no puedo soportarlo. Que lo necesito dentro de mí ya.
—Ichigo... —le digo, no sé si para detenerlo o para que no pare nunca.
Estoy a punto de llegar al orgasmo cuando Ichigo se levanta. Se quita la ropa y me
deleito con su maravillosa figura. No tiene ni un gramo de grasa. Eso sí, su cuerpo
muestra cientos de cicatrices de sus batallas, así como sus heridas de bala, esas que
prefiero ignorar para poder soportar su trabajo. Ya desnudo, se acerca y me besa al
tiempo que se adentra en mí en una certera embestida. Ichigo me besa, entrelazando su
lengua con la mía, haciéndome el amor con la boca y con el cuerpo. Nos movemos
con rapidez, como si ambos necesitáramos sentir desesperadamente la liberación. Lo
siento llenarme y cuando sale de mí para aumentar el placer casi le ruego para que no
lo haga y acabe con esta dulce tortura. El orgasmo no tarda en sobrecogerme. Ichigo
ahoga mis gritos entre sus labios mientras se deja ir en mi interior, llenándome en
cuerpo y alma. Cuando se me pasan los espasmos me abrazo con fuerza a él mientras
espero que no me vuelva a alejar de su lado nunca más. Lo paso muy mal cuando hace
eso porque temo que un día no encuentre el camino de vuelta a mí. Dejo cosas sobre la
mesa de la cocina y me sonrojo.
—No me puedo creer que lo hiciéramos aquí...
—No escuché que te quejaras —me dice Ichigo, cogiéndome por detrás. Me da un
beso y se separa.
—No me distraigas, que tengo cosas que hacer antes de que vengan a ayudarme.
Ichigo se ríe y, tras coger una de las galletas que he dejado sobre la mesa para
acompañar al café, se marcha a su despacho. Pienso en el día de hoy. Tras nuestro
encuentro y limpiar la mesa antes de comer, comemos hablando de todo un poco, pero
de nada importante. Tras comer vamos al cuarto de Ichigo a ver una peli, él se queda
dormido y cuando trato de irme para dejarlo descansar me coge de la mano y sin abrir
los ojos me pide que me quede. No puede negarme y me paso casi todo su sueño
mirándolo dormir. Lo peor es cuando deja de parecer relajado y sus facciones se
contraen con evidentes pesadillas. Tiene muchas y no sé cómo aliviarle.
Voy hacia el despacho de Ichigo para dejarle algo de merienda. Me coge y me
sienta sobre sus piernas. Se le ve tan feliz, tan relajado. Me acerco y lo beso con
ternura, diciéndole en este beso cuanto lo quiero. Y lo peor es que mis labios no
consiguen retener mis palabras, olvidando por un instante lo mucho que las odia.
—Te quiero...
Ichigo se tensa y se levanta, levantándome con él. Me mira, presa del dolor. Y poco
a poco el dolor se trasforma en algo más algo oscuro que no consigo atisbar. Odio a
la persona que le hizo esto. A la mujer que ha hecho que no puedo decirle que lo
quiero. Odio que cuando mis labios se lo dicen se acuerde de ella. Salgo del
despacho y lo dejo solo con sus fantasmas, pues no sé qué decir. Esto me ha dejado
una sensación muy fría en el pecho. La sensación de que por mucho que trate de llegar
a él siempre habrá algo que me lo impida.
Me siento ahora mismo muy lejos de Ichigo y es por el miedo que siento a que ella
regrese e Ichigo recuerde lo mucho que la quiso.
Tocan a la puerta, escucho la voz de Yuzu hablando con su hermano que parece
tan tenso como antes. Miyako no tiene que tardar. Ayer nos pasamos el día hablando,
contándonos todo lo que he hemos hecho estos años. Es como si necesitáramos de esta
forma reparar los años en los que no hemos sabido nada la una de la otra. Miyako
estudió administración y dirección de empresas y lleva desde los veinte años saliendo
con Orlando, quien ahora es su prometido y se casa dentro de poco. Yo ya conocía a
Orlando de cuando trabajaba en su casa. Es muy guapo pero muy serio y cuando está
con él Miyako no es ella misma. Le he preguntado a Miyako si está con él porque le
gusta o porque sabe que a sus padres les hará feliz y, aunque me dijo que ella lo había
decidido, algo cruzó su mirada que me hizo pensar que eso no era verdad del todo.
Anoche se quedó a dormir cuando le dije que Ichigo no vendría, debió notar algo
en mi cara, porque enseguida lo preparó todo para que no pensara en Ichigo. Vimos
una peli... bueno, más bien nos pasamos toda la película hablando. Al final caímos
rendidas, nos dormimos sin apagar la tele y cuando me desperté estaban poniendo un
programa de adivinación.
—Hola —Yuzu deja unas cosas sobre la mesa y luego coge una galleta.
—Están muy ricas. Son las que hace la cocinera de tu casa. Tu madre las mandó
hace poco.
—Lo sé, pero no las hizo ella. Yo las hice esta mañana para esta tarde, pero no
estaba convencida del resultado y pensé no traéroslas. Cómo puedes adivinar, mi
querida madre hace lo que se le antoja y las mandó con un trabajador. No sé cómo la
soporto —dice, con una sonrisa que contradice sus palabras.
—Están muy buenas. Si no que se lo digan a tu hermano, que no para de picar.
—Me alegra escuchar eso. ¿Miyako va a venir?
—No creo que tarde —y, dicho esto, suena el timbre—. La tengo controlada —
bromeo.
Al poco entra Miyako, que saluda a Yuzu con cariño. Lleva una bandeja de
pasteles. Dijo que ella se encargaba del postre y yo dudaba que le saliera bien pues
cuando la conocí era un desastre en la cocina. Podría haber cambiado, pero viendo
que con encargarse del postre se refería a comprarlo, intuyo que no.
Y conforme preparamos la lasaña descubro que todo sigue igual. Los padres de Miyako
nunca han dejado que se ocupe de nada y esto hace que se sienta perdida aquí, como
un pez fuera del agua. Pese a eso, nos ayuda en todo lo que puede. El ambiente es muy
bueno y no recuerdo un momento en estos diez años que estuviera rodeada de gente
que de verdad me hicieran sentir feliz. Ojalá no tuviera ese miedo constante de tener
que seguir huyendo. No quiero hacerlo más. Me duele estar pagando con mis huidas y
con miedo por un crimen que yo no cometí. Yo no hice nada y, sin embargo, estoy
pagando las consecuencias.
Los padres de Ichigo no tardan en venir, el último es Ashido. Cuando Masaki se entera
de que Kaien no va a venir usa la puerta que separa ambos pisos para tratar de
convencerlo pese a que Ichigo le ha dicho que si conoce a Kaien sabe que no lo hará y
así es, al poco regresa sola y enfadada con su hijo por no querer cenar con ellos.
Servimos la cena y parece gustar, ya que durante unos minutos nadie habla. Yo sigo
molesta por lo que ha pasado esta tarde y porque aunque sé que Ichigo me advirtió de
lo que pasaba cuando alguien le decía "te quiero", tal vez sólo hubiera necesitado que
me dijera que todo estaba bien, pero su gesto es duro y apenas sonríe, dejando claro
que las cosas siguen tensas y eso hace que me sienta mal porque es la primera vez que
digo "te quiero" a alguien y no esperaba esta reacción. O, por lo menos, esperaba que
pasado el tiempo me buscara para pedirme perdón. Él no tiene la culpa de reaccionar
así, pero yo mucho menos.
—Cuando tengáis hijos —dice Masaki, haciendo que le preste atención—, seguro
que serán unos niños preciosos —lo dice seria, observando a su hijo como si
esperara algo. Miro a Ichigo y compruebo que sigue comiendo como si nada antes de
responder.
Su tranquilidad es escalofriante y antes de que hable, siento que no me va a gustar
su respuesta y me va machacar más aún tras lo de esta tarde.
—Eso nunca sucederá, ya sabes que yo no quiero tener hijos.
Me recorre un escalofrío, porque es lo primero que escucho. Acabo de descubrir
que a Ichigo no le gustan los niños y no es que yo quiera ser madre ya, pero la idea de
serlo siempre ha estado en mi mente.
—¿Y si Rukia quisiera?
—Entonces está con el hombre equivocado. Está a tiempo de buscarse otro.
Que sea tan tajante me deja helada, y siento que hay mucho más tras estas palabras.
Algo oscuro... ella, la causante de que Ichigo esté así. Que lo que le dije le ha traído
recuerdos e Ichigo está muy lejos de aquí ahora mismo. Está con ella en sus recuerdos
y eso me encoleriza.
—Pues, por lo que yo sé, Rukia quería ser madre joven —añade Miyako—. Si no
recuerdo mal, ella quería serlo a los veintiocho años.
—¿Es eso cierto, Rukia? —pregunta la madre de Ichigo. Asiento, ya que dudo que
puedan salirme las palabras. Ichigo se tensa y sigue comiendo.
—Por lo que parece, Rukia no sabía nada —apunta Yuzu.
—Hombre, no creo que eso sea algo que se diga cuando se está empezando una
relación —dice Ashido, para aliviar u poco la tensión de Ichigo.
—Yo creo que sí, porque si tú quieres tener hijos y la persona con la que estás se
niega, tienes que decidir si seguir con ella o seguir tu camino —apunta Yuzu.
—¿Podemos cambiar de tema? ¿O me marcho a cenar con Kaien? —Dice Ichigo,
con voz muy fría .
Tan fría que la que siente ganas de irse soy yo. ¿Por qué nunca hemos hablado de
esto? ¿Acaso espera que yo me olvide sin más mi deseo de ser madre? ¿No tenía
derecho a saberlo? ¿No es una decisión de dos? ¿Acaso no piensa que el tiempo le
puede hacer cambiar de idea? No sé qué me molesta más, que no me lo contara, que
sea tan tajante o que siento que esto es cosa de ella. De que algo le hizo para que
odiara ser padre.
La cena sigue y no se habla más del tema pero yo soy muy consciente de lo que he
descubierto y no apenas digo nada; Ichigo tampoco, y parece enfadado, no más que yo
ahora mismo. Cuando se sirve el postre, saca el móvil, dice que tiene trabajo y se
marcha a su despacho. Se hace un silencio incómodo en la mesa. Masaki lo observa irse
con lástima, como si ella supiera qué le sucede y le doliera en el alma su actitud.
Terminamos el postre y se despiden para irse. La última en irse es Masaki, que me dice
que para lo que necesite la llame. Asiento y voy a buscar a Ichigo a su despacho.
Entro y lo encuentro observando la noche por la ventana. No se gira al ver mi reflejo
en la ventana, aunque sabe que ando hacia él.
—¿No pensabas decirme nada?
—No —dice, tajante—. Es mi decisión, no la tuya. Si no te gusta, ya sabes dónde
está la puerta.
Me lo dice con voz tan fría que siento que esta persona que tengo ante mí no es el
Ichigo que conozco. Es como si fuera otra persona.
—Tú decides, tú mandas, tú dispones —pienso en algo y se lo pregunto—. Senna no
quería tener hijos ¿Verdad?
—Verdad. Con ella no tenía que dar tantas malditas explicaciones. ¿Acaso soy peor
persona por no querer traer al mundo a un niño a que sufra?
—¡¿Y por qué iba a sufrir?! Tú puedes ayudarle a que no lo haga...
—¿Y cómo esperas criar a un hijo huyendo de un lado a otro? ¿Qué clase de vida le
espera? ¿O te crees que soy tan tonto de pensar que has olvidado tu idea de irte? He
visto tu maleta, siempre la tienes hecha con lo más importante. ¿Qué clase de vida
podrías ofrecerle a un niño?
—No te metas en mi forma de vivir. ¡Yo no pedí esto! ¡No pedí ser testigo de un
asesinato! Si pudiera lo resolvería.
—Huir no es la solución. La solución es enfrentarlo, pero tú prefieres no enfrentar
al pasado.
—¿Me estás echando en cara que no hurgue en el pasado para seguir con vida?
Perdona si no quiero acabar muerta. Además, ¡Tú eres el primero que no deja atrás el
pasado y no se enfrenta a él, de ser así no te hubiera jodido que te dijera que te
quiero!
—Tú no eres mejor que yo. Yo no soy peor persona por no querer ser padre, por
mucho que todos os empeñéis en hacérmelo ver así. Estoy harto de esto. Y todo tal
vez por nada, porque tú te acabarás yendo y yo me quedaré lamiendo las heridas que
has dejado tras tu partida. Tal vez lo mejor sería acabar esto cuanto antes y que tú te
puedas ir a buscar al hombre perfecto. Ese que quiera una casa llena de niños.
—Pues tal vez sería lo mejor. Así tú seguirías metido en tu mundo y estando con
personas que no te aportan nada y no te hacen vivir. ¡Hablas de cobardía y el más
cobrarte eres tú! Que prefieres no arriesgarte a vivir y experimentar emociones. No
seré yo quien luche por algo en lo que no crees y más sin saber por qué diablos eres
así. ¡No te entiendo! Y odio cada vez más a la persona que te convirtió en esto. No sé
cómo lidiar con algo que no entiendo ni sé, ya que al parecer prefieres pórtate como
un capullo para que me aleje de ti para siempre. Adiós Ichigo. Tal vez sea lo mejor
¿no?
No me puedo creer que esté diciendo esto y que él sólo asienta y dé por terminada
esta conversación. Cuando reojo mis cosas espero que salga y me diga que se nos ha
ido de las manos. Que me cuente qué le pasa. Que me haga entender el miedo que he
visto en sus ojos cuando me ha dicho que no quiere ser padre. Pero Ichigo no me
detiene y me deja ir.
Cuando llego a mi piso quiero derrumbarme, llorar hasta que no me queden
lágrimas o hasta decidir si lo mejor no sería marcharme para siempre de este pueblo.
Pero antes de que pueda siquiera hundirme en mi dolor veo en el suelo un CD y una
nota:
Si aprecias a Yuzu ponlo y tras verlo me llamas. Te estoy esperando. Kugo.
